Mary: -Gracias a sus reviews, Mary ha podido darle una lección a Danna. Desgraciadamente...

Sasori: -Da lo mismo. Que bueno que la historia les guste...

Deidara: -¡Sí, hum!

Itachi: -...

Mary: -Eso. Siguen aquí ¬¬u Bueno... aquí les dejamos la conti de Anata no tejun o mite.

Deidara: -Viene redactada de forma diferente, ya que siempre se les ha dedicado un capítulo entero o a mí o a Itachi.

Sasori: -Este capítulo será redactado una parte Deidara...

Itachi: -Y la otra yo.

Mary: -Mis sempais Akatsukianos y yo, esperamos que la sigan disfrutando.


=CAPÍTULO 9=

PARTE 1.

DEIDARA PO´V

Kisame sonreía, aliviado. Y Sasori… su rostro era una mueca seria que por un momento logro tensarme todo el cuerpo.

.

.

Era la una de la madrugada cuando por fin la divise por la ventana: Una cabaña de troncos de madera tras la mata de árboles.

Nunca le había contado a nadie, ni siquiera a Naruto, que había sido demasiado pequeño para recordar este lugar. A mí siempre me gusto llamarlo refugio, aún cuando nunca fue más que una casa de verano que de vez en cuando llegaba a visitar. Cuando la camioneta se detuvo entre la tierra, yo me quede contemplando la cabaña frente a la cual, el camino de piedras parecía darme la bienvenida.

Al cerrar los ojos en aquel momento, me permití viajar al pasado, a cuando me dormía en el carro, y mi madre me acariciaba la mejilla para que despertara, mientras llevaba en brazos a Naruto. Mientras Yondaime seguía siendo mi padre y mi mejor amigo, pues Naruto estaba demasiado pequeño para jugar a otra cosa que no fuera balbucear letras sin sentido.

–¿Es aquí?– preguntó Kisame apagando el motor. Abrí los ojos y le dirigí una mirada soñadora. Asentí –Bien, entonces bajemos.

Kisame abrió la puerta de la camioneta y bajó. Con paso acelerado, abrió la puerta de atrás, donde Itachi descansaba todavía. Durante todo el viaje, el silbido de su respiración había sido lo único que rompió el profundo silencio. Miré hacia atrás, donde Sasori miraba un punto en la nada, pensativo. Tobi, aún roncaba.

Con un suspiro me bajé del auto y aspire el aroma a tierra y árboles recién bañados por la brizna que había caído minutos antes. Por un momento me sentí como en mi verdadero hogar. Otra vez.

Sasori abrió la puerta y salió del auto. Se me hizo un nudo en el estómago al ver que sus dedos todavía estaban torcidos en distintos ángulos, su cara todavía llena de cortes profundos y manchas color rojo oscuro.

–Eh…– tartamudee un poco –¿Cómo estás, hum?

Sasori me miro a los ojos y esbozo una sonrisa de lado, sentí que mi corazón latía con más fuerza.

–Mejor. Ya no estoy en ese lugar.

–Lamento no haber llegado antes, hum.

–No importa. Llegaste. Aunque me hiciste esperar bastante…

Oí que Kisame resoplaba y le hice un gesto a Sasori de que regresaba luego, rodee la camioneta y ayude a Kisame a cargar a Itachi sobre sus brazos. Itachi apretó los ojos un segundo y gimió mientras Kisame se lo llevaba a la cabaña. Yo regrese al lado de la camioneta y abrí la puerta trasera, donde Tobi todavía roncaba. Me hizo sonreír.

Sasori me miró unos segundos y se acercó a mí, con la mano lesionada apretada levemente contra su pecho.

–Y él es…

–Tobi– conteste –Luego te lo presentó formalmente, hum.

Sasori volvió a sonreír y se acercó a mí, su aliento me pegó en la cara y me hacia cosquillas. El color subió a mi rostro, mientras Sasori rozaba levemente sus labios con los míos. Con la mano sana me acaricio la mejilla y enredo sus dedos entre mis cabellos, y yo completamente nervioso, con el corazón latiéndome hasta doler, levanté ambos brazos y los enrede en su cuello, acercándolo más a mí. Él gruñó un momento.

–¡Hey!– gritó Kisame y nos volvimos a separar, Sasori miro tras la camioneta a Kisame, con odio –¡No puedo abrir la puerta!

–Estúpido Kisame– bufé por lo bajo mientras le pasaba una mano a Tobi por debajo de la axila y sujetaba un brazo por encima de mis hombros con la mano libre y lo bajaba con un poco de dificultad de la camioneta. Sasori se acercó y me ayudo un poco con el peso. Los tres llegamos a dónde Kisame y me acerqué –Yo no tengo llaves, hum.

Kisame me miro con las cejas arqueadas por la sorpresa.

–Eso debe ser una broma, ¿no?

–Pues no lo es, hum.

–¿Cómo vamos a entrar entonces?

–Mi mamá dejaba una llave debajo de los escalones, hum– conteste mientras me disculpaba con Sasori y le dejaba cargar el peso de Tobi unos segundos, en los que me agache a ver si de casualidad ahí seguía la llave, luego de luchar un poco contra la memoria y la madera las encontré –Ya está.

Me puse de pie, con los jeans llenos de lodo y me puse frente a la puerta, la abrí y me hice a un lado para que Kisame pasara con Itachi. Luego corrí a ayudar a Sasori con Tobi.

Cuando entré lo primero que me recibió fue aquella oleada de nostalgia y cierta punzada en el pecho.

–No hay luz, ¿verdad?– preguntó Sasori.

Asentí. Solté a Tobi y Sasori gruñó algo, corrí hasta la esquina izquierda y abrí una puerta. Accione algunas palancas y luego me eché a correr hacia la puerta. Al prender la luz y ver que todo seguía en su mismo lugar, con varias capas de polvo pero seguía ahí.

El lugar no era grande. Sólo tenía dos recamaras y una enorme estancia ocupada por un sillón para dos personas, y otro individual. A su lado estaba un pequeño comedor cuadrado de madera, solo con tres sillas a su alrededor a juego y una de las que se plegaban en la playa. La cocina a su lado solo tenía un refrigerador, una alacena y una estufa. ¿Baño? Podías escoger: Pino o abeto.

La cabaña de verano de mi madre estaba a dos horas y media de la ciudad, en una reserva ecológica que a veces era usada por los campistas. En su momento, esta cabaña fue una especie de central para guardabosques que mis abuelos rentaban. Estaba en medio de la nada, se podría decir. Y más importante, deshabitada desde que mi madre había muerto.

Solíamos venir aquí dos fines de semana por mes cuando era pequeño. Y lo sorprendente es que recordara todo lo que había hecho una vez ahí.

–Hay dos cuartos y tres camas, hum– le dije a Kisame indicándole la habitación más grande y volví a cargar parte del peso de Tobi –Deja ahí a Itachi.

Kisame asintió y camino con Itachi en brazos hasta el cuarto y lo dejó sobre la cama. Sasori me ayudo a llevar a Tobi hasta la otra habitación. Lo dejamos ahí sobre la cama e inmediatamente salí a ver a Itachi. Sasori me siguió de cerca.

–Parece que este lugar está bien– comentó Kisame sin mirarnos a nosotros entrar al cuarto, este había sido, la habitación de mis padres. Tenía una cama matrimonial, un ropero y un tocador donde descansaban todavía algunos de los perfumes y maquillajes de mi madre –¿Cómo lo conocías tú? Esta en medio de la nada.

Me acerqué al tocador y tome un perfume, lo destape y olí el aroma a rosas que desprendía. Imaginar aquí a mi madre, pintándose los labios con tanto cuidado, mientras yo la miraba absorto en sus movimientos delicados y llenos de gracia.

–Era una especie de casa de verano para mi familia, hum.

–Muy bonita– comentó Sasori y giré a verlo. Asentí y él se giro a ver a Kisame, la sonrisa que había formado segundos antes se desapareció al posar su mirada en Kisame –¿No estará mal que le hayamos traído aquí?

Hasta ese momento, note que la mirada de Kisame se había perdido en la figura de Itachi. Verlo así me produjo un terrible dolor en el pecho.

Maldito Madara hijo de la…

–No creo– dijo Kisame –Yo puedo seguirle atendiendo. Le he quitado la bala, lo demás es simplemente asegurarse de que la herida deje de sangrar y que no se abran los puntos que le he puesto.

Sasori frunció el ceño.

–Ahora que puedo…– susurro Kisame, con una sonrisa incómoda –Podría arreglarte los dedos…

Sasori se miro la mano y bufó algo.

–A menos que quieras quedarte con ellos así– dijo Kisame sonriente ante la cara de frustración de Sasori.

0*0*0

Sasori volvió a soltar una sarta de cuanta palabra obscena se le venía en mente. En cuanto lo hizo, mi corazón se encogió por la tristeza y la preocupación. Sasori había accedido a que Kisame le curara los dedos, y con este tercer grito no pude evitar sentir un poco de alivio porque al fin habrían terminado de enderezárselos.

Itachi gimió y gire a verlo, un poco preocupado. Yo no había querido presenciar la curación, así que me había quedado a cuidar a Itachi. Con un poco de lentitud, acerque mi mano a la suya y le acaricie el dorso de los dedos con los míos. Poco a poco, con una lentitud torturante, Itachi al fin abrió los ojos, y los entornó en mí. Trate de darle mi mejor sonrisa.

–Dei…– susurro Itachi mientras apretaba con un poco más de fuerza mi mano –Estás bien…

Asentí.

–Sí que si, hum– conteste, pretendiendo sonar optimista y alegre –Ha sido toda una historia la que te perdiste, ¿eh?

Itachi forzó una sonrisa exhausta.

–Idiota…– susurro –Lo lograste, ¿verdad? Sasuke y Sasori… ¿están bien?

Me mordí el labio inferior con fuerza.

–Sasori está bien…– conteste con timidez y ante la sarta de groserías que soltó en ese momento y que hizo a Itachi fruncir levemente el ceño agregué –Relativamente bien, hum.

–¿Sasuke?

–Eh… No… yo… esperaremos a que regrese de su campamento para salvarle, hum.

Las palabras de Sasori resonaron en mi cabeza con fuerza: ¿Y luego qué? ¿Huir para siempre?

¿Cuál era el plan?

Itachi pareció alterarse un poco. Y de fuerzas sacadas de no sé donde, me soltó de la mano e hizo a un lado las sábanas. Me sonroje de inmediato. Kisame había dicho que sería más fácil seguir curándole a Itachi la herida si él no tuviera la camisa, así que todo su torso estaba descubierto.

Retire la mirada inmediatamente, de pronto hacía mucho calor.

–Ni siquiera se te vaya a ocurrir ponerte de pie o abrirás los puntos, hum– le dije sin exigencia, con la voz ronca –Sasuke estará bien, y a nosotros no nos ayudará que tú te desangres.

Itachi no parecía que fuera a hacerme caso y se impulso (por encima del dolor que debió producirle) para sentarse en la cama. Un poco enojado, y tratando de no olvidar porqué toqué su pecho: empujarlo nuevamente a la cama y recostarle encima de ella, me olvide de la vergüenza y lo hice, con una maldición de por medio.

–Me subiré encima de ti si no te quedas quieto, y sabes que lo haría, hum– le amenace al ver sus ojos prendidos de furia.

–Me prometiste que…

–Sí. Y lo voy a cumplir, hum– me adelanté –Es solo que no podemos hacer mucho si Sasuke no está en la casa y Madara sigue vivo, ¿no?

–¿Sigue vivo?– preguntó Itachi, al parecer esperaba que lo matáramos –Bien. Mejor para mí, quiero ser yo quien le dispare y le vuele los sesos como si se tratara de una sandia…

Parpadee rápidamente. Nunca había escuchado a Itachi hablar así, en su voz se veía el odio que le tenía a Madara, y no podía culparlo. ¡Le había disparado! ¡Y a sus padres! ¡Y quería hacer lo mismo con Sasuke!

–Sí, tú lo harás– le dije para calmarlo –Pero ahora no. Necesitas curarte y…

Y entonces me di cuenta de que Itachi me miraba sorprendido. Me di cuenta de que mi voz se había quebrado y que estaba llorando. Aquella vez que lo había visto tan mal que se me salía el corazón por la garganta, y ahora, Itachi parecía que recuperaba su personalidad. A pesar de que su respiración aún era un silbido cada vez que su pecho subía y bajaba… mientras yo apoyaba ambas manos en él e inspeccionaba las vendas manchadas levemente de sangre.

Miré a Itachi a los ojos. Tenía todavía el cabellos echó una maraña. Casi me lanzó una carcajada, el cabello de Itachi siempre había sido perfecto. Sus ojos siempre demostraban frialdad, desinterés, y muy pocas veces compasión y alegría… muy pocas personas lo habían visto mirar a otra persona con cariño, y mientras sus ojos me observaban con amor, sentí que mis labios temblaban.

–¡Itachi!– grité de repente y lo abracé. Sollozaba y sabía que era ridículo lo que estaba haciendo, pero sin que me importara seguí estrechándolo contra mí. Feliz de que siguiera aquí y estuviera recuperando parte de sí mismo –¡Estás bien!

Itachi no respondió de ninguna manera por varios segundos, pero después sentí que me abrazaba levemente.

No sé por qué es que de repente me había venido esa sensación tan agobiadora, o por qué no la había mostrado antes. Pero ahora que lo estaba haciendo, pensé que quizá se debía a que hasta este momento había entrado en mi cabeza que había podido perderlo.

La puerta de la habitación se abrió y de ella entraron Kisame y Sasori, con expresiones asustadas. No solté a Itachi en otros segundos más y cuando me separe de él, me gire a ver a Sasori y Kisame, con las lágrimas todavía corriendo por las mejillas.

Kisame sonreía, aliviado. Y Sasori… su rostro era una mueca seria que por un momento logro tensarme todo el cuerpo. Luego sonrió un poco y me hizo un gesto con la cabeza, indicando que se alegraba de que Itachi estuviera bien.

–¡Itachi san!– gritó Kisame mientras veía a Itachi sentarse con un molesto gruñido –Me alegra que parezcas más aliviado…

Itachi le dirigió una mirada ponzoñosa, pero a Kisame no se le borró la sonrisa del rostro.

Me limpié con el dorso de la mano las lágrimas.

–¡AHHHHH!– grito alguien más y todos giramos la vista hacia la puerta –¡ME HAN SECUESTRADO, KAMI SAMMA, ME HAN SECUESTRADO!

Tobi corrió hasta la sala.

–¡Tobi!– grité, y entonces, Tobi se giro a vernos.

–¿Deidara sempai?– preguntó curioso –¿Qué hace usted aquí? ¿Itachi san? ¿Dónde estamos?

Noté como una sombra cubría el rostro de Sasori, Kisame e Itachi.

–Es… es una larga historia, Tobi, hum.

0*0*0

Me recosté en la cama donde antes había estado Tobi recostado. Él todavía gritaba y no paraba de decir cosas extrañas sobre su padre. A mí, con toda esta emoción había logrado hacer que me doliera la cabeza. Mis ojos estaban a punto de cerrarse a causa del cansancio.

De repente, la puerta sonó. Miré hacia ella, levantándome sobre los codos.

–¿Quién?– pregunté cansado.

–¿Puedo pasar?– pregunto Sasori al otro lado. Inmediatamente me senté en la cama y me alise los cabellos con la mano, para no dar apariencia de fachoso –¿Deidara?

–Pasa, hum– le dije mientras me acomodaba en flor de loto sobre la cama y me tallaba los ojos, para desperezarlos un poco. La puerta crujió un poco bajo el peso de Sasori.

–Buenas noches– dijo mientras metía su cuerpo al cuarto –¿Cómo estás?

–Bien– le conteste sonriendo –¿Y tú? ¿Cómo está tu mano, hum?

Sasori le echó un vistazo rápido, como si quisiera comprobar que sus dedos estaban ahora bien alineados.

–Bien. Ya solo me rechinan un poquito.

–Kisame debe hacerlo bien, hum. Eso de arreglar dedos rotos– agregué, por si había llegado a sonarle mal.

–Sí– admitió él –Pero mientras los arregla es un…

–Jeje. Sí, escuche lo que dijiste, hum.

Sasori se sonrojó, avergonzado.

–Lo siento– dijo –Nunca hablo así…

–Es comprensible, hum– le dije con un tono amargo en la voz. –Pero ya no debe tener importancia… al menos ahora no. ¿Te sientas aquí un rato, hum?

Sasori se encogió de hombros y se fue a sentar a mi lado, recostándose sobre la cama y suspirando cansado. Cerró los ojos.

Los primeros rayos de sol ya cruzaban la ventana y me dejaban ver más que solo la silueta de Sasori, como la noche anterior, bajo la sombra de la camioneta. Me le quede mirando, absorto en mis pensamientos. Bajando la mirada unos segundos a su pecho, a verlo subir y bajar, imaginando cómo se vería él sin camiseta… ¿Sería tan musculoso como Itachi?, pensar en él me hizo sonrojar todavía más y agitar mi cabeza de un lado a otro, con los ojos cerrados, para despejar mi mente.

Cuando la detuve y abrí los ojos me encontré con que Sasori me miraba, con una sonrisa en los labios, apenas perceptible.

–Eh…– susurre mientras le veía con el ceño ligeramente fruncido y el corazón latiendo con fuerza –¿Qué pasa, Sasori, hum?

–Nada– dijo, luego de permanecer en silencio por varios segundos –Solo… pensaba.

–¿En qué?– pregunté mientras me acostaba a su lado, con mi cabeza rozando levemente su hombro, girando mi mirada hacia él, mientras Sasori hacia lo mismo –Si me puedes decir, hum.

Sasori levantó la mano lastimada, Kisame le había puesto unas tablas en los tres dedos, y con ella me acarició la mejilla, haciendo que por un momento todo dejara de existir.

–Pensaba en que eres muy bello.

Me sonroje todavía más.

–No digas tonterías, hum– le susurre avergonzado con un hilo de voz. Sasori rió con su melodiosa voz.

–No son tonterías– susurro, noté que esta vez había un tono un poco amargo en su voz –¿Sabes? Podría pasar todo el día admirándote.

–No. No lo sé, hum– me limite a contestar mientras una sonrisa se extendía en mis labios y mi mirada se cruzaba con la de él –Te oyes un poco incómodo… ¿Pasa algo?

Sasori torció la boca en un gesto molesto que duro una fracción de segundo, y luego, como si recordara que estaba a su lado esforzó una sonrisa.

–Quería darte las gracias– respondió –No sabes nada de mí y me fuiste a salvar. Arriesgaste todo por mí… incluso te peleaste con… Itachi– dijo como si por un segundo no hubiera recordado su nombre –Y estás aquí… Existes, eres real…

Me recargué en un codo y me levanté un poco, para poder mirarle todo el rostro. Ahora tenía banditas y su cara ya se apreciaba más limpia. Solo quedaba muy presente un corte en la mejilla, desde la sien hasta la comisura de los labios.

–Soy real, hum– susurre, mis cabellos caían sobre su rostro y Sasori me los apartó de la cara y me los sujeto tras la oreja. A mí me resulto raro no tener los cabellos frente al ojo izquierdo –¿por qué no lo sería?

–Bueno…– dijo él con lentitud –Nada de lo que he dicho es real… todo lo que recuerdo son cosas que no tienen nada que ver conmigo… como tu maestro… mi trabajo, mi edad. Mi nombre.

–Tienes un nombre…– susurre, recordando con un escalofrío lo que había pasado aquella vez que me entere de que Sasori era sospechoso de lo que le había pasado a El Viajero. –Te llamas Kaoru, o algo así, hum.

–¿Kaoru?– preguntó él, como probando a qué le sabía el nombre si él lo pronunciaba –¿Kaoru qué?

–Akasuna…

–Akasuna– repitió, no muy convencido –No recuerdo nada de eso…

–Quizá venga con el tiempo, hum.

Sasori se giro hacia mí, con una sonrisa amarga en el rostro.

–Mi memoria consta de cuatro meses.

Parpadee sorprendido.

–¿Qué cosa, hum?

Sasori giro la vista hacia el techo.

–Llevo cuatro meses viviendo en casa de Hatake Kakashi…

–¿Y desde ese entonces eres Sasori, hum?

Sasori enrojeció.

–No… – dijo con un hilo de voz –Me puse Sasori el primer día que hable contigo…

–Y…– susurre temeroso, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho –¿Por qué ese nombre, hum?

Sasori se encogió de hombros.

–Porque… si he sido yo el que te saco el veneno de escorpión aquella vez… y… bueno, Sasori significa escorpión.

Casi se para mi corazón, o tal vez sin el casi.

–Vaya…– dije sin aliento –Eso es… muy… muy…

–¿Ridículo?

–Romántico, hum– asegure con una tímida sonrisa –Muy romántico, aunque suene un poco ridículo, hum.

Sasori rió sin muchas ganas.

–Qué bueno– dijo y luego volvió a ponerse serio –No recuerdo nada, y no tengo muchas cosas a las que aferrarme… No. No creo que Kaoru sea mi nombre, ahora no lo siento.

–¿Entonces qué piensas hacer, hum?

–Creo que por ahora solo seré Sasori… si recuerdo algo… si logro hacer eso entonces podré volver a ser Kaoru… sino… prefiero empezar de nuevo.

Había cerrado otra vez los ojos, y yo lo mire con tristeza. Verlo así podía lograr que se te rompiera el corazón. De repente, se me ocurrió algo.

–Oye Sasori– le dije mientras me ponía de pie, él abrió los ojos y me miro –Sé de algo que te animará. Ven conmigo.

Estiré la mano hacia él. Sasori la miro inquisitivo, pero al final tomo mi mano y se puso de pie. Salimos del cuarto, e ignorando la discusión que mantenían Kisame e Itachi con Tobi, saqué a Sasori de la cabaña, directo a lo profundo del bosque, sin soltar su mano.

En ese momento pensaba que no la soltaría jamás.

=CAPÍTULO 9=

PARTE 2

ITACHI PO´V

Mientras sus manos rozaban mi piel sentí que el corazón me latía con fuerza. Sin importar cómo le mirara o cuánto tiempo pasara, no olvidaría que me había traicionado.

.

.

Por el rabillo del ojo vi como Sasori y Deidara salían tomados de la mano. Si bien eso era un poco molesto para mí, no mencione que se iban. ¿Qué podía ganar yo con eso? En lo que respectaba a robar el corazón de Deidara, ese enano pelirrojo me había ganado. Y yo no podría hacer nada con respecto a ello.

Apreté entre mis dedos las sábanas y mis dientes. Me dio la sensación de que quería volver el estomago, pero en realidad, yo no había probado bocado desde… ¿desde qué día?

–Pero no puede ser…– susurro Tobi, sentándose en el suelo mientras se cubría la cara con las manos, desde aquí podía verle sollozar –Mi padre…

Sentí que el estomago se me encogía. Era una sensación a la que ya había empezado a acostumbrarme después de tanto tiempo de sentirla en esta última semana.

Tanto había cambiado. Todo había cambiado. No se trataba solamente de que Deidara hubiese preferido a otro antes que a mí, se trataba de que había descubierto que mis padres habían muerto por la mano de mi tío, aquella persona a quién habría, a quién había confiado mi vida hasta apenas hace un par de días.

Lo odiaba.

Odiaba a Madara como jamás había odiado a nadie en mi vida. Era el ser más repugnante que había pisado la tierra… y Sasuke. Mi estúpido hermano menor y yo jamás sospechamos de él.

Pero… ¿qué lógica tenía mantenernos a ambos a su lado si al final quería matarnos? El tan solo querer pensar que podía haber tratado de querernos luego de lo que me hizo, me enfermaba.

Y ahora yo estaba aquí, oyendo a Tobi sollozar y a Kisame hablarle en voz compasiva. Mientras Sasori y Deidara se iban a quién sabe dónde, y mientras Sasuke podía regresar en cualquier momento a la casa, mientras yo apenas podía sentarme sin sentir tanto dolor en la herida que había causado la bala.

–Tranquilo. Nadie te puede culpar por no darte cuenta– dijo Kisame con voz seria –No pasa nada.

Lo mire con desdeño en los ojos. ¿Cómo podía decir eso? Bueno, a él no le habían tirado un piano en la cabeza, ¿verdad? Tobi apretaba sus rodillas contra su pecho, rodeándolas con los brazos y escondiendo la cara para poder llorar en paz. No parecía escuchar nada de lo que decía Kisame.

–No… ¡No puede ser que no me haya dado cuenta de nada! ¡Ni siquiera cuando golpeo a sempai en mi propia casa! ¡Soy un mal chico!

–No, no eres un mal chico…

–¿Quieres callarte de una vez?– le dije a Kisame y él se giro a verme, herido –Tobi, no tienes la culpa de nada, no seas idiota. Y tú, déjalo en paz. Aléjate de él, aléjate de todos nosotros.

Kisame, que estaba hincado mientras hablaba con Tobi, se puso de pie lentamente. Me miro serio, con un ligero gesto molesto.

–Estoy de su lado, Itachi san.

Lance un gruñido al ver con cuánta hipocresía me hablaba, como si no hubiera hecho nada y ahora se sintiera completamente herido.

–No parecías estar de nuestro lado cuando me disparó.

–Estuve de tu lado para curarte y traicionar a Madara.

Lo miré con más coraje todavía.

–Sabías lo que quería hacernos… y me traicionaste al no decirme nada.

Kisame rodo los ojos, poniéndolos en blanco.

–No creí que serías tan buena persona. Tipos como tú me los conozco, solo piensan en ellos mismo. Nunca se les ocurre pensar que quizá… haya algo más allá de un espejo. Y esa fue la primera impresión que me diste, incluso cuando golpeaste a Sasori. Porque no sabías nada, ¿verdad?

Me sonroje violentamente.

–¿Cómo dices? Yo no habría…

–Si, como no. Está muy claro, se te ve en los ojos y lo colorado que te estás poniendo. Solo piensas en ti.

–Tú no me conoces…

–Claro que te conozco. Eres igual a Madara.

Fue como si me hubieran propinado un golpe en el estomago, ahí, justo donde estaba la herida. Me le quede mirando, sorprendido. Kisame, que se erguía como pavorreal daba la sensación de que no se arrepentía de lo que había dicho.

Me daban ganas de salir corriendo de ahí, o de lanzarme a propinarle un golpe en su enorme nariz. Pero no solo era el dolor físico lo que me dolía, era aquella punzada en el corazón, dónde no podía dejar de repetirme que era igual a Madara, que siempre lo había sido, porque yo lo había admirado.

Apreté los puños con tanta fuerza que me lastime las palmas de las manos. Y esa sensación en la garganta, esa horrible sensación de ardor que te queda cuando tratas de no llorar, volvió a florecer desde el fondo de mí ser.

–Yo… Yo no soy igual a Madara… – susurre, con un hilo de voz –¡Estás completamente loco!, ¡Sal de aquí! ¡Quiero que te vayas!

Sin embargo, Kisame tan solo me miro con el ceño fruncido. Tobi, levantando la cabeza desde que había comenzado a gritar nos miro con una expresión de niño regañado.

–¿Te das cuenta de que yo también me he liado con Madara al ayudarlos a escapar?– me preguntó Kisame con una excesiva voz aguda.

–¡No me importa, carajo! ¡Quiero que te vayas, tú eres el igual a Madara!, ¡Un maldito mentiroso, hipócrita y bastardo!, ¡Te odio!

–Itachi san…– susurro Tobi mientras me miraba sorprendido.

Me quite las sábanas y tire las piernas sobre el frío piso, dispuesto a caminar y empujar a Kisame por la puerta, y cerrársela en las narices. Kisame se puso alerta primero, y después me miro como si me hubiera vuelto loco. Tobi se puso de pie torpemente.

–¿A qué esperas?– grité –¡Vete ya!

Me impulse para ponerme de pie, y entonces mis piernas flaquearon y di un traspiés hacia delante, antes de perder el equilibrio y caer hacia delante. Cerré los ojos en cuanto sentí el vértigo y vi como mi rostro se acercaba al piso. Ahogue en mi garganta una exclamación de sorpresa, pero antes de caer, unas manos grandes me sostuvieron de los hombros.

Mi frente chocó contra aquella persona, y luego de unos segundos abrí los ojos, estupefacto por no haber sentido el golpe. Kisame me miraba desde arriba, más con un gesto de preocupación que uno de molestia.

Mi respiración se agito en ese momento. Habría deseado tener las fuerzas suficientes para alejarme de él, pero mis rodillas se fueron doblando, y Kisame también se fue agachando conmigo, hasta que nuestras rodillas encontraron un lento camino al suelo.

Permanecí muy quieto, sintiendo la extraña corriente eléctrica que me transmitía mi cuerpo desde los brazos, donde me sujetaba Kisame con firmeza. Su respiración me cosquilleaba la cabeza.

Recuperé un poco de mi coraje y comencé a golpearle el pecho y el estomago con los puños, pero si bien él era resistente a éstos o yo no tenía nada de fuerza, porque tan solo resopló, más por sorpresa que de dolor.

–No soy igual a Madara…– susurraba entre jadeos mientras los golpes disminuían frecuencia y fuerza, mientras apretaba los ojos tan fuerte que creí que me quedaría ciego para siempre –¿Entiendes? ¡No soy igual a ese bastardo!

–¿Nos dejarías solos un momento, por favor, Tobi?– preguntó Kisame dirigiéndose a mi primo, del cual ya me había olvidado su existencia.

–No…– susurre –Tobi…

Sin embargo la puerta de la habitación se cerró en ese preciso instante, haciéndome a la idea de que había sido abandonado a la merced de aquellos brazos que ahora me rodeaban completamente. El calor que me dejaban sentir se me antojo algo que no era real, que no podía ser de este mundo. Y, antes de que pudiera darme cuenta, yo también me apretaba contra él, como si mi vida dependiera de ello.

–Lo sé– escuché que me dijo entonces –No eres igual a Madara. Lo siento. No quería decir eso…

–Me hiciste creer que eras mi amigo…

–Lo soy. Ahora lo soy.

¿Y cómo poder asegurarme de que eso era cierto? Yo, que no confiaba en nadie, ¿por qué tendría que volver a caer en este juego de mierda?

Siempre odié los sentimientos. Me gustaba imaginarlos y reírme de las personas que podían sentirlos. Sabía que nunca funcionaban, que solo servían para destruirte. La prueba de ello estaba en cada parte de mi vida.

En Madara. En Deidara. En Kisame.

Todos y cada uno de ellos habían ocupado un lugar en mi vida, se habían hecho una brecha ante la muralla que siempre levanté para protegerme, ¿Cómo? No lo sé, ¿y para qué? Solo me habían lastimado. Solo lo seguían haciendo.

Como si yo no pudiera tener suficiente de que mi corazón se resquebrajara con cada una de sus filosas palabras.

¡Estaba harto!

Quise gritar, pero o mis oídos no escucharon mi grito por aquel molesto zumbido o mi garganta solo había formulado un gemido lastimero.

–Ahora quiero ser tu amigo, de verdad– me susurro Kisame, aún abrazándome, y yo… yo, joder, que no lo soltaba. Había algo en este abrazo, había un calor enorme que me cubría desde el fondo del corazón, que pedía a gritos que no me moviera –¿Me dejarás serlo?

Sin soltarlo, negué con la cabeza, hundiendo más mi cara en su pecho. Olía a sudor y a jabón de limón. Era un aroma agradable. Lo respiraría siempre, de ser posible.

–No quiero…– susurre con la voz quebrada, ya comenzaba a dolerme el abdomen, donde me había pegado la bala, donde Kisame me había curado una y otra vez durante la noche –Déjame… en paz…

Kisame me soltó, pero yo no me aparté de él. Mi cuerpo, reacio a soltar aquel calor…

–¿Itachi?– me preguntó Kisame, poniendo sus manos en mi cabeza y aplicando un poco de fuerza para poder retirar mi rostro de su pecho. No quise levantar la mirada –Está bien entonces… Itachi san.

Negué con la cabeza, energéticamente. De pronto, sentí un terrible dolor en la herida y ahogue un grito. O quizá no.

–¡Itachi!– gritó Kisame mientras me miraba, escandalizado –¡Se han abierto los puntos!

Me mire la herida. Era cierto, ahora corría la sangre, caliente y con aquel olor a metal. Y no es que le tuviera miedo, pero en este momento me producía un terrible sabor amargo en la boca, como a bilis.

Tenía miedo de morirme. Ya había sentido más o menos lo que eso podía ser y le tenía miedo. Gemí por el dolor y trate de ponerme de pie. Levanté la mirada hacia Kisame, que me observaba entre asustado y paralizado. El regusto a sangre fue cada vez más fuerte hasta que por fin, chorreo de nuevo por mi boca.

Kisame parpadeo, confundido, y luego me soltó. Quise sujetarme con fuerza a su mano mientras salía corriendo y me dejaba ahí, cayendo lentamente al suelo.

–No…– susurre con la voz distorsionada por el gorgoteo de la sangre en mi boca –Kisa…me…

Tobi, que me miro tirado en el suelo corrió a conmigo.

–¡Itachi san!, ¡Itachi san!, ¿Está bien?

Me dieron ganas de meterle un golpe en la cabeza. Claro que no lo hice porque estaba demasiado adolorido y cualquier movimiento me producía una aguda punzada de dolor. Otra vez pensé que me iba a morir.

–¡Kisame san!– gritó Tobi, girando la cabeza por encima del hombro –¡Kisame san, ayuda!

¿Se habría ido? Quizá incluso él había hecho que los puntos se zafaran y me había dejado morir aquí. El escalofrío que eso me produjo no fue demasiado fuerte comparado con la punzada en el corazón. Molesta como una espina y dolorosa como si me la hubiesen clavado a modo de cuchillo.

Vi entonces a Kisame correr hacia el cuarto con una caja. ¿Se había traído los primeros auxilios desde aquel departamento de mala muerte? De haber tenido fuerzas me habría lanzado una carcajada limpia, de haber sabido que esto iba a volver a pasar, yo simplemente habría pedido morir la primera vez.

Dolía bastante, pero el hecho de ver la cara de Kisame, tan preocupada, como si realmente yo le fuera importante, bueno… quizá entonces mi opinión podría cambiar.

Kisame se tiro de rodillas a un lado de Tobi y de mí y abrió la caja.

De pronto me habría gustado decirle muchas cosas. Como que su cabello me recordaba el mar de noche, una enorme ola que se formaba en el agua, y que eso me gustaba. Sus ojos negros, también me causaban un poco de escalofríos, pero por el simple hecho de que me hacían sentir calor en todo el cuerpo.

–Quédate muy quieto– me ordeno Kisame mientras sacaba aguja e hilo –No tenemos anestesia así que puede que te duela.

¿Más de lo que ya me dolía? Me había gustado preguntar entonces.

Sí, no fue tanto el dolor, pero de todos modos me lo hizo más molesto.

Apreté los dientes y cerré los ojos con fuerza.

0*0*0

Cinco minutos después yo había sido capaz de ignorar la molestia. Ya con la herida semi cerrada, suspire casi de alivio, aún tirado en el suelo. Con Tobi a su lado, inspeccionando cada movimiento que hacía Kisame.

Me di cuenta entonces de que mientras sus manos rozaban mi piel, mi corazón latía con más fuerza. Me dije mientras le miraba, que no importaba de qué manera le mirara, o cuánto tiempo pasara, nunca podría perdonarle que me hubiera traicionado.

La concentración de Kisame mientras me cocía era extrema. Al fin, se acercó hasta mi torso y cuando sentí el roce de sus labios en mi piel cada vello de mi piel se erizo, y cada músculo se tensó. Tobi me miro con el ceño fruncido.

–Creo que eso le ha dolido, Kisame san– comentó Tobi, sonriendo tímidamente. Me sonroje, Kisame cortó el hilo con sus dientes y se enderezó, su expresión era de alivio –¿No le ha dolido, Itachi san?

Negué con la cabeza lentamente, con la mirada perdida en un punto fijo.

–Ahora hay que ponerle de pie. Ayúdame, por favor– dijo Kisame mientras se acercaba a mí y le hacia un gesto con la mano a Tobi. Él asintió y se acercó otra vez a mí para pasarme un brazo por debajo de las axilas y otra por detrás de la rodilla. Kisame hizo lo mismo, y entre los dos me cargaron y me llevaron nuevamente hasta la cama –Bien, ahora déjalo caer, lentamente.

Nada más sentir la cama me di cuenta de cuan incómodo y frío era el suelo de este lugar. Me cobijaron con las sábanas, y Kisame permaneció mirándome con un profundo alivio.

Tobi miro a Kisame.

–Sasori san y Deidara sempai ya no están aquí– dijo, Kisame, sin apartar su mirada de mí asintió.

–Deben de haber ido a buscar privacidad.

Sentí que el corazón se me encogía, y tuve que morderme la lengua para no decir otra gilipollez.

–Sin embargo– agregó Kisame –Me parece que es un poco peligroso que anden por ahí solos… iré a buscarlos.

Miré a Kisame apartarse de mí y saliendo por la puerta de la habitación. Abrí la boca para llamarle y para decirle algo, cualquier cosa, pero las palabras no me salieron y volví a cerrarla. Tobi, me miro y luego miro a Kisame.

–¡Espera Kisame san!– gritó Tobi corriendo a donde Kisame, él se giro –Creo que me irá bien respirar un poco de aire libre. Usted quédese con Itachi san, si algo le pasa no me gustaría ser yo el que está con él.

Me sonroje violentamente. Kisame me miro, inquisitivo.

–¡Bien! ¡Iré yo, entonces!– gritó Tobi y antes de que ninguno de los dos pudiera hacer algo, salió de la cabaña con paso alegre.

Bajé la mirada a mis manos, que descansaban en mi regazo. Kisame entró en la habitación. Me miro, como preguntando si podía pasar, yo fingí que no me daba cuenta de que me observaba.

–¿Itachi san?

–¿Mmm?

–¿No te duele?

Levanté la mirada y lo mire.

No importa cuánto tiempo pasará ni de qué manera le mirara, no podría olvidar que me había traicionado.

Le sonreí tímidamente.

–No. No me duele tanto, Kisame. Gracias.

TO BE CONTINUED.


Ita/Saso/Dei/Mary: Esperamos que les haya gustado. Hasta la próxima!