Tres días habían pasado desde esa reunión.

— ¡Whis!

Tres días en los que el dios de la destrucción del séptimo universo y su Supremo Kaiosama no se hablaron.

Mientras tanto, el ángel que insistió en que buscara la forma de que convivieran...

— ¡Whis! ¡¿Dónde estás?!

...desaparecía cada vez que le ordenaba llevarlo hasta el shin-jin.

Esa tranquila mañana, Bills buscó a su asistente por los alrededores de su hogar, completamente convencido de que si lograra darle un solo golpe a Whis por no aparecer cuando lo llamaba, su humor actual mejoraría.

Se detuvo a mitad del bosque y suspiró con cansancio, dejando esa idea de lado. El dios comprendía la molestia de quien, muy amablemente y sin que se lo pidiera, le había dado una idea para que se acercase al adorable shin-jin. Y él ¿Qué hizo a cambio? nada más que arruinarlo con sus celos. Pero no era su culpa, era culpa de él.

Recordar que el idiota estaba en ese preciso momento con el Supremo Kaio solo ayudó a que se molestara aún más e inmediatamente pensó en otra cosa. Cruzó los brazos y soltó una frase, elevando un poco la voz y esperando a que los típicos comentarios que decía cuando quería molestar a su asistente surtieran efecto.

—Entonces quédate donde sea que estés junto con ese ridículo peinado.

— ¡Hm! Me tiene envidia porque usted es calvo —escuchó decir con tono molesto. Apenas lo tuvo a la vista, Bills pegó un salto y se aferró a la espalda de Whis.

— ¿Qué hace señor Bills? —preguntó el ángel ligeramente sorprendido.

—No permitiré que te vuelvas a esconder.

—Por favor, bájese.

—No. Te irás de nuevo a quien sabe donde.

— ¿Cree que me atrapó sin que yo pudiera evitarlo?

Bills bajó de inmediato. Estaba molesto, otra vez. Fue tonto pensar que podía ganarle a su maestro, era evidente que Whis decidió aparecer por propia iniciativa .

Al ángel ciertamente le divertía el nuevo Bills. Estando enamorado se comportaba como tal, distraído y hasta se podría decir que torpe.

—Quiere ir hasta el planeta Sagrado ¿es eso?

—No. Tengo hambre, llévame hasta la tierra.

—Oh ¿Ya se rindió? —preguntó, esta vez con desconcierto.

—Sólo quiero relajarme —explicó con una expresión de cansancio para luego mostrar nerviosismo—. Todos estos días he estado pensando si ese idiota le dijo algo al Supremo Kaio ¿lo sabrá? ¿Por eso no me habla? ¿Está...está con él?

Bills, a medida que desvariaba, caminaba de un lado a otro con las manos en la cabeza.

—Por eso quiere relajarse un momento.

—Exacto. Y luego podré pensar con más calma lo que haré... ¿cómo fue que llegué a esta situación? Sin saber como actuar. Todo por un...

—Adorable Supremo Kaio —completó Whis. Ese casi imperceptible sonrojo que Bills intentó ocultar le decía que sus palabras eran las correctas.

—No iba a decir eso —dijo dándole la espalda a su asistente.

—Pero lo pensó. Ahora y cada vez que suspira de repente.

— ¡Argh! Aprende a cerrar la boca y has lo que te ordeno —. Se volteó, dejando ver que tenía la cara roja.

Ante la gran percepción de Whis no podía hacer nada. Su asistente lo conocía muy bien, es por esa razón que sus intentos de actuar como el dios destructor de antes no funcionaban frente a él. Pero ¿de qué otra forma actuar entonces?

Durante el viaje a su planeta favorito, Bills "reprochaba" el comportamiento de su asistente.

—Tú también has cambiado Whis.

—Tiene razón. Aún así, siempre he sido y seré eficiente.

—...Si. Pero no vuelvas a desaparecer.

—Disculpe mi conducta. Imaginé que necesitaba un tiempo.

Los residentes de la Corporación Cápsula estaban acostumbrados a las visitas que llegaban sin aviso. Como no podría ser de otra forma, y más cuando se trataba del dios de la destrucción, Bulma les dio una cálida bienvenida a su hogar. Se la notaba muy contenta y tranquila en comparación a la efusividad que suele mostrar.

—La noto distinta, señora Bulma —comentó Whis con una sonrisa.

—Debe ser por la comida.

— ¿Cómo que por la comida señor Bills? —preguntó Bulma.

—Y por que otra cosa tendrías esa barriga —dijo mientras apuntaba el abultado estómago de la humana. Una vena se marcaba en la sien de la científica al mismo tiempo que levantaba el puño a la altura de su rostro.

— ¡Estoy embarazada, tonto! —exclamó furiosa—. Todos los dioses son igual de irrespetuosos.

— ¡¿A quien le dices tonto?! —dijo Bills igual de molesto. Iba a reclamarle su insolencia hasta que se detuvo a pensar en la última frase—. Espera ¿A qué te refieres con eso de "todos los dioses"?

Whis ya conocía parte de la respuesta. No sabía el porqué de la queja de Bulma, pero la presencia de dos ki muy conocidos le indicaba que Bills no era el único dios presente.

—El Supremo kaiosama está mi jardín —explicó la científica con más calma —, y vino acompañado de un kaio muy parecido a él. Aunque el parecido solo es en aspecto, el Supremo Kaio que conozco si es educado.

Bills y su asistente se dirigieron al jardín, no sin antes pedir un gran banquete y uno que otro platillo nuevo para el almuerzo.

Sin duda alguna, los dioses creadores estaban allí.

Shin y su antepasado se encontraban ubicados en una de las tantas mesas equipadas con sombrillas. Ideal para disfrutar de la comida al aire libre y resguardase del sol de mediodía.

Cuando vieron que el dios de la destrucción y su ángel guardián se acercaban hasta ellos, Shin se sorprendió, pero no por que Bills estuviera allí, era habitual que visitara la tierra, sino por que le agrado volver a verlo en lugar de molestarse por la ultima vez que el y su antepasado hablaron. El último mencionado estaba contento, podría divertirse un rato a costa de Bills.

Ya estando frente a los shin-jin, Bills y Whis dieron un cordial "buenos días", gesto que fue correspondido por los dioses creadores. Al momento de saludar, fue inevitable notar la marca de una mano en la mejilla del antepasado.

—Oh vaya. Imagino que fue la señora Bulma —comentó Whis, claramente refiriéndose al golpe.

—Me pregunto qué le habrás dicho —dijo Bills con una sonrisa burlona. Le hubiera encantado ver esa escena. Él no pudo ni darle un puñetazo en aquella ocasión.

—Fue un simple comentario —. Llevó una mano a su mejilla, pensando en lo fuerte que es Bulma como para que aún se le notara.

—Pero era completamente innecesario decirlo, y más de esa forma tan atrevida —dijo el menor, recordando como la terrícola le volteó la cara de una bofetada a su compañero luego de ese comentario.

—Sólo le dije que era bueno que ella y su marido disfrutaran de esta época de paz.

—No. Lo que dijo fue "al parecer hubo acción" mientras señalaba su estómago —. Shin no creyó necesario explicar a que se refería.

Bills y Whis comprendieron perfectamente. Vegeta no había insistido con su entrenamiento desde la pelea con Black y Zamasu. Al parecer quería pasar más tiempo con su esposa y viendo el embarazo de Bulma entendieron de que manera.

—Vienes a la tierra a comentar esas cosas, pues te lo mereces —dijo Bills con los brazos cruzados- ¿No deberían estar en el planeta Sagrado? Vigilando y esas cosas.

— ¿No debería estar cumpliendo con la orden de Zen o sama? —replicó el antepasado.

"Estaría en eso, pero tuviste que entrometerte", eso es lo que le hubiera encantado responderle pero definitivamente no podía. Eso le recordó que tenía que resolver un asunto.

—Supremo Kaio...

—Podríamos hablar más tarde sobre eso, señor Bills —le interrumpió el menor, adivinando lo que le iba a decir. No deseaba hablar del problema en ese momento.

El Supremo Kaio se veía molesto y Bills se preguntaba el porqué. Whis ya se imaginaba la respuesta a esa misma duda.

Aun no estaba claro que fue lo que sucedió entre el Supremo kaio y su predecesor luego de la reunión, ni cuál fue la explicación que le habrá dado el antepasado sobre lo que habló con su señor en privado. Porque claramente no fue la verdad ¿Habrá dicho algo malo de Bills?

—Está bien, hablaremos luego.

Y con lo último dicho, el dios de la destrucción y su asistente se ubicaron del otro lado del jardín. Pese a sus dudas, Bills disfrutaba de la deliciosa comida que una alegre Bulma les ofrecía.

En la mesa de los dioses creadores había un par de postres muy similares al que Shin no probó aquella tarde. El antepasado había degustado los dos tazones de ramen que antes había pedido para ambos, ya que el menor no quiso comer su porción.

—Espero que lo dulce te agrade más —le dijo, pero al ver que Shin observaba el postre sin tocarlo suspiró— ¿Por qué no comes?

—No tengo hambre.

—No probaste bocado en todo el día. Comes muy poco hasta para lo normal en un Supremo Kaio.

Antes de explicarse, Shin deseaba saber si su compañero tendría la misma conclusión que él.

— ¿No cree que la comida de la tierra es adictiva?

—...¿Adictiva?

Shin desvió la mirada un momento para ver a Bills. Unos segundos atrás y hubieran cruzado miradas. Bills apilaba un plato en la pila de trastes formado a su derecha para luego poner frente a él otro cargado de comida.

Le pareció divertido ver esa expresión de completa felicidad en su rostro felino, pero eso no era lo que quería comprobar.

—Todos los que he visto comer comida de la tierra parecen que necesitan hacerlo en exceso.

Goku, Vegeta, sus hijos, Majin boo y ahora el señor Bills junto a Whis se daban atracones de comida sin consecuencias sobre su cuerpo, excepto Majin boo, aunque él tiene esa complexión debido a que absorbió al Sagrado Kaiosama.

Puede parecer ridículo, pero el apetito desmedido de su maestro fue lo que le formó esa idea de que algún día podría volverse adicto a la comida y terminar rodando en vez de caminar.

—No quisiera terminar igual.

—Tonterías —le dijo su antepasado. Iba a dejar al pequeño en paz, pero la insistente mirada de Bills sobre su sucesor le dio una idea. Después de todo, el dios destructor no reaccionaria como la última vez, y menos frente a Shin, por lo que estaría a salvo si se molestaba.

Lentamente acomodó su silla junto a la de su sucesor y tomó su cuchara. Shin solo observaba como su compañero tomaba el postre que permanecía intacto para luego tomar un poco.

— ¿Qué está haciendo?

El antepasado acercó la cuchara al rostro de Shin con una sonrisa, el más bajo solo lo miró con desconcierto.

—Come.

—No.

—No te va a hacer daño. Come.

—No tengo ham...

Ya era tarde. El antepasado logró su objetivo. Shin no tuvo más opción que tragar el bocado, no sin antes saborearlo.

Estaba exquisito.

— ¿Ves? No fue tan grave.

—Davuelvame mi cuchara —pidió mientras extendía la mano. Sus mejillas se tiñeron de rojo por caer rendido ante el delicioso sabor del helado de chocolate.

El antepasado se la devolvió y hecho un discreto vistazo hacia el lugar donde sintió un ki elevándose por un momento. Bills tenía la mirada sobre ellos y se le notaba tenso.

—No me haga golpearlo —murmuró Whis lo suficientemente fuerte para que su señor lo oyera. El ángel vio la misma escena y no dudaba en que Bills pensaba ir hasta allá y separarlos de una forma u otra.

—Estoy bien —respondió al mismo tiempo que se disponía a beber del vaso que tenía en la mano, conteniendo su fuerza para evitar romper el recipiente de vidrio.

Bills estaba molesto. En un principio creyó poder relajarse a pesar de que ese idiota volvía a aparecer solo para frustrar sus planes. Esta vez supo que lo hacia con intención.

Volvió a hechar un vistazo a mismo lugar que estuvo observando tantas veces mientras comía. Instantáneamente olvidó su enojo al ver el rostro del Supremo Kaio.

Shin disfrutaba de su postre con una tierna sonrisa. Su lado más infantil se podía notar en esa expresión alegre, y se acentuaba aún más por parecer realmente un niño debido a su estatura. Los pies del menor no llegaban al suelo.

—Come con cuidado —le dijo su antepasado, haciendo que se girara a verlo.

En un suave movimiento, y asegurándose de que Bills los viera, le quitó con su pulgar un poco de helado que quedó cerca de la boca de Shin, haciendo que el menor se sonrojara por ser tan descuidado al comer. De lejos, la escena se veía distinta ante los ojos de un dios que hervía de los celos.

¡Crac!

—Señor Bills —exclamó el ángel, estaba sorprendido por el repentino estruendo. Los restos del vaso se encontraban esparcidos a los pies de su señor.

Bills se mantuvo en silencio. Debía mantener la calma, la última vez se dejo provocar y creía que ese tipo le estaba haciendo lo mismo. Se levantó de su asiento y caminó lentamente hasta adentrarse en el bosque contiguo al jardín de la Corporación Capsula.

Whis no lo detuvo ni dijo nada. Era mejor que Bills se relajara como quiso hacerlo en un principio. Sin embargo, su señor no podría postergar el tema por mucho tiempo o sería tarde. Además, debe hablar con el Supremo Kaio antes de que Zen o sama evalúe al universo 7.

Dejó el plato del que estaba comiendo sobre la mesa y se levantó su lugar con la mirada puesta en los dioses creadores. Con paso tranquilo se dirigió hasta ellos.

Bills se encontraba sentado en una piedra ubicada bajo un árbol. Con las manos en la cabeza y la mirada clavada en el suelo, pensaba en la escena de hace unos momentos.

«No soy para él. Seguramente estoy perdiendo el tiempo pensando en que podría ser su...». La idea le parecía estúpida en esos momentos. La determinación que tenía se esfumó en un instante y suspiró con desgano.

—Señor Bills.

— ¡¿Qué?! —dijo incorporándose. Giró su cabeza, encontrándose con el causante de su estado.

Con Bills en esa postura, sentado, y el Supremo Kaio de pie a poca distancia de él, ambos se encontraban a la misma altura. Sus miradas se conectaron, provocando que Bills sintiera su corazón golpear con fuerza en su pecho.

— ¿Está bien? —preguntó el menor con un semblante de preocupación. Bills ya no se veía contento, parecía deprimido.

—Si, estoy bien. Es sólo que quería caminar un poco para digerir bien la comida.

—Pero no estaba caminando.

—Ah, es que...luego quise sentarme un momento ¿Por qué viniste hasta aquí? —preguntó antes de que la tonta excusa que dio fuera puesta en duda.

—Hablaríamos sobre lo que Zen o sama nos ordenó ¿recuerda?

—Ah si, por supuesto —respondió con una expresión más animada.

Whis le sugirió hablar con Bills a solas, por lo que salió a buscarlo. Shin no creyó en la excusa que el mayor le había dado y no perdería el tiempo insistiendo. Lo más probable es que no le dijera la verdad.

—Quería comentarle sobre la idea que tuve para elevar el índice de desarrollo humano —. De sentía un poco inseguro. Su antepasado le aseguró que era una buena idea, pero quizá Bills no opine igual.

—Dime de qué se trata.

—Creo que no me he involucrado en la situación de los mortales como debería...

—Descuida. Yo tampoco he hecho un buen trabajo —admitió, cosa que sorprendió al menor.

—Pienso que podríamos ir personalmente a evaluar la situación de los planetas donde haya vida. Luego tomaríamos una decisión sobre qué medidas implementar para mejorar la situación de los mortales, en caso de que lo necesiten.

Bills lo miró en silencio por unos instantes, haciendo que el menor se sintiera incómodo. Shin estuvo a punto de retractarse pero la figura de Bills poniéndose de pie hizo que se mantuviera en silencio. El más alto se acercó lentamente y se inclinó con las manos en la espalda, dejando sus rostros a escasos centímetros de distancia.

Esa cálida sonrisa del mayor hizo que Shin sintiera con claridad los latidos de su corazón bajo su uniforme.

—Es una gran idea Supremo Kaio. Sinceramente, no se me hubiera ocurrido algo mejor.

El shin-jin sintió sus mejillas calentarse ante el cumplido, por lo que desvió la mirada a un lado.

— ¿Entonces podríamos comenzar mañana? —preguntó el menor.

—Me parece bien —dijo al mismo tiempo que se enderezaba, manteniendo sus manos tras la espalda y la sonrisa en su rostro. Bills se sentía más contento. Debía evitar que vuelvan a entrometerse y que le arruinen su estado de ánimo.

—Antes de que te vayas, te pediré un favor.

—S-si, dígame.

—Sólo seremos tú y yo.

Shin sabía la razón de su petición. Bills y su antepasado al parecer no se llevarían bien ni aunque el destino del universo dependiera de ello. En parte así era.

Se volteó dispuesto a retirarse, no sin antes darle su respuesta.

—De acuerdo señor Bills —. Giró un poco la cabeza para poder verlo—. Sólo seremos usted y yo.