Capítulo 10- Amantes

Edward se separó unos cuantos pasos de Winry, para luego reclinarse sobre la pared, a lado del escritorio.

Enseguida, la joven se colocó a su lado, adoptando la misma postura.

-Si de verdad no deseas hacerlo…- dijo ella tratando de olvidar el tema debido al largo silencio que se había formulado.

-No, creo que de verdad es necesario que lo sepas. Quizás… así puedas entender un poco más las cosas.

La mirada de Ed se perdió en las sombras que se reflejaban a la luz de la hoguera, y aun de la misma manera, retomó la palabra.

-La conocí… hace siete años, poco después de entrar a la universidad. Era… una de mis profesoras y por tanto mayor que yo.

La chica no pudo evitar proferir un sonido de asombro, lo que la hizo ganarse una mirada fugaz de su acompañante, quien a pesar de aquello no se detuvo, y continuó con la historia.

Flash back

El estridente sonido de la campana había resonado por todo el edificio, anunciando el final de las clases. Uno a uno, los adolescentes comenzaban a abandonar el aula.

Dante, la joven profesora de literatura, se encontraba de pie cerca de la salida, recordándoles a los chicos las tareas pendientes, mientras los veía retirarse.

La mayoría de aquellos muchachos salían en parejas o grupos pequeños, casi todos perdiéndose en conversaciones banales o haciendo planes para aquel fin de semana.

El salón de clases estaba prácticamente vacío, excepto por un chico de cabello rubio, sentado en la última hilera. No parecía tener mucha prisa por irse, ya que se levantaba de su asiento con cierto fastidio.

Al verlo, la mujer le dedicó una sonrisa.

-He leído el ensayo que escribió sobre Shakespeare, señor Elric. Resulto una experiencia muy interesante, y es una lástima que no compartiera su opinión con el resto de la clase.

-Sinceramente no me parece atractiva la idea de hablar en público.- expresó el muchacho mientras su semblante permanecía impasible, como la mayor parte del tiempo.

-Lo imagino. He hablado con otros de tus profesores. Concuerdan en que eres un alumno brillante, pero evitas en lo mayor posible el trato social.

-¿Y hay algo de malo en eso?- cuestionó Edward con una leve sonrisa.

-En absoluto, solo que creo que sería bueno que de vez en cuando dieras tu punto de vista. Realmente ayudaría mucho para retroalimentar la clase.

-No es mi problema que la mente de otros sea tan limitada.



La sonrisa de Dante se ensanchó debido al comentario, sorprendiendo a Ed, quien parecía haber fallado en su intento por cortar la conversación.

Por su parte, la joven profesora mantenía ese semblante de satisfacción. Tal y como había sido informada por otras personas, ese muchacho era realmente arrogante… y eso le agradaba.

-¿Qué te parece si vamos a tomar algo mientras discutimos sobre tu ensayo? Aun hay detalles sobre los que me gustaría saber tu opinión.

Edward sonrió satisfecho. Era la primera vez que se topaba con alguien a quien no parecían importarle sus desplantes. Aquella mujer comenzaba a resultarle interesante.

-De acuerdo, vayamos.- respondió el rubio sin despejar la expresión de su rostro.

"Sobra decir que quedé cautivado desde aquella ocasión. No solo soportaba mi arrogancia, también me demostró que si así lo deseaba, ella también podía ponerse a mi nivel. Era una mujer muy inteligente, y apasionada en lo que hacía. No tarde mucho en enamorarme de ella."

-He escuchado de tu profesor de psicología que has hecho un ensayo sobresaliente acerca de uno de los libros de Erich Fromm. ¿Qué te ha parecido el autor?

-Absurdo.- respondió Ed sin más rodeos, mientras volvía parte de su atención hacía un desconocido que tocaba el piano en aquel bar bohemio donde él y la profesora solían frecuentarse, con el fin de no dar pie a rumores desagradables.

-Tuve que leer esa investigación suya sobre el amor: "El arte de amar". Realmente algunas de sus concepciones son estúpidas y erróneas.- dijo el muchacho sin despegar aun la vista del músico.

-Dame una referencia.

-Opino que en lo que refiere al amor erótico, hay puntos en los que no concuerdo. Son el tipo de cosas que nublan la razón del ser humano. Es algo… destructivo.- concluyó el rubio arrugando su frente, al tiempo que alzaba una taza situada delante de él, y bebía de su contenido.

Dante soltó una carcajada sutil, por lo que Edward la miró extrañado.

-¿Alguna vez has estado enamorado, Edward?- preguntó ella con una sonrisa tranquila y ojos llenos de curiosidad.

El aludido, por su parte, tosió violentamente, ya que la pregunta le había sorprendido en medio de un sorbo de su bebida.

-N-No, no lo sé.- respondió fingiendo algo de molestia.

-Cuando de verdad estas enamorado, no hay nada más maravilloso que estar con esa persona. Puedes compartir todo con ella. Esa persona perdonara todos tus errores y aceptara tus defectos y tus fallas, y tú 

harás lo mismo. No anhelarás nada más que vivir la vida junto a ella, y hasta la más sencilla caricia será para ti el mejor regalo.

Ed quedó perplejo ante las palabras de Dante. Si bien, era cierto que el ya sentía eso, le costaba trabajo admitirlo. Había estado dándole vueltas al asunto desde hacía unas semanas atrás. El era una persona racional, metódica, y todo eso del amor obstruía al trabajo de la mente, pero también debía aceptar que era una de las sensaciones más placenteras que había experimentado.

Nunca había amado a una mujer de esa manera, y aunque se debatía en su interior por sentir aquello, estaba seguro de querer continuar así.

Considero la idea de hacérselo saber. El no era una persona tímida, sino más bien reservada en cuanto a eso de los sentimientos. Su único temor en ese momento era que ella se alejara, aunque también, guardaba la esperanza de que ella pudiese corresponderle. Así que actuó.

En un impulso, el muchacho tomó una de las manos de ella entre las suyas.

-En ese caso, entonces… es seguro que si estoy enamorado.- dijo Edward con una seguridad que causó un estremecimiento en Dante, quien a pesar de eso no hizo nada por apartar su mano del agarre de él.

-Edward… tal vez esto no sea… digo, eres mi alumno.

-¿Ahora me dirás que te importa mucho la moral?- pregunto Ed con un dejo de molestia.

-¡No! La cuestión es que…-

El rubio no le permitió concluir. Se había levantado de su asiento inesperadamente para apresurarse a tomar los labios de su profesora. Un acto que ni el mismo podía explicarse.

-Maldita sea.- murmuró el apenas habiéndose separado de Dante pocos centímetros. -Tú tienes la culpa. Si tan solo hubieras dejado mi vida como estaba, esto no…-

Ahora era Edward quien no podía continuar: Dante estaba besándolo ahora, de un modo más apasionado debido a su experiencia.

-Difícilmente hubiera tenido el valor de decirte lo que sentía. Me sorprende que también sientas lo mismo.- dijo ella una vez que volvieron a separarse.

-¿Eso significa que también deseas estar conmigo?

No hubo necesidad de más palabras, ya que, nuevamente los labios de ambos estaban unidos en un beso.

"Fue así como todo comenzó. Nuestra relación era un secreto que ambos compartíamos. Sabíamos lo que sucedería si se daban cuenta de ello en la universidad. No pasaría de un escándalo y la pérdida del empleo para ella. Pero en mi caso, no sé que hubiese sido capaz de hacer mi padre de haberse enterado. Tratábamos en gran medida de ser cuidadosos, pero aun así, en un descuido… Clara se enteró."

Hacía ya varios minutos que el aula estaba vacía. La clase había terminado y todos se marcharon a sus hogares, a excepción de dos personas.

No habían pasado suficiente tiempo charlando cuando el deseo se había apoderado de ellos.

Dante permanecía acorralada en una esquina del salón, a poco espacio de la puerta, de manera que no resultarán muy expuestos a la vista.

Se besaban con pasión mientras las manos de ambos recorrían ansiosas el cuerpo del otro.

Cabía destacar que la relación que mantenían no se definía como inocente. No llevaban mucho tiempo viéndose cuando cedieron a la lujuria.

Podían pasar horas charlando amenamente, ya sea de libros, autores o algún otro de los intereses que compartían, pero a últimas fechas todo aquello terminaba en un encuentro en la cama.

Era así. Edward se mostraba feliz con eso, y tal parecía que ella también. Se complementaban en muchos aspectos. Ella era para él amiga, rival, consejera, maestra pero sobre todo, una apasionada amante. Era la mujer con la que deseaba estar siempre.

-Espero que… siga en pie… aquella invitación… a tu departamento.- dijo Ed entre besos.

-Por supuesto… solo… que espero que tengas una excusa preparada. No quisiera… tener que intervenir.- respondió ella de igual manera.

Se separaron unos instantes. El rubio miro a Dante, sonriéndole con complicidad.

-No te preocupes. Lo de "el club literario" aun sigue dándome resultados. Mi padre ya no me cuestiona más por mis constantes salidas. Además, tengo algo para ti, y me gustaría dártelo en un lugar… más privado.

-Me parece bien. Te veré ahí esta noche, aunque me costará trabajo esperar hasta entonces.

Los amantes volvían a unirse en un beso, ignorando de nuevo lo que ocurría a su alrededor, hasta que, sorpresivamente, la puerta se abrió, sin dar tiempo a ellos de deshacer su postura tan comprometedora.

Una chica de pálido cabello rubio los miraba perpleja. Parecieron incontables los segundos en los que permanecieron así, mirándose sin decir ni una palabra, por lo menos hasta que ella pareció entender la situación.

-Yo… lo siento.- murmuró la chica bajando la vista y apresurándose a salir.

-¡Clara!- le llamó Edward en un fallido intento por detenerla.

El muchacho lanzó a Dante una mirada suplicante, queriéndole dar a entender que debía ir tras su amiga. La profesora no objetó, más era evidente que la interrupción le había dejado más que molesta.

Sin perder más tiempo, Ed salió del salón de clases, buscando a Clara por los pasillos, lo cual no era muy difícil debido a que casi todos se habían marchado. Luego de un par de minutos la encontró. Estaba a punto de salir del edificio.



-¡Detente, Clara!- volvió a gritar Ed, haciendo sobresaltar a la aludida, quien aminoro su andar, pero no se detuvo por completo. -¡He dicho que esperes!- insistió él molesto, logrando finalmente que ella se inmovilizara.

Edward avanzo a grandes pasos hasta llegar a ella. Al hacerlo la tomó de los hombros y la giró hacia él.

Algunas lágrimas caían de los ojos de la chica, algo que Ed no lograba comprender, ya que no lo justificaba.

-Ahora lo entiendo. Lo entiendo todo.- dijo Clara sollozando, mientras el muchacho solo la miraba, ignorando lo que ella trataba de decir. -De repente comienzas a alejarte, no tienes tiempo para estar conmigo o con tu hermano, sales mucho de casa y nadie sabe con exactitud a donde. Alphonse me pidió que ya no investigara nada, el te ve muy feliz y eso le basta, pero yo… sabía que algo estaba sucediendo.

-Clara sé que esto es…-

-¡No quiero que me expliques nada! Al principio creí que te alejabas de mí porque te había confesado mis sentimientos, pero al verte con ella… ¿Por qué tenía que ser ella?

-No planee esto, Clara. No solo te rechace por estar con Dante, aunque hubiese estado libre en aquel momento no hubiera podido estar contigo. Entiende que eres lo más parecido a una hermana para mí, crecimos juntos.

-¿Por qué no me dices la verdad? Simplemente no soy atractiva para ti.

-No, Clara. Eres hermosa y una maravillosa chica, pero aun así no podría corresponderte.

Edward abrazó protectoramente a su amiga, quien seguía sollozando. El se sentía culpable por eso, pero no había nada que pudiese hacer ya.

Tras estar así varios minutos, la joven se separó de Ed.

-Ella es varios años mayor que tú. No entiendo… ¿qué puede ofrecerte que yo no pueda darte?

-No se trata de eso, es solo que lo que siento cuando estoy con ella es… no lo sé, indescriptible.- concluyó el muchacho con una sonrisa amarga.

-¿De verdad eso es lo que quieres?

-Si.- respondió él con mucha seguridad. -¿Puedo confiarte mi secreto?

-Está bien. Será… lo último que haga por ti.

"Clara se convirtió en cómplice de mi relación, pero a pesar de eso nuestra amistad siguió distanciada, pero pensé que era lo mejor. Ella me ha amado desde aquel entonces y era injusto hacerla sufrir. Así transcurrieron dos años, dos años en los que la profesora y yo logramos mantener una solida relación, o al menos era lo que yo creía. Yo ya no dudaba de lo que deseaba, quería estar a su lado toda mi vida, pero al parecer, ella no compartía mi idea."

-Vamos a casarnos.- propuso Edward de repente, rompiendo el silencio que compartían después de otro de sus encuentros en la cabaña.



Dante soltó una leve carcajada, incorporándose en la cama, dejando expuesta su desnudez.

-No le encuentro gracia, ¿sabes?- expresó Ed con algo de molestia.

-¡Vamos, cielo! ¿No irás a decirme que estás hablando en serio?- continuó ella al levantarse de la cama y cubrirse con una bata.

-Por supuesto. Ya resulta cansado escondernos. Además, llevo tiempo pensando en esa posibilidad. Desde hace mucho deseo hacerte mi esposa.

-No creo que lo hayas pensado muy bien, de haberlo hecho hubieras recordado las dificultades. ¿Has pensado en lo que podría hacer tu padre?

-De sobra sabes que a estas alturas me tiene sin cuidado.

-Te desheredara.

-No me importa.

-¿Y cómo piensas sacar adelante a tu familia?

-Ya encontraré el modo. Por ahora lo único que me importa es estar contigo.- concluyó Edward mientras se levantaba de la cama para acercarse a ella, abrazándola por la cintura y repartiendo besos en su cuello.

Dante, por su parte, permanecía seria. La charla parecía haberle afectado de alguna manera. Casi de forma instantánea, la joven apartó a su amante, quien la miró extrañado.

-Edward, no quiero que actúes estúpidamente. Mantengamos esto como hasta ahora.

-¿Por cuánto tiempo más? No creo que esto pueda durar mucho. Sabes que ya levantamos muchas sospechas en la universidad.

-Durara lo que tenga que durar. A mí lo que me importa es que tu padre no afecte tus intereses.

-Te lo he dicho muchas veces: No me importa.

-Edward, conoces mi historia. Sabes lo duro que ha sido para mí salir adelante debido a que mis padres no me apoyaron. Tú tienes eso y no quiero que lo desperdicies, y tampoco quiero que mis futuros hijos tengan que pasar por aquello. Así que, si quieres que me quede a tu lado, asegura nuestro patrimonio primero. Ahora, si me disculpas, iré a tomar una ducha.

Dicho aquello, Dante salió de la habitación, dejando desconcertado a su joven amante.

"Tuve que acceder. Era verdad que no tenía nada que ofrecerle por mí mismo, así que me esforcé mucho por sobresalir aun más. Tenía la sensación de que, si era un alumno prodigioso, tendría bastantes oportunidades para el futuro. Pero, debido a eso, sin saberlo… la arrojé a los brazos de otro hombre…"

Era una importante noche en la prestigiosa universidad. La gente comenzaba a llegar, todos elegantemente vestidos.

Profesores, alumnos e invitados, se reunían en uno de los salones de eventos con un solo motivo: premiar a los genios literarios y poetas de la generación.



Edward y Dante se encontraban en uno de los rincones del salón. Ambos conversaban mientras ella arreglaba algunos detalles de la vestimenta del muchacho.

No parecía importarles mucho estar rodeados de tanta gente. Si bien, había personas que notaba que ellos eran más que buenos amigos, nadie decía nada al respecto. Para ellos resultaba cómodo que nadie se entrometiera.

-Te ves muy bien esta noche.- dijo Dante mientras inspeccionaba al joven de pies a cabeza, para luego concentrarse en acariciar su rubio cabello suelto, que apenas caía a la altura de sus hombros.

-Tú también, aunque… creo que te verías mejor sin el vestido puesto.- susurro Ed con una sonrisa traviesa en los labios. Dante correspondió al gesto.

-Estoy orgullosa de ti.

-Sabes que esto no hubiera sido posible sin ti. Tú has sido mi fuente de inspiración.

Si la situación se los hubiera permitido se habrían besado, pero a cambio de eso compartieron intensas miradas, las cuales hacían evidente cuanto se deseaban el uno al otro. Y hubieran permanecido así más tiempo, de no ser por alguien que logró distraerlos.

-Edward.- llamó una voz masculina, haciendo que el aludido se girará solo para encontrarse con su padre a unos cuantos metros de él.

-¡Papá! ¿Qué haces aquí?- cuestionó el muchacho sin ocultar su desconcierto.

-Con permiso. Te veré luego Edward.- se disculpó Dante para alejarse rápidamente, lo que frustro al joven y le hizo maldecir mentalmente la presencia de su progenitor.

-Alphonse me insistió en que debía venir. No paraba de decirme que esta noche era algo importante para ti.

-No tenías que hacerlo.

-Puede que no resulte tan malo después de todo.- dijo Hohenheim mientras su mirada se desviaba hacía la mujer que les había dejado instantes atrás, quien ya se encontraba conversando con algunos otros profesores. -¿Quién es ella?

-Es mi profesora de literatura, Dante.- respondió Ed tratando de ocultar la molestia que le producía el repentino interés de su padre.

-Es hermosa.- concluyó el mayor de los Elric, provocando una punzada de celos en su primogénito.

-Tengo que irme. Me esperan en el estrado.- dijo Edward alejándose de manera rápida, sin dar tiempo a Hohenheim de nada más.

Las premiaciones dieron inicio. El rector comenzó con un discurso de felicitación, haciendo menciones honorificas de los trabajos más sobresalientes. Dante escuchaba atenta, rebosante de orgullo, sin percatarse de una presencia a su lado.

-Es gratificante que el muchacho sea sobresaliente en uno de sus pasatiempos ¿no es así?- expresó Hohenheim, atrayendo la atención de la joven.



-Le aseguro que su hijo tiene el potencial para hacer de esto más que un pasatiempo. Es un artista.

-Puede ser, pero esto no es lo que tengo preparado para él.

-¿No le parecen las elecciones de su hijo?

-No se trata de eso. Es solo que… quiero un futuro más grandioso para él.

-Creo que en eso estamos de acuerdo, señor Elric.

-Llámame Hohenheim.- dijo el hombre mientras extendía su mano hacía ella con una sonrisa, misma que Dante correspondió.

"Fui estúpido e ingenuo. No pude darme cuenta de lo que sucedía. De repente ella comenzó a tener bastantes compromisos. Ya no pasábamos tanto tiempo juntos, inventaba excusas para evitar que hiciéramos el amor. Su comportamiento era extraño. Me dolía la forma en la que actuaba, sin embargo, siempre terminaba justificándola. Clara se enteró de lo que pasaba… pero yo no quise creerle…"

Edward se encontraba caminando por el jardín del campus. Las clases se habían terminado ya, pero él no deseaba irse a casa. Guardaba la esperanza de verla aparecer. Hacía ya casi una semana de su último encuentro, y verla en clase no era para nada suficiente. Así que esperaría con tal de verla.

Derrotado, se dejo caer sobre una banca, para luego suspirar cansado. Minutos después, pudo ver una sombra en el suelo, alguien estaba frente a él.

Con un dejo de ilusión levanto su rostro, pero no pudo evitar mostrarse decepcionado al ver que era Clara quien se había acercado.

-Me encontraba terminando un trabajo en la biblioteca, estaba a punto de irme cuando te vi paseando por el jardín.- dijo la chica para explicar su presencia.

El rubio solo asintió con la cabeza. A decir verdad, no tenía ánimo para charlar con nadie, pero su amiga ignoró aquello y se sentó a su lado.

-Edward… yo… tengo que hablar contigo.

-Preferiría que fuera luego.

-Se trata de ella.- murmuró Clara bajando la mirada. Sabía que el muchacho entendería a quien se refería, puesto que ahora la miraba con atención.

-Ignoro como esté la relación entre ustedes pero…-

-Todo está bien, ¿de acuerdo?- se adelantó a decir el joven Elric, incomodo por el hecho de que no le agradaba hablar de algo tan privado.

-Hay algo que debes saber y quiero que me escuches. Yo… la vi hace un par de días… acompañada de otro hombre.

Al escucharla, Ed apretó los puños y la mandíbula. Estaba evidentemente furioso.

-¿Qué estupidez estás diciendo?

-Ella te engaña, Ed. Es la verdad.

-¿Y quién es ese hombre? ¡Dímelo!

El rostro de Clara se mostró aterrado ante la pregunta. No solo por el hecho de que su amigo estaba embravecido, sino porque había un detalle que ella ocultaba, y no deseaba saber lo que sucedería si él se enteraba.

-No… no lo sé.



-¡Mientes! ¡Todo es mentira!

-¡No tengo motivos para mentirte!

-Por supuesto que los tienes. Quieres que me aleje de ella porque no fue de ti de quien me enamoré.

Aquello había sido como una estocada a su corazón. Si bien, era cierto que a ella le dolía la situación, jamás sería capaz de algo tan bajo para destruir la relación de ellos.

Lágrimas involuntarias comenzaban a salir de los ojos de la chica, indignada por la actitud del joven.

-¡Eres un estúpido! ¡Será tu problema si no quieres creerme, pero me sorprende que pienses que hago esto solo por despecho!

Clara dio media vuelta y se alejó rápidamente, sin que Ed hiciera algo por detenerla. Era tanto su enojo que nada le importaba en ese momento, salvo hablar con Dante. Ambos tenían mucho que aclarar.

"Después de eso no volví a ver a Clara. Nuestros años de amistad se vinieron abajo por mi estupidez. Me amaba tanto que deseaba protegerme del dolor a pesar de que yo no le correspondiera. Pero… no tarde mucho tiempo en darme cuenta de las cosas…"

Solo habían pasado un par de días desde la discusión con Clara cuando Edward había logrado verse con su amante en el departamento de ella. Había insistido mucho y por fin lo había conseguido.

Dante lo recibió con cierta frialdad, pero a él pareció no importarle, ya que se apresuró a besarla, pero su entusiasmo se esfumó al notar que ella no le correspondía.

-Debemos hablar.- dijo Dante con un semblante de serenidad.

-¿Qué sucede?- preguntó él con recelo.

-Será mejor que dejemos de vernos. Al menos por un tiempo.

-¿Por qué?- cuestionó Edward desconcertado.

-Porque es lo mejor. Ya no podrás ocultárselo a tu familia mucho tiempo.

-Entonces tendré que insistirte: ¡cásate conmigo! Así el mundo podrá enterarse de una vez por todas que eres mi mujer.

-¡No empieces con lo mismo Edward! No voy a casarme contigo.

-Hay alguien más, ¿cierto?

La pregunta la dejó sin defensas. Ed la miraba con insistencia y ella no sabía que contestar, pero finalmente resolvió que no tenía caso seguir mintiéndole.

-Sí, hay alguien.- susurró Dante, dándose cuenta del dolor en el rostro del muchacho, quien no pudo mantener más la conversación y se apresuró a salir del lugar.

0/0/0/0/0/0/0



No había conocido la angustia de una depresión hasta ese entonces. Llevaba casi tres semanas encerrado en su habitación. No deseaba hablar con nadie y apenas y probaba alimentos. Su joven hermano estaba muy preocupado, pero a él no parecía importarle aquello. Lo único que deseaba era hacerla regresar a su lado. Estaba dispuesto a recuperarla.

Lo primero que haría sería hablar con su padre. El muchacho esperaba que, con un poco de suerte, su progenitor se mostrara comprensivo.

Era casi de noche cuando decidió salir de su recamara. No había caminado mucho por el pasillo que daba a la escalera cuando se encontró con Al.

-Hermano, que bien que decidiste salir.- dijo el más joven con una leve sonrisa en los labios.

-Necesito hablar con papá, ¿sabes dónde puedo encontrarlo?

-¿No lo recuerdas hermano? Ayer, cuando te deje el desayuno te dije que papá tendría hoy una visita, y nos quería a ambos en el comedor para la cena. Pero ya veo que no estabas escuchando.

-¡No tengo tiempo para eso, Alphonse! Solo debo hablar con él.

El mayor de los hermanos se precipitó a bajar las escaleras. Sin duda estaba presentable como para recibir una visita, pero su aspecto cansado le hacía lucir algo lamentable.

Iba rumbo al comedor principal. Suponía que ahí se encontraría su padre. Estaba a punto de llegar cuando quedó paralizado de pronto. Ella estaba en su casa, sentada al lado de Hohenheim, lo cual perturbó a Ed.

-Mira, aquí vienen mis hijos.- dijo el mayor de los Elric a Dante, haciendo alusión a Edward y Alphonse. El primero no se había dado cuenta que su hermano le había seguido de cerca desde que bajaba la escalera.

Ed se sentía fuera de sí, como en una pesadilla. Su mente estaba llena de preguntas, la más importante era: "¿Qué hacía ella ahí?" Pero no fue capaz de cuestionar nada. Estaba tan aturdido que le costaba trabajo actuar.

No supo cómo, ni se dio cuenta del momento en el que sucedieron las cosas. Su cuerpo actuó de manera automática. Se encontraban en el comedor. La cena había concluido ya cuando Hohenheim pidió atención a sus hijos, ellos le miraron, Alphonse con curiosidad y Edward con un vacío en sus ojos. Y comenzó a hablar.

-Muchachos, ustedes saben el respeto que le he tenido a su madre, tanto en vida como después de su muerte. Cuando ella partió decidí dedicar mi vida a ustedes, a su formación, y hoy no dudo que haya hecho un buen trabajo. Así que creo que ha llegado el momento de pensar en mí. La dama que hoy nos acompaña y yo, hemos estado saliendo desde hace algo de tiempo, y aunque ha sido poco, estoy más que seguro que deseo convertirla en mi esposa.

Fue como un balde de agua fría. Ahora todas las piezas encajaban en su sitio. Edward se estremeció involuntariamente, para luego levantarse de su asiento.

-¡No puedes casarte con ella!- dijo Ed mientras caminaba para ir a su habitación.

Hohenheim y Alphonse se miraron. Ambos parecían desconcertados. El menor de los herederos se levantó también de su asiento, incomodado por la escena anterior.

-¿También vas a oponerte, Al?- preguntó el hombre antes de que el aludido se marchara.

-No soy nadie para intervenir en sus decisiones, padre. Y si esto lo hace feliz, entonces yo lo apoyare. Si me disculpan…- concluyó el muchacho al salir.

0/0/0/0/0/0/0

Toda la tristeza contenida se había convertido ahora en furia. Edward caminaba a lo largo de su habitación, con la mandíbula tensa, golpeando de vez en cuando algún objeto que se encontrara a su paso.

Todo lo que podía sentir era odio, hacía ella, su padre y contra él mismo. No podía pensar con claridad acerca de nada. Estaba muy confundido.

De pronto, vio la puerta de su recamara abrirse, y Dante entrando.

-¿Qué demonios haces aquí?

-Hohenheim esta distraído tratando un negocio, y necesito hablar contigo.

-¿Acaso quieres explicarme como te burlaste de mi?

-No Edward, estoy haciendo esto por nosotros.

-¡No encuentro el beneficio en toda esta estupidez!

-Solo me aseguro de nuestro patrimonio, esta es una forma de estar a tu lado sin preocuparnos de que puedas perderlo todo.

-¡No! Estas equivocada si crees que aceptare esto. Jamás estaré dispuesto a compartirte ¡y mucho menos con él!

-Entonces, estarás renunciando a lo nuestro.

Edward sintió como si su corazón se oprimiera de pronto. Ella lo había lastimado, pero a pesar de eso aun la amaba. Si tenía una última oportunidad, la aprovecharía.

-Vámonos. Vámonos lejos. Olvídate de todo esto y comencemos una vida en otro lugar.

-No, esto es lo que deseo.

Ed no ocultó su decepción. Se alejó varios pasos de ella, mirándola con una mezcla de tristeza y rencor.

-¡Lárgate!- ordenó el muchacho abriendo la puerta, y ella salió sin dudar.

Ya estando a solas, el joven rompió en llanto. No había llorado en años, no después de la muerte de su madre, y es que después de aquello, no había experimentado un dolor tan grande, hasta aquel momento.

Ella había destruido a aquel hombre metódico y arrogante que era. Quien lo viera solo podría sentir lástima por él, tan débil, tan vulnerable.

Su vida cambió esa noche. Las cosas no serían iguales nunca más.



Fin del flash back.

-No volví a verla desde el día en que me enteré que se casaría. Esa noticia me destrozó, y no podía ocultarlo. Decidí alejarme. No tendría sentido estar en un lugar donde sabía que tarde o temprano la encontraría. Si hubiese sido así, seguramente no lo hubiera superado. Lo demás es historia: me marche a Inglaterra y ahí concluí la universidad. Después me convertí en escritor y fue como logré salir adelante. El haber vuelto me llenó de recuerdos de aquellos días, pero también… me permitió conocerte. Eres la persona que me ha salvado, y a la que ahora amo más que a nadie.

0/0/0/0/0/0/0

¡Hola! He aquí el final del capítulo. Sé que dije que el fic cambiaria de clasificación a M pero eso será hasta el siguiente capítulo (lo que pasa es que no pensé que me quedaría tan largo este).

Pero en fin, espero que me digan con un review que les pareció la historia de Ed. En lo personal, disfrute mucho escribiendo esto porque lo llené de experiencias personales (las charlas sobre libros son sobre las que he tenido con mis amigos y uno de mis más grandes amores platónicos, así como lo del pianista del bar bohemio y otras cosas). Espero que les haya gustado.

Y para no tomar a nadie por sorpresa, observen bien que Ed ESTA OMITIENDO DETALLES EN SU NARRACION.

Si alguien tiene duda, la diferencia de edad entre Edward y Dante es de 9 años.

Cualquier otra pregunta, no duden en hacerla.

Ahora solo me resta agradecer a quienes leyeron, y a quienes dejaron review:

Leiram, Blue-Bird07, Iare, Hideta666, aLee preTt, Laura (me da gusto que lo que escribo pueda ayudarte de alguna manera), Isuzu.92 y Paula Elric.

¡Gracias!

Nos leemos en el próximo capítulo.