Volví luego de una larga ausencia.
Quiero compartirles que ya terminé la secundaria, y ahora sólo me falta pasar las pruebas nacionales (bachillerato). Fui uno de los mejores cinco promedios de mi clase, y eso me tiene muy contenta. Así que hoy, que tuve libre, he escrito toda la mañana para traerles el nuevo capítulo.
Espero que les guste.
Disclaimer. Personajes y demás pertenecen a ChiNoMiko y Beemov.
Capítulo nueve.
Los días pasaban bastante rápido en Sweet Amoris. Y, aunque habían pasado ya casi siete meses desde el inicio de clases, no dejaba de pensar en lo cursi del nombre y en lo extraño que era el instituto. Por ejemplo, ahora estábamos preparando un festival cultural, y cada clase debía preparar algo diferente. Era algo así como una jornada de puertas abiertas para que "otros jóvenes admiren la excelencia del Sweet Amoris y se decidan a confiar sus sueños a nuestros profesionales". Las palabras de la directora me daban risa.
Algunas tardes salía con Iris y Violeta, pero todo se volvía más divertido cuando se juntaba Kim. Ella le daba el humor a nuestras tardes, y era imposible no reír cuando estábamos juntas. Tía las invitaba constantemente a casa, encantada con ellas, y les ofrecía de todo cuando llegaban. Creo que las pobres aumentaban un par de kilos cada que iban a casa.
Melody salía con nosotras, y me trataba con normalidad. Sin embargo, se ponía quisquillosa cuando las chicas sacaban el tema de lo cercana que parecía mi relación con Nathaniel. Pero, prefería ser prudente y evitar problemas, por lo que sólo decía que no era nada importante. Ámber, «ricitos de oro» como la llamaba Kim, aún se creía la reina del instituto y todas asegurábamos que así sería hasta que saliéramos del instituto con nuestro título.
Había algo que todas habíamos notado sobre Ámber y que nos divertía demasiado: lo enamorada que parecía estar de Castiel Cascarrabias. Yo le había puesto el sobrenombre y Violeta se reía cada vez que lo escuchaba. En realidad, Castiel no era tan malo como todos decían, aunque sí demasiado temperamental. Había hablado con él bastante, e incluso se divertía gastándome bromas, lo que Iris me traducía a que le agradaba. Pero, lo divertido no era ver a Ámber regando babas y corazones por él, sino ver su indiferencia.
A todas les divertía muchísimo, y aunque me hacía cierta gracia, no soportaba verlo completamente. Ámber podía ser una bruja, pero me dolía ver a cualquier persona derrochando amor en alguien y que ese alguien no le tome importancia. Se le veía en el rostro lo mucho que pensaba en Castiel, y a él se le notaba lo mucho que le desagradaba la rubia. Y aunque me divertía la situación, no podía evitar sentir un poco de lástima por la chica.
—Nat, ¿me estás escuchando?
Pegué un respingo. Claro, estaba en la biblioteca con Nathaniel.
—Lo s-siento, creo que estaba divagando—dije, poniéndome completamente roja.
Él soltó una risita, como si le divirtiera mi vergüenza. Sí, estaba con Nathaniel en la biblioteca, estudiando biología porque teníamos un examen al día siguiente y biología no era mi fuerte. Para nada. Sin embargo, Nathaniel era bastante diestro con la materia y explicaba de maravilla. Siempre me ayudaba a estudiar, y con él nunca me aburría.
—Creo que me di cuenta—se encogió de hombros—. ¿Demasiado aburrido?
—Sólo no me gusta la materia—bufé, frustrada—. Nunca he sido buena en esto, y ya no me entra ningún proceso más de la respiración celular o de la fotosíntesis.
—Dijiste lo mismo el trimestre pasado de matemáticas y terminaste siendo el segundo mejor promedio—me reprendió—. No seas pesimista, falta poco para que terminemos.
—Bien, pero después iremos a aquella cafetería. Muero de hambre.
Nathaniel se rió.
—Siempre tienes hambre.
Su comentario hizo que enrojeciera por segunda vez en menos de media hora. Sí, a veces era demasiado estresante el sonrojarme por todo lo que decía o con sólo encontrarlo observándome. A decir verdad, me encontraba demasiado nerviosa a su alrededor…
—P-perdón—murmuró, cuando se enredó con sus pies al intentar acercarse para explicarme otro concepto.
…y parecía que él también alrededor de mí.
En una hora más ya habíamos cubierto toda la materia que nos entraba en el examen, y yo ya recitaba todos los procesos bioquímicos. Así que recogimos las cosas y salimos del instituto, con rumbo a la cafetería con el mejor café del mundo. Bien, exageraba, pero hasta la repostería que vendían era increíble.
Era, curiosamente, la misma cafetería donde le había vertido el café a Ámber en la cara. Nathaniel me había acompañado un día luego de que habernos quedado hasta tarde en el instituto, ayudando a los profesores a acomodar las cosas para el festival artístico que habíamos hecho sólo un par de meses atrás. Estábamos cansados, hambrientos y con ganas de tomar algo caliente porque hacía un frío increíble.
Y, desde entonces, íbamos algunas veces luego de estudiar.
Entramos al local, y de inmediato el chico detrás del mostrador nos sonrió a ambos. Le devolvimos el gesto y fuimos a la mesa de siempre; en la esquina y alejada de las demás. Nos dejamos caer en la silla, yo con un agotamiento mental que merecía premio, y Nathaniel cansado de llevar toda una tarde intentando que aprendiera biología.
Pedimos lo usual, y charlamos mientras esperábamos lo nuestro.
—De hecho, eres el segundo mejor promedio del instituto—comentó.
—Amm… Deja de decirlo—me encogí de hombros—. Sé que debería sentirme orgullosa, pero también mis amigas se sienten mal al ver mis calificaciones, ¿sabes?
—Lo sé—me sonrió—. Te recuerdo que soy el mejor promedio.
— ¿Me estás contando o sólo fanfarroneas para impresionarme?—bromeé.
— ¿Estás impresionada? Entonces he hecho un buen trabajo.
Y de nuevo esa sonrisa tan suya. Esa sonrisa que derretía mis entrañas y me provocaba unas ganas incontrolables de besar esos labios. Él tenía algo que me hacía sentir bien. Algo que necesitaba, aunque no quisiera admitirlo.
—Los chicos arrogantes no son atractivos, ¿verdad?—dijo la mesera, llegando con nuestro café y comida. La conocíamos, por supuesto, y el comentario iba dirigido a mí.
—Precisamente—me reí, mientras le daba una probada a mi cheesecake de mora.
— ¿Acaso es un complot?—se quejó él, tomando de su café.
—Sólo era un comentario—reiteró ella, retirándose—. Así no lograrás llegar a su corazón nunca.
Nathaniel se atragantó con el café, y yo me quedé ahí sin saber qué decir. Luego de unos segundos volvió a respirar con normalidad, y con mi mirada le pregunté si estaba bien del todo. No respondió inmediatamente, sino que mordió su sándwich de jamón.
—Esa chica es rara—dijimos a la vez.
Nos reímos por el coro que hicimos, y comenzamos a comer en silencio. Nathaniel odiaba los dulces, y lo había descubierto tiempo atrás. Yo los amaba, en especial el helado de vainilla y el pastel de chocolate. Él me molestaba diciendo que moriría de diabetes si seguía comiendo tanto azúcar.
Al terminar, pagamos y salimos. Insistió, como siempre, en acompañarme a casa, pero ésta vez no me negué. La tarde ya estaba acabando, y el cielo oscurecía poco a poco, por lo que el celaje era bastante lindo. Me tomó la mano cuando me tropecé con una piedrilla, y desde entonces no la soltó.
Y deseé que no lo hiciera. Deseé que jamás soltara mi mano.
Pronto estábamos en la cuadra de mi casa, y me sentí un poco decepcionada. ¿Un poco más de tiempo era mucho pedir? Quizás sí. Llegamos a la puerta, toqué para que mi tía abriera, y Nathaniel me llamó en ese momento. Volteé el rostro, y sin darme cuenta ahora nos estábamos besando. Sus labios en los míos, como el perfecto accidente de haber volteado cuando su rostro estaba demasiado cerca del mío. Nos separamos de inmediato, rojos como tomate, y volteamos a ver a otro lugar.
— ¿Ibas a decirme algo?—dije, intentando no tartamudear.
—No es nada… importante—agachó la cabeza, ocultando su rostro de mí—. Nos vemos mañana.
Y prácticamente huyó.
Ahora sabía cómo se sentían sus labios, y aunque hubiera sido un accidente, me sentía en las nubes. Lo siento por Melody, pero oficialmente, no era la única que había caído ante los sutiles encantos del rubio.
Cuando estuve en la anhelada soledad de mi habitación, tomé mi móvil y envié un mensaje a Violeta de inmediato. Necesitaba hablar con ella, y no era tan despistada como Iris como para contarle a Melody. Tecleé el mensaje rápido y lo envié.
La respuesta llegó casi de inmediato: «QUE TU QUE CON EL DELEGADO PRINCIPAL?!».
Tecleé la respuesta con la misma velocidad: «No hagas un escándalo por algo sin importancia. Fue un accidente.».
Y de nuevo su respuesta histérica: «Hare una conversación grupal con Kim, asi que asegúrate de estar online. Sino te juro que ire a tu casa y yo misma iniciare la sesión.»
No le contesté, pero obedecí al instante. Tomé la laptop que mi padre me había dado hace algunos años, y abrí mi cuenta. En pocos minutos me apareció la ventana de la conversación grupal. La primera en entrar en pánico fue Violeta, de nuevo. Kim estaba tranquila, y más bien reía por la reacción de nuestra pequeña Vi. Hablé con ellas un gran rato, pero el cansancio me ganó y me dormí sin siquiera cenar aquella noche.
A la mañana siguiente, Melody me estaba esperando con cara de pocos amigos y de brazos cruzados en la entrada del salón de biología. No le di importancia y entré, primero mi examen y luego ella. Por supuesto, no me dejó entrar.
—Necesito hablar contigo.
—Y yo necesito releer mis apuntes de biología porque voy para examen—me solté de su agarre—. Podemos hablar en receso.
— ¿Los mismos apuntes que hiciste ayer con Nathaniel?—atacó.
—Para tu información—murmuré, comenzando a enojarme—, hago mis propios apuntes. Y lo que haga o deje de hacer con Nathaniel no es de tu incumbencia, Melody, así que suéltame.
En sus ojos pude ver ese reflejo verde de los celos, pero realmente no me importaba. Estaba asustada por el examen de biología, y aunque quisiera discutir con ella el asunto para evitar una escena, mi prioridad era mi clase y mi examen. Pero no parecía entender, sino que apretó su agarre y clavó sus uñas en mi piel.
—Suéltame.
—No—casi gruñó.
Con mi mano libre me quité su mano del brazo.
—No tengo tiempo para niñerías, Melody. Te considero mi amiga, pero no voy a aguantar que intentes hacer una escena cada vez que Nathaniel me ayude a estudiar—le solté directamente—. Si te soy sincera, todos en el instituto sabemos lo enamorada y obsesionada que estás con él, pero no por eso vamos a cortar toda comunicación con Nathaniel. Entiéndelo.
Mientras entraba al salón y me sentaba, pude ver que Melody se iba limpiándose las lágrimas. ¿Había sido demasiado dura con ella? Tal vez así había sido, pero fue ella quien me clavó las uñas en primer lugar. Y sólo le hablé con la verdad, nadie podía juzgarme. Y aunque lo hicieran no me importaba.
Cayó un papelito justo entre mis manos, y lo abrí.
«Melody sabe lo que pasó ayer. Hizo que yasabesquien le contara. Quizá eso es lo que quería hablar contigo.»
Era, claramente, Violeta. Le garabateé que quería repasar para el examen y que hablaríamos con Melody al receso, y le pasé el papel. Saqué mi libro y mis apuntes, leí unos minutos antes de que el profesor entrara. Repartió exámenes y empezó la verdadera prueba.
Nathaniel era un excelente profesor. Sabía todas las respuestas del examen, así que lo terminé bastante rápido. El maestro me dejó salir, así que recogí mis cosas y fui a la Sala de Delegados, buscando al rubio para contarle su hazaña y nuestro éxito. Sin embargo, al entrar estaba Melody llorando en sus brazos.
«No puede ser», murmuré hastiada. Era lógico que le había dicho alguna estupidez a Nathaniel sobre lo que había pasado más temprano.
— ¿Pasó algo, Melody?—fui directa.
— ¿Acaso no te bastó el ataque de temprano?—respondió Nathaniel, molesto.
Rolé los ojos y me crucé de brazos.
—Melody, la actuación te está quedando perfecta, pero me parece demasiado estúpido que le hayas dicho a Nathaniel que te "ataqué". Sabes que no fue así, la que atacó fuiste tú—el rubio me miró sin entender. Suspiré, dejé mis cosas en el suelo y comencé a contar—. La cosa fue así: cuando llegué al aula de biología, Melody me estaba esperando. No quería dejarme entrar y me preguntó si podía hablar conmigo y le dije que mejor hablábamos en receso porque quería repasar. Entonces, la chica que tienes en brazos me preguntó inquisitivamente si mis apuntes los habías hecho tú y comenzó a hacer una escena de celos que, a decir verdad, me repugnó. Nathaniel, sabes que te aprecio, pero detesto que esté manipulándote con lágrimas y que hayas creído lo que dijo. No sé qué fue, y no me interesa. Lo único que le dije es que todos sabíamos lo enamorada que está de ti y que no por eso íbamos a dejar de hablarte.
Melody salió del abrazo de Nathaniel y se dirigió a mí, la rabia reflejada en sus ojos.
— ¡Es tu culpa!—me chilló— ¡Incluso lo has besado y llevas sólo unos meses aquí! Yo he estado con él desde hace años, y nunca…
—Melody, basta—se interpuso el rubio—. Te dije que fue un accidente, y estás actuando como si…
— ¿Cómo si fuera tu novia?—terminé por él—. Bienvenido al mundo real, Nathaniel. Ha actuado así siempre.
—Lo sé—murmuró, arrugando el ceño—. Melody, te aprecio, pero no me gustas. Y odio decirlo delante de Nat, pero la has involucrado y no entiendo qué es lo que pretendes con todo este teatro, pero te creía más madura. Además, pensé…
— ¡Cállate!—lloró, mientras corría fuera de la sala.
Nos quedamos en un silencio incómodo durante varios minutos, ninguno seguro de qué decir. Acababa de presenciar el rechazo formal de Melody, y me sentía culpable. Había causado la situación, y además, el tema del beso había salido a flote y ahora me sentía demasiado avergonzada. Nathaniel regresó a acomodar carpetas, y yo me quedé ahí, quieta.
— ¿Qué venías a decirme?
—Oh—pegué un respingo—. He terminado mi examen, y… gracias por ayudarme a estudiar.
—Sabía que lo harías bien—me dedicó otra de sus sonrisas y volvió a lo suyo.
—Lamento… lo de Melody.
—No lo hagas—recogió el siguiente puñado de carpetas—. Alguien tarde o temprano debía decirle en la cara las cosas, y te tocó hacer el trabajo sucio. Discúlpame por ponerte en una posición tan complicada… Es tu amiga, y se han peleado por mi culpa.
—No peleábamos por ti, egocéntrico—bromeé—. Quizá tengas razón, sólo espero que no me odie.
—Siempre sabes cómo herir el ego de un hombre—murmuró, haciéndose el dolido—. Y lo dudo, ella no es rencorosa. Igualmente, creo que era hora de hacerlo. Es la primera vez en mucho tiempo que me gusta alguien, y ella habría sido algo así como un obstáculo si seguía con esa actitud.
El corazón me latió con fuerza, y me dolió el pecho al oír sus palabras. ¿Le gustaba alguien? Así que éramos dos las rechazadas en un mismo día. Jo, rechazada y sin siquiera haberme declarado. Triste pero cierto. Nathaniel estaba rojo hasta las orejas al decir eso, y me causó ternura verlo tan apenado.
— ¿Es una buena chica?—murmuré, queriendo saber más. Me acerqué a él, con todas las carpetas restantes y me agaché junto a él, en la misma posición.
—Umm… sí. Es algo impulsiva—sonrió—, muy sincera y bastante insegura respecto a sus capacidades.
—Y… ¿Es bonita?
—Eso no te lo diré—se rió al ver mi puchero—. Cuando llegue el momento, la conocerás.
Le sonreí por puro compromiso, sintiendo un dolor atravesarme el corazón. ¿Era esto lo que Melody sentía cada vez que veía a Nathaniel sonriéndome? No estaba segura de querer averiguarlo. Pero ahora todo estaba un poco peor que antes… Ahora el beso de ayer no significaba nada para él, cuando para mí significaba todo.
Ya, tenía que hacer lo del beso. Era la perfecta excusa para la huida de Nathaniel.
Y bueno, no crean que odio a Melody, en serio. Sólo me desagrada lo pesada que se pone respecto a Nathaniel, pero por lo demás me cae bien. No la adoro como a Rosa o a Violeta, pero bueno.
Oh sí, a Nathaniel le gusta alguien y lo está ocultando. En el siguiente capítulo nos despediremos del pequeño Ken, pero le daremos la bienvenida a los gemelos. Así que, espero que me sigan apoyando para entonces. Mil gracias a las que me dejan sus reviews, que son muy importantes para todo autor.
Un abrazo.
