Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, puesto que pertenecen a Hiro Mashima. Esta historia esta hecha sin fines lucrativos.
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10.- Tempestad.
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Happy suspiró, a la vez que refregaba una patita contra su ojo, de manera cansada. Natsu y él, junto algunos miembros de su gremio y de Sabertooth, se mantenían aún a la espera de que la anciana de melena rosada saliera de aquella habitación. Por quinta vez, contempló a Natsu dando vueltas frenéticamente por el pasillo. Y volvió a suspirar.
—Nee~ Natsu… —el aludido alzo la cabeza, inquieto, para mirarle—. Estarán bien, ya lo verás —murmuró.
Rogue chasqueó la boca fuertemente, a la vez que se ponía en pie de manera apresurada y abandonaba el pasillo, con un gatito enfundado en un trajecito de rana pisándole los talones. Gray levantó la vista para observar como el dragon slayer de la sombra abandonaba la estancia en actitud martirizada. Y cerró los ojos, preso del agotamiento tanto físico como mental.
Sting suspiró. —Déjadle —susurró, mientras juntaba sus manos en actitud pensativa—. Le resulta complicado.
Natsu inspiró profundamente, y recostó la espalda en la pared, dejándose deslizar hasta quedar sentado en el suelo de mármol, frío y gris. Advirtió como sus ropas aún continuaban mojadas, tras la marejada a la que habían estado expuestos. Recostó la cabeza hacia atrás. Lucy, Juvia, y el abuelo, estaban siendo examinados por la anciana con el aroma de Grandeeney, Porlyusica. Llevaba varias horas dentro, y aun no salía. Agarró su cabello entre sus dedos, de la desesperación. Advirtió como Mira sollozaba levemente contra el hombro de Laxus, y como Jellal mantenía una mano en el hombro de Erza, intentando reconfortarla, mientras que Gray mantenía la vista perdida en el techo.
Y cerró los ojos, aún con la inquietud retorciéndole en las venas, y con el cansancio haciéndole mella en el cuerpo. Cuando aquel impresionante muro de agua se había alzado frente a ellos, solo había atinado a contemplar a Lucy, quien se encontraba totalmente enfocada en la tarea de controlar el agua. ¡Por un demonio! ¡Lucy ni siquiera era usuaria de magia de agua! Ni de hielo, ni de nieve, ni de nada parecido, y sin embargo, había sido capaz de levantar y controlar aquella descomunal pared de aguacero, casi sin pestañear, y durante varios minutos que le habían parecido una eternidad. Torció la boca en un gesto atormentado, cuando recordó como ella se había desplomado, consumida, después de que el muro de agua empezara a caer precipitadamente, deshaciendo la pared.
Solo había alcanzado a sostenerla, antes de que su cuerpo se golpeara contra el suelo, como una muñeca sin vida.
—¡Santo cielo! —Mira tosió nuevamente, aún tirada en el suelo, e intentando respirar con normalidad— ¿¡Qué ha pasado!?
—Ella… —Jellal, aún sentado, miró con actitud incrédula a la usuaria de magia celestial, que seguía desvencijada entre los brazos de Natsu—, toda esa agua…
Erza se levantó en actitud imponente, tras toser agua con fuerza, y con el recogido del cabello totalmente deshecho. —¡Ese desgraciado! —miró frenética a su alrededor.
Los jardines y alrededores se encontraban totalmente destrozados e inundados, mostrando un paisaje desolador. Las paredes de la parte de la terraza del gremio amenazaban con venirse abajo, en caso de recibir simplemente un soplo de aire. Las enredaderas lucían totalmente descompuestas, mientras que el salón seguía medio inundado con el agua escurriendo por todos lados.
—¡Se ha ido! —graznó Laxus, furioso, intentando ponerse en pie tras sostenerse sobre una columna— ¡Ese mal nacido se ha marchado!
—¡Ahora mismo eso es de lo que menos debemos preocuparnos! —apuntó Gray, desquiciado— ¡Tenemos que salir de aquí! —proclamó con fuerza, mientras sostenía a duras penas el cuerpo de una inconsciente Juvia.
Makarov tosió débilmente, sosteniéndose contra su nieto. —Laxus… —susurró—, no hubiéramos podido... tenemos…
—¡Abuelo! —gritó, alcanzando a retenerle antes de que también cayera exhausto— ¡Joder! —rugió con impotencia— ¡Id a buscad ayuda!
—¡NATSU! ¡NATSUU~!
—¡Happy! —vociferó el dragon slayer de fuego, aún en pánico por la mujer que custodiaba en brazos— ¡AQUÍ!
El exceed apuró su magia aera al límite, para encontrarse con el dragon slayer. Cuando llegó, se dejó caer derrotado, haciendo un chapoteo contra el suelo. Al contemplar a la rubia, se llevó las patitas a la cabeza, y empezó a desvariar completamente descontrolado.
—¿¡Qué ha pasado?! —demandó, desbordado en lágrimas— ¡No te encontraba —gritó—, y entonces surgió esa sombra seguida de toda esa agua! ¡Charle y yo intentamos acceder desde el aire, pero esas paredes de agua se agitaban furiosas por todos lados! ¡No os encontraba! —repitió, desconsolado, al ver el cuerpo rendido de la rubia— ¡Lucy! —se agachó y zarandeó con sus patitas uno de los brazos— ¡Vamos, Lucy!
Jellal se acercó raudo, y con esfuerzo, a donde se encontraba el gatito azul. —Tranquilo, se pondrá bien, ya lo veras. Necesitamos que traigas ayuda, Happy, la necesitamos ahora.
Happy se escurrió las lágrimas en un parpadeo, y asintió decididamente. Miró brevemente a Natsu, quien lucía ensimismado.
El exceed salió disparado, mientras que Natsu solo era capaz de enfocar a la usuaria de magia celestial. En ese momento, no era capaz de ver, oír, o sentir nada más que a ella. Seguía observando el cuerpo desmadejado que sostenía. ¿Este era su castigo? ¿No poder proteger a los que amaba? ¿A ella? ¿Él; que se había prometido de que jamás dejaría que nada ni nadie la hiciese daño?
"Es culpa tuya. No puedes protegerla."
—Pero que… —la voz de Jellal se perdió en un susurro asombrado, que hizo que Natsu volviese a la realidad, recién salido de sus pensamientos.
En un parpadeo, contempló como Jellal mantenía atónito la vista sobre el cuerpo que resguardaba, y bajó la mirada, asustado, mientras que Laxus, Mira, Erza y Gray, aguantaban la respiración, inquietos ante el tono incrédulo del mosquetero.
Y contuvo un jadeo brusco, al advertir como sobre las clavículas de Lucy, se mostraba, brillante e imponente, el tatuaje de acuario.
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Lucy suspiró con impotencia, ante la mirada intensa que le dirigían las otras tres personas que también se encontraban en la misma habitación. Gruñó, empezando a perder la paciencia, mientras que llevaba una mano hacia su rostro, de manera exasperada.
—Ya os lo he dicho —apuntó en un refunfuño—, no recuerdo haber controlado jamás magia de agua. Ni de lluvia, ni siquiera de un mísero charco —enunció de manera precipitada—. Solo sé, que en aquel momento, podía controlarla.
Makarov suspiró profundamente, mientras se cruzaba de brazos. —Busco comprenderlo mejor —apuntó suavemente—. Como bien dices, nunca has sido usuaria de este tipo de magia. Sin embargo, esta noche has sido capaz de controlar un elemento tan volátil como lo es el agua. Algo tiene que haber pasado, para que un tipo de habilidad como esa, haya despertado de la nada —Juvia asintió, en acuerdo con el anciano—. Tengo muy presente lo que ha ocurrido hoy, y lo que ocurrió con Yukino Aguria —Lucy dio un respingo ante el amargor del recuerdo—, y sinceramente, escapa fuera de mi comprensión.
Lucy cerró los ojos, de manera intranquila. —Sé que estaba en los jardines —murmuró en voz suave—. También recuerdo la conversación que mantuve con Rogue. Tenía intenciones de volver al salón de baile. Pero entonces, él apareció —su boca se frunció en un gesto tenso—. Estaba allí, plantado, como si nada. Como si justo hubiese llegado de dar un apacible paseo. Y entonces —su mano se dirigió instintivamente a su cuello, protegiéndolo—, todo se torna difuso.
Los otros tres ocupantes se mantuvieron en silencio durante unos segundos, aún turbados por la línea de acontecimientos. La anciana se levantó de la silla en un gesto cansado, y se acercó a la rubia, para posar una mano en su hombro, en actitud reconfortante.
—Sea lo que sea, lo que tenga que llegar, vendrá. Es una pérdida de tiempo intentar desentrañar las cosas antes de lo previsto. Algunos acontecimientos se terminan esclareciendo por sí solos, por lo que ten paciencia. En cuanto a vosotros —se dio la vuelta para mirar con enojo a Juvia y al anciano maestro—, deberíais ser conscientes de vuestros propios límites —apuntó con dureza—. Ya hemos tenido suficientes sobresaltos por una noche, así que no me hagáis perder el tiempo a causa de vuestra insensatez.
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Levy se dejó caer finalmente sobre uno de los asientos, de cualquier manera. Cuando había visto a sus compañeros, cargando con otros, inconscientes, no había podido retener las lágrimas durante más tiempo, a causa de la tensión que había contenido. Habían acudido raudos a la enfermería del propio gremio de Sabertooth, y en poco tiempo Porlyusica había hecho acto de presencia, entrando al cuarto en actitud silenciosa, tras las breves explicaciones recibidas por parte de Sting Eucliffe y de Laxus.
No llevaba ni tres minutos sentada, cuando la endemoniada puerta de la habitación se abrió, dando paso a una silenciosa Porlyusica. Se levantó de un brinco, provocando que Gajeel y Lily suspiraran con cansancio, y se acercó a la mujer en un parpadeo.
—¿Como están? ¿Están bien? ¿Están despiertos?
La mujer parpadeo incrédula, ante el aluvión de preguntas, mientras advertía como los demás miembros aguardaban por su respuesta en actitud tensa.
La mujer sonrío con amabilidad, y cabeceó suavemente. —Los tres se encuentran bien, joven McGarden, podéis estar tranquilos —afirmó mirando a los demás.
El alivio no se hizo esperar. Happy se relajó y deslizó completamente sobre el asiento, consiguiendo casi caerse, mientras que Mira se abrazaba a Laxus, totalmente aliviada. Erza y Gray sonrieron con alegría, mientras que Wendy se abrazaba del cuello al joven Romeo, casi asfixiándolo. Charle y Lily suspiraron relajados, mientras que Jellal esbozó una sonrisa casi imperceptible. Sting se llevó una mano al rostro, para soltar una gran bocanada de aire que había contenido hasta el momento.
Gray advirtió como Natsu se levantaba en actitud silenciosa, para pasar al lado de la mujer y perderse dentro de la habitación. Y no pudo evitar sonreír aliviado. Por un momento, había temido por la cordura del dragon slayer de fuego. Y es que, aunque jamás lo reconociese en voz alta, ni en sus peores pesadillas hubiese querido contemplar a un Natsu totalmente desquiciado e incontrolable.
La mujer se dirigió al nieto de Makarov. —Ya sabes que tu abuelo necesita reposo. Las emociones fuertes, no son precisamente lo que necesita. Sé que lo de esta noche ha sido a causa de este… —titubeó—, acontecimiento inesperado, pero necesita descansar y tomarse las cosas con calma de ahora en adelante. En cuanto a usted, joven Fullbuster —miró a Gray con firmeza—, asegúrese de que la joven Loxar descanse. Ha forzado su magia al límite, por lo que estará más cansada de lo habitual durante los siguientes días. Es un proceso completamente normal después de haberse extralimitado como lo ha hecho, pero nunca está de menos prevenir.
Gray asintió con firmeza. —No se preocupe —aseguró—, me encargaré de ello.
La mujer asintió en conformidad, y advirtió como Levy McGarden seguía contemplándola, dubitativa.
—¿Y Lucy? —consultó la jovencita de pelo azul, con la voz contenida.
La mujer suspiró profundamente, y se tomó unos segundos antes de hablar. —La joven Heartfilia también se encuentra bien, joven McGarden, aunque también necesitará mucho descanso. Su cuerpo y su magia parecen haber sido forzados a un estrés excesivo, por lo que en unos días volveré a revisarla. No obstante, y si no es mucha molestia —clavó la mirada en Sting—, me gustaría hablar con el joven Cheney.
Gajeel pestañeó de la impresión, e intercambió con Lily una mirada confusa. —¿Con Ryos?
Porlyusica suspiró, irritada, y se volteó de manera imponente hacia el dragon slayer de hierro. —Eso he dicho, joven Redfox, no me gusta repetirme.
Gajeel frunció el ceño, también irritado, y se contuvo de soltarle a la vieja un improperio, tras recibir una mirada de advertencia por parte de la usuaria de magia de escritura.
Sting se levantó, decidido. —Por supuesto. Acompáñeme —extendió un brazo—, creo saber dónde está.
Porlyusica asintió, con el rostro esculpido en piedra, y se dirigió a los demás. —Sería recomendable que los tres pasaran la noche aquí. En caso de que necesitéis, no dudéis en avisarme. Ahora, si me disculpáis, con permiso.
Sting echo a andar, seguido por la anciana, hasta desaparecer por una de las puertas del corredor.
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Lucy aguantó la respiración, al ver a Natsu con la vista completamente enfocada hacia ella. Apretó con fuerza las sábanas, y tragó en seco. Juvia y Makarov se mantuvieron en silencio, tensos e inquietos, y con la mirada sobre ambos.
—¿Cómo te encuentras?
La rubia pegó un respingo, ante el tono raspado de la voz del dragon slayer de fuego. Frunció el entrecejo, al notar que Natsu había desviado la mirada hacia la pared, justo cuando ella le había devuelto la mirada.
—Bien. Menudo lío se ha formado, ¿verdad? —sonrió, intentando aligerar el ambiente cortante en el que se encontraban sumidos.
Pero la curvatura de la sonrisa decayó, al ver que él seguía empecinado en contemplar aquella estúpida pared de color blanquecino.
—Nat…
—¿Dónde está?
Lucy ahogó un jadeo, al ver que Natsu se había posicionado en dos zancadas justo al frente de ella, en actitud imponente, y apretó con más fuerzas las sabanas. Los otros dos miembros recostados, pegaron un respingo ante el tono brusco del muchacho.
La usuaria de magia celestial tragó nuevamente en seco. —¿Dónde está el qué? —cuestionó en un murmullo.
Natsu se paso una mano por el pelo, desquiciado, e hizo un ademán brusco con el brazo, provocando que Lucy pegara un respingo de la impresión.
—¡El tatuaje! —demandó.
Lucy intentó articular palabra, pero no pudo. Juvia y Makarov contemplaban la escena, estupefactos, y dirigieron la vista hacia la rubia, confusos. Happy, junto a Levy, se quedaron en el umbral de la puerta, temerosos de entrar en la habitación.
—¿El tatuaje? ¿Qué tatua… —intentó susurrar.
Natsu se inclinó más sobre ella, para clavarle la mirada. —El tatuaje de Acuario. Tenías el mismo símbolo tribal sobre las clavículas.
Lucy dejó escapar un jadeo, atónita. ¿¡El tatuaje de Acuario!? No. No podía ser. ¡Eso no era posible! ¡Se vio forzada a romper la llave hacía un par de años! ¡No había contrato! ¡NADIE HABÍA DICHO NADA DE ESO!
—¡No puede ser! —chilló— Ya no hay llave, ¿recuerdas? —inquirió, con voz dolida— ¡No he podido llamar a Acuario! ¡No es posible! ¡Ha debido ser otra cosa! —protestó, afligida.
Makarov continuó observando la interacción, petrificado. —¿El tatuaje de Acuario? —repitió, incrédulo.
—Dice la verdad. Lo he visto.
Lucy y los demás, giraron la cabeza bruscamente, para admirar como Jellal había accedido a la estancia de manera sigilosa. La rubia se levantó, indignada, provocando protestas por parte de Juvia, Happy y Levy, los cuales exigían que se recostara nuevamente.
—Os repito que no hay contrato —masculló, iracunda—. Rompí la llave, por lo que ya no se puede hacer uno nuevo, ni repararla. Él me lo dijo. Y si no hay contrato, no hay puerta, y si no hay puerta, no hay espíritu celestial al que convocar.
—Yo tengo una teoría al respecto.
Lucy giró la cabeza, incrédula, para contemplar al espíritu celestial del león, reposado contra la pared, y cruzado de brazos en actitud contenida.
—Loke —susurró Levy.
—Has forzado la puerta.
Un silencio sepulcral se hizo en la habitación, únicamente roto por la respiración agitada que comenzaba a tener la usuaria de magia celestial. El espíritu del león se acercó, asustado, provocando que Lucy se apartara hacia atrás, de manera esquiva.
—¡No se puede forzar una puerta, Loke! —gritó, agitada.
—¡YA LO SÉ! —bramó— ¡Ya sé que no se puede forzar una puerta, y que te viste presionada a romper la llave de Acuario —apuntó, dolido—, pero es la única explicación que se me ocurre!
Natsu resopló con ira, y clavó la vista en el espíritu del signo del león. —Ha sido capaz de controlar una pared de aguacero, de unas dimensiones que ni puedes hacerte una idea —masculló.
Loke giró bruscamente el cuello, para posar la vista nuevamente en su contratista, con el rostro esculpido en tensión. —¿Has sido capaz de controlar el elemento agua? —inquirió, estupefacto.
Happy se adentró en la habitación, temeroso por el rumbo que estaba tomando la conversación. —Chicos… —comenzó, preocupado, ante la imagen frágil de Lucy—, no creo que este sea el momento más adecua…
—¿Cuándo pretendías decirlo? —apuntó Loke, descontrolado.
Lucy se llevó una mano a la cabeza, dolida, y cerró los ojos con fuerza. Empezaba a notar como las rodillas no sostendrían su peso por mucho tiempo. —No he podido llamarla —susurró, desconsolada.
—Lucy —murmuró Levy, preocupada.
Loke empezó a dar vueltas por la habitación, perturbado. —No tengo ni idea de que demonios está pasando aquí, pero pienso sacárselo al Rey Espíritu a puñetazos de ser necesario —apuntó, furioso—. Ahora entiendo porqué se forzó el cierre de mi puerta —volvió a mirar a Lucy, alterado—. ¡Casi te matas! —demandó.
—Loke —advirtió Makarov con fuerza, tras contemplar como Lucy se llevaba una mano al rostro, desesperada.
—¡No puedo creer que hicieras semejante insensatez! —exclamó, quitándose las gafas de manera hastiada— ¿¡TIENES IDEA DE LO QUE PODRÍA HABER PASADO!?
—¡YA BASTA! —vociferó Lucy.
La habitación volvió a sumirse en un silencio sepulcral, mientras que Gray, Erza, y los demás, se acercaban al umbral de la puerta, asustados por los gritos del interior de la habitación.
La rubia empezó a respirar de manera agitada otra vez, justo como si hubiese corrido una maratón, y se puso al frente de Loke en una zancada, para mirarlo con pura furia. —Ya basta —repitió—. He tenido suficiente —masticó las palabras, como si le dieran dolor en la boca—. Si realmente fui capaz de convocar a Acuario, te aseguro que es lo único que me ha mantenido con vida esta noche. ¿Te crees que conscientemente la hubiera llamado? ¡Te recuerdo, que conozco las reglas! ¡Y te aseguro que jamás hubiese creído que podría forzarse una puerta! —miró a Natsu, también con ira—. Pensad lo que queráis —puntualizó, cabreada al extremo—. En estos momentos, me trae sin cuidado.
Y desoyendo los reclamos de Levy y de Juvia, salió de la habitación como una ventolera, arrasando con todo a su paso.
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—¡MOCOSOS INCONSCIENTES! —vociferó Makarov, por cuarta vez.
Happy volvió a suspirar, con desánimo. Juvia cerró los ojos, apesadumbrada, mientras Laxus se cruzaba de brazos, enfadado.
—¡Menuda escena! —gritó, colérico— ¡INDIGNANTE! ¿¡De verdad me vais a hacer recordaros, que somos una familia!? ¡Todos hemos pasado una noche dura! ¡Y no podemos ir avasallando y pagando con los demás nuestras frustraciones, o nuestros miedos! ¡Eso es precisamente lo que él busca! ¡Desea la desesperación para todos nosotros! ¡Y se lo hemos servido en bandeja de plata! —se llevó una mano al brazo, en un gesto dolorido.
—Maestro… —advirtió Erza—, por favor, debe calmarse —solicitó en tono neutro.
Makarov suspiró profundamente, para asentir con la cabeza, otorgándole la razón a la pelirroja. Volvió a mirarlos, y frunció el entrecejo. —¡MOCOSOS INCONSCIENTES! –berreó de nuevo, furioso.
Mira suspiró, empezando a perder la poca paciencia que había obtenido tras saber que se encontraban bien. —Maestro… —susurró con tono de advertencia la joven de melena blanca, con voz tenebrosa.
Makarov y Laxus pegaron un respingo, y el primero se puso a tiritar cómicamente. —¿Si, querida Mira?
La adorable camarera volvió a suspirar en tono cansado, y se dirigió a los demás. —Ha sido una noche muy larga. Y todos necesitamos descansar. Jellal —el aludido alzó la cabeza, sorprendido—, eres más que bien recibido, por lo que puedes disponer de cualquiera de las habitaciones del gremio.
Jellal empezó a negar con la cabeza rápidamente, atribulado. —No, no es necesario.
—Jellal… —susurró la joven de nuevo, en tono amenazante.
El chico del tatuaje rojizo tragó en seco, a la vez que notaba como empezaba a transpirar de manera nerviosa. —D-De acuerdo —realizó una reverencia en signo de agradecimiento, y Wendy soltó una risilla—, se lo agradezco.
Mira sonrió con felicidad, provocando que Laxus rodara los ojos. —Bien. Dicho esto —se giró para mirar directamente al dragon slayer de fuego—, creo que ¿Natsu?
Happy suspiró otra vez sin poder evitarlo, y miró el hueco vacío a su lado. Natsu se había escabullido en cuanto había podido. Se llevó una patita al rostro, de manera cansada. Intuía a donde se había dirigido. Era capaz de jugarse sus bigotes, y por algún motivo, algo le decía que no terminaría bien.
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—Sé que mi presencia no le resulta alentadora, joven Cheney, por lo que no pretendo alargar demasiado mi visita.
Rogue se dio la vuelta, sorprendido tras reconocer a la dueña de la voz, parada tras él junto al dragon slayer blanco.
—¿Se encuen…
Porlyusica alzó una mano, deteniendo en seco la pregunta. —Se encuentran bien, no se preocupe.
El dragon slayer de la sombra suspiró profundamente, con alivio, y advirtió como Frosch esbozaba una sonrisa de júbilo y se abrazaba a su pierna, de manera alegre.
—En cualquier caso —continuó ella—, no he venido por eso. Joven Eucliffe —se giró para clavar la vista en el rubio—, le pediría, por favor, que nos dejara a solas.
—Claro.
Rogue alzó la barbilla, decidido. —No.
Sting y Frosch pararon en seco ante el tono del chico, y se quedaron paralizados donde estaban, provocando que la anciana frunciera el ceño.
—Da igual si se quedan o no. Lo que sea que tenga que decirme, lo sabrán de su boca, o de la mía, pero al final, terminaran sabiéndolo. Así que le agradecería que vayamos directamente al grano.
La anciana suspiró, y se tomó unos segundos antes de comenzar. —Vengo a hablarle de la joven Heartfilia.
—¿De Lucy-san? —cuestonó, preocupado.
La mujer asintió. —He decidido otorgarle a usted esta información. Lo que desee hacer con ella, será decisión suya —anunció con determinación.
Rogue apretó los puños, impotente. —¿Por qué a mí? —demandó.
Ella sonrió con un gesto triste. —¿Sinceramente? En estos momentos no confío en la capacidad receptiva del joven Dragneel. Además, creo que por una noche, han tenido más que suficiente. Así mismo, y debido a… —buscó la palabra adecuada— las circunstancias pasadas, considero que es lo justo.
Sting cogió en brazos a Frosch, a la vez que advertía como Rogue contenía casi la respiración, a causa de la tensión.
—El cuerpo de la joven Heartfilia, tiene la misma magia residual que disponía la joven Aguria.
Rogue soltó un jadeo, justo como si le hubiesen pegado un puñetazo en la boca del estómago. —¿¡También tie…
—No —apuntó con seguridad—. Y eso es precisamente lo que más me preocupa. De alguna forma, el cuerpo de la joven Heartfilia ha repelido esa magia, por lo que no se ha propagado. Volveré a reconocerla en unos días, pero puedo afirmar con seguridad, que su cuerpo ha sufrido el mismo estrés al que se vio sometida Yukino Aguria.
Rogue se sentó lentamente sobre la banca de piedra, aturdido, mientras Sting se mantenía en silencio, completamente estático.
—Por algún motivo, el cuerpo de la joven Heartfilia ha reaccionado de manera diferente. Es como si, inconscientemente, se hubiese protegido asimismo. Conozco de antemano que disponen el mismo tipo de magia, pero desconozco el factor desencadenante en cuanto a la disimilitud.
Rogue se llevó las manos al rostro, desesperado. —Zeref… —susurró en cólera.
Porlyusica cerró los ojos, con abatimiento. —Lamento su pérdida, joven Cheney, y también lamento que, de todas las personas, la joven Aguria se cruzase con semejante individuo. No logro imaginar, que tipo de existencia puede desarrollar una magia tan terrible como esa —murmuró—. Hay personas que no buscan algo lógico, como por ejemplo el dinero. No se les puede comprar, ni amedrentar, ni se puede razonar o negociar con ellos. Algunas personas —su voz decayó hasta el susurro—, sólo quieren ver arder el mundo.
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Se dejó caer, extenuada, sobre el sofá de su salita. Aún tenía el pelo húmedo, pero no le importaba. Jamás había sentido tanta impotencia acumulada. Llevó una mano al rostro, rendida. Por mucho que le daba vueltas, no era capaz de entender del todo lo que había ocurrido en la habitación de la enfermería. Al final, había sido incapaz de aguantar tanto estrés, y había terminado mandando todo al infierno. Tembló cuando cayó en la cuenta, de que cuando Porlyusica se enterase de que había desobedecido sus indicaciones, no habría lugar para esconderse, lo suficientemente lejos, que la protegiese de su ira.
Apretujó el cojín con más fuerza. La cabeza le dolía a horrores, y notaba la garganta tan adolorida que apenas podía tragar. Y los gritos que había dado, no habían hecho nada más que empeorar el dolor. ¿Es que no la entendían? ¿No podían imaginar lo desolador que le resultaba? El pensar que podría haber forzado la puerta de Acuario, era un tema que la tenía extremadamente turbada. Ella conocía perfectamente las reglas. Y jamás había escuchado absolutamente nada respecto a una situación siquiera parecida.
Se levantó con desanimo, y se dirigió con lentitud hasta su escritorio. Su mano titubeó cuando agarró el tirador del cajón, y se obligó a tomar aire profundamente. Abriéndolo con cautela, descubrió la caja pequeña y azul, y tuvo que cerrar los ojos con fuerza, a causa de la pena. De vuelta en el sofá, contempló la cajita que aun sostenía. Ella estaba allí, o al menos, estaba la llave de su puerta. Apretó la caja con fuerza, y la dejó encima de la mesita, abriéndola en el proceso.
Los ojos se le llenaron de lágrimas. Contempló con la mirada la silueta de las dos piezas de la llave de Acuario. A veces, se imaginaba abriendo la caja, encontrándose con que la llave aun se encontraba de una pieza, pero nunca había ocurrido. El resultado siempre era el mismo cada vez que la abría. La llave, se mantenía partida en dos.
—Por favor —suplicó en una reverencia—, haré lo que sea. Haré lo que me pidas, pero ayúdala.
El rey cerró los ojos, con impotencia. —Lo siento, vieja amiga. Desearía poder ayudarte, pero lamentablemente no tengo la capacidad ni el conocimiento para repararlas.
Lucy alzó la cabeza, desesperada. —¿Y se conoce de alguien que pueda? No importa donde esté, o quién sea, lo encontraré.
El espíritu tomó aire con profundidad, tomándose unos segundos antes de hablar. —Tomaste una decisión, vieja amiga. Sabías lo que ocurriría. Para obtener algo, se debe sacrificar algo. El mundo, siempre ha funcionado así. En este mundo no se logra nada útil, ni grande, sin esfuerzo ni sacrificio. Fuiste capaz de convocarme, a causa de ese esfuerzo. Soy consciente de que te viste forzada, y que no pudiste despedirte de tu amiga. Sé que es algo que jamás olvidaréis. Ninguna de las dos.
—Entonces… ¿No podré volver a verla? —susurró, aún sin podérselo creer.
—Lamento que las cosas sean así. Todo sucede por una razón. Ni antes ni después. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir, puesto que es el destino quien baraja las cartas, pero nosotros somos quienes las jugamos, vieja amiga.
Las lágrimas recorrieron el rostro de Lucy, sin control. —¿Qué clase de destino tengo, cuando me veo forzada a perder a la gente que quiero y aprecio? —masculló, impotente, mientras intentaba retener el desasosiego.
—Parece que hayas olvidado en qué consiste nuestra magia. Puedes ser un contratista, si, pero el potencial se encuentra condicionado a la grandeza del espíritu que poseas. Fuiste capaz de convocarme, debido al vínculo que mantenías con el espíritu de la portadora del agua. Y he de reconocerte, que eres la única usuaria que lo ha conseguido. La fuerza de vuestros sentimientos, fueron los que me llevaron allí. Tomaste una decisión, como ya he dicho. El origen de nuestra magia, vieja amiga, se reserva en la fuerza del espíritu del contratista. No debes tomarlo a la ligera, puesto que cuanto más esfuerzo conlleve, mayor será el riesgo.
Encerró ambos trozos de la llave en su mano, desolada ante el recuerdo. Había suplicado por que la llave de acuario retornara a su forma original. ¿Y ahora había forzado su puerta? ¿¡Que clase de usuaria de magia celestial era, que forzaba puertas!? Intentó rememorar lo que había ocurrido después de que él hiciese acto de presencia, pero solamente consiguió una punzada seca en la sien.
Recordó la mirada que le había dirigido Natsu, cuando le había preguntado por el tatuaje de Acuario. Cada vez que pensaba en ello, más increíble le parecía. Y solo rogaba porque ella se encontrara bien. Si había resultado dañada, aunque fuera en lo más mínimo, jamás se lo perdonaría.
—¿Puedo pasar?
Lucy alzó la cabeza, incrédula, para contemplar a Natsu parado en medio de su salita. Y se levantó de golpe, con la fuerza del enfado atrapándola entre sus fauces. —Ya has pasado, ¿no? —inquirió en tono seco— Así que lo que yo te diga, no importa.
Enfadada, guardó los trozos de la llave en su caja, y la metió de nuevo en el cajón del escritorio, cerrándolo de un golpe. Se giró para confrontarle, cruzándose de brazos, y con una mueca molesta pintada en el rostro. Se sentía furiosa, adolorida, irritada, cansada, y millones de cosas más. Y sin embargo, lo que más le había hecho daño, es que también se sentía dolida.
—¿Has venido para dejar algo más en claro? —preguntó.
Natsu cerró los ojos, de manera cansada. —Puede que no sea el mejor momento —comenzó—, pero buscaba disculparme contigo.
Lucy soltó una carcajada brusca, provocando que el estómago y los huesos de Natsu dieran un vuelco en seco.
—¿Otra? —masculló huraña.
Natsu suspiró, hastiado. —Sé que últimamente parece que lo esté haciendo constantemente, pero te puedo asegurar que no es mi intención —apuntó con fuerza.
—Claro. No es tu intención —aseguró—. Sin embargo, yo si he tenido intención de forzar la puerta de Acuario, ¿Me equivoco?
El tragafuegos se llevó una mano al pelo, empezando a desesperarse. —Reconozco que mi actitud no ha sido la más adecuada, pero tienes que reconocer que algo extraño te está pasando —afirmó con determinación.
El rostro de Lucy se contorsionó en una mueca de furia. —¿¡Cual es tu maldito problema!? ¡Primero me evitas, luego me esquivas, después me abordas, y por último me avasallas! ¿¡Se te olvida algo!?
Natsu hizo un además brusco, y se puso al frente de ella en dos zancadas, provocando que la usuaria de magia celestial quisiese ir hacia atrás, buscando resguardarse. La diferencia de alturas la imponía aunque se negase a reconocerlo, y no quería mostrarse débil, por mucho que tuviese que mirar hacia arriba para sostenerle la mirada. No cayó en la cuenta de que ambos respiraban agitados.
—Parece que no entiendes que me preocupa —siseó.
Lucy puso los brazos en jarras. —¿Ahora te preocupa? —preguntó en sorna.
—Siempre lo ha hecho —aplacó con decisión.
Lucy empezó a notar como sus rodillas perdían su consistencia. Parecía que cuanto más se oponía a él, mas fuerte se acurrucaba la sombra en su mirada. Y se le retorció el vientre de pura necesidad. Un escalofrío le recorrió la columna, y se obligó a mantenerle la mirada. Esta vez, aguantaría aunque fuese lo último que hiciera.
—¿Qué es lo que quieres escuchar, mujer? —susurró desquiciado— ¿Qué casi me vuelvo loco al verte tirada en el suelo, inconsciente? ¿Qué hubiera reducido a cenizas a ese bastardo de haber tenido más tiempo, y no me carcomiera por dentro la desesperación? ¿Qué lo único que quería era que te sacasen de allí, para que estuvieras a salvo?
Lucy quiso cruzarle la cara de un bofetón, pero esta vez, Natsu había sido más rápido, y había agarrado su muñeca con habilidad y rapidez, justo antes de impactar contra su mejilla.
—¿No era eso lo que querías escuchar? —demandó airado.
Lucy tiró de su brazo hacia atrás, intentando soltarse. —¿¡Crees que me hubiera quedado tan tranquila, viendo como te quedabas!? —gritó con impotencia— ¡Iría contigo! —Natsu cerró los ojos, desesperado— ¡Iré contigo aunque tú no quieras! ¡Y no habrá nada ni nadie que me lo impida! —bramó con valentía.
Natsu la cogió de los brazos, y la agitó intentando que razonase. —¿¡No entiendes que no puedo perderte!? ¡No puedo dejar que te pase nada! ¡NO PUEDO PERDERTE OTRA VEZ! —vociferó.
Lucy contuvo la respiración, impresionada, mientras que Natsu caía en la cuenta de lo que acababa de decir. Ni siquiera había reparado en lo que estaba diciendo.
—¿Qué…? —susurró sin aliento la usuaria de magia celestial— ¿Qué acabas de decir?
Natsu boqueó, impactado. No se había dado cuenta de que ambos seguían respirando de manera agitada. No tenia ni idea de lo que acababa de decir, pero seguía perdido en aquellos ojos del color del caramelo fundido.
—Yo… —susurró sin fuerza.
No pudo continuar hablando, porque Luce, le había tomado el rostro entre sus manos, para mirarlo fijamente, provocando que él perdiese hasta la capacidad del habla.
Y se lanzó a besarlo con todo el frenesí que guardaba únicamente para él.
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N/A: Ansiedad. Y mucho calor, por cierto.
Ya os comenté en una ocasión anterior, que todo periodo de adaptación, podría conllevar a una revolución. ¡Y menuda revolución! Necesitaba empujarlos hasta el borde del precipicio para que todo se saliera de control. He debatido mucho sobre esto. Sinceramente, no creo que Natsu y Lucy se demuestren lo que sienten el uno por el otro únicamente mediante las palabras, y comenzando una relación como niños pequeños, con sonrojos y todo. No, no, y no. Ellos se mueven en una línea muchísimo más compleja, y sobre todo, muchísimo más profunda, o al menos así lo veo yo. ¡Solo hay que fijarse en la personalidad de Natsu, por ejemplo! Los sentimientos que tienen, los desbordan, y los impulsan una y otra vez hacia el límite.
No hará falta que os diga que el siguiente capitulo va a ser intenso, encontrándose en medio de una situación así, ¿verdad? Sé que siempre os dejo con este tipo de finales, y espero que no me odiéis por ello. También espero que este capitulo os haya arrojado un poco de luz sobre las muchas dudas que podáis tener. Sino ha sido así, no os preocupéis, porque anudaré cada entramado que he ido desarrollando. Sin prisa, pero sin pausa, ya me conocéis.
¡Lo hemos conseguido! ¡Hemos llegado a los 90 reviews! Madre mía, ¡Me siento feliz! ¡Sois los mejores, joé, porque sin vuestros comentarios, sin vuestras opiniones, y sin vuestras lecturas, los que escribimos historias no seríamos nadie! ¡Y PUNTO!
Por otro lado, quería comentaros que en cada capitulo, me he inspirado en una banda sonora diferente. Si queréis el "Soundtrack" de cada capitulo, por si queréis leerlos con su canción correspondiente, comentádmelo, y volveré a resubirlos, indicando al principio de cada capitulo la canción que he utilizado para meterme en ambiente. Aviso, que por ejemplo, el soundtrack del capitulo 6 (Desire – Voluntad), resulta desolador…
Bueno, os confirmo que acabamos de llegar a la mitad de la historia. Toda historia, tiene un final, así que no me hace falta repetiros que mi cabeza es totalmente inesperada, y funciona a diferentes revoluciones. Tengo muy en cuenta el comentario que me hizo hermis'lu. No voy a deciros que haré, no por nada, sino porque a día de hoy es algo en lo que sigo debatiendo, hasta casi quitarme el sueño. No puedo deciros que no habrá más muertes, ni más desolación. Solo sé, que no sé que haré.
Llegados a este punto, lo de siempre. Espero que sobretodo hayáis disfrutado de la lectura, y agradeceros profundamente a las personas que me habéis dejado un review:
A Neko Heartgneel: Si, me encanta intentar meterme en la mente de Zeref. ¡Es que es tan complicado, que me supone un reto constante! Es como tú dices, Hannibal Lecter en su totalidad. Me alegro muchísimo que opines que la forma en la que planteo los sentimientos de los personajes sea tan potente, y me da un poco de miedo llegar a aburriros, o algo así, porque intento que mi historia tenga su grado de complejidad. Es mi propia tela de araña. Y a mi, me encanta imaginar que soy la viuda negra de mi propio entramado, fufufu.
A velcarleo02: Sip, era Zeref. Ya sabes que yo no me ando con chiquitas ^3^.
A UraraRina: a mi también me fascina Zeref. Yo pienso que como Mashima no le de su grado de complejidad en el manga, ¡Va a joder al mejor villano de toda la historia! Creo que el baile entre Lucy y Zeref os revolucionó por completo, ¡A todo el mundo le ha vuelto loco!
A ivonne: querida, intenté dejarte un mensaje privado, pero creo que comentaste como invitada. Tú no te cortes, y dime todas las dudas y consultas que tengas. No sé si este capitulo te habrá ayudado, pero sino, ¡NO TE CORTES Y PREGUNTA TODO LO QUE QUIERAS!
A Maribalza: te agradezco que de vez en cuando te animes a comentar, ¡Y me alegra muchísimo que todos los capítulos te encanten!
A Melodiosa: Sé que lo deje en el punto álgido, y que es muy mala costumbre mía. Y… no, no era Acuario, al menos no exactamente. No puedo decirte más por el momento. Y jamás me aburrirá un comentario tuyo, que lo sepas.
A Hime-Chan94: ¡Me hace tan feliz que mi historia sea capaz de llegarte! No quería escribir una historia con sentimientos de ¡Pum! Aquí te pillo aquí te mato. Me gusta desarrollarlo, porque puedes identificarte y evolucionar con las dudas y los sentimientos de los personajes. Eso no tiene precio. No se si podré llegar a los 25 capítulos xD, ¡Pero me esforzaré en que todos te gusten!
A hermis'lu: ay cariño, que te digo… Ese grado de locura de ese sistema inconsciente por proteger a los que amamos, como tú comentaste muy bien, es muy difícil de manejar. Porque te empuja al límite. Y cuando las personas llegan al límite, son imprevisibles. Y te doy la razón por completo. Calidad por sobre todo. El hecho de que me digas esas maravillas, me emociona. ¡Tú si que eres maravillosa!
A Eagle Gold: querida, ¡Te puse un mensaje! Te digo lo mismo que a ivonne, no te cortes, y dime todas las dudas y consultas que tengas. No sé si este capitulo te habrá ayudado, pero sino, ¡NO TE CORTES Y PREGUNTAME TODO LO QUE QUIERAS! ¿¡Como podría enfadarme con vosotros!? ¡Que sepas que espero todas tus dudas!
A vale: espero que este capitulo te haya gustado, aunque también espero que no tengas ganas de colgarme de la copa de un pino por el final que os he vuelto a plantar…
A Jade: ¡Ay! Me emocioné contigo. Gracias, de verdad. Que digas esas cosas tan bonitas me emociona. Porque es lo que busco constantemente cuando corrijo los capítulos veinte millones de veces (ojo, que no exagero). Me siento feliz de que digas que mi historia es capaz de absorber y desconectarte de todo lo demás. No sé si mi historia no tiene mas reviews porque la gente no la haya encontrado, pero espero que si la encuentran, seas quienes sean, también la disfruten a más no poder. Espero no haberte hecho esperar mucho, y que sepas que me debes no uno sino varios chocolates, de las veces que he leído tu review ^3^.
A ToriLavigne: ¡Querida, te echaba de menos! Lo has clavado. Esa imagen es justo la que buscaba. Gente aterrada corriendo en círculos con los antifaces puestos. Sé que el capitulo anterior fue complicado. Recuerda que esto es después de Tártaros, y que nuestra Lucy se vio forzada a romper la llave de Acuario, como todos sabemos y vimos en el manga… La pregunta sería: ¿Por qué ha sido capaz de convocarla? (soy perversa) Espero que este capitulo te haya arrojado un poco de luz.
Y finalmente a MITWI: ¡A ti también te echaba de menos, cuanto tiempo! Me alegra que te haya gustado mi mascarada, y la actitud de Rogue en cuanto a confrontar el dolor de la mejor manera que pueda ¡Intentaré seguir introduciendo momentos de cada pareja!
Como siempre, gracias también a todas las personas que me han agregado a su lista de favoritos y alertas, y os animo a que también comentéis, ya sean dudas, sugerencias, o amenazas ^3^. Espero que TODOS hayáis disfrutado muchísimo de la lectura, y sobre todo, ¡Que lo sigáis haciendo!
¡Me muero de ganas por saber quien dejará el review numero cien! ¡Vamos a por ello! Que prometo regalito… ¡Sabéis que tengo peligro, que yo también soy imprevisible, fufufu ^3^!.
Nos leemos!
Nindë
