Cap. 10

No les había quitado la mirada de encima en toda la maldita velada. Cualquier movimiento, cualquier risa, sonrisa o gesto facial en general, ¡Incluso hasta cuando parpadeaba! Sentía sus ojos sobre ella, captándolo todo. Absolutamente todo.

Tratando de escapar un poco del arduo, y autoproclamado, trabajo de Kakashi como su vigilante personal, Sakura se escapó junto al Uchiha menor hacia la barra. Sip, estaba actuando como una cobarde; pero dudaba poder seguir frente a Kakashi sin asestarle un puñetazo o besarlo sobre la mesa.

Los taburetes eran cómodos y había una distancia mínimamente respetable entre cada uno, pero si quería joderle la vida al peligris, tendría que provocarle solo un poquiiito más. Acercó un tanto el taburete donde ella estaba sentada al del pelinegro y se puso de espaldas a la barra, observando así todo el lugar. Pero evitando la mesa que antes compartían en grupo.

-¡Y allí estaba de nuevo!-

Esa desagradable sensación de que cuando ella se despistara un poco, Kakashi atravesaría a Sasuke con un Chidori o enviaría a Pakkun a morderlo. El pelinegro sentía la potente mirada de alguien sobre él, pero optó por, simplemente, dejarlo pasar.

Sakura se acomodó mejor en su asiento y le sonrió a Sasuke.

Era hora de que Kakashi Hatake muriera de celos.

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Maldito mocoso Uchiha.

Esos dos estaban muy juntos para su gusto.

-¿Saben que pie- pienso?...- hipó Naruto, se notaba que había excedido solo un poco con las copas. -...Era hora de que Sas-Sasuke hiciera algo con respecto a Sakura-chan.-

¿Hacer algo? Oh no, eso si que no lo permitiría... Arrastraría a Sakura hasta su casa y la amarraría en una silla de ser necesario.

Mientras hacía planes asesinos en contra de su ex-alumno pelinegro, un grito de júbilo lo sorprendió. Cuando dirigió su mirada hacia donde todos los miembros de la mesa estaban mirando, se quedó de piedra.

Sasuke estaba...

-¡Bien guardado que se lo tenían!- exclamó Ino.

Sangre. En definitiva, allí correría sangre. No le importaba si había sido su alumno, no le importaba que fuera el último Uchiha con vida, no le importaba si Tsunade lo castraba al día siguiente. Todo eso valía la pena si lograba asesinar al chico pelinegro lenta y dolorosamente.

El estúpido niñato acababa de besar a Sakura.

¿Es necesaria su muerte? Así me tardaría más en alejar a Sakura de Sasuke, le daría oportunidades de escapar a la pelirosa y mancharía mis manos de sangre...- pensaba maléficamente Kakashi mientras se acercaba con rapidez hacia los chicos que seguían en la barra.

-¡¿Que te crees que haces?!- chilló La ojijade mientras la tomaba por el brazo y la arrastraba lejos de ese lugar.

-Kakashi, se puede saber ¡¿Qué coño estas haciendo?!- preguntó el Uchiha. Sobra mencionar que el peligris le envió una mirada de esas que matan y que Sasuke, teniendo dos dedos de frente, se calló y optó por no interponerse en su camino. Aunque eso no le impidió asesinarlo con la mirada.

Me vale mierda lo que haga...- pensó Kakashi.

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-¡Está furioso, Sakura! Definitivamente, no dejaré que hagas más planes de ese tipo.- comentaba toda enfurruñada Inner Sakura.

-¿Qué se supone que debería haber hecho, señorita sabelotodo?-

-Lo que sea que no hubiera puesto a Kakashi de ese modo.-

La pelirosa desvió la mirada hacia Kakashi, quién caminaba aún delante de ella y aprisionaba su brazo como si se le fuera a escapar en cualquier momento. Aunque, pensándolo bien, tenía razones de sobra para hacerlo. Sus hombros se notaban rígidos y su caminar era tenso. El peligris, en palabras generales, emanaba un aura peligrosa que la gente inteligente debería evitar.

Pero Sakura no se daría por vencida en su posición. Ellos no eran nada, y, por lo tanto, la pelirosa tenía el derecho de hacer lo que quisiera y con quién quisiera. ¿Cierto?

-Yo lo estoy comenzando a dudar...-

-FlashBack-

Seguía en la barra con el Uchiha menor, observando a Kakashi de reojo y contando cuantas miradas asesinas podía lanzar en un minuto, cuando de pronto se le iluminó la mirada, era más bien un pequeño destello que no duró demasiado. En ese justo momento supe que estaba ideando algo siniestro.

-Sakura…- escuchó el susurro de Sasuke cerca de su oído.

-¿Si?-

-Es Kakashi, el hombre del que me hablaste… ¿No es así?-

Los colores se le subieron a la cabeza con rapidez, a veces se le olvidaba que Sasuke era un maldito genio. Aunque Kakashi halla hecho su aporte gracias a sus (in)discretas miradas.

-Sí…- susurró y bajó la vista un poco.

-Tengo un plan para joderlo un poco, ¿te apuntas? - Sasuke estaba peligrosamente cerca de su cara. Dirigió otra mirada fugaz sobre su hombro hasta Kakashi. Seguía mirándolos con un semblante aterrador y aura asesina.

-¿Hn?- devolvió su vista hacia el pelinegro algo extrañada, pero asintiendo con la cabeza.

-¿Prometes no enojarte, ni golpearme o algo por el estilo?-

-Si, lo prometo.- en definitiva, la paciencia no era su mayor virtud.

-Bien.-

No le dio tiempo a reaccionar de algún modo antes de sentir el impacto de los labios del pelinegro contra los suyos. Un silbido de aprobación y un grito de Ino retumbaron en el aire, antes de que Sakura se sintiera arrancada del abrazo de Sasuke y éste le guiñara un ojo.

-Fin del FlashBack-

Llegaron frente a la puerta de la casa del jounin, quién volteó la cabeza para enfocar a Sakura. La chica se encontraba hundida en sus pensamientos. Abrió la susodicha puerta de una patada, tan fuerte que cree la desencajó de sus bisagras, pero poco le importó. Él entró primero con Sakura aún sostenida por su brazo con firmeza.

Tiró la puerta con el mismo gesto de hace unos segundos y corrió hacia su sala de estar. Aventó con suavidad a Sakura, para que callera sentada en el sofá negro y mullido que adornaba el centro de la estancia. Pasó una mano por su desordenada cabellera gris en un gesto evidente de frustración.

-¡¿SE PUEDE SABER A QUE COÑO VINO TODO ESO?!- gritó furioso, paseando como loco de un lado a otro.

-Hn...- fue la respuesta de la chica, mientras alzaba los hombros con indiferencia -Recuerda Kakashi, tú y yo no somos nada... Nunca lo fuimos.- susurró esto último y miró a sus ojos jades. Estaban desprovistos de su chispa cautivante. En su lugar había un aura de tristeza profunda.

Maldijo sintiéndose culpable.

Kakashi estaba tenso y Sakura a punto de romper a llorar. El ambiente se encontraba cargado y tenso. Aparte del silencio incómodo que le pisaba los talones. Como el peligris estaba absorto en sus pensamientos, Sakura escogió ese momento para escapar, deslizándose lo más silenciosamente posible en dirección a la puerta. Pero, se le olvidó que Kakashi Hatake era uno de los más experimentados jounins que pudiera haber. Así que apenas y parpadeó cuando tenía su musculoso brazo derecho impidiendo su salida.

-¿Donde crees que vas?- siseó, mirándola con fijeza.

Está furioso.- fue el pensamiento pasajero de Sakura.

-Eso no es de tu interés, Hatake- soltó venenosa encarándolo.

¡ERROR!

¡Fue la mayor tontería que pudo haber cometido! Pero en su defensa, lo dijo antes de que el filtro de palabras que mantenía en constante funcionamiento para evitarse problemas como estos, hiciera su trabajo.

El peligris sonrió cínicamente, mostrando su sonrisa de lado.

-¿Segura, Sakura-chan?- se acercó un poco a su cara.

-Segura.- devolvió el gesto, desafiante y poco dispuesta a dejarse vencer.

-Como se nota Sakura...- acercó su rostro otro poco. Y más. Y más. Hasta que casi no quedaba espacio entre sus labios y su aliento susurraba en la cara de la chica -, que no me conoces tanto como crees.-

Bajo su máscara con lentitud y le dejó ver esa sonrisa de macho dominante y confiado. Estúpidamente linda.

¡Maldito sea el Ninja copia y su sonrisa que hasta cuesta enojarse con él!

Apenas sus labios se rozaron, Sakura supo que había perdido la batalla.

El beso comenzó con una simple caricia, tierna y superficial. Pero poco a poco decidieron aumentar el nivel. Sakura pasó sus brazos alrededor del cuello masculino y Kakashi rodeó su cintura, apretándola más contra él. Ella pasó la punta de su pequeña lengua por los labios de Kakashi, y pudo sentir su pecho llenarse de orgullo al notar como el hombre se estremecía y un pequeño gruñido quedaba atorado en la mitad de su garganta. Le encantaba ser la que provocara eso en el peligris. El agarre en su cintura aumentó, y Kakashi, ni corto ni perezoso, entreabrió los labios otro poco, dejándole el camino libre hacia su boca. Lo que Sakura no desperdició. Estaban enfrascados en el beso que mantenían con sus lenguas peleando por ver quien dominaba, desobedeciendo lo que a los ojos de las demás personas estaba mal.

Él era mayor que ella por mucho. Había sido su maestro por años, y tenía toda una vida recorrida. Ella comenzaba a vivir la vida.

Pero les valía una mierda. Todas sus vidas estaban basadas en reglas. Que hacer, como vestir, cuando comer, cuando entrenar, a que hora dormir, que misión realizar…

Era tiempo de soltarse un poco, y hacer lo que el corazón mandara.

Poco a poco, los besos de Kakashi fueron descendiendo hasta el cuello femenino, ganándose como premio varios suspiros de placer. Sus manos acariciaban los costados de la chica; luego posó una en la cadera mientras con la otra deslizaba suavemente la blusa, acariciando y activando cada terminación nerviosa a su paso.

Sakura buscó su boca para volver a fundirse en otro apasionado beso. La pequeña mano izquierda descansaba en la mejilla rasposa de Kakashi, y la derecha jugueteaba con los cortos cabellos de la nuca. Se separaron lo justo para respirar un poco y Sakura observó el ojo de Kakashi. Oscuro y profundo, dictaba una devoción que no había visto antes, junto con la lujuria ardiendo de fondo. Logrando excitarla a niveles insospechables. De un tirón, Kakashi sacó su blusa rosada y la tiró en algún lugar del piso. A Sakura no le importó en lo más mínimo. Justo en ese momento ella estaba ocupada sonrojándose por la ardiente mirada que le dirigía Kakashi a sus pechos casi desnudos. Aunque, y sin querer quedarse atrás, retiró a toda prisa el chaleco y la camisa del jounin, observando embelesada el maravilloso cuerpo que se gastaba. Su enorme pecho bien formado y amplios hombros, junto con un abdomen de concurso. Aprovechó también el momento en que el peligris volvió a besar su cuello para retirarle la banda que los señalaba como ninjas de la aldea. En cosa de segundos, todo eso acompañaba a la ropa anteriormente desechada en el piso de la sala.

-¿Te diviertes?- dijo burlón, alzando la mirada.

-No tanto como tú, querido.-

Volvieron a besarse mientras se aseguraba de pasear con libertad sus manos por todo el torso recién descubierto, hasta llegar a la cinturilla del pantalón, luego las alejaba y repetía el camino. Bajó su boca por su mandíbula, dándole pequeños mordiscos y ligeros besos; se desvió hasta su oreja, donde hizo lo mismo y gimió al sentirlo estremecerse y presionar sus caderas contra las suyas.

-Sakura…- soltó su nombre en un suspiro.

Ella ignoró por completo su reacción. Estaba dispuesta a conseguir más que un simple suspiro. Siguió descendiendo hasta su cuello, besando y mordisqueándolo; asegurándose de dejarle unas pequeñas marcas de propiedad al pervertido y exasperante peligris que le robó el corazón. Bajó hasta su pecho y continuó su tratamiento. Kakashi respiraba agitadamente y sus manos aprisionaban con más fuerza la cadera de Sakura.

-¡Agh!- fue más bien un gemido incompleto por parte del peligris cuando la chica atrapó traviesa uno de sus pezones en su boca. Movía su lengua alrededor de él y luego succionaba un poco. Sus manos se encargaban de desabrochar el pantalón que llevaba en esos momentos y de camino, rozar la enorme erección accidentalmente. Terminó su trabajo con la odiosa prenda y lo dejó solo en bóxers.

Oh, los dioses se apiadaron de todas las mujeres al traerlo a la tierra.- pensó, comiéndose con la mirada el enorme bulto que sobresalía de entre sus piernas. Dejando de lado su actitud pasiva, Kakashi rodeó los muslos de Sakura y la obligó hacia arriba, ella por instinto, pasó las piernas alrededor de su cadera.

-Kakashi…- le fue imposible detener el gemido que acompañó a ese nombre. Cuando sus sexos entraron en contacto casi sentía que se desmayaba. Jamás le había sucedido algo similar. Aunque tampoco es como si hubiera estado con un dios del sexo como Hatake, tampoco. Sakura estaba bastante segura de que sus gemidos irían a escucharse en la oficina de Tsunade, cuando Kakashi comenzó a frotarse contra su centro. Podía escuchar los jadeos entrecortados del ninja copia y eso solo acrecentaba el calor que sentía por dentro.

Buscaron sus bocas para enlazarse, nuevamente, en un beso feroz. Las embestidas iban en aumento, como si quisieran romper la barrera temporal que les imponía la ropa. Que les impedía calmar lo que sus cuerpos deseaban con ansia. La respiración de Sakura se agitaba cada vez más, al igual que la de Kakashi. Ella sintió el momento en el que el peligris paró sus movimientos para seguir besándola. Emitiendo un pequeño sonidito de protesta, Sakura volvió a mecer sus caderas contra Kakashi, buscando la fricción que los liberaría a ambos. Ahogaron el gemido del otro en el beso.

-Aún tienes mucha ropa.- alcanzó a decir el peligris luego de separarse.

-Eso tiene s-solución…- jadeó Sakura, lo que solo sirvió para que el nivel de excitación creciera otro poco.

Kakashi la despegó de la pared para encaminarse hacia su habitación. En apenas unos segundos, estaba recostándola y bajando sus estorbosos pantalones; él acarició sus largas y torneadas piernas en el camino. Al deshacerse de la prenda, siguió el contorno interno desde sus tobillos, subiendo por la pantorrilla y jugueteando en la parte interna de sus muslos pálidos. Al estar a unos cuantos centímetros de tocar su centro, el hombre desvió sus expertas manos hasta la cadera, burlándose de ella.

-Kakashi…- fue entre una súplica, un regaño y un gemido.

-¿Dime?- susurró el peligris.

-Por favor.-

Él colocó las manos en la elástica de sus bragas negras con encaje, a juego con el molesto sujetador que seguía en su lugar. Kakashi gruñó algo inentendible y sentó a Sakura en medio del colchón. Desabrochó rápidamente la prenda y la tiró a un lado de la enorme cama… sin dar tiempo a nada, atrapó uno de los pequeños pezones rosas en su boca. Sakura arqueó su espalda en busca de más de ese atrevido contacto. Una de las callosas manos masculinas trabajaba en el otro pecho, mientras la otra se entretenía acariciando sus largas piernas.

Casi perdiendo la poca cordura que le quedaba, se deshizo por completo de la última prensa que resguardaba lo último del pudor de Sakura. Kakashi levantó un poco su cuerpo para observar mejor a la hermosa mujer que tenía debajo de él, y lo que vio lo dejó sin aliento. El cabello rosado formaba un halo alrededor de su cabeza, esparcido en la tela negra y contrastando con ésta. Las mejillas sonrojadas y los labios rojos e hinchados a causa de los besos. Como su respiración era rápida, el pecho subía y bajaba con movimientos cortos, haciendo más provocativas las dos cumbres enrojecidas por las caricias propiciadas. El hombre besó tiernamente sus labios una vez más, y comenzó a descender hacia sus pechos, bajó hasta el abdomen y llegó al vientre.

Dejó pequeñas mordidas en ese lugar, que luego calmó al pasar la punta de su lengua. Sin ir más abajo o hacer nada por disminuir el ardor de la parte baja de Sakura, quién estaba desesperada por un poco de contacto.

-Kakashi…- El aludido alzó su cabeza desde el vientre femenino y la miró divertido. –No tan lento…-

-Calma Sakura-chan, no seas impaciente.-

El muy idiota se estaba burlando de ella libremente. Pero ya sabría quién era Sakura Haruno.

En un brusco y rápido movimiento, Sakura empujó a Kakashi sobre el colchón y se subió en sus caderas, quedando a horcajadas sobre él. Kakashi la miró con deseo y ella sonrió seductora. La mujer comenzó un vaivén desde su posición, logrando una perfecta fricción y dejándole saber cuanto lo deseaba, al restregar con destreza su húmeda cavidad contra la rígida erección que seguía enjaulada. Kakashi posó sus manos en la cintura de Sakura, incitándola a moverse más rápido, cosa que ella obedeció gustosa. La letanía de gemidos roncos, emitidos por Kakashi, competían con los de Sakura. El peligris alzaba su ingle y rozaba con más fuerza el centro de la pelirosa, quién al sentir como Kakashi se tensaba, detuvo el movimiento en seco, ganándose una mirada suplicante.

-¿Qué pasa?- jadeó, como si no hubiera estado ella misma a punto e correrse.

-Por favor…- Sakura se sorprendió un poco. La voz del jounin sonaba totalmente ronca y oscura, llena de deseo y peligro.

-Por favor, ¿Qué?- la pelirosa estaba disfrutando de lo lindo al tener a Kakashi casi suplicándole. Cosa que duró muy poco.

En instantes, su mundo dio un giro inesperado, teniéndolo de nuevo sobre ella.

-Tengo que estar dentro de ti. Ahora.- jadeó él. Sakura asintió impaciente, ansiaba sentirlo en su interior y que hiciera algo con ella, que estaba al borde del abismo.

Kakashi bajó su bóxer, Sakura, sin poder evitarlo, dirigió una mirada furtiva al miembro masculino. Desorbitó los ojos y un gemido lastimero salió de su garganta. El hombre definitivamente estaba para comérselo por todos lados.

Él volvió a posicionarse sobre ella, y el simple roce de su glande contra su entrada húmeda se sintió como la gloria. Sakura gimió fuertemente y se aferró a su espalda. Kakashi soltó su aliento en un silbido desigual.

-Hazlo…- susurró ella, moviendo su cadera con desenfreno.

Kakashi tomó su pene con la mano y comenzó a pasear la punta sobre la vagina de Sakura, produciéndole escalofríos y aumentando sus ganas de sentirse dentro de ella. Hizo un poco de presión sobre su clítoris y Sakura gritó.

-¡Por favor!-

Él sonrió.

-Como ordenes…- su voz salió demasiado ronca para su gusto. Se había entretenido más de lo que acostumbraba en los preliminares, pero había valido cada segundo de ese tiempo. Dirigió, ahora sí, su miembro hasta la estrecha entrada del cuerpo femenino y la penetró de una sola estocada. El gemido que emitió Sakura fue música para sus oídos, pero tuvo que detenerse al sentir la calidez que lo rodeaba de repente, fueron muchas sensaciones a la vez, y sabía que si movía un músculo, iba a correrse antes de que empezara a ponerse buena la cosa. Pero, antes de iniciar las embestidas, una duda lo asaltó con ferocidad.

-¿Eres…virgen?- medio preguntó, observando su cara contraída por el placer.

-No.- murmuró ella.

Saber eso lo irritó a niveles insospechados. Tal vez no hubiera sido su primero, pero estaba dispuesto a ser el último hombre que la tocara tan íntimamente.

-¿Quién?-

-¿En serio quieres hablar de eso en este momento?-

-Si… espero tu respue… ¡Ahg!- Sakura movió sus caderas, llevándolo más profundo y arrancando y gruñido de su garganta.

-Sigue…-

Ya se encargaría de arreglar eso luego.

Kakashi comenzó con un ritmo lento y acompasado, tratando de alargar el momento de contacto entre ellos. Pero, estando ambos a punto de correrse, era bastante difícil. Sus corazones latían rápidamente y al compás del otro.

-Te… amo.- gimió de repente la pelirosa. Él se detuvo por un instante y miró su cara.

Los ojos jade fueron abriéndose con lentitud y la timidez los desbordaba en ese momento. Kakashi sintió su pecho inflarse con algo cálido y juró atesorar en silencio ese primer te amo pronunciado.

-También te amo, Sakura.- juntó sus frentes, y vio rodar una lágrima desde la comisura izquierda se su ojo, la limpió con su pulgar y besó sus párpados. Ella movió su cadera con ímpetu y Kakashi reanudó sus embestidas.

Se fundieron en un pasional beso que los elevó hasta la máxima potencia. Sonidos húmedos resonaban en la habitación y una sarta de jadeos y gemidos hacían el coro susurrante. Sakura apretó su agarré en la espalda masculina, sintiendo su orgasmo muy cerca.

-Más rápido…- gimió la pelirosa.

Kakashi se atrevía a pensar que su pequeña chica de ojos verdes era una fierecilla hambrienta en la cama, y agradeció su suerte una vez más. Los gemidos de Sakura retumbaban cada vez más fuerte y la necesidad por llegar al clímax era evidente en los dos. Aumentó la velocidad en sus caderas, ya no había tiempo para sutilezas. Ella quería más. Él quería más.

No había nadie para impedírselo.

-¡Kakashi!- gritó Sakura. El aludido sintió las paredes vaginales apretarle dolorosamente su miembro y, aún así, siguió moviéndose hasta alcanzar el éxtasis.

-Sakura…- susurró a su oído, mientras se corría dentro de ella.

Cayó sin fuerzas sobre el pequeño cuerpo, cuidando de no aplastarla demasiado. Abrazó protectoramente a la chica y ésta le devolvió el gesto. Así pasaron unos minutos hasta que sus respiraciones volvieron a la normalidad: Kakashi se arrastró hacia un lado de la cama, llevándose a Sakura con él. Sus cuerpos seguían unidos cuando la pelirosa recostó su cabeza contra su pecho.

-Eso… fue increíble.- dijo por fin, levantando la cabeza y mirándolo a los ojos bicolores.

Kakashi rió ante la declaración espontánea, pero asintió solemnemente.

-Te amo…- murmuró él, acercando sus labios a la boca de la chica.

-Y yo a ti.- ella terminó la distancia y se besaron con ternura. -¿Sabes?- sonrió traviesamente –Yo aún tengo energía…- y movió su cadera soltando un gemido sensual, que logró excitarlo nuevamente en su interior.

-Bueno, pues aprovechemos que la noche es joven.- contestó Kakashi, alzando la cadera y penetrándola otra vez, con más intensidad.

Los dos estaban decididos a disfrutar sus vidas. No sabían que pasaría el día de mañana, pero estaban seguros que si lo enfrentaban juntos, todo saldría bien. ¿Qué importaba lo que diría la gente sobre ellos? Se querían y eso era suficiente para ambos. De seguro serían la noticia del año en la aldea, pero, les daba igual.

La vida es una sola. Hay que vivirla y disfrutarla mientras se pueda.

Al terminar la segunda ronda, Sakura cayó extenuada sobre la cama, ya mañana se encargarían de dar a conocer la maravillosa noticia a sus amigos. Pero por hoy y esa noche, solo se pertenecían el uno al otro.

Fin.