Los rayos de sol se colaron por la ventana de una de las torres más altas de Hogwarts, escuela de magia y hechicería; haciendo despertar a un chico pelinegro de ojos avellana. Al principio el chico no se acordaba de donde estaba, porque estaba seguro de no estar en su cuarto, pero después de darle una pequeña repasada a sus recuerdos del día anterior, recordó, y todavía bostezando y desperezándose checo el gran reloj que se encontraba entre su cama y la de su nuevo amigo Sirius.
James Potter saltó, ¡Eran las 6:55! y por lo que había oído de los alumnos de grados mayores el día anterior, el desayuno terminaba a las 7:20. No iban a llegar.
El chico salto de su cama, fue al baño y se vistió lo más rápido posible. Empezó a saltar y gritar en todas las camas de sus amigos para que se despertasen y cinco minutos después todos ellos estaban bañados y vestidos, o bueno, casi todos.
- ¿Quién despierta a Dylan? -preguntó Remus, el cual se estaba preocupando por no llegar a clases en su primer día, y aunque podía perfectamente dejarlo dormido, era el primer amigo que tenía y no iba a dejarlo ir fácilmente.
- Dylan, Dylan, despierta -dijo James mientras zarandeaba el brazo de su gemelo- ¡Dylan! ¡HARRY! ¡SI NO DESPIERTAS AHORA MISMO TE JURO QUE...! -no termino de hablar, Dylan se movió entre sus sábanas y dijo algo que sorprendió tanto a sus amigos como a él mismo:
- Cinco minutos más Ron, a veces eres casi tan madrugador como Mione -los otros tres chicos se quedaron quietos al oírlo, en especial James, el conocía de todas las formas posibles a su hermano y estaba seguro que nunca en su vida había conocido ni a ningún Ron o alguna Mione.
Minutos después, Dylan despertó viendo a su hermano parado a milímetros de él con cara de confusión. Y mientras se vestía alcanzó a oír cómo Remus le preguntaba a su hermano quién era Ron.
- ¿Crees que recuerde? -preguntó temerosamente una figura en la habitación blanca que ya había observado casi de todo.
- No, todavía no -le contestó en un susurro la que estaba al lado.- Pero enserio espero que no creías que iba a olvidar todo lo que había hecho y pasado con sus dos mejores amigos, tal vez ya no se acuerde, pero una parte de su conciencia sigue y seguirá recordando todo aquello. Lo más seguro será que a veces se le vayan cosas así, sobre esos dos chicos.
- Después de todo, su amistad es casi tan grande como el corazón del chico -dijo tranquilamente la otra figura.
(NA: Creo que eso sonó muy cursi, ya que :D)
Los cuatro chicos llegaron corriendo al Gran Comedor casi antes de que el desayuno desapareciera, no sabían dónde estaba el pequeño Peter, pero ya no les daba tiempo para buscarlo.
Dylan y Remus se sentaron con Lily y Alice, interrumpiendo así la conversación que minutos antes Alice tenía animadamente con un chico alto de pelo negro de segundo grado.
- Bueno, ya me voy, adiós Alice, adiós Lily, fue un gusto conocerlas -se despidió el chico de segundo.
- Bye Frank -contestaron ambas chicas.
- ¿Quién era ese chico? -preguntó Remus mientras se servía una tostada con mermelada.
- El nuevo crush de Alice -se burlo Lily de su amiga; Alice, al darse cuenta de lo que había dicho le lanzó parte de su desayuno a la cabeza y mientras los otros tres se reían, la güera los regañaba.
- No es mi "crush" -les siseó Alice- sólo es un guapo chico de segundo que se puso a platicar conmigo, se llama Frank Longbottom.
- Alice and Frank sitting in a tree, K-i-s-s-i-n-g!, First comes love. Then comes marriage. Then comes baby in the baby carriage. -cantaron Dylan y Lily mientras Remus se reía de la cara que estaba poniendo Alice.
Estaban en ese momento tan a gusto, que ninguno se dio cuenta de cuando fueron los últimos que quedaban en el gran comedor, ni siquiera se encontraban James o Sirius, bastante tarde se dieron cuenta de cuando las clases habían empezado y llegaron a su clase de Encantamientos diez minutos tarde, por suerte, el amigable profesor Flitwick no les quito puntos o mando a tener alguna detención después de que Remus viniera con la grandiosa excusa de que se habían perdido en lo enorme que era el castillo, y que además, era su primer día en el castillo.
La primera clase lo único que hicieron fue oír las indicaciones que el profesor les daba sobre cuál era la forma correcta de agarrar una varita o sobre lo importante que era la pronunciación cada vez que lanzabas un hechizo.
La verdad era que en todas la primeras clases no hicieron nada de magia, lo único interesante que había pasado fue al ver como un gato parado en la mesa de la profesora Mcgonagall los veía mientras elegían sus lugares y que después de que toda la clase se hubiera sentado en sus respectivos lugares, el gato se transformó en la profesora.
Rápidamente Dylan se dio cuenta que para hacer magia no sólo se tenía que mover la varita y decir algunas palabras graciosas, pues así siempre lo había pensado cuando veía a sus padres hacer magia, pero ahora, se daba cuenta con un poco de decepción que se tenían que aprender muchas otras cosas antes.
Las clases fueron normales, no hubo nada interesante que comentar o hacer, todo tuvo una rutina: Dylan se despertaba antes que todos (a diferencia de su hermano y Sirius, ¡ni siquiera un ataque de mortífagos podría despertarlos!), se bañaba y vestía, despertaba a sus amigos y bajaba a desayunar con Remus, Alice y Lily; Lily y James tenían una discusión sobre algo la cual generalmente incluía terminando con James bañado en pudín y el plato de Lily de pudín vacío (pero claro, todo una coincidencia). Después tenían clases y hacían la tarea para finalmente dormir. Al día siguiente despertaban y todo se volvía a repetir.
A Dylan se le empezaba a hacer todos los días monótonos.
No sólo eso, cada vez hablaba menos con su hermano; James se la pasaba con Sirius y con Peter cada vez más, haciendo quién sabe qué cosa, mientras que Dylan se la pasaba en las tardes platicando con Remus, Alice y Lily. No es como si Dylan se quejara de ellos, pero había vivido todo con su hermano y ahora se le hacía raro verlo sólo en clases, ni siquiera ahí hablaban.
Remus era un buen amigo, a veces algo misterioso, pero Dylan cada vez que pensaba en ello se le hacía que debía de tener una muy buena excusa para ello y, cuando Remus estuviese listo, le diría el gran secreto que hacía que el chico fuese tan misterioso y tímido.
En otro orden de cosas, Dylan había empezado a oír voces dentro de su cabeza, pero no exactamente en forma de esquizofrenia, le daban consejos y parecía como si las voces dentro de su cabeza lo conocieran tan bien como su hermano lo hacía.
Cada vez que estaba triste porque su hermano ya no le hacía caso, la voz de la chica lo consolaba diciéndole que a veces cada uno necesitaba su propio espacio o cuando necesitaba un consejo en alguna materia, la misma voz se lo daba, gracias a ello, Dylan era uno de los mejores en su clase, siendo siempre el primero en realizar un hechizo correctamente; al oír esto, el profesor Dumbledore se preguntó si acaso seguiría recordando todos los hechizos que alguna vez en su vida aprendió.
O por ejemplo, cada vez que el chico estaba algo serio, la voz del chico le decía algo estúpido y Dylan no podía evitar reírse estúpidamente mientras sus amigos lo veían con un deje de preocupación.
Ese era tal vez el único problema que tenía con sus dos amigos fantasmas dentro de su cabeza, cuando alguno de los dos chicos en su mente le decían algo sobre algún tema gracioso, Dylan no podía evitar soltar una exclamación o reírse en voz alta. Sus amigos comenzaban a preocuparse por el estado mental de su amigo.
A pesar de aquello, las dos voces eran de muy buena ayuda. Un ejemplo podía ser el primer día en el que Remus tenía que "visitar a su madre enferma":
Dylan bajo sólo a desayunar, donde ya se encontraban Lily y Alice.
- Hola Dylan -lo saludo Lily.
- Hola
- ¿Y Remus? Siempre está contigo -dijo Alice mientras se servía huevo en su plato.
- Fue a visitar a su madre enferma, le pregunté y Remus dijo que Dumbledore le había dado permiso para ir a visitarla una vez al mes.
Todo el desayuno iba bien, o lo más normal posible en el mundo de los magos, hasta que llegó el peor enemigo de la pelirroja.
- Hola peli-peli -dijo el hermano de Dylan mientras se sentaba al lado del chico.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que no me llames así, Potter? -siseó Lily; un pequeño escalofrío arribó a Dylan por unos segundos, le incomodaba mucho que Lily dijera con tanta furia y asco el apellido del chico.
"Pelean como una vieja pareja de enamorados" le dijo el chico en la mente de Dylan, Dylan no pudo evitar dar paso a una pequeña sonrisa en su cara.
"Tanto como ustedes, si tuviesen cuerpo propio, estoy cien por ciento seguro que se la pasarían peleando el uno con el otro, para que finalmente se casen y tengan dos hijos, espero ser el padrino de alguno de ellos." Les contesto Dylan en su cabeza, dando paso así a una pelea interna con su propia cabeza.
El chico intentaba con todas sus fuerzas no dejar paso a que ninguna de sus emociones se reflejase en su cara, por suerte nadie se dio cuenta, claro, la razón debía de ser porque el pequeño grupo de niños de once años veían divertidos a como Lily vaciaba su vaso de jugo de naranja encima de la cabeza del chico que tanto parecido tenía con su propio amigo.
El timbre sonó y los chicos se dirigieron a DCAO, y Dylan se sintió muy decepcionado al oír que esa clase harían teoría, otra vez. Desde que las clases habían empezado no había ni una sola clase de DCAO donde usaran algo más aparte de sus pergaminos y plumas.
- Buenos días chicos. -habló el profesor Cullen, un viejo señor de pelo canoso y barbilla cuadrada con ojos pequeños y con un pequeño brillo de locura- Hoy hablaremos sobre la magia accidental; saquen su libro en la página 18 y lean en silencio.
La clase paso lenta y aburrida; como siempre -pensó Dylan.
El timbre sonó y el profesor los dejo solos diciendo que tenía una junta a esa hora, y debido a la rivalidad que había entre las dos casas que tomaban esa clase juntas, ningún alumno pudo evitar lanzarse miradas de disgusto; pero ninguna opaco la que se lanzaban James y Snape.
Después de unos minutos donde un tenso silencio cubrió todo el salón, la mayoría de los alumnos se fueron, disfrutando así de su segundo fin de semana en Hogwarts; dejando solos a Sirius, Alice, Lily, James, Dylan y Snape.
Cada uno tenía sus razones para quedarse: James y Snape (obviamente) para tener la pequeña discusión que habían dejado pausada unos días antes, Sirius para ayudar a su amigo por si las cosas se salían de control, Alice y Lily porque no querían que su amigo (bueno... El amigo de Lily) quedase a merced de los dos incompetentes, y finalmente, Dylan para poder calmar a su hermano, conocía a James a la perfección y sabía que cuando estaba un poco emocionado podía salirse de sus propios límites.
- ¿Ahora qué es lo que quieres, Potter? -preguntó fríamente Snape; un vago recuerdo de una persona muy parecida al único chico de Slytherin ahí presente regañando a Dylan por ser un inútil, apareció en los recuerdos del propio chico. También se estaba cansando de que cada vez que regañasen a su hermano tuviesen que usar su apellido.
- ¿Qué quieres Snivellus? -le contestó Sirius de la misma manera.
- No te metas Black, esto es entre Potter y yo.
(NA: No estoy muy segura si eso está escrito gramáticamente correcto, o si es: mi y Potter o yo y Potter, pero por si acaso corríjanme)
- Vámonos Sev, no les hagas caso -interrumpió Lily sabiendo que los dos chicos podrían ocasionar la tercera guerra mundial si se les daban la oportunidad.
Lily agarró a Snape y juntos estaban a punto de salir por la puerta, pero claro, Sirius siempre tiene que arruinar la paz en el mundo.
- ¿No me digas que el "grandioso Sevy" tiene que ser salvado por una niñita? -Snape paro en seco y no sin antes lanzarle un mirada de disculpa a Lily, sacó su varita y así fue como todo el caos se desató.
- Atabraquium -grito Dylan mientras apuntaba su varita hacia Snape, los brazos del único personaje de la casa de las serpientes se pegaron a cada uno atados firmemente con alguna cinta invisible.
Snape intentó liberarse de sus ataduras invisibles, Dylan dudaba mucho que pudiese pero lamentablemente, seguía teniendo su varita.
"Usa el "Expelliarmus"" le dijo la voz del chico en su cabeza.
"No tengo la menor idea de cuál es ese hechizo" replicó Dylan dentro de su cabeza "Ahora que lo pienso... Tampoco tenía la menor idea de que el hechizo "Atabraquium" existía, ¿quién soy yo para juzgar? Después de todo, estoy discutiendo con mi propia conciencia"
"¿Me acabas de rebajar a ser un simple conciencia? Soy mucho mejor que eso y lo sabes." Dijo la voz de la chica.
"Jaja, ahora eres una conciencia, Mione." Se burló la otra conciencia.
"Esperen, ¿Mione? ¿Qué clase de nombre es ese?" preguntó rápidamente Dylan.
"¡Ya viste lo que causaste Ron!... Esperen... Ups."
"¡Ya ves Hermione! Yo no soy el único estúpido dentro de esta cabeza como para decir nuestro nombre el cual se supone que le prometimos a los C.D.U no decir, pero ahí vas tú y lo dices."
"Mmm, bueno, me alegra saber sus nombres y todo eso, ¡pero si no se han dado cuenta NOS ACABAN DE LANZAR UNA SERPIENTE!" Les grito mentalmente Dylan. En efecto, la pequeña pelea entre Snape y el chico había continuado hasta el punto donde se encontraban en ese momento, con una serpiente negra dirigiéndose directamente a su cabeza después de que los hechizos fueran aumentando de grado, por suerte para ambos, sólo iban en primero y la mayoría de los hechizos que estaban lanzando eran la primera vez que los usaban debido a que solo los habían leído en libros.
Dylan se agachó y por poco esquivo la serpiente, no sin antes haber jurado oír a la serpiente quejándose sobre cómo siempre la convocaban cuando iba a echarse una siesta.
"Mi comida tuvo que haber tenido algún hongo mágico o algo así" pensó el chico.
"Si claro, un hongo mágico, ¡la mejor excusa de todos los tiempos!"
"¡Cállate Ron! No estás ayudando grito Hermione Ahora Dylan, tal vez, si consideras la propuesta del inbecil aquí junto a mí sobre el hechizo desarmador... Podrías ahorrarnos muchos problemas, así que... ¡NO SEAS ESTÚPIDO Y PONTE A TRABAJAR!"
Dylan saltó en su propio lugar, era la primera vez que la oía gritar, pensaría que era pelirroja, Dylan conocía a muchas pelirrojas con un gran temperamento: su propia madre, Lily y otras dos pelirrojas las cuales el chico no les podía recordar bien la cara.
- ¡Expelliarmus! -grito el chico, la varita de Snape salió volando por los aires mientras el dueño de la varita choco contra la pared.
Dylan estaba a punto de dar un comentario sarcástico hacia Snape, largarse de ahí y llegar a la cena antes de que se acabase; pero aunque Harry Potter se cambiase el nombre y se fuese a vivir a otro tiempo y otra dimensión sin recordar nada, seguirá siempre teniendo la misma suerte que una roca...
No, esperen, las rocas tienen mejor suerte que el chico.
- ¿QUÉ PASÓ AQUI? -Dylan volteó temerosamente hacia la puerta de la clase, donde en ese momento se encontraba la profesora Mcgonagall y detrás de ella la causante de lo que seguramente sería su primera detención, Lily, y aunque Dylan alcanzará a ver un deje de disculpa en su mirada, no pudo evitar lanzarle una mirada de desprecio. Dylan no se dio cuenta, en cambio, que la profesora siguió hablando sin darse cuenta de que Dylan no le prestaba atención.- ¡EL PROFESOR CULLEN LOS DEJO POR DIEZ MINUTOS, DIEZ MINUTOS! ¡Y sólo miren él lugar!
Dylan giró en su propio eje. La profesora tenía razón, todas las mesas estaban volcadas y las sillas pegadas a un lado, los libros de los estantes tirados en el piso y en una de las esquinas se encontraban los amigos del chico. Se sorprendió mucho al saber que todo aquello lo había causado, ¡la mitad de los hechizos que lanzó no tenía ni idea de que hacían!
- ¡VEINTE PUNTOS MENOS PARA CADA UNO! -les grito la profesora; Dylan y Snape intentaron quejarse pero se callaron al ver la mirada de la profesora- ¡DETENCIÓN, HOY A LAS NUEVE LO QUIERO A LOS DOS EN MI OFICINA!
Y con eso, la profesora giro en redondo y salió por la puerta, seguido casi por Snape, el cual lo único que había dicho después de que la profesora se fuese fue lanzarle la mirada de más puro odio que existía hacia Dylan.
- ¡¿Cómo hiciste eso?! -Dylan salió de su shock cuando giro en redondo y vio a todos sus amigos viéndolo con asombro, el chico sólo subió y bajo los hombros, no podía simplemente ir y decirles que la mitad de los hechizos que había lanzado se los había dado sus dos paranoicas conciencias y que la otra mitad ni siquiera sabía que existían.
No, no quería que lo viesen como loco.
"Lo sentimos Dylan" dijeron al mismo tiempo sus dos conciencias.
"Mira el lado bueno, vamos a estar todo el tiempo contigo mientras cumples tu castigo" le dijo animadamente Ron "Aunque tampoco es como si pusiésemos ir a otro lado"
"Ohh, ¡Cállate Ron!" le gritó mientras salía de la destrozada habitación.
La noche era oscura y tenebrosa, dos chicos sentados en la misma cama viendo la suave respiración de otro que ya hace rato se había dormido, esperando así al hermano de uno de ellos.
Finalmente, después de dos horas de espera, la puerta se abrió lentamente, intentando no despertar a nadie, no funcionó. Rápidamente los dos chicos sentados en la misma cama se pusieron alerta y fueron cuidadosamente hacia la cama del individuo que acababa de llegar donde ya se encontraba la figura.
- Saben que no tenían porque esperarme -dijo la figura que acababa de llegar después de un largo rato de silencio.
- ¿De qué hablas? Fue mi culpa de que te dieran ese castigo -respondió el hermano del primero- Si no hubiese sido por mí y mis peleas con Quejicus tú no te hubieses peleado con él.
- Si pero yo decidí salvarte el pellejo -respondió el otro.
- Si pero pude haberte ayudado.
- Si hubieses ayudado también te hubiesen dado un castigo.
- Si, pero... -no terminó de hablar, el otro chico que todo ese tiempo se había quedado cayado habló.
- No fue culpa de ninguno de ustedes -los interrumpió Sirius.
- Tienes razón, fue culpa de... -le siguió James
- ...Quejicus -termino Dylan.
- Y debido a ello vamos a tener que mostrarla porque no hay que meterse con los hermanos Potter -dijo James mientras pasaba su brazo sobre los hombros de su hermano, algo que ya casi no hacía debido a que ya casi no lo veía nunca, se alegraba de que le hubiesen mandado detención, al menos así ahora tenían una excusa para estar juntos y vengarse.
**Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas**
Holaaa.
Díganme que piensan sobre las voces que oye Dylan/Harry dentro de su cabeza, Ron y Hermione, ni más ni menos.
**Travesura realizada**
