Gracias chicos por leer, a la gente linda que se toma el tiempo de dejarme un review. Me da mucho gusto tener un comentario de su parte. :D
La sala de espera
No era un día muy diferente a cualquier otro en que se atiende una cantidad exorbitante de emergencias hospitalarias. Faltaba poco para terminar su turno; un día de relativa normalidad para ella, exceptuando al pequeño niño incontrolable al que le había retirado el yeso muy temprano por la mañana y para el medio día ya había regresado con el brazo fracturado en el mismo sitio. Las palabras "guardar reposo" no parecen formar parte del vocabulario de los infantes. No sabía con quién estar más enojada, si con ella misma por no haber hecho suficientes recomendaciones al extremo de convertirse en una punzada en el trasero o con los padres inconscientes que le permitieron trepar a un árbol a su hijo en el primer día de retirar la férula.
Su teléfono móvil comenzó a vibrar insistentemente dentro del bolsillo de su bata blanca, la jornada laboral estaba a pocos minutos de finalizar para alivio de su agotada humanidad, aunque aún había un par de pendientes por concluir y que siempre terminaba por atender fuera de horario; completar un par de expedientes y dar una que otra indicación al personal. Miró la pantalla de su dispositivo y concedería su atención dependiendo de quién estuviera al otro lado de la línea, no estaba dispuesta a interrumpir sus tareas para escuchar a una molesta e insistente señorita explicando una lista interminable de beneficios al cambiar de compañía telefónica; era Kakashi.
Noticias de esa índole son el pan de cada día en una profesión como la suya, y para estas alturas Sakura ya debía estar más que acostumbrada para reaccionar de la forma más adecuada, con la cabeza fría y en absoluta calma. Desafortunadamente esa lógica es difícil de llevar a la práctica cuando se trata de nuestros seres queridos, lo descubrió al escuchar lo que él tenía que decir en aquella llamada. La sangre le bajó de un jalón hasta los talones al oír sus palabras. Estuvo a nada de arrojar un portapapeles atiborrado de notas y un par de expedientes en la recepción del hospital para marcharse de inmediato. Su sentido común le ajustó para ofrecer algunas explicaciones breves a un par de enfermeras con las que se encontró en el pasillo, corrió hacia su casillero para tomar sus pertenencias y partió del edificio.
No tuvo oportunidad para cambiarse la ropa, se dirigió hacia la calle y paró el primer taxi disponible, abordó como alma que lleva el diablo y apresuró al conductor a su destino.
El segundero del reloj colgado en la pared avanzaba cada vez más lento para tortura de Kakashi, quien se limitaba a contemplarlo en silencio, como si mantener la mirada fija en las manecillas sirviera para obligarlo a avanzar con mayor rapidez. Ironías de la vida, las horas vuelan cuando te diviertes y la estás pasando bien; pero cuando te encuentras en espera de algo importante esa velocidad desaparece para convertirse en un caracol viejo y enfermo. Kakashi permanecía en su lugar con la tranquilidad de una estatua de piedra, sentado sobre una silla plástica.
El sonido del chillido de unos pasos apresurados derrapando a través del pasillo lo sacó de su ensimismamiento –Sakura- al levantar el rostro pudo verla ahí, apurada de llegar a su encuentro lo antes posible, con la cara toda roja por el esfuerzo. –Kakashi- dijo con voz apagada, el aire le faltaba, tomó entonces una pausa inclinando su cuerpo hacia adelante para poner sus manos sobre sus propias rodillas, jalando el tan necesario oxígeno a sus pulmones.
Él colocó una mano sobre el hombro de Sakura –En verdad no tenías por qué venir ahora mismo- le dijo tranquilamente. Comprendía perfectamente que no pudiera acompañarlo en ese momento debido al trabajo y porque seguramente estaría agotada después de su turno, él solo había llamado para ponerla al tanto de la situación. Verla llegar así con tanta prisa, con evidente preocupación en su semblante, le sugería que tal vez Pakkun y él eran más importantes para ella de lo que imaginaba, existía la posibilidad de estar equivocado pero le reconfortó pensar así. Admitía que la presencia de Sakura junto a él le proporcionaba un enorme alivio y necesitaba eso por ahora.
-¿Cómo… cómo se encuentra?- preguntó ahogadamente, (definitivamente su condición física necesitaba mejorar, pensaría en eso después) pero por fin podía articular palabras.
No sabía cómo expresarse correctamente pero se limitó a repetir la misma información que el médico le había dado antes de ingresarlo- Van a tomarle un par de radiografías para ver dónde está la obstrucción y tomar una decisión sobre lo que procede, ahora mismo lo han estabilizado, en cuanto revisen las placas nos avisaran. No me han permitido pasar ni yo he querido hacerlo- tomó asiento y Sakura siguió su ejemplo.
-Todo estará bien Kakashi, es un perro fuerte y saludable eso cuenta mucho a la hora de cualquier intervención quirúrgica, estoy segura de que las posibilidades son muy buenas- Sakura no estaba del todo segura de lo que acababa de decir, aunque básicamente las bases de la medicina humana y la veterinaria son similares, si se equivocaba no sabría cómo mirar de nuevo a la cara al hombre sentado a su lado. Sus manos cobraron voluntad propia y buscaron con desesperación las de Kakashi enredando los dedos entre los suyos –Confía en mí, todo estará bien-e intentó sonreír, en el fondo ella también estaba perturbada y tenía miedo.
Él asintió -Gracias- y apretó sus manos.
Contuvo unos segundos la respiración y luego como una bola de pelos atascada en la garganta de un gato que lucha por salir, abrió la boca -Si tienes ganas de llorar, adelante puedes hacerlo no voy a juzgarte- su voz se achicaba cada vez más en una queja- es decir… sé que algunas personas podrían pensar "hey sólo se trata de un perro" no es para tanto- los ojos de Sakura de repente se tornaron cristalinos y mordía su labio con ansiedad- digo no es como si se tratara de un papá o una mamá o incluso de una tía lejana- para asombro de Kakashi una lucha interior pareció desatarse en el interior de la joven y él tenía asiento en primera fila-después de todo solo se trata de una bola de pelos, que babea tu cara, se come tu comida, duerme en tu cama, hace popó en tu jardín y…y… ¡y te recibe en casa como si fueras la persona más importante de todo el cochino mundo!.- sollozó.
Kakashi la miraba con los ojos cuadrados, ¿Cómo se supone que debía responder a eso? –Sakura… ¿te encuentras bien?- afianzó el agarre de sus manos. De pronto se sintió consternado y confundido.
-Sí, sí, ¡claro! ¿Por qué no habría de estarlo?- giró su cara para verlo, con los ojos repletos de lágrimas a un ápice de desbordarse, la nariz y las mejillas enrojecidas. Claramente había hecho un gran esfuerzo por mantener al margen sus emociones, para reprimir sus sentimientos… y falló garrafalmente.
-Ya veo.- Se acercó a ella y la estrechó contra su pecho rodeándola con los brazos. –Tranquila- comenzó a acariciar su cabello tiernamente deslizando sus dedos a través de las rosadas hebras de su corta melena.
Sakura resguardaba muy escondido dentro de ella un miedo secreto: el temor a la pérdida. Veía casi a diario buenas personas que perdían a los que amaban por diferentes razones; a veces por enfermedad, en otras ocasiones a causa de lamentables accidentes o imprudencias de terceros. Nunca terminaba de acostumbrarse a la expresión en sus caras al dar la trágica noticia. Nunca se volvía más sencillo.
Era una mujer muy fuerte, pero no era dura. Por mucho que se resistía, la empatía hacia las personas la rebasaba al final y no habiendo experimentado jamás nada parecido, temía que su lugar en la fila estuviera más próximo, que llegara su turno de perder. No tenía idea de cómo manejarlo, ignoraba como la gente soportaba y superaba el dolor. Se trataba de un perro, ¿no? ¿Era para tanto?, la respuesta era afirmativa. Pakkun había mitigado esa soledad que tanto había negado sentir. Con Pakkun y Kakashi en su vida, el lastre de la lejanía de su familia y amigos se desvanecía.
-Yo, lo lamento… enserio- restregó su rostro en la camisa de Kakashi limpiando lágrimas y mocos indistintamente, refugiada como animalito indefenso fundiéndose con sus ropas cuyo aroma resultaba extrañamente sosegador, para su suerte. –He perdido la cuenta de la cantidad de personas que veo constantemente perder a sus seres queridos y aunque imagino lo difícil que puede llegar a ser, nunca me había sentido tan cerca de esa sensación como ahora, es ridículo lo sé. Y sé que parezco una completa idiota llorando así por ese sacó de pulgas-. Estaba genuinamente preocupada porque algo saliera mal y la superaba el miedo irracional (aunque bien justificado) de que el animal muriera.
-Ya veo- la separó lentamente de él. –Sabes, cuando mamá murió y a los pocos años papá se quitó la vida- tragó saliva- Tomé la decisión de jamás tener o dejar entrar a mi vida a nada ni a nadie que eventualmente pudiera perder. Te confieso que cuando conocí a Pakkun estuve tentado a llevarlo a un albergue donde alguien más se hiciera cargo de él y pasar de largo de esa responsabilidad que implica el compromiso o involucrarte. Siempre fue más conveniente para mí no comenzar relaciones o establecer vínculos con alguien, aquello de formar lazos ¿comprendes? Era mucho más fácil simplemente no volver a exponerme al riesgo de la perdida, pero es una vida muy solitaria y ¿sabes qué? –con suavidad limpió las lágrimas que escurrían una tras otra recorriendo las mejillas de la chica, ella negó despacio con la cabeza.
-Luego te conocí… entendí que la felicidad no sirve de nada si no hay nadie con quien compartirla- le sonrió- Tengo a Pakkun y ahora estás aquí junto a mí, compartiendo esto también, no podría estar más agradecido de eso- la abrazó de nuevo con fuerza.
Sakura se sintió avergonzada, este hombre conocía mejor que cualquiera lo que significaba la perdida, se sintió tonta e infantil. Tal vez el estrés del día o las emociones contenidas durante demasiado tiempo vieron la oportunidad de escapar en ese instante, en verdad le importaba el perro o Kakashi, ya no estaba segura. -Perdóname, no tenía idea sobre lo de tus padres. Se supone que yo venía con el propósito de brindarte soporte a ti y mírame- se aferró a él.
-Estás aquí ¿Qué más apoyo puedo pedir?- le dijo al oído.
Esas palabras llenaron su corazón de consuelo y paz -Siento haber embarrado de mocos y baba tu camisa- quiso aguantar una risita.
Kakashi no pudo evitar reír- no te preocupes, la lavarás más tarde- en ese momento, el aire en la sala de espera se volvió más ligero y respirable.
El sonido de la puerta de uno de los consultorios cercanos abriéndose captó la atención de ambos, trayéndolos de regreso a la realidad -¿Dueños de Pakkun?- preguntó una joven mujer rubia, la cual vestía filipina hecha de tela estampada con dibujos de gatitos, que sostenía una pila de papeles.
-Nosotros-. Respondieron juntos.
-Verán, Pakkun presenta un cuerpo extraño alojado en su tracto gastrointestinal. Sé que suena grave pero no se inquieten, lo es cuando no es tratado a tiempo, en realidad es más común de lo que se imaginan. A menudo perros y gatos suelen tragar objetos. Se sorprenderían de la variedad de rarezas que hemos encontrado en algunos. La mala noticia es que habrá necesidad de operar-.
– ¿Hay una buena?- El rostro de ambos se tensó, e inconscientemente se tomaron de la mano.
-No hay perforación intestinal y eso es bastante bueno. Ya lo estamos preparando para la cirugía, si no hay complicaciones no tomará demasiado tiempo y podrán pasar a verlo, aunque estará sedado. Los veré más tarde- se despidió cordialmente dándoles la espalda, no parecía engañarlos al respecto su expresión tranquila les inspiró confianza, miraron como se retiraba por el pasillo de la sala de espera.
-Sakura…- la miró de reojo.
-¿sí?- contestó en un suspiro de alivio.
-¿Ya comiste algo?-No ganaban nada con estar ahí preocupados, después de todo solo les restaba confiar en que todo saldría bien. Las tristezas con el estómago lleno eran más llevaderas y además extrañaba verla, deseaba pasar tiempo con ella aunque ese no era el escenario que hubiera querido.
Sakura estaba más relajada, la charla tan íntima con Kakashi y la explicación de la veterinaria habían surtido su efecto -No, ¿y tú?-
-Tampoco, ven vayamos a cenar… yo invito- caminaron juntos en dirección a la salida tomados de la mano.
-Se ve linda cuando llora Dra. Haruno- murmuró.
-Oh cállate- le dio un codazo.
