La razón
La "cita" había sido un desastre, quizás no todo. Bill podía quedarse tranquilo después de haber besado de nuevo los labios tibios de su Dipper, pero el segundo inmediato fue desastroso, todo un caos cuando el castaño se puso de pie, más exasperado de lo que le había visto nunca antes. Aquello le causó incomodidad en el pecho de una forma que no conocía.
Se vieron fijamente durante varios minutos, el moreno completamente rojo, y él aparentando estar sereno, pero sintiéndose un amasijo de nervios temblorosos: la adrenalina que se arremolinaba violenta le cosquilleaba los dedos.
–He, Dipper. ¿Te quieres calmar? Solo fue un beso –Le sonrió, tratando de aligerar la tensión que poseían sus hombros.
El otro se quitó la mano que le cubría el rostro, mirándolo unos segundos largos antes de aspirar y asentir lentamente.
–Disculpa, pero, Bill esto no va a funcionar –Aspiró hondo y luego exhaló –no es que tú….
Tenía la oportunidad perfecta para pisotear el enorme ego que el otro parecía tener, y a pesar de ello estaba siendo suave cuando se proponía mantenerlo alejado de sí lo más que pudiera, porque de darse otra oportunidad como esa no iba a ser tan fuerte, cedería y se dejaría llevar. Eso no era algo que quisiera.
–Es que no quiero una relación ahora –Dijo en un suspiro.
El rubio lo miró de pies a cabeza un par de veces antes de retroceder lentamente, porque bien, se merecía un par más de cosas, pero ¿Qué más daba? Él no era conocido por rendirse cuando algo no iba bien, vamos, había tenido que pasar por varios portales fallidos antes de encontrar a Ford para que construyera el ideal.
Sí, las piernas le temblaban, pero ¿Y qué?
–¿Por qué no quieres darme una oportunidad? –Preguntó realmente curioso.
Porque antes no había tenido problemas cuando se besaron por primera vez, ni en dormir juntos cuando empezaron esa extraña tregua, y más adelante una amistad.
De repente algo brilló en su cabeza: había saltado al tercer paso sin dar primero los dos anteriores; no había creado una tregua con el castaño, y no había entablado una amistad con él. Se sintió un humano estúpido, así de mal se sintió. Se exasperó y quiso golpearse, pero no lo hizo, en su lugar desvió la mirada.
Él jamás había sido desesperado, es más, era muy paciente, sabía ser paciente, en cambio estaba portándose como un inexperto torpe e impulsivo.
Suspiró un par de veces, inhalando profundo, luego alzó los ojos solo para darse cuenta de que Dipper tomaba las cosas en sus manos, listo para marcharse, si quiso detenerlo no lo hizo, se limitó a ponerse de pie, dedicándose a beber su imagen hermosa de esas caderas estrechas y los hombros anchos.
El castaño supo que había sido tonto, estaba siendo un estúpido quedándose a solas con el demonio, sus hombros cayeron hacia adelante. Su determinación siempre era fuerte, pero sus sentimientos eran muy frágiles, desgraciadamente.
Daba miradas de soslayo a ese cuerpo delgado que marchaba a su lado con soltura, manos dentro de los bolsillo de los pantalones, gesto despreocupado, mirando con esos ojos de largas pestañas a todos lados como si buscara algo con una curiosidad disimulada.
Dipper estaba muy ocupado pensando en eso, tanto, que ni siquiera notó el momento en que algo salió volando en dirección a ellos con una velocidad estremecedora, terminando por derribar al rubio demonio a un lado del sendero despejado de árboles, echándole entre los arbusto.
–¡Bill! –Chilló antes de darse cuenta.
Cuando fue a asomarse para ver lo que pasaba encontró al demonio del sueño de rodillas en el piso, con un puñado de ridículos gnomos trepándole por el cuerpo mientras este se los sacaba a punta de puñetazos, siempre gruñendo.
–¡Estúpidas criaturas inútiles! –Parecía realmente fastidiado.
Tenía el cabello alborotado, el castaño no pudo evitarlo y se echó a reír, viendo cómo el número de gnomos superaba al demonio, que terminó de cara al piso siendo aplastado por diminutos cuerpecitos rechonchos.
–¡Soy un maldito demonio del sueño, inútiles mierdecillas! –Gritó fuerte.
Sus gritos eran ahogado por el césped que seguro estaba entrando a su boca mientras gritaba. Dipper tuvo que sostenerse del árbol del al lado para no caerse de la risa. Pronto no hubo algo del demonio rubio que pudiera verse, y que decir de su voz, solo escuchaba murmullos ahogados.
–Te mereces lo que te está pasando –Espetó cuando la risa por fin fue menos violenta.
En un momento los golpes de los gnomos se dirigieron a los hombros y el torso, permitiéndole ver el cabello completamente rojo del furioso demonio, que daba golpes al piso tratando de levantarse.
–¡Cuando salga de aquí…! –Su boca fue callada.
Dentro de ella uno de los gnomos metía una pelota roja que fue empujada con fuerza, el sabor a hule hizo que sobre el semblante del demonio se dibujara un gesto de desagrado, cejas fruncidas, ojos en blanco, cabellos por completo carmesí.
Dipper no pudo si no reírse de nuevo.
–Cuando terminen con él llévenlo a su casa –Les pidió a los gnomos, restándole importancia al asunto.
En grupo levantaron el cuerpo esbelto. Cipher escupió la pelota, que rodó hasta los pies del moreno, mirándolo con rabia dijo, gritando: sus muñecas y tobillos atados por esos pequeños seres que se encargaban de arrastrarlo a saber a dónde.
–¡Escúchame bien, humano! ¡Me importa un demonio lo que pienses ahora y tal vez me merezco lo que está pasando! –Añadió, girando la cabeza para poder verlo mientras era cargado por cientos de gnomos –¡Pero ten por seguro que cuando me escape de estos idiotas voy a buscarte! –Dipper se echó a reír de lo rosa que estaba poniéndose –y entonces… ¡Voy a besarte de nuevo!
El castaño se cruzó de brazos, espalda contra el tronco del árbol donde antes se apoyara, viendo cómo el grupito se alejaba con el demonio a cuestas, siempre gritando cosas como: ¡Matarlo! ¡Tonto! ¡Conocerás nuestra ira! ¡Smebulock! Etc. Le hizo un gesto de mano indicando que no le importaba lo que tuviera que decir.
–¡Lo haré una y otra vez! ¡Las que sean necesarias hasta que te des cuenta de lo mucho que me quieres! –Dijo al final.
Eso último hizo al mellizo fruncir las cejas, abandonó su posición inmutable.
Cipher terminó de nuevo bocabajo, tratando inútilmente de agitarse, maldición se sentía humillado por esos pequeños seres que no paraban de burlarse de él, por unos segundos quiso poder eliminarlos con un tronar de dedos, de repente todo movimiento cesó y unas zapatillas deportivas negras aparecieron en su rango de visión, cuando alzó la cabeza vio el rostro inexpresivo del moreno.
Sus ojos de chocolate estaban embriagados por una ira que ya conocía, un estremecimiento negativo le recorrió el cuerpo cuando lentamente se puso de cuclillas para ponerse a su altura. Podría jurar que el corazón se le paró. Alzó la cabeza lo más que podía para mirarlo directo a esos furiosos ojos avellanos.
–Escúchame bien, porque no quiero volver a repetírtelo –Dijo en un siseo peligroso –eres un ser insufrible, cruel, envidioso y egoísta, yo no estaría contigo nunca, ¿Qué te hace creer que querría a alguien con esas características? El día que tú y yo podamos tener algo será porque estoy completamente desquiciado o porque dejaste de ser un hijo de perra –Luego se puso de pie de nuevo.
Le dio la espalda, puños apretados.
El rubio no se atrevió a negar que era exactamente como el castaño le había descrito, pero no bajó la mirada, si tan solo hubiera hablado con la misma sinceridad y racionalidad la primera vez entonces ellos dos no estarían metidos hasta la nuca en ese embrollo….
–Y tú eres patético –Respondió después, notando la tensión que ocasionaba en los hombros del menor. Quizás su posición no era la más óptima para defenderse, pero en vista de que los gnomos no se movían ¿Qué más daba? –sabes tan bien como yo que te gusto, no sé si estás loco o es porque soy increíblemente atractivo…pero te gusto. Tú eres un aburrido niño bueno y no me ves quejándome ¿Verdad? ¡Yo acepto esto sabiendo cómo eres! –Añadió, no sabiendo si hablaba de ese preciso momento o de todo lo que le quiso decir aquel día en la pirámide.
Dipper dio un gruñido, luego se giró a verlo.
–¡¿Qué demonios te pasa?! ¡Legas un día de repente, me invitas a salir, me besas y luego dices todo eso! –Resopló molesto.
Los gnomos tiraron al rubio al piso a petición del moreno, luego se reagruparon alrededor para no perderlo de vista, todo sin entrometerse entre ambos.
Una insana carcajada burlona brotó de la garganta de Cipher, que atado y como estaba se sentó lentamente, siempre mirando al humano delante de él.
–¡Jódete, Pines! –Dijo, en son divertido –lo digo seriamente ¡Jódete! –Medio gritó, todo sin perder la gracia.
Estaba malditamente desesperado. Aterrado. El mellizo lo miró como si pensara que estaba loco, (probablemente lo estaba) luego se llevó los dedos al puente de la nariz, pinchando allí como si le causara dolor de cabeza.
–Tú estás más desequilibrado de lo que pensé…. –Suspiró.
–¡No te atrevas a dar un paso más! ¡¿Tanto te cuesta sentarte a hablar como una criatura educada! –Concertó con enfado.
De golpe el castaño se sentó frente a él, luego extendió los brazos, preguntando si era eso acaso lo que quería.
–¿Y? ¿Qué tienes que decirme? ¡Demonios, Bill! ¡Esto es estúpido! –Se quejó.
Satisfecho con eso el ser demoniaco se le quedó viendo a los ojos durante largos segundos, estrechó los suyos, mirándolo fijamente como si lo analizara, así corrió un minuto largo en donde ninguno dijo nada.
El tiempo en silencio estaba comenzando a exasperar al castaño, que con curiosidad y todo estaba listo para ponerse de pie y largarse de allí. Luego, como si le leyera el pensamiento, el rubio se apuró a hablar.
–Tus ojos me ven raro –Su afirmación era casi como si la meditara para sí mismo.
Descolocado, Dipper frunció el ceño.
–¿De qué demonios…? –Peor no terminó de hablar.
El semblante del rubio se había tornado repentinamente serio. Sus ojos eran igual de espesos que los de su tío Ford, prueba de que sabían más de lo que él pudiera imaginar, y en ese momento lo miraban con una fijeza especial que le causó un cosquilleo raro por el cuerpo.
–Parece que me juzgas –Murmuró –antes de que digas nada, permíteme ser sincero contigo –Pidió.
El corazón se le estrujó a Cipher, si su teoría era cierta (Y esperaba no equivocarse) tenía mucho de lo que hablar para ganar algo igual de grande, y si no, estaba listo para parecer un tonto. Claro que estaba asustado, maldición, él no hacía ese tipo de cosas tan estúpidas una segunda vez, pero ahí estaba, con el corazón en la maldita garganta y un nudo en el estómago (O quizás era el no poder comer sin querer volver el estómago).
–Primero…quiero pedirte una disculpa –Dijo, con toda la honestidad que fue capaz de reunir, y con la valentía que le permitía su orgullo –fue tonto, cruel, muy egoísta y no confié en ti –Continuó –debo decir que al igual que tú estaba aterrado…nada era seguro…demonios, incluso pensaba que era estúpido.
El corazón de Dipper se encogió. Apretó los labios, mirándolo fijamente.
–¿Sabes por qué los demonios no tenemos parejas? –Preguntó en un murmullo muy bajo.
El castaño se mordió el interior de la mejilla, brazos cruzándose sobre su pecho.
–Son una pérdida de tiempo, magia…y de coraje –Se atrevió a darle una mirada significativa a sus ojos grandes. –uno depende completamente del otro…si son separados ambos mueren gradualmente por la falta del otro –Susurró.
Eso era exactamente lo que le estaba pasando: el cabello descolorido, las ojeras, la palidez enfermiza, la delgadez añadida, esas feas marcas en su piel, maldición, incluso era incapaz de comer. Sin embargo, no tenía miedo a eso…estaba inmensamente triste.
–¿Quién quiere eso…? –Preguntó al aire.
El mellizo bajó la mirada a sus propios pies, evitando el contacto con el otro. Algo en el fondo de su mente le gritaba "Ya basta" pero no quería razonarlo.
–Yo…tenía miedo de eso…ya he visto lo que pasa cuando una criatura que no es mágica está con una que sí lo es –Se mordisqueó los labios antes de continuar. Ser tan honesto le estaba rompiendo en pedazos, pero debía admitir que algo se sentía muy bien dentro de su pecho –Todas esas relaciones tienen siempre el mismo desenlace…uno de los dos muere, sin excepciones, y es siempre la mágica
El mellizo levantó la cabeza para verlo pero el otro no le miraba a él, veía sus manos atadas delante de su cuerpo esbelto.
–Por una u otra razón…. –Susurró con algo parecido a la melancolía. Luego levantó los ojos con una rabia fría –los seres como tú siempre terminan aburriéndose –Su voz sonó entonces como ese susurro del infierno que helaba la sangre. –Se olvidan de sus promesas y huyen –Parecía un coro de voces al unísono que sonó tan bajo que podría haber estado allí como podría ser que no.
El moreno sin embargo le dedicó la mirada de reproche más dura que podía tener cuando su corazón latía más y más lento, casi como si le doliera continuar trabajando.
–¿Qué demonios esperabas de mí? –Soltó entonces, con la voz estiraba en un hilo.
El rubio lo miró con ojos fijos, una cuestión estaba implícita en esa pregunta, pero no se atrevió a resaltarla, procurando mejor poner los ojos en él.
–¿Tú qué demonios esperabas de alguien como yo? –Siseó en una pregunta.
Aquello rompió a Dipper, sus ojos se pusieron llorosos, su garganta se cerró, bajó la cabeza, puños apretados antes de que se pusiera de pie.
–No puedes hacerme esto –Negó, hablando bajo porque era del único modo que ese nudo fuerte en su garganta se lo permitía.
El rubio entrecerró los ojos.
–¿Y qué te estoy haciendo…? ¿Ha? –Preguntó en un siseo peligroso.
Dipper se cruzó de brazos, tragando pesado para poder responderle.
–No puedes hacer esto, Bill, esto es muy cruel…. –Le dio una mirada dura con esos grandes ojos llorosos –incluso para ti –De sus párpados resbalaron dos lágrimas, desvió el rostro, sin atreverse a limpiarlas por temor a hacerlas más reales –está mal…no puedes pedir que me entregue por completo a ti, escupirle a mis sentimientos y luego esperar a que abra los brazos y diga que todo está bien….
Aún de rodillas, el rubio parecía tener una presencia imponente cuando frunció las cejas.
–Eso no fue….
–Fue exactamente lo que hiciste y lo que sigues haciendo –Espetó. Luego, con voz rota preguntó. –¿Por qué me haces esto…?
Gruesas lágrimas le recorrieron el rostro. Cipher mentiría si dijera que aquello no le partía el alma, pero estaba ahí para arreglar un asunto, no para consolarlo.
–Tú me lo pediste –Fue su respuesta escueta.
El castaño evitó mirarlo mientras se cubría los labios con una de sus manos echas puños, no quería llorar abiertamente frente a él, pero… ¡Demonios! Estaba hecho pedazos.
–…¿Yo lo pedí? –Se señaló, frunciendo las cejas –¿Acaso un día desperté y te dije: Bill quiero olvidarte para siempre Te apetece decirme unas cuentas cosas que me hagan sentir mal y luego mandarme a la mierda? –Preguntó irónico, con la voz rasposa por el dolor en su garganta.
Cipher frunció el ceño.
–Fue exactamente lo que hiciste ¡Exactamente! –Dijo en son de reproche –lo teníamos todo… ¿Y tú que hiciste? –Frunció el ceño, casi sin molestia.
Frente a él el mellizo comenzó a temblar, puños apretados, cuerpo tenso.
–¡Porque estaba mal lo que hacíamos! ¡¿Qué esperabas que hiciera cuando estaba destrozando todo y a todos?! –Medio gritó, asustando incluso a los gnomos, que se encogieron ante su despliegue de rabia.
El rubio, molesto, también bufó, tratando de sacarse las ataduras de los pies para poder ponerse de pie para lo siguiente que quería decirle.
–¡Me que apoyaras, eso quería! ¡Eras mi pareja! ¡Diablos! ¡¿Era tanto pedirte eso?! –Gruñó, mirando la temblorosa figura delante de él.
Si el único modo que ellos dos conocían para ponerse sinceros era gritarse mutuamente entonces iban a quedarse sin voz porque por más que le doliera ver llorar a su niño no iba a parar y por lo que veía del testarudo humano él tampoco.
Lo que sí casi lamentaba era ese cansancio repentino que le hacía sentir ese matiz de emociones tan intensas.
–¡¿Cómo esperabas eso?! ¡Era horrible lo que hacías! –Le gritó, indignado –si me conocías un poco debías saber que sí ¡Era demasiado pedirme eso!
El rubio aspiró hondo, ahí estaba la pregunta que más le molestaba desde que comenzara el fin de todo lo suyo, esa pregunta que le había estado quitando el sueño por las noches.
–¿Y qué esperabas de alguien como yo? ¿Mmm? ¿Una cena los domingos? ¡Soy un maldito demonio! –Espetó, señalándose con ambos brazos juntos por culpa de las ataduras.
Aquello dejó en blanco al humano, que reanudó su llanto, esta vez cubriéndose el rostro con ambas palmas, siempre había sido alguien sensible, más en cuando a Bill se refería. Simplemente no podía evitarlo.
Quizás era egoísta lo que iba a responderle pero se mentiría si no dijera que era lo que había estado esperando todo el tiempo desde que empezó a salir con ese ser desquiciado y hermoso.
–Que cambiaras eso…por mí –Respondió con la convicción que sus sollozos le permitían.
Cipher suavizó su ceño fruncido, deseó como nunca antes poder tocarlo para calmar su llanto, encerrarlo entre sus brazos y nunca dejarlo ir, deseó…ser una buena persona para él. Se removió un poco, habiendo logrado sacarse los nudos que le sujetaban los tobillos, se puso de pie y avanzó unos cuantos pasos hasta él, pero sin atreverse a tocarlo.
–Tengo que decir que…al igual que tú…yo esperaba solo dos cosas de…lo nuestro –Suspiró profundamente, casi con cansancio –sabía que estaba destinado a fracasar…o a florecer si tú lograbas –Luego de eso tomó una de sus manos, empapada por el llanto, y la sujetó entre dos de las suyas –entender que no puedo cambiar por más que lo desee porque está en mi naturaleza ser como soy…
Si tan solo se hubieran dicho eso antes….
Dipper lo miró a los ojos unos segundos, con la vista empañada por frías lágrimas, luego bajó la cabeza, sujetó la mano de ese diabólico ser y la llevó hasta sus labios para depositar un beso en el dorso de esta. Sollozó cuando apartó la mirada.
Los dos sabían que no había remedio…para ninguno de los dos. Podían saberlo. Ambos se adoraban pero no eran tan fuertes para cerrar las enormes brechas de las diferencias abismales que tenían. Dipper era alguien sensible, piadoso y que sabía perdonar, Bill era insensible, cruel y bastante despiadado. Ninguno parecía entender que esas dos cosas eran incapaces de mezclarse.
Mucho menos cuando el castaño lo soltó lentamente, tragó y luego se limpió las lágrimas.
–No tenías por qué ser tan duro conmigo aquella vez –Masculló.
El rubio le dio una sonrisa sin gracia.
Aquel día había supuesto que si él iba a estar condenado bien podría hacer llorar esos ojos bonitos antes de verlo irse, además… ¿Quién se resiste a olvidar cosas tan dolorosas como lo que le dijo? En ese instante supo que tal vez el castaño que estaba de pie frente a él.
–Eres un mentiroso –Comentó en su lugar.
Aquello atrapó la atención del castaño, que puso sus ojos sobre él, preguntando a qué se refería sin hablar.
–Fingiste no recordar nada –Susurró.
Sin arrepentimiento el mellizo lo miró, con esos ojos duros que podía tener cuando mencionaba algo que debía de no incumbirle.
–¿Acaso querías que corriera hacia a ti, reclamando lo injusto que fuiste? –Preguntó, dejándose llevar por el dolor del momento.
El rubio le dio una mirada fija, párpados entrecerrados, luego desvió el rostro.
–Tú también lo fuiste…fuiste injusto conmigo, Dipper. Ni siquiera te importó un poco lo que yo pudiera estar pensando en ese momento en el que dijiste…dijiste que no querías saber nada mas de mí…. –Apretó los puños.
En ese momento había sentido cómo el mundo se le caía, cada pieza de sí rompiéndose en trocos afilados que lo cortaban por dentro. Había sentido miedo, sabía que iba a morir tarde o temprano, y lo peor era que no lo culpaba, se culpaba a sí mismo….
–Solo soy un humano –Respondió.
Cipher dio una risa amarga, luego bajó el rostro.
–Yo soy solo un demonio….
Contrario a lo que pensaría el castaño le quitó las ataduras de las muñecas, luego, sujetándole las palmas, lo obligó a acariciarle el rostro, se dedicó a sentir la suavidad de su piel contra la suya, la textura lisa, temperatura escasa…. Dipper se sentía enfermo, muy mal consigo mismo cuando levantó la mirada y encontró los ojos diferentes mirándolo cuidadosamente.
Estaban lejos de perdonarse, maldición, ambos lo sabían. Se reprochaban muchas cosas el uno al otro, sus ojos fijos lo decían, sin embargo, sus manos enredadas también decían que había esperanza.
Lágrimas frías estaban ocultas bajo los párpados del mellizo, mismas que fueron retiradas por el rubio con ayuda de sus pulgares, luego cuando fue a inclinarse para besarlo el moreno solo puso su frente contra la suya, permanecieron así unos minutos hasta que después el mismo mellizo se separó.
–Esto no llegará a ningún lado…lo sabíamos antes de que empezara –Soltó su mano, no sin antes besarle los nudillos –y aun así quiero que sepas que lo lamento
Cipher sintió ahogarse. Sus piernas temblaron.
–Siento tanto que las cosas se dieran así…. –El castaño se sentía menos pesado, como si hablar de eso le hubiera permitido sanar de alguna manera que no era capaz de describir.
Sus ojos de avellana lo miraban cuidadosamente, a esos pozos obscurecidos que eran sus ojos desiguales.
–Pero no puedo decir que no lo esperaba.
El mellizo no sonrió cuando besó su frente de forma suave y se marchó, dejándole solo en el bosque.
Ni siquiera las criaturas que le metieran en ese embrollo se interesaron al verlo ponerse de rodillas en el polvoroso piso y ponerse a hacer algo que nunca pensó que haría de nuevo, a sonreír de forma temblorosa con los ojos cristalinos.
De alguna manera jamás se acostumbraba a eso, el escozor, el dolor….
Sabía que Dipper iba a buscar el modo de seguir adelante…él no creía poder.
Yo creo que esto es un poco triste ¿No creen? La teoría esa la puse yo (Lo de los seres demoniacos :T) debo decir que me gustó un buen aunque suene injusto pero…así las cosas deben ser.
