Parecía el día perfecto para atreverse al fin, y curiosamente, en aquél mismo, se les era perdonados los sonrojes de sus mejillas y las palabras entrecortadas.
- Ha-Hattori-kun…
Él la contempló en silencio y esperó hasta que la muchacha reunió todo el valor que pudo.
- Yo… -al fin levantó la cabeza para mirarlo a los ojos y enfrentarlo como se merecía- ¡yo te quiero, te quiero mucho!
Un silencio los envolvió, aislándolos del resto del mundo y del ambiente escolar de aquel descanso entre clase y clase que para ambos significaba algo más que eso.
- Desde primaria me gustabas –comenzó a confesarse la chica-, y desde entonces no he dejado de pensar en ti, por eso… por eso…
Heiji torció la boca comprometido, esperándose sus siguientes palabras:
- ¡Por eso quisiera que saliéramos juntos, Hattori-kun!
"Ay madre…" se lamentó él, consciente de lo que se le venía encima. De repente, la joven extendió los brazos, dándole así una pequeña cajita azul con un bonito lazo rosa.
- Por favor, ten estos chocolates –le pidió, tan colorada que el estudiante temió que se desmayase allí mismo-, espero que los disfrutes mucho.
Heiji la cogió, como ella deseaba, pero su respuesta no fue tanto de su agrado:
- Akemi, mira, me duele tener que decirte esto, porque me caes muy bien y nos conocemos desde hace bastante tiempo, pero… -suspiró lamentado- Tú a mi no me gustas.
La muchacha bajó la cabeza entristecida, consiguiendo así que Heiji mascara un desagradable sentimiento de culpabilidad. Aquella expresión únicamente conseguía hacer de Akemi una chica mucho más dulce y misteriosa, que incitaba más a aproximarse a ella que a marcar distancias como él pretendía. Prefirió mirar hacia otro lugar que no fueran sus brillantes ojos negros y su melena azabache, que se dejaba caer sobre sus hombros hasta aquella zona especialmente prohibida y sugerente.
- Es por ella¿verdad? –escuchó que le decía.
- ¿Quién?
- Kazuha-chan, es por ella que no quieres salir conmigo¿cierto?
Heiji palideció tan de golpe que cualquiera hubiera dicho que había sufrido una bajada de tensión.
- ¿Nani¡De dónde sacas eso!
- ¡Venga ya, todo el mundo sabe que estás prendado de ella desde primaria! –le contestó Akemi, cruzándose de brazos.
- ¡Eso es mentira, Kazuha no me ha gustado nunca! –aclaró él ofuscado.
- ¿En serio? –lo miró con malicia y se acercó a su cara- Pues si es así, no aceptes hoy el chocolate que ella te regale y cómete los míos.
- ¿Qué¿Quieres que los rechace¡No puedo hacer eso, se sentiría fatal!
- Pues entonces es que Kazuha-chan te importa más de lo que pensabas –concluyó Akemi sonriendo. Y a continuación se dio media vuelta y lo dejó solo, llevándose consigo su orgullo.
- Retorcida… -masculló Heiji, viéndola alejarse contoneando sus caderas. Definitivamente, el San Valentín le había afectado a la cabeza…
No fue ni mucho menos el último encontronazo de aquella mañana, en la que en tan solo dos horas y media ya le habían regalado siete chicas sus respectivos chocolates y otras dos le habían confesado su amor. La verdad, jamás lo confesaría, pero hacía años aquello lo divertía y alimentaba mucho su ego (que no era ya de por sí poco). Además, ser de los chicos más adorados lo volvía en la envidia de muchos, y eso le encantaba… Sin embargo, desde el anterior San Valentín aquello lo incomodaba cada vez más, ver a sus pretendientas rechazadas irse llorando le hacía pasar muy malos ratos y sus compañeros de clase habían recurrido a vengarse con miradas que lo atravesaban como cuchillas. Eso sin contar con el compromiso de tener que devolverles el gesto con un regalo a todas esas chicas el White Day, un mes después... Total, que aquel día ya no era tan dulce como él deseaba.
"No aceptes hoy los chocolates de ella…" recordó decir a Akemi. Ella era Kazuha. Y ella, curiosamente, había conseguido llamar su atención aquella mañana…
- Toma, Basho, esto es para ti.
El muchacho la observó desde el asiento de su pupitre y se levantó enseguida.
- ¿E-en serio? –preguntó ilusionado, recogiendo la caja verde que ella le tendía.
- Sí, ojala te gusten –le sonrió la estudiante, y a continuación se sentó en su lugar para comenzar la clase, justo al lado de Heiji.
- Dime que tengo miopía repentina¿acabo de ver como le has dado chocolate a Basho? –quiso certificarse.
- Sí, es normal hoy¿nee?
- ¿A BASHO?
- ¿Ocurre algo malo con él? –deseó saber ella con aquella mirada peligrosa.
- Nada, sólo que es el tipo más tímido y retraído de toda la clase, y que nunca nadie se había fijado en él…
- No entiendo cómo puedes apreciar así a las personas y quedarte tan pancho…
- ¡Pero Kazuha, sabes que tengo razón!
- Bueno¿y a ti qué? Él es un buen compañero y muchas veces me ha ayudado con la tarea. Además, a ti eso no debería importarte: vas a hartarte de chocolates todo lo que te de la gana.
Y no volvió a abrir la boca en todo lo que quedó de Historia. Aquello lo puso histérico, y más aún cuando Kazuha, dos clases después, también le había repartido chocolates al imbécil de Dayu (no lo soportaba desde primaria, cuando se había comenzado a meter con su tez morena. Sus burlas acabaron cuando un día a Heiji, después de un partido en el que su equipo había perdido, le había preguntado cuántas horas al día pasaba en la playa. Acabó con un ojo hinchado) y al empollón de Kyuso (que no tenía nada contra él, hasta que un año antes se había atrevido a pedirle a Kazuha de ir al cine con él). En definitiva: que no solo cargó con más de veinte cajas de chocolate, sino que también con una mala leche que llevó consigo hasta su casa.
Ya en su habitación se dio cuenta de la terrible realidad: jamás lograría acabar con todos aquellos obsequios, además, no le apetecía comerse ninguno, y no porque no le gustasen, tenía claras sus razones.
- Maldita sea¿qué hago con todos ellos? –se preguntó en su habitación, contemplando la montaña de cajitas coloridas que reposaban sobre su cama.
Se rascó la cabeza, recordando las palabras de Akemi horas antes. Que no aceptara los chocolates de Kazuha… No le había hecho falta, lo cual le había salvado de otro momento comprometido, pero también recargado su mal humor.
Finalmente acabó por bajar a la cocina y rebuscar entre la despensa alguna caja más grande. Cerciorándose de la ausencia de su madre, sacó todos los chocolates que le habían regalado de sus envoltorios y los metió en ella. Sin embargo, sus padres iban a recaer en el origen de aquellos dulces…
- Mierda¿por qué los harán todos con forma de corazón? –se lamentó, y comenzó a partirlos en pedazos para que perdieran su forma y no llamaran tanto la atención.
- Hei-kun –oyó que lo llamaban, quedándose él paralizado.
- ¿S-sí?
- Kazuha-chan acaba de llamarte por teléfono –le comunicó su madre, llegando hacia la cocina-. Me pidió que te dijera que por favor que vinieras al parque dentro de una hora.
- ¿De verdad? –preguntó poniéndose de espalda a las cajas multicolores que estaban sobre la mesa para taparlas.
- Sí, por su voz la noté nerviosa¿pudiera ser que le ocurriera algo?
- Ah, p-pues no sé…
De repente, la mujer se le quedó mirando fijamente y con desconfianza.
- Heiji Hattori¿qué estás escondiendo detrás tuya? –interrogó.
Por una vez en su vida, Heiji fue puntual en una cita, algo que dejó anonadada a Kazuha, quien llegó apenas un minuto antes que él y lo esperaba en uno de los columpios.
- ¿No eres un poco mayor para remarte ahí? –la molestó en cuanto la vio allí, consiguiendo que ella diera un respingón.
Caminó hacia los remos con las manos refugiadas en los bolsillos y no dudó en sentarse en el columpio restante que había a su lado.
- Dime¿te pasa algo malo? –le preguntó preocupado- Es que me extraña que me hayas llamado tan repentinamente.
Ella esquivó su mirada avergonzada, sin responder. Parecía que ocultaba algo, algo que estaba pensando muy seriamente en decir o no…
- ¿Kazuha?...
- ¡Toma! –exclamó ella de pronto, dejándole ante la nariz algo envuelto en un paño de cocina.
Heiji miró extrañado la inesperada entrega y la cogió para desenvolverla. Arqueó una ceja cuando descubrió que era una fiambrera.
- No recuerdo haberte dejado ninguna –comentó señalándola.
- Bobo, es mía –aclaró ella agachando la cabeza-, ábrela de una vez.
El chico obedeció y lo golpeó un agradable olor que lo dejó encantado e incluso le quitó de encima los restos de mal día que había cargado.
- Esto son… ¡bolitas de pulpo! –descubrió entusiasta.
- Sí, sé que es tu comida favorita y lo intenté hacer para hoy. Lo malo es que únicamente no se me quemaron a la tercera, se me da mal la cocina… –explicó Kazuha, abochornada.
- Vaya, muchas gracias, aunque eso último no es nada nuevo…
- ¡Idiota! –lo insultó, y se cruzó de brazos ofendida.
Heiji aún así sonrió alagado y luego miró la fiambrera. Sacó de ésta dos palillos y le dio uno a la muchacha, dejándola sorprendida.
- No quiero comérmelos yo solo –le confesó.
Ella se sonrojó aún más. Asintió y cogió el palillo para ambos comenzar a saborear las pequeñas bolitas.
- A esto le falta algo… -murmuró el joven, mientras las degustaba.
- ¿Salsa de soja? –dijo ella sacando de otra bolsa un bote.
- ¡Estás en todo!
- ¿Te están gustando?
- ¡Mucho! Además, de momento no nos hemos intoxicado…–se alegró Heiji, echando la salsa.
- Graciosillo… -lo miró atenta unos segundos- Vaya, no paras de comer, pensaba que con los chocolates te quedarías sin hambre.
- No, que va, no me los comí –contestó distraído mientras tragaba y volvía a meterse en la boca otra bolita-. Yo creo que tiene sentido comerse esos regalos cuando la chica realmente te gusta, si no, no.
Entonces, cuando Kazuha pensaba que era incapaz de ponerse aún más colorada, descubrió que aquella era una hipótesis incierta.
- P-pues mi regalo te… te lo estás comiendo -se aventuró a decirle examinando sus propios zapatos.
Heiji se atragantó y comenzó a toser, y el ataque no le abandonó hasta que ella le ayudó dándole palmadas en la espalda.
- ¡Tonta, yo… yo…! -intentó buscar una excusa a aquello, pero le costó tanto que su respuesta quedó torpemente coja e incoherente- ¡Bueno, me los estoy comiendo porque mi familia me ha enseñado a no rechazar los regalos!
Y recayendo en la tremenda estupidez que acababa de largar, disimuló como pudo llenándose la boca de las bolitas de pulpo, mientras intentaba ignorar la confundida mirada de Kazuha.
Seguramente ni un pulpo habría sido tan torpe…
Nota de la autora:
Weeeiii, sólo quedan 20 shots más xDDD, jajaja!!! La verda, me lo estoy pasando pipa con los 30 Vicios n.n
Ais, explico un poquito para los que no sepan mucho del tema:
El día de San Valentín, el 14 de febrero, las chicas regalan chocolates no solo al chico que les gusta, sino que también a compañeros de clase o de trabajo e incluso familia (vamos, un gastón xD). Pues bien, un mes después viene lo que se llama el White Day, que es cuando los chicos han de devolver el gesto con regalos para esas chicas que les dieron chocolates. Pues nada, Kazuha es así de divina y decide pasar de la tradición al menos con Heiji, al que le regala una fiambrera con Takoyaki, o bolitas de pulpo, que es su plato preferido. Este plato se hace en una plancha especial con agujeros en los que se echa una pasta de huevo, arina, agua, sal y un poco de ñame. Luego se le añade taquitos de pulpo, pimiento y jengibre y se le da la vuelta a la parte echa en la planta, para añadirle más pasta. En realidad tengo muchas ganas de probarlas, a ver si la próxima vez que vaya a un japo me acuerdo n//n
Y hasta aquí el momento cultural xD, ojala hayan disfrutado mucho leyendo este shot n.n Hoy se lo dedico a mi gran amiga Ammiel, ojalá te haya animado por lo menos un poquito, mucha suerte!
Y a todos muchisimas gracias por sus reviews! Sean felices y cuidadín con hartarse demasiado de Takoyaki!
