A las cinco de la tarde sonó el teléfono del almacén de Urahara. Rukia e Ichigo se retrasarían. El dueño de la tienda era un hombre tranquilo, que descansaba tomando un poco de té en una salita que tenía en la trastienda. En cambio, esa tarde, él seguía con el mismo semblante, pero la gente de su alrededor había caído en los brazos del histerismo, como poco. Por un lado, Yourichi, no paraba de dar vueltas de un lado a otro de la habitación, Soi Fong se retrasaba, y necesitaba esos informes cuanto antes. Tessai estaba buscando como un loco un frasco que necesitaba y que estaba perdido, no paraba de hacer un estrepitoso ruido mientras abría y tiraba cajas sin mirar a donde, en la habitación contigua en la que se encontraba su jefe. Urahara sólo tenía que asomar la cabeza para ver como había un cementerio de cajas que cada vez se hacía más numeroso. Mientras tanto, en el pequeño patio que había en la fachada principal del almacén, Ururu y Jinta indicaban a tres personas, también algo nerviosas, donde debían dirigirse: al interior de la tienda. Era una situación muy interesante que haría pasar buenos momentos al tendero.

-Gracias por venir tan rápido Sado-san, Ishida-san. –Inoue se había ofrecido para ir a buscar a ambos muchachos a sus casas, necesitaba tomar aire fresco.- Os he mandado llamar por la repentina aparición de Kuchiki Rukia. –Ambos se quedaron notoriamente asombrados. Sí, Urahara pasaría un buen rato haciéndose el interesante.

-Explícate mejor. –Dijo Ishida tras un largo silencio. Al parecer Inoue no les había contado nada.

-Anoche, a las tres de la mañana, Yourichi-san y yo nos despertamos repentinamente al sentir su reiatsu. –Comentó el tendero.

-Nos sorprendió, -comenzó a contar sería Yourichi- ya que hacía mucho tiempo que no sabíamos nada de ella. Salimos a buscarla, no fue fácil localizarla, se hallaba acurrucada en un callejón cercano a la clínica Kurosaki. Al parecer había estado vagando, desorientada por las calles, se encontraba algo magullada, no tenía nada serio, pero nosotros no podíamos curarla en condiciones.

-¿De que eran las heridas?. –Preguntó el Quincy.

-Pensamos que fue por un repentino viaje de la Sociedad de Almas. –Contestó el tendero.- Le proporcioné un cuerpo y la llevamos a casa de Inoue. Lo más extraño de todo es que no paraba de hablar del antiguo teniente de su división. Que murió hace ya algún tiempo. Pero nada coherente.

-Renji nos comentó algo.

-Sí, a mi también, pero fue extraño. –Susurraba casi para sí mismo, la mayoría de los presentes no pudo escuchar lo que decía.- Yo conocí a Shiba Kaien, era una persona amable. Con quien estaba soñando Kuchiki Rukia, no podía ser él. Al delirar parecía hablar de él pero sin serlo, no sabría explicar…

-¿Cómo se encuentra ahora Rukia?

-Bien, -se integró a en la conversación rápidamente- pero debo advertiros, ella no está ahora mismo en nuestra realidad, vive la suya. No sabría deciros aún cómo ha ocurrido esto, pero dentro de poco lo sabremos. –Sacó su abanico del bolsillo para cubrirse la cara, no había cosa que más le gustara a Urahara que hacerse el interesante.- Os tengo que pedir que sigáis su juego, su locura, es importante. Quién nos la ha mandado sabe qué está haciendo. Sólo hay una cosa de la que puedo estar seguro: no es Shiba Kaien.

-Eso es seguro.

-Yourichi-san os explicará la historia, no tiene desperdicio. –Les advirtió riéndose, esa parte era mucho más divertida si la contaba otro y él podía observar las caras de asombro. Pero lo que ellos nunca sabrían, es que él también estaba algo sorprendido, nunca pensó que vería con sus propios ojos a la luciérnaga azul.

-¿Tenéis que iros ya, Ichi-nii? –Preguntó Yuzu algo apenada.

-Sí, tenemos que arreglar un par de asuntos, en cuanto estén listos, todo volverá a la normalidad. –Contestó sonriendo Rukia.

-Recuerda lo que hemos hablado Ichigo. –Dijo Isshin, intentado pegar a su hijo un puñetazo por la espalda, pero el muchacho lo esquivó.

-Adiós a todos. –Se despidieron de su familia y al cruzar la esquina Rukia aprovechó para coger del brazo al joven.

-Vamos por aquí. –Le dijo Kurosaki, ya no se sobresaltaba tanto cuando la chica le cogía, podía acostumbrarse a eso.

-Por aquí no se va al almacén de Urahara.

-Ya lo sé, llegaremos algo tarde. Yuzu nos interrumpió y me gustaría seguir con la conversación.

-No sé que más contarte… De todo lo demás te deberías acordar tú. La Sociedad de Almas es un lugar tranquilo, y desde que nos fuimos seguro que más.

Ambos se rieron. Ichigo estaba tan sorprendido de la relación que tenía con Rukia, nunca pensó que pudiera ser así. Si alguna vez su terca imaginación había atisbado el hecho de tener algo con la shinigami, siempre estaba envuelto en peleas absurdas y días sin hablarse. Tontas riñas tenían, pero era mucho más fácil reconciliarse así que de otra manera, no le cabía duda. Le gustaba este mundo imaginario que le había envuelto, pero no podía dejar de preocuparse, pronto tendrían problemas. Y quizás la volvería a perder.

-Imagino que intentaran buscarte.

-Y a ti, claro, de eso me gustaría hablar con Urahara. Quiero pedirle un cuerpo faux como el que me dio la primera vez que estuve aquí. –Ichigo se asombró, recordaba lo incómoda que estaba Rukia con él, pero claro no era un cuerpo normal. A él no le hacía falta, tenía su cuerpo, y supuestamente había mejorado controlando su poder espiritual, siempre según la historia de la chica.

-Entremos aquí.

Kurosaki recordó la cara que tenía la Rukia en el parque cuando vio un carrito de helados. Así que, durante la comida, decidió invitarla a uno, tenía ganas de estar con ella a solas antes de ver al resto de amigos. Quería aclarar unos cuantos puntos. Sabía que todo esto podía no ser verdad, pero le gustaba, y para él las mismas posibilidades tenía el ser cierto como el que no. Además, había ciertas cosas, que sólo Rukia podía saber.

-Espero que no tarden mucho en traer los helados. –Dijo la joven mientras observaba la calle desde los cristales de la heladería. Tenia la cara apoyada en la mano derecha, miraba distraída a la gente que paseaba por la calle.

-Ya veras como no. Rukia, –Ichigo estaba sentado a su lado- quería preguntarte una cosa, -llamó su atención- ¿Desde cuando supiste que tu…? –Hubo un violento y repentino silencio.

-¿Ahora te has vuelto tímido? –Se giró para mirarle a los ojos, el muchacho se sorprendió.- ¿Qué yo te quería?. –Sonrió. A Ichigo se le hizo extraño escucharlo así, tan abiertamente, sin problemas. No tuvo que esperar respuesta, le conocía suficientemente como para saber que eso era lo que quería saber.- La primera vez que sentí algo por ti fue cuando me enseñaste a tomar zumo. –Ambos se rieron a carcajadas recordando aquel momento.- Pero no lo quería admitir, eras un humano raro con el extraño hábito de sacarme de quicio. –El muchacho frunció el ceño, pero no importó.- Además, nunca me haces caso, eres demasiado impulsivo, cabezota, siempre estas de mal humor…

-Para ya ¿no? –Se cruzó de brazos e intentó interrumpir a la muchacha.- ¿O piensas relatarme todos mis defectos?

-No, si en el fondo me gustan, sólo un poco. –Sonrió.- Pero creo que me di cuenta cuando Renji y mi nii-sama vinieron a buscarme, y te dejamos en el suelo medio muerto. Sí, yo diría que fue allí.

-Vaya primera impresión que me llevé de mi cuñado… -Ambos se echaron a reír. La tarde estaba siendo realmente interesante. Ichigo había aceptado sin problemas toda la historia de Rukia y se había acoplado sin problemas a su nueva vida, de la que llevaba disfrutando tan sólo unas horas.

-¿Y tú? -Le interrumpió.- En todo el tiempo que llevamos juntos, no hemos tenido ni un momento para hablar de estas cosas. –Apoyó su cabeza en el hombro de un tranquilo Ichigo .- Siempre intentado escaparnos… y ahora por fin estamos aquí, teniendo una vida normal. –El camarero apareció con los helados y se dispuso a comerse alegremente el suyo.- ¡Venga! Dímelo…

-Pues fue culpa de Hanatorou.

-Cuando lo vea se lo agradeceré. –Contestó rápidamente sin tan siquiera mirar a Ichigo, simplemente se disponía a comerse su helado, y se le escapó. El muchacho sonrió para sus adentros.

-Cuando fui a rescatarte –continúo como si no hubiese escuchado nada- Ganju y yo estábamos preguntándole por qué nos ayudaba. Mientras hablaba me di cuenta de que te echaba de menos, de una manera extraña que no sabía identificar, y antes de que terminará de contar su historia ya estaba yo corriendo en dirección a la Torre del Arrepentimiento, donde me encontré a Renji y… -se desvió de su historia sin problemas- ¡vaya paliza que le pegue!.

-Ya será menos…

-Pregúntale sino te lo crees…

-No hace falta, nadie ganó esa batalla, sois como dos niños. –Le encantaba sacarle de sus casillas.- Al final quien me salvó fue mi nii-sama… vaya dos…

-¡¿Pero que dices?! Si llega a ser por él tu no estás aquí…

-Disimula ahora… -Qué gracioso estaba cuando se enfadaba.

-Con un carácter como el tuyo no se porqué te elegí a ti y no a Inoue. –Y sin más se puso a comerse su helado sin mirar a la muchacha. Ella sí le miraba, directamente, hasta que se le nublaron los ojos, y comenzó a desmayarse.- ¡Rukia! ¡Rukia!. –La llamaba. Ichigo se levantó para ponerse a su lado. Al no saber bien que hacer la zarandeó. No reaccionaba. El muchacho se sentía impotente, ¿esto era lo que Renji decía?- No te pasa nada… -susurró mientras abrazaba a la muchacha. Seguía sin reaccionar.

Al igual que un elefante entra en una cacharrería, Abarai Renji entró al almacén de Urahara. Hubiera sido muy difícil igualar el escándalo que formó al tirar las estanterías, y por ende, al romper unos cuantos objetos. Sabía, sin lugar a dudas, que eso le costaría unos cuantos días de limpiar y de poca comida. Quizás le perdonaran al saber que traía información privilegiada. Pero no, él sabía a la perfección que aprovecharían el filón para obligarle a hacer tareas que no le correspondían. Resignarse parecía la mejor opción.

La espectacular aparición de Renji no pasó desapercibida para nadie, ni para la abstraída Inoue, que tenía cara de haberse despertado a una pesadilla. Por su parte Urahara no paraba de mirar los informes que tenía en la mano el muchacho que cada vez se tambaleaba más, hasta que al final tuvo que apoyarse en un armario que estaba tirado en el suelo, para no caerse. El tendero ayudó al muchacho a levantarse, y Tessai le tomo los importantes papeles que dejó rápidamente en una habitación contigua. Entre Ishida y Chad sentaron a Abarai en el suelo de la salita que daba a la tienda y le ofrecieron un poco de té que aceptó de buen grado.

En una habitación contigua Tessai estaba ojeando los papeles que le acaba de coger a Renji. Con mucho interés miraba una y otra vez la misma línea, hasta que recordó donde se encontraba lo que buscaba: en un pequeño cajón del escritorio de la salita de estar. Allí estaba, envuelto como cuando lo recibieron. En aquel momento pensó que ojala nunca lo tuvieran usar, los efectos podían ser inesperados. Mientras lo desenvolvía con mucho cuidado, el tendero entró en la habitación.

-¿Ya lo has encontrado?

-Sí, aquí está.

-Busca algo para dormirla, para cuando llegue.

-Ya lo había pensado. Voy a buscarlo.

-Y toma, -le entregó uno de los informes- dale esto a Yoruichi-san, que lo lea atentamente, diles que cuando lleguen Kurosaki-san y Kuchiki-san les explicaremos a todos la situación. Mientras atended a Abarai-kun y que alguien lo ponga al día. Yo tardaré un poco en salir.

Urahara fue en busca del informe que quedaba en la mesa, y decidió leerlo con cuidado. Por mucho que lo hubiese escrito él hace ya tantos años, que ni se acordaba. Sabía que era mejor volver a recordar toda la información. Reconoció su propia letra en pequeños apuntes a los márgenes, en un repaso general que le dio al documento. En la cabecera del escrito, sólo ponía: Informe 313. "Un título tan corto, para algo tan peligroso", pensó el tendero justo antes de ponerse a leer.

Efectivamente, Urahara Kisuke era un hombre tranquilo, pocas cosas podían hacer tambalear su autocontrol, que él supiera sólo Yourichi, su inquieta personalidad volvía loco a cualquiera que estuviera a su lado. Pero por un día, el tranquilo tendero, pensó que era el momento de ponerse algo nervioso, así que decidió ponerse a leer la primera página de su informe.