Disclaimer: Los personajes de Twilight le pertenecen a la fabulosa S. Meyer la historia yo solo la adapto a Twilight, espero que la disfruten y sea merecedora de sus comentarios, hacia mi adaptación y la magnífica historia… Si saben cómo quitarle a Edward a S. Meyer díganmelo por favor. jajaja

Disfruten…

PERDÓN LA TARDANZA, PERO YA ESTOY AQUÍ. A LEER SEDUCTORAS.

Música:

Magic – Rude.

(*.) CAPITULO 9 (*.)

POV BELLA

– He ordenado que cierren el campo para nosotros solos. – Nos dice Edward mientras me ayuda a subir en el puesto de copiloto en el buggy tras quitarme el bolso de las manos. Me fijo al subirme, que en la parte de atrás del buggi, ya están los carritos con sus correspondientes palos y bolas. – ¡Así que vamos a estar solos!. – Nos aclara, tras colocarse al volante. Espera pacientemente a que suba Vladimir en la parte de atrás. Una vez acomodados todos nos ponemos en marcha.

Detrás de nosotros viene otro buggy cargado con más palos conducido por uno de los empleados del resort. Antes de salir del edificio, me he fijado que Edward ha metido el dossier en mi bolso.

Cuando llegamos a la zona del Green del primer hoyo. Edward comienza a explicarse.

– Jugaremos un partido individual, – mira a Vladimir y le dice, – tu contra nosotros. Y te aseguro que llevas ventaja. ¡Ella no sabe jugar!. – Me sonríe transmitiéndome confianza.

– Perfecto. – Nos responde sonriéndonos. – Va a estar chupado ganaros y encima va a ser divertido.

– ¡No te confíes!. – Le digo yo. Se perfectamente que Edward es bastante bueno al golf. Pero no saben que yo lo sé. Como tampoco saben que yo también lo soy. Me sonrío a mi misma girando la cabeza de forma que no puedan verme, simulando que estoy disfrutando del paisaje.

– ¡Jugaremos 8 hoyos!. – Exclama Edward mirando a Vladimir. – ¿Te parece bien?

– Perfecto pero antes de empezar quiero dejaros claro que no voy a firmar. No estoy interesado en vender. – Miro un segundo a Edward. Veo por un momento como el abatimiento se cierne sobre sus ojos. Se perfectamente que él había llegado a creer que finalmente firmaría. En un segundo se me enciende la bombilla.

– ¿Y si hacemos una apuesta?. – Le digo dando un paso hacia él. Dejando a Edward a mi espalda. Me arriesgo al pensar que si su hijo es aficionado al juego, puede que su padre también lo sea. Creo que ese coctel que me he tomado me ha envalentonado.

– ¿Cómo cuál?. – Me pregunta picando el anzuelo.

– Si ganamos nosotros, – le digo, – vende y además nos rebajara el precio en un 10%.. – Giro la cabeza para observar a Edward. Puedo adivinar por la expresión de su rostro que no le ha gustado

para nada mi idea, pero ya he lanzado la pelota. Solo nos queda esperar a que Vladimir la recoja.

– ¿Y si gano yo?, – me pregunta dando un paso hacia mi desafiante. Mi primer impulso es retroceder, pero sé que tengo que mantenerme firme, así que avanzo otro paso hacia él a la vez que le regalo una sonrisa.

– Vende igualmente, – continúo sonriéndole y doy la que creo que puede ser la estocada final. – Pero el 10% va a su favor. –Pone los ojos como platos y mira a Edward por encima de mi hombro.

– ¡Es buena!. – Sé que he ofrecido una cantidad que no estaba en mi mano ofrecer, pero me he arriesgado. Lo importante es poder comprar ese terreno para ejecutar el proyecto en el que me

imagino se han debido invertir mucho tiempo y dinero. – De acuerdo, – nos dice metiéndose las manos en los bolsillos y acortando los pasos que nos separan. – ¡Pero quiero algo más!. – La forma en la que me mira me produce un escalofrío. – ¡Si gano yo quiero algo más!. – Repite por si no estamos seguros de haberlo oído. Hago un gesto con la cabeza para que continúe.

Esta tan cerca de mí que puedo respirar su aliento. Contengo las ganas que tengo de empujarlo para apartarlo de mí. Empiezan a entrarme nauseas por tenerlo tan cerca. – Edward, conoces perfectamente mis gustos respecto a las mujeres, – le dice mirándole a él primero, para después buscar mi mirada, mientras desliza su dedo índice por mi mentón hasta la barbilla y continuar su camino por mi cuello bajando hacia mi escote. Edward que es consciente de donde va a terminar ese dedo, y toda la mano si nos apuramos, se acerca a mí, apartándome de él abrazándome con uno de sus brazos por mi cintura.

– ¡Te he dicho que ella no está en la ecuación!. – Le dice con voz ronca, apretándome ahora más fuerte contra él, con evidente muestra de posesión.

– ¡Sabes que también me gusta mirar!. – Le miro sorprendida. Pero procuro no demostrarlo. – ¡Lo que quiero es te la folles delante de mí!. – Nos dice. Giro mi cabeza para mirar a Edward que a su vez me mira a mí negando con la cabeza.

– ¡De acuerdo!, acepto, – Le digo retirándole la mirada a Edward para enfocar mis ojos en Vladimir, sin ser consciente de porque he aceptado.

– No, – me dice Edward apartándome de él, aferrándose a mí por mis hombros. De forma que le doy la espalda a Vladimir. – ¡Estás loca!.

– No, – le respondo, – confío en que le ganaremos. – Le susurro mientras me escruta con la mirada tras retroceder un paso, soltando mis hombros. Trato de decirle en silencio que confío en él. Me mira fijamente. – De acuerdo, – asiente a la vez con la cabeza mientras me mira fijamente durante un segundo, para después, desviando la mirada hacia el alza la voz apuntándole con su mano. – ¡Pero no podrás tocarla ni un pelo!.

– Y otra cosa. – Añade Vladimir haciendo un gesto con su rostro hacia mí. – Jugaras sin esa camiseta. Y si acabamos el hoyo 5 y voy ganando, – esboza una sonrisa maliciosa, – te quitaras esas

diminutas braguitas que he visto que llevabas puestas en la piscina.

– ¡Te estás pasando!. – Le dice Edward. Pero decidida me acerco a ellos y me saco la camiseta, quedándome con solo con el sujetador del bikini. La falda la llevo a la cadera, y me falta por

abrochar el primer botón de la hilera de tres que tiene, de forma que me cae libremente sobre las caderas, permitiendo que se vea un poco las braguitas del bikini, asomando la fina banda negra de su borde. Dejo la camiseta entre los palos del carrito de Edward.

– ¡Empezamos a jugar, señores!. – Les digo mirando a uno y a otro alternativamente.

– Las señoras primero, – dice Vladimir tendiéndome uno de los palos de Edward, a la vez que me dedica la sonrisa más ladina que haya podido ver yo jamás. Me giro hacia Edward esperando que me explique cómo jugar a un juego al que se jugar perfectamente, a la vez que comienzo a ser consciente de la estupidez de apuesta que acabo de hacer. Si Edward piensa igual que yo o no, no lo sé, ya que su expresión no revela emoción alguna.

Observo como Edward escoge un Tee, lo coloca en el suelo y sobre el la pelota. Me pide que me acerque y me explica cómo debo colocarme para golpear la bola.

– Colócate erguida ante la bola, – se coloca detrás de mí, rozando mis hombros desnudos con su camiseta, como en la hamaca. Automáticamente siento como mis pezones reaccionan a su contacto, a la vez que siento su mirada en ellos, por encima de mi hombro. Sé que puede apreciar bajo la minúscula pieza de ropa la reacción que me provoca. Se me escapa un suspiro. – Si no quieres seguir con esta locura podemos marcharnos. – Me susurra contra mi oído. Coloca sus manos sobre mi vientre, apretándome contra él. Me apoyo en el palo que tengo en mis manos para no caerme.

– No. – Le digo mirando como una de sus manos sube hasta colocarse por encima de la otra y justo por debajo de mis pechos, pero sin llegar a tocarlos. – Pase lo que pase confío en ti.

Tras escuchar mis palabras comienza su clase rápida. Con su pie hace que abra las piernas dejando la bola en el centro de las mismas, y paralela a mi columna vertebral.

– Tienes que colocarte así. – Me dice indicándome cómo hacerlo. – De forma que el eje de tus hombros este paralelo a la dirección en la que vas a dar el golpe. – Me concentro en sus explicaciones olvidándome de las sensaciones que estoy experimentando. – Tus brazos han de formar una Y con el palo, así. – Me lo muestra mientras se pega más a mi cuerpo y rodea mis manos con las suyas. Siento como su erección crece debajo de sus pantalones. Alzo la cabeza hacia Vladimir que nos mira sonriéndose. Es evidente que deduce la situación en la que nos encontramos. – Sujeta el palo con tu mano izquierda y coloca tu derecha debajo, de esta forma tu hombro derecho se encontrara más bajo que el izquierdo.

Me pego más a él mientras me coloco como me ha indicado, frotando mi trasero contra su erección de forma muy sutil, apenas perceptible.

– ¿Qué estás haciendo?. – Me susurra de forma que solo yo lo pueda escuchar, pero sin apartarse de mí.

– ¡Mírale!. – Exclamo. Acto seguido lo hace. – Es un baboso. Si le provocamos, va a estar más pendiente de nosotros que de jugar bien.

– ¿Y tú quieres jugar a provocarlo para distraerlo?. – Deduzco que está sonriendo, por su tono de voz, ya que no puedo verlo al estar detrás de mí.. Acerca su boca a mi oreja y la atrapa entre sus dientes, abrazándome a la vez con fuerza, pegándome aún más a su cuerpo a la vez que roza muy sutilmente con sus nudillos la parte inferior de mis pechos, ascendiendo ligeramente, hasta frenarse justo en mis pezones, por encima de la licra del bikini. No puedo evitar escapar un gemido, mientras me aferro con fuerza al palo de golf, tratando de concentrarme en controlar mi respiración.

Sus manos vuelven a descender, para posicionarse con las palmas abiertas sobre mi vientre, apretándome contra él, demostrándome con los hechos lo que le provoco. Se me vuelve a escapar un gemido, a la vez que me arqueo hacia atrás. Automáticamente pone su mano sobre mi boca para ahogarlos. Me observa como cierro los ojos tratando de controlar mi propia excitación.

Vuelve de nuevo a morderme la oreja, con su mano aun tapándome la boca, a la vez que me susurra algo en mi oído, pero soy incapaz de escucharlo.

– Para iniciar el swing tienes que girar lentamente el cuerpo hacia la derecha. – Se aparta un paso de mí para continuar explicándome, cuando considera que los dos estamos lo suficientemente concentrados en lo que estábamos haciendo. – Echando hacia atrás el hombro derecho para que así el palo suba hasta quedar paralelo al suelo. En ese instante flexionas ligeramente la pierna izquierda pero sin levantar el talón. – Me dice colocándose a mi lado y hacer todo lo que ha dicho. – Así.

– Una vez que el palo está arriba. – Sigue explicándome a la vez que lo hace, – haces el movimiento inverso bajando el palo deprisa y golpeando la bola con fuerza.

– ¿Estas lista para hacerlo tú?, – me pregunta. Asiento con la cabeza, colocándome en la posición que me ha indicado, y haciendo todos los movimientos que me ha explicado. Golpeo la bola con más fuerza de la que pensaba que recordaba ser capaz.

– ¡Buen golpe!, – bromea Vladimir. – ¡Sobre todo para ser una novata!. – Trago saliva. Si supiese que en realidad se jugar no se reiría tanto.

Cuando terminamos el hoyo tres, le vamos ganando por 2 hoyos a uno. Pero lamentablemente en el cuarto acaba empatando con nosotros. A pesar de haber hecho nosotros un par de buenos golpes, en el quinto acaba ganándonos. A pesar de intentar distraerlo parece más listo de lo que pensaba. Veo como Vladimir me mira con lujuria y me indica con la mirada lo que tengo que hacer.

– ¡Una apuesta es una apuesta!. – Me dice sonriendo maliciosamente.

– ¿Puedo ir detrás de esos setos?. – Pregunto tratando de buscar algo de privacidad.

– No. Quítatelas delante de nosotros. – Me dice con los ojos llenos de lujuria.

Me sitúo frente a Vladimir dándole la espalda a propósito a Edward. Lentamente introduzco mis manos debajo de mi falda. Lo hago de una forma tan sutil, que sé perfectamente que ni uno ni otro puede ser capaz de ver nada. Comienzo a deslizar mis bragas hacia abajo, dejando que caigan a mis pies.

En dos zancadas, Edward se sitúa por delante de mí, interceptando el campo de visión de Vladimir.

Me apoyo en él para sacarlas por los pies, para a continuación dejarlas en compañía del sujetador. Al apartarme del carrito de los palos, hago el intento de abrocharme el primer botón de la falda. Está a un milímetro de mi vello púbico.

– ¡Deja ese botón como esta!. – Me dice cuando ve mis intenciones. – Ahora siéntate en el suelo y quítate esas sandalias. – Voy a hacer lo que me dice pero Edward me impide que me agache.

– ¡Yo se las quitare!. – Dice él. Se arrodilla delante de mí, pidiéndome que me apoye en sus hombros mientras me deja descalza sobre la hierba. Teniendo así a Edward arrodillado a mis pies siento como me sonrojo por primera vez en todo el día. Apenas lo he hecho cuando me abrazaba por detrás para enseñare jugar a un juego al que se perfectamente jugar.

Me siento completamente excitada. Sin bragas bajo mi falda y la boca de Edward tan cerca de mi sexo. Quizás es mi imaginación, pero creo sentir su aliento sobre mi monte de venus.

– ¡Me apuesto lo que quieras a que está completamente empapada!. – Dice Vladimir.

– ¡Te agradecería que te abstuvieras de hacer ese tipo de comentarios!. – Dice Edward levantándose de golpe con mis bragas en la mano, realmente enfadado. Las deja con el resto de mi ropa y se acerca a mí. Me acaricia la mejilla intentando darme confianza.

.-.-. (.-.).-.-.

Cuando terminamos el hoyo 7 vamos ganando por uno a Vladimir.

– ¿No hemos hablado de qué pasa si empatamos?. – Pregunta.

– Venderás al precio marcado por Edward y sus socios. – Le digo retándolo antes de que él pueda decir nada.

– De acuerdo, pero me permitirás que sea yo quien te quite el resto de la ropa que llevas puesta. Me muero de ganas por saber si eres realmente rubia. – Dice situándose junto a mí para enrollar un mechón de mi pelo entre sus dedos. – Dime, ¿Lo eres?.

– No, – dice Edward, acercándose a nosotros y apartándolo de mí. – ¡Quedamos en que no la tocarías!. – Exclama. – Seré yo quien la desnude ante ti. Aquí mismo en el Green. – Le grita. Gira su mirada hacia mí. Tiene los ojos más oscuros que de costumbre. Estoy plenamente convencida de que lo que veo en ellos es deseo. Me mira diciéndome que yo solita me he metido donde estoy y tiene toda la razón.

Vladimir asiente con la cabeza y continuamos el juego. Tras un par de golpes Vladimir pone su bola a punto para caer al hoyo. Me toca golpear a mí. Sé que si no acierto habremos perdido y Edward me desnudara ante él. Pero conseguirá firmar la venta. Solo por eso sé que vale la pena.

– ¡Espera!. – Me dice Edward dándose cuenta de la situación en la que estamos. – ¡Podemos dejarlo aquí!. – Aparta un mechón de pelo de mi cara, colocándolo detrás de mi oreja. – No hace falta conseguir ese contrato, no a costa tuya.

– No te preocupes, pase lo que pase confío en ti. – Le acaricio la mejilla tratado que no note lo nerviosa que estoy. Sé que cuando descubra quien soy, se va a enfadar y con razón conmigo, pero ya no hay vuelta de hoja. Tengo que asumir las consecuencias de mis actos.

Tras decirle eso, me giro hacia el punto donde la bola está esperándome. Me concentro en dar el que creo que será el último golpe de mi vida. Nunca me ha gustado especialmente el golf, pero creo que no pienso volver a jugar en la vida.

Me coloco tal como me ha explicado Edward varias veces a lo largo del juego, a pesar de que yo ya sabía jugar. En todas esas ocasiones hemos tratado de distraer a Vladimir. Cada vez que sentía su erección contra mí en mis nalgas y me soplaba suavemente en la nuca, o atrapaba entre sus dientes el lóbulo de mi oreja, me producía un escalofrío que recorría todo mi cuerpo. No puedo negar la forma en la que reacciona mi cuerpo a su contacto. Lo peor o lo mejor es que él también lo sabe, y no estoy muy segura de cómo va a acabar todo esto.

Espanto todos esos pensamientos de mi cabeza, los cuales, perfectamente podrían distraerme, y trato de centrarme en lo que estoy haciendo. Cierro los ojos tratando de concentrarme.

Creo que hago el swing de mi vida. Tras golpear la bola, soy incapaz de mirar su trayectoria. Observo a Edward siguiéndola con la mirada, y por como su gesto va cambiando, deduzco que está apunto de tocar el suelo.

– Si. – Le oigo y le veo gritar con el cuerpo a la vez que corre hacia mí para abrazarme y levantarme del suelo. Girando sobre sí mismo aun conmigo entre sus brazos. Puedo sentir sus manos aferrando con fuerza mis nalgas desnudas sobre la tela de la falda.

– ¡Vosotros ganáis!. – Oímos que exclama Vladimir cuando Edward finalmente me deposita con suavidad en el suelo. – ¡Me quedare con las ganas de saber si eres rubia o no!. – Miro a Edward. Está poniéndole mala cara.

– ¡Vamos a terminar con esto cuanto antes!. – Se aparta de mí para encaminarse hacia el Buggy en el que hemos venido los tres hasta donde estamos. Coge el dossier que ha colocado en mi bolso.

Hace los cálculos oportunos y le entrega un cheque con la cantidad tras firmar la compra venta. Le pide al empleado del otro buggy que lo lleve hasta el resort quedándonos los dos solos.

Mientras que Vladimir firma los documentos e intercambian el cheque, he comenzado a caminar por el Green. Es una sensación maravillosa caminar por el cescep descalza. Cuando oigo arrancar el buggy me giro y veo a Edward caminando hacia mí. No se descifrar si está feliz o no por haber conseguido comprar ese terreno y además con un considerable descuento. En realidad tiene motivos para estar enfadado conmigo y aun sin saber quién soy realmente.

A pesar de todo me siento pletórica. Con mi ocurrencia de la apuesta hemos conseguido que el viejo conocido de Edward firme. No puedo evitarlo, le sonrío y cuando veo que él me responde a la sonrisa con otra, no lo pienso. Me lanzo corriendo hacia él acortando en apenas unas zancadas la distancia que nos separa, saltando de forma que le rodeo el cuello con los brazos y las caderas con mis piernas haciéndole perder el equilibrio, de forma que caemos los dos al suelo. Instintivamente me sujeta con sus manos por las caderas, cuando ya estamos en el suelo.

– ¿Te has hecho daño?. – Le pregunto. He caído sobre él, quedándome sentada a horcajadas sobre sus caderas, quedando la falda recogida a apenas a unos centímetros de las mías. Apoyo las manos a ambos lados de su cabeza sobre el césped, y mirándole a los ojos espero a que me responda.

– No. – Me dice al fin. – ¡Realmente estoy muy cómodo!. ¡Más que cómodo!. – Me regala una sonrisa, mientras sus manos comienzan a acariciarme desde las rodillas, ascendiendo muy despacio por la cara externa de mis muslos.

Continúan su recorrido dejando atrás mis nalgas, apenas cubiertas por la falda alcanzando mi espalda. Cierro los ojos disfrutando de sus caricias con las yemas de sus dedos. Son tan sutiles, que apenas me tocan, como si tuviese miedo de romperme. Comienzan a realizar pequeñas espirales al principio para ir agrandándolas muy poco a poco, y muy lentamente.

Cuando sueltan la tira del sujetador del bikini que se ajusta a mi espalda, abro los ojos.

Sin desconectar nuestras miradas, sus manos continúan su investigación por mi espalda, situándose a lo largo de mis costados, mientras observo como su mirada se desliza por mi rostro hacia el biquini que queda colgando de mi cuello. Impidiéndole seguramente la visión de mis pechos.

Cierra los ojos a la vez que, muy despacio sus manos continúan su recorrido a lo largo de mis costados hasta mis pechos, atrapándolos con delicadeza entre sus manos. Aprisiona mis pezones sumamente excitados, haciéndolos rodar entre sus dedos.

– ¡Son perfectos!. – Me dice abriendo los ojos de nuevo, buscando mi mirada. – ¡Me encanta como se amoldan a mis manos!. Parecen esculpidos especialmente para mí. – Su sonrisa y sus palabras consiguen que mi vientre se contraiga.

Las abandona para continuar explorándome con sus ojos y sus manos, tomando como destino mi cuello, acariciando mi nuca, sacando así el bikini por mi cabeza. Me quita la pinza del pelo, permitiendo así que este caiga libre hacia su cara. Lo aparta con sus dos manos para poder mirarme a los ojos, antes de volver a bajarlas hacia mis pechos, siguiendo cada movimiento que hace con sus ojos.

En un movimiento rápido se cambian las tornas. De pronto estoy debajo de el con su cuerpo aprisionando el mío y su boca devorando la mía. Me besa despacio animándome a que abra la boca para él, invadiendo mi boca con su lengua. La mía sale a su encuentro a la vez que mis brazos lo rodean abrazándolo, arqueándose mi cuerpo contra él, buscando el mayor contacto posible con el suyo.

Tras abandonar mi boca, se desliza despacio a lo largo de mi cuello acariciándome con su aliento por el camino, mientras mis manos se enredan entre sus rizos, guiándole sin ser muy conscientes de ello, el camino a seguir.

Apoya el peso de su cuerpo sobre una de sus manos sobre el césped, mientras que con la otra atrapa uno de mis pechos, comenzando a la vez a devorar con su boca el otro. Cambia la atención de mano y boca al pecho contrario.

No puedo pero tampoco quiero evitar que de mi boca se escape un jadeo, mientras le animo sujetándole la cabeza con mis manos a que continúe devorándome.

Mientras mantiene su boca atendiendo con pasión uno de mis pechos, la mano que aprisionaba el otro, lo abandona para deslizarse por mi vientre.

Comienza a desabrochar con sus dedos temblorosos los pocos botones de mi falda, dejándome completamente desnuda ante él. Se incorpora ligeramente sentándose sobre sus talones para observarme, recorriendo mi cuerpo con sus manos a la vez que con su mirada.

– ¡Así que eres rubia!. – Me dice en un tono burlón, tirando ligeramente de mi vello púbico entre sus dedos.

– ¿Acaso lo has dudado en algún momento?. – Le pregunto tendiéndole las manos a la vez que mi cuerpo se arquea buscando su contacto. Satisfaciendo mis deseos, se inclina nuevamente sobre mí para comenzar a mordisquearme un pezón, a la vez que lo succiona con fuerza mientras que ahueca la otra contra el otro, presionando con fuerza con sus dedo índice y el pulgar el pequeño botón. Vuelve de nuevo a mi boca. Me besa con tanta pasión, que apenas somos conscientes que ya empieza aparecer ese cielo anaranjado que nos anuncia que el sol está comenzando a esconderse, mientras con sus manos sigue estudiando cada rincón de mi cuerpo.

Desliza su mano derecha entre mis piernas, acariciando la cara interna de mis muslos, y en respuesta abro más mis piernas invitándole. El sigue aun completamente vestido. Y el broche de la hebilla de su pantalón se clava en la parte baja de mi vientre pero no me incomoda, al revés, ese pequeño dolor me da más placer de lo que yo hubiese imaginado. Sin esperarlo uno de sus dedos se introduce en mi interior.

– ¡Eres estrecha!, – me dice, – sin despegar sus labios de los míos. – Ábrete a mi preciosa, voy a meterte otro. – Y lo hace. Comienza a moverlos despacio a la vez que presiona mi clítoris con su pulgar. Mi cuerpo se retuerce debajo de el sin ningún tipo de control, demandando más contacto.

Como intuyendo como me encuentro en este momento, recoge mis jadeos con su boca y busca ese punto especial dentro de mí, moviendo los dedos, ensanchándome lo máximo posible. Trazando círculos a la vez. Cierro los ojos mientras me arqueo contra él.

– ¡No!. ¡Ábrelos!. – Abro los ojos. Busca inmediatamente mi mirada. – ¡Quiero que mantengas los ojos abiertos y me mires a los ojos!– ¡Eso es Isabel!. – Me dice sabiendo que me tiene completamente a su merced. Sintiendo en sus dedos como palpita mi vagina abrazándole. Me estremezco pensando como será cuando tenga otra parte de su anatomía en ese mismo lugar. Le sonrío mientras me muerdo los labios aferrándome con mis manos a sus rizos. – ¡Córrete!. – Su voz suena a orden. – ¡Quiero sentir con mis dedos como tu cuerpo vibra con ellos en tu interior!. Y también quiero verlo en tus maravillosos ojos. – No sé si es

por lo que me dice, o por cómo me lo dice que acabo explotando.

Deja un reguero de besos en mi cuello, mientras retira sus dedos de mi interior. Escucho como suelta el enganche de su cinturón y la cremallera de sus pantalones. – ¿Tomas la píldora?. – Me pregunta mirándome a los ojos, a lo que asiento con la cabeza. –

¡Porque no me gusta hacerlo con condón!. –Me explica. – Estoy completamente sano. – Veo como libera su erección y comienza a acariciarse y lo que veo, me excita. Me excita mucho. Me atrevería a decir que demasiado. – Me hago análisis con regularidad. Sé que tú también lo estas. He visto los tuyos. – Voy a protestar. Se supone que no tiene derecho a ver los resultados de los análisis de sus empleados, pero no me da opción para hablar. – Quiero que sepas que cuando estoy con una mujer no estoy con nadie más. Si sigo adelante seré yo quien lleve las riendas de la relación. Me gusta dominar. Podré follarte donde y como quiera. En tu casa, en la oficina, incluso en un lugar público como este. – Levanta la vista de mí para mirar a nuestro alrededor, pero al segundo vuelve a buscar mi mirada. Soy consciente de que no ha mencionado en ningún momento su casa. – Me gustas y te deseo. Te desee desde que te vi esperándome en mi oficina. Es como si te desease desde mucho tiempo atrás.

Me quedo callada, no me esperaba este discurso. ¡Me está proponiendo que sea su amante!. Algo dentro de mí me dice que le haga parar, que diga algo. Veo cómo poco a poco se inclina hacia mí, incluso se posiciona en mi entrada, siento como acaricia mi sexo con el suyo impregnándose de mi humedad. Cierro los ojos disfrutando del momento, pero los abro buscando su mirada.

– ¡Edward!. – Exclamo, mientras me mira con los ojos llenos de deseo.

– Quiero follarte ahora. ¡Ya!. Lo necesito desesperadamente. – Se introduce apenas unos milímetros en mi interior, pero algo en mi mirada lo hace detenerse.

– ¡Edward!, – le coloco las dos manos con la palma abierta sobre su pecho. Pero no le empujo, en realidad estoy deseando que continúe. Le deseo desesperadamente. Estoy completamente desnuda ante él. Abierta de piernas y dispuesta para él. Pero antes tengo que decirle algo. Voy a decirle quien soy. – ¡Edward!. Yo nunca he…– Cierro los ojos, no era eso lo que le quería decir.

– Tu nunca que… – me mira ladeando la cabeza. Vuelvo a abrir los ojos y veo incredulidad en su mirada.

– Yo nunca he… – las lágrimas comienzan sin querer a aflorar a mis ojos.

– ¿Me estas queriendo decir que eres virgen?. – Su forma de decirlo me hace sentir como un bicho raro, asiento con la cabeza mientras me aparto de él haciéndome un ovillo abrazándome a mis piernas desnudas. Apoyando la barbilla sobre mis rodillas.

Sin hacer caso de la distancia que acabo de poner entre los dos, me alza en brazos y me sienta sobre sobre su regazo.

– ¡Perdóname!. – Me dice mientras me abraza rodeándome con sus fuertes brazos, mientras yo me cuelgo de su cuello, buscando el calor de su cuerpo. – No sabía. – Se interrumpe durante un segundo. – Si lo hubiese sabido no te hubiese hablado así. ¿Y si hubiésemos perdido?. – Me pregunta mientras me aparta ligeramente de el para mirarme a los ojos, apartándome el pelo de la cara. – ¿Habrías dejado que te follase delante de ese gilipollas para conseguir ese contrato?.

Asiento con la cabeza mientras vuelvo a esconder la cabeza en su pecho. Sollozo en silencio mientras trata de consolarme.

Me siento realmente avergonzada, así, sentada sobre su regazo como si fuese una niña pequeña, a la que la hubiesen quitado su juguete favorito. Me da un beso en la coronilla cuando siente que comienzo a calmar mis sollozos. Rápidamente me levanto, bajo su atenta mirada. Me pongo rápidamente la falda y le doy la espalda rebuscando en el carrito de los palos de golf en busca de mi camiseta. Me la pongo sin el bikini debajo. Tras recuperarlo también lo guardo en mi bolso.

.-.-.-.(.-.).-.-.-.

Durante el camino de vuelta no hablamos. Cuando para en la puerta de mi casa, se hace un silencio incómodo. Me quito el cinturón de seguridad con intención de salir del coche. Pero se inclina sobre mi impidiéndome salir, tras liberarse el también de su cinturón.

– Isabel, no soy un hombre que vaya por ahí seduciendo vírgenes. – Sus palabras hacen que me sienta incomoda y que intente zafarme de el para salir del coche, pero me lo impide. – Perdona, – deja escapar un suspiro, – no debí decirte eso. Mírame, – me lo pide con voz suave, – ¡mírame!, – vuelve a suspirar tras insistir. – Por favor. – Finalmente acepto su suplica y lo miro.

– Lo siento, – cierra los ojos mientras observo como los engranajes de su cabeza comienzan a funcionar a toda velocidad, pensando lo que me quiere contar.

– No hace falta que te disculpes. – Le interrumpo.

– Sé que yo también tuve mi parte de culpa en todo lo que paso. Ahora si te parece, yo olvido todo lo que me has dicho y tu – cierro los ojos a la vez que yo también dejo escapar un suspiro, para después buscar su mirada, – olvidas lo que yo te he confesado. ¡Espero que puedas guardarme el secreto! Y…

– ¿Crees que iría por ahí contando que eres virgen?. – Me interrumpe. Yo cambio el gesto. – No me mires así, no tienes por qué avergonzarte de que lo seas. Quizás sea algo extraño que en estos tiempos, que no…– me toma la barbilla. – Isabel, mereces que la primera vez sea algo especial, y no tirados en medio de un campo de golf. Mereces que sea con alguien especial, pero por mi forma de ser, creo que yo no soy la persona ideal para ser ese alguien. – Le escucho suspirar. Es la segunda vez que me rechaza, aunque él no recuerde la primera, puesto que ni siquiera es capaz de reconocerme. No puedo soportarlo y nuevamente mis lágrimas comienzan a caer silenciosas por mis mejillas.

– Te lo he dicho, soy controlador por naturaleza, incluso a veces me gusta compartir una mujer. – Un escalofrío me recorre todo mi cuerpo. – Si, no pongas esa cara, he participado en tríos, hace algún tiempo que no lo hago, pero no puedo asegurarte que no quisiera hacerlo contigo. – Se queda callado antes de preguntarme. – ¿Estarías dispuesta a que dos hombres te follasen a la vez?. – Se aparta de mí y apoya la cabeza contra el respaldo de su asiento.

– ¡Es mejor que me marche!. – Abro la puerta del coche y tras coger mi bolso me dispongo a salir.

– Isabel. – Vuelve a llamarme cuando ya tengo un pie en el suelo, me giro hacia el después de desmontar el coche. – No quiero que te sientas rechazada, ni pienses que no me gustas, porque siento

todo lo contrario. – Se inclina hacia mí, mientras apoya una mano en el asiento del copiloto. – Te deseo. Te deseo como no recuerdo haber deseado a otra mujer. – Me mira como si recordase algo, pero desaparece tan rápido como ha llegado. – Me gustaría ponerte sobre mis rodillas. Ponerte el trasero como una granada y después hundirme en ti mientras voy trabajándome ese culito tuyo para ensancharlo y poder follármelo también. – Me quedo sin habla ante lo que me acaba de decir, aunque todo lo que me ha dicho hace que me excite, y debe verlo en mis ojos, por la sonrisa seductora que me lanza, pero evita comentar nada. – Te mereces algo mejor que todo eso, Isabel.

– ¡Soy lo suficientemente mayorcita para saber qué es lo que me merezco y que no!. – Cierro la puerta del coche con rabia, para después apoyar mi mano derecha sobre el borde de la puerta. – ¡No tienes ni idea de lo que ha sido mi vida, para poder tener autoridad para decidir por mí!. – Busco las llaves dentro de mi bolso mientras le miro fijamente a través de la ventanilla abierta. – ¡Gracias por haber impedido que hubiese cometido el error de mi vida!. Ya en una ocasión estuve a punto de hacerlo, y un gilipollas igualito a ti lo impidió. ¡Y no me refiero a Jacob!. – Me mira asombrado por el insulto que le acabo de regalar, aunque no me arrepiento. Es lo que pienso. Es un auténtico gilipollas. – Sé que la próxima vez puede que no tenga tanta suerte. Pero no te preocupes me encargare de elegir al gilipollas adecuado.

Y tras soltarle todo eso, me giro para con pasos calmados dirigirme al portal para abrir la puerta y refugiarme en la seguridad de su interior. A los pocos segundos escucho como arranca el coche. Al día siguiente, domingo, no salgo de casa. Me paso el día de mi cuarto al despacho de mi hermano, y de ahí nuevamente a mi cuarto pasando por la cocina. Acabo de nuevo en el despacho escribiendo mi carta de renuncia. No puedo seguir con esto. Es demasiado para mí. Pero no le diré quién soy. Todo seguirá como hasta ahora.

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Joder con Isabel… Isabella… o Bella. Chicas enserio, tanta confianza de ella para con él al grado de hacer una apuesta así con el estúpido de Vladimir. ¿Ustedes que hubieran hecho? ¿Es en verdad tanto0 amor por él? Y Caspias ella va a renunciar!

Bueno, estoy algo inconforme por el final de mi novela, de verdad no era lo que yo hubiera querido, pero que le vamos a hacer, ya pensé en hacer una adaptación a mi manera, y con mi propio final, aunque no sé si hacerlo con tema twilight o 50SDG, ya me dirán cuando me decida a hacerlo jajaja. Así que encontré un hueco y pude venir a publicarles, hay doble capítulo así que espero les guste. Besos, queremos muchos comentarios para saber que piensan y si les esta gustando.

Nos vemos en el siguiente capítulo hermosas seductoras. Besos. Jane-.