Hooooola mis Canon seguidores... Como sé que me han extrañado hasta el punto de mandarme mensajes privado cada mes, les respondo con un capítulo de la historia tan esperada... La que muchos quieres y que si me estuvieran de frente me cortarían la cabeza para escanearla y saber más... XDDDDD

Muchos me habían preguntado dónde conseguir la adaptación... Les digo que es difícil ya que cuando la busco siempre aparece que el libro debo comprarlo y bla bla bla... Por eso lo transcribo a mano desde mi libro.

Sin embargo, Debo confesar que lo había perdido. Por eso duraba tanto. (Eso y la Universidad). no sabía, (O no recordaba), a quién se lo había prestado. Busqué en las casas de muchas de mis amigas tratando de encontrarlo sin resultado y resulta que una de ellas lo había prestado a una de sus amigas y no lo recordaba. ¬_¬ Cosas así pasan. Hace un par de semanas me lo devolvió y pues... aquí estoy.

No quise preocuparlos, pues tenía planeado hasta comprar el libro por internet y así seguir la historia. Espero me perdonen. Ahora sí actualizaré más seguido y la segunda parte de éste libro pronto la publicaré también.

Disfruten... ^_^

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Capítulo 9

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Hina había elegido su vestido de novia, sin hacer caso de su madre. Hinamory había hecho lo que quería en todos los demás departamentos, pero Hina se había reservado el derecho de elegir el vestido sin intromisiones de nadie.

Por esa razón, el vestido no era ni el más caro ni el más elegante ni lo había elegido para que la gente lanzase exclamaciones de admiración durante la ceremonia.

Mientras que Hinamory iba vestida de diseño de los pies a la cabeza, Hina había elegido un discreto vestido de encaje con una cola mínima que destacaba su voluptuosa figura. El velo corto y los adornos de piedrecitas en el pelo eran elegantes pero discretos también.

Aunque las damas de honor lanzaban frenéticamente pétalos de rosa al paso de la novia, su madre iba a su lado con un vestido plateado de escándalo y varias docenas de palomas blancas saldrían volando después de la ceremonia para conmemorar la ocasión, Hina se dirigía al altar con aparente calma. Sus exámenes habían terminado y era libre para disfrutar del día...

Pero su compostura desapareció al encontrarse con la helada mirada de los padres de Naruto, que parecían estar en un funeral. Se le encogió el corazón al ver el brillo de desaprobación en sus ojos, y cuando Naruto giró su hermosa cabeza para mirarla, ella lo recompensó con una sonrisa de alivio.

Naruto tenía los ojos más bonitos que había visto nunca, tuvo que reconocer, casi mareada por la emoción. En unos minutos, Él sería su marido y ella apenas podía creer su buena fortuna.

Aunque apenas lo había visto desde el día que acordaron contraer matrimonio, sabía que había estado trabajando sin parar; una revista económica acababa de publicar un artículo sobre él, citando su inteligencia y astucia en los negocios y también que pronto se haría cargo de la naviera Namikaze. Hina se había sentido tan orgullosa al leer ese artículo que se lo había enseñado a todo el mundo.

Naruto vio el brillo en los ojos de su prometida y supo que era feliz… de hecho, estaba emocionada. Al menos, alguien estaba emocionado, pensó, irónico, recordando la bronca que había tenido con su padre, que prefería que cancelase la boda a última hora antes que casarse con una mujer a la que había descrito como «el secreto de Hiashi Hyuga».

Ni siquiera contarles que estaban esperando un hijo había logrado que sus padres se emocionasen. De hecho, su madre se había referido al niño como «el truco más viejo del mundo».

Por otro lado, ni su padre ni su madre sabían que había sido chantajeado por Hinashi Hyuga para casarse con Hina, y a Minato Namikaze no parecía preocuparle que el importantísimo contrato con TKR aún no se hubiera firmado.

Naruto prefería que su familia no supiera nada sobre las amenazas de Hinashi porque no tenía sentido revelar que estaba sacrificándose por ellos. Y, además, eso sólo serviría para que odiasen más a su mujer.

Los nervios y las hormonas hicieron que Hina se marease un poco en los escalones de la iglesia, donde los reporteros hacían fotos de los novios. Pero, afortunadamente, Naruto la tomó por la cintura.

– ¿Te encuentras bien?

–Un poquito mareada –admitió ella.

Pero cuando lo miró a los ojos, Hina tuvo una intuición: Naruto no quería recordar que estaba embarazada y no quería que nadie lo supiera. O tal vez sólo era impaciencia, pensó, desesperada por encontrar una explicación razonable.

Era un hombre joven, lleno de vida y poco acostumbrado a debilidades. Además, habían pasado varias semanas desde la última vez que hicieron el amor y Naruto tenía una libido poderoso.

Seguramente no sabría mucho sobre embarazos o sobre los cambios hormonales y físicos en una mujer. Y tal vez temía que se convirtiese en una persona frágil e intocable.

–Tienes que presentarme a tus padres –le recordó mientras entraban en la limusina–. ¿Saben que estoy embarazada?

–Sí, claro.

Hina intentó no pensar en ello, aunque en poco tiempo todo el mundo se daría cuenta.

–Es muy raro que no los conozca todavía.

–Entre tus exámenes y mi trabajo no ha habido oportunidad –Naruto intentó disimular una mueca al ver que alguien soltaba un montón de palomas blancas–. Pero a partir de ahora será más fácil. Viviremos en país del Remolino durante unos meses.

Como no había mencionado eso hasta aquel momento, Hina lo miró, perpleja.

–¿Vas a hacerte cargo de la empresa de tu padre?

Él asintió con la cabeza.

–No puedo esperar más y la verdad es que no sé si quiero. La empresa pertenece a mi familia desde hace muchos años… aunque si mi hermano Menma no hubiera muerto, yo no habría tenido que hacerlo.

Hina había notado que nunca hablaba de su hermano.

–¿Cómo era Menma?

–Un tipo decente e inteligente, pero no tenía cabeza para los negocios. Nunca hubiéramos podido trabajar juntos, pero era una persona tan importante para mis padres que están como perdidos sin él.

–Pero siguen teniéndote a ti –dijo Hina.

NAruto hizo una mueca.

–Menma era el hijo favorito. Su muerte los dejó destrozados y que yo viva sólo les recuerda lo que han perdido.

Ella frunció el ceño, sorprendida. ¿Por qué sus padres no lo apreciaban?, se preguntó. Desearía abrazarlo en ese momento, pero se contuvo porque sabía que él no aceptaría su compasión.

Unos minutos después se hicieron las presentaciones en el hotel donde tendría lugar el banquete. Pero Naruto Namikaze y su alta y elegante mujer, Kushina, no se molestaron en darle la bienvenida a la familia.

El ambiente era tenso, pero Naruto no parecía afectado en absoluto. De hecho, se alejó un poco para hablar con su padre, dejándola sola con su madre.

–Hablo algo de griego –empezó a decir Hina.

–Imagino que tu madre te enseñó todo lo que sabía –replicó Kushinha, despreciativa–. Empezando por la lección más importante: cómo cazar un marido rico con un hijo inesperado. Aunque a ella no le salió bien, a ti sí.

Atónita por tan desagradable respuesta, Hina dio un paso atrás. Pero como ella no era una persona maliciosa, no se le ocurrió replicar en el mismo tono.

–Mi madre nunca aprendió griego...

–¿Ah, no?

Tally se apartó a toda prisa y Hinamory la tomó del brazo.

–¿Qué te ha dicho esa bruja?

–Creo que podemos decir casi con toda seguridad que yo no estaba en su lista de candidatas a esposas de Naruto.

–No te disgustes –intentó animarla su madre, aunque también ella se había puesto pálida.

Naruto vio a Hina apartarse de su madre con expresión nerviosa. Estaba mordiéndose los labios en un gesto que ya conocía y que hacía cuando algo le había disgustado… y podía imaginar la razón.

La rabia que sintió en ese momento le sorprendió porque también él tenía serias reservas en cuanto a su flamante esposa. Sus padres se mostraban superiores y soberbios en una boda en la que había más brillos que buen gusto, pero que insultaran a su mujer era una afrenta inaceptable.

–Mi madre se ha dejado llevar –intentó explicar Tally, mirando el centro de flores con plumas en la mesa de los novios–. Yo debería haberlo impedido, pero la pobre lo estaba pasando tan bien…

–No importa –la interrumpió Naruto, pensando que la natural bondad de Hina no se correspondía con su convicción de que había escondido deliberadamente la identidad de su padre para sacarla después como una pistola con objeto de llevarlo al altar.

¿Estaba enamorada de él?, se preguntó por primera vez. ¿Era por eso por lo que se había quedado embarazada?

Él no había usado preservativo, pero sólo cuando Tally le aseguró que no habría ningún problema porque tomaba la píldora. Si lo había atrapado por amor, ¿debería perdonarla?

Naruto no tenía deseos de perdonar, de hecho se sentía como un animal salvaje enjaulado de repente.

Había perdido su libertad, pensó. Supuestamente, el matrimonio debería convertirlo en un hombre fiel y monógamo… aunque él nunca había sentido el deseo de ser ni lo uno ni lo otro.

El banquete seguía en todo su apogeo, pero los invitados de la novia y los del novio no se mezclaron en ningún momento. Los padres de Naruto se marcharon en cuanto les fue posible, sin llamar la atención, y Hina se relajó un poco, incluso bailó con su marido. Naruto apretaba su cintura y el delicioso aroma de su colonia masculina la hacía soñar…

Hasta que un dolor en el vientre hizo que se doblara sobre sí misma. Sin decir nada, subió a la suite que habían reservado para los novios y allí, con el corazón encogido, descubrió que estaba sangrando un poco.

Consternada, se preguntó si estaría perdiendo el niño…

No sabía qué hacer, pero cuando llamó a Hinamory su madre no perdió el tiempo y llamó a Naruto de inmediato. Y él, a su vez, llamó a un primo suyo que era médico.

–Tenemos que ir al hospital –dijo luego.

–¡Pero es nuestra noche de bodas! –protestó Hina.

–Estas cosas pasan –Naruto se encogió de hombros, intentando tranquilizarla como le había indicado su primo.

Una hora y media después, Hina estaba en una clínica privada y el día de su boda había terminado. Hinamory se quedó en el hotel para ejercer como anfitriona, pero la novia no había tirado el ramo, no había bailado con todos sus amigos ni se había despedido de ellos…

Naruto estaba sentado en un sillón al lado de la cama, pensativo.

–Lo siento –se disculpó Hina.

Él se levantó bruscamente del sillón, pasándose una mano por el pelo.

–No seas boba, no es culpa tuya.

Hina tuvo que parpadear varias veces para controlar las lágrimas.

–No tiene sentido que te quedes aquí. Vuelve al hotel y disfruta con tus amigos…

–Son las dos de la mañana –dijo él–. No puedo dejarte sola.

–¿Por qué no? Estoy a punto de dormirme y aquí no tienes nada que hacer.

Naruto se encogió de hombros, en silencio, expresando en ese gesto una preocupación que no quería poner en palabras. El médico había dejado claro que no podían hacer nada. Si perdían el niño, lo perderían. No había cura ni magia posible.

Y no sabía qué sentía sobre la posible pérdida del niño, no quería pensar en ello. Su única preocupación en aquel momento era Hina. Naruto quería que volviera a ser la misma chica alegre de siempre. La mujer pálida y llorosa que estaba en la cama le parecía una extraña.

–Los médicos te llamarían por teléfono si ocurriese algo –insistió ella–. Por favor, márchate… me sentiría mejor.

Finalmente, Naruto se marchó, prometiendo que volvería a primera hora de la mañana. Pero cuando Hina miró el sillón vacío, sus ojos se llenaron de lágrimas. Desde luego, no era así como había soñado que sería su noche de bodas.

Suspirando, cerró los ojos y apoyó la cabeza en la almohada, intentando decirle a su hijo que aguantase, como si sus buenos deseos pudieran solucionar el problema.

Cuarenta y ocho horas después, y aún embarazada, el sangrado terminó. Había sido una falsa alarma, aunque los médicos le dijeron que debía descansar.

Hina salió del hospital y fue directamente al aeropuerto, donde la esperaba el avión privado que los llevaría al país del Remolino. Naruto estaba ya a bordo del avión y pasó la mayor parte del vuelo trabajando en su ordenador. La naviera Namikaze, le contó, necesitaba una reorganización total e iba a tener que trabajar día y noche para solucionar los problemas.

El apartamento de Naruto en la ciudad era claramente un apartamento de soltero; la cocina era minúscula y en el salón había tantos aparatos electrónicos como en una tienda.

Sabiendo que su esposa no tendría nada que hacer cuando él estuviera en la oficina, Naruto sugirió que visitara a su madre y que Kushina le presentaría a más gente. Así no se encontraría tan sola.

Hina intentó disimular una mueca. No estaba dispuesta a soportar más groserías de la señora Namikaze, de modo que, en lugar de visitar a su suegra, compró un libro de cocina, decidida a impresionar a Naruto con algo realmente exquisito.

Desgraciadamente, sus esfuerzos no fueron recompensados porque Naruto trabajaba hasta muy tarde todas las noches y llegaba a casa cuando ella estaba dormida. Compartían el apartamento, pero no la había tocado desde que estuvo en el hospital, algo que sorprendía a Hina.

Una noche, mientras él se desnudaba para meterse en la cama, reunió valor para decírselo:

–¿Naruto?

–Perdona, ¿te he despertado?

–No pasa nada, yo quería que me despertases. No te veo nunca…

–Ya sabes que tengo mucho trabajo –la interrumpió con cierta brusquedad.

Hina suspiró, apartando los rizos de su cara.

–Según mi ginecólogo, podemos hacer el amor sin ningún problema.

–Esta noche estoy cansado –dijo él, entrando en el cuarto de baño.

Hina se mordió los labios. Tal vez la amenaza de aborto le había asustado, por eso no quería mantener relaciones sexuales. No sabía qué otra razón podía haber.

Claro que tampoco sabía por qué Sander la dejaba fuera de su vida. Nunca le hablaba de su trabajo ni de lo que hacía durante el día o si tenía algún problema. Tenía la sensación de que estaba enfadado con ella, de que tras esa capa de civismo y amabilidad era como una bomba a punto de explotar.

¿Era su imaginación o Sander estaba evitándola? Pensó en su seriedad desde que llegaron a el país del Remolino, en el antagonismo que había notado en sus silencios. No, Hina estaba convencida de que el enfado no era cosa de su imaginación.

¿Pero por qué estaba enfadado?, se preguntó. ¿Seguía dolido con ella por el inesperado embarazo? Había sido él quien le había propuesto matrimonio, de modo que… tal vez la realidad del matrimonio le parecía aburrida, frustrante para un hombre acostumbrado a cambiar de pareja a menudo. ¿O habría decidido que no quería estar con ella después de todo?

Poco antes, se habían reído de las mismas cosas, discutían sobre política o sobre cine y compartían una poderosa atracción sexual pero, de repente, cuando estaba a su lado cada noche, Naruto decidía apartarse.

Tal vez estaba cansado, pensó. Después de todo, trabajaba muchas horas en la naviera Namikaze y Hina sospechaba que su padre y él no se entendían en la oficina; eso debía de ser muy estresante para un hombre acostumbrado a dar órdenes y hacerse cargo de todo.

Al día siguiente, Hina le envió un mensaje de texto invitándolo a cenar en casa a las ocho. Esperaba que se tomara un tiempo. Quería darle un maravilloso descanso relajante después de tanto trabajo. Estaba decidida a darle la mejor de sus noches y olvidando sus inhibiciones, fue a comprar un conjunto de ropa interior muy sexy que volvería loco a cualquier hombre de sangre caliente.

Poco antes de las ocho, encendió las velas y se miró al espejo, un poco avergonzada por su atuendo. Aunque no sabía si podía llamar «atuendo» a un conjunto de braguita y sujetador de seda casi transparentes, zapatos de tacón, medias con liguero y un picardías que revelaba más de lo que escondía.

A Naruto no le quedaría duda de que aquello era una invitación y, en cierto modo, su orgullo se resentía por tener que ser ella quien diera el primer paso.

Pero lo importante era que amaba a Naruto y esa simple verdad anulaba cualquier otra consideración.

No podía seguir así indefinidamente, preguntándose qué le ocurría a su marido. Si Naruto quería recuperar su libertad, lo mejor sería descubrirlo cuanto antes.

Sus padres, Hinamory y Hiashi, se odiaban tanto que no podían estar en la misma habitación, pero Hina estaba dispuesta a hacer lo imposible para mantener una relación civilizada con su marido… fuese cual fuese el resultado de su matrimonio. Su hijo no sufriría lo que ella había tenido que sufrir de pequeña.

Hina sacó la cena del horno, temiendo que se enfriase porque los minutos pasaban y Naruto no aparecía. A las ocho y media empezó a preocuparse y a las nueve, sin noticias de su marido, estaba al borde de las lágrimas.

No se había sentido más sola en toda su vida y, furiosa, tiró la cena a la basura y se refugió en la habitación.

Naruto entró en el apartamento a las dos de la madrugada. Había pasado gran parte de la noche bebiendo vodka con un grupo de empresarios rusos con los que acababa de firmar un lucrativo contrato y estaba increíblemente sobrio pero casi borracho de agotamiento.

La luz de la cocina estaba encendida y, al ver los platos en el fregadero, hizo una mueca. Durante esas semanas, mientras intentaba mantener a flote el negocio familiar, casi había olvidado que estaba casado.

Mientras sacaba de la nevera un cartón de zumo de naranja, recordó que Hina le había enviado un mensaje invitándolo a cenar…

Pero había apagado el móvil cuando llevó a los rusos al club. Tenía intención de llamar para decirle que llegaría tarde, pero lo había olvidado por completo.

Murmurando una palabrota, pasó por el comedor, donde la mesa seguía puesta, las velas que Hina había debido de encender para la ocasión casi consumidas, goteando cera sobre el mantel...

Naruto miró los restos de la cena, a la que no había acudido, con un nudo en la garganta.

Hina despertó bruscamente al oír ruido en la cocina.

Naruto estaba en casa. Se había molestado en pasar por su casa, pensó, irónica.

Cuando iba a saltar de la cama se sorprendió al descubrir que seguía llevando los zapatos… se había quedado dormida sobre el edredón después de llorar hasta que no le quedaron lágrimas.

Apartando los rizos de su frente, se dirigió al salón, dispuesta a tener una seria charla con su marido.

Naruto se quedó atónito al ver lo que llevaba puesto. Hina nunca usaba ropa interior sexy pero esa noche había tirado la casa por la ventana. Sus preciosos pechos prácticamente se salían del escote del sujetador y aquella especie de camisón corto apenas ocultaba sus muslos…

Su cuerpo reaccionó de manera involuntaria, con el ansia de un hombre que había contenido su apetito sexual durante semanas.

Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para apartar la mirada de aquellas deliciosas curvas.

–Te debo una disculpa, moli mou. Debería haberte llamado por teléfono –empezó a decir, mirando unos ojos lilas llenos de ira.

Y ahí fue cuando el corazón de Naruto empezó a oprimirse ligeramente. Presintiendo que algo malo iba a pasar.

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Continuará...

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Bueno... las cosas se ponen intensas, verdad?

Les anuncio que ya sólo queda un capítulo para el fin de la primera parte.

Y sobre el corazón de la bestia... pues... Ahí si tengo falta de Inspiración. Sorry. Pero como entenderán (O eso espero) No publicaré hasta tener los capítulos terminados ya que no quiero darles escusas que no son ciertas sobre el por qué no actualizo.

En fin... Recuerden el Dicho: Revews = Escritora feliz = Actualización ^_^

Cuídense mucho... los quiero.