Queridos lectores (y lectoras, que sois la mayoría), he de deciros que siento mucho no haber subido capítulo la semana pasada, pero ya lo expliqué en la nota de autor. Si no os enterasteis, mejor para mi reputación. Espero que esto lo compense.

¡Considerad esto vuestro regalo de navidad de mi parte!


AÑO NUEVO, VIDA NUEVA… ¿Y GENTE NUEVA?

CAPÍTULO 9: VUELTA AL MUNDO MÁGICO

Atravesaron el arco, y Draco se sintió fascinado con lo que vio. En vez de una simple calle abarrotada de comercios, como en Londres, o un sucio barrio de los bajos de París, había un limpio y luminoso paseo marítimo, con el mar a su lado. Draco no se podía explicar cómo era posible, pues el paseo marítimo estaba en el mundo muggle. Hacía un día soleado y con una agradable temperatura, no como en la otra parte, que estaba nublado y amenazaba con llover. Había una calle principal, con ramificaciones hacia todos los lados, pero daba una impresión de orden, con edificios de una o dos plantas, permitiendo que la luz entre a todas partes. En la calle principal, se podían ver muchos comercios, y también algunos restaurantes, todos ellos con fachadas modernas y muy buen aspecto. Había una plaza en un cruce de dos calles, bastante grande, y con una fuente y unas escaleras hacia un… ¿subterráneo? Tenía que preguntárselo a Harry.

-¿Cómo es posible que aquí haya otro paseo marítimo? El mar acaba en la otra parte… -Preguntó, cuando Harry paró la moto en la plaza y se hubieran quitado los cascos y encantamientos desilusionadores.

-Fácil. ¿No te has dado cuenta de que hemos bajado un poco al entrar? Eso hace que aquí se pueda ver de nuevo. No estoy muy seguro de por qué ley física es eso, pero sé que aquí hay mar porque estamos debajo de la ciudad.-Contestó Harry. Sacó su varita, y encogió los cascos para metérselos en el bolsillo. -¿Vamos a ver tiendas o a tomar algo? Hay por aquí algunas cafeterías que sirven unos cafés deliciosos.

-A ver tiendas. No tengo mucha hambre, si eso cuando volvamos de compras. Siempre da hambre… -Dijo con una sonrisa maliciosa. Era un comprador compulsivo, y Harry puso cara de pánico cuando le vio sonreír. -¿Hay un banco mágico donde cambiar dinero? Además, quiero preguntarte una cosa. ¿A dónde conducen esas escaleras? No hay metro en Santander…

-Vale. Primero vamos a ese edificio, ¿vale? Es un equivalente a Gringotts aquí. –Le dijo, señalando un edificio que había justo al lado de la entrada al barrio. –Esas escaleras van hacia la parte con viviendas del barrio. Luego nos pasaremos, es increíble lo que puedes ver allí.

Se dirigieron hacia el edificio que había señalado Harry, que tenía un estilo muy moderno, con cristaleras en vez de paredes, que permitían ver todo lo que había dentro… Pero sólo de noche, cuando las luces estaban encendidas. Por el día, los cristales parecían un espejo, en vez de cristal normal. Las puertas se abrieron mágicamente cuando iban a pasar, y cuando entraron, Harry se dirigió hacia una máquina que había alineada con otras dos, en una pared. Draco le siguió, un poco confundido.

-¿Esto no es como un cajero muggle?

-Parecido… Están muy modernizados aquí, como puedes comprobar. Prácticamente no tienen empleados, y son todos magos.-Contestó Harry.

Estuvo un corto tiempo dándole a botones, y le dio paso a Draco.

-Pon tu número de cuenta muggle y tu contraseña, y la cantidad de dinero que quieres cambiar. Calcula más o menos lo que te vas a gastar, para no tener que volver.

-Vale.- Draco se había acostumbrado a esas máquinas enseguida, le parecieron al instante mucho más útiles que tener a mucha gente buscando tu dinero. Hizo lo que le había dicho Harry, y apareció delante suyo una tarjeta, con su nombre y la cantidad exacta de galeones que había sacado.-Esto es nuevo también, ¿no?

-Sí… Es mucho más útil que tener esas pesadas monedas en el bolsillo, que cualquiera puede robar. Esta tarjeta, si está a más de cinco metros de su dueño, vuelve automáticamente. Y sólo puede ser usada por ti.-Le explicó Harry.

-Qué interesante…

Inmediatamente, Draco llevó a Harry por una locura de tiendas, pasando por todas y cada una de las presentes en el barrio, comprando algo en casi todas las tiendas. También se compró una varita, que Harry no sabía que no tenía. Resultó ser de espino blanco, con pelo de crin de unicornio en su interior, de veintisiete centímetros y flexible. Después de un par de horas recorriendo las calles, y para alivio de Harry, que se prometió que nunca más iría de compras con ese rubio, Draco decidió que era la hora de la merienda. Entraron a una cafetería con estilo ochentero, muy retro y colorido, y se sentaron en una mesa, esperando a que el camarero les fuera a atender.

Incluso habiendo encogido todas las compras, no cabían en los bolsillos de los dos juntos, así que llevaban una bolsa de una tienda que a Draco le había gustado especialmente (entiéndase, habría comprado toda la tienda si siguiese teniendo su fortuna) con todas las compras en ella. Cuando les atendieron, se pidieron un latte Draco y un macchiato Harry. Se rieron cuando vieron lo que pedía el otro, ya que ninguno era café de verdad.

-Es mucho más fuerte que el té, nunca me acostumbraré…- Dijo Harry, como disculpa.

-Lo harás, te lo aseguro.- Se rió Draco.-Yo dije lo mismo cuando vine aquí, y cada vez necesito menos leche. Después de unos cuantos años, te será imposible vivir sin uno o dos al día.

-¿Es eso un reto, Malfoy?-Se rió Harry como respuesta.

Después de tomarse el café y reírse bastante, fueron a visitar el curioso lugar que se encontraba debajo del barrio de tiendas. Cuando bajaron las escaleras, Draco se encontró con el paisaje más bonito, impresionante e inesperado que había visto en toda su vida, y había que tener en cuenta que había viajado mucho. Se quedó con la boca abierta mientras contemplaba el mar visto desde dentro, ya que ese lugar tenía a su alrededor el mar Cantábrico en toda su plenitud. La gente caminaba tranquilamente por las calles, mientras alrededor suyo había agua y peces de todos los tipos y colores. Hasta le había parecido ver un tiburón rondando por ahí.

-¡Esto es impresionante! ¿Cómo lo hacen? ¿Y por qué no vives aquí?-Preguntó Draco, muy excitado por todo lo que estaba viendo.

-Lo sé, cálmate. ¿Has entrado alguna vez al ministerio de magia por… La parte de los retretes? –Le preguntó. Draco no entendió la pregunta, y puso cara de desconcierto.

-No, teníamos línea directa con el ministerio. ¿Por qué?

-No, nada. Es un hechizo que impide que nos mojemos, aunque de la sensación de que lo estemos haciendo. Por lo visto, también permite vivir dentro del agua… Y no me mudé a aquí porque trabajo en un lugar muggle, y quiero permanecer parcialmente en el anonimato. –Contestó, como si fuese lo más evidente del mundo.

-Vale, tranquilo… Y luego dices que yo soy el que se ofende por nada.-Dijo, lo último para sí mismo.

Dieron un paseo por la urbanización, que tenía todo tipo de casas, desde rascacielos en el centro, donde desembocaba la escalera, hasta chalets en las afueras, con jardín privado. No había comercios allí, por lo que no tenían mucho que hacer y se fueron pronto. Harry dejó a Draco en su casa, después de deshacer el hechizo de glamour, y le dijo que se verían al día siguiente. Draco siguió la rutina de siempre, saludar a María, subir a su casa, calentar la cena, ver la tele e irse a dormir, pero en la cama practicó un poco con la varita. Contento, comprobó que todos los hechizos le salían. Aunque no lo supiese, el día siguiente sería de lo más horrible.


He de decir que no me gusta nada el capítulo siguiente, y que si he cambiado mi manera de escribir, a mí también me lo ha parecido. Serán las vacaciones, que me afectan a la forma de pensar. Una última súplica: ¿Véis esa preciosa frase que dice "Review this story"? Pues darle, que me hará muy feliz, y tendrá el mismo efecto que Santa Claus (o papá noél, según quien lo prefiera)

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS! (Y en la próxima actualización os desearé feliz año nuevo)