"Los libros de Harry Potter no me pertenecen, son de J.K Rowling y de quienes sean sus derechos. Escribo esto por puro gusto personal, y para alegrar a otros fans, y no quiero ni busco nada a cambio. Gracias.

Advertencia: Esta historia contiene yaoi, es decir, amor entre hombres, con mucho drama y sufrimiento, criaturas sobrenaturales y escenas de índole sexual.

Sumario: Cuando siete años después de la guerra, Draco Malfoy escapa de su celda en Azkaban, el ministerio no tiene más remedio que enviar a su mejor auror, Harry Potter, para capturarlo de nuevo. Entre los muros de la prisión más dura del mundo, Harry descubrirá, no solo el origen de las criaturas más terroríficas, sino un amor a contrarreloj.

Nota: Hola a todos de nuevo ^^ Aquí estamos de nuevo con otro capítulo. No sé qué os parecerá pero estaré deseando saber vuestras opiniones. Está escrito un poco así como algo a trocitos y contiene slash, así que lo aviso desde ya. Y por fin he conseguido que aparezca Pansy por Dios, sí que me ha costado. XD Ya lo siento por haberos hecho esperar tanto, pero aquí está ya. ^^ Por otra parte hay algo de resolución de misterios ya me diréis que tal os ha parecido. Besos a todos. Y muchísimas gracias de verdad por todo vuestro ánimo. MUCHAS GRACIAS.

-Oscurita: Hola de nuevo. Me alegra que te gustara el último capítulo. Y si, Harry descubrirá que es Draco…muy posiblemente en el siguiente capítulo. Jur jur jur que mala que soy. XD Voy a empezar con el drama y no va a haber quien me pare. Uhahahahahaha (risa maligna) Cof, no que yo soy buena (disimulando) XD

-Alexander Malfoy Black: Hola ^^ Me anima muchísimo ver que sigues leyendo y que te ha gustado además. Me estoy esforzando por hacer la historia más intensa y no tan paradita, ya empezando con el final del anterior, así que a ver qué te parece este capítulo que va ya así desde el principio. Tengo muchas ganas de saber lo que opinas. ^^

-Dark: ¡FELICIDADES! Con retraso ya lo sé, pero feliz cumpleaños de todas maneras. ^^ Espero que te hayan regalado un montón de cosas y que te lo hayas pasado genial. A este capítulo le he puesto mucho esfuerzo para que pudiese ser un mejor regalo que el anterior. Espero que te guste. ^^ Y sí, estoy de felicísimas vacaciones, uahahaha. Lo que me dará algo más de tiempo para planear mis viles capítulos XD Espero que los disfrutes ya verás cómo a partir de ahora todo va encajando. ^^

-Murtilla: Si… ¿Cómo se pondrá el Lord Dementor cuando se entere? Te aseguro que contento no XD A lo mejor nos enteramos el capítulo que viene, quien sabe. ^^ En este aún no sale, pero sale otro que a lo mejor hasta te gusta más XD Ya me dirás que te parece. Lo estaré esperando con ilusión ^^

Os presento:

El beso del Dementor

Capítulo 10- Magia

Apartó los labios de su muñeca, y su cuerpo explotó con el éxtasis. La intensidad del movimiento de sus colmillos al retraerse de la piel, arrastró también a Draco al orgasmo. Fue como una ola que los engulló a ambos y los hizo sentir amados y lejos del infierno por unos instantes brillantes.

Durante unos instantes permaneció totalmente desorientado, la falta de sangre le había dejado helado y el estar hundido hasta la cintura en agua fangosa no hizo sino empeorar la tiritona que empezaba a adueñarse de él. Los brazos de Blaise se enroscaron entorno a su espalda y lo atrajeron un poco más. Las rejas que los separaban se le clavaron un poco en el pecho, pero no le importó cuando pudo sentir sus labios sobre su frente. Estaban cálidos gracias a la sangre que le había dado, y eso le hizo sonreír levemente. Echaba de menos el calor de su mejor amigo.

-Lo siento mucho, me he pasado.- pudo sentir el sonido contra su piel.

-No pasa nada. Además los dos lo hemos disfrutado, y así está bien.- coló las manos entre las barras de metal encantado y las enroscó en el oscuro cabello de Blaise. Jugando con sus rizos tal como sabía que tanto le gustaba.

-No intentes distraerme, esa técnica ya la supere cuando teníamos ocho.- pero en su voz solo había un leve tono de divertida sorpresa. Su abrazo se hizo un pelín más estrecho, y su nariz se hundió en el suave cabello rubio de su sien. -¿Qué haría yo sin ti?

La leve risa de Draco fue como una campanilla vieja y deslustrada, un sonido que intentaba ser alegre, pero contenía la tristeza de alguien que ha visto demasiado y pasado demasiado, y de una persona demasiado joven para tanto sufrimiento. De inocencia perdida e inmensa tristeza. Y el sonido hizo que Blaise se mordiera la lengua para permanecer quieto, y callado. Porque tenía que sujetar los pedazos de su amigo en su sitio y mantenerlo entero, y no agarrar las barras que los separaban y gritar con todas sus fuerzas y tratar de arrancarlas, que era lo que realmente quería hacer, pero que sabía no serviría para nada.

En su lugar beso la suave y delicada piel de su sien, y de su frente, la punta de su respingona nariz y la curva de su mejilla hundida por el hambre, el sueño y el sufrimiento. Y se preguntó como el hambre podía haber esculpido su rostro hasta darle el aspecto más hermoso y frágil posible.

Con esos ojos tan claros rodeados del delicado malva de las ojeras, tan grandes y tristes que podías ahogarte en ellos. Esos labios tan finos húmedos de saliva brillante, que tenían el mismo color de las rosas del jardín de su mansión durante el último verano que fueron libres. Y esa piel tan fina y pálida como papel de seda, bajo la que podía leer, si realmente lo intentaba, todo el mapa de fina telaraña violácea que eran sus venas.

Besó la comisura de sus labios y las lágrimas que ni siquiera Draco sabía que estaba vertiendo, y las lamió con la punta de su lengua haciéndolas suyas. Saboreándolas como había saboreado su sangre. Sabían amargas y estaban heladas, tanto como lo estaba su mejor amigo, temblando y estremeciéndose sin que una queja saliera de sus labios.

Lo atrajo aún más ofreciéndole el calor de su cuerpo recién alimentado, y las manos de Draco resbalaron de su cabello a su cuello devolviendo el abrazo.

Se abrazaron lo más fuerte que podían con las barras de metal en medio, como un último escudo que apartaba dos cuerpos que de otro modo abrían encajado como piezas de puzle. Apretándose tan fuerte que más tarde habría marcas en sus pieles. Marcas de metal y de dedos que se aferraban con desesperación, pero a ninguno le importó lo más mínimo. Así que siguieron así durante un rato, unos minutos o una hora, pero no más de eso. Porque los dos sabían que este consuelo momentáneo tenía que acabar, si querían salvarse realmente al menos.

Finalmente fue Draco quien habló primero e hizo el primer esfuerzo por desenredar sus miembros.

-Tengo que marcharme.

-Lo sé.- se miraron el uno al otro.

-Vendré pronto otra vez.- dijo quedamente, casi como una disculpa.- ¿Le dirás a Pansy que estoy bien?

-Hace unos días que no la veo. Pero cuando la vea se lo diré.- no contemplaba la posibilidad de no volver a verla, igual que no contemplaría jamás la posibilidad de no volver a ver a Draco.

Draco frunció el ceño preocupado. ¿Qué podía haberle pasado a Pansy?

-No pongas esa cara. Es la que está mejor de los tres, ese guardia no dejaría que le pasase nada. Seguro que con tanto auror pululando por Azkaban la habrán mantenido encerrada. En cuanto las cosas se tranquilicen un poco vendrá a verme. Tu tranquilo.

Las palabras de Blaise consiguieron calmarlo un poco. Desgraciadamente él no podía ir en busca de Pansy, no a menos que quisiera verla confinada a una celda de nuevo.

La única razón por la que aún estaba bien, era porque cuando la interrogaron con verisaterum no tenía nada que contar.

Y lo mejor era que siguiese así.

No la había visto desde que lo maldijeron, y tanto el uno como el otro sabían que estaban bien gracias a Blaise.

Menos mal que a los vampiros no les afectaba esa poción, de otro modo ni siquiera habría podido ver a su otro amigo.

Sin el verisaterum, y con la tortura prohibida por el ministerio, había muy poco que nadie pudiera hacer para obligarlo a confesar, y de todos modos los guardias no lo habrían permitido. Por razones diferentes, pero el resultado era el mismo. Y Draco seguía pudiendo ver a su amigo.

- Anda ve. Si te retrasas Potter podría sospechar.- lo ayudó a levantarse agarrándolo por los brazos y tirando suavemente hacia arriba.

Se tambaleó un poco debido al mareo pero en seguida se recuperó.

-Vendré en cuanto me sea posible.- dijo mientras daba el primer paso hacia atrás.

-Eso ya lo has dicho.- contestó su amigo con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Draco quería borrarla y sustituirla por la sonrisa de verdad que tanto echaba de menos, pero ya no tenía tiempo. – Ten cuidado.- le dijo finalmente con un deje de tristeza muy oculta en el fondo.

-Tú también.- contestó Blaise.

Y esas fueron las últimas palabras que intercambiaron un instante antes de que Draco comenzara a desandar el camino de vuelta al almacén.

Mojado, helado, y algo mareado. Pero mucho más tranquilo de lo que había bajado.

Quizás estaba demasiado cansado, o mareado, o simplemente es que él era realmente silencioso. Pero al final eso era irrelevante por qué no lo hoyó acercarse.

Estaba apoyando la mano en el picaporte de la puerta que daba a la planta baja desde los sótanos, cuando una mano se cerró entorno a su brazo dándole la vuelta bruscamente. Su cabeza chocó contra el frío metal de la puerta aturdiéndolo momentáneamente.

-¿Me has echado de menos?- la voz era tranquila y sosegada en el aire viciado de Azkaban. Como el humo de un cigarrillo. Igual de letal que un cáncer. Draco tragó saliva y levantó la mirada.

-Tomas. – logró que su voz no temblara.

El guardia estaba igual que siempre. Enfundado en un abrigo reglamentario negro que solo conseguía hacerle parecer más escuálido y alto de lo que era. Su cabello castaño claro pulcramente pegado al cráneo, y los rasgos aguileños, duros y angulosos como pedazos de hielo. Su boca estaba tensa en un rictus constante de amargura, sus ojos azules tan vacios como espejos.

-No has contestado a mi pregunta.- deslizó en un gesto casi de ternura la capucha de Draco hasta que su rostro estuvo al descubierto. Sus grandes ojos claros mostraban un terror que el mismo había grabado allí a fuego. La visión le produjo una agradable sensación de justicia. Nunca lo admitiría pero si alguno de los dos había echado en falta al otro había sido él.

Había echado de menos el brillo de esos ojos claros inundados de lágrimas, el punto justo en que esa hermosa voz se quebraba incapaz de emitir ni un grito más, el modo en que su cuerpo se adaptaba al suyo cuando ya había dejado de luchar.

Draco era un mortífago, un asesino, una criatura de lo más vil y despreciable, y el hijo de un monstruo. Pero a veces el sabor más horrible podía tener el aspecto más dulce y apetitoso. Draco era como una fruta podrida cubierta de caramelo y azúcar escarchado, de cremosísima nata fresca y algodón de azúcar. Todo delicada dulzura encubriendo un veneno corrosivo y ulcerante.

-Yo…- Draco sabía que tenía que decir algo, pero su voz se quebró y sus ojos empezaron a inundarse. Últimamente no hacía más que llorar.

Tomas asintió levemente, imperturbable.

-Llorar está bien, es lo mínimo que puedes hacer por todas las personas que has hecho sufrir. – Acarició su mejilla con dedos largos como patas de araña. Una de las lágrimas se deslizó hasta dar con su yema, la levantó y la miró por un momento. Casi parecía de verdad.

Draco comenzó a temblar más violentamente, ya no solo de frío, con la mirada prendida en el rostro de Tomas, deseando más que cualquier otra cosa cerrar los ojos, pero incapaz de atreverse a hacerlo. Recordaba muy bien las lecciones aprendidas los últimos siete años, y un par de semanas apartado de su amo no iba a hacerlo olvidarlas. Y aunque había rogado infinitamente no tener que volver a necesitarlas, ahora mismo no podía evitar seguirlas al pie de la letra.

Lo que entrañaba no apartar la mirada de él, no importaba si su garganta se estaba desgarrando por los gritos, o si apenas lograba mantenerse consciente, sus pupilas no debían apartarse de él, hacerlo equivaldría a agravar mucho, muchísimo más su situación.

-Parece que no has olvidado lo que te enseñe.- dijo desapasionadamente.- Eso está bien, me habría decepcionado lo contrario.- Se llevó una mano al bolsillo, su mirada tan fría sin apartase de la suya.- Me ha costado dar contigo lejos de alguno de ellos. El Lord Dementor te vigila bien. No le culpo, hay muy pocos que puedan ver más allá de esa cara tan bonita tuya.- Sacó la varita. Draco se pegó cuanto pudo a la puerta.- Pero yo si sé lo que hay debajo. Eres como tu padre. Una criatura oscura y repugnante.- apoyó la punta de madera en su garganta.- Y la única razón por la que no te he matado todavía es porque alguien como tú no merece ese alivio.- Sus últimas palabras contenían tanto odio que podrían haber sido de ácido.

Draco quería gritar que era inocente. Él no había elegido ser marcado, él no había elegido ser hijo de Lucius, ni había matado a nadie, y de hecho tampoco había hecho nunca nada que fuera más allá de los insultos y alguna pequeña crueldad, más fruto de su orgullo y una actitud infantil, que hacía mucho que había superado, que de ninguna otra cosa. Pero sabía que no serviría de nada ahora, como no había servido de nada hacía siete años. Al menos ahora sabía lo suficiente para estarse calladito y no provocar a su torturador.

La varita levantó delicadamente su barbilla y los labios de Tomas rozaron los suyos. Fue muy suave y tierno, como una caricia. A veces el guardia podía ser odiosamente dulce. Draco sintió nauseas. Se quedó un momento labios contra labios.

-Sé que no puedo tocarte, porque el cabrón del Lord Dementor matará a Henry si lo hago.- murmuró en su boca.- Pero tarde o temprano se cansará de ti, o le harás enfadar lo suficiente. Y cuando retiré su protección yo estaré allí, no lo olvides.- se apartó del tembloroso joven.- Los asesinos siempre reciben su merecido.

Le dio la espalda y comenzó a alejarse fundiéndose con las sombras del pasillo.

-Esto ha sido un recordatorio.- el tenue sonido de su voz en la distancia y sus pasos alejándose fueron lo último que percibió de él.

Pasaron un par de minutos con Draco inmóvil, sus piernas estaban débiles y el mareo había vuelto con toda su fuerza. Logró enderezarse a base de pura fuerza de voluntad. Tenía que salir de allí, tenía que regresar al refugio del almacén.

Sentía que si no seguía adelante, dejaría de funcionar y se derrumbaría como un castillo de arena.

Lentamente, un paso delante de otro, echó a caminar.

Solo había una cosa manteniéndolo entero, el recuerdo de Potter.

Lo único, la única cosa en su maltrecho y casi totalmente derruido corazón que no había sido corrompido de una manera u otra. Harry era tan amable y puro… la única cosa totalmente buena que quedaba en su existencia.

Llegar hasta el almacén había sido pura agonía. Tenía tanto frío… el miedo se enroscaba en su estómago como una serpiente que pretendiese devorarlo por dentro. Los recuerdos amenazaban con adueñarse de su mente y hacerlo vomitar.

Pero pensar en esos ojos verdes consiguió darle la fuerza para finalmente llegar hasta la puerta y hacer girar el picaporte.

- ¡Hey! Me tenías preocupado. ¿Dónde estabas?

La voz del auror llenó de alivio a Draco cuyas piernas finalmente dieron de sí. Los rápidos reflejos del auror intervinieron lanzándolo como una pantera hacia adelante. El poderoso abrazo de Harry se cerró en torno a él un instante antes de chocar contra el suelo.

-Lo siento.- dijo ahogadamente contra la tela de su camisa.- me han fallado las fuerzas.

El auror lo levantó sin dificultad, como si de una dama se tratara, llevándolo hasta la "cama".

-No pasa nada. Pero no deberías haber salido si te encontrabas mal. Podría haberte visto alguien. ¿Por qué saliste?- estaba perplejo y preocupado, el pequeño parecía estar temblando. ¡Estaba helado! Cuidadosamente lo acercó a su cuerpo refugiándolo contra su pecho y envolviéndolo con los pliegues de su abrigo.

-Quería respirar aire fresco.-

-La próxima vez espérame. Iré contigo. Merlín estás helado.- apoyó la barbilla en su coronilla y comenzó a frotarle la espalda.

Un suspiró escapó de los labios de Draco. Era tan agradable. El calor de Harry era de una clase que más que el cuerpo caldeaba el corazón. Se sentía tan bien….

Levantó la mirada, los ojos verdes parecían preocupados. "¿Por mí?" Se encontró sonriendo levemente. ¿Cómo podía ser que este cabeza de chorlito consiguiera hacerle sentir mucho mejor que su mejor amigo?

Era realmente un misterio.

Lo miró más detenidamente.

Aunque quizás no lo fuera tanto. Ese pelo inpeinable tan suave como plumas, su fuerza, no solo física o mágica, ese magnetismo indefinible que te envolvía como un manto de seguridad. Esos increíbles ojos verdes en los que podría hundirse, esos labios tan carnosos…

Y entonces sucedió.

Ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que sus labios rozaron los de Harry.

Y entonces ya era demasiado tarde para detenerlo.

El primer contacto de piel contra piel.

Los recorrió un escalofrío como miles de alitas de mariposa acariciando sus nervios. Sendos suspiros escaparon de sus labios.

Un relampagueo de magia los envolvió como electricidad estática.

Y ya no hubo vuelta atrás.

Los labios de Harry presionaron suavemente los de Draco, que se abrieron sin ningún otro gesto. Entreabriéndose con la timidez de quien no sabe muy bien qué hacer. Esto no era como todas esas veces en que había sido forzado. Esto era un gesto elegido por sí mismo, un ofrecimiento que no había hecho a nadie nunca antes. Y Harry supo tratarlo como tal.

Su lengua se deslizó entre ellos para acariciar la punta de la suya, instándole a jugar, a ir en su busca. Draco rió levemente, le hacía cosquillas. ¿Cuánto hacía que no reía de verdad? Siguió la lengua de Harry hasta su propia boca. Se acariciaron la una a la otra, bebiendo cada uno la saliva del otro.

Las manos de Harry se enroscaron en su cintura y se deslizaron por sus muslos, acariciando, explorando a través de la tela de la túnica. Draco suspiró atrayendo al auror por el cabello, acariciando la curva de su nuca y enroscando los dedos en la maraña imposible de su oscura cabellera.

Y en todo el tiempo la magia parecía palpitar cada vez más fuerte y más constantemente. Una melodía perfecta, una sinfonía inigualable. Un encontrarse de lenguas y manos, y cuerpos que se buscaban a través de la tela.

Draco cayó hacia atrás sobre los jergones apilados, y Harry lo siguió cubriéndolo con su cuerpo. Besándose como si no hubiese mañana, y quizás aunque ninguno de los dos lo sabía no lo había.

Harry deslizó las manos bajo la tela de la túnica, levantándola y enroscándola hasta que quedó entorno a la cintura de Viely y pudo observar la esbelta perfección de sus largas piernas, y el vello casi traslucido, suave como seda, que cubría la cavidad entre sus muslos, donde descansaba su tesoro más preciado, ahora medio henchido por el placer.

-No llevas ropa interior.- susurró medio perplejo, la respiración profunda y sensual.

-No…no llevo.- susurró apenas, sonrojado de una mezcla adictiva de vergüenza y placer. Entreabrió levemente los muslos, casi involuntariamente.

Las manos de Harry los acariciaron y los enroscaron en torno a su cintura. Draco gimió al sentir el roce del abrigo del auror en la sensible piel. Harry sonrió levemente.

Las delicadas manos de Viely se deslizaron bajo su camisa acariciando los pezones que se irguieron en el acto. Impacientemente el auror se sacó la camisa y la arrojó a una esquina sin preocuparse en absoluto de donde caía.

La piel estaba bronceada por el sol, dorada y expandida sobre un torso tan definido, amplio y atlético, que en comparación el suyo no era más que piel demasiado pálida sobre huesos finos como los de un pájaro, y sintió vergüenza de que Harry pudiera verlo.

Se retorció levemente bajo el peso del auror, era como estar cubierto por una manta bajo un hechizo de calor demasiado elevado, era demasiado, y era muy poco, y atrajo aún más al auror enroscándolo con sus piernas y sus brazos. Su miembro quedó presionado contra la pelvis de Harry y su propio miembro duro encerrado por la tela de los pantalones. El gemido que fue arrancado de sus labios fue casi como una súplica.

-Quiero hacerte mío.- la voz ronca de deseo de Harry lo paralizó por un momento.

Tenía miedo. Aquellas palabras nunca habían presagiado nada bueno. Pero la magia entorno a ellos era como un susurro que lo instaba a seguir, y los ojos de ese verde tan intenso estaban tan llenos y brillantes… no sabía de qué. O más bien no quiso saberlo. No estaba preparado aún para admitir algo tan grande e intenso como eso, aun cuando su corazón pareció volverse loco en su pecho y querer abandonarlo. Y su respiración se hizo tan entrecortada que por un momento temió no ser capaz de responder.

-Hazme tuyo.- las palabras abandonaron sus labios un instante después.

Y eso fue todo lo que hizo falta.

Harry quiso quitarle la túnica pero Draco no le dejó, y Harry respeto ese deseo hundiendo el rostro en la curva perfecta de su bajo vientre y quitándose sus propios pantalones junto a los calzoncillos negros.

Lamió la delicada piel con todo el ansia de quien muere de hambre, bajó con la lengua y acarició la extensión de su miembro con la mejilla, tierna y dulcemente.

Draco lo observaba casi sin aliento, dejando escapar gemido tras gemido de incredulidad llena de placer, y cuando el húmedo apéndice empezó a acariciar su entrada y a prepararlo con toda la devoción de un adorador que realiza una plegaria, creyó que se echaría a llorar por la increíble ternura del gesto.

Estaba preparado, húmedo, retorciéndose, suspirando de placer, y lo único, lo único que quería era sentir a Harry dentro de él. Lo necesitaba tanto…

La magia lo estaba enloqueciendo con el delicado susurró de su presencia, le hacía sentir como un gran vacío en su interior que necesitaba ser llenado, que solo Harry podría llenar. Y eso lo estaba volviendo loco.

El auror se posicionó sobre su cuerpo. Los bíceps tensos, los cabellos húmedos, la mirada más sexy y depredadora que había visto nunca, lo hipnotizó como una serpiente inmovilizándolo bajo él. Y entonces comenzó a empujar suave y constantemente, penetrándolo, tomándolo, poseyéndolo y llenándolo completamente como no lo había conseguido nadie antes.

Supuso que debería estar asustado, o al menos sentir algo de desagrado por un acto que hasta ahora solo le había traído dolor y humillación. Pero la verdad, la auténtica verdad era que le estaba desgarrando de placer y amor. ¡Merlín! Harry había empezado a moverse.

Embestida tras poderosa embestida. Rozando su centro de placer con cada una de ellas, haciéndolo gemir, gritar, retorcerse desesperadamente. Levantando las caderas a su encuentro cada vez.

Harry parecía un Dios de piel broncínea, brillante, perlada de sudor, que había decidido hacerlo suyo contra cualquier fuerza que intentara impedírselo. Su respiración salía en bocanadas explosivas de aire, sus músculos se contraían y flexionaban como los de un pura sangre en plena carrera. Su mirada era fiera, como una llamarada verde y salvaje. Como el avada kedavra, como un relámpago. Sus labios reclamaron los suyos en un último acto de apasionada posesión, y ambos explotaron en una increíble ola de placer salvaje que fue elevándose, creciendo y aumentando hasta que la magia aulló en sus oídos como un vendaval y resonó en su sangre como un canto de sirena y el semen de Harry inundó sus entrañas como fuego líquido, antes de que la oscuridad los reclamara a ambos.

Ron estaba frustrado, bueno, en realidad bastante más que frustrado. ¿Por qué los malditos elfos domésticos tenían que ser tan cabezotas? A ver, lo único que quería saber era quien había ido llevándose la comida, ¡Y actuaban como si les estuviese preguntando por el secreto de la vida eterna!

Todos callados y con las orejas gachas.

Suspiró resignado, no iba a torturarlos para sacarles información, no era tan cruel, y el verisaterum no funcionaba con otras especies que los humanos…así que sí. Ron estaba muy frustrado.

Dio otra patada al guijarro que había encontrado en el suelo un par de pasillos atrás. Supuestamente estaba buscando a Malfoy, pero a estas alturas empezaba a pensar que el hurón había muerto y que los guardias trataban de encubrirlo de algún modo. El por qué no lo tenía claro, pero no creía que Malfoy hubiese soltado a Fenrrir.

A ver, ¿Quién en su sano juicio suelta a un hombre lobo hambriento, con uno mismo como presa más cercana? A no ser que tuviese una varita, cosa que sabía que no tenía por qué no faltaba ninguna, ni en el almacén ni entre los guardias. Lo que significaba que los guardias querían muerta a Hermione para que no averiguara algo. ¿Pero el qué?

Dio otra patada al guijarro, y se disponía a repetir la jugada cuando torció la esquina del siguiente pasillo.

"¿Pero qué?"

Allí arrodillada en el suelo había una mujer cubierta por un desgastado vestido gris. Por el corte sencillo parecía de sirvienta. Una idea que quedó reforzada por el cubo de agua jabonosa que había a su lado. En la mano tenía un paño con el que estaba frotando el suelo manualmente. Su cabello oscuro era tan corto que apenas le rozaba la mandíbula, y su piel tan pálida que parecía ceniza.

La joven pareció escuchar su sonido de sorpresa y levantó la cabeza.

-¡¿Pansy Parkinson?

La lechuza marrón de mirada digna de Macgonnagal estaba apoyada en una de las perchas de la minúscula lechucería de Azkaban, con un paquetito atado a la pata.

Hermione se acercó para recogerlo, uno de los elfos domésticos le acababa de informar de su llegada, e inmediatamente había decidido ir a por él.

-Buenas Arquímedes. ¿Tienes hambre?- le ofreció algunos dulces para lechuza y mientras los comía del comedero, Hermione desató el paquete y lo devolvió a su tamaño normal con un rápido hechizo.

Macgonagal le había enviado otro libro al parecer, y había una nota adherida al envoltorio de papel marrón.

"Querida Hermione.

Te envío este preciado volumen únicamente debido a la urgencia del trabajo que se os han encargado, y con el pleno convencimiento de que sabrás cuidarlo como se merece. Se trata de un tomo mágico que contiene todos los conocimientos de quien lo creó, y que solo mostrará a quien con el corazón limpio los necesite de verdad. Espero que te resultará de utilidad.

Sinceramente MacGonnagal."

Arrastrada por la curiosidad Hermione rompió el papel del envoltorio.

"Mi Diario" firmado "Godric Griffindor:"

El aliento se le atragantó un momento.

-El diario de Godric Griffindor…

Continuará.