Bueno, y ya está, aquí vamos, se ponen en marcha por fin, ahora empieza lo bueno!...espero jajajaja
Gracias por seguir leyendo y por vuestros comentarios, sois una maravilla, de verdad ^_^!
Los descargos habituales, los personajes de OUAT no me perecen. Espero que os guste y gracias por leer :)!
Después de dejar a Lily, el plan era ir directas a casa de Gold, pero Regina se empeñó en hacer una parada en Granny's, y cuando entraron, Emma adivinó el porqué, allí estaban Henry y sus padres, sin duda esperándolas.
Regina los había llamado, claro, aun no sabía si Gold las ayudaría o no, pero si lo hacía y por fin se ponían en marcha en su viaje con un camino tan poco claro, al menos quería despedirse, y Emma tenía que despedirse de sus padres, a los que no veía desde el incidente en esa misma cafetería. La cosa era algo tensa, así que la morena se levantó pensando que era un momento familiar y que se sentirían mas cómodos si ella se ausentaba un momento. Con la excusa de ir a pedir a la barra, los dejo solos, pero Henry fue detrás de ella.
- Mamá ¿es verdad que os vais?
- Si Gold tiene algo que pueda ayudarnos, y quiere hacerlo, si. Cuanto antes libremos a Emma de esto, mejor.
Respondió mirando por encima de su hombro hacía la mesa en la que estaban los Encantadores todavía bastante tensos.
- Es genial esto que estás haciendo por Emma, mamá.
Dijo su hijo con una sonrisa de orgullo que Regina no se esperaba. Henry le dio un rápido beso en la mejilla y diciéndola que no tardase, volvió a la mesa.
- El chico tiene razón, es genial lo que estás haciendo por Emma.
Intervino la abuelita acercándose a ella, Regina fingió indiferencia.
- Bueno, es lo menos que podía hacer, aquello me habría matado de no ser por Emma.
La anciana levantó una ceja sin dejarse engañar. No sabía por que la gente de Storybrooke seguía intentando ocultarla cosas cuando nada escapaba a sus agudos sentidos, y no se refería solo a los de lobo, si no a su infalible intuición.
- Vamos Regina, no estás haciendo esto solo por que te sientas en deuda con Emma.
La morena la miró con su mejor cara de educada incomprensión, lo que tampoco engañó a la abuelita. Parecía mentira que la mujer que durante tantos años había llevado el título de Reina Malvada tuviese tan poca capacidad de disimulo cuando se trataba de Emma Swan, y eso que ya eran años de lo mismo.
- No me mires así, todos sabemos que te preocupas por Emma. Puede que no quieras admitirlo, pero te preocupa nuestra querida Salvadora.
- Es la madre de Henry también.
No sabía por que le costaba tanto admitirlo, si se suponía que eran amigas, y las amigas tenían permitido preocuparse unas por otras. La abuelita soltó un sonido mitad resoplido mitad risa y lo dejó correr con un "Ya, claro"
- Entonces ¿crees que podrás librarla de eso?
Preguntó señalando hacía la mesa con la cabeza, Regina volvió a mirar por encima de su hombro hacía allí. Ruby se había unido a ellos y la cosa parecía menos tensa.
- Lo intentaré.
Respondió simplemente. Pero iba a hacer algo mas que intentarlo, iba a dejarse la piel en ello, aunque tuviese que pedirle a ese Merlin que le sacase la oscuridad a Emma y la pusiese en ella, aunque tuviese que pasar el resto de su vida ayudando a Emma a mantener a raya la oscuridad.
- Regina, hay una cosa que llevo tiempo queriendo decirte. – La morena devolvió su atención a la anciana mujer. – Has hecho muchas cosas malas, cosas horribles, auténticos crímenes…
Regina se tensó, era perfectamente consciente de todo lo que había hecho en el pasado, pero no le apetecía escuchar un sermón sobre ello, o algún tipo de amenaza disfrazada de advertencia de lo que le harían si no salvaba a Emma.
- Lanzaste la maldición que creó este sitio para quitarnos a todos nuestros finales felices. Separaste amores verdaderos, familias, padres e hijas… - Miraba a la reina con severidad, pero su expresión se suavizó de golpe. – Pero a mi no me separaste de mi Ruby. – Miró por encima de la cabeza de Regina hacía su nieta, con cariño. – No me separaste de mi familia. Incluso me diste este local.
Abrió las manos con una risa para abarcar la cafetería. Regina no se esperaba que la conversación tomara esa dirección.
- Lo que quiero decir es…que ahora que ya no eres malvada, no lo olvidaré. - Le sonrió con simpatía, dándole un rápido apretoncito en el brazo. – Y ahora será mejor que vuelvas a esa mesa.
Añadió volviendo a señalar hacía la mesa, en la que las cosas no parecían marchar muy bien. Regina le devolvió la sonrisa a la abuelita y se levantó del taburete para volver a la mesa, en la que Emma miraba a sus padres con el ceño fruncido.
- Emma, sabes que te queremos.
Escuchó decir a Mary Margaret y Regina estuvo a punto de girar los ojos, esa era siempre su defensa para todo, su único argumento, David y Mary Margaret no parecían entender que a veces eso no era suficiente, que Emma necesitaba algo mas que simple amor maternal, que también necesitaba apoyo, y comprensión, y confianza, y algún que otro grito de vez en cuando.
- ¿En serio? Por que a veces no lo parece, sobre todo cuando me mentís o cuando anteponéis todo a mi.
Respondió la rubia con amargura. Regina vio claramente como David le lanzaba una rápida mirada que sabía exactamente lo que significaba, que había sido culpa suya que hubiesen tenido que anteponer el reino a su propia hija, aunque el príncipe no iba a decir eso en voz alta. Pero Emma también captó esa mirada.
- No la mires a ella, no fue ella quien me metió en un armario. Podríamos haber estado juntos… Ella lanzó la maldición, si. Pero, ¡venga ya! Pudo maldeciros al fondo de un volcán y en vez de eso os dio electricidad, cañerías y trabajos. Podría haber sido peor. - Levantó las manos para callar las protestas de sus padres. – De todos modos, no me refiero solo a esa vez, ni siquiera estaríais aquí si yo no os hubiese hecho falta, solo me buscasteis cuando la maldita bruja buena del norte os dijo que necesitabais alguien con magia blanca para vencer a Zelena. Y ni siquiera era yo, al final fue Regina.
Apretaba con fuerza la mesa mientras hablaba y un hilillo de humo subía desde debajo de su palma.
- Sin destrozos esta vez, por favor.
Llegó la voz de la abuelita desde detrás de ellos. Regina puso una mano sobre el hombro de Emma en un intento de calmarla.
- ¿Sabéis? En realidad Ingrid tenía razón en todo lo que me dijo.
Finalizó la Salvadora soltando la mesa y dando justo en la herida a sus padres, especialmente a su madre, que aun se sentía inexplicablemente amenazada por ese pasado familiar que habían vivido Emma e Ingrid.
- Mamá, no estás siendo justa. – Intervino Henry. – Sabes que ellos no querían que las cosas fuesen así. Todo lo que hicieron fue por el bien mayor. Es lo que hacen los héroes.
- Corta ya con el rollo de los héroes ¿quieres? Tu eres como ellos, todo un héroe, pero solo dentro de tus propios términos. ¿O te has olvidado de cuando odiabas a tu madre?
Le soltó a su hijo sin pensar.
- Emma.
Advirtió Regina con dureza, apretando un poco su hombro. Era capaz de entender esas perdidas de control que tenía a veces,pero no iba a permitir que esa ira fuese orientada hacía Henry. Emma levantó la cabeza hacía ella y su ceño fruncido desapareció.
- Lo siento, yo…a veces no se lo que digo. Perdona, Henry.
Se disculpó mirando a Henry y solo a Henry, después de todo el era solo un niño cuando pasó aquello. Sus padres…les había perdonado, en el fondo les había perdonado y lo sabía, pero no era lo que sentía en ese momento. A lo mejor cuando todo eso terminase, si conseguía dejar de ser el Oscuro, podía pedirles perdón con sinceridad por esas palabras.
- Deberíamos irnos.
Dijo volviendo a mirar a Regina, que se la quedó mirando un momento y luego asintió. Emma se levantó y dudó un momento antes de abrazar a su hijo, pero fue el propio Henry quien la abrazó a ella, y luego a Regina.
- Tenéis que volver las dos ¿entendido mamá? Tenéis que volver enteras las dos.
Le dijo el chico a la morena abrazándola con fuerza. Emma se lo pensó un momento y luego abrazó también a sus padres, a pesar de lo que les había dicho, les quería. La abuelita salió de la barra y abrazó también a la Salvadora, dándole una amistosa palmada a Regina. Ruby se dejó de formalismos y abrazó a las dos, quisiese la reina o no.
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Por fin estaban en casa de Gold y esta vez Belle estaba con ellos, necesitaban toda la ayuda y conocimiento posibles y a Regina no se le ocurría nadie mejor que la bibliotecaria. Le explicaron a Gold que era lo que necesitaban de él, Regina con poca esperanzas de que tuviese algo que pudiese serles de utilidad o de que si lo tenía se lo entregase por las buenas, pero Emma miraba al hombre significativamente, queriendo recordarle sin palabras la conversación que habían tenido en su cabaña y de la que Regina aun no tenía ni idea. Si de verdad quería mantener al Oscuro lejos de si mismo y de su esposa, sería mejor que les ayudase.
- Puede que sea vuestro día de suerte, señoritas. – Dijo Gold para sorpresa de Regina. – Puede que tenga algo.
Se levantó y las guió cojeando a través de la casa, hacía una habitación llena de trastos, cosas que no guardaba en la tienda. Encendió la luz y miró a su alrededor, intentando encontrar algo entre el montón de cosas hasta que dio con lo que buscaba. Destapó un enorme espejo de cuerpo entero.
- ¿Esto nos llevará al Bosque Encantado?
Preguntó Regina con desconfianza, no podía ser tan sencillo.
- Vamos Regina, sabes que no puede ser tan sencillo, si no, yo mismo ya habría salido de aquí hace mucho tiempo. No, no os llevará al Bosque Encantado, lo único que puedo ofreceros es… - Las miró a las dos con ojos divertidos. – El País de las Maravillas.
- ¿Y para que queremos ir al País de las Maravillas?
Gruñó Emma, que encontraba eso inútil, no es que no le diese curiosidad visitar el País de las Maravillas, pero ahora no tenían tiempo para eso.
- Es la única salida que puedo ofreceros.
Respondió Gold con un encogimiento de hombros. Regina miraba el espejo pensativa.
- Vale, lo aceptamos.
Dijo. Al menos el País de las Maravillas tenía magia, y eso ya era un comienzo. Gold rió.
- Sigue sin ser tan sencillo. Yo nunca he podido usarlo, hace falta algo de allí para activarlo. – Las tres mujeres pensaron automáticamente en Jefferson. – Estáis pensando en Jefferson, pero él tampoco nos serviría, podía viajar allí, pero era del Bosque Encantado. Además, nadie sabe nada de él ¿verdad?
Miró a Regina con una ceja levantada. Nadie había vuelto a saber nada del Sombrerero Loco desde que su sombrero quedó inservible.
- Entonces estamos igual que antes ¿no?
Dijo Emma desilusionada, Belle levantó un poco la mano, con poca seguridad.
- Puede que yo tenga una idea, pero no se si es buena.
Tres pares de ojos se clavaron en ella. Regina sabía que era buena idea tenerla con ellos. Belle se aclaró un poco la garganta, mirando de reojo a su marido.
- Will. – Dijo con sencillez, y Gold apretó la mandíbula enfadado. – Will Scarlet, él es del País de las Maravillas.
Explicó mirando solo a Emma y Regina. Su corta relación con Will era algo de lo que Gold y ella aun no habían hablado abiertamente. Rubia y morena se miraron entre sí, y luego a Rumplestiltskin.
- ¿Serviría?
Preguntó Regina. Gold chascó la lengua con molestia.
- Si, supongo que si.
Admitió con desgana, no quería tener nada que ver con ese ladronzuelo, aunque al menos así se libraría de él.
- Genial, yo puedo ir a por él. Ya nos hemos cruzado antes.
Dijo Emma dando una palmada como si todo estuviese resuelto ya.
- ¿Te refieres a cuando no conseguiste pillarle y tuvo que hacerlo David?
Bromeó Regina con una risa, por supuesto que esa historia había llegado hasta ella y no iba a dejar pasar la oportunidad de mencionarlo. Emma gruñó algo por lo bajo sin responderla.
- Iré a por él. – La morena iba a protestar, pero Emma no la dejó. – Puedo hacerlo, no pasará nada. Ordenamelo con la daga si vas a quedarte mas tranquila, pero déjame hacer esto.
Emma quería demostrarse a si misma y a Regina que podía controlarse, que podía hacer cosas útiles sin que la morena tuviese que salir a su rescate cada vez que se enfadaba. Quería demostrar que no todo en ella era malvado, tenía que demostrárselo a si misma. Regina asintió sin mas, sin darle ninguna orden, la rubia sonrió un poquito y desapareció en una nube gris.
- ¿Te fías de ella?
Preguntó Gold poco confiado él mismo, la reina asintió sin dudar. Confiaba en ella. A los pocos minutos Emma reapareció con Will Scarlet a su lado, que sonrió al ver a Belle, pero esa sonrisa desapareció cuando vio a Gold a su lado, intentó marcharse, pero Emma le sujetó.
- Cuando me dijiste que necesitabas mi ayuda no mencionaste que estaría él.
Dijo señalando a Gold, intentando poner entre ellos toda la distancia que el agarre de Emma le permitía. Rumplestiltskin torció la boca en un gesto de profundo disgusto, cortando las divagaciones verbales del ladrón explicándole rápidamente y de forma muy brusca para que le necesitaban. Will miró el espejo.
- ¿Esto me llevará al País de las Maravillas?
Ya no parecía con tantas ganas de salir corriendo de allí.
- ¿Nos ayudarás?
Preguntó Emma. Will extendió una mano hacía el espejo, ausente, luego asintió.
- Claro, ya me conoces, siempre dispuesto a las buenas acciones.
La Salvadora giró los ojos con una risita. Con pocas ceremonias Gold agarró la mano que Will aun tenía extendida y sin avisar sacó un pequeño cuchillo del bolsillo de su chaqueta y le cortó la mano con un profundo tajo, quizá mas profundo de lo estrictamente necesario. Wil apartó la mano mecánicamente con un grito de dolor, pero Gold la cogió otra vez, apretando para que corriese la sangre.
- Una vez esteis allí tendréis magia, pero estaréis por vuestra cuenta, tendréis que encontrar vosotras mismas la forma de llegar al Bosque Encantado.
Les dijo a Emma y Regina ignorando las quejas de Will Scarlet. A donde realmente necesitaban llegar era a Camelot, pero hasta que supiesen exactamente donde estaba y como llegar allí, su destino mas seguro era el Bosque Encantado. Las dos mujeres asintieron, y con el mismo tacto con que lo estaba haciendo todo, Gold tiró de la mano de Will hasta que tocó la superficie del espejo, dejándolo manchado de sangre. El reflejo se onduló hasta desaparecer, dejandoles ver el interior de una pequeña y desordenada habitación.
- El País de las Maravillas.
Anunció Rumplestiltskin soltando por fin a Will, que miraba el camino a casa con un ilusionado brillo en los ojos. Emma y Regina se miraron otra vez entre si.
- Buena suerte.
Dijo Belle antes de que se marcharan. Will le dedicó una última sonrisa y desapareció a través del espejo. Regina estuvo tentada de coger la mano de Emma para cruzar, pero se contuvo a tiempo, dejándolo solo en un apretón a su antebrazo para dar valor a las dos, que cruzaron detrás del ladrón hacía el País de las Maravillas.
