Notas al final
Disclaimer: Todo personaje de Kuroko no Basket le pertenece a su respectivo autor
Capítulo X
Confusión
Nuevamente daba vueltas en mi cama, buscando de forma desesperada caer dormido. Aquella cena en casa de Ryouta me había hecho sentir la calidez de una familia amorosa; en dónde no hay huecos; en donde una mirada basta para saber que aquella familia goza de felicidad (o al menos esa fue mi impresión). Sentí nostalgia al ver los padres de Ryouta sonriendo de forma sutil cada que se miraban, desbordando amor en cada acción y palabra. Mi familia era pequeña, seria y con un silencio que a veces me desesperaba pero al que terminé acostumbrándome. Mi casa era un intermedio entre lo frío y lo cálido. Mamá y papá se amaban, de eso no tenía duda, pero era un amor silencioso y hasta invisible. Yo recibía mimos de mamá: por las noches ella me solía cantar, me besaba la frente y me deseaba dulces sueños; papá siempre mostró un lado duro, pero había ocasiones en las que mostraba su interés por mí, mediante regaños que ocultaban su miedo a perderme.
Me giré por milésima vez en mi colchón quedando bocabajo viendo hacia la ventana. A veces me dolía vivir solo, en una casa tan vacía y fría. Cuando dejé a Ryouta en el pórtico de su casa, mi cuerpo se estremeció por el aire frío, la sensación de no querer abandonar aquella casa se instauró en mí pero luché por seguir adelante. En mi mente se reproducían cual película todos los momentos que viví ahí, desde la noticia de que Ryouta era homosexual hasta el instante donde le estreché entre mis brazos.
La sensación de su calor aún prevalecía y era un incentivo para querer volver a verle. Cuando recordé el momento en que estuve a punto de besarle, un calosfrío recorrió mi espina y un calor en mis mejillas fue el causante de que me molestara por actuar de aquella manera. No tenía idea de por qué quise besarle, de hecho sí iba a hacerlo pero… reaccioné y me detuve justo a tiempo. Mi corazón, en aquel momento, palpitaba desbocado llegando a fastidiarme que no pudiera calmarse. Yo nunca había sentido aquella necesidad de besar a alguien, no es que fuera primerizo pero era distinto. Para mí fue algo nuevo ver mi cuerpo querer buscar algo en aquellos labios, un no sé qué que parecía llamarme.
Llevé mis dedos a mis labios, delineando un poco mi labio inferior. ¿Por qué quise besarle? ¿Acaso él me gustaba? ¿Qué sentía por él? Los dos éramos conscientes de cuánto camino nos hacía falta recorrer para poder tener una relación más estrecha. Era bastante lo que nos faltaba y era conflictivo saber que estaba esa promesa de "confiar en mis palabras" de por medio. Cerré mis ojos mientras suspiraba con desgano, en mi interior había un revoltijo de emociones y pensares, era una confusión nata. Ese tipo de confusión que por más que busques respuestas nunca te serán respondidas.
Mi alarma sonó, anunciando que era hora de levantarse y prepararse para ir a la escuela. Lo bueno era que por fin era viernes, día tan anhelado por todos. Con pereza me levanté, cual imbécil me fui a duchar y a arreglarme para irme a la dichosa escuela. Al salir y comenzar a caminar comencé a debatirme en si debía ir por Ryouta o irme por mi cuenta a la escuela, pero, para cuando menos me di cuenta, me encontraba fuera de su casa. Resoplé de forma sonora al verme ahí: de pie, esperando a que aquel rubio, que me confundía, saliera con muleta bajo el brazo. Torcí los labios al recordar su imagen con tanta facilidad que me llegó a sorprender. Había algo dentro de mí que estaba cambiando por su culpa…
–Sí viniste –escuché la suave voz de Ryouta tan cerca de mí que me asusté, pero al razonar sus palabras caí en cuenta que denotaba alivio el decir aquella afirmación.
–Sí, aquí estoy.
Su débil sonrisa con el diminuto brillo en sus ojos ámbar me hicieron sentir alegre sin siquiera saber por qué. En silencio –como siempre– caminamos rumbo a la escuela, la mañana tranquila, su compañía serena y misteriosa me reconfortaban y me hacían olvidar que la noche anterior estuve a punto de besarle.
Besarle. Jamás creí que llegaría a sentir impulsos por querer probar unos labios finos y sonrosados como los de él… ¿Qué? ¿Qué acabo de pensar? Mi mente comenzó a darme vueltas; el hecho de saber, ahora, que Ryouta era homosexual me hacía sentir un tanto incómodo pero a la vez tranquilo, como si saber eso fuera algo bueno para mí. No obstante, yo estaba seguro de que, hasta ese momento, no me interesaban los hombres…
Hasta ese momento…
¿Por qué lo dije? ¿Acaso a mí me gustaban los hombres? Pero, si no era así… ¿Por qué sentía esa ansiedad de saber más de él? ¿Por qué mis pies me llevaban hasta la puerta de su casa? ¿Por qué sentía esa necesidad de protegerlo? ¿Por qué? ¿Qué era lo sentía cuando tenía a Kise Ryouta cerca? Siempre que le veía caminar dubitativo, perdido en sus pensamientos, no podía apartar mi mirada de su rostro. Un rostro marcado…
– ¿Aomine? –su voz es algo que siempre quisiera escuchar… ¡Maldita sea!
Cuando me di cuenta de que Aomine no apartaba su mirada de mi rostro, los nervios (que hasta ese momento había ocultado con maestría) luchaban por salir. Su mirada azul tan profunda parecía querer buscar respuestas a sus tantas preguntas. Al momento de llamarle, más por querer quitarme su mirada de encima, pareció regresar y ahora sentía que estaba consciente en que me miraba. Tragué saliva de tal forma que sentí que me ahogaría. Dio un paso, yo retrocedí; dio otro paso, volví a retroceder. Mi corazón latía cual lunático y mi mente estaba quedándose en blanco, mientras mi cuerpo se quedaba congelado sin llegar a responder a mi orden de que detuviera a Aomine.
La indecisión en sus ojos me estaba perturbando y el anhelo de que consumara lo que la noche anterior había dejado a medias estaba golpeteando mí cerebro. Aquel beso que en nada me serviría… O al menos eso quería hacerme creer. Lo estaba anhelando cual niño egoísta. Estaba confundido, con él estaba volviendo a experimentar ciertas sensaciones que pensé había dejado en el olvido. Mi corazón se contrajo cuando le recordé… ese rostro con un nombre que me cuesta trabajo decir a los cuatro vientos, pero que sigo repitiendo en mente cual necesitado.
Mi corazón se contrajo al recordar aquel bello día en que nos dimos nuestro primer beso. Aquel día que me hizo sentir el ser más dichoso por sentirse correspondido. A pesar de su manera, un tanto fría de ser, me había mostrado su lado amable y cálido. Siempre, cual iluso, pensé que nuestra relación sería duradera, sería perfecta y que nada nos separaría. No obstante, cual bello cristal, aquel pensar se destrozó cuando él dijo: "Kise, esta relación no tiene futuro. Me he dado cuenta que tú no eres el indicado… Eres alguien en quien jamás debí fijarme". Recordar la razón de por qué tu felicidad fue arrebatada, duele como si un puñal se clavara en el mismo sitio una y otra vez.
Era un imbécil que adoraba rememorar una y otra vez por qué es tan patético y miserable.
Los hermosos ojos que estaba viendo fijamente estaban comenzando a derramar finas lágrimas. Mi pecho se contrajo y por impulso le abracé. Detestaba cuando lloraba y que yo no supiera la razón, que siempre estuviera en blanco y que tuviera que adivinar sin éxito. Le sentí estremecerse y querer separarse de mí de una forma que me dio gracia. ¿Cómo esperaba que yo le fuera a dejar? Prometí que él confiaría en mis palabras, y eso estaba haciendo, cumpliendo con no dejarle solo con un dolor que quise aminorar desde el inicio, a pesar de no saber qué clase de dolor realmente sintiera.
Esperé hasta que se calmó en mis brazos. Las personas pasaban mirándonos de forma extraña, sin embargo, en aquel momento me interesaba más que él calmara pronto su llanto. A pesar de que cesó su llorar ni él ni yo nos separamos; por mi parte, anhelaba permanecer por un buen rato de aquella manera, embriagándome con su aroma a manzana y deleitándome con sus cabellos dorados danzando de un lado a otro. Me sentía tan estúpidamente feliz a su lado, tal vez estaba sintiendo cómo era querer a… alguien.
Cuando decidimos deshacer el abrazo nos percatamos de que ni queriendo nos iban a dejar entrar a la escuela; bueno, valdría la pena no entrar a clases ¿cierto? Notando aquel hecho le ofrecí el ir al parque a pasar el día. Realmente no se me ocurrió algo mejor pero, al menos, Ryouta no se negó. A pesar de decirle que le ayudaba con su bolso él se negó al punto de decir "No soy tú novia, ni mucho menos mujer para que me trates de esa forma, Aomine". Palabras precisas de Kise Ryouta, las mismas que esperaba y por las que sonreí en vez de molestarme. Me estaba acostumbrando a su humor de solterona amargada, además de sentir que las pocas veces que podía ver otras facetas de él, eran únicas.
Al momento en que estábamos pasando por las canchas de baloncesto noté que la mirada de Ryouta se oscurecía y que trataba de caminar más rápido, pero su muleta no le ayudaba mucho causando que no fuera a la velocidad que quería. De pronto escuché murmullos provenientes de las canchas y recordé algo que había sucedido antes. Los mismos tipos que se había burlado de él tiempo atrás, estaban ahí, murmurándose cosas y riendo de forma estruendosa. Ryouta parecía su blanco en aquel instante por lo que me decidí en ir a lado de él y ver si con ello, aquellos tipejos dejarían de hacer idioteces. Pedía bastante, pero nada perdía con intentar ¿cierto?
Caminé a su lado y, por el rabillo del ojo, pude ver que los tipos se habían callado. No supe si tomarlo como algo bueno o peor, me imaginé que le dirían a Ryouta que ya tenía guardaespaldas. Sabía que eso sería mucho peor que cualquier burla vieja. A veces me preguntaba si estaba bien que yo estuviera con Ryouta, ya que yo no le traía más que comentarios peores que cualquier arma. Pero también era consciente de que Ryouta debía de ser fuerte… ¿lo era? Miré de soslayo a mi acompañante y le vi con la mirada perdida, desprendiendo un aura depresiva que me hizo fruncir el entrecejo. Tal vez él ya no confiaba ni en su sombra, tal vez él se sentía en un abismo del cual ya no podía salir…tal vez, a pesar de que yo estuviera con él, se sentía completamente solo.
Llegamos al dichoso parque, y después de haberle comprado un zumo, nos tumbamos bajo un árbol. Él se recargó en el tronco con la muleta a un costado y yo me tendí por completo en el césped, con las manos entrelazadas tras mi cabeza. Aproximadamente una hora estuvimos así, en un silencio neutro. Dormité un poco durante aquel rato, recuperando energías tras no haber pegado un ojo en toda la noche. En algún momento sí caí dormido pero una risa divertida y suave me despertó al instante. Probablemente fue culpa de los rayos del sol que se filtraban en los ramajes de aquel árbol, porque vi en la sonrisa de Ryouta un brillar que me causó curiosidad.
– ¿De qué te ríes? –le pregunté somnoliento, incorporándome con pereza.
–De ti –me respondió con diversión. a decir verdad, que se riera de mí me tenía despreocupado, prefería verle sonreír… No podía negarlo, su sonrisa era bonita (como había dicho el tonto de Sakurai tiempo atrás).
– ¡¿Ah?! ¡¿Soy payaso?! –fingí estar indignado, aunque quería ver (y saber) las reacciones de Ryouta.
–A veces –respondió con simpleza.
– ¿Qué insinúas? –pregunté mirándole a los ojos.
–Nada –dijo en voz baja, borrando poco a poco su sonrisa. Nos miramos a los ojos por varios minutos, como si pudiéramos hablar con nuestras miradas. ¿Eso sería posible?
–Ryouta –hablé sereno, mientras me acomodaba a un costado de él.
–Dime –respondió suave sin despegar sus ojos de mí.
En realidad le había llamado por pura inercia. No tenía ninguna pregunta en mente o algún tema en particular del cual charlar con él, simplemente quise llamarle… ¡Diablos! ¡¿En qué me estaba convirtiendo?! Paseé mi mirada por el parque y divisé una pequeña cancha de baloncesto. – ¿Te gustaría tener un uno a uno conmigo? –solté sin pensar.
–Aomine –me llamó con la voz un tanto grave –debes estar de coña ¿verdad? –Sólo hasta ese instante me percaté de la estupidez que había dicho, pero también él debía de enfrentar su situación. Y con aquella convicción me levanté y le miré desde arriba con mi mejor cara arrogante que tenía.
–No, no lo estoy. Así que mueve ese culo y tengamos un uno a uno –. Su resoplido con hastío y su mirada fulminante, me hicieron ver que podía pasar de ser un tímido minino a un maldito rinoceronte con hemorroides crónicas.
–No, Aomine. Sabes perfectamente que no puedo jugar.
– ¿No puedes o no quieres? –. Le estaba provocando para que lo intentara de una buena vez. No se iba a morir por intentarlo.
–Las dos cosas, así que mi respuesta sigue siendo no –dijo con seguridad en sus palabras mientras se ponía de pie. Quise ayudarle, pero la situación no ameritaba un poco de amabilidad. Tenía la ligera certeza de que se cabrearía más si le tendía la mano o hacía algo para que pudiera ponerse de pie.
– ¿Hasta cuándo vas a seguir así, eh?
–Hasta que se me pegue la gana.
Sabía que se estaba resistiendo y que estaba poniendo su pared de altanería para no permitirme convencerlo de que jugara conmigo. Y a sabiendas de que si seguía así terminaría mal, continué picándole en su orgullo. Esperaba que con eso, él accediera a regañadientes, pero me equivoqué…
–Mira, Aomine, si crees que provocándome vas a lograr que acceda, estás equivocado. Ni tú ni nadie me dirá qué mierda hacer, así que confórmate con que haya aceptado estar contigo en este parque.
Eso me había dolido, pero así como él era terco en no querer tocar el puto balón, así iba a ser yo hasta que tomara un maldito balón y lo botara. De entrada, sería difícil. Él parecía saber cualquier truco de persuasión existente por lo que me estaba complicando aún más las cosas.
–Vale, eso fue golpe bajo, Kise Ryouta. Pero hagamos un trato.
– ¿Qué clase de trato?
–Tres tiros.
– ¿Qué?
–Lo que oíste, tres tiros. Pueden ser de dos o tres puntos, pero serán tres.
– ¿Estás tratando de chantajearme de esa manera, Aomine? –Vale, no era la mejor manera de hacer que él accediera, pero lo estaba intentando.
–Llámalo como se te dé la gana, pero ese es el trato.
Ryouta pareció putearme mentalmente ya que tensó su mandíbula. Sí, estaba más que cabreado pero eso ahora no me importaba, yo quería llegar a cumplir la meta de que tomara el balón y lo encestara.
–Ni siquiera traes un balón –eso lo tomé como un "sí".
–Siempre cargo uno –dije de forma arrogante dejando en claro que era lo más obvio.
–Entonces, ¿trato? –dije con altanería viendo como Ryouta desviaba la mirada dándole vueltas al asunto. –No tengo todo el día.
– ¡Vale! Tres canastas serán, pero deberás dejar de joderme con eso, ¿entendiste? –Ante su "advertencia/condición" me encogí de hombros, tomando mi bolso y caminando hacia la cancha con el rubio tras de mí.
Eran las once de la mañana, por lo que en aquel parque no había más que unos cuantos niños pequeños jugando, ancianos dando su caminata matutina y otros deportistas amantes de animales que sacaban a sus mascotas a correr con ellos. Al llegar a la cancha me deshice de mi bolso, dejándolo caer en la orilla de la cancha después de haber sacado mi balón de su interior. Ryouta dejó su bolso a lado del mío junto con su muleta. Me sorprendí al verle andar sin muleta.
–Sólo puedo caminar distancias cortas –aclaró con voz fastidiada mientras se colocaba en la línea de tres puntos.
– ¿En serio vas a encestar de ahí? –dije un tanto burlón recibiendo una mirada fulminante. –Está bien, está bien –dije mientras le pasaba el balón. –Primero las damas –ante mi comentario, Ryouta, me devolvió el balón mientras apuntaba con su barbilla la canasta.
–Vas primero, Aomine –. Su orgullo era impresionante, pero eso hacía que le molestara más.
–Como quieras –susurré mientras me posicionaba a un costado suyo. Boté el balón tres veces para después lanzarlo… Encesté. Sonreí triunfal antes ir por el balón y pasárselo a mi compañero que parecía echar humo por sus orejas.
–Vamos a ver cómo encesta Kise Ryouta.
Ryouta miró el balón unos segundos antes de estar en posición. Miraba la canasta con una mezcla de enojo y tristeza, como si la culpara y a la vez la extrañara. Botó tres veces y… Encestó. Pareció aliviarse cuando vio que el balón había entrado y caía con parsimonia. Sonreí para mis adentros cuando noté su suave sonrisa en sus labios. Al parecer, había estado pensando que ya había olvidado cómo encestar… él estaba equivocado. Devolvió su mirar hacia mí sin una sonrisa para después decir:
– ¿Vas a mirarme todo el día o quieres terminar con esto? –. Carraspeé un poco antes de ir por el balón y encestar con uno de mis tantos lanzamientos sin forma.
Ryouta frunció el entrecejo para después mirarme curioso. – ¿Qué fue eso?
–Escuché que eras excelente copiando las técnicas de otros; quisiera verlo con mis propios ojos.
Él me miró unos instantes para después darse media vuelta y comenzar a caminar. Su actitud me extrañó por lo que no tardé en ir tras él. Le tomé del antebrazo y me planté frente a él esperando que me diera una explicación a su actitud.
–No vuelvas a pedirme algo así –dijo con voz un tanto entrecortada. Su mirada con un dolor abrasante me dejó sin palabras. Lo tenía claro él tenía el pensar de que ya no era el mismo de antes y que jamás lo volvería a ser.
–Ryouta…
–Tengo que ir a casa –. Fue lo último que dijo antes de pasar por mi lado y dejarme en aquel lugar con una sensación extraña en mi interior. Me sentí defraudado conmigo mismo, como si hubiera hecho algo estúpido. Sin más fui por mi balón y me retiré del lugar.
Caminé con lentitud, hasta que divisé en la lejanía a Ryouta con un chico de cabellos castaños oscuros frente a él. El chico parecía hablarle o suplicarle (por la mirada que tenía), pero Ryouta permanecía indiferente ante lo que el tipo de le decía. Ladeé un poco la cabeza ya que aquel tipo castaño de me hizo familiar. Vagué por mis recuerdos hasta que di con una memoria borrosa… Kasa… Kasmatsu Yukio. Sí, era él. Recuerdo haber visto a ese tipo en algún partido… junto con Ryouta. ¡Ya recuerdo! En uno de los partidos de las semifinales, la escuela de Kasamatsu participó pero no pasó; entre los jugadores recuerdo a un chico de cabellera rubia que parecía ser el ídolo de toda la bola de féminas que asistieron al partido.
Pero ahora, ¿qué estaba haciendo platicando con Ryouta? ¿Por qué Ryouta le estaba mirando con furia? ¿Por qué Kasamatsu permitía que Ryouta le lanzara golpes y le gritara? ¿Qué estaba ocurriendo?
¡Hola! Ali de vuelta chav s owo
En verdad, agradezco a las personas que me dejaron rev :´D ME hacen jodidamente feliz, y espero que este cap sea un buen pago por tomarse el tiempo y dejarme un rev :´D
Espero leerles pronto
Cuídense mucho
AliPon fuera~*~*
