Después de una semana, Mello no solo se había convertido la sensación de su aula, sino que también en la del todo el piso. Su afeminado cuerpo que contrastaba con su rudo carácter, su insolente e irónica forma de hablar y su fuerza, además de ser el mejor en el estudio y un buen deportista, lo hizo ser respetable en el grado. Ahora podía camina tranquilo en el pasillo, comiendo su placentero chocolate, y haciendo un gesto de saludo a aquel que se atrevía a saludarlo. Muy pocos le hablaban, pero él tampoco necesitaba su conversación, uno de esos chicos era Jean, un joven del mismo nivel, hiperactivo y risueño, de elegante cuerpo y finos modales cuando era la ocasión, sino, era un mujeriego infantil. Al rubio le llamó su atención su cabello negro y crespo y sus ojos pardos, había visto pocos chicos con ese gen.
-¡Mello!- le gritó a unos metros de él, y se lanzó hacia su brazo colgándose de él.
-Te has vuelto muy confianzudo- y comenzó a caminar algo irritado por el peso en su brazo.
-¿A dónde vamos? ¿A espiar al albino de nuevo?- preguntó inocente.
-Eso me sonó a plural, además te he dicho que no lo espió… solo lo vigilo- dijo no muy convencido de sus palabras.
-Ahhh… que aburridoooo, ¿vamos a hacer otra cosa si?- preguntó con una infantil sonrisa en los labios.
-No te he dicho que me acompañes, mejor dicho, nunca te lo he pedido- y mordió su barra de chocolate.
-Eres siempre tan rudo conmigo, pero igual te sigo- y agarró con mayor fuerza el brazo del rubio frente a las miradas de los alumnos.
Mello estaba aburrido, L le había dicho que bajara a verlo y viera como se comporta, y allí estaba, escondido, a la vista de muchos chicos que grados inferiores, con un moreno en su hombro
-Qué quiere que mire si no hace nada…
-Vamos Mello, el chico pasa sentado como vegetal, ¿Qué tiene de interesante?- preguntó aniñado.
-Ni yo lo sé.
Solo bajaba en el último receso a ver al albino, y siempre lo veía sentado, mirando la ventana o leyendo un libro con su típico rostro neutro. Pero a veces veía como un chico rubio se sentaba frente a él y le conversaba relajadamente y el albino parecía tomarle atención, y eso, lo impresionó. En Wammy's House nunca lo vio manteniendo una conversación con otro compañero, así que esto había sido todo un descubrimiento, y al parecer, ese rubio era el único con el cual tenia se daba ese atrevimiento.
-Mello parecemos acosadores pedófilos mirando a un chiquillo, ya vámonos, quiero ir al baño- dijo dificultoso y aprisionando sus piernas.
-Siempre es lo mismo con tu diminuta vejiga, bien vamos- dándose la vuelta y con el pelinegro detrás de él.
Near no era ingenuo, sentía la mirada penetrante que venía fuera de su sala, hacia un esfuerzo por seguir actuando normal y no tirarle un libro. Debía reconocer que se había puesto algo exasperado con respecto al rubio, pero quien no lo haría cuando hay un acosador fuera de la sala haciendo jaleo y llamando la atención de todos. Y que en casa se comportara como si nada, todo esto era por el mandato del detective, sabía que el rubio no lo hacía por gustarle.
-¿Near de nuevo vino ese chico?- preguntó el rubio sentándose frente a él.
-Si.
-Si viven juntos por qué no le pides que no vuelva.
-Parece fácil decirlo, pero ya lo arreglare.
-Ya veo- sabía que no sacaría mucha información del albino y no quería molestarlo, así que quiso cambiar el tema- ¿Cómo te fue en la prueba de Filosofía?
-Bien, fue demasiado fácil a mi parecer.
-Si, tal vez- reía nervioso, al parecer varios habían escuchado el comentario del albino y no les había causado gracia, no todos eran tan inteligentes como el chico- Eres muy inteligente Near, tal vez necesite tu ayuda alguna vez.
-Tú también lo eres Demian, no me necesitas- dijo cortante ignorando la mirada de los demás chicos.
Near en su curso, como en Wammy's House, había demostrado su versatilidad en las materias y hasta ahora, era el mejor en la clase. Sin embargo, su compañero le seguía, no siempre tenía las perfectas notas del albino, pero nunca decaía, además que era mejor que él en los deportes, así que Near lo respetaba por ello.
-Mello espera ya termino- pedía suplicante el pelinegro, pero no escuchó palabras del rubio- ¿Mello?... ¡Mello contéstame!
-Aquí estoy joder… apúrate que ya tocara el timbre- decía fastidiado.
-Ya- dijo saliendo del cubículo- si me apuras no me sale.
-Tsk…
Al finalizar las clases, el albino junto con su compañero de ojos esmeraldas salían juntos, como de costumbre, y se despedía de él en la entrada principal, y ahí estaba, el otro rubio, al otro lado de la calle, mirándolo desde dentro del vehículo.
-Buenas tardes joven Near- saludo cordial el anciano.
-Buenas tardes Watari.
Nunca hablaban, porque si lo hacían, se atacarían. Solo se dedicaban a mirar el paisaje, ignorando al de al lado. Cuando llegaban a casa, saludaban al detective y cada uno a su cuarto hasta que bajaban a almorzar y de nuevo cada uno por su camino.
-¿L podemos hablar?- le peguntó el albino al entrar en el cuarto del pelinegro.
-Claro Near, adelante- dijo invitándolo a sentarse en la cama.
-Sera corto lo que diré, no quiero que Mello me vigile, me molesta- decía tajante.
-Mmm… hablare con él, así que descuida, pero si me hubieras dicho que te había ocurrido aque-
-Eso ya no tiene importancia.
-…- debía ser la edad tal vez porque el albino nunca lo había interrumpido, siempre fue correcto con él- ¿será que se le están contagiando los hábitos de Mello?
-Eso era, gracias- y sin esperar respuesta, se fue.
Al rubio le entusiasmaba hacer sus deberes, sentir que de nuevo su mayor preocupación era sólo ser el mejor en su clase, y ya lo estaba siendo. Era una realidad que hace un mes no tenía y nunca pensó en volverla tener.
-Chocolate- cuando sentía un vacio, él sabia porque era- ¿Dónde lo deje?...- buscó en sus muebles, ropa, bolso, almohada, pero nada- tsk… maldición.
Salió de su habitación, sabía que Watari le había guardado varios en el dispensador de la cocina. Pero se detuvo cuando vio la figura del albino subiendo las escaleras, que no se había percatado de su presencia hasta que llegó al último escalón. Sus miradas, una vacía y la otra altiva, se mantenían en duelo. El menor fue el primero en bajarla, se sentía estúpido siguiéndole el juego al otro, y caminó hacía su cuarto. Sin embargo, cuando iba a abrir la puerta, se vio detenido por un cuerpo que lo acorralaba por su espalda.
-¿Qué quieres Mello?- preguntó cansino.
-No lo sé…- sonaba divertido, pero la verdad que no sabía por qué lo había hecho, si era para fastidiar al albino como lo hacía en su niñez cuando estaba aburrido, o como afrenta por la mirada indiferente que le daba como lo hacía también en la niñez.
-No estoy de humor para soportarte Mello- ahora no se preocupaba de sonar tranquilo, su tono molesto hizo sonreír al rubio.
-Entonces con mayor razón…- y vio la nacarado cuello que la gran camisa no ocultaba y sin pensar mucho lo que hacía, posó sus labios sobre la piel, haciendo reaccionar al albino.
-Mello- se detuvo y respingo, dando un leve salto cuando sintió una humedad en su cuello, las brazos del rubio a cada lado de él le impedían moverse- Mello deja- pero su voz se ahogó cuando sintió los dientes del rubio clavarse en su piel y un suave gemido salió de su boca, tapándosela de inmediato, dio gracias que el rubio no lo escuchara- L vendrá en cualquier momento así que detente- su voz sonaba dura, pero sus piernas tenía un leve temblor.
-Claro que no…- dijo tomando al albino de su cintura y levantándolo- desaparecemos de aquí.
-…- sus pies no tocaban el suelo, el rubio lo estaba llevando hacia su habitación y lo maldijo, no era que pidiera esto, pero por qué no lo llevo a su pieza, le había dicho al detective que fuera a hablar con el rubio. Y ahora estaba en el cuarto, oscuro por las cortinas corridas y solo unos rayos de sol se colaban- ¿Mello no me trajiste aquí para discutir o si?- se dio la vuelta para encararlo.
-¿Y tú qué crees?- y camino hasta quedar frente a él y tomó su barbilla.
-¿Mello?- ya había sucedido lo mismo hace unos días y no había sido muy grato.
-Tranquilo, tal vez ahora sea más considerado- y le mostró una sonrisa perversa que si no fuera por la oscuridad, el albino hubiera temido.
-¿"Tal vez"?- y su boca nuevamente fue atrapada.
Mello después de aquel primer beso con Near, que si lo pensaba había sido más un ataque, no podía sacar de su mente la virgen cavidad que había apropiado. Y quería más, y esta era su oportunidad. Comenzó jugando con sus labios, atrapándolos con los suyos, mordiéndolos. Y es que se tenía que armar con harta paciencia ya que el albino no quería cooperar.
-¿Asustado?- preguntó divertido susurrándole al oído.
-…- aquella cercanía no lo asustaba, pero si lo ponía nervioso y ahora el rubio lo empujaba suavemente a la cama y el otro parecía divertido por lo dócil que estaba siendo él, pero lo hacía porque sabía que si se resistía terminaría mal.
El rubio lo había dejado tumbado boca arriba, atravesado en la cama, solo sus pantorrillas hacia abajo caían. Sus ojos seguían cada movimiento del rubio sin mirarlo a los ojos, éste se posaba arriba de él, sin tocarlo, mantenía la distancia apoyándose de sus brazos estirados y sobre sus rodillas. En cambio él, entre medio de los suaves músculos del rubio, estaba estático, si movía sus piernas tocaría algo que no quería y si empezaba apartar a su victimario con sus brazos, le haría lo mismo que la vez anterior, dañarles las muñecas.
-Pareces incómodo Near- decía mientras se acercaba, con una sonrisa ladina al rostro del albino.
-¿Por qué haces esto Mello? ¿dónde se fue tu odio por mí?- preguntó ignorando el gesto del otro.
-Vuelvo a repetir que no lo sé y mi odio está intacto- y con una mano tomo, esta vez sin ejercer fuerza, el mentón del albino- pero no puedes negar que te gustó.
-No sé de qué hablas- si no fuera por la oscuridad del lugar, se hubiera notado el leve carmín de sus mejillas.
-Te lo recordare- y nuevamente estaba en su boca.
Sabia que el albino no cooperaria, mantenía su boca completamente cerrada, maldición, así no podría humillarlo, y en una ocurrencia del segundo, sonrió por encima de la boca del albino y baso su otra mano hasta la cadera del albino y coló un dedo por debajo de la camisa, rozando la lechosa piel. Reacciono en un pequeño salto, estaba tan concentrado en no dejar que el rubio no metiera su lengua en su boca, que no sintió la mano de éste en su cadera hasta que el roce de los dedos en su piel lo alertó.
-¡Mello!- pero su voz se ahogó
La lengua del rubio había entrado aprovechando la ocasión, pero el albino aún se resistía, con su propia lengua empujaba inútilmente, y Mello aprovechaba de rozarla, sentirla, degustarla. Y con su otra mano tocaba la suave piel, haciéndole cosquillear al albino, se sentía ahogado, estaba haciendo que el rubio ganara, estaba cediendo involuntariamente ante los sucios juegos. Y en un repentino desliz, la mano subió hasta sus costillas, haciéndolo revolverse bajo el beso, por fin actuando y poniendo una mano sobre el hombro del rubio y la otra mano sobre el brazo para apartarlo. Pero sus fuerzas no eran comparables a la resistencia del rubio, que puso su mano detrás de la cabeza albina aumentando la profundidad del beso, y su otra mano la deslizó por la espalda, provocándole todo eso una corriente en su espina, arqueando su espalda y tocando la del rubio. Sus mejillas estaban encendidas, no sabía cómo reaccionar a lo nuevo que experimentaba, sentía arder donde lo tocaban, la lengua experta y ardiente del rubio lo intimidaba, haciéndole ceder, rendido ante él, ante sus toques, y el rubio sonrió triunfante, esta batalla la había ganado, pero no por ello, terminaría. Y sintiendo que el aire escaseaba dentro de sus pulmones, se separó dejando un hilo de saliva suspendido entre ambas bocas.
-¿Qué sucede Near, te gusta? – preguntaba tratando de sonar serio, pero dentro de él reía, el albino estaba con sus manos tomadas fuertemente sobre su pecho, su pecho subía y bajaba recuperando el aire, y sus mejillas estaban coloradas, debía admitir que todo aquello, era tierno en el imperturbable albino.
-No… no bromees- decía pausado, tratando de recuperar su natural tono de voz.
-Lindo- dijo burlón haciendo que el albino desviara la mirada, por vergüenza y enfado, dejando expuesto su cuello.
Y ese era su otro punto a atacar, posó su boca en la nacarada piel, absorbiéndola. El albino sintió algo subir por su espina dorsal, aquel contacto, aquella lengua lamiendo su (vena o arteria) lo hizo temblar. Y una nueva mano se metió bajo su camisa, tocándolo cerca de su ombligo, y la otra jugaba en su cintura. Estaba siendo demasiado tramposo el rubio contra él, siendo inexperto en todo aquello, sintiendo como el rubio bajaba a su clavícula, mordiéndola con sus labios, provocando que se le escapara un gemido, sorprendido de aquello tapó su boca con ambas mano. Ahora si que se había humillado ante el rubio, de la rabia que sentía por haber sido tan débil cerró sus ojos fuertemente, no quería ver la sonrisa altanera del rubio. Sin embargo, nada de sonrisa había aparecido, el rubio se encontraba estático, sus manos se detuvieron en su lugar, sus ojos miraban el rostro del albino. Aquel gemido que había escuchado lo sorprendió, no, era mucho más que eso, lo extasió, aquel sonido tan inocente que había salido de la boca del menor, lo embeleso, y razonándolo, Near era puro, inexperto y él, más por impulso que por conciencia, lo estaba pervirtiendo, y su sonrisa volvió, pero era una sin malas intenciones, sino una de leve sonrisa de comprensión, está siendo sumamente tierno. Y llevó sus manos sobre las del albino, retirándolas suavemente, éste aún no abría sus ojos.
-Mírame Near- pedía autoritario.
-Ya ganaste Mello, para qué humillarme más- sentía su rostro arder.
-Mírame Near- pedía nuevamente levantando un poco el volumen.
No quería terminar peor, así que abrió lentamente los ojos, suponía que se encontraría con el rostro altanero del rubio, pero solo se encontró con una mirada impasible, sin orgullo ni burla. Esa mirada escrutadora lo hizo sentirse más indefenso debajo de él, y el rubio comprendió, y posó su mano en la mejilla cálida, acariciándola con su pulgar. El albino estaba sorprendido por aquel contacto, y vio como el rubio se le acercaba y lo besaba, esta vez no candentemente, sino paciente y suave, mientras aún acariciaba su mejilla. Besaba sus labios con delicadeza, una que sorprendió al albino, acaso el rubio estaba siendo amable con él. Aquel contacto parsimonioso le agradaba, tanto que no se opuso a la nueva intromisión de la lengua del rubio, que lentamente tocaba la de él, que la movía torpemente, sentía que Mello lo estaba ayudando. Sin darse cuenta, había puesto una mano sobre el pecho del rubio, aprisionando la camiseta negra de éste.
No sabia cómo se sentía ante aquello, complacido tal vez, el albino no solo cedía, sino que también intentaba cooperar, y sintió el calor abrumarlo. Había puesto nuevamente su mano sobre el plano vientre, acariciándolo, a lo que el albino, ante el contacto, encorvo levemente su espalda, levantando su cadera, aumentando el tacto entre ellos. El albino podía ser muy inocente pero eso lo había calentado, la pelvis del menor había tocado su vientre. Aumentó la fuerza de su lengua dentro de la cavidad, Near trataba de seguirle, pero el calor lo estaba sofocando, tal vez era eso lo que lo hacía hacer cosas inconscientes. Mello quería más, quería tocar más.
Unos golpes sonaron en la puerta, que alertaron a ambos chicos, separándose de inmediato.
-L- ambos pensaron en lo mismo, esto no podía ser bueno.
El albino estaba preocupado, qué pasaría si lo veía ahí, con la camisa medio abierta, qué ocurriría si lo veía todo sonrojado. Mello al verlo, compartió su preocupación, si L se enteraba de lo que había ocurrido saldría más perjudicado él que el albino, si en fin, el había llevado al albino a su pieza, lo había tirado a la cama, él era el que había estado encima de él. Lo castraría si se enteraba que había por poco abusado de su sucesor.
-Near, escóndete en el baño.
-…- no dijo nada, solo fue presuroso a esconderse en el baño que había en la habitación.
Antes de abrir la puerta se había arreglado un poco el cabello y la camiseta. Cuando vio la cara del azabache, sintió su pulso aumentar.
-¿Por qué tardaste tanto?- preguntó caminando hacia la ventana y corriendo las cortinas.
-Estaba durmiendo- sus ojos le dolieron un poco ante la fuerte luz.
-…- miró la cama, las sábanas parecían removidas- tengo que hablar contigo.
-Claro- trataba de sonar tranquilo, pero su nerviosismo aumentaba ante la mirada del detective.
Near estaba apoyado en la fría muralla de azulejos, la encontraba refrescante, su cuerpo lo sentía más cálido y su rostro estaba más pálido ante el susto. Había un espejo y se aventuro a verse, y lo que apreció le volvió el carmín a la cara. Sus mejillas estaban coloradas, sus labios rojos, y cuello con una marca roja.
-Maldito cómo se atreve…ahora como oculto esto- decía en murmullos, no quería que desde afuera L lo escuchara, tocó su cuello, el rubio le había hecho cosas muy lascivas.
No sabía si era por el nerviosismo, pero sentía que el pelinegro lo estudiaba con la mirada, tal vez si estaba delirando.
-Near vino a mi cuarto a pedirme que lo dejara tranquilo, así que ya no será necesario que lo vigiles.
-¿Eh?...- había escuchado la mitad de lo que le había dicho.
-Sé que no me dirá nada, y menos a ti, así que no quiero que termine enfadado conmigo, así que ya no te molestes en ir a verlo- dijo lo último sonriéndole.
-¿Solo es eso?- preguntó desconfiado
-Si, pensé que estarías más tranquilo-
-Y lo estoy- y de verdad lo estaba, el azabache no sospechaba nada.
-¿Ocurre algo Mello?- preguntó curioso, no se le había pasado desapercibido el nerviosismo del rubio,
-No, nada L- dijo más convenciéndose a sí que al azabache.
-Bien… entonces me retiro.
Cuando estuvo solo en la habitación, pudo sentir como su corazón latía presuroso, intentó calmarse, sacó su cabeza de la habitación y no vio rastro de L. entonces camino hasta la puerta del baño y le dio un golpe con su nudillo. El albino comprendió la señal y salió del pequeño cuarto, y vio la alumbrada habitación sin rastro de detective, y expiró tranquilo.
-Sera mejor que regreses a tu pieza Near- dijo el rubio cruzándose frente a él y sentándose en la cama con la mirada baja.
-Si- susurró más para él y salió de ahí.
En su cuarto, se tiro a su almohada, se sentía tan avergonzado por lo que había vivido en la pieza del rubio. Su seriedad se le estaba esfumando de solo recordarlo, sus manos, sus labios, su lengua. Solo quería que nadie entrase en su cuarto para verlo en aquel estado.
Pero el rubio no estaba más tranquilo que el albino, estaba igual de abrumado por los pensamientos que venían. El delgado y pálido cuerpo del albino debajo de él, su boca y aquel gemido, lo estaban avergonzando. Tomo su cabeza con sus manos y zarandeó sus cabellos. Si no se relajaba iba terminar cometiendo otra cosa de la cual se arrepentiría. Y para evitar mayores problemas, se fue a tomar una ducha, la necesitaba para despejar las imágenes que le venían, pero de algo estaba seguro, y era que ver al albino en tal situación, le había gustado.
