Kakitama Jini

De cómo Maito Gai adoptó algunas raras costumbres

No había tenido una noche particularmente buena, de hecho hacía ya cerca de una semana que no tenía un placentero sueño largo y sus actividades cotidianas lo resentían demasiado.

Le gustaba vivir en Konoha, le gustaban las calles extrañas, las callejuelas, los desniveles, la epidemia de árboles, el mirador de los maestros Hokage, las casas de diferentes colores y el bullicio del mercado los días que tenía que ir a surtir su despensa.

Le gustaba la zona donde vivía porque era civil por completo y se agruparon ahí los sobrevivientes de su aldea con sus familias, las que venían ya formadas desde la aldea del bambú y las que se habían formado en Konoha. Un sitio tranquilo con caras conocidas y actividades rutinarias.

Comenzó hacía precisamente una semana atrás; eran cerca de las dos de la mañana cuando sus vecinos del piso de arriba finalmente tras una larga y agónica batalla verbal habían acordado que el fin de semana lo pasarían en la cascada en las periferias de la villa y almorzarían arroz al wok con cerdo a la naranja. Un matrimonio joven y extraño porque peleaban casi todo el tiempo pero siempre llegaban a un cómodo acuerdo que ponía la paz y eran todo amor y ternura. Y como cada noche cuando cumplían su parte de la rutina el cocinero aprovechaba para organizar sus facturas, cuando se hizo el silencio fue a la cama totalmente agotado. Ciertamente esas discusiones eran ya algo obligatorio, si bien esta vez les había tomado más tiempo del usual llegar a feliz término, el problema por el que se quejaba era que a eso de las cuatro y media, quizás antes, quizás después, pero el punto era que faltaba rato para que su despertador se activara, unos sonoros y enérgicos gritos le hicieron ponerse de pie sobresaltado.

— ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! ¡Mi llama de la juventud arde ahora más que nunca! ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! — gritaba un joven desde la calle mientras hacía lo que parecía una extraña rutina de ejercicios.

— ¡Ya soy Chūnin! ¡Que mi espíritu se eleve para demostrar que soy digno!

Madrugada tras madrugada era lo mismo y ya hasta pensaba que cada día se levantaba más temprano.

La promoción debió ser realmente espectacular como para tenerlo tan extasiado aún.

Como autómata se encontraba limpiando por décima vez el mismo plato mirando nada en especial, luchando por mantener erguida la cabeza que le pesaba más a cada momento mientras los sonidos de su alrededor se perdían en una difusa combinación de ecos y resonancias.

— ¿Estás bien? — le preguntó Minato al no obtener respuesta tras haber llamado al hombre un par de veces.

— ¿Perdón? — respondió finalmente frotándose los ojos.

—Ah, sí— repuso en cuanto su mundo volvió a la realidad de su negocio. El plato que había estado frotando con la franela desde hacía rato fue el elegido para servir así que lo dejó sobre la barra.

Se dio la vuelta ante la divertida mirada del rubio para amasar algunos fideos que no había hecho por estar dormitando.

—Toda la aldea está a medio dormir. — comentó sonriendo ya conociendo la causa del madrugar de muchos y desvelos de otros.

—Por favor Minato…

—Dime.

—Dile que haga sus ejercicios donde usualmente se hacen, en el campo de entrenamiento.

—Cuando toda su generación excepto él fue promovida a Chūnin el año pasado, prácticamente vivía ahí, juró que si en esta oportunidad pasaba recorrería todas las calles cien veces al día.

—Pero, ¿es necesario que grite?

—Es Maito Gai, está en su naturaleza.

El cocinero resopló siguiendo con lo suyo, entre sus vecinos y ese extraño chico lo iban a matar por falta de sueño. En un boletín de los que había en la sala de espera de los consultorios a donde iba cada fin de semana para que Ayame viera a Hana, que aunque ya estaba mucho mejor seguían sin quererla dar de alta por todo el misterio que significaban sus heridas y el ataque que las había causado, y es que todo se complicaba bastante porque según sabía; Anko se rehusaba a hablar de lo que había pasado esa noche. Obito era bastante útil para soltar información, eso tenía que agradecerle al chico…

Pero regresando al tema de la falta de sueño, recordaba perfectamente que el boletín decía que las personas que no duermen la suficiente cantidad de horas son dos veces más propensas a morir por enfermedad cardíaca. La falta de sueño era peligrosa además porque medio dormido uno tiene a hacer muchas estupideces como por ejemplo poner una olla vacía al fuego que tras un rato empieza a desprende un horrible olor a peltre quemado o al caldo de cerdo vaciarle la taza entera de azúcar o quizás intentar hervir fideos medianamente estirados en la olla del café.

Se quedó estático frente a la serie de singularidades idiotas que había hecho en menos de quince minutos.

—Deberías dormir un poco más…— susurró el rubio queriendo ocultar su risa burlona bajo el cuello de la chaqueta que siempre llevaba.

— ¿Te molesta si hago algo simple? — preguntó el cocinero queriendo con todas sus fuerzas ignorar el comentario sobre sus horarios de sueño.

—No, en realidad sabes que no soy muy exigente.

Sacó de su cámara fría una olla de caldo dashi que había preparado el día anterior y la puso a hervir tapando bien. Se frotó los ojos cansados y procedió a mezclar un puñado de sal con fécula de maíz y una cucharada de salsa de soya que agregó al caldo que empezaba a hervir.

— ¿Y cómo vas tú? Obito me había mencionado que posiblemente sucedas al tercer maestro Hokage.

—Ese chico… me agrada pero es muy indiscreto en ocasiones… pues realmente como seguimos en guerra lo más seguro es que no se haga el cambio de líder, es más apropiado esperar, yo no tengo prisa, antes de ser Kage hay varias cosas que me gustaría hacer.

— ¿Cómo qué?

—Una familia por ejemplo.

El anfitrión iba a preguntar otra cosa cuando la pelirroja cabeza de su otro cliente frecuente entraba con un sonoro bostezo, al ver al rubio no pudo evitar fruncir el seño y quedarse estática en el vano de la puerta tentada a mejor retirarse, pero el ruido de su estómago evidencio su necesidad de alimento urgente así que se limitó a tomar asiento, en lugar de en la barra como de costumbre, en la mesa casi a la salida.

Notando aquello como poco usual, el hombre ladeó un poco la cabeza y preguntó en voz baja al ninja la situación que aquejaba a la kunoichi desde hacía unos días.

—En cierta forma es mi culpa. — respondió el joven sin siquiera voltear a ver a la chica pero con un deje que daba a entender perfectamente que no diría nada más.

La sopa estaba lista, espesa por efecto de la fécula de maíz y entonces procedió a añadirle un huevo que había batido mientas conversaban. El huevo no tardó en cocerse y se sirvió en dos tazones con algo de jugo de jengibre. De una de las ollas donde tenía algunos condimentos listos tomó un poco de alga nori en juliana ligeramente tostada.

Minato empezó a comer apenas tuvo el tazón frente a él, Kushina esperó su plato sin siquiera inmutarse en la conversación que seguían sosteniendo los hombres sobre familias, esposas e hijos.

— ¿Tú no lo has considerado?

— ¿Qué?

—Casarte, hijos, ya sabes, sentar cabeza.

Ella rió, se puso violentamente roja y empezó a agitar frenéticamente los brazos frente a su rostro, incluso parecía que el sueño que tenía se había desaparecido en su totalidad.

—No, no pensaba en eso ni por asomo, soy kunoichi y estoy en mi mejor forma, mi mejor momento, no, no, no quiero, además soy muy joven todavía como para perder mi figura… además no quiero más principitos corriendo de un lado a otro haciéndome perder la cabeza.

— ¿Principitos?...

—Toma. — intervino Minato poniendo al frente de la chica el plato que el cocinero daba largas para servir.

—Gracias— un nuevo y amplio bostezo, aunque parcialmente fingido, salió de la boca de la chica junto con el agradecimiento.

—Mala noche ¿Eh? — preguntó el cocinero entendiendo perfectamente que le habían cambiado bruscamente el tema y no especificarían más… Pero para eso estaba Obito, ya le preguntaría.

—Un loco vago sin oficio se pasa por mi departamento gritando como a eso de las cuatro de la mañana. — respondió ella.

—Y yo que me quejaba porque pasaba a las cinco.

—Alguien debería entretenerlo con algo si el viejo no quiere asignarle misiones.

—Quizás es como tú y tras una docena de platos de miso queda inmovilizado por unos días.

Tras esa línea los dos se quedaron en un lapso meditativo de complicidad tácita. Tras el par de ojeras violáceas que cargaban los dos bajo sus ojos, dentro del consiente medio dormido se maquinó una idea bastante similar en las cabezas de ambos. Un buen plan ninja con una perspectiva lógica de un civil. Kushina dejó su plato a medio terminar y salió corriendo.

—No creo que sea buena idea. — comentó Minato finalmente girando la vista.

—No sabes ni que vamos a hacer.

—Si Kushina-chan lo dedujo sola, es muy obvio viejo.

— ¡Y no quieres que se enoje contigo! — exclamó en defensa de la ausente por la agresión a su inteligencia.

.

—Es aquí Gai-kun— decía la chica mientras lo sostenía firmemente por los hombros y de una delicada manera hacía entrar a un chico de la edad de los alumnos de Minato enfundado en un traje completo de elastano verde, aunque lo más llamativo del chico no era precisamente su vestimenta sino las prominentes cejas sobre sus expresivos ojos o quizás el reluciente cabello perfectamente peinado hacia abajo en círculo o como se le denominaría coloquialmente: "peinado de honguito".

—Este hombre de verdad que necesita tu ayuda. — continuó ella haciendo una discreta seña para que la dejaran hablar a ella.

—En unos días será la gran competencia anual del cocinero más veloz del mundo, y para practicar necesita de alguien con una gran fortaleza física para que le ayude.

— ¡Claro! ¡Necesito a alguien que no se rinda y me ayude a ser el mejor! — intervino el hombre siguiendo la corriente del juego que había entendido y levantando el pulgar derecho amistosamente.

— ¡Yo puedo hacerlo!

— ¡Yo sé que tú puedes hijo! ¡Nadie más en esta aldea está tan preparado como tú!

— ¡Yo me aseguraré de que sea el cocinero más veloz o si no, daré doscientas vueltas en la aldea usando solo mis manos!

—Alrededor…—aclaró él cocinero cambiando abruptamente su gesto amistoso por otro no tanto.

— ¿Perdón?

—Alrededor de la aldea, no dentro de ella hijo.

— ¡Sí! ¡Alrededor de la aldea! ¡Ya verá como se vuelve más rápido! ¡Aunque se nota que ha estado entrenando!

El anfitrión arqueó una ceja confundido.

— ¡Esas ojeras que trae son la marca de la batalla bien preparada!

Los tres presentes guardaron unos segundos de silencio incómodo mientras miraban al chico que sonreía alegremente ignorando por completo que él era la razón de esas marcas.

— ¿Qué tal si empezamos? — preguntó con sonrisa forzada el hombre mayor batiendo una docena de huevos para ponerle a la sopa.

— ¡Itadakimasu!


Cometarios y aclaraciones:

Este capítulo va con cariño a las fans de Gai-sensei (cof-omtatelo-cof), hace su aparición el maestro del taijutsu y lo tendremos por acá unos capítulos, jeje

¡Gracias por leer!