Jean Kirstein se sintió aún más confundido, incluso abrumado, cuando oyó que el "idiota suicida" (o Idiota a secas) iba en el equipo marrón; ya llevaba unas cuantas cosas a sus espaldas desde que empezó aquella mañana… Por un momento, creyó que la cabeza le iba a explotar; eso dificultaría su objetivo de entrar en la Policía Militar, así que trató de organizar sus ideas lo más rápidamente posible, intentando poner algo de orden en todo aquel caos.

Sólo unos minutos antes había creído que Marco, su mejor amigo, le había apuñalado por la espalda liándose con Mikasa… pero en realidad Annie había tratado de destruirla descubriendo antes de tiempo (¿cómo lo supo?) que el Idiota iba en otro equipo… y cuando Sasha había tratado de explicarle que Marco había estado hablando con Mikasa para reparar el daño causado por Annie, Jean no había tenido mejor idea que intentar sacudir a la Chica Patata, recibiendo a cambio un golpe de ella y una "mirada asesina de la muerte" de Marco (algo de lo que nunca habría creído capaz al moreno).

"¡Arg!", se desesperó en su interior, aunque por fuera mantenía una expresión relativamente neutra; teniendo todo en cuenta, que Shadis y los otros dos policías hubiesen regresado no era lo más raro que había ocurrido aquella mañana.

Aunque también había buenas noticias. Él estaba en el equipo azul. Cierto que le había tocado con Braus y Springer, pero al menos tenía a Marco y a Mikasa… especialmente a Mikasa. Todavía sentía vergüenza por haber "acertado" a aquella diana, cuando en realidad él estaba apuntando a otra… sólo porque había creído que ella le sonreía.

Una vez más, sentimientos contrapuestos. Por un lado, la chica de sus sueños iba en el mismo equipo que él; eso se parecía bastante a su idea de "felicidad absoluta". Pero por otro lado, Yeager iba en un equipo distinto, así que su deber era destruirle; disfrutaría de lo lindo haciéndolo, pero ¿cómo reaccionaría Mikasa? ¿Se lo tomaría a mal? ¡Pero no podía dejarse ganar y menos aún por el idiota suicida!

Durante aquellos años de instrucción, lo más sencillo habría sido centrarse en los ejercicios que daban más puntos para la clasificación; pero no se estaba limitando a "sumar méritos" para entrar en la Policía Militar. No, su aspiración era convertirse en un soldado de verdad, capaz de afrontar con éxito cualquier tarea y situación; entrenaba para ser más ágil y más fuerte, no solo para quedar entre los diez primeros.

Y si hacía todo eso, era por ella.

Sabía que lo tenía difícil, prácticamente imposible. Con alguien como Mikasa, no valía decir "me la pido" o "yo la vi primero"; a alguien como ella… había que ganársela. Era la chica más bella, más fuerte y más ágil de toda la 104… qué demonios, ¡de todo el ejército! Con ella no valdrían trucos; si quería conquistarla, él tendría que transformarse en un auténtico soldado, en alguien digno de ella.

Reconocía que jamás podría superar a Mikasa, pero tampoco era eso lo que pretendía. Se trataba de superar a Yeager: quedar por encima de él, demostrar ser mejor que él, colocarse en la clasificación lo más cerca posible de su hermana… adoptiva.

Ese último detalle era el que, a veces, le quitaba el sueño. Eren sería un patán que no le llegaba a la suela de los zapatos, pero el maldito bastardo no sólo recibía las atenciones de Mikasa sino que encima las rechazaba… a pesar de que, seguramente, aquellas atenciones iban más allá del mero "amor filial".

Por eso tenía que ganar como fuese aquellos ejercicios: derrotar a Yeager y demostrarle a Ackerman, con hechos, que no tenía por qué seguir malgastando su tiempo con el idiota suicida, más aún cuando éste ni se daba cuenta de lo que ella pretendía en realidad. Además, ver a quien prácticamente era una diosa de la guerra, rebajándose de ese modo por un cretino que ni siquiera se la merecía…

Solo de pensarlo, le hervía la sangre. Sin embargo, había otra idea que en cambio le dejaba helado.

La idea de que ella, quizás, podría pedirle que perdiera a propósito.

Puede que no tan directamente; pero quizás insinuase que no tenía que dar el cien por cien, que "sólo eran unos juegos de guerra", que no hacía falta que se lo tomase tan en serio… o darle a entender que sería "conveniente" que a Eren no le pasase nada.

Entonces todo habría acabado entre ellos, incluso antes de empezar.

Porque la chica de sus sueños nunca le pediría a él que se rebajase hasta ese punto; porque si Mikasa le pidiese hacer algo así… entonces el sueño se habría terminado.

Si Jean había tan lejos, era en gran parte gracias a la ayuda de Marco; pero la chica de la bufanda roja siempre fue su inspiración para aspirar a más, convertirse en más. Si ella de pronto le pedía justo lo contrario, entonces se cumpliría su mayor temor: que la chica a la que tanto admiraba nunca hubiese existido en realidad y Mikasa fuera otra persona completamente distinta; que él hubiese estado equivocado todo el tiempo y solo hubiera visto lo que había querido ver.

"Quizás sería mejor así", pensó con amargura. "Ella está entregada por completo a Yeager, como si careciese de voluntad propia… Quizás, en el fondo, sé que no tengo ninguna posibilidad. ¿Acaso estoy intentando convencerme a mí mismo de que más vale más retirarse a tiempo, antes de que me estampen la derrota en toda la cara?"

Sabía que ya estaba dándole demasiadas vueltas al asunto, así que trató de centrarse un poco en los demás. Especialmente en Mikasa. Especialmente en su reacción ante aquella sencillas palabras.

"¡Cadete Yeager! Te ha tocado en el equipo marrón."

Le llamó la atención que, de todos los presentes, fuera precisamente Shadis quien parecía observar con más atención a Ackerman; casi como un halcón que estudiase a su presa. Recordó la incredulidad que había ido apareciendo en la cara de Sasha (la chica no sabría disimilar ni aun dependiendo su vida de ello), conforme iba revelándose que quienes se llevaban bien entre sí terminaban en un mismo equipo; habría sido de esperar que con Eren y Mikasa ocurriera otro tanto, y sin embargo…

"Shadis lo sabía," pensó alarmado por la súbita revelación. "Lo ha sabido todo este tiempo. Maldito hijo de…"

Apretó furioso los dientes, hasta hacerlos rechinar. No le importaba que se tratase del mismísimo Instructor Jefe. ¡Cómo se atrevía a aparecer por allí cual vulgar "voyeur" para observar el sufrimiento de su camarada, su amiga, su…!

Entonces notó que alguien le agarraba por el codo. Se dio la vuelta bruscamente, casi listo para soltarle un mordisco al desgraciado… y vio que se trataba de Marco, quien en ese momento estaba tan sereno como Jean agitado.

–Acuérdate de respirar –bromeó el pecoso… pero no del todo.

Supo que su amigo tenía razón. Perder la calma y liarse a cabezazos con el primero que pasase sería algo típico de Yeager… y Kirstein no haría algo así; era mejor que él. Tenía que serlo.

"Y lo peor de todo es que soy un hipócrita. ¿Acaso no estoy mirando yo también?"

Así que trató de concederle algo de intimidad a su compañera y pasó a fijarse en el idiota suicida, que se había situado en la línea de tiro pero parecía titubear; como si a pesar de todas las veces que le había dicho a Mikasa que le dejase en paz, a la hora de la verdad dudase, sabiendo que ella iba a ser su oponente. Armin se acercó a Eren y debió de explicarle algo, porque consiguió que el moreno se relajara.

Jean tuvo que apartar la vista, porque ver a su "archienemigo" con tanta indecisión le irritaba sobremanera; le había escogido como su némesis, ¡se suponía que tenía que ser un rival digno!

"Y hablando de rivales…"

Posó su mirada, discretamente, sobre Annie Leonhart, la persona responsable (al menos en parte) de toda aquella situación. En su rostro aparecía la misma expresión de siempre, entre aburrida y desdeñosa… pero sus ojos, clavados en Mikasa, brillaban con un interés poco habitual.

"Maldita sea, ¿tú también? ¿Por qué no te metes las narices en tus propios asuntos?"

Naturalmente, sólo lo pensó; mala idea habría sido, soltarle algo así a aquella mala bestia con forma humana.

"Y sin embargo, ella y Yeager se van cada dos por tres al bosque a entrenar solos… ¿Qué verá en la rubia? ¿Acaso busca justo lo contrario a Mikasa? Maldito imbécil…"

Por fin disparó el sujeto en cuestión, a buen ritmo y con tiros cada vez más precisos; los consejos de Armin le habían venido bien. Es lo que solía pasarle a Eren: dudaba al principio, pero luego seguía intentándolo una y otra vez, hasta acabar dominando la técnica; ya le había ocurrido antes, con el equipo de maniobras.

"Será un idiota suicida, pero también es ágil y fuerte. Hay que reconocer sus méritos… aunque el sentido común no es uno de ellos."

Jean quería creer que él tampoco se rendía; simplemente, se marcaba objetivos más realistas. Además, Yeager no era perfecto ni mucho menos; aquellos disparos podrían haber sido mejores…

–¿Eso es todo de lo que eres capaz? –se oyó decir a alguien con voz clara, fría.

Kirstein siguió confundido unos instantes, porque parecía que alguien había dicho en voz alta lo mismo que él estaba pensando. Luego, al igual que el resto de los compañeros, se quedó helado cuando se dio cuenta de quién lo había dicho; incluso Shadis parecía sorprendido. Habría tenido más sentido si hubiese sido Annie, o Ymir…

Pero aquellas palabras las había pronunciado Mikasa Ackerman.

Jean había creído que la chica estaría temblando, al borde de las lágrimas, ante la sola idea de tener que dispararle a su "hermanito", aunque fuese en un combate simulado; en vez de eso, la chica de la bufanda roja estaba firme, determinada, erguida como una estatua… no, como una diosa. En aquel momento, parecía aún más bella.

Y entonces Jean lo supo. Supo que estaba perdido: porque de una chica así, era imposible no enamorarse.

Alguien le dio con el codo discretamente en el costado; creyó que sería su amigo Marco… y se sintió bastante mortificado cuando vio que se trataba de la Chica Patata, que le miraba con una enorme sonrisa de complicidad.

"¿Tan transparente soy?", se lamentó internamente por su torpeza.

Luego Sasha miró con preocupación a su amiga; Jean frunció el ceño, pero no dijo nada más, y observó (ahora sí) la escena con atención.

Eren había permanecido varios segundos intentando abrir la boca sin llegar a decir nada, pero poco a poco el estupor fue dando paso a la cólera, un estado mucho más habitual en él.

–¿Disculpa? –si la voz de la muchacha antes había sido gélida, la de él en cambio ardía de indignación.

–Lo siento por Armin y los demás de tu equipo –continuó Mikasa, con un brillo implacable en sus ojos negros–. Contigo no tienen ninguna posibilidad.

–Pero qué… –Yeager debía de estar atragantándose con su propia bilis, porque ni siquiera pudo terminar la frase.

–¿Ackerman? –Eibringer, el PM que (en teoría) dirigía aquellos juegos, se hizo notar por primera vez en algún tiempo; enarcó una ceja y trató de poner cara seria, pero se le notaba más bien incómodo.

–Los marrones no tenéis nada que hacer –Mikasa le ignoró y siguió hablando–. Entre los azules y los grises, os vamos a devorar vivos. Más vale que os retiréis ahora.

Jean no pudo evitar sentirse en parte halagado por aquel comentario; pero se daba cuenta de que estaba intentando provocarle deliberadamente y, tratándose de Eren, nadie sabía cómo podía terminar aquello.

–Estás de broma –la expresión incrédula de Yeager no era fingida–. No me conoces, si crees que voy a… ¿De verdad crees que voy a rendirme antes de empezar?

Jean maldijo para sus adentros; eso mismo era lo que había pensado él antes… "¡Que no, que no nos parecemos, maldita sea!"

Marco observaba a Mikasa, también preocupado. Armin miraba alternativamente a sus dos amigos de la infancia, con una expresión de concentración en el rostro.

–Bueno, eso se verá pronto –interrumpió una voz distinta.

Todos se giraron hacia Ymir, que era quien había hablado.

–¿Qué? –Ella se encogió de hombros, con su desenfado habitual–. Al principio tenía gracia, creo que todos nos hemos llevado la sorpresa… pero me estoy aburriendo. ¿Vamos a liarnos a tiros de una vez o nos vamos a quedar aquí todo el día charlando como viejas? Y tengo ganas de saber ya en qué equipo voy…

–¡Ah, sí! –Dennis aprovechó aquella oportunidad para recuperar el control de la situación–. Ymir, te toca en el equipo gris.

–Naturalmente –contestó ella, como si no hubiera podido ser de otra forma.

Luego la chica sin apellidos se giró hacia Shadis, que parecía contrariado, aguantándole la mirada sin pestañear; una proeza de la que sólo ella sería capaz, junto con otros pocos elegidos. Para cuando los dos pusieron fin a su particular duelo (sin claro ganador), la tensión ya había desaparecido prácticamente.

Mientras Ymir hacía sus disparos sin prisas, dedicándole de cuando en cuando una enorme sonrisa a Krista, Marco se acercó a Mikasa.

–¿Crees que ha sido buena idea? –le preguntó el chico en voz baja.

–Es lo que tú hiciste antes –replicó ella con naturalidad–. Conmigo funcionó.

–No es lo mismo, Eren y tú sois muy distintos –parecía apurado–. Además, eso no justifica…

–Mikasa –interrumpió una voz.

Frente a ellos se había parado Eren. Su rostro volvía a reflejar la determinación a la que tan acostumbrados estaban. Miró a Mikasa con una sonrisa feroz, alegre; en sus ojos se veía… orgullo.

–Yo no voy a contenerme, así que espero que tú tampoco –miró un momento a Marco y pareció recordar algo–. Los hechos hablan más alto que las palabras, ¿verdad? No vayáis a desdeciros luego en el campo de batalla…

Y Mikasa, ya más relajada, feliz incluso, le devolvió la sonrisa como sólo ella sabía hacerlo: suave, sutil, apenas perceptible… pero con algo más en el fondo, como una fuerza oculta que convenía no tomar a la ligera.

"Ay… Yo mataría por una sonrisa así."

De nuevo soñaba despierto, así que no llegó a oír lo que se dijeron exactamente al final, pero Yeager y Ackerman se despidieron en buenos términos.

Shadis seguía allí, observando como convidado de piedra; sin embargo, los cadetes estaban cada vez más excitados por el combate que se avecinaba, así que la presencia del Instructor Jefe ya no imponía tanto. Prácticamente todos estaban repartidos por equipos, con dos excepciones.

Ymir había terminado de disparar… buenos disparos, por lo visto; o quizás eran los de Yeager y el moreno, distraído, no había limpiado los suyos. Eibringer estaba diciéndole algo a la chica en voz baja, casi suplicando a juzgar por su cara, mientras ella mantenía su sempiterna sonrisa burlona; Shadis no les miraba directamente, pero tenía un aire como de estar divirtiéndose (para tratarse de él).

Al final, el policía debió de convencer a la morena pecosa, porque ésta cogió el trapo y limpió las dianas, aunque sin demasiado entusiasmo; entusiasmo que recuperó en seguida cuando se acercó a sus compañeros del equipo azul. No tardó en pasarle otra vez el brazo por encima de los hombros a su querida Krista, el "ángel" de la 104. ¿Era impresión de Jean, o justo en ese momento caía sobre ella un rayo de sol?

"Con razón dicen que es una diosa. Quién sabe, quizás si no fuera por Mikasa… Pero claro, donde esté Krista suele estar Ymir, protegiéndola, ¡o más bien acaparándola!"

Como la morena siempre junto a ella, ninguno de los chicos tenía ni una sola posibilidad. Aun así, algunos no desistían; los más persistentes eran Reiner y Connie, sobre todo el primero. Por otro lado, a la rubita no parecían molestarle demasiado las atenciones que le dedicaba Ymir…

–Hum… Usted disculpe, señor –se atrevió a decir Mylius, el último que faltaba–. Supongo que voy en el equipo azul, ¿no?

El chico de cabellos casi plateados y ojos azules solía ser amable y tranquilo, aunque ahora se le veía un poco nervioso, tras haberse quedado a solas con el Policía Militar y el Instructor Jefe.

–Ah, sí… –contestó Dennis–. Zeramuski… ¿Lo he dicho bien? Claro, te toca con ellos. ¿Haces los disparos y terminamos con esto?

Jean observó con atención cómo se desempeñaba la última incorporación a su equipo. Buena velocidad, buena precisión… No era como Mikasa, pero les vendría bien; su actitud serena podría servir para mantener controlados a Braus y Springer.

Entonces se preguntó quién sería el Jefe de equipo. Sasha ya había sacado antes el tema. Por lo visto, tendrían que decidirlo ellos mismos…

Mylius terminó de limpiar las dianas; sería ya la última vez. Eibringer dio un par de palmadas para reclamar la atención de los cadetes.

–¡Bueno, ya está! –parecía contento–. Ahora venid todos conmigo, que os vamos a repartir las chaquetas y las mochilas… También os explicaré un poco el terreno del combate, ¡y las reglas naturalmente!

Se despidió desenfadadamente de Shadis, que no le devolvió el gesto, y se subió con agilidad a uno de los carros. Desde allí, miró a sus dos compañeros de la Policía Militar, que seguían a lo suyo apartados del resto, cuidando de los caballos.

–¡Djel, Ralph! Vais a atarlos al otro carro, ¿verdad? ¿Podríais ir pasando las cosas a éste?

Los aludidos se le quedaron mirando un rato. Al final, Sannes cogió las riendas de ambos animales y el otro policía fue quien se dedicó a ir llevando bultos de un carro a otro. Mientras tanto, los cadetes dejaban atrás las dianas, la línea de tiro y las mesas con las cajas ya vacías; se colocaron alrededor de Eibringer, al que parecía habérsele ocurrido algo gracioso.

–Vamos a hacer una pequeña prueba de agilidad… Tenéis que estar atentos, que os voy ir repartiendo las chaquetas, ¿de acuerdo? Veréis que son tallas únicas, pero no debería suponer un problema.

Al parecer, su idea de "repartir" era ir lanzando las chaquetas, dobladas como si fueran una pelota, a quien menos se lo esperase en aquel momento. Cuando le acertó en toda la cabeza a Daz, los demás no pudieron evitar reírse un poco; cuando le hizo lo mismo a Krista, la mayoría miró con temor a Ymir, que verdaderamente parecía plantearse "disparar por accidente" al oficial delante de todos. Sin embargo, los cadetes cogieron el ritmo en seguida y no hubo más incidentes.

Jean cogió su chaqueta azul y comprobó con agrado que era de su talla, fabricada con un tejido resistente y algo basto; a pesar del calor, al menos amortiguaría parte del impacto de los disparos… salvo que le dieran en la cara.

Quizás por tratarse de su equipo, le pareció que las más elegantes eran sus chaquetas, de un azul marino muy distinguido. Las del equipo marrón eran prácticamente como las que llevaban con el uniforme de todos los días; aunque las que les habían dado para el simulacro eran más largas, como las que usaban los instructores. Las chaquetas grises eran bastante oscuras, casi negras… y les daban un aire todavía más siniestro a los miembros de aquel equipo, seguramente el más difícil de batir.

Por otro lado, lo de la talla única provocó algunas risas. Al pobre Bertolt la suya le quedaba demasiado pequeña; se le veía aún más apurado de lo habitual. Reiner casi parecía que fuese a reventar la suya, pero se lo tomaba a broma. Krista estaba muy mona (tenía que reconocerlo) con aquella chaqueta que le quedaba demasiado grande; había tenido que arremangarse un poco, para que no le cubriese las manos. A Annie la suya también le venía un poco grande, pero el efecto era justo el contrario, parecía aún más amenazadora; no costaba mucho imaginársela dirigiendo un interrogatorio, diciendo "tenemos maneras de hacerte hablar" con su voz baja y peligrosa… Jean sintió un escalofrío con aquella idea.

Después de los abrigos, vinieron las mochilas. Esta vez Eibringer no se las lanzó, sino que ellos fueron acercándose y recogiéndolas de una en una. Jean examinó la suya con atención; tela verde oscuro, como la de la bolsa de municiones, pero más gruesa. Se alegró al ver una funda en el lateral derecho que les permitía guardar allí el rifle y quedarse por fin con las manos libres; comprobó que era muy fácil enfundar y desenfundar con la derecha.

"Aunque habría estado bien añadirle al arma una correa o algo así."

Abrió la mochila y fue echándole un vistazo a sus contenidos: un mapa, una brújula, un pellejo con agua, algunas vendas pero no botiquín, y una bolsa con provisiones; en esta última encontró un bocadillo de algo que no olía demasiado mal, varias nueces, una pastilla de chocolate, un tomate y una naranja. Oyó, cerca de él, cómo Sasha olfateaba su propia bolsa; creyó que la chica se lo zamparía todo de un bocado, pero para su sorpresa volvió a guardar la comida en la mochila, aunque por su expresión se notaba que le había costado bastante.

–De acuerdo, vamos con las reglas –dijo Eibringer mientras sacaba varios papeles del bolsillo–. Si abrís vuestros mapas, veréis que el terreno de juego viene a ser un círculo que se encuentra al sur del campo oeste, que es donde estamos ahora mismo… Bien, cada equipo partirá desde un punto equidistante de los otros. Podéis ver que esos tres puntos vienen a formar una "Y". El equipo marrón sale desde el punto situado en lo que sería el noroeste del campo de batalla, el equipo gris lo hará desde el noreste… A los azules os vamos a llevar en carro hasta el punto sur, el más alejado de todos. ¿Me seguís hasta ahora?

Algunos murmullos y gestos de asentimiento.

–Bien –continuó el policía–. Justo en el centro podéis ver el objetivo: un viejo fuerte de madera que debéis capturar y mantener bajo control hasta que hayan terminado los ejercicios. Por cierto, esto se acaba cuando el sol se haya puesto tras el horizonte o sólo quede en pie uno de los tres equipos… pero alguien tiene que estar en el Fuerte, para que se considere que ha habido captura. Insisto: el objetivo en sí no es eliminar a los otros equipos, sino mantener el control del Fuerte. Aunque un equipo se quede con un solo miembro, si ése cadete está dentro cuando cae el sol y los demás siguen fuera, él y su equipo serán los ganadores. ¿Queda claro?

Más gestos afirmativos, quizás no tantos como antes; se ve que varios preferirían liarse a tiros directamente entre ellos, sin distracciones como "capturar un objetivo".

–A ver… En general, siguen aplicándose los reglamentos y las ordenanzas de costumbre. En caso de duda, más vale seguir el sentido común… Eso y recordar que vais a seguir viviendo juntos bastante tiempo. Si le hacéis una perrería a alguien, lo terminaréis pagando tarde o temprano. Creo que ya os lo han dicho antes, pero lo repito por si acaso: si os saltan un ojo, se acabó la instrucción para vosotros. Así que procurad llevar siempre puestas las gafas, ¿de acuerdo?

Algunos tragaron saliva, pero la mayoría seguían animados, con ganas de saber más.

–Y por favor, tratad de cuidar en la medida de lo posible el material que os hemos dado. Como se rompa algo, luego habrá que encargarse de un montón de papeleo… En cuanto a las "bajas", uno debe considerarse abatido si recibe un impacto en cualquier parte del cuerpo. Sí, también si os dan en un brazo o una pierna. ¿Habéis visto lo que puede hacer una bala de verdad? No vamos a usar munición real, pero la idea es que el simulacro sea lo más auténtico posible… Importante: la bala tiene que romper y marcar con pintura o no cuenta. No sé si os lo he comentado antes, pero no vamos a meter observadores en el terreno de juego, así que estaréis solos. Como veis, confiamos bastante en vosotros, y espero que os mostréis dignos de esa confianza.

Algunos susurros y sonrisas pícaras, pensando en las maneras de aprovecharse de esa circunstancia.

–Se trata de una "autoevaluación", por así decirlo, aunque… ¿Recordáis lo que dije antes sobre el papeleo? Porque eso también forma parte de la vida del soldado. Pues bien, al final de los ejercicios, cada uno deberá preparar un informe contando todo lo que ha hecho y ha visto. Sucintamente, claro. No hace falta que escribáis una novela para narrar lo que ocurre en unos juegos de guerra que solo duran un día. Pero tened esto bien presente: cualquier discrepancia que surja entre unos informes y otros será detectada, examinada a conciencia y en su caso purgada… cortesía de algunos de los mejores interrogadores de la Policía Militar.

Al decir esto último, dejó de sonreír. Los cadetes también. De pronto, aquello se había puesto mucho más serio…

–Ah sí, otra cosa. Recordar aquello de "el fuego amigo no lo es". Todas las balas marcan igual, así que aunque os dispare por accidente uno de los vuestros, también estaréis eliminados. Y "eliminado" significa eliminado. Si os dan, pues más suerte la próxima vez. Nada de volver a levantarse si te han dado, nada de seguir disparando si te han dado… Más vale que seáis honestos, porque si hacéis trampa habrá otros veinte compañeros que lo verán y seguramente lo pondrán en su informe, así que… Lo mejor sería que os quedaseis allí donde caigáis, sin moveros, pero si os arrastráis un poco para buscar una sombra y tomaros algunas provisiones, pues tampoco os vamos a fusilar por eso.

Si era una broma, no debió hacer mucha gracia, porque nadie se rió.

–Iremos a buscaros cuando se acabe el tiempo. Si termináis los ejercicios antes de lo previsto, sentíos libres de practicar tácticas de cuerpo a cuerpo, o simplemente quedaros allí tumbados esperando, eso ya no entraría en vuestros informes. Otra cosa importante: obviamente cuenta mucho quién gana estos ejercicios, pero los informes también servirán para evaluar cómo se desenvuelve cada soldado, tanto individual como colectivamente. Que esto os sirva para pensároslo dos veces antes de hacer algo: en el peor de los casos, estaréis perjudicándoos a todos.

Después sonrió, tratando de mostrar la zanahoria después de haber enseñado el palo.

–Además, no querréis dejar en mal lugar a la Promoción 104, ¿verdad? Se supone que os estáis entrenando para ser soldados, así que se espera que actuéis como tales y cumpláis con vuestro deber. ¡Haced que vuestros instructores se sientan orgullosos! Y ahora, a no ser que alguien tenga alguna pregunta…

–¡Yo yo yo! –levantó Ymir la mano.

–A ver… –suspiró Dennis–. Sí, podéis "saquear" a los caídos, nada os impide quitarles hasta la ropa, si eso es lo que queréis… Pero recordad lo que dije antes: mañana volveréis a veros las caras y pasado también, así que es mejor no hacer nada de lo que luego os vayas a arrepentir. Además, ese tipo de conductas, en general inadmisibles, no creo que vaya a repercutir favorablemente en vuestros informes. Procurad usar la cabeza antes de tomar cualquier decisión, ¿vale? Bien, si eso era todo… ¡Pausa de quince minutos! Reuníos con vuestros equipos, decidid cómo vais a organizaros, vuestra estrategia, etcétera. Después cada equipo se vendrá con uno de nosotros hasta el punto de inserción correspondiente. ¡Rompan filas!

Jean Kirstein así lo hizo, y se encontró dándole vueltas a toda aquella información… Por lo menos se sentía cómodo, con la chaqueta azul y el peso familiar de la mochila a sus espaldas. Se pasó la mano por los cabellos color ceniza, echando de menos un casco o algo parecido; pero en fin, si consideraban que con las gafas tenían suficiente…

Se fue apartando un poco de los carros y de los demás cadetes. Sin embargo, se dio cuenta de que le estaban siguiendo: eran sus compañeros "azules". Fue mirando a cada uno conforme se acercaban: Mikasa, Marco, Sasha, Connie, Samuel, Mylius. Él y los otros seis, sin proponérselo, terminaron formando un pequeño círculo.

–Creo que es el momento de elegir a nuestro Capitán –comenzó Marco, sonriente, sin mirar a nadie en concreto.

–¡Jean! –exclamó Sasha con una sonrisa todavía más amplia–. ¡Jean tiene que ser el Capitán!

Los demás miraron a la chica de cabellos castaños con cierta sorpresa, exceptuando a Connie.

–Conforme –dijo el bajito de cabeza rapada, con lo que a Jean le pareció un aire burlón; el otro se dio cuenta y simplemente se encogió de hombros–. ¿Qué? Siempre estás diciéndonos lo que tenemos o no tenemos que hacer… así ya estaremos acostumbrados.

–Una cosa es que yo diga algo –gruñó Kirstein entre dientes–, otra bien distinta es que luego me hagáis caso.

Aquí fulminó con la mirada a la ladrona de comida.

–¡Venga ya! –contestó ella sin desanimarse–. Esta vez obedeceremos. Palabra de honor.

Estuvo a punto de resoplar irritado, pero se contuvo. Miró de reojo a Marco; aquella mañana, su amigo parecía mostrarse especialmente protector hacia Sasha… sería mejor no tentar a la suerte, como había podido comprobar Connie. Además, todavía no olvidaba la cara que se le había puesto antes al moreno pecoso.

"Creí que él sería el primero en apoyarme, pero aún no dice nada. ¿Querrá que los otros decidan antes?"

El caso es que, sin proponérselo, seguía reuniendo apoyos.

–Estoy con ellos –intervino Samuel, venciendo una vez más su reserva habitual; parecía cómodo en el grupo, sobre todo al lado de Sasha.

–Se te dan bien las palabras –confirmó Mylius, sereno–. Seguro que ya tienes algún plan, alguna idea…

–Je je, creo que me confundes con Marco o con Armin –confesó Jean–. Hey, Marco, ¿no te gustaría ser el Capitán?

–¿Qué? ¡No, no! –el moreno gesticuló con las manos, fingiéndose horrorizado, aunque sin perder su sonrisa–. No digo que no sea capaz, pero… Es mejor que lo seas tú.

–Tiene sentido –se limitó a decir Mikasa, tranquila, interviniendo en aquella conversación por primera vez.

Aquellas dos palabras fueron, de todas las que había oído Jean, las que más significaron para él. Se atrevió a mirar a su compañera y ella, al notarlo, le observó un momento y luego gesticuló con la cabeza hacia los otros dos equipos. El chico siguió su mirada y vio que los del equipo marrón estaban dándole palmadas en la espalda a Eren.

–Así que él es su Capitán… –murmuró para sí.

–Sé que no quieres reconocerlo –Mikasa debía sentirse especialmente habladora–, pero el parecido está ahí. Es inevitable que choquéis. Hoy os enfrentaréis en el campo de batalla. Hay quien diría que estáis… destinados a ello.

Aquellas palabras sorprendieron a sus compañeros, en mayor o menor medida. Jean, en cambio, trataba de mantener a raya su cólera. Que ella misma dijese que el idiota suicida y él se parecían… ¿o acaso debería tomárselo como un cumplido? Pero Mikasa parecía algo ausente, centrada en otra cosa; siguió de nuevo su mirada… y se quedó de piedra al ver entre los "grises" a Annie, que les devolvía la mirada con tal intensidad, en sus helados ojos azules, que daba un poco de miedo.

Marco también se había dado cuenta; se le veía un poco pálido, pero tragó saliva y se recuperó enseguida, sonriendo de nuevo mientras miraba a sus compañeros de equipo.

–¡Bien! Entonces creo que es unánime –dijo–. Jean es el Capitán. Ahora tenemos que resolver una cuestión muy sencilla: si vamos directamente al Fuerte… o vamos primero a por los otros equipos.

De nuevo sorpresa, esta vez por la propuesta del pecoso. Braus pareció recordar algo, estaba un poco nerviosa; en cambio Springer le contestó tranquilamente, a pesar de que Bott (casi) le había disparado antes.

–Para ganar hay que capturar el Fuerte, ¿no? ¡Sasha y yo somos los más rápidos! Nos adelantamos, ocupamos el sitio y lo defendemos hasta que lleguéis.

Lo dijo con tanta convicción que, por un momento, Kirstein se planteó seguir adelante con aquel plan… pero no tardó mucho en descartarlo.

–Por muy rápidos que seáis –contestó–, vosotros solos no podréis contra los otros catorce… y los cinco también tendríamos bastantes problemas yendo por nuestra cuenta. Dividir las fuerzas es mala idea, creo que será mejor permanecer juntos. Seguramente los demás harán lo mismo.

–Entonces está claro –concretó Mylius–. Avanzaremos como una unidad.

–Quizás si Mikasa se viene con Sasha y conmigo… –insistió Connie.

–Por mucho que me gustaría perderos de vistas a vosotros dos –gruñó Jean–, la respuesta es "no". Vamos los siete juntos. Pero es lo que dijiste antes, para ganar hay que conquistar el Fuerte. Ya que no sabemos con certeza qué van a hacer los demás, será mejor no pensar mucho en ellos y decidir lo que más nos convenga a nosotros. Así que directos al Fuerte… pero la cuestión es cómo.

–Cada uno tiene sus puntos fuertes... –Marco se rascó la barbilla y luego miró a su Capitán–. ¿Puedo sugerir que Sasha vaya por delante? Como "exploradora" no tendrá rival.

Kirstein se quedó pensativo. La Chica Patata era irresponsable, pero también muy ágil. Además, era una cazadora de Dauper; si intentaban tenderles una emboscada, ella se daría cuenta enseguida. Eso sí, sería mala idea ponerla a junto a Connie, se distraería todavía más. Todos tenían que centrarse, si querían ganar aquellos ejercicios y sumar puntos para entrar en la PM; no solo se trataba de vencer a Eren, el equipo gris iba a ser duro de pelar y no podían permitirse ni un solo error.

Podía contar con Marco, Samuel y Mylius para asumir cualquier función. Mikasa podría servir de "tropa de choque", pero tratándose de Eren era mejor no correr riesgos, aunque ahora estuviese bien dispuesta. Por otro lado, si ella le tenía a la Leonhart tantas ganas como parecía, eso ayudaría a que se centrase en los juegos de guerra…

–Supongamos –pensó en voz alta–, que nos flanquean a la vez los dos equipos… Podemos formar una línea de cinco, con cuidado en la vanguardia y la retaguardia, refuerzos en nuestros flancos… Si os parece bien, yo iría en el centro de la formación para coordinarlo todo.

Los demás asintieron con la cabeza, nadie se opuso y él continuó.

–Bien. Sasha, tú irás en vanguardia, si ves algo sospechoso avísanos pero intenta ser discreta. Samuel, tú serás el enlace entre vanguardia y centro. Connie, te necesito vigilando nuestras espaldas por si los otros no se conforman con flanquearnos. Mylius, enlace con la retaguardia. Mikasa, el equipo gris es más peligroso, si intentan algo contra nosotros será por el flanco derecho, así que tú estarás allí, ¿de acuerdo? Quedas tú, Marco, te toca el flanco izquierdo por si nos atacan los "marrones". ¿Todo conformes?

Su amigo asintió con la cabeza; estaba claro que aprobaba la distribución. "Sería un buen líder, pero también tranquiliza tenerlo a mi lado como 'número dos'. Y oye, si resulta que tengo a Mikasa a mi lado, pues mejor todavía… pero más me vale no olvidar que esto no es un picnic."

–Muy bien, camaradas –la sonrisa le salió sola, el entusiasmo no era fingido–. Ese Fuerte y esos puntos serán nuestros si nos mantenemos firmes. Buena suerte, mucho ánimo… ¡y a por la victoria!


NOTA DEL AUTOR – En aras de la claridad, se ofrece a continuación un resumen de la distribución por equipos, ya completamente desvelada. La información se irá complementando en cada capítulo con las bajas que vayan produciéndose.

EQUIPO AZUL

Mikasa Ackerman.

Sasha Braus.

Marco Bott.

Jean Kirstein.

Connie Springer.

Samuel Linke-Jackson.

Mylius Zeramuski.

EQUIPO MARRÓN

Armin Arlert.

Daz.

Hannah Diamant.

Franz Kefka.

Nac Tius.

Thomas Wagner.

Eren Yeager.

EQUIPO GRIS

Reiner Braun.

Mina Carolina.

Ruth DuKlein.

Bertolt Hoover.

Krista Lenz.

Annie Leonhart.

Ymir.