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10.:Dolor:.
— ¡Ah! ¡No puedo más! —su cuerpo se mantiene inclinado con la cabeza acostada sobre la cama y su cuerpo completo hacia arriba. Antes estaba disfrutando en cuatro.
—Cállate. —el azabache no le hace caso, siguiendo con desenfreno la penetración. Luego le agarra la blanca cabellera.
— ¡Ah! ¡Joder Kakuzu, lo digo enserio! ¡Me duele!
— ¿No que se suponía que amas el dolor?
— ¡Cállate! ¡Jashin sama te castigará!
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De apoco comienza abrir los ojos. Cada flequillo le estorba el rostro. Se incorpora sentando en la cama, y espinazo de ardor siente en su parte trasera.
—Ay. —salió de la cama, recogiendo su pantalón del suelo que luego se los coloca. Por mientras, maldice a sus adentros al codicioso.
— ¿Qué haces? No deberías levantarte.
—Tch. Idiota. No sabes lo que estoy sintiendo.
—… ¿De verdad te duele?
—Sí. ¡No digas que es raro! —repentinamente se pone de pie, encarándolo. — ¡Esta bien que me guste el sexo desenfrenado, pero es muy distinta hacerlo cuatro veces al día! ¡Por ahí tengo mis necesidades, joder!
Kakuzu no emite ninguna palabra. Solo le queda una opción para seguir con su "vida activa".
—Apúrate, vamos al doctor. —dio media vuelta hacia la puerta. Gira la manilla.
— ¿Qué? ¿Estás bien? Vas a gastar dinero.
—Lo sé, pero es por bien de los dos. Apúrate.
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Luego de la visita al médico, regresan a la siniestra cueva.
Kakuzu se fue al segundo piso, directo a la habitación de mala gana. En cuanto a Hidan, con dificultad en mover las piernas hacia el comedor, tenía hambre. Se sentó.
—Hola Hidan ¿cómo te fue? —dijo Itachi, a su costado le acompaña la joven Akatsuki.
—Digamos que bien. —contestó sirviéndose un té.
— ¿Por qué fuiste al doctor, estás enfermo? —preguntó Konan.
—No. Me duele el culo. —los dos le quedaron mirando extrañado. —Sexo.
— ¿Tanto tienen? —se pregunta Itachi. No es de extrañar de esos dos. ¿Pero tanto para…?
—Cuatro veces al día. Hoy no di más. Maldito viejo avaro.
—Pero no creo que sea para tanto ¿no? —dijo la mujer.
—Kakuzu lo tiene bastante grande, ya una vez me partió en dos. Ay. —al terminar, acomoda el trasero. Vaya que le duele.
Konan por un leve momento, un hilo de sangre aparece en su nariz. Rápidamente se limpia con una servilleta.
Uchiha le observa de reojo, y pensando que Kisame…
—Em… ¿Y qué te dijo el doctor? —preguntó Itachi.
—Me recomendó unas cuantas cremas, y por mi bien que no lo haga por lo menos en dos meses. —dijo recordando todas las cosas que le dijo aquel hombre, y la cara que colocó Kakuzu.
— ¿Cómo se lo tomó él?
—Mal. ¡Ja! Y si hubieras visto su cara. —dijo enmarcando una sonrisa.
—Pero Kakuzu no aguantará más y puede que lo hagan aunque no te guste. —mencionó Konan, sin hemorragia nasal.
—Tiene dos manos, joder. —luego de esto, bebió un poco de té de su tazón.
El dolor de Kakuzu es tremendo. No hacerlo en dos meses es no tener dinero.
