24/05/2017
Holi! :D Hola mis amores y aquí con un nuevo super capitulo. ¡Ya estamos a dos del final! Awwwww, carajo! ¡¿pueden creerlo?! ¡Increíble! jajajaja, lo siento por las exclamaciones y eso, creo que es exceso de azúcar; llevaba varios días en casa, fui a la de mi madre y, bueno, no hace falta decir mas ;) Muchas gracias por todo su apoyo, por estar aquí leyendo y comentando. Muchas gracias y las dejo con el capitulo ;) nos leemos abajo.
CAPÍTULO 10
— Serena, oye, Serena, no seas haragana y levántate.
— Olvídalo, Rei. — Le dijo Serena después de ponerse una almohada en la cabeza. Una que Amy le quitó mientras Rei se levantaba del borde de la cama e iba hacia la ventana para correr la cortina— Oigan, déjenme dormir. Tengo sueño. Anoche me acosté muy tarde y no me pienso levantar de esta bendita cama en lo que me quede de vida.
— ¿De verdad te acostaste?
Dijo Mina con malicia mientras Lita (que era su manía, no podía evitarlo) recogía un poco el desorden que había por toda la habitación.
— Mina...
— Por lo que vemos, y escuchamos anoche, amiga, fácilmente se podría decir que no dormiste nada. Por Dios, Serena... ¿pero qué tanto fue lo que hicieron tú y Darien anoche, eh? No soy la mata del orden, ni mucho de la prudencia, como dice Malachite pero, caray, ni yo dejo mi habitación así ni hago todo ese escándalo que hicieron tú y el jefe. ¿Qué les pico, eh?
— Mina...
La regañó esa vez Lita.
— No te pases. Serena es nuestra amiga pero aunque es nuestra amiga, sigue siendo la novia de don Darien. Ya déjala en paz y, Serena, —esa vez la miró a ella, a una muy trasnochada Serena que tenía unas ojeras... del tamaño del mundo— ¿Estás bien? ¿Quieres que te traiga el desayuno a la cama o prefieres bajar conmigo a la cocina?
— Pues ya que me despertaron...
Serena iba a poner un pie en el suelo pero el grito que pegaron (al mismo tiempo) Amy y Rei, se lo impidió.
— Oigan, ¿Qué pasó?
— ¡Eres una tramposa, Lita!
— Bueno, sí. — Río Lita mientras Amy la regañaba— Necesito el dinero, Amy. Además, ¿tú de qué te quejas, eh? Tú ganas muy bien. Yo quiero ese dinero para...
— ¿Dinero? ¿De qué dinero hablan, eh? Vengan, háganse aquí, en la cama conmigo, y me cuentan de qué carajo están hablando.
Y cuando Amy le contó que Darien había ofrecido pagarle cien mil pesos a quien la levantara de la cama para que pudieran prepararse para salir de viaje... Serena río y les dijo que no había problema, que ella les iba a dar ese dinero a cada una de ellas con una condición.
— ¿Cuál?
— Que me dejen dormir. En serio estoy cansada, muchachas. Yo le doy cien mil pesos a cada una de ustedes si entretienen a sus maridos por lo menos hasta las tres de la tarde. No he dormido un carajo y me muero de sueño; de sed y de sueño, de hecho.
— No hay problema. — Dijo como siempre esa interesada de Amy— Yo me encargo de entretener por lo menos a dos de ellos, a tu insaciable novio...
— ¡Uy...!
Rieron y molestaron todas a Serena mientras Amy no podía parar de reír.
— No molestes, Amy, ¿Cuál insaciable? Aunque pensándolo bien...
— ¡Uy...!
— En serio. Yo me encargo de Ziocite y de Darien, no hay problema.
— Pues yo me encargo de Neflyte, cuenten con eso.
— Aquí el único problema va a ser el de siempre.
— Malachite.
Dijeron Amy, Lita y Rei al mismo tiempo cuando Mina dijo aquello.
— Yo me puedo inventar cualquier cosa, Mina, para mandarlo hacer algo. Para que este ocupado por lo menos hasta la una.
— No, faltaba más. — Dijo con decisión mientras se levantaba de la cama. — Yo soy su esposa. No se preocupen, yo me voy a encargar de tener muy ocupado a Malachite, se los prometo.
La cosa fue que cerrando las cortinas y recogiendo un poco el desorden de aquella enorme habitación, las muchachas se despidieron amablemente de Serena y cerrándole la puerta se fueron para dejarla dormir. Sonrientes y bajando las escaleras se encontraron con un sonriente Darien que llevaba una bandeja con jugo y fruta. Todas se quedaron de a seis cuando lo vieron. Jamás, en lo que llevaban viviendo con él, lo habían visto sostener una bandeja con comida. Nunca en dos años que llevaban viviendo con Darien Chiba lo habían visto hacer tal cosa por alguien. Parecía que Serena no solo le estaba dando sexo a ese bellísimo hombre de brillantes ojos azules, por lo que veían Serena se estaba ganando algo más que su simpatía, tal parecía que se estaba ganando su corazón...
— Don Darien, ¿Qué está haciendo usted con...?
— Uno, —dijo mientras tomaba un trozo de fruta— no es don Darien, es Darien, Da, rien... Lita. Segundo, ¿Qué pasa? Solo tomé un poco de lo que había en la cocina para llevárselo a Serena. Imagino que debe estar sedienta y no solo eso, hambrienta.
— Mas lo primero que lo segundo, señor pero, no debió ponerse en esas molestias. Justo iba a la cocina por algo de comer para ella.
— De cualquier manera... No te preocupes.
Subió dos escalones más pero luego recordó algo y girándose hacia ellas las detuvo y les preguntó...
— Oigan, ¿a quién tengo que darle los cien mil?
— A ninguna. — Respondió una muy sonriente Amy— Tenía razón, jefe. Es más fácil devolver un avión que levantar a Serena de esa cama.
Rieron todos.
— Dijo que tenía mucho sueño y que por nada del mundo se iba a levantar.
— ¿Con que sí, eh? — Sonrió con malicia mientras tomaba otro pedazo de fruta— Vamos a ver qué tan cierto es eso. Allá quedaron sus maridos en la cocina y no se preocupen, ya todo se resolvió.
— Que bueno.
— Ay, sí, —suspiró Mina— que alivio. Darien, en serio lamentamos mucho que haya tenido que ver eso y...
— Mujeres, —rio mientras empezaba a subir las escaleras— no se preocupen, mis queridas brujitas...
— ¡Oiga!
—...Los he visto hacer cosas peores. Vayan, vayan y miren a ver qué tanto van a llevar mientras yo le llevo esto a esa perezosa de Serena.
Darien siguió subiendo las escaleras con aquella bandeja en la mano mientras aquellas bellas y muy singulares mujeres seguían su camino hacia la cocina. Cada una de ellas, con una sonrisa de oreja a oreja, entraba a la cocina con la firme intención de cumplir lo que le habían prometido a Serena. Mina, Rei, Amy y Lita se acercaron a sus maridos para ocuparlos en algo hasta las tres de la tarde. Hmmm, ¿Qué podrían hacer estas bellas mujeres para mantener a esos hombres ocupados hasta la tarde? Eso, era todo un misterio...
Mientras cada una de ellas hacia su plan, Serena escuchaba que le decían...
— Oye, tú, perezosa, saca ese precioso trasero de la cama y... ja, ja, que graciosa.
Río Darien cuando Serena se levantó de la cama, le dio la espalda y le enseñó eso, su pequeño y curvilíneo trasero moviéndolo de un lado a otro. Riendo y sin poder dejar de hacerlo, hey, sin poder dejar de reír. ¿Qué pensaron? Hmmm, mal pensadas... Naa, es broma. Si hay alguien mal pensada aquí esa soy yo pero bueno, retomando lo que decía...
Sin poder dejar de reír Serena se sentó en la cama mientras Darien le pasaba la bandeja con comida, se sentaba junto a ella y procedía a hacer lo más dulce que un hombre puede hacer por la persona que ama. Darien le tomó el rostro en ambas manos a Serena y le dio un fugaz beso en los labios, uno muy dulce, muy tierno.
Uno que la dejó sin habla por unos cuantos segundos.
— Buenos "días", bonita.
— Pues como ves que sin son, eh. — Río mientras levantaba el vaso de jugo de naranja y se lo llevaba a los labios— Buenos días, mi bebé hermoso. ¿Cómo amaneciste?
— ¿Qué pasó con idiota, eh? ¿Es que de la noche a la mañana he dejado de serlo?
Río Darien muy alegremente.
— Tal vez no para los demás pero para mí, — se le acercó a los labios para darle otro beso— sí.
— Serena...
— Para mí eres Darien, mi bello, hermoso y amado Darien. Te amo, Darien Chiba.
— ¿Entonces era cierto lo que me dijo Lita ahora que me la encontré en las escaleras?
Se levantó Darien de la cama y le dio la espalda, cosa que a Serena le había más que sorprendido. Su gesto la dejó muy preocupada.
— Mira nada más, te tomaste ese jugo de un solo sorbo.
— Sí, la verdad es que tengo mucha sed. — Dijo pero ya no con el mismo buen humor de antes. En su rostro había confusión pero más que eso, dolor— Voy a ir a buscar algo más de beber.
— Serena... Yo, es que yo... No te pongas así, no te enojes conmigo, por favor.
— ¿Quién dice que estoy enojada?
— ¿Tu rostro? — Le contestó mientras Serena ya se había levantado de la cama y buscaba una levantadora para salir de la habitación— Serena, bonita, no te enojes y por favor dame tiempo. Tal vez para ti sea fácil pero para mí no es...
— Es que no entiendo. Anoche me presentaste ante tus amigos como tu novia. Más tarde y aquí, en esta habitación, me dijiste que...
— Primero, ese trio de imbéciles no son mis amigos.
Serena arrugó la frente en un gesto de consternación, no entendía. Para ella esos tipos que había conocido la noche anterior eran amigos de Darien y debían serlo porque Darien nunca, en lo que ella llevaba viviendo en esa casa (aunque no era mucho tiempo) llevaba a nadie a la casa, jamás. Serena no entendía pero Darien, que amaba cada gesto que le daba, río sin parar.
— ¿Qué es tan gracioso? Pensé que eran tus amigos porque tú nunca traes a nadie a esta casa.
— No son mis amigos, bonita; especialmente ese imbécil de Zafiro Black. Cretino... ¿Acaso no te diste cuenta?
— ¿Cuenta de qué?
— ¡Por Dios! — Caminó hacia donde ella estaba, a punto de salir de la habitación, y puso ambas manos sobre sus hombros sin dejar de verla a los celestes y confundidos ojos— Serena, no puedes ser así de ingenua, ¿verdad?
— ¿De qué estás hablando, Darien?
— Ese hijo de su gran puta madre está interesado en ti, Serena. A mí nadie me quita de la cabeza que le gustaste a ese imbécil de Zafiro Black.
Serena, hizo una de las cosas que Darien odiaba que, bueno, no era que lo odiara, era más bien que le dolía cada vez que lo hacía. A Darien le dolió mucho que ella empezara a reírse con tanto gusto, como si se tratara del chiste del año, por algo que él le estaba diciendo completamente en serio, con toda sinceridad.
— ¿Por qué te ríes?
— ¿Es en serio? — Siguió riendo mientras tomaba sus manos, las retiraba de sus hombros y ponía una de sus arregladas manos sobre el pómulo de la puerta para salir— Por favor... Solo tú puedes sentir... ¿celos? De alguien a quien no quieres, de alguien que solo tienes para pasar el rato nada más.
— No, Serena, las cosas no...
— Estás equivocado porque yo no le gusté a ese señor y, ¿sabes qué? Me gustaría descansar hasta la tarde, si no le molesta, mi noble señor...
— Serena... No tienes que ser tan...
—... Y después si nos vamos a donde usted desee. Quiero dormir, Darien y, si no es mucho pedir, que no estés aquí para cuando regrese de la cocina. Me gustaría estar sola.
— Serena...
— Hay un par de cosas que me gustaría pensar y contigo aquí, haciéndote el desentendido cuando te digo que, bueno, lo que te digo, no se puede. Hasta más tarde. Que te vaya muy bien.
— Serena, yo, en verdad no quería...
Serena se fue y lo dejó ahí, solo, con la palabra en la boca. Triste al no obtener de él lo que quería, que correspondiera a sus nobles sentimientos, siguió su camino sin querer regresar, sin querer mirar atrás...
.
.
Se llegaron las tres de la tarde y ahí estaban, todos listos para partir aunque... Bueno, no todos ellos estaban listos para salir de viaje...
Amy había llamado a uno de los ranchos y le había pedido al encargado que se inventara cualquier cosa que requiriera la presencia de Darien y de Ziocite; y así fue. Aquel muchacho, a cambio de una fuerte cantidad de dinero (una que ella le prometió si él la ayudaba) hizo que Darien y Ziocite estuvieran en aquel enorme rancho hasta pasadas las dos de la tarde. Rei mantuvo ocupado a su esposo como mejor sabia y como más le gustaba, lo mandó con una lista al centro de la ciudad a que le consiguiera todo lo necesitaría para el viaje mientras ella iba a la peluquería a hacerse la manicura. Lita le pidió a Neflyte que pasaran una mañana-tarde como hacía mucho no tenían, en la habitación comiendo golosinas mientras veían películas mientras que Mina... Ay, Mina no tenía piedad de ese hombre, de verdad que no. Ese pobre Malachite en verdad estaba cansado, agotado...
— Mina, por favor, te lo ruego, no más, estoy cansado, mujer.
— Eres, un, flojo.
Le respondió con dificultad, con la respiración entrecortada...
— Minako, ¿será posible que termines? En serio estoy cansado y no solo eso, ya son casi las tres y se supone que...
En aquel concurrido centro comercial se encontraban Mina, una muy bien vestida Mina, y su esposo, un cansado Malachite (lleno de bolsas) que estaba harto de caminar. Pobrecito Malachite... ¡Pobre! Él, inocente de cuáles eran las verdaderas intenciones de su esposa con aquella petición, aceptó encantado cuando ella le pidió que le llevara al centro comercial a comprar un par de cosas. Lo que un muy serio pero algo ingenuo de Malachite no se imaginaba, era lo que le esperaba... Mina llevaba casi cinco horas llevándolo de un lado para otro haciéndolo recorrer todo el centro porque, según ella, aun no encontraba el traje de baño perfecto, el que necesitaba para poder salir de viaje a la playa.
— Es suficiente, yo no entro a una condenada tienda más, olvídalo.
— Pero mi gruñoncito...
— ¡Mina! — Exclamó con irritación porque una pareja que les pasó por el lado alcanzó a escuchar como lo había llamado y se habían soltado a reír— Oye, Mina, por favor, no más.
— Pero...
— Creo que has comprado más que suficiente y, mi venus, ¿Qué necesidad tienes de comprar otro traje de baño, eh? Con el que tienes te ves muy bien.
— ¿Tú crees, mi amor?
Le preguntó con ternura mientras un más calmado Malachite se le acercaba sin dejar de mirarla. Le gustaba verla así, con las mejillas levemente sonrojadas.
— Oh, sí, mucho... Con ese trajecito de baño que tienes en casa te ves como lo que eres, como toda una diosa... ¿Nos vamos? Por favor, apenas si tenemos el tiempo justo para llegar y empacar todo esto.
— Sí, mi amor, como tú digas.
Recibiendo un dulce y amoroso beso de su esposa, de la mujer que amaba, empezó a caminar con ella hacia la salida, rumbo al estacionamiento.
.
.
Rei y Jedite ya habían llegado. Lita y Neflyte estaban más que listos. Amy y Ziocite estaban terminando de empacar las maletas. Mina y Malachite estaban entrando a la casa y Darien, él estaba entrando a la habitación a buscar a Serena para entonces salir de paseo con ella y con los demás pero...
— ¿No estas lista? Sé que tenías sueño pero...
— Es que yo no me voy con ustedes. — Le dijo aun sentada en la cama mientras cambiaba de canales y lo evitaba— Que tengan un buen viaje, que se diviertan.
— Serena...
— De hecho, ¿sabes qué? — Apagó el televisor, dejó el control remoto sobre la cama y levantándose de la misma llegó con él para decirle...— Esto del viaje que van hacer es perfecto. De esa forma es mucho más fácil que terminemos.
— ¿Termiqué?
Le preguntó Darien con cara de What the fuck?
— No, no, no, Serena, espera un momento. ¿Estas terminando conmigo? ¿Dónde quedó eso de que me a...?
— No lo digas. — Le pidió Serena mientras aun tenia uno de sus largos dedos sobre sus labios— No lo digas que no sabes cómo me duele que no sientas lo mismo por mí, Darien. Me duele muchísimo pero está bien, entiendo. Uno no puede obligar a alguien a que sienta lo mismo por... Oye, ¿Qué, estas, haciendo?
Le preguntó Serena con dificultad a Darien mientras él había decidido seguir su ejemplo. Le preguntó mientras él tenía uno de sus dedos sobre sus rosados labios.
— ¿Es posible que, me sueltes?
— Hazlo, tú, primero. — Sonrió mientras ella retiraba la mano y lo dejaba hablar— Gracias. Bonita, no me dejes; al menos no todavía.
— Darien... ¿Qué sentido tiene si...?
— ¿Recuerdas lo que me dijiste anoche?
— Te dije muchas cosas anoche, Darien.
Le contestó Serena mientras él se le acercaba y ponía una de sus grandes y varoniles manos sobre su delgada cintura.
— "Pero no te excitas cuando te toco"
— Darien... — Se puso roja de la pena— ¿A qué viene todo esto?
— A que no es así; es decir, ya no es así. Hoy, mientras intentaba arreglar el "problema" que había en el rancho, recuérdame hablar con Amy más tarde sobre eso, no hacía más que pensar en ti, en todo lo que, —se detuvo y miró la desordenada habitación por un momento— en todo lo que hicimos anoche.
— Darien...
— Serena, tuve una erección, una muy fuerte, al recordar todo lo que pasó entre nosotros anoche. Me excité muchísimo con solo pensar en ti...
— No sé si sentirme halagada o insultada por eso que acabas de decir.
Río.
— Dame una oportunidad, por favor. Ven de viaje con nosotros y si después de ese viaje sigues pensando lo mismo, aceptaré cualquier cosa que decidas hacer.
— Darien...
— Si decides mandarme a la mierda, a mí y a mis mamadas, cuando regresemos de Acapulco, lo aceptaré. Respetaré la decisión que tomes. ¿Qué dices? ¿Me vas a dar una oportunidad o no? Vamos, di que sí. Te juro que no te arrepentirás.
¿Que le va decir? ¡Dios! ¡¿Que le va decir Serena a ese triple papito?! jajajaja, bueno, lo veremos en el siguiente capitulo ;) jajajaja.
Una vez mas gracias y espero lo hayan disfrutado tanto como lo hice yo escribiéndolo y editandolo. Oh, sí, no saben lo que me divierto leyendo y editando una, y otra, y otra vez :v jajajaja, es joda, en serio amo hacer esto. Beso grande, las quiero :3
