"No soy una mutante, afectada por meteoritos."

Bueno. Una duda menos.

Clark colocó los dos termos con café, en la mesa central de la Fortaleza. Tomó asiento, en el sillón opuesto al que alojaba a Rachel. Ambos conectaron miradas, sus espaldas rígidas, preparados para lo peor.

Simbolizando una silenciosa fuente de apoyo moral, Grayson había escogido plantarse a espaldas de Roth, sus manos tomando el respaldo entre sus puños. Eliot fue otro participante del equipo Pro-Rachel, sentado al lado de su amiga en el sofá. Fue el único en servirse café negro, de inmediato, en la tapadera de uno de los termos. Por su parte, Tara no había dirigido una sola palabra desde la llegada de Clark, alojada en la ventana del granero. Jugaba, desganadamente, con el telescopio. Oliver permanecía cerca de la rubia, encarando a todos los demás presentes. Estaba optando por una actitud de falsa frescura. Una de las que, a Clark, más le disgustaba.

Oliver parecía retarlo con su mirada. Como si Clark fuera el enemigo.

Todos lucían a la defensiva. Todos se mostraban tensos. Todos estaban listos para desnudar sus uñas, si se les obligaba.

Era algo consolante, entonces, que Clark tendría las riendas del asunto. Aunque no lo habían planteado verbalmente, había sido una indicación implícita entre el grupo, que el que se encargaría del interrogatorio, sería Clark.

"Eres… ¿alguna clase de hechicera?" La noción había estado en su mente, desde que había recordaba la manifestación de energía siendo manipulada por la chica. Roth seguía apegada al libro en sus brazos. Pero, cuando registró su pregunta, sus ojos se engrandecieron con sorpresa. Posteriormente, Rachel asintió en respuesta.

"Sí." Pero, esa afirmación, fue tan sólo el comienzo. "Clark. Yo… No soy originaria de este mundo. Provengo de una realidad alterna a esta, llamada Azarath."

La tapadura se resbaló de los dedos de Eliot, el líquido caliente quemando su piel.

Clark tragó saliva. Encantamientos, lo había esperado. ¿Esto? No tanto. Entrelazó sus manos, recargando sus antebrazos sobre sus muslos. Hizo todo lo posible por transmitir aliento a Rachel, para demostrarle que estaba escuchando detenidamente. "¿Qué fue lo que sucedió la otra noche? ¿Por qué surgió el ataque contra los alumnos de Smallville High?"

Rachel bajó su mirada. El abrazo a su libro se fue relajando, lentamente. "Fue por mi culpa."

"Dinos algo que no sépanos." Tara inyectó, desde su posición.

Clark la ignoró, dándole prioridad a su conexión con Rachel. "Dime por qué, Rachel. Puedes decírmelo."

"Querían que regresara. Franco, Alan y los demás. Ese era su principal objetivo. Aquella tarde yo me había marchado de Smallville, y no pensaba regresar nunca más—"

"¿Qué? ¿Por qué, Rach?—"

"Eliot." Clark le regañó con una sola palabra, otorgándole solamente un milisegundo de su mirada. Eliot se sonrojó, su quijada apretándose. Ahora fue el turno de Grayson para controlar interrupciones, presionando un hombro de Montani momentáneamente. "Prosigue, Rachel. Por favor."

Esta nueva faceta de Rachel Roth estaba comenzando a perturbarlo. Por primera vez, la chica se encontraba expresando emociones fuertes. Sus dedos estaban temblando, aferrándose a la caratula de su tomo. Clark podía escuchar su acelerado corazón y respirar el miedo en su estado neto, saliendo de sus poros. "El día que nací." Clark miró a la joven relamer sus labios, antes de continuar. "El día que nací, se predijo que el día de mi cumpleaños número dieciocho, algo terrible sucedería. A causa de mi padre. Hace más de un año vine a Smallville, a esconderme de él, consciente que ese día estaba acercándose. Creí, que estaría a salvo aquí."

"Estás a salvo aquí, Rachel." Clark no dudó en reiterar. Esperó a que Rachel volviera a concentrarse en su mirada. "Lo estás. Si necesitas ayuda con tu padre, la obtendrás. De eso, no tengas duda."

Sin embargo, en lugar de sentirse reconfortada, Roth lució aún más destrozada. "Ese día de los ataques descubrí que había sido encontrada y que estaba en peligro, así como todos ustedes. Por eso, decidí marcharme. Sin embargo, todo lo que hice fue empeorar la situación." Una pausa. "Tienen que creerme—Eliot, Clark, Tara—Nunca pensé que ustedes saldrían lastimados. Honestamente, creí que todos estarían seguros, una vez que me fuera. Nunca imaginé que los utilizarían contra mí."

Clark no se permitió ablandarse. No era el momento correcto. Necesitaba respuestas. "Durante el transcurso de aquella noche, Franco declaró que lo que habían estado haciendo, había sido mandar un mensaje. ¿Se referían a un mensaje a tu padre?"

Rachel movió su cabeza, en direcciones opuestas. "No, fue para mí. Más bien, fue un mensaje de mi padre. Utilizaron un hechizo para llamarme de vuelta al pueblo." Roth soltó el libro sobre la superficie de su regazo. "Esos chicos que orquestaron el ataque, están trabajando con él, Clark."

Clark guardó esa pieza de información, con toda la intención de usarlo después. Para su siguiente cuestión, prosiguió con cautela. "De acuerdo. Creo que lo entiendo. Tu padre descubrió que vivías en Smallville, y al enterarse de tu intento de volver a desaparecer de su radar, armó el ataque en la preparatoria, para chantajearte de regreso al pueblo. Supongo, ¿que para tenerte vigilada, de ahora en adelante?" Otra inclinación afirmativa. "Está bien. Ahora, ¿podrías decirme, Rachel, qué hiciste con nosotros?"

"Intentaba arreglarlo todo—"

"¿Con un hechizo?"

"Sí." Rachel fue, de nueva cuenta, tomada desprevenida con la rápida conclusión del consejero. "Utilicé un hechizo para que, todos los afectados por el ataque, no tuvieran recuerdo alguno de ello."

"¿Por qué?"

"¿Por qué…?" La chica hizo un sonido incrédulo, bufando una risa antipática. "Podría decirles, que lo hice porque intentaba protegerlos de los medios de comunicación. Que lo hice para simplificarles las cosas, y para que ustedes no acarrearan con mis problemas—Podría dar muchas razones para colocarme como la víctima. Pero, ¿sinceramente? Serían mentiras, Clark. Lo hice porque fui egoísta. Porque tenía miedo. Lo hice para proteger mi pellejo, y para no tener que lidiar con las consecuencias."

Santo cielo. Clark dejó caer su mentón en sus palmas. Frotó su rostro.

"Maldita infeliz." Tara, de nuevo. Sin embargo, la declaración no fue subida de tono. Fue hecho siendo verificado, una frase encerrada en aire casual. Claro, si no volteabas en la dirección de Tyler y no distinguías la furia de su rostro. "¿Quién te dio permiso para meterte en nuestras cabezas y borrar a tu antojo?"

"No borró nada." Grayson rompió con su perpetuo silencio. Se dirigió a Tyler con ojos, y voz, frías. "Solamente colocó un velo sobre los recuerdos del incidente. ¿Cierto, Rae?"

"Richard—"

"¡Oh, gracias! Ahora, ¡me siento mucho mejor!" La mecha de Tyler se encendió sin más ayuda. "Realmente, ¿se supone que tenemos que tragarnos estos cuentos fantasiosos? ¿Brujas? ¿Hechizos? ¿Padres psicópatas?"

"¿Personas que pueden causar sismos?—"

"¿Quién demonios es tu padre, de todas maneras, Roth? ¿Eh?" Conforme el propio interrogatorio de Tara fue tomando forma, sus pies fueron arrastrándola hacia la aproximación de Rachel. Clark estuvo atento por cualquier vibración proveniente del suelo. "¿Por qué mejor no explicas ese gran detalle? Digo, ya que al parecer, tiene secuestrados a unos cuantos compañeros de escuela."

Los dedos temblorosos de Rachel se habían convertido en pequeños puños, apretándose sobre su libro. La chica apuntó su atención en Clark, intentando ignorar las acusaciones.

Pero, Clark no canceló lo dicho por Tyler. Alzó sus cejas, esperando las respuestas que habían sido demandadas, con tanta ansía como Daisy. Richard indicó no mostrarse contento con la alianza, cruzando sus brazos sobre su inflado pecho.

"Es la verdad. Creerla o no, ese será tu problema, Tara." El libro en su posesión fue entonces que entró en la partida, por fin siendo relevante. "Es para ti, Clark." Roth lo ofreció directamente en línea de visión. Clark lo revisó con rayos-x, y no estuvo sorprendido al averiguar que no podía ver más allá de la caratula. "Todo lo que necesitas saber sobre Azarath, se encuentra escrito aquí." Al ver que Clark seguía titubeante, frunció su minúsculo entrecejo.

Clark esclareció su manzana de Adán. "La última vez que entré en contacto con un libro de hechizos, pagué muy caro." Hasta estaba tentado a usar su visión de calor en el objeto. "Si lo toco, ¿resultará después que el libro es el núcleo de tu poder, o algo por el estilo?"

Escepticismo apareció en el rostro de Rachel. "No. Mi magia existe debido a mi herencia genética. Un libro no tiene nada que ver con ello."

"Primero cuéntanos sobre tu padre, y luego aceptaré el libro." Porque no había pasado desapercibida para Clark, la evasión de la chica. "¿Por qué le temes tanto? ¿Qué quiere contigo?"

Atrapada en su truco, Roth volvió a colocar el libro en su regazo. Su expresión se oscureció con un sentimiento peligroso. "Mi padre… Mi padre es alguien muy poderoso. Muy influyente. No lo conozco en persona, pero mi madre me contó sobre él." Ahora, hasta Dick se mostró interesado por el tema, cambiando su protección por su hambre de conocimiento. "Tengo entendido que su objetivo es utilizarme en contra de mi voluntad, para hacer algo horrible."

¿Dónde había Clark escuchado esa historia antes? "Siempre tienes una elección, Rachel. Nadie te puede obligar a hacer algo que no quieras." Se volvió más difícil no ablandarse, ante encontrar otra circunstancia en común con la chica. Clark respiró hondo. ¿Por qué la joven lograba afectarlo tanto? "Créeme. Puede parecer imposible tan siquiera considerarlo, pero tu padre no puede lastimarte, si no se lo permites."

"Fui manufacturada para su antojo, Clark." Rachel comenzó a soltarse, entonces. "¿Cómo puedo luchar contra esa clase de control? Ni siquiera se encuentra habitando este planeta—Y mira nada más, que tan grande es su manto sobre mí. ¿Quieres saber que sucedió con Franco? ¿Con Alan y Michael? Vendieron sus almas. Hicieron un trato con él, y una vez que le juras lealtad a mi padre, no hay vuelta atrás. Todos ellos están perdidos, no podrás rescatarlos."

Clark se propulsó fuera del sillón. "¿Sabes dónde se encuentran? ¿Tienes idea de dónde podemos encontrarlos?"

"Clark, ése no es el punto—"

"Lo es, para mí, Rachel."

"No lo sé." Roth se escogió de hombros, desolada, perdida. "No lo sé, Clark. No tengo idea de donde se encuentren."

"¿Vendieron sus almas? ¿Estás hablando en serio?" Montani murmuró, encorvado sobre su tapadera de café, su mirada viajando entre Clark y su amiga. "Estoy con Daisy en esa parte. ¿Tienes idea de que tan… surreal se escucha tal cosa? Lo haces sonar como si tu padre se tratara del mismo…" Clark no perdió de vista la rapidez con la que la espalda de Roth comenzó a endurecerse aún más. Su rostro se blanqueó de cualquier emoción, en cuestión de milisegundos. "…el diablo. O algo así."

"Es una comparación suficientemente cercana, Eliot." Monotonía hizo un excelente regreso. Rachel perdió toda inflexión en su voz. "Aunque mi padre prefiere ser dirigido con el nombre de Trigon."

"¿Trigon?" Clark ensayó el nombre en su lengua. Tenía sofisticación, un sabor de antigüedad.

"Es uno de los demonios más poderosos que jamás haya existido. Es un conquistador de dimensiones intrainfernales—"

"No puedo escuchar una minuto más de estas patrañas." Tara respingó, cortinas de cabello rubio cubriendo su rostro, mientras su cabeza se empeñaba a negar lo dicho. Se abrió camino entre Oliver, claramente con la meta de irse.

Rachel le dificultó el deseo. "Si fuera tú, no me apresuraría tanto a juzgar como locuras, los hechos. Después de todo, no soy la única aquí, que no pertenece."

Tara se congeló.

Deliberadamente, las siguientes palabras salidas de Roth, fueron repartidas directo a la cara de Tyler. "A menos que Markovia haya sido agregado al atlas terrestre recientemente, tu eres tan forastera como yo, en este mundo."

Grayson volteó hacia el consejero, expresando total incredulidad ante la implicación de Rachel. Clark compartía su sorpresa, intensamente. Pero, hizo todo lo posible por no romper con la neutralidad de su semblante. Un paso en falso, y todo esto terminaría en masacre. Tara se encontraba totalmente pasmada, sus labios entreabiertos. Su recién adquirido tono bronceado perdió color, palideciendo a niveles alarmantes. Clark tomó un paso en su dirección—Pero, Oliver se le adelantó. Fue más rápido en reaccionar, colocando una mano sobre el hombro de la chica.

"Tara, tranquila."

"No tienes idea, de lo que estás hablando." Tyler se escurrió del agarre de Queen, movilizándose en dirección del sofá.

Rachel no huyó de ella, como lo había estado haciendo sutilmente, desde el comienzo de la reunión. Parecía ser que la culpa había colmado su límite. Se puso de pie, plantándose justo frente a su contrincante. "Sé perfectamente a lo que me refiero. Sabes que no miento, Tara. Tenlo muy presente, si pretendes largarte de aquí, con la intención de vengarte de mí, rondando tu cabeza. Si expones mi identidad a otros, yo te expondré de vuelta."

"Nadie expondrá a nadie." Clark gruñó, inyectando fervor en su declaración. "Tara. Sé que estás molesta. Sé que estás confundida. Sé, que todo esto que estamos escuchando, puede ser difícil de aceptar. Pero, créeme. ¿Magia? ¿Brujas? ¿Hechizos? ¿Dimensiones alternas? No son nociones tan descabelladas para mí. He tenido mis propias experiencias, con este tipo de situaciones." Entonces, hizo una pausa, meditando en la lista de cosas extraordinarias que habían salido de la boca de Rachel. "Excepto por la existencia de demonios. Ésa es una novedad para mí."

Grayson introdujo sus dedos por su melena, frotando su cráneo con exageración. Humo, prácticamente, se podía ver salir de sus orejas. "¿Estás diciendo, que esto es un día normal para ti, Clark?"

"Más o menos." Clark sonrió. "Así que, no hay razón para entrar en pánico. Todos los que estamos aquí tenemos secretos. Secretos que resultarían catastróficos, si llegaran a revelarse a la gente equivocada." Caminó hacia Tara, suavizando su voz. Tara cayó en la trampa, atraída como abeja a la miel, a la gentileza del consejero. "Aunque, que yo sepa… en este momento, entre nosotros, no se encuentra la gente equivocada, Tara. Puedes confiar en nosotros. Así, como Eliot confió en nosotros, al exponer su habilidad e intentar salvarnos de Franco. Así, como yo confío en Rachel, porque regresó por nosotros, en el último momento. Estoy consciente de que fácilmente pudo haber elegido no regresar, aquella noche." Permitió que lo dicho calara hondo en la joven, antes de proseguir. Por encima de la figura de Daisy, conectó su mirada con la de Oliver. Lo que encontró en ella, lo ayudó a continuar. "Así, como yo confío en ustedes, con mi propio secreto."

El ceño de Tyler se arrugó. "¿Secreto? ¿Qué tipo de secreto podrías tener, Clark?" Una pequeña risa, frágil y fea, salió de sus labios resecos. "…Eres el más cuerdo de todos nosotros."

Oh, Tara. Clark tragó saliva. Tuvo el impulso de acariciar un mechón rubio, que estorbaba entre medio del rostro de la joven, y le obedeció. Tyler podía tener la coraza más dura, que la de todos los presentes, pero su corazón era tan tierno, e indefenso, como el de una niñita. En ocasiones, Clark se olvidaba de ese hecho. Todos estos eran niños. Rachel. Eliot. Tara. Richard. Todos habían tenido una vida llena de juicios que superar. "Entiendo, más de lo que puedes imaginar, la necesidad de siempre tener que mentir. Sé, lo que es esconder tu verdadero ser, por miedo de ser lastimado. Uno miente, y miente, diciéndote a ti mismo, que lo haces por tu bien. Sin embargo, cada día, sigues perdiendo personas queridas, con cada engaño. Y no tienes idea de cómo retenerlas a tu lado, así que, te das por vencido. Eventualmente, llegas a creer que estás destinado a estar solo."

"Clark." Con un gemido ahogado de su nombre, Tara se apresuró a cubrir su rostro con sus manos tambaleantes.

"No tienes que decirnos nada sobre tu pasado, en este preciso momento." Clark la atrajo a su pecho, sobando la esbelta espalda de la joven. "Sólo ten presente, que no eres la única bajo la categoría de 'No Pertenecer'. Rachel y tú, no son las únicas foráneas."

"Dame más de ese café." Clark escuchó gruñir, a Grayson. "Para despertar de este sueño inducido por crack, dudo que pellizcarme me vaya a ser de mucha ayuda."

En cuanto Tara se estabilizó en sus brazos, Clark la dejó ir. Ayudó a limpiar sus lágrimas, con un pañuelo que Clark siempre guardaba en sus bolsillos, y la chica sonrió apenada, limpiando su nariz enrojecida. "Ven a sentarte conmigo." Tara no comunicó protesta, dejándose guiar por la mano de Clark sobre su espalda. La sentó primeramente en el sofá, antes de imitarla él mismo. Tenía más que decir, todavía. "Esta indicación va para todos ustedes también: Lo que escuchen en este granero, no sale de este lugar, ¿entendido?"

Richard roló sus ojos, murmurando un "No tienes que decírmelo". Sacudió su mano en un gesto impaciente. Eliot permanecía con conducta introvertida, no brindándole atención específica a ninguno de los demás. Ni siquiera a Rachel. Asintió ante la amenaza de Clark, pero su expresión facial fue una caja abierta para sus emociones.

Clark suspiró. "Rachel, por más que patalees y reniegues, asumo que sí confías en Tara, en algún nivel personal. Si no lo hicieras, no la hubieras aceptado en esta reunión en primer lugar, ¿cierto?" Roth apretó sus labios juntos, petulante. Pero, ninguna negación fue contrapuesta con lo dicho. "Bien. Entonces, basta con las provocaciones. Si conoces algo del pasado de Tara, guárdatelo para ti, hasta que ella dé permiso para que lo revelas."

Esperó por una señal de aceptación, pacientemente. Rachel mordió su comisura labial por un minuto, respirando profundo. Clark fue testigo estelar de la comunicación no verbal brotando entre ella y Richard, por primera vez. Tan sólo un giro del mentón de Grayson, Rachel tomó su decisión de someterse a los términos de Clark, murmurando un sumiso "Está bien." Fue espeluznante ser testigo de la fina sincronización entre sus dos protegidos. Clark no podía esperar para sacar esa historia que los unía, al aire.

"Entonces." Clark aclaró su garganta. "Trigon es el nombre de tu padre. Y no es, exactamente, ¿humano?"

"Lo es." Rachel corrigió. "Un poco porcentaje, pero sí tiene genes humanos."

Clark sobó su frente. "Rachel." Suspiró. ¿Cómo podía asumir esta carga de información? ¿Demonios? ¿Criaturas similares al Diablo? Sus propias experiencias con Raya y la Zona Fantasma, de alguna manera, le servían a Clark, como un ejemplo de la existencia de dimensiones alternas. La tecnología Kriptoniana indicaba haber sido lo suficientemente avanzada como para manipular viajes entre diferentes planos de existencia. Y no solo viajar, sino también cerrar y abrir esos planos, a su antojo. Si Jor-El había tenido poder para crear una prisión en una de ellas, ¿qué tan posible era, que existieran dimensiones de origen infernal y demoniaco?

Mirando a Rachel en esta realidad, sentada frente a él en carne y hueso, debía bastar como evidencia.

¿A quién engañaba? Clark siempre había tenido la certeza, de que Rachel, no era nativa de este mundo. Desde su primera reunión, sus instintos se lo habían indicado.

¿Y sobre la magia? Tampoco resultaba una gran sorpresa.

"¿Qué quiere de ti?" Con resolución, Clark fue al corazón del terror, que podía respirar del aura de Roth. "Mencionaste que el día de tu nacimiento se predijo que algo malo iba a suceder… Además, agregaste que habías sido manufacturada con un propósito específico. ¿En qué consiste ese propósito?"

En aquel rostro de porcelana de Rachel Roth se manifestaron líneas de angustia, todo en él expresando el increíble deseo de la chica por no responderle.

A sus espaldas, Richard observaba detenidamente el contenido del termo, como si el líquido guardara el secreto a la belleza eterna, pretendiendo no estar al tanto de cada inhalación entrando a los pulmones de Roth. Eliot había girado su cabeza en dirección de su amiga, mientras Clark había estado formulando su última cuestión, y a diferencia de Grayson, el chico no se molestó en disimular su necesidad por saber más de Rachel.

Roth, por su parte, miró directo a los ojos de Clark, y se dio por vencida.

"Destruir este mundo." Por un instante, Clark juró ver las irises de Roth resplandor con el carmín de aquel cuervo. "Fui creada con el propósito de destruir este mundo, Clark."

Clark unió su mirada con la Oliver, a través de la distancia. Oliver levantó sus cejas, su rostro casi preguntando "¿Quieres que vaya por las camisas de fuerza, ahora sí?" con todo aire casual y mundano.

"Sí." El consejero sonrió, con Jor-El entonando su destino como Conquistador en su mente. "Eso era lo me temía que dijeras."


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"tontos como yo."

por B.B. Asmodeus.

[un cross-over entre smallville, teen titans y nolan!batman]

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spoilers:

a) menciones importantes de las películas de christopher nolan, batman begins/the dark knight/the dark knight rises. hay una fuerte conexión entre el universo de nolan y el richard de éste fic. además, éste fic se sitúa 7 años (aproximadamente) después de la segunda película, de ahí es territorio AU. solamente tomo a john blake prestado, pero no mucho de la trama (y antes de que pregunten, odié el final y no estuve muy impresionada con nolan!catwoman, me quedo con pfeiffer, thank you very much). mi richard fue adoptado por bruce wayne a los once años.

b) de teen titans: de la 4ta temporada.

c) de smallville: algunos de temporadas 3-4-5-6, nada específico porque ya no veo la serie tan de cerca.

categoría: realidad-alterna/misterio/drama/humor/romance/nc-17/het/slash.

advertencias: violencia. sexy times. lenguaje adulto.

personajes principales: richard grayson, clark kent, oliver queen, raven "rachel" roth, tara "daisy" tyler, lex luthor, eliot montani.

parejas reveladas hasta ahora: clark/oliver. clex platónico.

disclaimer: smallville + teen titans + batman movies = DC Comics. este fic = mi fantasia.


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8.- i might become something you need to destroy. -THC.

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"Es ridículo." Eliot declaró. "Te cuesta matar hasta a una mosca—Cielos, hasta eres vegana por tu gran respeto por la vida, Rach. No podrías destruir el mundo con esa actitud."

"Formación activa." Roth solamente justificó.

Clark había leído un poco al respecto, impulsado por las referencias sabiondas de Chloe y sus horas de ocio en la biblioteca de Lex. Si recordaba correctamente, consistía en enmascarar tus verdaderas emociones respecto a algo o alguien, transformándolas en lo contrario.

En otras palabras, con cada acción de respeto por la vida que Rachel manifestaba, una sed por destrucción total era abatida, bajo el espejismo de autocontrol de la chica.

Mierda.

Clark no podía creer en los líos en los que se metía.

Estiró sus manos en la dirección de Rachel, pidiendo por el libro con el gesto. La joven se apresuró a colocarlo en sus dedos, con una cortina de alivio cayendo en su postura. Alivio y agradecimiento.

El libro no explotó en sus manos, por lo menos.

"Solamente tú podrás abrirlo." Roth indicó. "Si decides mostrar sus contenidos a otra persona, entonces… confiaré en tu decisión."

"Gracias por tu confianza, Rachel." Clark acarició la careta del tesoro en su posesión. No era como el libro que Lana había obtenido en E-Bay. Era suave, donde el libro de la Condesa Theroux había sido áspero.

Rachel inclinó su mentón. Luego, con la frente en alto, la chica pareció obtener nuevas fuerzas. "Todavía no tengo claras las circunstancias que involucraran mi destino junto con el de mi padre, pero estoy haciendo todo lo posible por averiguar alguna manera de detenerlo. No sé dónde se encuentren Franco y los demás, pero te prometo, que te ayudaré en encontrarlos."

"Sin ofender, Rach." Eliot sopló por su nariz. "Pero, después de este desastre, es lo menos que podrías hacer."

Richard hizo una mueca, pero no brincó a la defensa de Roth, como Clark lo había esperado. Esa era buena señal. Significaba que Richard no había sido cegado completamente por sus sentimientos por Rachel. No había perdido su objetividad, después de todo.

Clark trazó la cerradura del libro, y justo como había sido prometido, ésta se despedazó a su contacto, brindando acceso inmediato. Sintió la mirada curiosa de Tara en su cercanía, y Clark le regaló una pequeña sonrisa para aplacarla, retirando sus dedos. El libro se cerró de nuevo, a sus órdenes mudas. Interesante.

Había comenzado a amanecer.

Clark miró los parpados de Eliot luchando por mantenerse abiertos, a pesar de la cafeína fluyendo por su sistema. Notó como Tara había doblado sus piernas contra su pecho, abrazándose para mantenerse caliente. La misma Rachel Roth era un faro sin iluminación, las sombras de su pasado (o de su futuro) robándole aun de más vitalidad. Los únicos vibrando con energía parecían ser Grayson y Oliver. El mismo Clark sintió una urgente necesidad por estar solo, con la solemne razón de absorber, procesar, interpretar, y tomar una decisión, sobre toda la información que había escuchado.

"Creo que será mejor, que lo dejemos hasta aquí." Clark buscó por la aprobación de cada uno de los Mosqueteros, y cuando la encontró, les sonrió. "Sesión cerrada. Continuaremos luego."

"¿Crees que habrá clases hoy, Clark?" Tara murmuró. "Porque, no me siento con nada de ganas de asistir."

"Honestamente, lo dudo." Clark se levantó. "Llamaré a Reynolds en unas horas más, para cerciorarme. Aunque, después del ataque en el Ankh, lo más certero es que les dé el día libre." Se encogió de hombros. "Si quieren, pueden irse a dormir a la casa. La habitación de mi madre y la mía están libres. Son bienvenidos a utilizarlas."

Eliot negó con su cabeza. "Paso, en la pijamada. Preferiría que Rach me llevara a casa. Mi madre no debe tardar en llegar de su turno de madrugada." Rachel asintió ante su petición, poniéndose de pie casi al unísono con Montani, como dos gotas de agua.

Clark no lo pudo resistir, se acercó a la pareja antes de dejarlos ir. Revolvió los cabellos de un adormilado Eliot, y recibió una sonrisa amena. Luego, se dirigió a Rachel.

"No será seguro que regreses a tu apartamento. Ahora, que todas las víctimas y las autoridades recuerdan lo sucedido, te buscarán. Te recomendaría que regresaras a la Granja."

"Pasaré a mi apartamento por algunas cosas personales, antes." Fue la aceptación de la chica, antes de desaparecer frente a los ojos de todos, llevándose a Montani consigo.

Tara murmuró apenas algo reconocible a un "Buenas noches", marchándose a descansar, sin más retraso. Clark le aseguró que no tardaría en seguirla, para ayudarla a instalarse en la recamara del consejero. Evitando la mirada intensa de Richard sobre su persona, la rubia asintió a las palabras de Clark, con apenas una onza de atención. Bajó los escalones de madera, con sus brazos todavía rodeando su torso.

Grayson se encargó de enroscar las tapaderas a los termos correspondientes. "Bueno, no que esto no haya sido divertido—"

"Tú no lo olvidaste."

Ante la cortada de Clark a su usual desfachatez, el chico se tensó.

Clark se cruzó de brazos. "Por eso te estuviste comportando de manera tan extraña todo este día. Tu sí recordabas lo que había sucedido. ¿Por qué? ¿Por qué Rachel te dejó intacto?"

Por un momento, Richard dio la impresión de estar preparándose para otra evasión, o para mentirle directo a la cara. Al final, el juramento de honestidad entre los dos, pareció tener más peso para la consciencia del muchacho. Richard suspiró con mal genio. "No estoy seguro, pero creo que, aunque Rachel lo hubiera querido, no hubiera sido posible."

Oliver fue ahora el interrogador. "¿Por qué?"

Dick miró entre ambos hombres, pausando por un corto periodo de tiempo, antes de proseguir. "Roth y yo… Podría decirse que tenemos un pasado que nos une. Ni siquiera Raven puede manipular esa unión a su antojo."

Chuscamente al unísono, Clark y Oliver cuestionaron un confuso "¿Raven?", que provocó que Grayson maldijera a los cuatro vientos.

"Bien hecho, Grayson." El chico refunfuñó entre dientes, despeinando sus cabellos. "Eso fue un accidente. No sucedió."

"Sucedió." Clark se entercó. "¿Raven? ¿Quieres decir que ése es otro nombre de Rachel?"

Grayson suspiró, en esta ocasión, vencido. "…Sí. Pero, no lo oyeron de mí, ¿está bien?"

Todo tuvo más sentido. Mucho más sentido. Las referencias de Franco no habían sido juegos vocales, entonces. De una manera, el chico había estado respondiendo a las interrogantes de Clark. Había sido claro, de cierta manera, al haber indicado Debería preguntárselo a su querida cuervo. Raven. Así, la había llamado el muchacho, una vez que Roth había hecho acto de presencia en el campo deportivo. Clark podía recordarlo, ahora con claridad, y sin la interferencia de magia.

Súbitamente, Clark ya no quería recibir más información. Se sintió desbordado.

"Vete, antes que Lex se percate de tu ausencia." Clark dictaminó, oficialmente concluyendo la exhaustiva reunión. "Te avisaré más tarde, si habrá clases hoy."

Hasta Grayson lució dudoso con la libertad, tan fácilmente, otorgada. No arriesgó su suerte. Con una inclinación de su quijada apretada, Dick se despidió. No transcurrió mucho tiempo, posteriormente, para que Clark captara el sonido de la motocicleta de Grayson, siendo encendida.

Ollie se dejó caer en uno de los sofás. Clark caminó hacia la ventana del granero. Necesitaba aire fresco.

"Hay dos opciones: O la Srta. Roth necesita intervención psiquiátrica inmediata, o tenemos un gran problema en nuestras manos. Personalmente, me inclino más por la Opción A."

"Ollie, ¿en serio crees que está loca?"

"¿Quién sabes? Quizás tanta magia le ha freído el cerebro. Sucede con los mutantes afectados por los meteoritos, ¿por qué no con ella? O podría estar mintiendo, su pasado la preside, después de todo."

Clark recordó el horror en los ojos carbón de Rachel, cuando la muchacha había desatado la historia de su padre. Dudaba que un terror tan potente, se pudiera fingir. "No se sienten como mentiras."

"¿Así que, estás comiéndote todo este material sobre demonios y el fin del mundo?"

"Después de Zod y Jueves Negro, el Fin del Mundo dejó ser un mito para mí. Estuvo muy cerca de suceder en una ocasión, sospecho que no será la última." Si lo consideraba detenidamente, la declaración de Rachel de ser la culpable del próximo Armagedón, parecía ser una repetición de la posesión de Lex. ¿A un proceso similar se había estado refiriendo Roth? ¿Por ello, afirmaba que había sido manufacturada? ¿Era Rachel un cascarón, para su padre demoniaco? "Además. No estuviste conmigo esa noche, Oliver. No viste a Franco, o a los otros jóvenes. El poder que todos ellos manejaban… Fue más fuerte de yo. Me sobrepasaron, sin dificultad alguna. Conocían mi debilidad a las rocas de meteorito."

"¿También estás encontrando plausibilidad en ese embrollo de almas vendidas?"

Clark giró su cuerpo. "Creo que, por alguna razón, no te agrada Rachel, y que estás poniéndole más peso a tu opinión sobre ella, que a los hechos y la información que nos ha dado."

"Y yo creo que estás mirando el fantasma de alguien más, en Rachel—O Raven—Roth."

"¿Y qué hay de malo, si lo estoy haciendo, Oliver?" Clark gruñó. "Si me identifico con Rachel, es mi problema."

"No me estoy refiriendo a tu persona."

"Oh, ya entiendo." Clark giró sus globos oculares. "Siempre regresa a él, ¿cierto?" Ahora que lo analizaba, ambos no habían exactamente terminado con el tema, por culpa del ataque en Smallville High. Ahora, Clark podía sentir la discusión en la Torre Queen tan fresca, como si hubiera sucedido un par de horas atrás. Bueno, ya era tiempo de dejar las cartas sobre la mesa. Clark había tenido suficiente. "Cual sea tu problema con Lex, tendrás que superarlo, Oliver."

Truenos y relámpagos casi se podían percibir del aura de su novio. Ollie se levantó con deliberación, su entrecejo torcido. "¿Por qué? ¿Por qué compartir tragos en la barra los hizo amigos de nuevo, y eso arregla todos los errores de Luthor, automáticamente?"

Clark respiró hondo. "Porque ustedes dos son importantes para mí, y los quiero a ambos, en mi vida."

Oliver se perdió unos segundos en su propia incredulidad, su mentón cayendo ligeramente. "Mierda, Clark. Estaba bromeando. ¿Lex y tú, realmente, son amigos de nuevo?"

"Hablamos." Clark tragó saliva. Habían hablado, pero les hacía falta hablar de tanto más. "Decidí darle—Decidimos darle, mutuamente, una nueva oportunidad a nuestra amistad, ahora que el secreto de mi origen no está en el camino." Y el resultado podría ser una explosión en sus rostros, o tal vez no. "Eres la única persona a la que le debo una explicación. No me justificaré con Chloe, o Lois, o ni siquiera con mi madre. Te lo estoy diciendo, porque sé que debo hacerlo. No quiero secretos o malentendidos entre nosotros, Oliver. Y no te estoy pidiendo que quieras al tipo, de un día para otro. Pero, por lo menos, sé civilizado con él cuando yo esté presente. Pueden matarse, en cuanto me largue fuera de sus vistas, si es lo que desean."

Oliver rio con un tenor agridulce. "Maldición, Clark." Clark lo observó tallar su corto cabello con dedos toscos. "No sé por qué estoy sorprendido. No es como si no lo hubiera estado esperando, desde la muerte de Lana."

Clark mordió su labio. Si tal cosa era cierta, Oliver estaba comprobando conocerlo mejor, que el mismo Clark se conocía a sí mismo. "Hay más."

Le contó sobre sus intenciones de manejar el Nivel 33.1, a lado de Lex. Inesperadamente, ante esas noticias, Oliver no se alteró más de lo que ya estaba. Pensativo, su novio asimiló la descripción del lugar que Clark le fue otorgando, no dejando fuera los nombres de los psiquiatras y doctores que Lex le había presentado. Resultó ser, que Oliver hasta conocía a la Jefa de Psiquiatría, Bracco. Clark se sintió más tranquilo, después de compartir toda su experiencia sobrenatural del Nivel 33.1. Había tenido aquella carga en su cabeza durante horas, y no se había sentido correcto atrasarle la información a Oliver. Sin embargo, Clark había estado atascado en boca y mente. Ahora, al triple.

Clark se aceró a Oliver con pasos inseguros, pero necesitando de la cercanía de su pareja. Capturó un puño del rubio entre una de sus manos, acariciándola hasta convencerlo de fundirse bajo sus cuidados. "Tú tienes tu lugar, Oliver. Lex tendrá el propio. Mis asuntos con Lex no los mezclaré con los tuyos, y viceversa. No hay razón que te sientas amenazado por él—"

"¿Amenazado por Luthor? Por favor."

"Entonces, ¿por qué pierdes la cordura, cada vez, que Lex está involucrado?" Clark contraatacó, sabiendo que tenía la razón.

Oliver suspiró, petulante. "Como sea."

Clark sonrió. "Niño consentido." Su sonrisa se mitigó con una dimensión más seria. "Tienes que confiar en mí, Ollie."

La manzana de Adán de Queen saltó, en los confines de su laringe. Con los primeros resplandores del amanecer, las ojeras bajo sus ojos castaños, cansados, se vieron más predominantes. "No confío en Lex. Pero… confiaré en tu juicio. No te aseguró que será algo instantáneo, o fácil. Sólo puedo prometer que intentaré controlar mejor, mis deseos de meter su cabeza en un retrete. Sólo por ti."

Oh, sí. Clark podía imaginarse que tan divertida su vida sería, de hoy en adelante. "Gracias, cariño." Como el sarcasmo era un amigo cercano, Clark lo utilizó con toda la fidelidad, golpeando el hombro de su novio, con exasperación. "Estoy consciente que pedirles a ambos que maduren, de la noche a la mañana, es toda una hazaña—"

"¡Madurar es aburrido!" Oliver hizo una inmadura mueca de asco. Clark lo mandó a ayudar a Tara, nombrándolo oficialmente su encargado por el día.

"Ya que fuiste tú quien la encontró, misteriosamente." Clark mencionó, haciendo todo lo posible por sonar inopinado, mientras bajaba los escalones para alimentar a las vacas.

Oliver pausó en la entrada frontal del granero. "Sobre eso. Necesito disculparme."

Clark se detuvo, con sus manos sujetando un bloque de paja. "¿Mm?"

"Fui duro contigo y tu… apego en Roth. Sin embargo, he descubierto que…" Oliver clavó su mirada en la dirección de la casa, tras unos segundos, regresándola a Clark. "…sería un hipócrita si continuara menospreciando tu empatía con la chica."

Clark sintió triunfó en su corazón. "Por más que no quieras, crecen en ti, ¿cierto?"

Oliver torció su nariz. "Como hongos."

Cuando terminó con su mantenimiento diario del legado de la familia Kent, Clark retornó a su hogar, introduciéndose por la cocina.

Chloe había despertado. Estaba enroscada en un asiento del comedor, torcida en ángulos inimaginables. Lois seguía muerta en vida, dentro de los confines de la sala. Un aroma a pan tostado despertó el apetito de Clark, y tras seguir la seducción a su nariz, se encontró, con nada más y nada menos, que Rachel Roth. Cocinando. En la cocina de Martha Kent. Cocinando. Comida.

Clark le robó un pan al plato de Chloe, no creyendo lo que estaba presenciando.

Chloe gimió una incoherencia, escondiendo su cabeza entre la cobija robada del cuarto de Clark.

Lo único que Roth hizo para comprobar que estaba consciente de su presencia, fue asentir, como muñeca de resorte. Después, prosiguió a sacar dos panes franceses del sartén, desplazándolos a un plato.

Clark robó otro pan. Se dirigió al segundo piso.

Tara estaba profundamente dormida en la habitación de Clark, acostada sobre las cobijas de algodón. Clark cerró las cortinas, para bloquearle el sol molesto. Tomó su laptop del escritorio antes de irse. Su siguiente parada fue la habitación de sus padres. Oliver estaba igual de noqueado que Daisy, roncando levemente contra una almohada, mientras abrazada otra contra su pecho. Clark besó la corona de su cabeza, haciendo lo mismo con las ventanas de la recamara, para preservar una atmosfera de comodidad.

Se detuvo en el umbral, antes de dejar a Ollie.

El repentino sentimiento lóbrego, fluyendo en sus venas, lo desnudó. Por una breve fracción de minutos, se sintió abrumado, indefenso. Dentro de su pecho, cada lazo que había forjado con Richard, con Tara, con Eliot, con Oliver, con Lex, con Chloe—Todas esas cuerdas amarradas alrededor de su corazón, se apretaron mucho más, presionándolo con urgencia.

Dudó, por ese periodo privado que se le fue otorgado.

Dudó de sus capacidades, y de sus habilidades. Dudó de poder ayudar a Rachel. Dudó de su esperanza por reparar su relación con Lex. Dudó de la determinación de Oliver, por siempre estar con Clark. Dudó de todos y de todo.

Luego, aspiró con profundidad. Blanqueó su mente.

Y con la frente en alto, salió de la habitación, listo para otro día.

Al llegar a la cocina, destapó la cabeza de Chloe con crueldad. "Chloe, necesito que revivas."

Su amiga imitó a una cucaracha pasmada, cegada ante los rayos de la mañana recién nacida. "Clark—¿Qué? ¿Qué hora es?"

Clark colocó su laptop frente a Chloe, abriéndose sobre la mesa con propósito. "Franco Collins, Alan Roberts, Elizabeth Montgomery, Gregory Williams, Michelle Morato—"

"—Y debería estar interesa en ayudarte, después de tu negación a ayudarme con mi propia investigación de Wayne, por… Oh, lo olvidé, ¿por cuál razón, exactamente?" Ah. Chloe no estaba tan muerta como había aparentado. Excelente.

Clark sacó de su bolsillo una tarjeta ID, tan exclusiva como la suya y la de Dick, que le otorgaría acceso completo a Chloe Sullivan dentro del Nivel 33.1. La plantó en la mesa del comedor, libre de ser verificada por los ojos críticos de su amiga. No agregó más verbalmente.

Chloe tomó el pase entre sus manos. Levantó su ceja.

"Repíteme los nombre y tráeme más café."


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Lex no podía concentrarse.

Tenía el monitor de su computadora portátil frente a sus ojos, el último informe de los resultados de la terapia física a cargo de la Dra. Ramírez plasmado con el logo de LeXcorp en el encabezado del documento. Por las pocas líneas que había logrado procesar, avances habían sido realizados. Eran buenas noticias. Pero, Lex no podía sentirse satisfecho. Algo se lo impedía.

Le había dado el día libre de Carmen. Sus servicios no serían necesitados, por el día de hoy.

Omar le llamó. Le informó tener una visita.

Así fue como tuvo la certeza de que no se trataba de Clark. Clark nunca se molestaba por anunciar sus llegadas.

Para cuando el esbelto cuerpo de su visitante se aventuró a las puertas de vidrio del estudio, Lex tenía la computadora cerrada y sus sentidos extra-activados. Se mantuvo sentado, detrás de la falsa protección del escritorio. Una de sus manos permaneció dentro del cajón secreto, sus dedos cerrándose alrededor de la pistola. No tenía balas, pero sí tranquilizadores, que desvanecerían la consciencia de un elefante con una sola aplicación.

Por lo que había averiguado, por las pistas que había retejido y las hipótesis que se habían armado en su mente, Lex estaba seguro en un 70% que Rachel Roth podía ser incapacitada.

"Señorita Roth." Lex realizó la primera jugada, ganándole la palabra a la jovencita. "Me temo informarle que si busca a Grayson, el chico ya tiene un par de horas de haberse marchado." Y milagros de milagros, Dick hasta le había pedido permiso para llevarse la motocicleta. "Tendrá más probabilidades de encontrarlo en la Granja Kent, que en la Mansión." A pesar del anuncio sobre la cancelación de clases en los noticieros, Grayson no parecía hartarse de jugar al hermano menor con Clark. Tan sólo pensar en la ridícula parodia familiar, le provocaba a Lex apretar sus dientes. Ahora que tendría muchos de sus derechos de vuelta, Lex estaba dispuesto a hacer todas las preguntas que involucraran aquella nefasta asociación entre Dick y Clark Kent. Llegaría al fondo de ello, costara lo que le costara. Clark no tendría opción más que responder, después de su gran discurso sobre Nuevos Comienzos.

"Lo vine a ver a usted, Sr. Luthor."

Las cejas de Lex comunicaron su impresión. Por dentro, profanó. Una vez establecido como el blanco, Lex tenía que prepararse psicológicamente para lo peor. Tantos encuentros con mutantes le habían enseñado este tango, a la perfección. "¿A qué debo el placer de su visita, entonces, Srta. Roth?"

La aclamada señorita, no manifestó alguna muestra de sorpresa, al descubrir la familiaridad con la que Lex se estaba dirigiendo. O Roth era demasiado lista…

"Vine a disculparme."

…o demasiado confiada.

Lex entrecerró sus ojos, dejando salir a la luz su desconfianza. "¿Qué ha hecho para ofenderme?"

Roth se acercó lentamente, sus zapatos de bailarina chocando con el piso. Eran rojos. Lex absorbió las manos pálidas de la chica, la ligereza de su caminado, la profundidad de la oscuridad de su mirada. Roth tenía en posesión una gracia magistral y una máscara de neutralidad, digna de envidia de un Luthor. Lionel la hubiera deseado reclutar en un santiamén, por simplemente ese poderoso don. Cuando únicamente la silla opuesta a Lex y el escritorio, fueron los obstáculos restantes entre los dos, su visitante se detuvo.

"Conozco de su extrema susceptibilidad—No." Roth se auto interrumpió. En una incoherente yuxtaposición con su frente maduro, Roth bajó su cara y sus dedos jalaron de la orilla de su camiseta. "Estoy enterada de sus antecedentes médicos, que sólo adjuntarían un efecto más negativo sobre mis acciones contra usted—"

"Me temo que no entiendo…"

"Manipulé sus recuerdos, así como, los de muchas personas más. Hice todo en mi poder, para no invadir la privacidad de su mente, Sr. Luthor. Sin embargo, el hecho sigue siendo el mismo: después de su trauma ocurrido en Belle Reeve, usted más que nadie, tiene derecho a una disculpa." La inexistente emoción viniendo de la mecánica explicación, erizó la piel de Lex. Eso, y el carácter específico con el que Roth describió lo "ocurrido" en Belle Reeve. Su estancia en el centro psiquiátrico había sido comunicada abiertamente para el público, pero no lo ocurrido dentro de la muralla de pesadillas. Nadie había averiguado sobre la terapia de shock, a menos que Lex hubiera querido lo contrario.

Lex comenzó a sacar la pistola del compartimiento escondido. "¿La mandó Clark?"

Desconociendo que haber respondido afirmativamente la hubiera colocado en mejor luz para los ojos de Lex, Roth negó con su cabeza. "Vine por mi propia voluntad." Roth fijó su mirada en Lex, perturbándolo con su intensidad. "Antes de que pudiera apuntar el tranquilizador en mi dirección, yo ya estaría tele transportándome a otro punto de la oficina, Sr. Luthor. No soy tan ingenua. Me imagino que, desde el momento en el que su memoria se restauró, ha hecho todo lo posible por investigar sobre mí. Debe de tener una idea de lo que soy capaz."

Lex tensó sus muslos, listo para rebotar de la silla de piel. "Estoy confundido. ¿Esta es una disculpa, o una amenaza, Srta. Roth?"

Roth engrandeció sus ojos, su boca colgando por un instante. El minuto que Lex le regaló, no fue en vano. Pareció tiempo suficiente para que la chica cayera en cuenta del tono oscuro, por el que se había colado su justificación. Roth, visiblemente, tragó saliva.

"Lo lamento." Una risa descompuesta salió de sus labios descoloridos. "Parece que es lo único que he articulado por horas y horas. Lo siento, lo lamento. Desde una perspectiva magnificada, aquellas imploraciones suenan tan vacías."

"¿Qué eres?" Lex dejó de rodear. Quería una sola respuesta, para armarse una imagen de lo que se enfrentaba. "No eres un resultado de las tormentas de meteoritos. Lo sabría, si lo fueras."

La joven inclinó su mentón. "No soy, completamente, humana. No soy, exactamente, una nativa."

Dios. ¿Podría ser que…? "Acaso Clark y tú—"

"Soy una extranjera, pero no esa clase de extranjera."

Mierda, rayos y centellas. Bien hecho, Clark. Sigue con la excelente aplicación de la palabra Discreción. Lex tuvo que luchar contra cada reclamo de sus moléculas, para no golpear su propia frente, en frustración.

Sin embargo, Roth, tenía más por decir. Hasta arrojó una suave curva de sus labios, para aligerar sus palabras. "No debería enfadarse con Clark. De lo que usted pueda conocer de él, yo no estoy tan al tanto. Tengo mis sospechas. Puedo… percibir que no es humano. Pero, más allá de eso, usted aún sigue en la delantera, Sr. Luthor." Un fulgor de humor, ahuyentó algo de la gravedad del rostro de Roth. "Aunque, si Richard pregunta, nunca dije eso."

Lex aflojó su agarre de la pistola, reconsiderado la situación.

Otra vez, con Clark Kent como común denominador, las cosas cambiaban. Todo cambiaba, cuando Clark metía sus narices. Le gustara a Lex, o no. "Grayson." Rezongó levemente, recordando su inclusión en el tour del Nivel 33.1. "Clark necesita aprender a cerrar su boca."

"Sólo intenta enmendar sus errores." Roth lo defendió. Lex hizo una nota mental de su muestra de lealtad. "Mentir y ocultarse. Sé muy bien, que tanto hacer eso, te puede envenenar el alma. No lo culpo, por querer cambiar."

Cambiar. Como si fuera tan factible. Como si se tratase de apagar un switch, y encender otro, en una corriente eléctrica distinta. Ahora fue el turno de Lex para sonreír, imaginando todas las paredes de la realidad con las que Clark iba a romperse la nariz, al hacer impacto con los esqueletos guardados de su pasado.

Lex podía reconocer que Clark había madurado desde su… mutuo alejamiento. Clark ciertamente era diferente en algunos aspectos, y cada fibra en Lex se rehusaba a convertirse en otro proyecto de caridad, de esta nueva versión. Sin embargo, en otras maneras, el joven granjero permanecía siendo el mismo Clark de siempre, y eran aquellos rasgos inmutables que nunca serían modificados en la naturaleza de Clark, los que seguían atrayendo a Lex a su órbita.

Clark era una adicción. Siempre lo había sido.

Abstractamente, Lex quería dejar grabado en la larga historia de su amistad, que él mismo había tomado el primer paso para cortar la relación, en romper el círculo vicioso. Había estado dispuesto a dejar a Clark ir, junto con sus secretos y no tan-secretos. Sin embargo, esta vez, Clark había sido el que se había negado a cooperar con el programa. Lex quería que le constara al universo que ahora había sido Clark el adicto, y no Lex.

"Todavía no hay un veredicto que declare que tanto éxito, Clark tendrá. Cambio nunca ha estado en el vocabulario de un Kent."

Una tenue arruga onduló las franjas de la frente de Roth. "Sr. Luthor." Toda melosidad que solía inyectarse en su apellido, se convirtió en una silaba severa, saliendo de la voz de Roth. "No puedo entrar en detalles, pero le puedo asegurar que Clark y usted, hicieron lo correcto. Nunca debieron ser oponentes." Roth apoyó sus manos en el escritorio, implorando por su atención con cada señal de su postura. "…Lo vi una vez, hace mucho tiempo. Se sintió como un sueño, pero estaba despierta. Vi el mundo hundido en tinieblas. Vi a Clark como un héroe cubierto en carmín, vacío de esperanza. Había perdido a todos sus seres amados a la mortalidad humana. Y usted… había sido un ser lleno de odio. Vestido de blanco, con buenas intenciones guiándolo directo al infierno. Ustedes dos habían estado destinados a combatir hasta la eternidad, nunca dispuestos a dar el golpe final. Y todo el mundo… habían sufrido por ello."

"Lo sé." Con el oxígeno momentáneamente abandonándolo, Lex sintió su corazón queriendo destrozar su costilla izquierda, demandando salir de su jaula de hueso. Fue horripilante, sentir todos sus miedos siendo reafirmados. Roth le había narrado una culminante combinación, de las tantas pesadillas que habían mantenido a Lex en vela, durante decenas de noches. En su mente, Roth fue reemplazada por Cassandra, sangre bañando el planeta, mientras Lex había reinado. Un puño envuelto en piel negra, siendo su antorcha. Santo cielo. "Sé el monstruo que puedo llegar a ser."

"Sin embargo, se dice que hay muy pocos monstruos, que garanticen los miedos que les tenemos. (1)"

Vaya retorcido estilo de quitapesares.

Lex no pudo conservar las agallas, para continuar viendo a la adolescente a la cara. Colocó su atención más allá de los hombros delgados de la joven, analizando el ámbar de la chimenea. ¿Quién era esta chiquilla, que tenía la capacidad de tocar sus cuerdas más vulnerables? Fue más claro que nunca, que Roth no era una persona corriente. No podías dudar, lo que su fría voz te aseguraba. Lex se sentía más ultrajado que antes, cuando se había levantado otra mortal infracción contra sus recuerdos y la salud de su mente.

"Disculpa aceptada, Srta. Roth." Quería saber más, quería una explicación más explícita, pero pesó más el deseo de Lex por sacar a la chica del estudio, que satisfacer su curiosidad. Por lo menos, por ahora.

Rachel Roth asintió, ante el despache indirecto. Retrocedió.

Lex contó sus pasos, impaciente por su desaparición, para así servirse un trago de scotch.

Al noveno paso, Roth se detuvo. Lex clavó su mirada en la espalda de la niña.

Roth colocó una mano sobre su sien, por un momento. Después, torció su perfil en la dirección de Lex. "…Recomendaría que se dirigiera, de inmediato, al lugar de residencia de Nell Potter."

El móvil estaba en la oreja de Lex desde antes que las palabras terminaran de tener sentido. Con Nell Potter siendo incluida en la conversación, los malos presentimientos en las entrañas de Lex, crecieron a alarmas chillonas en su cabeza. Dio órdenes a su propio equipo de seguridad privada de dirigirse al hotel donde Nell y su esposo se habían estado hospedando, desde el funeral de Lana. Para cuando había terminado la llamada, y las llaves del Laborghini colgaban de sus dedos, no había rastro de Rachel Roth.

Camino al hotel, fue informado que Nell había sido interceptada en la carretera fuera de Smallville, Marlén a bordo. Sin señal del marido de Nell, en ninguna parte. Las autoridades habían sido llamadas por Marcus, el Jefe de Seguridad. Lex agradeció su iniciativa y aceleró hasta la carretera, muy pronto acompañando a un par de patrullas en su viaje. El punto de encuentro fue un desbarajuste, para cuando todos arribaron. Lex abrió la puerta con urgencia, sus dedos temblando con la adrenalina—y con otros sentimientos que no quería nombrar—corriendo hacia el automóvil detenido a un costado del camino. Marcus tenía a Marlén en sus brazos, luciendo ridículo, en su inutilidad para tranquilizarla.

Fue extraño. Desde su nacimiento, Marlén había sido la cúpula de muchas expectativas; había sido el receptáculo de la esperanza de Lex por un nuevo comienzo—gran ejemplo de ello siendo hasta el establecimiento de su nombre; Lex había roto con la dinastía de Lionel—había simbolizado un estatus que Lex había estado codiciando, desde que había averiguado el embarazo de Lana. Marlén era el ojo del huracán, un arquetipo que Lex había estado cuidando con recelo y posesividad. Lex comprendía la importancia que Marlén representaba en su vida. Sin embargo, no fue hasta ahora, oyendo sus llantos histéricos a menos de un metro de distancia, que Lex sintió aquella fantasiosa noción de unión fraternal, como realidad.

Lo percibió.

Sintió el jalón de su hija. Sintió la veracidad del ADN que los unía, hasta cada terminación nerviosa de su médula.

Nell todavía no había sido introducida a una patrulla, pero se encontraba esposada. En cuanto captó la presencia de Lex entre la conmoción, la mujer se abalanzó contra él. No llegó muy lejos, con un par de policías bloqueándola con sus brazos. Lex caminó hasta ella, furioso con el vil atrevimiento que la mujer había realizado en su contra.

"¡Me tendiste una trampa, maldito infeliz!" Nell vociferó a los cuatro puntos cardinales.

Lex no negó la acusación. Había esperado a que Nell se saboteara a sí misma eventualmente, pero ni Lex la había imaginado tan imbécil. Cuando el juez les había aconsejado llegar a un acuerdo personal entre ellos, respecto a la custodia de Marlén, para evitar un mayor y largo proceso legal, Nell había cedido a los términos de Lex, con tal, de por fin conocer a su sobrina segunda. Lex había esperado que la mujer supiera valorar su suerte, y que no fuera a arruinar el acto de confianza que Lex había estado ofreciendo, tan rápido.

Al contrario, ahora había arruinado cualquier esperanza de credibilidad frente al juez como representante de custodia de Marlén. Sin la ayuda de nadie. Y en su primer día de visita, además. Nell no se había permitido ni una hora de disfrute con Marlén, antes de apuñalar a Lex en la espalda.

-Después de todo, la manzana no cae tan lejos del árbol. Lex quería estrangularla. Tiempo atrás, le había agradado Nell Potter. La había respetado por su inteligencia, y por su perceptibilidad. ¿A dónde se habían ido aquellas cualidades?

"Si alguien ha mordido un anzuelo aquí, he sido yo, Nell. Fui demasiado ingenuo, al pensar que podría confiarte a mi hija, por una simple tarde." Metódicamente, Lex fue destruyendo la reputación de la mujer frente a la Sheriff. "¿En serio creíste que podrías darte a la fuga con mi hija, tan fácilmente? ¿Y para qué? ¿Para esconderte en Metrópolis? Metrópolis es mi ciudad." No tuvo que fingir el increíble enfado surgiendo por su ser, al acabar con toda distancia separándolos. Nell estaba temblando por su propio coraje. "Al primer paso que hubieras dado, hubieras sido destruida."

La dejó. Se dio media vuelta, no teniendo nada que decirle en el resto de su vida. Lex hubiera apreciado las influencias de Nell y Henry en la crianza de Marlén, pero todo plan reconciliatorio entre los Lang/Potter, los Small, y los Luthors, estaba arruinando indefinidamente. Lex nunca los volvería a aceptar en la cercanía de su hija.

Marcus hacía su mejor esfuerzo por apaciguar los chillidos de Marlén, meciendo sus brazos como péndulo. Marlén continuaba llorando, como si entendiera las circunstancias de su contexto. Lex estaba estirando sus propios brazos, ante de que cayera en cuenta de sus acciones. Hasta Marcus lució sorprendido por su muda petición. Pero, Lex era su jefe, así que traspasó el diminuto cuerpo de seis kilos, envuelto en mantas, a su progenitor, sin tardanza.

Era la primera vez, que Lex la sostenía en sus brazos.

Todo este tiempo la había estado observando desde lo lejos, analizando a Carmen y su experto entrenamiento aplicado en el cuidado de su hija. Lex había observado dormir a Marlén, durante la única noche que habían estado en Nueva York, demasiado temeroso de tocarla. Aterrorizado de arruinar su perfección. Había sucedido durante las altas horas de la madrugada, y Carmen había estado dormida. Al notar a Marlén despierta, pero callada, observándolo de vuelta, Lex había decidido contarle, una que otra leyenda céltica, entre susurros. Le había narrado sobre Isolde y Tristán, sobre la historia galesa de Branwen, hija del rey de Irlanda, con el objetivo de arrullarla.

Lo que Lex había obtenido por su tiempo invertido, aquella noche, había sido una sonrisa de encías desnudas, un hilo de saliva embarrando la pequeña mejilla robusta de Marlén Luthor.

Ser resguardada en la protección de su padre, no la calmó lo suficiente para dejar de sollozar, pero sus maullidos bajaron de intensidad. Lex no tuvo ni la menor idea de qué hacer para ayudar a consolarla. No quería mentirle con ilusos "Todo está bien, no te preocupes", porque nada jamás estaría bien entre Marlén, y la familia de su madre.

Después de que Sheriff Adams le diera permiso de retirarse, antes de que los periodistas llegaran a la escena, Lex le ordenó a Marcus manejar el Lamborgini de regreso a la mansión. Marlén suspiró rencorosa, desde el nido de los brazos de su padre durante el camino. Debía de estar alucinándolo, pero Lex pudo jurar ver acusación en aquellos ojos claros del bebé, preguntándole sobre por qué Lex la había dejado sola con Nell, a pesar de las sospechas de que la mujer actuaría irracionalmente, en cuanto tuviera la oportunidad.

Debía ser la culpa jugando trucos sucios, más bien.

En cuanto llegaron al castillo, y Lex se abrió camino al estudio, Marlén solamente empeoró.

Lloró y lloró, irritada, dejando caer sobre la mansión una tormenta.

Le había dado el día libre a Carmen, y Lex estuvo tentado a cancelarle su receso, en muchas ocasiones. Sin embargo, un lado de Lex—un lado recién despertado—le renegó por lo contrario. Después de lo de Nell, Lex solamente quería a Marlen rodeada de su presencia. Teniendo a Lex, no necesitaría a nadie más. Lex la protegería, la cuidaría. La tranquilizaría, costara lo que costara.

Atraída por el caos, Cecilia tuvo las agallas de escurrirse al estudio, trayendo con ella la pañalera recién rescatada por Omar. Una pañalera que Carmen había preparado para la visita con Nell. Adicionalmente, Cecilia venía armada de una botella con fórmula.

Por lo menos, por esos veinte minutos de silencio que la botella de leche logró proporcionar, Lex pudo estar en paz.

Cecilia le enseñó a cómo extraerle los gases a la pequeña, una vez que se terminó de alimentar. Le advirtió que de lo contrario, Marlén sufriría de cólicos y eso solamente les haría aún más infernal su existencia, a todos los hospedados en la mansión. Tras revisarle el pañal y cambiarlo por uno limpio, la cocinera declaró a Marlén libre de razones para llorar.

Claro, Marlén tenía sus propias opiniones al respecto.

Lex agradeció a Cecilia por su ayuda, pero al final, le pidió dejarlos solos.

Caminó por todo el estudio con Marlén en sus brazos, tratando de negociar su silencio con cuentos sobre Alejandro El Grande, llevándola a la biblioteca del segundo piso para mostrarle cuales eran sus libros preferidos. En periodos, Marlen se tranquilizó, más en otros, retornó a un estado de inmensa irritación, no cayendo en los encantos de su padre.

Durante uno de las instancias en las que Lex y Marlén regresaron al primer piso, se les avisó del regreso de Richard Grayson. Lex dio estrictas órdenes de no ser perturbado, aunque internamente, dudaba de que el chico fuera a asomar sus narices. Vagamente, Lex se percató de que ya había pasado la hora de la cena. Su estómago se quejó.

Lex suspiró. Aunque Marlén lo odió por ello, Lex la acomodó en el porta-bebé.

Se sirvió un trago triple de brandy.

Al ver el piano del otro lado de la oficina, la inspiración le llegó.

En un principio, con las notas de Fur Elise resonando ante la presión de sus dedos en las teclas, Marlén se negó a ser seducida desde su ubicación sobre el piano. Sin embargo, lenta y paulatinamente, las quejas incoherentes de la heredera se fueron relajando a sonidos menos dolorosos para los oídos de Lex. Repitió Fue Elise por segunda ocasión, y después improvisó unas cuentas piezas propias, nunca perdiendo de vista las párpados de la pequeña cayendo, cada vez con más pereza.

Fue cuando le daba el toque final a Moonlight Sonata, con Marlén durmiendo, que Lex se percató de que tenía una audiencia.

Clark sonreía, desde el umbral del estudio, una puerta abierta a medias, sostenida por su mano.

Los dedos de Lex se tropezaron sobre las teclas. Abruptamente, concluyó la pieza. Por supuesto, que Clark pasaría desapercibido por la seguridad, a pesar de sus órdenes. Clark iba y venía a su gusto.

Lex hizo un signo de silencio, colocando un dedo sobre sus labios. Clark asintió, terminando su entrada. Se introdujo por completo, y cerró la puerta con todo el cuidado posible.

"Me enteré de lo que sucedió."

Lex respondió con el mismo tono bajo de voz. "Rumores vuelan en este pueblo."

Clark se acercó con cautela al porta-bebé. Lex recordó que Marlén y él nunca habían sido propiamente presentados. Cuando Clark lo había acompañado desde el hospital, Lex había estado al borde de la catatonia, y Carmen había mantenido escondida a Marlén en las profundidades del castillo. Había sido demasiado doloroso verla. Para ambos.

"Apareció en las noticias locales, a decir verdad. Vine, en cuanto vi el reportaje." Clark explicó, sus ojos posados en la bebé, aunque manteniendo sus manos en sus costados, como un robot.

Lex esperó por las reclamaciones. Por las acusaciones. Por el interrogatorio.

Clark continuó. "Tiene tu cabello pelirrojo."

"Es muy probable que se oscurezca con el transcurso del tiempo."

"¿Qué harás con Nell?" Ah. Ahí estaba. Lex se sirvió otro trago.

"Yo no haré absolutamente nada. Su destino yace con las autoridades y el juez." Ahora, Clark expresaría su incredulidad ante lo dicho. Insistirá en alguna agenda secreta que Lex, seguramente, tiene preparada para hacer añicos a los Potter.

"Luce tan tranquila." Clark murmuró.

"No dejes que las apariencias te engañen. Estuvo atormentando la mansión todo la tarde." Lex permaneció en el mini-bar, registrando el perfil de Clark con escama. "Solamente el sonido del piano funcionó, para calmarla."

Clark no disimuló su deleite al oír sobre su tortura, su sonrisa tan alargada que su colmillo canino resplandeció. "Ah. Eso explica tu apariencia de muerto viviente."

Lex le dio un trago a su copa, escondiendo la sonrisa que quiso nacer en su propia boca.

Hubo un lapso de silencio entre los dos. Creció a niveles incómodos, en cuestión de segundos. Clark hizo agujeros en el piso con sus botas de grajero. No vestía de Consejero esta noche. Esta noche, una chaqueta de azul primario, y simples pantalones de mezclilla, habían hecho su regreso, trayendo el pasado con ellos. Lex tragó más que saliva, el alcohol entumeciendo su garganta.

Nadie dijo que esto sería fácil. Roma no había sido construida en un día.

"Tuve una interesante visita a medio día." Lex dio el primer paso. "Para ser honestos, gracias a esta visita fui informado a tiempo, de los planes alternativos de Nell. Así fue como pudimos detenerla a tiempo."

"¿Visita?" Clark seguía viendo a Marlén. Lex no aprobó la evasión. Quería que Clark lo viera a él.

"La señorita Roth vino a disculparse, por sus transgresiones contra mi salud mental." Bingo. La cabeza de Clark giró rotundamente, a favor de Lex.

"¿Rachel vino a verte?" Con ver tanta sorpresa en la cara de Clark, Lex tuvo su prueba de que Rachel no había sido enviada por nadie. Clark aún era fracaso, a la hora de mentir convincentemente.

"Es lo que acabo de decir, ¿no es así?" Lex roló sus ojos. Regresó al piano para tomar el portabebés, deliberadamente atrasando la conversación a su beneficio. Clark los siguió como cachorro perdido hasta el sofá, permaneciendo de pie, aun cuando Lex tomó asiento y acomodó a Marlén sobre la mesa de centro. "Dime, Clark, al rumbo que vas, ¿quién seguirá en conocer tu secreto? ¿Lionel? ¿Reynolds? Sólo pregunto para tomar las precauciones adecuadas—"

Clark tuvo la decencia de lucir merecedor de la reprendida. "Rachel no sabe sobre mí."

"Muy convincente, Clark. Intenta de nuevo, ahora sin que suene tanto a una pregunta. La chica está al tanto del hecho que no eres humano. Eso es suficiente, ¿no crees?"

"Bueno." Clark intentó minimizar el daño, suspirando impacientemente. Finalmente, se sentó en el sofá lateral. "Lo que sea que conozca de mí, es sólo lo justo, dado todo lo que ahora sé de ella."

Lex cruzó sus piernas. Levantó sus cejas. No que esperara una elaboración de lo insinuado. Ésta solía ser la parte donde Lex presionaba por información y Clark retrocedía como venado asustado.

"Ella fue la causa del ataque en la preparatoria, Lex." Mmm. Falla en el protocolo. Interesante. "Si tú y yo creemos tener vidas extrañas, piénsalo de nuevo. Rachel Roth trae consigo un bagaje que nos hace lucir normales."

Marlén torció su nariz, entre sueños. Lex esperó a que la bebé volviera a un estado de reposo.

"Miré lo poco que las cámaras de vigilancia de la preparatoria captaron, y el material que los reporteros lograron filmar del acontecimiento." Había visto un corto lapso de 13 segundos donde había sido clara la imagen de Clark sujetando a un adolescente desquiciado, con su torso desnudo, y sangre manchando su lejano rostro. Lex había robado la fuente del material, y había logrado interceptar versiones clonadas antes de que éstas fueran subidas a la red. Y así se lo dijo a Clark. "No estabas haciendo nada extraordinario, pero no duele estar preparados."

Clark frotó su rostro con ambas manos, claramente, conteniendo un gruñido para no despertar a Marlén. "Si Franco es visible en aquellos videos, puede que haya sido reconocido por las autoridades, mucho antes de que nosotros recuperáramos nuestros recuerdos. Se contradice totalmente con las defensa que los abogados de Oliver prepararon."

Lex apretó su puño alrededor del vaso de vidrio. "Nada deja mejor en claro la seriedad de una relación, que cuando tus desastres son limpiados por tu pareja." Le agregó una encogida de hombros, descaradamente utilizando la presencia de Marlén como escudo, ante cualquier muestra de explosiva indignación de parte de Clark. "En mi opinión personal, es el sentido de íntima complicidad, lo que fortalece cualquier relación."

"No está limpiando mis desastres." Abnegación era la mejor amiga de Clark. Y fue bueno ver que su dependencia mutua seguía siendo fuerte. "E incluso si fuera así, sólo puedo asumir que la única razón por la que estarías molesto, sería porque tú ya no eres al que acudo, para arreglar mis problemas."

Un soplo de aire fue golpeado fuera de la boca de su estómago. No exactamente una risa, pero tampoco un sonido venenoso. "Touché."

Pero, ninguna señal de satisfacción transitó por la expresión facial de Clark ante su adecuado tiro al blanco. El joven granjero entrelazó sus manos, y como si éstas estuvieran sosteniendo kriptonita, un eco de profunda angustia torció su semblante. "…No vine aquí a pelear. Pero, me doy cuenta de que esto no será tan sencillo."

"¿En verdad esperabas que lo sería, Clark? ¿Después de todo lo que nos hemos dicho, y hecho, mutuamente?" Lex nunca olvidaría lo que le había escupido a Clark en la cara, cuando había estado bajo la influencia del virus de Fine. Y Clark nunca olvidaría como Lex le había robado a Lana, justo debajo de sus narices. Aquellos eran pecados casi imposibles de absolver.

Clark se tomó una pauta pensativa, antes de responder. Cuando lo hizo, inclinó su rostro hacia Lex, conectando sus miradas con precisión. "Raramente, algo que realmente vale la pena tener en tu vida, es fácil de obtener, Lex."

-¿Cómo puedes decir algo así? Lex lamió sus labios, cada partícula de su cuerpo temblando, con una revolución de diversas sensaciones.

Por primera vez, en años, Lex volvió a ver una sonrisa que Clark solamente había guardado para ocasiones, realmente, especiales. Fue una tortura reconocerla. No tuvo idea de cómo ser recíproco ante el gesto. Lex había olvidado a sonreír de esa manera, ya desde hacía mucho tiempo. Ni siquiera con Lana había encontrado razón para recuperar tal habilidad.

Así que, escogió la salida de los cobardes: cambió de tema. "Franco Collins y compañía están perdidos en acción. ¿Asumo que estás buscándolos?"

"Buscándolos. No mucha suerte en encontrándolos. Chloe ha hackeado sus archivos personales, pero todavía no tenemos alguna pista útil que nos ayude a encontrarlos. Ahora que los padres de los chicos han recobrado sus recuerdos, están levantando actas de desaparición." Clark retiró su mirada de Lex, para reubicarla sobre la chimenea. "Sé que estoy dejando pasar detalles importantes. Debe de haber una conexión entre Franco y los demás, que nos ayude a descifrar su paradero—Pero, por ahora, no la puedo ver…"

"¿Por qué crees que deben tener algo en común, o qué están todos juntos en un sólo lugar?"

Nunca separando sus gemas verdeazules del fuego ardiente, Clark lamió sus labios. "Rachel lo insinuó."

"¿La Srta. Roth? Vaya, vaya, Clark, esa chica parece que te ha robado el protagonismo."

Una suave risita. Al escucharla, ahora así, Lex se permitió sonreír sutilmente. Las risas de Clark eran una especie en extinción, en su presencia.

"No tiene idea, Lex…"

"La tendría, si me lo dijeras."

Nunca era una buena idea presionar a Clark. Pero, todo debía ser diferente en esta segunda ronda, ¿no? Viejos patrones debían romperse. La noche anterior, Clark había expresado su descontento por siempre tener que hacer las cosas bajo el control de Lex. Pues ahora, Lex estaba haciendo la misma reclamación. Ya no le interesaba ser enredado en las evitaciones y mentiras de omisión, de su supuesto amigo. De hoy en adelante, iba a presionar cuando le diera la gana, y con la fuerza que se le antojara.

Viejos hábitos mueren con mucha dificultad, y Clark lo demostró con cinco minutos de silencio, perdido en sus mismas clausulas mentales que le impedían abrir su boca, y simplemente, confiar en Lex. Sin embargo, al final, pareció llegar a las mismas conclusiones. Tras una profunda inhalación, Clark le contó sobre magia, demonios y contratos involucrando almas humanas, como material de transacción. Como si hubiera ensayado la explicación miles de veces, Clark soltó los detalles involucrando su encuentro con Franco Collins en la piscina de la preparatoria. Narró la anormal fuerza con la que los chicos habían sido dotados, y como habían podido manejar a Clark a su completo antojo. Lex escuchó sobre Daisy Tyler, hija adoptiva de Vincent Tyler, Presidente de Tyler-Tex—Mejor conocida, como una de las más famosas maquiladoras de textiles de Kansas. Lex oyó sobre la extraordinaria habilidad de la chica para manifestar sismos, y sobre cómo había asesinado a Collins con una pared de concreto.

Boquiabierto, Lex recibió una gráfica descripción de los huesos rotos de Franco volviéndose a fusionar, justo frente a los ojos de Clark, confirmándose en el interior de Lex, el terror que se había vivido aquella noche. Además, aunque no menos importante, le fueron conocidas a Lex las circunstancias por las cuales Eliot Montani había sido obligado a manipular electricidad, para proteger a sus amigos.

Clark le dijo todo sobre Rachel Roth.

Todo lo que el consejero sabía, hasta ahora, por lo menos.

Nadie podía culpar a Lex, si después de recibir todo ese conjunto de relatos fantásticos, huyó a servirse tres tragos más, de escocés.

No sabía de qué estaba más shockeado, de tanta—supuesta—verdad saliendo de la boca de Clark (pero, ¿desde cuándo Clark había sido creativo con sus mentiras?), o de la posible existencia de un Rey Demonio llamado Trigon, ansiando conquistar su mundo.

Aunque, después de ser poseído por Zod, ¿resultaba tan difícil estirar el límite de lo increíble, un poco más? Lex frotó el puente de su nariz.

"Debería… llevar a Marlén a su recámara." Lex concluyó, después de una segunda laguna de silencio plagando el estudio, al término de los relatos.

"Oh." Clark frunció su ceño, sin duda, perturbado por el non-sequitur. Comenzó a levantarse del sofá. "Tienes razón, es bastante tarde."

Lex levantó una de sus manos. "No estoy corriéndote, Clark." Realmente, no lo estaba haciendo. Quería escuchar más. Pero, Marlén debería estar acostada. A pesar de la chimenea, el frio de afuera comenzaba a recalcarse en el estudio.

"Tengo que irme, de todos modos." El granjero se encogió de hombros. "Se reanudan las clases mañana, tengo que levantarme temprano."

Esas sí eran buenas noticias. Menos ocio para Dick.

A pesar de las intenciones explícitamente entabladas entre los dos, Lex y Clark se mantuvieron suspendidos por un instante en el tiempo, ninguno prosiguiendo con su promesa de marcharse de la oficina. Fue incomodo, por tercera ocasión. Lex descubrió que no sabían cómo decir adiós. Clark había dejado tal práctica desde hacía años, optando por desaparecer cuando más le convenía, en cuanto las espaldas de Lex habían estado volteadas.

Cuando la corpulenta presencia de su visita se dio la media vuelta, Lex se obligó a confesar algo que había estado picoteando su mente con insistencia. "¿Sabes, Clark?"

"¿Mm?"

"No es cierto. Lo haz mencionado en más de una ocasión, y no me he encargado de corregirte de tu error, meramente por el placer de verte miserable." Al ver una mueca de afectación en Clark, Lex se apresuró al núcleo de su monólogo. "Pero, no es cierto. Todo lo que siempre he deseado de ti, ha sido tu amistad." Lex cerró sus ojos. "Inclusive… más que tus secretos. Ahora que los conozco, no significa que tú eres… menos, ante mis ojos." Dios, Lex no podía creer que tan rápido terminaba doblegado, ante Clark Kent. "¿He sentido celos? Claro. De tu familia y de tu libertad—Pero, no a un nivel que arrasara mi genuino interés por ser tu amigo."

"¿Y qué hay de Lana?" Clark susurró, su rostro doblado en su dirección, un temblor rompiendo la compostura de su pregunta. "¿Por qué la tomaste? ¿Por celos, también?"

Lex le robó un vistazo a su hija. "Mi amor por Lana siempre fue sincero. No puedo hablar por ella, pero quiero creer que, por lo menos, al inicio, su interés por mí fue honesto." Al parecer, Clark nunca entendería la completa razón detrás de la específica persecución de Lex, por Lana. Si no lo podía entender en estos momentos, Lex tendría que resignarse a que Clark nunca podría ver más allá de la fachada de amistad, que los había unido en el pasado. La fijación de Lex estaría salvo, en las profundidades de sus baúles emocionales, entonces. No serviría de nada, desnudarlos. Clark permanecería en la ignorancia. "No negaré que nuestros respectivos rencores involucrándote, no hayan servido para crear un lazo entre nosotros dos, Clark. Ciertamente, no dudo que Lana me haya usado para lastimarle, en un principio. Y probablemente, saberlo no me ofendió tanto como lo debido. Yo quería lastimarte, también. Sin embargo, después… todo fue cambiando. Nuestra relación fue cambiando."

Para lo peor.

Clark asintió. Su cuello se restableció en su lugar adecuado, su rostro enfrentando la ruta de salida. "Lo que tengo con Oliver, no tiene nada que ver lo nuestro, Lex. Ni con Lana. No lo planeé. No nació por venganza. Es algo, completamente, independiente."

Lex torció sus labios. Que hermosas mentiras, Clark se había tejido para sí mismo.

"Entiendo, Clark."

Otra sonrisa, acompañada de un giro de globos oculares. "Pues eres el único, porque yo no tengo idea de lo que estoy haciendo."

"Tal vez la espontaneidad de su relación, es lo que funciona para ti." Lex recordó la mano de Oliver apoderándose de la rodilla de Clark, aquella primera mañana de clases de Dick. Lex había sentido un león nacer en su interior, rugiendo con indignación. "No hay manual para una relación exitosa, Clark." Aunque, sí para destruirlas.

Clark agachó su cabeza, contemplativo. Le dio un último vistazo a Marlén, un dedo abriendo un pliegue de la manta. "Como haya sido. Estoy feliz que a partir de ahora, no estarás solo, Lex."


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"Oliver Queen, me debes un favor."

Había sido con aquella línea, que el foco de atención de Oliver había sido adherido a Clark Kent de manera definitiva.

No cuando había conocido al dueño del sobrenombre "Smallville", placenteramente sorprendido por la realidad. No.

No había sido hasta que Clark se había atravesado frente a su motocicleta, que entonces Oliver había sentido la tentación. Había sido el inicio de todo. A partir de aquél momento, cada vez que Lois y Clark habían estado en un espacio compartido, las facciones de Clark habían ido robando su atención, dejando a Lois en las sombras.

Todo, y todos, se opacaban, cuando Clark entraba a un lugar.

Cuando se introdujo a la oficina del consejero, levantó sus bolsas de comida china con énfasis. Clark, apenas procesando su visita sorpresa, sonrió enormemente. "Mmm, algo huele delicioso."

"¿Algo o alguien?" Oliver colocó los contenedores en el escritorio. Clark se levantó de su asiento, demostrándole a quien consideraba más apetitoso. "Cálmate, tigre. Guarda esas mordidas para los rollos de carne."

Clark giró el cuerpo de Oliver, firme en su convicción de besarle su agradecimiento.

"Siéntate, ¡suficiente!" Al pendiente del carácter público de la oficina, Oliver empujó a Clark hacia su silla, poniendo el escritorio de por medio. "Traje refrescos también."

"Todo un picnic." Clark admiró, mientras ayudaba a sacar los recipientes cuadrados de la bolsa de plástico. "¿Qué hice para merecerlo?"

Oliver pausó por un momento, sus narices inhalando la maravilla del pollo con piña. "No se trata de merecer. Quiero estar con mi novio. Es perfectamente normal."

Clark abrió un contenedor de brócolis y chop-suey. "No he sido… el gran ejemplo de los novios, que digamos."

"Compénsamelo." Oliver le guiñó una pestaña, no negando la realidad. Ambos habían estado en terreno rocoso. "¿Cómo ha estado tu día, hasta ahora?"

"Aburrido." Pero, la designa no parecía indicar descontento. "He estado escribiendo citatorios a padres de familia toda la mañana."

"Así que, el secretariado es otro de tus talentos escondidos."

Clark entrecerró sus ojos. "No soy la secretaría de nadie."

"Lástima. Lucirías perfecto en una falda y un par…"

Un brócoli voló a su rostro. Oliver lo recogió, comiéndoselo con desfachatez.

"¿Todavía nada?"

Clark se encogió de hombros. "No. Chloe sigue en blanco también."

Oliver masticó pensativo. "No desesperes. Saldrán de su escondite, tarde o temprano." Habían transcurrido tres semanas desde el ataque en el Ankh, y el ambiente había transcurrido con una tranquilidad que perturbaba. Tranquilidad no era el estilo de Smallville. Sus abogados habían sido eficientes en extraer a Clark del caso del ataque a Smallville High. Sin embargo, para su tétrica sorpresa, los padres o tutores de Collins y el resto, no habían levantado actas de desaparición como se había esperado. Sencillamente, porque parecían no acordarse de su existencia. Roth juraba que sus mentes alteradas no eran obra de su creación, y aunque Oliver no creía todo lo que salía de su boca, Clark había tomado la promesa de la chiquilla como hecho.

En consecuencia a esto, de ahora en adelante, el único interesado en encontrar a los muchachos perdidos era su consejero escolar, y su búsqueda comenzaba a bordar en la obsesión.

"¿Qué te hace pensar eso?"

Oliver parpadeó. "¿Mm?"

"Lo que acabas de decir, sobre como Franco y los demás saldrán tarde o temprano."

"Oh. Bueno… Quieren a Roth, ¿no? Vendrán por ella de nuevo. No lo dudes."

Clark ocupó su boca con su almuerzo por un rato, pero fue obvio que lo dicho no se le había ocurrido. Por debajo del escritorio, Oliver chocó su zapato deportivo con un botín. "¿Planes para esta noche?"

"Patrullar." Clark respondió en automático. "Dormir."

Oliver hizo una mueca. "Whoa, desacelera un poco. No te vuelvas loco, Clark."

"Es mitad de semana, Ollie."

"Está bien. Pero, quédate un rato conmigo en la Torre, ¿quieres?"

Una sonrisa más cegadora. "Por supuesto."

"¿Qué tal después de clases? ¿Tienes planes con los Mosqueteros?"

Clark tomó una de las latas de refrescos con detenimiento, limpiando la superficie con su manga antes de abrirla. Oliver supo leer la prolongación por lo que era. Blanqueó su mente antes proseguir, guardando sus comentarios personales donde pertenecían. Cuando se sintió listo para soltar su lengua, continuó. Pero no antes.

"Ah. ¿Fase 1 en Ser Mejores Amigos entra en acción hoy?"

"Cuando lo dices así, suena a plan de kindergarten." Clark murmuró entre el aluminio del refresco de cola. "Pero, sí. Lex me invitó a comer juntos."

Ollie chupó sus dedos jugosos, rechazando los palillos chinos. "¿En Metrópolis?"

"En la Mansión."

Nop. Nada que comentar. Absolutamente nada. "Como en los viejos tiempos."

Clark suspiró. "Para ser honestos, tengo algo de miedo."

-Lengua, estate quieta. "¿Por qué?"

"La Mansión ha sido… el centro de todas nuestras discusiones, de nuestras platicas cuando éramos más jóvenes. Si las malditas paredes de piedra pudieran hablar, solicitarían ayuda psiquiátrica, de inmediato."

La carcajada fue inesperada. Oliver se apresuró su garganta, no queriendo ofender. Para su fortuna, Clark compartió su humor. Alentado por la sonrisa de su novio, osó a decir más al respecto. "Entonces, cámbialo."

"¿Eh?"

"Cambia el lugar. Escoge un área neutral. Dicen que quieren comenzar de nuevo, háganlo en todos los sentidos. Almuercen en otro lugar."

Clark lució tan sorprendido como Oliver se sintió. "No… es tan mala idea."

"Puedo tener buenas ideas, más frecuentemente de lo que crees."

"No me refería a esa forma—Ollie." Clark se levantó de la silla, caminando hacia su novio, con determinación. "Gracias."

"No lo hagas." Oliver levantó una palma. "No creas que lo hago por el bien de mi corazón. Si dependiera de mí, Lex comería rocas, solo, el resto de su miserable vida."

"Gracias, de todas maneras." Y Clark besó se frente con ternura. Oliver recargó algo de su peso en el consejero, buscando de su calor. Fue entonces, que lo escuchó. Claro. Preciso. Directo a su oído. "…Te amo."

Pestañeando desconcertado, Oliver no tuvo palabras sabiondas para minimizar el poder de la declaración. Clark fue solemne, su mirada una cumbre de seriedad para cuando sus narices se enfrentaron. No se trataba de una broma, o de una confesión afectada por endorfinas durante sus noches entre sabanas. En la plena luz del día, Clark estaba siendo el primero en colocarse en las trincheras.

Feroz, Oliver tomó el rosto de su novio entre sus palmas, decidido en expresar con acciones, lo extasiado que sus palabras lo hacían sentir. Lo besó con la fuerza de un torbellino, marcando cada partícula, para que Lex lo viera y enfureciera.

Clark lo amaba.

"Déjame secuestrarte." Oliver gimió entre sus alientos. "Déjame llevarte lejos de aquí, lejos de estudiantes perdidos, laboratorios subterráneos, y de citatorios—Déjame hacerte olvidar todo esto, por un rato."

Con sus ojos cerrados, Clark se tomó un momento para tomar una decisión. Oliver lamió su labio superior, desesperado por tenerlo a solas. Necesitaba saborearlo, dejar su esencia en él, para que cuando Lex tuviera a Clark enfrente durante su almuerzo, no tuviera duda de su lugar en esta jerarquía. Oliver le rebasaba por un nivel, y quería dejarlo en claro.

Cuando Clark asintió, Oliver disfrutó su triunfo, sonriendo en el cuello de su amante, mientras era movilizado kilómetros fuera del lugar, en cuestión de segundos.

Paradójicamente, él fue el robado; el que fue tumbado en el lecho de su cama, las sabanas usadas aquella misma mañana, todavía revueltas. Clark lo tumbó sobre la cama, rompiendo su camiseta en dos, botones volando por todas partes. Oliver lo besó, lo besó, y lo besó, gimiendo ante el poder al que se estaba sometiendo. Clark se deshizo de sus propias ropas en minutos, colocándose sobre el humano sin temor o timidez, siendo una criatura desconocida para sus ojos. Oliver nunca lo había visto actuar con tanta… pasión.

Oliver quería más.

Quería todo.

Así que, lo pidió, tornando su cuerpo sobre su estómago, embistiendo su trasero contra el regazo de Clark, el mensaje claro.

Clark gimió con potencia, casi trayendo la Torre a sus cimientos.

"Ollie…" Fue maullado entre sus hombros, un suplico por temple, cuando lo que se necesitaba era locura desatada.

"Hazlo." Oliver torció su rostro hasta tener la boca de su novio a su merced. "Hazlo, Clark. Ahora…"

"No quiero lastimarte…"

"Lo harás—Pero, es lo que quiero—Quiero que duela, quiero recordarlo."

Los pobres globos oculares de Clark amenazaron con salirse de sus órbitas. Sin embargo, debajo del aturdimiento, una marea de intensidad se derramó por su mirada, una necesidad recíproca. Oliver lo guio durante el proceso de preparación, suspirando con satisfacción al sentir los dedos de Clark en su interior, conociéndolo de una forma que hasta ahora no habían empleado. Oliver fue destrozado desde las raíces de su ser. Sus inhibiciones cayeron como castillo de naipes, dejándolo al desnudo más allá de lo físico. Empujó su cuerpo hacia los dígitos que lo conquistaban, sus piernas abriéndose, sin vergüenza alguna.

Nunca había sido del tipo de amante que rogaba. Siempre era el que recibía los ruegos, el que concebía los deseos, el que apagaba los incendios. Había tenido a Lois en esta misma cama, reducida a una masa de chillidos y rodillas temblorosas, levantando sus caderas con la misma demanda, que ahora Oliver estaba exhibiendo.

Fue tomado con la misma desesperación, con la misma necesidad. Cuando Oliver sintió a Clark entrar, uniéndolos en una de las más primitivas danzas, asumió el dolor como parte del placer, acostumbrado a él. Acostumbrado a tener que pagar un precio para obtener lo que anhelaba.

Oliver sintió el amor de Clark en su precaución, en su constante vigilancia de su propio cuerpo. Manos que podían doblar acero, se amarraron a las caderas de Oliver, guiando las ondulaciones de su regazo con deleite. Comenzaron lentamente, acostumbrándose, conociéndose, en estos roles no antes asumidos.

-Te deseé desde que puse mis ojos en ti. Oliver liberó vocalmente su éxtasis, perdiendo la cordura con gusto. –Pero, supe que podrías ser el indicado, cuando lo primero que hiciste fue desafiarme.

Cuando Clark se había interpuesto en su camino y había exigido por un favor, seguro de sí, consciente de lo que estaba pidiendo a cambio: un igual.

El sonido de piel contra piel, crudo y obsceno, fue tan sólo la base de una sinfonía de gemidos, susurros, jadeos y quejumbres del colchón. Las frustraciones que habían estado manchando la dimensión de maravilla de su relación, fueron exorcizadas con cada caricia dada y recibida. Ninguno de los dos destacaba por sus habilidades de comunicación, renuentes en cambiar sus hábitos de lobo solitario, pero esta vez, la comunicación de sus cuerpos estaba siendo más que suficiente.

Oliver se sujetó de los glúteos de Clark, torciendo su brazo en ángulos inimaginables, dándole permiso para soltarse, para romper un poco más de su disciplina. Su otra mano se encargó de completar el ciclo de goce, manipulando su propia erección con un experto masaje. Clark estimuló todo nervio que tuvo a su alcance, rozando con el premio mayor, con cada una de sus embestidas. Bendita fuera la visión rayos-x. Clark sabía justamente adónde apuntar, vertiendo calor puro directo a su próstata.

"Nn, sí, sí, sí—Clark. No pares—Por favor, no pares." Susurró, con un jadeo quebrantando su voz. No necesitaba alzar su tono, Clark lo escucharía—Clark le otorgaría lo que buscaba. Lo atraparía cuando el placer reventara, violando todo límite de su cuerpo, cuando Oliver fuera expuesto a un estado tan vulnerable, que temería por ser visto así. Clark no lo dejaría caer.

Y no lo hizo.

Con su orgasmo tumbándolo hacia el arrecife, Oliver gimoteó débilmente, dejando que sus nervios sensibilizados pulsaran y pulsaran, sangre corriendo, corazón palpitando, eyaculación manchando las sabanas grises. Sus huesos se dulcificaron, toda fuerza vaciándose de su porte.

Se postró en la cama en un completo estado de embelesamiento, sintiendo los brazos de su amante rodearlo y protegerlo, encerrándolo en un capullo de sudor y aire caliente. Clark solamente se arremetió contra su objetivo un par de veces más, los espasmos de los músculos de Oliver, apresurándolo con su fricción aniquiladora. No usaron un condón, así que Oliver sintió el líquido llenándolo, haciéndolo gemir por nuevas razones.

Clark lo jaló hacia el lado de la cama que todavía estaba seca, invitándolo a acostarse sobre su pecho. Oliver clavó su cara sobre el pecho del granjero, disfrutando del momento, oyendo los pum-pum-pum…

Un beso fue sellado en su frente. Oliver mordió un pezón, luchando contra la ternura.

"Dios… ¿Qué había en ése Chop-Soey?"

El empujón hacia la circunferencia de humedad del otro extremo del colchón, fue su respuesta.

"Oye, esa no es forma de tratar a las personas que amas."

Clark le dio las espaldas. "Me retracto. No sé qué estaba pensando."

Sonriendo, Oliver se dedicó a pegarse a cada centímetro de la enorme espina dorsal a su disposición. Permanecieron así un rato, incrustados sin preocupación alguna, respirando casi al unísono.

Sin embargo, su novio era la epitome del remordimiento, y eventualmente Clark tuvo que recordar que tenía responsabilidades, y la existencia de un trabajo todavía esperándolo.

"No tomes un baño." Fue lo único que Oliver pidió, cuando sintió a su novio levantarse de la cama. Lo dejaría irse sin quejas o pucheros, pero solo con esta condición.

Clark pausó. Pareció considerarlo.

Un suspiro. Clark giró su rostro hacia él, leyendo sus intenciones tan anti-puras, sin dificultad alguna. "Idiota."

Pero, al final, la regadera nunca fue encendida.


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Eran cerca de la medianoche cuando su llamado de sirena surgió efecto.

"Lindo lugar para una cita." Wilson asomó su cara por entre la estatua de un ángel, bien abrigado, siempre la imagen impecable de elegancia. "Puedo ofrecer otra mejor opción para la próxima vez. No soy fan de los clichés."

"No habrá una próxima ocasión." Raven ajustó el gorro de estambre, sobre su cabeza. Esta noche estaba haciendo, particularmente, más frío de lo que se había pronosticado. "¿Por qué te tardaste tanto?"

"Tengo un club que manejar, niñita." Pero, Wilson era indefenso antes el magnetismo que Raven emanó a propósito, desde su asiento en una de las tumbas. Era un jalón que Wilson estaba hecho para obedecer. Raven era su Dama, el llamado siempre existiría. En cuestión de segundos, el hombre estaba de pie sobre su cuerpo, sus atenciones entrelazadas. "¿Qué quieres, Raven?"

"Tú eres el encargado de todos los contratos."

Wilson sonrió con malicia. "Ah. Ya comprendo."

Raven estiró su mentón. "Entonces dejémonos de rodeos. Dame lo que quiero."

"¿Qué sucedió con tu actitud pesimista de 'todo está perdido'? Pensé que estabas demasiado enterrada en tu desdicha personal, como para preocuparte por las almas de unos cuantos compañeros de escuela."

"¿Dónde están?"

Wilson alzo y bajó un hombro. "No son mi escuadrón."

"Reclutas a todos los escuadrones. No me mientas."

"Pude haberlos reclutado, pero su General en mando del momento, puede tenerlos en cualquier punto del mapa. Lo sabes. No los estoy rastreando. No son de mi responsabilidad."

"Siempre estás atento de los movimientos de tu ejército. Eres meticuloso, orgulloso de tus obras de arte. Dudo mucho que le hayas otorgando todas las riendas a cualquier otro… Comandante, así nada más."

Slade guardó silencio por un momento, analizando a Raven hasta las puntas de sus cabellos. Estaba registrándola. Estaba sospechando. "No puedes esperar que crea, que este cambio en ti por lo directo, sea de confiar. Por primera vez, estás utilizando nuestro vínculo con un propósito. Estás influyendo en mí, porque quieres información."

"No puedes resistirme." Era un hecho, más que un torpe intento de seducción.

"Oh, pero te equivocas. Tu influencia puede ser fuerte, pero todavía no absoluta. Todavía no estás en tu máximo potencial, todavía no puedes domarme, cuervito." El hombre le ofreció su mano, para auxiliarla en levantarla. Raven aceptó, permitiendo que su contacto fuera lo más íntimo posible. "Si te digo su localización, ¿de qué serviría? El Sr. Kent no puede ayudarlos. Pensé que se lo habías dejado claro."

"Es obstinado. Pero, le debo este favor." Raven no tenía ilusiones falsas sobre el asunto tampoco. Para ella, este tema no tenía otra salida. Pero, si Clark quería averiguar lo fútil del asunto por su cuenta, no había remedio.

"El Sr. Kent debe aprender una lección sobre tragar más de lo que puedes masticar. ¿Cree que está listo para la cruel verdad?" Un brillo descabellado en sus ojos oscuros alertó los instintos de Raven, sobre como algo desagradable ocurriría, si no detenía las maquinaciones del sujeto.

Lo tomó de las mangas. "¿Qué piensas hacer? No te metas con Clark."

"Yo no haré nada." Slade fingió demencia, frialdad adornando sus facciones. "Sólo quiero cumplir tu deseo, mi Dama." Tomando las manos de Raven entre las suyas, un beso fue colocado sobre una de sus palmas, creando una paradoja con las palabras duras, que después saldrían de su boca. "El Sr. Kent y tú, tienen este pasatiempo en común: mentirse a sí mismos. Esconder sus cabezas bajo la arena. Interiormente, son un par de cobardes. ¿Quiere saber dónde se encuentran aquellos chiquillos? ¿Bajo el comando de quién están trabajando? Perfecto. Dile que me encargaré de ello. Dile que le haré este favor por su bien." Jaló a Raven hacia su pecho hasta que el lóbulo de la chica estuviera a la disposición de sus labios. "…Sólo espero que esté preparado para saludar a unos cuantos fantasmas."

Entre un cortina de plumajes negros, el contratista desapareció, abandonándola en el cementerio, a la merced de sus propias aprensiones.

Richard brotó de su escondite con pasos apresurados. "Tengo tantas cosas que preguntarte y tan pocas ganas de hacerlo." Flotó su voz llena de resignación. "Aunque supongo que la pregunta más importante es: ¿qué tan lejos se nos ha salido el tiro por la culata?"


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Recién llegado de la Torre Queen, Clark se dirigió directo al refrigerador, no dejando de sonreír como imbécil. Oliver no había estado contento con el poco tiempo que habían disfrutado juntos, una vez que Clark había regresado de su almuerzo con Lex, pero Clark había sido enfático en su necesidad por regresar a la Granja, antes de la llegada de la madrugada. Sacó el cartón con leche y se sirvió un vaso. Siempre que visitaba la Torre se le dificultaba despegarse de Oliver, pero en este día en específico, había sido doloroso marcharse. Su madre aún no llegaba de su tour, así que Clark no podía darse el lujo de dejar la Granja sola por tanto tiempo.

"¿Rachel? ¿Sigues despierta?"

No hubo respuesta. Por el par de semanas que tenía viviendo junto a su nueva inquilina, había aprendido que la chica no necesitaba dormir tanto como los humanos normales. No era extraño verla merodear la sala en los filos de la medianoche, un libro en sus manos.

Tocaron a la puerta de la cocina. Clark terminó su leche, antes de pensar en asomarse. Era demasiado tarde para visitas.

Utilizó su visión de rayos-x, queriendo darse una idea de la persona en el exterior…

Su vaso vacío cayó al suelo.

Ese esqueleto.

Arrancó la puerta del marco, al abrir la puerta. Se congeló.

Allí estaba. Parada, como si todo este año hubiera sido un sueño. Intacta. Su rostro redondo, curveándose con flirteos invisibles, compuesta de suavidad cerámica. Cortinas de largo cabello caoba, cayendo sobre sus hombros… Todo permanecía en estado estático. Sus enormes ojos expresivos, sus labios anchos—hasta sus largas pestañas, pasmándose con aire de incertidumbre.

"Lana."

Viva.

Clark no razonó. Se dejó llevar por sus impulsos, echándosele encima a la figura, decidido en abrazarla fuertemente—

—En un parpadeo, se encontró volando hacia el otro lado de la cocina, destrozando el comedor en el proceso. Restos de un resplandor purpura fue visible para sus ojos, cuando Clark sacudió su cabeza, confundido.

Un par de botas militares se presentaron en su línea de visión. Clark sintió dedos levantar su mentón.

Lana estaba sonriendo. Clark observó sus irises alterarse a unos anillos de color sobrenatural, rojos. Como los de Franco. "Nop. Adivina de nuevo, cariño."

Y el mundo de Clark se oscureció.


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fin de parte 7.

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(+) Propiedad de André Gide.

NdA: ¡Gracias a Kastanis y a MonkG7 por sus comentarios! Lamento mucho la tardanza, pero por fin, aquí está. Ansío leer sus opiniones al respecto. ;)