¡Lo siento!, ¡lo siento! No tengo perdón alguno pero me estanque horriblemente, no sabía cómo continuarlo, ya no sabía cómo llevar la historia pero gracias a Dios pude salir adelante no sin la ayuda de Natita, de verdad en tus conjeturas me diste el eslabón que me faltaba, te adoro.
Advertencia: ¿OoC?
Disclaimer: Inuyasha no me pertenece así como ninguno de sus personajes.
Dedicatoria: A Natita Yoiuchi, fuiste un ángel que me cayó del cielo, enserio, gracias por oír y soportar mis desvaríos; y por supuesto dame el empujón que me faltaba.
Viaje al pasado
Gestos
El amanecer se acercaba, la oscuridad se rasgaba poco a poco era un hermoso espectáculo de luces y de un nuevo comienzo pero la persona que caminaba sin rumbo fijo no lo disfrutaba, su mente estaba 4 noches atrás, cuando Inuyasha fue a buscar consuelo en ella, le dijo que Kagome murió pero… algo no cuadraba con esa historia, deambulaba buscando alguna respuesta y entonces llegó a su mente, algo tan fácil y sencillo.
—Kagome no ha muerto.
Ahora lo sabía, si Kagome estuviera muerta las almas que aún quedaban en ella hubieran regresado a su cuerpo de barro y lo que se habría extinguido sería tan sólo su alma, sin ningún rastro de las de suyas.
—¿En dondé estás Kagome?
Con además obligó a una serpiente cazadora a acercarse.
—Encuéntrala.
La serpiente se alejó suavemente pero veloz, Kikyo se limitó a verla marchar, se preguntaba ¿dondé y qué se encontraba haciendo su reencarnación?
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Sus parpados temblaron antes de empezar a abrirse lentamente, parpadeó alguna veces antes de poder mirar a su alrededor, el sol ya estaba saliendo se desperezó estirándose antes de sentarse y al hacerlo se dio cuenta que tenía a Rin y a Sayumi, cada uno a un lado suyo, sonrió para acariciar el cabello de ambas, se había encariñado tanto con las dos… ¿Sesshomaru le permitiría llevarse a Rin igual? Lo dudaba.
—Ahhh —suspiró con un quejido—. Me duelen mis piernas y brazos.
Era muy cierto, desde que le pidió a Sesshomaru que la entrenase ya habían sido 3 días de entrenamiento, se comenzaba a arrepentir, él era muy cruel con ella, no le dejaba descansar y la agotaba hasta quedar de rodillas sin aliento. Y lo peor es que ni siquiera le dirigía la mirada a no ser que fuero absolutamente necesario hacerlo.
Respiró profundamente hasta que un peculiar y conocido aroma entró por sus fosas nasales, haciendo que abriera sus ojos que había cerrado al respirar, eso era algo muy curioso, ese aroma se presentaba cada mañana al despertar desde hace algunos días atrás, más en concreto desde esa vez que no podía dormir y se quedo a la intemperie con Sayumi y despertó sintiéndose cálida y mirando extinguirse el fuego de la fogata que ayer no había estado ahí, ese entonces no pensó mucho en eso, supuso que fue Yaken aunque ahora no estaba segura. Y seguía preguntándose sobre ese aroma, estaba segura de que ya lo había olido pero, ¿en dondé?, ¿de quién era?
Sus pensamientos fueron interrumpido al oír unos pasos, ladeó su cabeza para ver a Yaken acercarse con unas frutas y a su lado venía trotando Kitto, una sonrisa se escapó de sus labios al darse cuenta de que tan unidos se volvían esos dos.
—Buenos días, Yaken, Kitto.
El kitsune corrió hasta brincar y echarse en los brazos de la morena mientras que el pequeño yokai bufada ante esa escena.
—Sí —replicó como respuesta al saludo de Kagome.
Kagome rió antes de dedicarse a mimar al kitsune, le acariciaba las orejas y la panza cuando de pronto una imagen se interpuso, una imagen diferente pero similar, la imagen de Shippo, parpadeó repetidamente al recordar a su pequeño amigo, la nostalgia se apoderó de su corazón y ojos, Kitto lo notó, con agilidad trepo hasta el hombro de ella y restregó su peluda cabeza contra la mejilla contraria.
Kagome inclinó inconscientemente la cabeza hacía el kitsune, tan atrapada ha estado en entrenar y poder llevarse a Sayumi que había pasado por alto a sus amigos, ¿qué estaría haciendo?, ¿estarían preocupados?
—Muchachos…
Un suave golpeteó en su hombro hizo que saliera de su ensoñación.
—¿Eh?, ¿Yaken?
Le tendió una fruta.
—Come, el amo te espera para comenzar el entrenamiento.
—¡Gracias, Yaken!
—Hump. Si no comes serás un estorbo para el amo.
—De acuerdo.
—Ve yendo —ordenó.
Kagome dio una mirada a las niñas antes de asentir y levantarse, sacudiendo el kimono que Rin le había entregado dos días atrás, era como el de la niña la diferencia radicaba en el color que era de un azul celeste con estampados de luna menguante, que le quedaba antes de las rodillas aún recordaba las palabras de la niña.
"Esté kimono es especialmente para usted, porque combina con sus ojos"
—Ya voy.
Caminó hasta donde debería estar Sesshomaru, sentía su poder por lo cual no era necesario preguntar su paradero, se internó entre los árboles hasta alcanzar el claro donde en medio permanecía Sesshomaru.
—Disculpa la tardanza. ¿Qué haré hoy?
—Escalar.
—¿Eh?
Señalo el árbol más grande y alto, medía tal vez… ¿12 metros? Le dio vértigo tan sólo en pensar subir a esa cosa, tragó un poco de saliva.
—¿No podría correr? —preguntó con un temblor en su voz.
La mirada tan fiera y rabiosa de él no daba aceptación a ninguna discusión, tragándose su miedo se acercó hasta ese monumental árbol y miró hacia arriba, otra vez el vértigo, sacudió su cabeza tratando de alejar eso, levantó una mano posándola en el follaje al igual que apoyó un pie se impulsó y…
—¡Ahhh! —Se sobó su nariz, su pie había resbalado haciendo que se golpeará la cara—. ¡Demonios!
Estaba enojada, se reincorporó y miró con desafió al árbol, lo estudió con más atención buscando algo para apoyarse, lograría escalarlo, a todo costo lo haría.
Kagome empezó a subir poco a poco, resbalando y volviendo a subir, sin ser consciente de la mirada tan penetrante que Sesshomaru tenía para ella. Quería que fallara, que dijera que no podía más, que se rindiera… pero nada parecía hacerla retroceder, acataba con seguridad y firmeza, cuando le ordenaba alzaba la barbilla orgullos y desafiante antes de hacer lo que se le ordeno y a pesar de lo duro, agotador seguía delante, estúpida determinación.
Tan sumido en sus pensamientos se encontraba que no notó cuando la morena alcanzó por fin la primera rama, se aferró con uñas y manos para no caerse, resopló con una sonrisa orgullosa al observar su avance, se acomodó bien en la rama para no caer, daba gracias a que esta era gruesa y resistente, apoyó ambos pies para palpa la corteza. Sus ojos por unos momentos, tan sólo por unos segundos se desviaron a Sesshomaru, algo le llamaba en él, sentía que estaba a punto de perder algo valioso, su cabeza por momentos se encontraba revuelta y sentía que debía hacer algo, pero no tenía ni idea de que. Sus acciones no iban de acuerdo a su mandar, era inconsciente lo que llegaba hacer al estar alrededor de Sayumi, como esa nana que cantó… no conocía esa melodía ni nada, tan sólo salió, como si ésta ya estuviera dentro de ella y necesitará salir.
Sacudió sus cabeza para centrarse en su entrenamiento, retomó su escalada con cuidado puesto que sus brazos y piernas estaban débiles, apoyo su pie derecho en la siguiente rama y estiró su mano para agarrarse y tener más equilibrio, iba a llegar a la cima, porque iba a llegar.
Sayumi miraba todo esa escena desde la distancia, ocultándose a los ojos de su madre, no quería desconcentrarla tenía la leve impresión de que su padre sabía que estaba ahí, aunque aparentara lo contrario, no entendía nada… ¿cómo había llegado a enamorarse de su madre? Sí, le había contado historias pero ahora que las recordaba todas eran superficiales, abstractas… todo lo que le contó fue las partes donde Sesshomaru mostraba alguna clase de afecto a su madre, nunca le mencionó las dificultades que paso para enamorarlo o acercarse a él.
—Mamá…
El pie de Kagome se recargó en la siguiente rama, ésta crujió pero cuando quiso dar marcha atrás ya era tarde, su pie se precipitó a la nada, llevándose su cuerpo entero, trató de aferrarse a la corteza pero era lisa y no había donde clavar sus uñas, aunque no subió mucho la distancia hacia abajo podría lastimarla de gravedad, no matarla pero si romperle unos cuantos huesos.
Cerró sus ojos mientras sentía como caía, las ramas cortaban y rasguñaba su piel, ropa y todo lo que encontraban a su paso, esperaba el duro golpe y el dolor de algunos huesos rotos además de los moretones… pero nunca llegó ese esperado golpe, tan sólo que dejó de caer rápido y sintió una presión en su cintura, abrió abruptamente sus parpados, no por haber sido salvada sino por el aroma que le llegó, el mismo aroma con el que despertaba cada mañana.
—¿Sesshomaru? —musitó con duda al encontrarse con los ojos dorados de él, no lo creía, no podía creerlo.
Éste al ver el tenue sonrojo que comenzaba a mostrar en las mejillas contrarias, la soltó. Kagome ahogó un grito de dolor al sentir el duro golpe en su espalda baja, pero a comparación del que esperaba fue una dulce caricia.
—¡Kagome! —Sayumi llegó al lado de la morena al verla caer, tuvo miedo pues aún no era lo suficientemente rápida como para haber detenido su caída.
—Sayumi —musitó con sorpresa antes de sonreír—. Perdona por hacerte preocupar, estoy bien.
La Inu pudo respirar tranquilamente, se arreglo un poco sus ropajes los cuales se habían arrugado ante los movimientos tan bruscos y rápidos que hizo para llegar hasta Kagome pero no se dio cuenta que un pequeño brillo apareció entre sus ropas logrando atraer la atención de la morena.
—¿Qué es eso, Sayumi? —preguntó con curiosidad, se le hacía muy familiar ese brillo.
Ella parpadeó un poco confundida antes de sacar el fragmento de Shikon, Kagome se mostró muy desconcertada, no lo entendía, ¿por qué no sentía la presencia del fragmento aún viéndolo?
—¿Por qué? —preguntó murmurando al ver el fragmento brillar en la mano de la pequeña—. ¿Por qué no siento la presencia del fragmento?
Sayumi escuchó esas palabras sin entender, ¿su madre no podía sentir la presencia? Pero ella le contaba que una de sus habilidades era exactamente esa, buscar los fragmentos. Sesshomaru se volteó a ver a ambas, tenía el ceño fruncido, dio un paso para poder arrebatarle el fragmento a la niña, quien se sobresaltó para terminar mirándolo con temor, Kagome se sobresaltó igual al sentir de repente la sensación del fragmento que ahora brillaba opaco en la mano del yokai, se apresuró a tomarlo para purificarlo.
—Vete —ordenó al ver a la menor mirando como el fragmento se purificaba al contacto de la mano de ella.
—Pero —intentó replicar la Inu al percatarse de que a ella le era dirigida esa orden.
—Vete.
Sayumi dio una última mirada a su madre antes de emprender el camino de regreso donde había dejado a Rin con Kitto y Yaken, no se arriesgaría a intentar quedarse pero se sentía molesta, no le gustaba que le ordenarán tan bruscamente sin una razón válida.
Kagome tan sólo la siguió con la mirada, por alguna razón no le agradó la forma en que la hecho de ese lugar pero no la defendió puesto que quería preguntarle algo a Sesshomaru y le necesitaba de un buen humor, bueno, que no estuviera tan molesto con ella le bastaba.
—Sesshomaru —probó, obteniendo su atención por lo que prosiguió—, ¿por qué no sentí la presencia de la Shikon?
Él tenía una suposición dado que Sayumi era completamente del futuro tenía una aura completamente diferente a las de pasado, la excepción a esa regla podría tratarse de la misma Kagome pero dado que ella era la reencarnación de una sacerdotisa de la época suponía que tendría almas de Kikio en las suyas propias por eso su aura se asemejaba a las de los humanos de las aldeas, por eso los demonios sentían la presencia del fragmento aún en las manos de Kagome, sin embargo, en dado caso la morena llegara a librarse de las almas invasoras su aura cambiaría completamente a la misma que la de Sayumi. Pero eso no se lo diría, sino sabría que Sayumi no era de este tiempo y haría conjeturas porque de lo que si estaba segura era que a pesar de ser humana no era nada tonta.
—Ni idea.
—Pero-
—He dicho ni idea —replicó cortante—. Sigue escalando.
Sin dejarle contestar se alejó, Kagome apretó fuertemente sus dientes para segundos después soltar un suspiro resignado, guardando el fragmento entre sus ropas volvió a dirigirse al árbol, se frotó sus manos con fuerza para volver a intentarlo, ya con más rapidez y agilidad que la primera vez.
Tal vez si llegaría a la copa del árbol.
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Rin sonrió al ver aparecer a Sayumi por uno de los tantos arboles de la zona, se acercó a ella mientras tarareaba una canción sin abrir sus labios, la Inu alzó la vista para toparse con la figura de la otra niña y no pudo evitar devolverla una sonrisa al ver en la contraria la misma expresión, era inevitable, Rin tenía una forma de ser que te embriagaba de inocencia y ternura.
—Sayumi-nee, volviste —comentó—, pero no vuelvas a irte sin antes tomar algo de desayunar.
—Sí, perdona.
Tomó la muñeca de la menor para jalarla hasta donde Yaken y Kitto se encontraban sentados, al parecer gruñéndose el uno al otro, Sayumi escondió la risa que quería salir de su boca al ver la escena.
Rin sintió un pequeño tirón, al ver de reojo a la otra alcanzó a ver que intentaba aguantarse la risa por lo que una sonrisa aún más amplia se dibujo en sus labios, no lo negaría antes la presencia de Sayumi logró incomodarla, al principio todo iba bien, siempre había deseado tener a una hermana menor, la protegería y mimaría, eso pensaba hacer pero la forma en que Sesshomaru giraba en torno a Sayumi le fastidió y le dio envidia, celos… sin embargo luego lo descubrió, sin querer claro, pero lo descubrió, el porqué Sesshomaru procuraba tanto a la menor, era su hija, le sorprendió cuando lo escucho salir de los labios de Yaken al estar sin querer pasando por uno de los tantos corredores de la casa de la luna.
Al principio le costó asimilar esa información, cuando pudo digerirlo se sintió avergonzada de sus pensamientos de envidia anteriores, ella no debía molestarle que Sesshomaru estuviera más cerca de Sayumi, puesto que ésta no había venido a ocupar su lugar sino que era ella, la misma Rin, quien lo había estado usurpando aunque su mente de 9 años no alcanzaba a comprender por completo el significado de esa palabra.
Pero Sayumi nunca dio muestras de estar resentida sino que era todo lo contrario, la trataba como si fuera alguien especial, como si fuera su hermana por eso ella olvido todo y se dedicó a ser la hermana mayor de la Inu.
Yaken volteó la cara, incapaz de seguir discutiendo con ese pedazo de terco entonces al hacerlo halló a las dos niñas venir juntas, de la mano y con grandes sonrisas en sus caras, y recordó, recordó lo que una vez Rin le dijo, que quería, que siempre había anhelado tener una hermana menor, al principio pensó que era meramente un capricho para después enterarse que ella tuvo un hermano mayor al que quería e idolatraba, quien murió al igual que sus padres al ser asesinados por unos ladrones, aún recordaba las palabras de la niña
"Entonces mi querido hermano me tomó entre sus brazos y me ocultó de los ladrones mientras me decía que no saliera, que pasara lo que pasara no lo hiciera. Él me protegió a pesar de saber que lo mataría… por eso quiero a un hermano o hermana menor, ahora yo quiero ser quien proteja a alguien"
—Y pensar que quieres proteger a la hija de Sesshomaru, irónico —bufó divertido—, una humana queriendo proteger a una yokai.
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El atardecer se acercaba mientras Kagome aún intentaba llegar a la copa, cosa que no había podido lograr durante todo el día, respiraba agitadamente, el sudor escocía en sus heridas y el dolor de su cuerpo le limitaba, se dejó caer sobre una rama con cuidado puesto que mientras más subía las ramas se volvían menos gruesas y debía cuidar no apoyar todo su peso o corría el riesgo de precipitarse y romperse algo… aunque por la altura era más probable que muriera.
—Demonios.
Su voz sonaba rara por la resequedad de su garganta, pasó el dorso de su mano sobre su frente intentando apartar el sudor cosa que no funciono muy bien, bufó molesta, sabía que Sesshomaru esperaba a que se rindiera, a que tirara la toalla pero ella no le daría ese placer, costara lo que costara terminaría todos sus entrenamientos, con esa determinación se empinó para alcanzar la siguiente rama, ya faltaba poco muy poco.
Sesshomaru se encontraba recostado cómodamente al pie de un roble, con la espalda pegada al follaje, ahí había permanecido mientras miraba los lentos, inútiles, avances de la morena, era terca se decía, aunque mientras más rápido progresara, más rápido se iría con Sayumi… aunque obviamente no podía descuidarlas, hasta que el pacto llegara al límite.
—¡Sesshomaru!, ¡lo logré!
Despertó de sus pensamientos cuando escuchó semejante grito, alzó la cabeza para apreciar a la morena saludarle desde la copa, a pesar de que su cuerpo parecía estar al borde del colapso tenía esa maldita sonrisa que le molestaba al igual que ese brillo de seguridad y confianza.
Se reincorporó sin esfuerzo para acercarse hasta el árbol donde se hallaba Kagome.
—Bien —replicó—, ahora baja.
Esas dos últimas palabras le borraron la sonrisa de la cara, "bajar", siendo sincera Kagome no había pensando en eso, sólo le interesaba subir y subir… olvidó que debía bajar después.
—Esto de —miró al suelo y le dio vértigo, se aferró con más fuerza a la corteza de donde se sostenía—… ¿podría ayudarme?
—No.
Eso fue una bofetada para ella, respiró profundamente para no insultarlo, con lentitud y algo de titubeo deslizó su pie derecho hacia abajo, tanteó la rama de abajo e intento bajar pero al hacerlo escuchó como crujía por lo que rápidamente regresó a su posición original.
—Rayos… —musitó con miedo.
—Baja.
—¡No! —respondió.
—¡Baja! —ordenó.
—¡Que no!, ¡tengo miedo!
Sesshomaru se cabreó, nadie le hablaba de ese modo, levitó hasta quedar a la altura de la mujer, quien no se percató de eso hasta que inconsciente levantó su cabeza y se sobresaltó al encontrarse con los ojos enojados de Sesshomaru, sin pensarlo dos veces, sin siquiera meditar los pro o los contras se soltó de su tan seguro lugar para abalanzarse contra el cuerpo contrario, olvidando por completo la armadura de él y que la podría lastimar, enrolló sus brazos alrededor de su cuello, por la adrenalina y el miedo no notó como los pinchos de la armadura de Sesshomaru se clavaban un poco arriba de su pecho pero él si lo notó… no por la sensación sino por el olor a sangre que le llegó a su sensible nariz, su rostro por unos segundos, unos fugaces segundos cambio bruscamente.
—¡Cuidado!
Intentó deshacer el agarre con su único brazo pero lo que consiguió fue que ella se aferrara más, gruñó.
—Maldita humana…
Sin perder un segundo más la sujetó de la cintura sin ejercer presión, sólo para asegurarse que mientras descendía no se atreviera a soltarse, al tocar suelo firme intentó volver a alejarla pero ella no cedía.
—Suéltame ya estamos abajo —gruñó pero Kagome no atendía a razones, el miedo aún tenía paralizado su cuerpo y lo que le daba seguridad era aferrarse al cuerpo del yokai—. Oy-
—¡No me sueltes! Por favor…
Debía apartarla, tenía que apartarla pero… algo se lo impedía.
Kagome tenía la mente en blanco, no pensaba y razonaba, ver la altura en que se había hallado fue demasiado, si bueno, volaba cuando Hachi se transformaba, o Shippo o hasta en Kirara pero por alguna razón al ver hacia abajo un vértigo horrible le aquejo, porque sabía que ahí no estaba ninguno de sus amigos para salvarla, por eso le atacó ese pánico y miedo, por eso al ver a Sesshomaru a su altura se aferró a él con uñas y dientes, como si de una tabla salvavidas se tratara y aún estando ya en el suelo no podía apartarse, tenía grabada en su mente la escena donde ella se precipitaba hacia abajo sin tener donde sujetarse, ni quien la salvara.
Con eso en la mente afianzó más su abrazo entrono a Sesshomaru pero al hacerlo sin aviso soltó un gemido de dolor, porque inconscientemente se enterró más la armadura.
El olor a sangre no dejaba de emanar sino la detenía podría desangrarse pero como bien lo había estado comprobando todo el día, era terca y una cabeza hueca, necesitaba darle algún shock para combatir el que ya tenía y para su desgracia sólo se le ocurrió uno que no tuviera que ver con usar la fuerza bruta.
—Kagome.
"Kagome"
"Kagome"
"Kagome"
La morena parpadeó incrédula cuando su cerebro pudo procesar la información de esa simple palabras, de un nombre, de su nombre… dicha por Sesshomaru, ese yokai que le miraba con superioridad y desprecio, que le hacía poner sus fuerzas al límite, que parecía repudiar su presencia.
Como si el sólo hecho de escuchar su nombre le sacara una gran pesada carga de encima logró por fin pensar con claridad, por fin pudo sentir como su pecho punzaba y sus dedos estaban engarrotados por la fuerza que ejercía sobre la tela de la vestimenta de Sesshomaru, se sonrojó al percatarse de la situación.
—Dios que he hecho —pensó con vergüenza.
Dejó ir la tela con suavidad al tiempo que se separaba de él, algo muy doloroso para su cuerpo, mordió con saña su labio inferior al sentir el latigazo de dolor, Sesshomaru sosteniéndola todavía por la cintura fue la razón para que no cayera al suelo después de separarse, fueron milésimas de segundo antes de que por fin él la bajase con algo de brusquedad pero lo suficiente para haber hecho que la cara de Kagome se pudiera de un fuerte color granate, sus ojos se habían encontrado a la misma altura y muy de cerca.
Azul contra dorado.
—Vamos —ordenó sin dedicarle otra ojeada comenzó a internarse entre los árboles para reunirse con los demás.
Kagome abrió la boca para exigir que le ayudara, a pesar de lo que había sucedido momentos antes, puesto que estaba muy herida pero al momento de pensar en eso se dio cuenta que el dolor ya estaba desapareciendo, se sorprendió ante tal cosa, miró sus brazos y pecho, a pesar de que había varias heridas profundas aún abiertas las demás, las superficiales ya estaban cicatrizando.
—¿Cómo…?
—¿Creíste que mi sangre no iba a cambiar tu metabolismo?
Ella se sobresaltó al ver a Sesshomaru delante suyo, no se percató en el momento en que había regresado pero lo que le dijo fue lo que le llamó la atención.
—¿Cambiar mi metabolismo?
Se miró el cuerpo, observando con más atención el cómo sus heridas se cerraban raídamente a comparación de antes, porque antes tenía que esperar hasta una semana para que una herida tan profunda como las de su pecho cicatrizaran.
—¡Woah!
Sesshomaru nunca, desde que despertó después de casi suicidarse, había visto ese brillo de curiosidad, fue ahí donde por fin comenzó a ver las similitudes entre Sayumi y ella, porque más allá de físico aún no había podido localizar bien lo que las hacia familia. Claro que Sayumi había mostrado unas cuantas facetas de la morena pero hasta ahora no al contrario.
Pero al verla con ese brillo en sus ojos azules y esa sonrisa distinguió a la pequeña… y hablando de ella, desvió su mirada al bosque donde Sayumi venía corriendo de la mano de Rin, seguidas por Kitto y un sulfúrico Yaken.
—Perdóneme, amo Sesshomaru —musitó con prisa—, ya no podía detenerlas.
—Hemos acabado.
Kagome alzó la cabeza para ver a las niñas correr a su encuentro, sonrió para agacharse y esperar a que llegaran a ella, ambas se echaron sobre la morena.
—Hola, ¿qué pasa? —preguntó cuando logró estabilizarse y no caer de espaldas.
—¡Kagome-sama encontramos unas aguas termales!
La morena sonrió encantada ante tal noticia, ya era hora de que pudiera relajarse.
—¿Podemos ir contigo? —preguntó Sayumi con un brillo de suplica.
—Claro, claro, vamos las tres juntas.
Las dos niñas se reincorporaron ayudando a Kagome a hacerlo, para seguidamente jalarla con dirección a donde se encontraban esas aguas termales, sin saberlo Sesshomaru comenzó a ir en dirección contraria, pensando que el igual debía tomar un baño para poder quitarse el aroma a sangre de Kagome.
—Tranquilas, tranquilas —la morena reía mientras oía discutir a las niñas por quien llegaría primero antes de perderse inocentemente giró su cabeza para ver como Sesshomaru se elevaba, se sorprendió al encontrarse preguntándose si volvería para estar con ella como cada noche.
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—¡NO!
Shippo tenía enterrada su cabeza en el pecho de Sango, quien fulminaba a la persona que se hallaba frente a su persona.
—Sango —intentó Miroku de intervenir pero la castaña le regresó una dura mirada que lo aplacó.
—No digas nada Miroku porque esta mujer —señalo groseramente con el dedo a Kikyo que le regresó una mirada sin alteración alguna—, no tiene nada que hacer aquí, ¡nada!
Inuyasha no salió en defensa de Kikyo ahora sólo era un mero espectador, al ver a la pelinegra aparecer frente a su grupo con la loca idea de querer unírseles, no lo creyó, pensó que fue un juego de su mente pero al ver como a Sango le cambiaba el rostro supo que no fue una ilusión, ahora después de haberla calmado se sentaron para "platicar" mientras que Shippo se fue a refugiar en los brazos de la exterminadora.
Kikyo no se mostraba en lo mínimo alterada por la hostilidad recibida, ya lo esperaba, paso un mechón de su cabello tras su oreja izquierda.
—Yo sé que no soy la persona que quisieran ver pero esto que les pido nos beneficiara… a todos.
—¿En qué? —preguntó con ironía Sango.
—Ustedes quieren que regrese Kagome y yo sé cómo hacer eso posible.
Era como si el tiempo se hubiera detenido no se oía nada.
—Mentira.
—No lo es —replicó Kikyo—, ¿no la esfera cumple cualquier tipo de deseo? Pídanle que resucite a Kagome y se los concederá, yo les ayudaré a reunir los fragmentos, siempre y cuando me protejan de Naraku.
Parecía una buena idea, el dolor de perder a Kagome aún se encontraba presente y esa mujer les estaba dando una esperanza, ¿cómo rechazarla?
Sango miró a Miroku, éste le regresó una mirada de aturdimiento antes de que en sus ojos se iluminase la esperanza.
—Kagome volverá.
La castaña bajó su rostro para chocar con los ojos de Shippo, encontró en ellos anhelo y suplica, tragó saliva antes de contestarle:
—Sí.
Kikyo reprimió una sonrisa triunfante, fue tan fácil, tan estúpidamente fácil, ella sabía la verdad, Kagome no estaba muerta su serpiente se lo confirmó pero lo más interesante es con quien se hallaba, con Sesshomaru.
Interesante.
Muy interesante.
Levantó su cabeza para ver el cielo estrellado casi al mismo tiempo que Kagome ha varios kilómetros de ahí la bajaba mientras jugaba con las dos niñas en las aguas.
Continuara.
Jojojo al parecer Kikyo está tramando algo, ¿qué podrá ser? Y felicidades a las chicas que adivinaron, si, Sesshomaru le "prestaba" su estola en las noches, no, lo siento chicas no la abrazaba.
Si alguien quiere contactarme puede hacerlo por MP, Facebook o Twitter, les contestaré. Tanto para el face como para el twi soy FiraLili ;D no tienen pierde.
Gracias por los review :D cada vez que recibo uno mi corazón late emocionado xDDD
Sessho-mary: Si es malvado pero así lo queremos, ese Sesshomaru, ya ves es malo cuando se trata de entrenar a Kagome. Un beso.
Argweng: Sí, es malo y orgulloso, pero así es, ¿qué le vamos hacer? No te preocupes, conmigo como autora aunque le duela se va a tener que enamorar, aquí tienes la actualización espero te haya gustado.
Veruto Kaname: Tranquila, tranquila ya ves que reaccionó. De nada (?) bueno hacer sufrir a Inuyasha es uno de mis pasatiempos favoritos, después de escribir historias de Sesshomaru y Kagome. No, no me odies, odia a mi musa que le gusta complicar las cosas. Un beso.
Goshy: No te preocupes, yo igual estaba así por eso no subí continuaciones, sí, veamos si Sesshomaru es tan estúpido para preferir su orgullo sobre Sayumi. Un beso.
Atolotl: Gracias por el halago, sí, yo igual me pregunto, ¿por qué no puedo ser? Aquí ya tienes la continuación espero te haya gustado.
Natita de Youichi: No te preocupes, soy feliz de que te tomes tantas molestias en dejar este review, aunque lamento lo de tu teclado D: lo apagaré. Sí, Sesshomaru me está sacando de onda, ¿cómo no puede querer a esa dulzura guerrera que es Sayumi? Yo la adoro, ¿cómo él no? Te adoro a ti igual. Un beso.
Anonimo: Gracias, aquí está la continuación.
Moonlight120696: Muchas gracias, sí, Sesshomaru es un bobo al no querer que nazca Sayumi, es decir, yo adoro a Sayumi, es maga adorable y sobre Inuyasha, puff, nunca ha sido mi personaje favorito desde el anime, eso de no decidirse a mí me molestaba por eso comencé a escribir de esta pareja. Gracias. Igual saludos y besos.
Kasumi Taisho Higurashi: Aquí tienes la continuación, jajaja no te preocupes, cuando Sayumi se llegue a encontrar con Inuyasha, la que se va armar. Un beso.
Guest: Aquí tienes la continuación.
FiraLili
