diez
El ave de fuego
-¿Tú sabías que esto te iba a suceder? –preguntó Marin.
-¿Quedarme atrapado en la armadura? No, la verdad es que no puedo quejarme, esperaba volver a donde estaba antes, en el séptimo círculo del infierno, ahogándome sin terminar de ahogarme nunca en la corriente de sangre del Flegetón, junto con los demás condenados por usar la violencia contra el prójimo.
-¿Contra el prójimo? –a riesgo de enfadarlo, Marin se atrevió a hacer un comentario al respecto-. Tenía entendido que el séptimo círculo estaba dividido en tres partes para tres castigos diferentes...
-El primer escalón está ocupado por el Flegetón, allí van los tiranos y los homicidas, los que usaron la violencia contra sus semejantes. El segundo escalón es el bosque de los suicidas, donde las almas de los que usaron la violencia contra sí mismos se encuentran condenados al sufrimiento eterno en el interior de plantas deformes y retorcidas, que son dañadas constantemente por las almas de los que atentaron contra sus propios bienes, a quienes persigue una jauría hambrienta. En el tercer escalón cae en forma constante una nevada de fuego, allí están los que actuaron en contra de Dios y la naturaleza.
-Y... ¿no deberías haber estado en el tercer escalón por haber luchado en contra de Atenea?
Afrodita la miró con una expresión llena de desconcierto un segundo antes de empezar a reír.
-¿Dije algo gracioso? –preguntó Marin, disgustada.
-No, discúlpame. Fue algo que no pude evitar... ¿En serio crees que yo luchaba en contra de Atenea?
-¿No fue así?
-Para mí, Saori Kido nunca fue Atenea...
-¡¿Qué?
-¿Recuerdas a la señora Metis?
Marin asintió.
-Era muy hermosa.
-Y una verdadera dama –añadió Afrodita-. Fue una lástima que muriera.
-No salvó a todos cuando venció a... a los Ángeles.
-Sí... Tenía una voluntad indomable y la actitud de una soberana, hasta el Maestro Shion la trataba como a una reina.
-¿A dónde quieres llegar con esto?
-A que no pude creer que su hija fuera o debiera ser Atenea. Pensé que Saga tenía la razón y nosotros teníamos que evitar que tomara un lugar que no le correspondía.
-Espera, espera... ¿Es que tú sabías que Atenea no estaba en el Santuario?
Los ojos de Afrodita tenían un brillo travieso, como el de quien participa de una broma secreta.
-Siempre lo supe, yo lo ayudé a mantener el engaño. Las dos veces que te presentaste a la cámara de Atenea y viste la silueta de alguien a través del velo que separaba el trono de la diosa del resto de la cámara... ¿a quién creíste que veías ahí?
-¿Tú... tú... tú...? ¡¿¡¿¡¿Tú te hiciste pasar por Atenea?
-Fue fácil... bueno, no tanto, teniendo en cuenta lo mucho que se burlaban los demás de la apariencia que mantenía para poder interpretar mi papel, pero hice lo mejor que pude. Nunca recibí a más de dos caballeros al mismo tiempo, nunca recibí a ninguno más de una vez al año, ninguna entrevista duró más de diez minutos... y siempre hablé en un susurro tan bajo que el Patriarca tenía que "repetir" en voz alta "mis" palabras. Ustedes sólo veían la sombra del trono y de alguien que parecía tener el cabello largo... y creyeron que era Atenea.
-¿Pero por qué?
-Saga estaba convencido de que esa niña no debía ser Atenea.
-No entiendo, ¿por qué estaba tan seguro?
-Muy simple... Él pensaba... y yo era de la misma opinión... que una diosa nacida para salvar a la humanidad no podía compartir la sangre de un pecador.
Marin guardó silencio, esperando una aclaración. Estaban sentados en la hierba de un prado que parecía no tener límites, un viento constante arrastraba pétalos de flores, pero no había manera de saber de dónde venían, donde ellos estaban solo había hierba. El antiguo Caballero de Piscis se quedó perdido en sus pensamientos.
-Creo que juzgamos mal, pero trata de ponerte en nuestro lugar y dime si no teníamos razones de peso –dijo, al cabo de un rato-. Metis había sido una vestal, y rompió sus votos al tener hijos, la venganza de la diosa romana estaba en Saga y Kanon, eso era algo de lo que Saga estaba muy conciente... y asumió que esa misma venganza estaría también en la niña.
"Fue la venganza de Vesta lo que permitió que Ares se apoderara de él y, durante sus períodos de lucidez realmente temía los efectos que la maldición tendría sobre su hermana. ¿Te imaginas lo que habría pasado si la niña hubiera tenido el mismo problema que él, o la ambición de Kanon, o las dos cosas y además tuviera el control del Santuario? Él no podía permitirse correr un riesgo semejante. Era mejor que la niña muriera y tratar de que su parte racional gobernara el mayor tiempo posible a quedar bajo el dominio de un monstruo peor que él...
El paisaje cambió otra vez sin que Marin lo advirtiera, ahora estaban en una colina de arena dorada en mitad de un desierto.
-¿Y tú guardaste el secreto y lo ayudaste todos esos años? –preguntó la amazona en un susurro.
-Sí, Máscara de Muerte y yo lo ayudamos en todo lo que pudimos... todo parecía indicar que él tenía razón, ya te lo dije...
-¿Y qué tal que Ares hubiera dominado a Saga en forma constante?
-Teníamos un acuerdo al respecto... si eso llegaba a suceder, debía matarlo.
-...¿Qué?
Marin se puso en pie de un salto y lo enfrentó con una mirada llena de ira.
-¿¡¿Y por qué no lo hiciste cuando ordenó a Milo asesinar a Albiore? ¿Por qué destruiste la Isla de Andrómeda? ¿Por qué trataste de detener a Shun y Seiya?
Él sostuvo su mirada con calma.
-Habíamos hecho cosas peores –respondió-, siempre con las mejores intenciones. Nosotros no estábamos luchando en contra de Atenea, sino en contra de un peligro que nos parecía muy real, para proteger el Santuario de Atenea de lo que en el mejor de los casos sería una reencarnación fallida. Desde mi punto de vista, al menos, estábamos ayudando a la diosa. Lo demás eran sacrificios necesarios. Y si en algún momento te pareció que lo disfrutaba es porque siempre he sido muy buen actor... y que mi lugar en el infierno sirva como prueba: recibí el castigo de los violentos, no el de los blasfemos.
"La verdad es que las cosas fueron de menos a más: primero las dudas, luego Saga encerró a Kanon en el calabozo del Cabo Sunión, después fue la muerte del hermano del Maestro Shion, luego la del propio Shion... después de todo eso, matar a una bebé debió parecer sencillo. Yo empecé guardando el secreto de lo que había pasado, al fin y al cabo, la niña se había perdido y la muerte de Aioros no se podía remediar, después ayudé en la farsa durante años... cuando hicieron falta unas cuantas muertes más para conservar lo que se había logrado... no me pareció tan malo, comparado con la paz que habíamos tenido durante trece años.
-¿Es por eso que Azrael me envió aquí? ¿Para que me explicaras lo que viviste en el Santuario?
-Azrael no te envió aquí, él trasladó tu cuerpo a otro lugar, el shock hizo que tu mente buscara refugio dentro de sí misma y de la armadura...
-Ya veo.
-¿En serio?
-Sí.
Marin volteó a mirarlo y le regaló una de sus poco frecuentes sonrisas al tiempo que le tendía una mano. Afrodita se la estrechó, sonriendo también.
-Finalmente he entendido tu parábola de la bola de nieve. Gracias, Maestro Afrodita.
-No hay de qué, Marin de Piscis.
-Ahora debo irme.
-Sí.
El Vaticano
En una pequeña habitación, el cuerpo de una mujer que había permanecido en un estado similar al coma durante muchos días se estremeció ligeramente.
Marin abrió los ojos y suspiró.
El Santuario
-Siempre me has dicho lo mucho que me parezco a Aioria de Leo –dijo Leonel, con voz neutra, sin mirar a Marijose directamente-. Hasta me convenciste de posar para el manga...
-Sí.
-Él era tu amor platónico desde que conociste la versión de Kurumada acerca del Santuario y Atenea... –Leonel acarició suavemente las mejillas de su esposa-. Dime una cosa... Cuando me miras... ¿a quién ves? ¿A Leonel o a alguien que se parece a Aioria?
-Veo a la persona a quien amo.
-Y... ¿me amas lo suficiente como para confiar en mí?
-Lo mismo te pregunto.
Leonel suspiró y guardó silencio. Marijose tomó sus manos.
-Mi rey... sólo quiero que me digas la verdad. Si ahora mismo me dices que el nombre que elegí para ti es el verdadero, o que eres Aioria, o que no recuerdas nada, o que eres un extraterrestre, o un viajero del tiempo o cualquier otra cosa y me aseguras que eres sincero... te creeré y seguiré creyéndolo hasta el último segundo de mi vida, pero no quiero medias verdades: dímelo todo, o no me digas nada...
No pudo terminar, Leonel la había abrazado de repente y lloraba en su hombro.
Casa de Virgo
Terry se deslizó del sueño a la vigilia en un instante. Sabía que había estado inconsciente, estaba adolorido y realmente necesitaba dormir, ese despertar tan brusco, aunque más bien furtivo, en el que todos sus sentidos funcionaban con una claridad casi dolorosa, era desagradablemente familiar. Se había sentido así varias veces, incluso siendo muy pequeño, era la sensación de que había peligro.
Lo había sentido una vez cuando Esmeralda los había cuidado a él y a Andy, un segundo antes de que aquella discusión de sus padres apareciera como por arte de magia a la mitad de una película de Disney.
Lo había vuelto a sentir cuando anunció su decisión de optar por la armadura del Fénix.
Y la primera vez que la imagen de Pavus dejó de aparecer en su cosmos, la misma sensación estuvo presente.
Resultaba angustioso estar tan alerta que podía diferenciar cada sonido y cada corriente de aire. En general, esa claridad de pensamiento y sensaciones era más atemorizante que cualquier amenaza externa.
Entonces, algo rozó su frente y su mano se lanzó a atrapar aquello antes de que tuviera oportunidad de reflexionar al respecto.
Era una mariposa.
Una mariposa de una especie que no tenía nada que hacer en Grecia. La morpho pheleides es una especie americana. Aquel insecto que tenía las alas grises en la cara interna y de un maravilloso azul metálico en la cara externa no tenía ninguna razón para estar en el Santuario.
¿Pero por qué una mariposa le había hecho sentir que estaba en peligro?
Como respondiendo a su pregunta, pasó por su mente la imagen de Diana señalando una mariposa en el mural y diciéndole "tú" a Lilith.
¿Era esa la razón por la que la dibujante le había sugerido que regresara al Santuario, solo para que se enterara de que Lilith era una amenaza para él? Bien podía haberse molestado en decírselo directamente, pero al mismo tiempo en que formulaba ese pensamiento, se daba cuenta de que quizá no lo habría creído si esa seguridad de estar en peligro no hubiera despertado espontáneamente.
Abriendo la mano con cuidado, dejó escapar a la mariposa. El insecto revoloteó un poco a su alrededor y escapó por la ventana más cercana.
Con un dejo de inquietud, Terry miró las estrellas. Luego de reflexionar unos minutos, escribió una nota que dejó en su mesita de noche, se vistió, guardó unas pocas cosas en una mochila y abandonó el Santuario sin que nadie lo advirtiera.
A la mañana siguiente, los caballeros no sabrían si preocuparse más por su marcha repentina o por la facilidad con que había burlado la vigilancia.
Isla de Andrómeda
-No, no sé de qué se trataba todo este asunto –le dijo Shun a Esmeralda, encogiéndose un poco de hombros y con la sensación de que la respuesta llegaría por sí sola a su debido tiempo.
Él mismo estaba sorprendido por la calma con la que se había tomado el encuentro con Ares y Albiore, y él y Esmeralda llevaban horas tratando de encontrarle un sentido a lo que había pasado.
Sentada en un rincón, Ginsei seguía arañando la pieza de marfil con la gubia, pero estaba demasiado distraída siguiendo la conversación de los adultos como para darse cuenta de que estaba gastando justo lo que consideraba la parte "bien hecha" de su trabajo. Andy ya se había ido a dormir.
Shun y Esmeralda parecían haberse olvidado de que ella estaba ahí y lo que hablaban poco a poco se iba volviendo más personal, cosa que Ginsei consideró una señal para que se marchara a la habitación que compartía con Andy lo más silenciosamente posible. Pero al momento de ir a levantarse, vio que Shun adelantaba una mano para acariciar el cabello de su novia, hasta entonces no había tenido la oportunidad de mirar la cara interna de las muñecas del caballero, como le había indicado Andy... Shun tenía una cicatriz, tres delgadas líneas verticales. Impactada, no advirtió el movimiento que hacía con su mano derecha hasta que la gubia le hizo un ligero corte en la mano izquierda.
Mordiéndose el labio inferior en un esfuerzo desesperado por contener un grito, la muchacha salió apresuradamente de la sala.
-¡Ou, ou, ou...! –exclamó tan pronto como estuvo en la habitación.
-¿Qué pasa? –preguntó Andy con voz soñolienta.
-Nada, nada –replicó Ginsei, mientras presionaba la cortada para que dejara de sangrar-. Vuelve a dormirte.
El Santuario
-Entonces, ¿realmente no saben cómo fue que pudo salir del Santuario? –dijo Saori mirando fijamente a Lilith.
-Una cosa es cierta, mi Señora. El chico en verdad está aprovechando su entrenamiento.
-Lilith, esto es serio.
-Y que lo diga.
Saori miró por enésima vez la nota de Terry, unas pocas frases indicando que regresaba a la Isla de la Reina Muerte y que regresaría en cuanto hubiera reclamado su armadura.
-Está loco –murmuró ella.
Lilith sacudió un poco la cabeza.
-Tal vez se enteró de que Andy obtuvo la suya y no quiere quedarse atrás.
-Esto fue un absurdo desde el comienzo. Nunca debí dejar que Lyra les diera permiso de intentarlo.
-¿Y cómo lo iba a impedir? Que no se hubiera intentado nunca no significa que fuera imposible.
-No me importa si es imposible o no, lo único que veo son los problemas que nos están trayendo con esto.
-Entiendo. ¿Le avisamos a Shun?
-No. Se lo diremos cuando regrese.
-Hum... ¿Desea que vaya a buscar al niño?
-Sí, sí, ve y tráelo de vuelta.
Lilith suspiró mientras iba a recoger lo que necesitaría en la Isla de la Reina Muerte. Por lo visto, Terry se complacía en ponerle dificultades.
Isla de la Reina Muerte
Fénix se apartó el cabello que le caía sobre la frente sin advertir que estaba llenándoselo de espuma. Si había algo que odiaba por encima de todas las cosas era hacer oficios domésticos, cosa que Ikki conocía muy bien. No sabía si reír o llorar, pero su padre le había impuesto el mismo castigo por su larga fuga y por ocultarse en la isla con sus amigos que cuando tenía nueve años y le había pegado al hijo del alcalde: un mes de atender ella sola la casa.
Normalmente compartía las labores con Dey, pero la otra joven tenía su propio castigo: atender a los otros diez y vigilar que se comportaran mientras él tomaba una decisión. Como guiar doscientos gatos en fila india a través del área de pescaderías de un mercado sin que se desviara ninguno.
Era lo que Marcela y ella habían estado haciendo todo ese tiempo y Fénix se sentía aliviada de poder desentenderse de las responsabilidades de un líder aunque fuera por unos días. Tarde o temprano Ikki llegaría a alguna conclusión y probablemente tendrían que escaparse de nuevo. O tal vez no. Mientras tanto, estaba con los brazos metidos en agua hasta los codos, lavando los platos del almuerzo.
Y de repente el universo cambió.
Casi pudo ver un relámpago frente a sus ojos cuando sintió una presencia familiar. Un rato más tarde, Ismael entró a la cocina buscándola y encontró la montaña de platos a medio lavar y unos cuantos platos rotos en el suelo.
Afuera, Fénix corría hacia el volcán.
Colegio San Pablo
Era un día hermoso, de esos en los que la luz tiene una cualidad especial que invita a meditar sobre las maravillas del universo. En especial cuando ilumina algún lugar a través de un vitral.
Kiki no podía evitar sentirse un poco sobrecogido al momento de entrar a la capilla del Colegio San Pablo, era muy sensible a las variaciones de luz, y la atmósfera de paz y recogimiento que creaban los largos ventanales y la fresca piedra de las paredes le hacían pensar que se encontraba al borde de un misterio demasiado profundo. Se sorprendió a sí mismo suspirando, no había ninguna semejanza, pero la capilla le había hecho recordar el amanecer en Jamir.
Sacudiendo la cabeza para alejar pensamientos tan extraños, siguió avanzando hasta la primera hilera de bancas. Solo había una persona hasta donde alcanzaba a ver, así que supuso que se trataría de la persona a la que buscaba y que le habían indicado que encontraría ahí.
-¿Hermana Catherine?
Se sorprendió un poco al darse cuenta de que la monja era bastante más joven de lo que había imaginado tratándose de la directora del colegio, no debía tener más de cuarenta años.
-¿Sí?
-Lamento interrumpir su meditación. Mi nombre es Kirkelen de Aries...
-Ah, el caballero que viene del Tíbet junto con un grupo de nuevos alumnos.
-Sí, hermana.
-Siéntese.
Sólo había apartado la vista del altar unos segundos para mirarlo a él, pero Kiki tenía la impresión de que le había bastado con eso para abarcarlo completamente.
-No sé por qué, pero cuando leí "Tíbet" en la carta de la señorita Mayfair, me imaginé que usted sería un monje budista.
-Mi pueblo no tiene mucho contacto con el gobierno chino, ni con el resto de la población tibetana, nuestra región está muy aislada y somos... poco dados a viajar.
La hermana Catherine sonrió levemente, aquel joven pelirrojo parecía nervioso; por lo visto le había caído encima una responsabilidad que no esperaba al quedar a cargo de todos esos niños y se sentía fuera de lugar tan lejos de su tierra. Si eso le pasaba al tutor, los pupilos estarían aterrorizados sin duda alguna...
Los aprendices estaban afuera de la capilla, vestidos ya con los uniformes del colegio y esperando a que Kiki terminara de conversar con la directora para que alguien les indicara qué tenían que hacer. En verdad Lilith se había apresurado a enviarlos a todos fuera del Santuario. Sólo faltaban Andy y Ginsei, que todavía estaban en Andrómeda, y Terry, que según Verena tendría que guardar cama unos cuantos días.
-Aquí estamos, y estamos solos –dijo Phillippe, con voz dramática-. Enfrentémonos a nuestro destino.
-Corta el rollo, ¿quieres? –replicó Ten-. Es solo un colegio. ¿Qué tan malo puede ser?
La respuesta llegó inmediatamente, cuando Ten sintió un violento tirón en el cabello. Ahogando un grito, volteó para darle su merecido a quienquiera que se hubiera atrevido a sujetarlo por la trenza. Y se encontró cara a cara con una niña.
Más que una persona real, parecía una muñequita de porcelana, con sus grandes ojos azules, rodeados de espesas pestañas, su piel delicada y aquella cascada de rizos dorados. Su mano derecha todavía sostenía la punta de la trenza de Ten.
-¿Qué se supone que estás tratando de hacer? –exclamó él.
-Oh, lo siento –dijo ella, con voz cantarina-, tenía que ver si era real.
-¡Por supuesto que es real! ¡Es mi pelo! ¡Suéltame!
-Hablas como un chico. Y llevas el uniforme de los varones, eso va a traerte problemas.
-¡¿Por qué dices eso? ¡Yo soy un hombre!
-¿En serio? En este colegio es contra las normas que los varones usen el cabello largo. Es un privilegio exclusivamente femenino.
Ten se quedó suspenso por un segundo. ¿Normas del colegio?
-No irán a ordenarme que me lo corte... ¿o sí?
-MUY corto –sonrió la niña, que seguía sin soltar la trenza.
-¿Aterrorizando a la sangre nueva? –preguntó un muchacho que acababa de llegar. Tenía el cabello castaño oscuro, con él estaba una niña de cabello azul.
-Sólo les daba la bienvenida –dijo la niña.
-Y aprovechabas para reírte un rato.
-C'est vrai...
El muchacho suspiró con resignación y se volvió hacia Ten.
-No le hagas caso a mademoiselle Beaumont, tendrás uno que otro problema con los profesores al principio (sobre todo con el padre Henry), pero tu cabello no corre peligro si sabes mantener la disciplina en todo lo demás. Yo soy Esteban y ella es mi hermana Daniela. Como tenemos la desgracia de ser líderes de sección, la hermana Catherine nos comisionó para recibir a los estudiantes nuevos. Ustedes son el grupo que viene de Grecia, si no me equivoco.
Los aprendices asintieron en silencio. Esteban siguió hablando, mientras obligaba a la niña rubia a soltar la trenza de Ten, para alivio de éste.
-De acuerdo, cuando la hermana Catherine termine de hablar con su tutor, los varones vendrán conmigo y los llevaré a las habitaciones que les corresponden, las chicas irán con Daniela.
Sora se sujetó del brazo de su hermano con una sensación repentina de pánico.
-¿Nos van a separar?
-Los dormitorios de los chicos y las chicas están en edificios diferentes –explicó Daniela.
-Estaremos juntos en las clases –dijo Ten para tranquilizarla.
-¿Son hermanos? –preguntó la niña rubia.
-Sí.
-No se permiten parientes en un mismo grupo de clase, por eso es que Esteban y Daniela están en secciones diferentes.
-Pero... nosotros nunca hemos estado separados –protestó Sora, al borde del llanto-. ¡Somos gemelos y siempre estamos juntos!
-Ve a llamar a monsieur para que venga a controlar a mademoiselle –indicó Esteban a Daniela, lo cual fue suficiente para hacer que la niña rubia se esfumara como por arte de magia. Satisfecho con el resultado, Esteban se dirigió a los gemelos-. Escucharán todo tipo de historias de terror los primeros días, es una manera... tradicional... de recibir a los nuevos alumnos. No deben creerlo todo o serán el pato de la fiesta el resto del año. Aquí no se separa a los parientes a menos que se considere necesario para la disciplina y el rendimiento académico.
-Nosotros dos estamos en grupos distintos porque lo preferimos así –añadió Daniela-. Trabajamos mejor si no nos hacemos competencia.
Con todo, Sora no se decidía a soltar a Ten y él tampoco parecía muy a gusto. Esteban y Daniela intercambiaron una mirada y empezaron a explicar el funcionamiento del colegio al grupo.
-Las reglas son pocas, pero muy estrictas. Nada de ruido después de las diez. El desayuno es a las seis de la mañana, el almuerzo es a las doce y la cena es a las seis de la tarde. No se corre en los pasillos. No se permiten visitas en las habitaciones. Las faltas al uniforme se castigan con severidad. Los internos sólo pueden dejar el colegio con un permiso firmado por la Hermana Catherine, a menos que un adulto autorizado venga a recogerlos. En el caso de ustedes, los únicos adultos autorizados son sus padres, su tutor y la señorita Mayfair –dijo Daniela.
-Se asiste a las clases a menos que se esté enfermo o muerto. De preferencia, muerto... –añadió una voz burlona –un chico de cabello castaño dorado y ojos violeta se había unido al grupo.
-Este mal intento de bufón es mi hermano Braulio –dijo Daniela sin cambiar de tono, para luego seguir con las reglas-. Cada grupo de estudiantes se llama sección, cada sección tiene un líder elegido por votación de los estudiantes. El líder es responsable de la disciplina del grupo. Cualquier problema que tengan deberán comunicárselo antes que a nadie, porque es su responsabilidad ayudarlos a resolverlo.
-Así que si quieren saber cualquier chisme, hay que preguntarle primero a los líderes –interrumpió Braulio.
Rhiannon se apartó del grupo, francamente aburrida a partes iguales por el monótono discurso de Daniela y Esteban, y las pésimas bromas de Braulio. Cerca de la capilla había visto un círculo de árboles que reconoció de inmediato como pertenecientes a las especies sagradas que su madre había plantado en el Santuario y hacia allá se dirigió sin que nadie lo notara.
Los árboles rodeaban una pequeña fuente, a la que no le prestó atención, acababa de ver una cinta atada en la punta de una rama... parecía sostener algo.
La curiosidad le ganó y pronto estaba trepando por el árbol y tratando de llegar a la cinta... no era una buena idea trepar a un árbol con aquellos zapatos de ciudad, y lo comprobó en el momento en que resbaló de la rama y cayó al suelo.
-¡¿Estás bien? –preguntó una voz alarmada.
-Sí, algo amortiguó el golpe –respondió ella, arreglándoselas para sonreírle al muchacho de cabello rubio y ojos grises que había acudido de inmediato.
-Eh... me alegro, pero no te lo preguntaba a ti, sino a Ethan...
Entonces fue cuando Rhiannon que el "algo" sobre lo que había caído en realidad era un "alguien" que la miraba con furia mientras esperaba a que se pusiera en pie.
Isla de la Reina Muerte
Una figura solitaria avanzaba por la llanura de la isla.
Se trataba de un joven que caminaba con lentitud, pero con decisión, el sol caía a plomo sobre su cabeza, sacando destellos color bronce de su cabello.
Al punto del medio día, se detuvo. Frente a él estaba el volcán.
El cosmos del muchacho se encendió al tiempo que reanudaba el camino, era un aura roja, con el brillo del metal sometido a una temperatura extrema.
Dentro de su urna, la armadura del Fénix despertó. Su propia aura empezó a revelarse.
Colegio San Pablo
Mitsumasa fue tras de Ten al darse cuenta de que estaba separándose de los demás.
"Que no se me escape esta oveja del rebaño" pensó, tratando de ponerle un poco de humor al hecho de que en verdad se imaginaba a sí mismo como un perro ovejero, después de todo, en ausencia de Misha y Ginsei, él era el mayor y sobre él caía toda la responsabilidad.
-¿A dónde vas, Ten?
-No veo a Rhiannon.
-Rayos. Mi propia hermana... ¡no me había dado cuenta por estar vigilando al resto!
-Mejor concéntrate en pensar a dónde irías si fueras ella.
Mitsumasa miró a su alrededor y señaló el círculo de árboles.
-Árboles sagrados, si quieres buscar a una hija de Danna, búscala donde Danna se sentiría a gusto.
Ni siquiera tuvieron que caminar mucho para encontrar a Rhiannon deshaciéndose en disculpas.
-Pero, pero... ¡no es para tanto! –protestó Ethan, algo avergonzado-. ¡Y no hace falta que hagas tantas reverencias, cualquiera diría que eres japonesa!
-Lo es, a medias –señaló Mitsumasa, colocándose al lado de su hermana-. ¿Pasó algo de lo que yo deba enterarme, Rhia-chan?
-Me caí de un árbol... caí sobre él.
-Ya le dije que no es nada –se apresuró a decir Ethan-, no hay ningún hueso roto y lo del barro en la ropa es cosa de todos los días.
-Van a pensar que te gusta bañarte en barro, haz el favor de no exagerar tú también –intervino el muchacho rubio, que sonrió amablemente a los recién llegados-. ¿Por qué mejor no hacemos de cuentas que no pasó nada y empezamos de nuevo? Hola, mucho gusto, yo soy Vadhani, mis amigos me dicen Dhani, aunque la mayoría de los ingleses de por acá me dicen monsieur sólo para fastidiar. Este es Ethan, según él mismo afirma es un irlandés de padre francés, a mí me parece más bien que es un francés de madre irlandesa.
-Celta, a fin de cuentas –replicó Ethan.
Los aprendices sonrieron sin estar muy seguros acerca de si aquello era o no una broma, pero la voz de Kiki llamándolos interrumpió la conversación que apenas se iniciaba.
Una vez que estuvieron solos, Dhani le dirigió una mirada severa a Ethan.
-La próxima vez que te escapes de clase, procura regresar pronto, fue muy difícil engañar al padre Zachary.
-Oye, en verdad lo siento, pero realmente tenía que hablar con mi madre. La llegada de un elfo a esta zona de Inglaterra no puede pasarse por alto... y esos chicos nuevos...
-Sí, a mí también me llamaron la atención. Supongo que habrá que vigilarlos. Y, hablando de vigilancia, ¿cómo te ha ido con el trío de dragones?
-A las mil maravillas. Bueno, parece que no le simpatizo mucho a Esteban, pero Braulio confía en mí y Daniela siempre es amable, así que creo que pronto podremos averiguar si son ellos los que han estado tratando de manipular la fuente.
-Bien. En ese caso, será mejor que no nos vean conversando.
Dicho esto, cada cual tomó un camino distinto para regresar al aula que les correspondía.
Isla de la Reina Muerte
Para cuando Terry llegó al lugar donde se guardaba la urna de la armadura, hacía rato que el suelo estaba vibrando con un ritmo similar a los latidos de un corazón.
El muchacho se detuvo al tener la urna a la vista. El calor era intenso y seguía aumentando con rapidez. Las piedras alrededor de la urna amenazaban con derretirse.
El fuego estalló de repente, parecía venir de todas partes, pero se concentró alrededor de la urna, creando la figura de un pájaro de fuego que batió las alas al tiempo que soltaba un grito de triunfo tan fuerte y claro que Terry se preguntó seriamente si se habría escuchado en el resto de la isla.
-Me has despertado –dijo el pájaro.
China
La actividad en el palacio no se había detenido ni bajado de ritmo en ningún momento. Mirándolo casi como hipnotizado, Azrael trataba de analizar cada detalle dándose cuenta de que era urgente tomar una decisión, y parecía ser que le correspondía a él hacerlo.
-Esto es el colmo –murmuró Shiryu sin dirigirse a nadie en particular.
La frustración se notaba con claridad en la voz del Caballero de Libra. El palacio había cambiado tanto desde su última visita a China que no había sido posible encontrar la entrada que habían utilizado él y Mylagros. A decir verdad, no había sido posible encontrar ninguna entrada.
Azrael miró a Anmael preguntándose si sería capaz de sonsacarle algo. Desde su captura, la Sombra Azul se había quedado dormido, por agotamiento, al parecer. Rogando para sus adentros que no estuviera cometiendo otro error, Azrael empezó a sacudirlo.
-¿Qué pasa? –preguntó Anmael.
-Quiero hacerte unas preguntas.
-Y yo quiero que me dejes dormir.
-Lo que sea que estés planeando puede esperar un minuto o dos...
-Ese es el problema contigo: confías en quienes no debes y esperas traiciones de la persona equivocada.
En contraste con su voz soñolienta, los ojos de Anmael brillaban alertas, casi con burla.
-Ya sabes... –continuó- Si hubieras confiado en Zoe cuando te lo pidió, ahora ella estaría viva, el Grial y la Estrella de Plata no se habrían perdido y tú no estarías aquí buscando una manera de decirme que te ayude a entrar al palacio sin que suene como si me estuvieras pidiendo ayuda.
-Te agradeceré que no menciones a Zoe. Ella está muerta –"y además, no viene al caso" añadió para sí.
-Pensé que no querías tener que agradecerme nada. Pero tienes razón, está muerta, gracias por recordármelo...
-Nunca he negado mi culpa por abandonarlos a Zoe y a ti. No hay nada que puedas usar para hacerme sentir peor de lo que ya me siento, si es eso lo que tratas de hacer, aunque también podría pensar que estás tratando de justificarte. ¿Es tu manera de pedir perdón? –señaló Azrael con calma.
Los ojos de Anmael relampaguearon.
-¡Por supuesto que no! ¡Yo sólo hice lo que me obligaste a hacer!
-Fuiste tú quien tocó el tema –Azrael se encogió de hombros tratando de evitar una sonrisa. O Anmael estaba perdiendo la sutileza o él estaba empezando a superar ese recuerdo.
-¿Qué es lo que quieres preguntar?
-Más bien... quiero proponerte un trato. Ayúdanos a rescatar a mis hermanos y te dejaremos ir.
-¿Para que Araquiel me dé una paliza? Creo que mejor seguiré durmiendo.
-No tiene por qué enterarse. Además, tú fuiste quien le avisó a Raziel cuando los capturaron, y dejaste escapar a Gabriel. ¿Por qué no hacer el trabajo completo?
La risa de Anmael hizo que Raquel sintiera un escalofrío. Anmael rió sin parar durante un buen rato y, cuando Azrael estaba empezando a desesperarse, la risa se cortó de pronto.
-Si quieren mi ayuda, tendrán que llevarme con ustedes. Ellos sólo están esperando una excusa para deshacerse de mí.
-¡No irás a pensarlo siquiera! –exclamó Gabriel al notar el aire reflexivo de Azrael-. ¿Acaso estás loco?
-No creo que sea una buena idea... –dijo Raziel, titubeando.
Azrael los miró de reojo. Se daba cuenta que Anmael había mencionado a Zoe, que había sido una de las Sombras, sólo para llegar a ese punto precisamente.
Mil quinientos años atrás (siglo más, siglo menos), Azrael había sido la causa de que la Lilith de aquel entonces condenara a su propia hija por haber traicionado al resto, Zoe había muerto a manos de sus propios hermanos. Era algo que Anmael nunca perdía la oportunidad de reclamarle, pero esta vez estaba yendo demasiado lejos. Era mucho atrevimiento tratar de ponerse en la misma situación en la que había estado Zoe y manejar las cosas de manera que él volviera a quedar como juez, sobre todo ahora que ya no quedaba duda con respecto a si las Sombras eran capaz de destruirse entre sí.
-Admito que fue un error no confiar en Zoe y haberlos dejado a ambos en manos de su madre y hermanos –empezó a decir, muy despacio, eligiendo cuidadosamente cada palabra-, pero confiar en ti podría ser un error muchísimo más grave.
-Es tu elección –Anmael se encogió de hombros.
-Podría simplemente dejarte en libertad.
-Sí, cómo no. No tengo a dónde ir... "errante y fugitivo, vagando sobre la tierra y cualquiera que me encuentre me matará" –respondió con aire melodramático.
-Génesis, capítulo 5, versículo 14. Ni tú eres Caín ni yo soy Dios y si diciendo eso pretendes conseguir que prometa vengarte siete veces, estás muy equivocado –replicó Azrael secamente.
-Me da lo mismo. Sin mí no podrás entrar al palacio, así que haz lo que quieras.
Azrael inclinó la cabeza unos instantes.
-De acuerdo...
-¡No! –interrumpió Gabriel-. ¡Yo no estoy de acuerdo!
-Lo siento –dijo Azrael-, me temo que no hay otra salida.
El Ángel Azul se apartó unos cuantos pasos, dejando patente lo disgustado que se sentía. Azrael miró de nuevo a Anmael, que aguardaba con una sonrisa burlona.
-Estás bajo mi protección, Anmael.
-¡Perfecto! –Anmael se puso en pie con rapidez, su aire de cansancio había desaparecido instantáneamente-. Busquemos a tus hermanitos.
El Vaticano
-Roma Mater, Roma Dea –dijo Sheena como quien recita una plegaria antigua-, la Ciudad de las Siete Colinas, la Ciudad Eterna...
-La Babilonia del Apocalipsis –añadió Junta, en el mismo tono que había usado ella.
-Oye, no me arruines el momento.
-Por el momento sólo nos interesa una de las siete colinas, ¿recuerdan? –señaló Jorge.
-Ah, sí, claro, la ciudad-estado del Vaticano. Menos mal que es un sitio pequeño... ¿empezamos por la Plaza de San Pedro?
-No estoy muy seguro, pero me parece que será mejor hacerlo por una zona residencial –dijo Jorge.
El trío caminaba por las calles del Vaticano, mezclándose entre religiosos de diversas órdenes, diplomáticos, peregrinos y turistas.
Pasaban frente a una casa bastante grande, casi un pequeño palacio, cuando Jorge se detuvo. Un discreto letrero anunciaba habitaciones en alquiler; sobre la puerta principal había una inscripción en latín.
-"El rincón de los ángeles"... cuando regresemos a Grecia, creo que tendré que hacerle un par de preguntas a la dueña de "La Alfombra". Entremos aquí.
Un joven de ojos verdes y cabello castaño les abrió la puerta mirándolos con desconfianza.
-¿En qué puedo servirles?
-Queremos alquilar una habitación –dijo Junta con su mejor sonrisa.
-Dirás dos –señaló Jorge.
-¿Dos? ¡Ah, sí, una para ti también!... ¡Auch! ¿Por qué me pegaste, Sheena?
Lo que más destacaba de aquella casa era su austeridad, tenía el mínimo indispensable en lo que respecta a muebles y muy pocos cuadros en las paredes... uno de los cuales llamó de inmediato la atención de Sheena.
-Hey, muchachos, ¿no se les parece a alguien?
-Mmm... no sabría decirte –respondió Jorge, aunque se había dado cuenta enseguida que era un retrato de Azrael.
Junta estaba a punto de opinar, pero consideró más oportuno darle un golpecito en el hombro a Jorge y señalarle la escalinata que llevaba al segundo piso.
El dueño de la casa miró hacia allí también, intrigado, para quedarse boquiabierto.
Marin bajaba las gradas con paso majestuoso.
Eso no le gustaría a Araquiel.
Castillo de Tara
La diosa celta de la Guerra tenía la impresión de haber pasado una eternidad hablando con el Buda de la Comprensión, cosa que le resultaba desesperante.
No era que le desagradara Fugen, era tan solo que no podía bajar su ritmo habitual para acomodarse a la parsimonia del Buda, acostumbrado desde siempre a analizar cada acción y cada pensamiento desde todos los puntos de vista habidos y por haber.
-Sigo sin entender por qué has acudido a mí –dijo Nemain-. Soy una hija de Danna, no una descendiente de los Primordiales.
-Pero tengo entendido que estás en buenos términos con Fuego y Ceniza.
-Fuego y ceniza es lo que queda siempre a mi paso, creo que estás sufriendo una pequeña confusión.
Fugen sonrió con dulzura.
-No, no estoy equivocado. Conoces a los Primordiales y te precias de llamarte su amiga. Es por eso que los otros y yo pensamos que debíamos solicitar tu ayuda antes que la de alguien más. Tú podrías convencerlos de que nos permitan explicarles nuestros motivos para querer restaurar el equilibrio de Vida y Muerte en el mundo mortal.
Nemain sacudió la cabeza.
-Por lo visto no te has dado cuenta, pero a mí no me conviene ayudarte.
-¿Por qué no?
-Si consigues un sucesor para Hades, el infierno griego será reconstruido y las almas que estaban en él y fueron acogidas en las Islas Afortunadas tendrán que regresar. Eso es algo que yo no estaría dispuesta a sufrir con la santa paciencia, ¿sabes? Además, la paciencia y la resignación no son compatibles conmigo.
-Lo comprendo.
-No me digas...
-Pero también veo que no te has aliado con Ares, aunque él te ofrece la seguridad de que nadie tomará el lugar de Hades. Incluso te ofreció a las personas que están bajo la protección de los Budas por si acaso tus druidas necesitan hacer un sacrificio humano.
-Me pregunto si ese idiota se daría cuenta de hasta qué punto me insultó con eso. No esperaba que un dios griego se basara solo en los escritos de César para juzgar una cultura que no conoce.
-Quizá trataba de ser amable...
-Siempre tan comprensivo. ¿Por qué no vas al grano de una buena vez? El tiempo transcurre aquí en formas bastante originales, pero mi paciencia tiene poca duración en cualquier universo.
-De acuerdo. Nuestra petición es que intercedas por nuestros protegidos ante los Primordiales, convence a Aire, Fuego, Hielo, Luz, Sangre y Ceniza de retirar las sentencias que pesan sobre ellos por la intervención de Yu Huang, el Emperador de Jade, y a cambio...
Una sonrisa cargada de disgusto apareció en los labios de Nemain.
-¿A cambio, qué me ofrecen?
Ante los ojos de la diosa, la gentil figura del Buda de la Comprensión fue reemplazada por la de su otro yo, Gundari, un ser de ocho brazos, con serpientes enroscadas en sus muñecas y tobillos, tres ojos de mirada feroz y unos colmillos realmente impresionantes.
-Hablemos en el lenguaje de la guerra, ya que no te agrada el de la diplomacia –la voz de Gundari, ronca y cortante, no se parecía en nada a la de Fugen-. A cambio de tu ayuda, los Myoo permitiremos que Erin siga existiendo y que Tara permanezca en pie.
Isla de la Reina Muerte
-Así que... ¿A qué has venido? –preguntó el ave de fuego.
-A reclamarte –respondió Terry.
Si los pájaros pudieran sonreír, éste hubiera mostrado una sonrisa despectiva mientras miraba a Terry de arriba abajo y seguía probando lentamente sus alas.
-¿Quieres que te tome bajo mi protección, pollito? ¿Te han explicado bien de qué se trata este asunto? Yo no soy como las armaduras que conoces. Ellas aceptan a cualquiera que haya nacido bajo su luz, yo soy distinta: para tenerme, debes ser más fuerte que yo.
-Debo admitir que nunca había escuchado a una armadura hablando...
La risa del ave de fuego hizo que el calor se volviera más sofocante.
-No puedes compararme con esas ridiculeces de metal. Yo estaba aquí cuando esto que llamas "planeta" no era más que una esfera de material incandescente. Nací de su núcleo cuando faltaban milenios que para se formara la corteza y he estado aquí desde entonces, renaciendo en lo que fue mi origen... Mi sangre es la sangre de la Tierra y la esencia del fuego... lo he visto todo, estuve presente cuando los Himalayas eran una llanura, cuando el Sahara era un jardín, cuando los humanos pintaban bestias en las paredes de las cuevas yo ya era la misma antigüedad... cuando los dioses de Grecia aún no tenían nombres siquiera, yo ya había nacido, muerto y vuelto a nacer miles de veces... y cuando los habitantes de la Tierra de Mu forjaron las 88 armaduras de luz y las armaduras de oscuridad, yo busqué refugio en esta.
-Así que... eres un auténtico fénix –dijo Terry.
El ave de fuego lo miró de nuevo inclinando elegantemente el cuello, tal vez para estudiarlo más de cerca.
-"Un" fénix no. El Fénix. El primero y más antiguo. Es cierto que existen otros doce, pero debes saber, pollito, que todos los demás tuvieron su origen en mí. Esta isla que en apariencia permanece sólida bajo tus pies no es otra cosa que mi hoguera. Aquí es donde muero y renazco y aquí es donde soy más poderosa. La muerte que te rodea en esta isla estéril es tan solo la ceniza de mi continua renovación. De la Isla de la Reina Muerte nace la vida del Fénix Triunfante. Ese es el secreto de la isla. Pero el conocimiento no te servirá de nada. No existe nada más salvaje que yo en toda la Creación: conmigo no sirve la sabiduría, no basta el valor, no significa nada la bondad y el amor no dura ni un instante. Si quieres lidiar conmigo necesitas fuerza. Si eres fuerte, te serviré, pero también te devoraré por dentro: esa es la naturaleza del fuego. Si logras que mis alas te protejan, me alimentaré de tu mortalidad, cada día serás un poco menos humano y volverás conmigo incluso de la Muerte porque cada instante te parecerás un poco más a mí... Veo que eres joven. Si tienes ahora la fuerza suficiente, quizá consigas vivir conmigo muchos años... tal vez hasta que toda tu mortalidad quede consumida y entonces serás igual a mí y te convertirás en el décimo tercero de mis descendientes... Así, pues, cachorro de humano, eso es lo que te ofrezco: el poder del Fénix, la fuerza del renacimiento, la pérdida de la humanidad y, si no renuncias a mí a tiempo, la inmortalidad del fuego. ¿Aún quieres tratar de dominarme?
El Santuario
Algo raro estaba sucediendo. Aún con los ojos cerrados podía ver que algo había cambiado en su familia.
Marijose tenía una expresión que no le había visto antes; era como si se concentrara en resolver un problema sin solución. Leonel, por el contrario, se veía mucho más tranquilo que nunca, como si se hubiera quitado un peso de encima. Y Diana... la niña, a la que Alex estaba siguiendo en silencio, parecía estar escondiendo un secreto. ¿Por qué de pronto se había vuelto aficionada a escaparse de esa manera?
El niño tenía la impresión de ser la última persona normal en el universo. Por lo menos hasta que empezó a escuchar voces mientras seguía a su hermana menor entre las ruinas.
Al principio había confundido los susurros con el viento entre los árboles, pero pronto empezó a distinguir palabras y en algún momento se dio cuenta de que había varias voces femeninas y una masculina.
-Esto no me gusta.
-Hace como veinte años que no te oigo decir otra cosa, Hécate.
-¡Artemisa!
-¿Ya van a empezar de nuevo? ¿Es que no pueden estarse cinco minutos sin discutir?
-Déjalas, Temis, se llevan mejor cuando pelean.
-¡Némesis! ¡Hasta que al fin llegaste! ¡Tenemos horas llamándote!
-Lo siento, había mucho tráfico.
-¡¿Qué?
-Escuchen, ustedes siempre están en esta dimensión, vigilando el Santuario, pero yo tengo que estar viajando constantemente...
-Discúlpame, Némesis, ¿preferirías que alguna de nosotras tomara tu lugar?
-... No, Hécate. Procuraré ser más puntual.
-Bien.
-Pero no mentí al hablar de tráfico. Hay un movimiento constante entre dimensiones y tuve que esconderme en el Plano Astral para que no me descubrieran.
-¿¡¿¡¿Qué?
-Ares está movilizando a sus tropas, rodean las dimensiones cercanas a Las Islas Afortunadas.
-¡Eso es ilegal! ¡El Tratado del Valhalla del 721 le prohíbe invadir dimensiones no griegas!
-¿Y desde cuándo eso le importa a Ares, Astrea? Además, parece ser que está tratando de desalentar una invasión.
-¿Uh?
-Los Budas han amenazado con arrasar Erin. Y antes de que digas nada, recuerda que ellos no participaron en el Tratado del Valhalla ni en la Convención de Teotihuacán. Nunca han dicho nada a favor ni en contra del Derecho Interdimensional... y ahora están a punto de enviar a freír espárragos todo lo que yo pensaba acerca de la neutralidad y la no violencia.
-Del agua mansa líbreme Dios...
-Por una vez en la vida, estoy de acuerdo contigo.
-¿Y qué haremos ahora?
-¿Es que alguna vez hemos hecho algo, aparte de esperar que se aclaren los nublados del día?
-¡Némesis!
-Perdón, he tenido un día malísimo. No creo que podamos hacer nada, además, todavía no ha ocurrido nada, exceptuando la movilización de berserkers. Al parecer Danna no solicitó esa ayuda, y a como van las cosas, los Budas podrán sentarse a observar mientras Macha, Nemain y Morrigan pelean contra Ares para ver si así le hacen entender que no lo necesitan como aliado. Yo diría que los Budas están manipulando a ambos grupos.
-Entonces... esperar.
-Tú lo has dicho. Por cierto, ¿a dónde es que vamos con tanta prisa?
-Pregúntale a Selene, es idea suya.
-¿Selene?
-...
-¿Pero es que nunca vas a dirigirnos la palabra?
-...
-Ratas.
-Ya deberías conocerla, ella sólo actúa y no le da explicaciones a nadie.
-¿Y por qué me dijiste que le preguntara?
-Porque es muy divertido ver lo obediente que te has vuelto.
-Grrr.
Las voces callaron y Alex continuó siguiendo a Diana, preguntándose si habría empezado a volverse loco o si realmente tenía algún sentido lo que acababa de escuchar.
El ruido de un hacha lo sacó de sus pensamientos. Habían dado un rodeo enorme para llegar hasta ahí, pero estaban en los dominios de la Casa de Acuario y Diana corría hacia Misha, que estaba partiendo leña. Alex se detuvo a una distancia segura, observando que el muchacho mayor lucía algo pálido y cansado, pero no por eso bajaba el ritmo en su trabajo, por lo menos hasta que escuchó a la niña saludándolo.
-¡Osito!
"Bueno, Misha puede darse por adoptado en lo que a Diana concierne" pensó Alex "menos mal que a él no parece molestarle que lo ande siguiendo por todas partes... ¿pero cómo fue que encontró el camino hasta acá?"
-¿Diana? ¿Qué haces aquí?
-¡Visitarte!
-¿Tú mamá sabe que estás aquí?
La niña no respondió, ocupada en inspeccionar la pila de leña. Misha la contempló unos segundos y luego miró directamente hacia donde se encontraba Alex.
-Sal de ahí. No tienes por qué esconderte.
Alex hubiera jurado que nadie habría podido descubrirlo entre los árboles y las ruinas.
Isla de la Reina Muerte
-Estoy dispuesto.
Fénix llegó a tiempo para ver cómo un gigantesco pájaro en llamas se lanzaba contra su primo, envolviéndolo en una marea de fuego.
Gritó, pero ni siquiera ella alcanzó a escucharse a sí misma porque el pájaro había gritado también, un sonido diferente al que se había escuchado por toda la isla cuando el ave despertó, esta vez era como un canto de desafío a todo el universo, el grito de guerra de una criatura inmortal.
Se había quedado paralizada sólo unos segundos, para correr de nuevo hacia el lugar donde ahora había una columna de fuego y mientras lo hacía activó su armadura, llegó finalmente hasta unos metros del fuego, sintiendo que el calor que irradiaba la columna era casi sólido, lo suficiente como para no dejarla avanzar más, las piedras se derretían dejando escapar leves quejidos... o tal vez sólo estaba imaginando esos sonidos llenos de dolor.
-¿Terry? –preguntó la joven, sin atreverse a alzar demasiado la voz.
-Asombroso.
Quizá había agotado ya su capacidad de sorprenderse o asustarse, pero reaccionó con calma al escuchar esa voz tan familiar. Lilith estaba junto a ella, vestida con la armadura de Perseo y con la mirada fija en el fuego.
-¿Qué haces tú aquí? –preguntó Fénix.
-Buscaba a Terry, pero parece que llegué tarde.
-¿Qué es lo que está sucediendo?
-¿No te lo explicó Ikki? Terry está reclamando al Fénix.
-Mi padre no me habló de nada como esto. Dijo que cuando venció a su Maestro y liberó su máximo poder, la armadura fue hasta él.
-Pero Terry hizo algo distinto: habló directamente con el alma de la armadura, la esencia del Fénix... este chico debe estar bastante loco... pero tiene sentido, ahora que lo pienso... si no le correspondía por nacimiento, tenía que convencer al Fénix de que lo aceptara, la armadura entonces sería algo secundario.
Fénix no se preocupó por tratar de entenderla, acaba de distinguir algo en medio el fuego. Alguien, o algo, avanzaba hacia ellas.
Deyanira paseaba nerviosamente por los alrededores de la cabaña, pensando en voz alta.
-Si mi hermano llega a saber de esto, tendré que aguantarlo riéndose hasta la próxima reencarnación de Atenea. Bueeeeeeeno, al menos no fue un castigo muy gordo, total, sólo tengo que vigilar a un heterogéneo grupo de personas a las que de pronto les han dado una especie de armadura, les han hecho algo en la cabeza, se hacen llamar como los animales (no habrá nadie que represente al tiburón, ¿verdad?) y se les ha subido el poder de golpe a la cabeza, por lo que a una aprendiz de amazona que ni siquiera tiene su armadura la respetarán tanto como a una piedra del camino. De todos modos, supongo que al final me respetarán y me obedecerán por... ¿mi arrebatador encanto personal?... por... ¿mi firmeza y voluntad?... por... ¿mi simpatía y gracia sin igual?... por... ¿favor?... ¡Me van a hacer papilla!
-¿Deyanira?
¡Justo lo que le faltaba! Hablando de ellos y aparecía uno. Ismael la estaba mirando de la misma manera que miraría a un loco peligroso: tratando de no demostrarle que tenía miedo de que sufriera una crisis en cualquier momento...
-Eh... hola, Ismael... yo estaba... estaba... ¡hablando con Lomi! –Deyanira señaló a un pequeño escorpión que estaba tomando el sol muy tranquilo sobre una piedra, sin enterarse de nada.
Ismael miró primero al escorpión y luego a Deyanira y llegó a la conclusión de que no quería saber qué estaba pasándole a la aprendiz.
-¿Has visto a Fénix?
-No, ¿por qué?
-¡Deyanira! –Ikki la miraba desde la puerta de la cabaña, con un gesto que solía reservar para sus peores momentos de mal humor-. ¿Has visto a mi hija?
-No, Maestro...
-¡Búscala!
Ikki había dado la vuelta para entrar otra vez a la cabaña, cuando el canto del ave de fuego llegó hasta ellos. El Caballero de Leo volvió a salir.
Así que no había sido su imaginación cuando le pareció escuchar que la armadura de bronce despertaba de su letargo. Realmente había sentido activarse el cosmos de fuego de aquella criatura inmortal que lo había protegido durante su adolescencia y parte de su edad adulta... en cualquier otro momento habría acudido de inmediato, pero había desechado aquel pensamiento... ¿por qué? ¿Por qué no había sentido la necesidad de correr hacia el volcán y presentarse ante el Fénix? La idea de que había dejado de estar bajo la protección del ave de fuego desde el momento en que aceptara la armadura de Leo pasó por su mente para desaparecer borrada por otro pensamiento: el Fénix no lo estaba llamando. El Fénix estaba respondiendo al llamado de alguien más... ¡alguien más estaba tratando de obtener la armadura!
-¡Fénix! –gritó Ikki.
Deyanira e Ismael sintieron un soplo de aire caliente pasar junto a ellos. Un caballero de oro desplazándose a la velocidad de la luz. No hubo necesidad de ponerse de acuerdo, ambos se apresuraron a seguirlo.
China
Tenía que ser una trampa, de alguna manera, no sabía cómo, pero había una trampa en algo de lo que sucedía.
Gabriel estaba completamente seguro de que Anmael estaba burlándose de ellos, y principalmente de Azrael, la facilidad con la que los guiaba por el interior del palacio, la sencillez con la que habían evitado los pocos tecnomagos que montaban guardia por aquella ruta... tenía que ser una trampa.
La misma duda apareció en los ojos de Uriel, Miguel y Rafael cuando los sacaron de sus celdas, era demasiado simple...
-Vámonos –dijo Hyoga.
-Espera, falta alguien –señaló Anmael dirigiéndose a una cuarta celda.
-No, no falta nadie –replicó Gabriel-. ¿Qué es lo que pretendes?
Anmael ya había abierto la puerta.
-¡Esto no puede ser! –exclamó Miguel.
El prisionero que acababa de salir de la celda, mirándolos con inquietud, era Ragüel. El Ángel del Rayo Verde, que se suponía estaba en el Vaticano...
-Pero... ¿qué...? –empezó a decir Gabriel.
-Es correcto –dijo Azrael-, ahora salgamos de aquí.
Gabriel se mordió el labio inferior, fingió no ver la sonrisa triunfal de Anmael y siguió a los demás mientras la Sombra Azul los guiaba a la salida. Si Ragüel (en caso de que realmente fuera Ragüel) estaba prisionero en el palacio... ¿quién estaba en el Vaticano?
Colegio San Pablo
La primera misión de Mitsumasa en el nuevo colegio fue ir a la biblioteca y conseguir los libros que harían falta para que el grupo se pusiera al día con el programa escolar. La lista era bastante larga, pero calculaba que podría solo con el cargamento que tendría que llevarles... sin embargo no le molestó encontrarse con Vadhani y aceptó de inmediato su oferta de ayudarlo con la pila de libros.
Mitsumasa había temido que se le hiciera difícil hacer amigos en Inglaterra, y temía también que el grupo de aprendices se cerrara sobre sí mismo aislándose del resto de los estudiantes, Dhani parecía una persona agradable, y quizá con su ayuda podría conseguir que los demás se adaptaran a su nuevo ambiente.
Marchaban a buen paso hacia la sala de lectura, hablando acerca de Inglaterra y sus respectivos países de origen, Mitsumasa no pudo evitar sorprenderse cuando Dhani comentó que era argentino.
-Pero tu apellido, tu acento...
-Bueno, sí, mi padre es francés.
-Je, creo que ya entiendo lo que querías decir con que tu amigo Ethan es irlandés de padre francés o francés de madre irlandesa...
-Claro ¿y tú qué eres? ¿Griego de madre inglesa o algo por el estilo?
-No, español de padre japonés.
-... Qué combinación tan curiosa.
-Casi todo mi grupo tiene algún pariente japonés y el apellido más frecuente es Kido...
-¿Kido? ¿Tú también eres Kido?
-Sí.
-... ¿Cómo se llama tu padre?
-Seiya Kido.
Dhani dejó de caminar, Mitsumasa tuvo que darse la vuelta para poder verle la cara otra vez... y no resultaba tranquilizadora esa expresión sombría.
-¿Dije algo malo? –preguntó Mitsumasa, inquieto por la mirada extrañamente fría de su nuevo amigo.
-¿Acabas de decir... que tu padre es Seiya Kido? ¿El Caballero de Sagitario?
-Sí, ¿qué...?
-Antes de ser Caballero de Oro, era Caballero de Bronce, ¿verdad? Y su constelación era Pegaso.
¿Cómo era que sabía de eso?
-Es correcto, ¿qué...?
Vadhani hizo un ademán ordenándole guardar silencio. Un gesto imperioso que a Mitusmasa se le antojó familiar de alguna manera. Había visto a alguien actuar así en alguna ocasión, pero no conseguía recordar quién.
-¿Alguna vez escuchaste hablar de un Caballero de Plata llamado Misty de Lacerta? –preguntó Vadhani, con una voz tan fría que Mitsumasa casi pudo sentir cómo bajaba la temperatura en el aula.
-No, ¿debería?
-Quizá. Ese es el nombre de mi padre.
¿El padre de Vadhani era un caballero de Plata? Pero Mitsumasa conocía a todos los caballeros y no había nadie bajo la protección de Lacerta. La mano de Vadhani lo sujetó por el cuello de la camisa, no apretó tanto como para cortarle el aire, pero sí lo suficiente como para hacerlo sentirse alarmado.
-Tu padre mató al mío.
Tal vez sí iba a resultar difícil hacer amigos en Inglaterra.
Isla de la Reina Muerte
Fénix no se sintió aliviada al reconocer a la persona que caminaba a través del fuego, de hecho, empezó a sentir que se le oprimía el corazón, era Terry, vestido con la armadura del Fénix.
La armadura de bronce había cambiado mucho desde la Batalla del Hades, cuando quedó tan dañada que fue necesario encomendársela a Kiki no para que la reparara sino para que la forjara por segunda vez. Habían pasado diez años antes de que el Caballero de Aries consiguiera tener éxito en esa labor. Los colores predominantes eran ahora el rojo y el negro, en medio de los cuales destacaba la silueta de un fénix color bronce.
-¿Terry?
-¿Dulce María?
Sí, era Terry.
Se acercó a él, preguntándose qué decir, cómo actuar...
-Gracias por venir a recibirme –dijo él.
¿Acaso el universo se estaba volviendo al revés?
-¿Estás bien?
-No. Pero es justamente lo que esperaba, así que no es tan grave.
-Bien, ya tienes lo que querías, ahora regresemos al Santuario –dijo Lilith con voz fría, algo que debería haber sido imposible en medio de ese calor.
Terry no respondió, Lilith frunció el ceño, quizá tendría que ponerse dura con el chico.
-Déjalo en paz –dijo Fénix repentinamente.
Lilith tuvo que realizar un gran esfuerzo para no mostrarse sorprendida cuando la muchacha rodeó los hombros de Terry con un brazo, en actitud protectora, mientras le lanzaba a ella una mirada de furia.
-¿Has pasado mucho tiempo al sol, Dulce María? –preguntó Terry, con cara de disgusto, pero sin hacer nada por apartarse de ella.
Fénix lo ignoró, tenía la mirada fija en Lilith.
-Da la casualidad de que este imbécil sobreprotegido es mi primo y molestarlo es uno de mis deberes para con la humanidad, algo de lo que me puedo encargar sin tu ayuda, bruja.
Lilith se encogió de hombros.
-Ustedes son un fenómeno interesante. Tal vez convendría estudiarlos un poco más... sobre todo porque no hay ningún parentesco real entre los dos... ¿O es que tú sabes algo de lo que yo todavía no me haya enterado, Dulce María?
Fénix apretó los puños y estuvo a punto de lanzarse contra la amazona, pero Terry la detuvo a tiempo. Lilith sonrió.
-Parece que toqué un punto sensible.
-Debo marcharme –dijo Terry.
-¿Que te vas? ¿A dónde?
-No lo sé, sólo sé que tengo que irme.
-¿Vuelves al Santuario o a Andrómeda?
-A ninguno de los dos, si lo hiciera, tendría que ver a Esmeralda.
-¿Y eso qué? –preguntó Lilith con una sonrisa-. No estuvo aquí para impedir que obtuvieras la armadura.
-¿Y por qué habría de impedirlo? –preguntó Fénix, confusa.
-Esa es su misión en la vida –dijo Lilith.
-Y por eso mismo no quiero verla –interrumpió Terry, para luego ignorar de nuevo a Lilith y dirigirse a Fénix-. ¿Por qué crees que elegí al Fénix, habiendo otros signos de fuego? No fue por el poder de la armadura ni por su capacidad de renacimiento, ya poseo ambas cosas en una medida que esta arrogante ave no es capaz de comprender por la simple razón de que está demasiado concentrada en sí misma como para poder ver más allá de sus propias llamas, en verdad tuve que esforzarme para no reír cuando habló de su antigüedad y su poder... No, Dulce María, la razón por la que elegí al Fénix es porque puede sobrevivir en solitario.
-¿Eh?
-La mayor parte de las armaduras necesitan apoyarse unas en otras, forman familias siguiendo las constelaciones y se relacionan con las demás ya sea por amor o por odio. Hay relación entre Leo, Aquila, Sagitta y Heracles, entre Ursa Major, Ursa Minor, Orion, Böotes, Escorpión y Canes Venatici, de la misma manera que hay relación entre Casiopea, Cefeo, Cetus, Perseo, Andrómeda y Pegaso... la mayor parte de las armaduras necesitan la presencia de alguna otra para desarrollar todo su potencial, sólo unas pocas son capaces de sobrevivir en solitario, y de ellas Fénix es la única de fuego que estaba disponible.
-Bueno, entiendo eso, ¿pero por qué tienes que estar solo? ¡Si eres sólo un chiquillo y muy mimado además!
La risa de Terry no había perdido para nada su cualidad irritante.
-¡Qué bien me conoces! Cierto, nunca he estado solo, pero ahora necesito estarlo. No voy a dejar que un hada desperdicie sus flechas conmigo ni voy a darle a mi hermana la oportunidad de sacrificarse por mí, eso es todo. Y, por cierto, primita, tú no eres la persona más adecuada para recomendarme que no me vaya... es más, creo que es mejor que saques a tus amigos de aquí antes de que Lilith encuentre cómo llevarlos a ese laboratorio que tú sabes...
Soltándose del brazo de Fénix con rapidez, Terry la envió lejos de un empujón. Lilith gritó con furia al darse cuenta de lo que pensaba hacer y, tomando su escudo, invocó el rostro de Medusa, pero era tarde: Thiérry del Fénix había desaparecido junto con el fuego, sólo quedaban las rocas fundidas como un recuerdo de la prueba que acababa de ser superada ahí.
La amazona de plata, todavía empuñando el escudo, miró con fijeza a la guerrera del Zodiaco Chino.
Alguien iba a tener que pagar por la huida de Terry.
Continuará...
Notas:
Hay un momento en el que el Fénix llama "pollito" a Terry, no sé cómo será en otros lugares, pero en Costa Rica le decimos "pollitos" a los niños pequeños. Por supuesto, el Fénix está siendo bastante despreciativo, pero la expresión normalmente es muy cariñosa.
C'est vrai:"Es cierto".
Roma Mater, Roma Dea: "Madre Roma, Diosa Roma". Dos de los apelativos con los que los romanos se referían a su ciudad.
