Los personajes pertenecen a Mentes Criminales. Las letras en cursiva son pensamientos de JJ. Gracias por leer y comentar como siempre. Capítulo dedicado a Calzonaobessed, Justfocus, Alice-Valentine, Vaniap0211 y Amanda. Espero que lo disfrutéis. Un beso.


En su habitación de hotel, bien entrada la madrugada, escuchando a Philip Glass, mirando una foto de su móvil, sola. Y es que las notas de ese piano perfectamente afinado, la devolvían a tres noches atrás cuando acompañada de la morena estaba viendo la película "The Hours".

Tres mujeres de tres distintas épocas unidas por un solo libro. La infelicidad de Laura Brown siendo una ejemplar ama de casa con un gran secreto: está enamorada secretamente de su vecina; la locura de Virginia Woolf tartamudeando las frases de su libro, viviendo en su mundo de papel y tinta; y la soledad de Clarissa Vaughan, o la señora Dalloway, entre tanta gente, entre tanto lujo, entre tantas flores…excepto cuando está su verdadero amor, Richard.

Y para JJ, su Richard es Emily. Y lo sabe. Sabe que es ese rayito de luz que se cuela entre tanta oscuridad, sabe que es su alegría entre tanta tristeza, su vida entre tanta muerte. Sabe que sus besos son la mejor cura a todos los problemas, que su sonrisa es su guía en el camino, y que sus ojos…Sus ojos son el reflejo de su alma.


FLASHBACK

Recuerda como al día siguiente antes de ir a trabajar, le había despertado con un "JJ, creo que compraré las flores yo misma", emulando la primera frase de toda la película. Aún estaba remoloneando en la cama cuando la morena volvió a la habitación con un ramo de rosas de un color naranja intenso.

-No había rojas del amor, así que te traigo naranjas…como el color del cielo cuando amanece. Te traigo tu amanecer particular junto a mí.

Y JJ la besó despacio pero profunda e intensamente. Notó el sabor del café amargo y del carmín rojo que llevaba Emily. Se separó lentamente y se asomó al precipicio de la mirada de su chica. Deseo. La volvió a besar, sin esperar a que la morena se lanzara. Más lengua, más húmedo.

Le agarró las solapas de la camisa la Emily y la obligó a que se recostara en la cama con ella encima. Si había algo que le volviese loca a Emily, era la boca de JJ, le daba igual si fueran besos, lamidas o mordiscos. Sentía esa corriente eléctrica que le cruzaba toda la espalda, que hacía que sus pezones despuntaran y que su humedad palpitante creciera. Y JJ también sabía eso.

Atacó su cuello sin vehemencia, dejando una pequeña marca. Las caderas de Prentiss ya empezaban a moverse, buscando una fricción que encontraba placenteramente contra su novia. Su respiración, cada vez más entrecortada y mas fuerte eran otro signo de la excitación de la morena.

Por ésta vez no la hizo esperar. Desabrochó su impoluta camisa blanca, despacio, torturándola un poco y dejando besos por cada nueva zona que descubría. Con más ansia desabrochó el sujetador de la morena, deleitándose de sus pechos desnudos. Le encantaban. Se llevó un erecto pezón a la boca mientras que con la otra mano masajeó el otro. Suspiros, gemidos, labios mordidos y una súplica: "Baja más".

Porque cuanto más pensaba Emily en donde terminaba el camino de besos de JJ, más urgencia le entraba por sentirla ahí. En su centro.

- Por favor Jennifer.

La rubia fue compasiva, no se entretuvo más. Abrió el botón, bajó la cremallera y de un tirón le arrancó los pantalones. Observó un instante lo sexy que estaba Emily: Medio recostada en la cama, con el pelo un poco alborotado, las mejillas sonrojadas, los labios hinchados, con los pechos apuntándola y con unas braguitas negras de encaje. Y JJ sintió como su propia ropa interior se mojaba.

Le dejo un beso en el hueso de la cadera, le mordió los muslos y le lamió por encima de la prenda. Y Emily ya se retorcía. La desnudó completamente. Y su sexo brillante y palpitante parecía que la llamaba. Y fue. A escasos milímetros del mismo pero sin llegar a tocarle. Sopló.

Y Emily golpeó el aire en un vano intento por aliviarse un poco. Succionó un poco el clítoris, que estaba gordito y a la vista. Y por supuesto húmedo. Lamió primero despacio, después deprisa. Y Emily ya estaba a punto de correrse. Lo sabía porque empezó a tensar las piernas, y su sabor se volvió un poco amargo. Y como estoque final, la remató metiéndole la lengua en su centro, una y otra vez.

Le agarró el pelo, como siempre hacía y segundos después llegaban los espasmos. Y las frases incoherentes que intentaba articular Emily. Y como siempre detrás de la tormenta llega la calma. JJ volvió a mirar a la morena, desnuda en su cama y entregada a ella. Y una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro.


"Has sido en todos los sentidos todo lo que uno puede ser."

Eso era Richard para Clarissa. Eso era Emily para JJ. Una misma persona que es múltiples personas: un compañero, un amigo, un amor. Esas tres palabras son las que mejor podría englobar todo lo que la morena significa para la rubia. Aunque quizás había una más acertada, felicidad.

"Tú me has dado la máxima felicidad posible" Sí, Emily Prentiss es mi felicidad. Lo es todo para mí.

Las dos frases, ambas de Virginia Woolf dedicadas a su marido Leonard, resumían lo que JJ sentía respecto a Emily.


FLASHBACK

Se estaban vistiendo con la mayor velocidad que podían, ya que si se retrasaban mucho más llegarían tarde al trabajo, cuando JJ se paró en medio de la habitación a medio poner los zapatos cuando le preguntó a su morena:

-¿Crees que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotras en este tiempo que llevamos juntas?

-No lo sé, JJ. Mira que te gusta la película esa, ¿eh?

- Con lo romántico que te ha quedado el ramo de flores, ahora vas y la fastidias, como siempre.

- Está bien… En este año y medio que llevamos juntas, "no creo que dos personas pudieran ser más felices de lo que lo hemos sido nosotras"... ¿Contenta?

-Si lo dices así, no y lo sabes.- dijo JJ señalándola con el dedo.


Al menos este año y medio, no creo que dos personas pudieran ser más felices de lo que lo hemos sido nosotras. No, no creo no. Estoy segura.

Y así, con más recuerdos golpeándole el corazón, pasó la mayor parte de la noche la rubia. Y en los últimos instantes que estuvo despierta sonrió entre lágrimas, acordándose de la morena y en la felicidad que le había regalado pero sabiendo que ya no era la de ella.