La historia no me pertenece al igual que los personajes, yo solo estoy haciendo la adaptación.

CAPÍTULO 10: El comienzo de algo

Klaus cabalgó durante más de media hora sin rumbo fijo, hasta que de pronto se encontró que había llegado al lugar donde Caroline solía pasear… aquel lugar donde la vio con los tediosos hermanos Salvatore. Consciente de que Concord necesitaba un pequeño respiro, bajó del caballo, y después de asegurar las riendas en el delgado tronco de un árbol, se sentó en el suelo, apoyado en otro árbol mucho más grande y fuerte, y ahí se sumió en sus pensamientos.

Por su cabeza pasaban miles de cosas… esa conversación con Kol, a la que posteriormente se había unido Elijah, le había dejado fuera de combate… e inconscientemente y por primera vez en muchos años, había dejado salir a la luz sentimientos y emociones… sentimientos de los que era causante su dulce tormento. Después de esa reveladora charla, y aunque sus hermanos no lo dijeron en voz alta, sabía de sobra que Kol le había provocado para que todo eso que tan celosamente guardaba en su corazón saliera a la luz… ¿tanto se le notaba?

Aunque el había dicho que tenía envidia de que sus hermanos se llevaran bien con Caroline, reconocía que envidia no era la palabra adecuada… sino celos.

Los celos, que tantos meses llevaban carcomiéndome por dentro cada vez que Caroline seguía as bromas a sus hermanos… ellos la hacían sonreír, con ellos se sentía bien; y en el fondo de su corazón, él deseaba ser el causante de todo eso en la joven.

Meditó por unos minutos la afirmación de Kol, de que ella le correspondía; si que era cierto que se ponía nerviosa en su presencia, y no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa al recrear en su mente las sonrojadas mejillas de Caroline. Pero él atribuía ese sonrojo a su timidez con las personas con las que no tenía confianza… y él, para su desgracia, era una de ellas.

¿Y si 'Lijah y Kol tenían razón? ¿Y si Caroline no captara todas esas señales? Era muy joven, y por lo poco que le habían contado sus hermanos, muy inexperta en el amor… conocía vagamente la existencia de un ex novio durante sus años de instituto, y por lo que pudo deducir por aquel entonces, apenas pasaron de unos simples besos. Uno de los aspectos a los que él más se aferraba sin duda era la diferencia de edad; puede que en el futuro no se notara mucho… pero ahora esos diez años se convertían en un abismo grande. Ella prácticamente acababa de hacerse adulta, y él ya lo era hace mucho tiempo… pero como bien dijo Kol, cuando te enamoras eso es insignificante.

Cerró los ojos, deleitándose con las imágenes que pasaban por su cabeza… en todas ellas salía su Caroline… Caroline riendo, Caroline revoloteando por la cocina, Caroline montada a caballo, Caroline hablando con Rebekah y la señorita Pierce… Caroline con el pequeño Joseph en brazos…

Esa imagen hizo que su corazón latiera de forma desacompasada… y aunque estuvo a punto de casarse con Hayley, su ex prometida no quería oír hablar de bebés durante los primeros años de matrimonio, y él, ciego y enamorado de ella, estaba dispuesto a acatar ese deseo, desechando esas imágenes de su mente y posponiendo su deseo de formar una familia. Pero esa imagen de Caroline hizo que esa visión resucitara… Caroline con un pequeño en brazos… y con una alianza rodeando su dedo corazón; una alianza que esperaba ponérsela él mismo, algún día.

Pero ahora no debía pensar en el futuro… debía pensar en el presente; y el presente pasaba por intentar acercarse a ella, ganarse su confianza y sobretodo, esperaba su amor. Sabía que era muy inocente en esos temas, y debía ser cauteloso… si por él fuera, la apresaría entre sus brazos y la besaría hasta dejarla sin aliento… si ella le quisiera, pondría el mundo entero a sus pies. Todavía pensando en alguna forma de empezar a acercarse a ella, miró de forma distraída su reloj, levantándose de un salto y regresando al rancho de forma apresura, debido a la hora.

Maldijo para sus adentros cuando entró por la puerta de la cocina y vio la estancia meticulosamente recogida y limpia; eran casi las tres y media de la tarde, y todos habían vuelto al trabajo. Rezongando enfadado, abrió la puerta de la nevera para prepararse un simple sándwich o alguna otra cosa, cuando la voz que más le gustaba habló detrás de su espalda.

-Hola Klaus –al girarse, no pudo evitar que las comisuras de sus labios se levantaron en una imperceptible sonrisa cunado vio a Caroline.

-Hola… es… esto… yo solo iba a prepararme algo de comer; no es necesario qu…. –la frase le salió como una disculpa, pero Caroline le interrumpió.

-Puedo calentarte un poco de estofado –le propuso con timidez, apartando su vista de él; entonces Klaus se dio cuenta de su sonrojo… y de como se mordía el labio inferior… bingo… ahí estaban los dichosos nervios.

-Eso estaría bien –le contestó, sonriéndole con cariño. El corazón de la joven se aceleró con ese simple gesto… dios… que sonrisa tan bonita. Caroline le indicó que fuera a sentarse, y en unos pocos minutos, puso enfrente suyo un plato lleno a rebosar.

-Vaya –murmuró sorprendido-. Me sorprende que mis hermanos hayan dejado algo.

-Al ver que no venías, te he guardado un poco –se encogió Caroline de hombros-. Ellos no se han entrado –le confesó con una sonrisa divertida. El pecho de Klaus se contrajo… por lo menos, se preocupa por él de la misma manera que se preocupaba de todos los habitantes de esta casa, y no le extrañaba en absoluto… ella era así, siempre pensando en los demás. Al ver a la joven parada enfrente suyo, se reprochó para sus adentros… quizás ella tuviera cosas que hacer, en vez de estar ahí observando como comía.

-Si tienes algo que hacer, no es necesario que te quedes –no tenía intención alguna de echarla, al contrario… pero por la mueca de desilusión que puso su dulce tormento, tuvo que golpearse mentalmente para sus adentros.

-Entonces te dejo sol… -Caroline iba a girar sobre sus talones, para dejarle comer tranquilo, pero un pequeño grito la detuvo.

-¡No! –contestó Klaus-. Quédate por favor… a menos que no tengas nada más importante que hacer –Caroline le miró sorprendida, y durante unos segundos se debatió entre salir por la puerta o lo que realmente quería… quedarse allí con él.

-No tengo nada mejor que hacer –respondió con una pequeña sonrisa. Klaus asintió contento, y siguió comiendo mientras Caroline se preparaba un café para sentarse con él a la mesa.

Dios… Caroline se repetía en su cabeza lo masoquista que era.. pero algo le impedía apartarse del todo de ese chico de pelo rubio, aunque ello conllevara por una parte desilusión; desilusión porque nunca sería nada para él más que una empleada en su casa.. y nunca podría tener ni siquiera esa complicidad que tenía con el resto de la familia. Quería Mikael como a un padre, envidia el o haber tenido una madre como lo era Esther para todos los habitantes de la casa, incluida ella, y se sentía protegida por los tres hermanos mayores, que cuidaban de ella como si fuera la hermanita pequeña.

Decidió que intentaría llevarse bien con él, o por lo menos no darle pie para un comportamiento hostil hacia ella.

-Klaus –lo llamó con voz suave mientras se sentaba a su lado-. ¿Qué querías decirme antes de que entraran tus hermanos? –interrogó curiosa; ella no sabía por qué había huido de esa forma tan brusca de la cocina.

El aludido se quedó parado de la impresión… no creía que ella recordara eso, y por un momento se envaró, rezando para sus adentros para que nadie hubiera dicho nada acerca del encontronazo que había tenido con Kol… pero no tuvo tanta suerte.

-¿Por qué te has peleado con Kol? –preguntó la joven, con el ceño fruncido y tono de voz preocupado.

-¿Cómo te has enterado? –le devolvió la respuesta.

-Oí a tu padre comentárselo a Esther, pero no ecsuché los motivos –confesó avergonzada-. Y no me he atrevido a preguntarle a 'Lijah o a Kol –Klaus suspiró aliviado para sus adentros.

-Tranquila, no ha pasado nada, y ya lo hemos arreglado –Caroline iba a replicar, pero al observar los ojos de Klaus comprendió que no quería sacar el tema a relucir, así que tuvo que conformarse con esa respuesta.

-Peleas de hermanos sin importancia –le guiñó un ojo tranquilizándola, ya que sabía que no se había quedado conforme.

-¿Seguro que lo habéis arreglado? –inquirió de nuevo.

-Sí, tranquila por eso –le volvió a decir-. Te preocupas demasiado de todos nosotros.

-No me gustaría que estuvierais peleados –musitó la joven, mordiéndose el labio inferior… dios… ese inocente gesto que hacía le encantaba.

-Lo entiendo por la parte que le toca a Kol… pero no por mí –musitó, dejando la cuchara y girándose para encararla directamente. Los ojitos azules de la chica lo miraban sin entender a que se refería. La vista de Klaus bajó a lo largo de todo su rostro, deteniéndose en esos pequeños labios rosa pálido… si moviera ligeramente la cabeza, los tomaría sin piedad alguna, pero tuvo que apartar esos pensamientos de su cabeza… despacio… se recordó mentalmente. Caroline achicó los ojos, y frunció de forma graciosa su pequeña nariz, dándose cuenta de las imperceptibles pecas que asomaban por su pálida piel.

-No entiendo esa última frase –le reclamó. Klaus pasó su mano derecha por su pelo, desordenándolo más, si era posible.

-Después de como te he tratado, no merezco que te preocupes por mí –susurró éste en voz baja, pero Caroline lo oyó.

-Claro que te o mereces –murmuró ella con voz ahogada-. Todo el mundo se merece una oportunidad… sé que no empezamos con buen pie –sonrió con tristeza-. Pero nunca quise molestarte, ni hacer nada que pudiera… -Klaus se quedó embobado escuchándola… ella no tenía nada por el que pedir perdón; al contrario, él había sido un patán terco y desagradable con ella.

-Caroline –la llamó, pero la joven no levantaba la vista del suelo, así que en un acto reflejo y totalmente involuntario, tomó su pequeña mano, dándole un suave apretón para que e encarara. La joven percibió el hormigueo que le recorría los dedos de arriba abajo, y lo rápido que repiqueteaba su corazón, no podía evitarlo.

-No eres tú la que tiene que pedir disculpas; al ver que la joven no levantaba su vista, el mismo lo hizo, posando delicadamente su dedo en la barbilla de la chica. Los ojos azules que siempre le acompañaban en su pensamiento brillaban a consecuencia de la mezcla de emociones que sentía Caroline en esos instantes; después de perderse por unos segundos en esa cálida mirada, prosiguió hablando.

-Desde que llegaste a esta casa no he hecho otra cosa que tratarte mal –le dijo en tono mustio.

-No todo ha sido malo –le contradijo Caroline con voz tímida, y en un impulso, su mano libre sacó de desbajo de su jersey la estrella de plata que él le había regalado por navidades.

-Todavía la llevas –mumruró en un susurro Klaus, sorprendido por ese descubrimiento.

-Nunca me la he quitado –le aclaró ella, Klaus no pudo disimular la sonrisa que le habían provocado sus palabras. Caroline le sonrió de vuelta-. También recuerdo la conversaicón que tuvimos cuando fuimos a ver los terrenos que quería comprar tu padre –le siguió relatando ella.

-Me acerdo –le dio la razón Klaus-. Me gustó mucho habñar contigo –le confesó con una pequeña sonrisa.

-A mi también –exclamó la jovn, ya completamente sonrojada.

-¿Crees que podemos hacer borrón y cuenta nueva? –inquirió Klaus esperanzado. La joven no daba crédito a lo que estaba escuchadno… ¿Klaus quería ser su amiga? Se quedó callada unos pocos minutos, debatiéndose interiormente.

Sabía que eso era únicamente lo que podía ofrecer… pero era la única forma que tenía de estar cerca del hombre que quería con todo su corazón. Esbozó una tímida sonrisa, asintiendo con la cabeza. El corazón de Klaus brincó con fuerzas e ilusiones renovadas… era un pequeño paso, pero muy importante para él, y al menos ya no huiría despavorida, lucharía por ganarse su corazón.

CDMC

Las dos semanas siguientes fueron como un sueño para la joven pareja. Inmediatamente desppués de esa conversación en la cocina, ambos se fueron a dar un largo paseo, habladno de muchos aspectos desconocidos para ambos hasta ese momento.

Caroline le descubrió una faceta de Bill que desconocía mucha gente. Klaus no imaginaba que el serio capataz fuera un cariñoso y comprensivo padre. Tambiñen le habló de su niñez, de su vida en Mystic Falls de sus años de instituto. En apenas dos semanas Klaus descubrió gustos y manías, y ella hizo otro tanto con Klaus, que hasta se atrevió a hablarle del tiempo que estuvo comprometido con Hayley. Habían tomado la costumbre de salir cada tarde después de comer, ya fuese a dar un paseo o a los establos de ganado, donde estaban las crías recién nacidas.

Hacia allí se dirigían una tarde, cuando vieron a Elijah y Kol escondidos tras una de las paredes del establo.

-¿Qué hacen? –interrogó Caroline con el ceño fruncido, mirando a Klaus.

-Cualquiera sabe –dijo con un deje de fastidio en su voz rodando los ojos.

-¿Se puede saber que hacéis aquí, escondidos cual delincuentes? –interrogó la joven, mirando a los hermanos con cara de póquer al acercarse a su altura.

-¡Shist! –siseó Kol con un gesto de su mano, indicándole que se callara.

-¿Qué demonios…? –Klaus dejó la frase inconclusa, al asomarse para ver lo que sus hermanos veían con tanta atención. A lo lejos se veía como su padre y Esther compartían confidencias al oído, amorosamente abrazados. Negando con la cabeza, se volvió hacia sus hermanos mientras Caroline también se asomaba.

-Un día nos pillarán cotilleando –les previno Klaus.

-Al contrario, son ellos los que se esconden –corrigió Kol-. De modo que nosotros los pillaremos.

-Dejadles que disfruten de su secreto –dijo Caroline volviendo la cara hacia os hermanos. Mikael y Esther se veían muy enamorados, y formaban una bonita pareja; su mente recreó, por unos segundos, que eran Klaus y ella, haciéndose arrumacos y confidencias al oído… meneó la cabeza, poniendo de nuevo los pies en la tierra… Klaus no la veía más que como la veían el resto de los hermanos Mikaelson.

-Al fin alguien cuerdo en esta casa –siseó Klaus entre dientes.

-Care, desde que te llevas bien con Nik, te has convertido en un muermo –le reprochó en broma Kol, volviendo su vista hacia la posición de Esther y su padre. Justo en ese mismo instante, Mikael miraba hacia los lados, asegurándose de que no había moros en la costa, para después inclinar su cabeza hacia Esther y besarla con ímpetu.

-Vaya, vaya –dijo Kol pensativo, pero con una sonrisa traviesa en su rostro-. No sabía que papá era tan apasionado.

Elijah y Caroline ahogaron una carcajada, asomándose ellos también a contemplar el espectáculo. Ni siquiera Klaus pudo reprimir las ganas de echar un vistazo. Dada su estatura, se posicionó detrás de Caroline, pegando literalmente su pecho a la espalda de Caroline.

Caroline se percató de que inconscientemente se había apoyado en un cálido y musculoso pecho; miró haciaa atrás y la sonrisa que le regaló Klaus casi la hace caer de bruces al suelo… el característico olor de Klaus la invadió, y ella aprovechó para aspirarlo disimuladamente, llenando sus pulmones. El joven clavó sus ojos en la nuca y el cuello de Caroline, a la vista gracias a la coleta que llevaba, reprimiendo el impuso de besar su pálida piel. El calor de la chica y la cercanía de sus cuerpos bastó para que una íntima parte de su anatomía reaccionara de forma casi inmediata… dios mío… como la deseaba. Pero al momento reaccionó apartándose disimuladamente de ella, ya que no le apetecía que Caroline, y por supuesto sus hermanos, se percataran de la engorrosa situación.

-Joder, no la deja ni respirar –murmuró Kol, que siguió contemplando el espectáculo solo, ya que sus hermanos y Caroline dejaron de espiar a la feliz pareja.

-¿A dónde íbais? –interrogó Elijah a Klaus y Caroline.

-A los establos de los terneros –dijo ella. Elijah asintió con la cabeza a modo de respuesta y sonriendo complacido para sus adentros. Desde ese enfrentamiento en los establos, si se le podía llamar así, su hermano pequeño y él no habían tocado el tema… pero había visto un cambio muy grande en la actitud de su hermano para con Caroline, y para él eso solo significaba una cosa, había empezado a luchar por ella.

-Os acompaño, antes de que llegue la señorita Pierce –siseó con un resoplido de fastidio-. Kol, deja de hacer de mirón y ven aquí.

-Aburridos –rezongó el hermano mayor-. Ahora se ponía la cosa interesante –Elijah le dio un codazo, empujándolo a salir.

Los cuatro se dirigieron en animada charla hasta el establo, y cual fue la sorpresa de Kol al encontrarse allí con Bonnie, arrodillada junto a una de las reses.

-Vaya, no esperaba verte por aquí hasta la semana que viene –le dijo a modo de saludo.

-Hola chicos, hola Care –saludó ésta al grupo-. Jeremy vino a pedirme ayuda, parece que esta amiga tiene problemas –les explicó preocupada.

-¿Qué le ocurre? –preguntó Elijah, agachándose a su lado.

-Parece que ha entrado en labor de parto, pero el ternero debe estar mal colocado –murmuró la joven, quitándose los guantes y pasándose la mano por su sudorosa frente.

Caroline se apartó un poco, dejando espacio a los hermanos y la joven veterinaria. Un mugido lastimero salió de la boca del pobre animal, se veía que estaba sufriendo.

-Debemos ayudarla; supongo que sabréis lo que hay que hacer –instó a los hermanos. Los tres asintieron, y Klaus Salió un momento, metiéndose en el cobertizo de enfrente. Volvió al cabo de un minuto, con una soga gruesa en su mano.

-Sujetadla –ordenó Bonnie mientras se ponía otros guantes. Kol y Klaus apoyaron su cuerpo en el pobre animal, dejándole con poco espacio para moverse. Caroline vio como la chica metía una de sus manos, girando el ternero y ayudándolo a salir. Al de pocos minutos, las patas delanteras de éste asomaron al mundo exterior. La joven morena actuó en décimas de segundo, atando con la cuerda las patas y tirando con fuerza, hasta que la pequeña criatura vio la luz. Era de color blanco, con manchas negras.

-Ya está, podéis soltarla –exclamó Bonnie con una sonrisa. Desató al animal, que a pesar de tener unos mínimos segundos de vida, se puso de pie, trastabillando un par de veces en el intento.

-Me recuerda a cierta chica un poco torpe –se burló Klaus con simpatía, mirando a Caroline con una ceja arqueada. El joven no pudo reprimir una sonrisa al ver a su dulce tormento sacarle la lengua de forma graciosa; tan niña pero a la vez tan mujer… esa combinación le volvía loco.

Kol y Elijah intercambiaron una mirada cómplice al presenciar la escena; justo en ese momento entraba Stefan por el establo, remangándose las mangas de su camisa.

-Hola familia, ¿qué haces aquí? –le interrogó a Bonnie.

-Echando una mano –se encogió resuelta de hombros.

-¿A la vaca o a mi hermano? –preguntó alzando las cejas de modo sugestivo.

-Cállate Stefan –murmuró Kol entre dientes. Al ver el ceño fruncido tanto de su hermano cómo de Bonnie, decidió guardarse las bromas para otra ocasión.

-Brady y Trevor nos reclaman –les dijo a sus hermanos. Klaus y Elijah se despidieron de Bonnie, y salieron hablando despreocupadamente por la puerta. Caroline también se despidió de todos ellos y de la joven, alegando que tenía una enorme colada que tender. Klaus la observó detenidamente mientras se alejaba, y solo cuando Stefan le repitió por tercera vez una pregunta, prestó atención.

-¿Decías algo? –el hermano negaba con la cabeza.

-Nik, estás en la inopia –le dijo con una risa-. ¿Cómo va el plan de conquista? –le interrogó sin más rodeos.

-Por lo menos ya no me evita –exclamó en voz baja.

-Estas semanas os habéis acercado mucho –le dijo Elijah, contento por que su hermano volviera a ser el que era hace unos años.

-Hemos hablado –replicó Klaus, encogiéndose de hombros-. Poco a poco nos vamos conociendo y entendiendo.

-¿Así que vas con la primera marcha metida? –se medio burló Stefan-. deberías meter la segunda o tercera, a ver que pasa.

-Yo creo que hace bien en ir con calma –apoyó Elijah a su hermano pequeño. Stefan los miraba con los ojos como platos.

-Pues yo creo que debería lanzarse a por todas, Caroline también le quiere –Klaus rodó los ojos… ¿por qué su vida sentimental era tema a debatir en esta familia?

-Agradezco vuestra preocupación por mi vida amorosa… pero dado que es mi futura relación con Caroline la que está en juego, haré las cosas a mi manera –les contestó en un tono mordaz.

-Qué poca acción –murmuró Stefan, resignado.

-Nosotros no te dimos la murga cuando perseguías a Rebekah hasta ir al baño –le recordó Elijah. Klaus miró a su hermano con una sonrisa socarrona, pero Stefan dejó pasar el comentario, volviéndose hacia la puerta.

-¡Kol! ¿vienes de una vez? –interpeló a su hermano, cruzándose d brazos.

-Ir para allá, os veré allí –le dijo éste mientras ayudaba a recoger las pertenencias de Bonnie. Stefan observó que la soga con la que habían sacado al ternero se le caía un par de veces de las manos, acción que la joven observaba divertida.

-Uno estancado y el otro más pavo que cuando tenía quince años –siseó Stefan entre dientes, dándose la vuelta y yendo de nuevo hacia sus hermanos pequeños.

-Te acompaño a tu coche –le ofreció el joven a Bonnie, gesto que ella aceptó encantada.

-¿Cómo has estado estos días? –le preguntó ella.

-Bien –se encogió de hombros-. Hemos estado relativamente tranquilos, pero ya sabes que enseguida llega la primavera –la chica afirmó con la cabeza.

-Es cuando los ranchos tienen más trabajo –replicó cual lección de escuela-. El otro día estuve en el rancho de los Salvatore –le cotó.

-Qué alegría –rodó los ojos Kol.

-Sí, la verdad es que son un poco raros.

-Yo más bien diría bordes e imbéciles –la joven rió ante la contestación.

-Te doy la razón –asintió haciendo una mueca de desagrado con la cara. Al llegar al coche, y una vez Bonnie guardó sus pertenencias, se volvió hacia Kol. Los ojos oscuros del joven ranchero volaron a lo largo de todo su rostro, para terminar fijándose en la boca pequeñita y rellena de la chica, que en un intento por disimular sus nervios, carraspeó para llamar la atención del joven.

-¿Irás a la fiesta que ofrece la comisión de ganaderos la semana que viene? –le preguntó.

-Por supuesto, vamos todos –le explicó Kol-. Incluidas Esther y Caroline. Rebekah ya ha contratado canguro –dijo en alusión al pequeño Joseph-. Esto… tú… ¿tú irás? –Bonnie movió la cabeza, en un gesto afirmativo.

-Te veré allí entonces, espero me reserves un baile –el corazón de la joven brincó de alegría al oír esas palabras… ¿pero por qué no le pedía directamente que fuera con ella? pero no se esperaba ese ofrecimiento del joven, de modo que respondió gustosa.

-Todos los que quieras –le dijo con un poco de vergüenza mientras se metía en el coche, y dejaba allí a un embobado Kol.

CDMC

-La semana pasó sin mayores altercados y el viernes, día de la fiesta, llegó.

-Es increíble –murmuró Caroline impresionada al ver la enorme carpa blanca, exquisitamente decorada con luces y mesas perfectamente dispuestas.

-La comisión se lo puede permitir –se encogió Mikael de hombros.

-Sobretodo por la cuota anual que pagamos por pertenecer a ella –añadió Elijah.

Tú si que estás increíble… se dijo Klaus en su mente. Desde que sus ojos vieron a Caroline bajar las escaleras enfundad en un sencillo pero elegante vestido negro a la altura de la rodilla y con unos elegantes zapatos de tacón también negros, en su mente no había otra cosa. El recogido que llevaba, obra de Rebekah, dejaba al descubierto su delgado y perfecto cuello, adornado por la estrella de plata. Estaba preciosa y muy sexy, y las miradas de varios hombres al verla entrar lo confirmaron.

-Mira, ahí están Katherine y Bonnie –Bekah la tomó del brazo para acercarse a ellas.

-Hola chicas –saludaron.

-¡Bekah, Care! –exclamó Katherine-. Pensé que ya no veníais –suspiró la señorita Pierce, aliviada de ver aparecer a sus recientes amigas.

-La canguro se retrasó –se disculpó la rubia. Las cuatro amigas se dirigieron hacia una de las mesas, tomando cada una, una copa y empezando a charlar.

-Hay muchísima gente –exclamó Bonnie, mirando de un lado para otro.

-Las fiestas de la comisión atraen a casi todo Huntsville –les contó Rebekah-. Es de las más esperadas del año-. Durante un buen rato, Bekah se entretuvo contándoles anécdotas de cosas sucedidas en las fiestas anteriores, pero Caroline apenas le prestaba atención. Una y otra vez miraba de rojo al pequeño grupo que estaba en la otra punta del jardín. Los hermanos Mikaelson reían y bromeaban divertidos junto a varios jóvenes del pueblo. Reconoció entre ellos a varios amigos de Kol, que solían pasarse por el rancho. Y tampoco le pasó desapercibidas las miraditas que medio personal femenino lanzaba a Klaus, y no le extrañaba. Estaba guapísimo con ese traje negro, y la camisa, también oscuro, resaltaba su piel y el azul de sus ojos. Mordió su labio inferior, y al voz de Katherine le sacó de sus cavilaciones.

-¿Care, me estás oyendo?

-Ehh… claro… claro Katherine –farfulló.

-¿A quién miras con tanto interés? –inquirió su rubia amiga, esbozando una sonrisa pícara.

-A nadie –mintió de forma descarada, y encogiéndose de hombros. Las tres chicas no le creyeron en absoluto. Rebekah iba a preguntarle por ciertos comentarios que había hecho Stefan, acerca de ella y de Klaus, pero se los guardó al ver que su esposo se acercaba a ellas.

-¿Bailamos, Bekah? –le preguntó de forma galante. Éste le dedicó a las chicas una sonrisa de disculpa, tomando a su marido de la mano y saliendo a la pista.

-Hacen buena pareja –admiró Bonnie.

-Sí –le dio la razón Caroline, justo en ese momento miró por encima del hombro de Bonnie-. Me parece que tu joven Romeo se acerca –la joven la miró extrañada, y al darse la vuelta se encontró con que Kol se acercaba a su altura, acompañada de un hombre alto y moreno.

-Chicas, él es Marcel, compañero de mis años de instituto-. Ellas son Katherine, Bonnie y Caroline –les presentó.

-Es un placer –saludó cortesmente el aludido, dedicándole a Caroline una sonrisa simpática. Conversaron durante unos minutos, hasta que la canción que estaba sonando en el ambiente terminó, dando paso a otra.

-Recuerda que me debes un baile –se dirigió Kol a Bonnie.

-Todos los que quieras –le recordó la joven. Los ojos del joven se iluminaron, disculpándose del resto y llevándose a la morena al centro de la pista. Rodeó la cintura de la muchacha con sus manos, empezando a mecerse suavemente al son de la música.

-Nunca te había visto con traje y corbata –murmuró admirada-. Te queda bien.

-Ehhh… gracias; tú también estás muy guapa –le devolvió el piropo-. Te queda muy bien el color verde, hace juego con tus ojos.

-Vaya, gracias –agradeció la joven.

-La blusa que llevabas en Tucson el día de la subasta también era verde –murmuró en voz baja, pero Bonnie lo escuchó perfectamente.

-¿Todavía te acuerdas? –inquirió sorprendida. En el corazón de la joven se instaló una punzada de alegría.

-Claro que me acuerdo; no he olvidado todo el tiempo que estuvimos juntos –le confesó él, bajando la vista hacia sus labios. La joven no pudo resistir apoyar la cabeza en su fuerte pecho, cerrando los ojos y disfrutando de la compañía.

-Yo tampoco –la frase salió en un tono tan bajo que ni siquiera su pareja de baile la oyó, pero no impidió que Kol la estrechase más entre sus brazos, enlazando una canción con otra.

Caroline charlaba con Marcel de forma cómoda, era un chico simpático y amable, con el que podía hablar con facilidad; Katherine hace rato que se había encontrado con otra compañera de trabajo, y los había dejado solos.

-Kol me ha dicho que trabajas en el rancho –preguntó a la joven.

-Así es, soy la cocinera oficial –le respondió ella.

-Entonces seguro que tendrás trabajo –le contestó de vuelta, riendo divertido-. Para alimentar a toda esa tropa se necesitará ayuda –la joven rió tímida ante el comentario, pero Klaus, que no andaba muy alejado, volvió su vista. Sus ojos se achicaron al ver a Marcel tomar de la mano a Caroline, para sacarla a la pista a bailar. Decidido, dejó su copa en la mesa, pero Elijah le tomó del hombro.

-Espera a menos que termine la canción –le recomendó. Klaus asintió a regañadientes, pero cuando terminó la canción y vio que Caroline hacía amago de soltarse, Marcel la retuvo de forma insistente.

-Estoy cansada, los tacones me están matando –se disculpó la joven.

-Solo una más –pidió Marcel con una sonrisa.

-Gracias, pero de verdad, prefiero sentarme –le repitió de nuevo la joven rubia… pero la mano de Marcel no soltaba su brazo. Sin poder aguantarse las ganas, Klaus se alejó de su hermano, para ir al rescate de Caroline.

-¿Quieres salir a tomar el aire? –le propuso a la joven.

-Caroline está conmigo, Klaus –le espetó Marcel muy serio.

-Y ella no quiere bailar más –le siseó con voz fría. Caroline se alteró para sus adentros al ver los ojos de Klaus brillar de enfado.

-Klaus, no… -le suplicó con pena-. Marcel solo se estaba despidiendo, ¿verdad? –la seria mirada chocolate de la joven hizo que éste desistiera de su intento. Se despidió de los dos, lanzándole a Klaus una mirada poco amistosa.

-Gracias –murmuró sonrojada, el joven le dedicó un gesto afirmativo con la cabeza, y sin decir una palabra acompañó a Caroline a sentarse, pero se mantuvo en silencio durante un buen rato. La joven lo miró extrañada, preguntándole.

-¿Qué pasa? –pero el gesto de negación de Klaus, sin decir una sola palabra, hizo que no le volviera a preguntar en lo que quedaba de velada. Klaus daba vueltas a todo lo sucedido quizá se hubiera pasado un poco y los celos hubieran hecho acto de presencia, pero conocía lo bastante a Caroline para haber advertido en su gesto la incomodidad por la insistencia del amigo de su hermano. Enfadado consigo mismo, y de que Caroline pensara que era un celoso enfermizo, murmuró una disculpa, diciendo que necesitaba estar solo, dejando allí a su dulce tormento.

-¿Qué le pasa a Klaus? –preguntó Rebekah a Stefan, que alejados habían visto como Klaus salía del recinto.

-Ni idea –se encogió su marido de hombros-. Puede que esté agobiado, hay muchísima gente y hace mucho calor aquí dentro –Rebekah iba a preguntarle si tenía algo que ver con Caroline, pero justo en ese momento Esther la llamó, y dejó a su esposo y a su cuñado un momento.

-¿Qué diablos ha sido eso? –interrogó Elijah, una vez Rebekah se alejó lo suficiente.

-Celos, hermanito, estoy seguro de ello –Elijah iba a responder, cuando una voz cantarina y demasiado familiar retumbó en sus tímpanos.

-Vaya señor Mikaelson, no le había reconocido sin los vaqueros ni las espuelas –al darse la vuelta Elijah, se encontró con Katherine Pierce de frente.

-Pues ya ve, también tengo fondo de armario –le contestó con una sonrisa socarrona y escaneando el cuerpo de la joven, enfundado en un vestido de cóctel en tonos verdes muy muy ceñido, que remarcaba cada una de sus curvas. La joven morena iba a darse la vuelta, para dejarle con la palabras en la boca, pero una mano detuvo su paso.

-¿Qué quiere? –bufó molesta.

-¿Por qué no baila una canción conmigo? Y dejemos de tratarnos de usted, no somos tan viejos –la joven arqueó una perfecta ceja… ¿por qué era tan arrogante? Pero la curiosidad pudo con ella, y accedí a bailar una canción con Elijah.

-¿Ves como no era tan difícil? –le reclamó el joven, divertido por la cara de resignación que tenía su pareja mientras empezaban a bailar-. Lo haces muy bien –alabó sorprendido.

-Lástima que yo no pueda decir lo mismo –contraatacó con retintín Katherine. El hermano meneó la cabeza, revolviendo un poco su pelo castaño.

-Esas no son formas de tratar a tu pareja de baile.

-Cuando tu pareja de baile te hace una radiografía descarada con los ojos, si es forma –contestó molesta.

-Solo estaba admirando tu vestido, que por cierto te queda muy bien –se medio disculpó Elijah-. Pero dejemos la moda para otro día.

-¿Y de qué quiere hablar?

-¿Cuando me vas a dejar demostrarte que puedo ser un perfecto caballero y vas a salir conmigo? –le preguntó sin rodeos.

-Cuando dejes de decir que el estudio no vale para nada –contestó resuelta-. Y cuando te comportes de forma amable conmigo cada vez que voy al rancho.

-Eso solo son tonterías, diferencias de opiniones… ¿sabes que del amor al odio apenas ay un paso? –le interrogó mientras la giraba repentinamente entre sus brazos y acercándola más a su cuerpo la piel de la joven se estremeció ligeramente, pero mantuvo su fachada impasible.

-Tú y yo nunca vamos a llegar a eso.

-Yo no estaría tan seguro, preciosa –dijo en un susurro Elijah, haciendo que el corazón de la joven se alterara-. Eres muy atractiva, y altiva… de mi tipo –expresó pagado de si mismo. Katherine paró abruptamente de bailar, mirándole furiosa.

-Yo no soy altiva, eres tú el que eres un arrogante.

-Tienes que reconocer que en el fondo te encanta –contestó divertido, esbozando una sonrisa.

-No te soporto –masculló la joven entre dientes-. Y no pienso salir contigo ni aunque me paguen un millón de dólares.

-No te saldrá tan caro –la tranquilizó éste, conteniendo la risa observando como la encantadora psiquiatra de vacas se alejaba con pasos agitados.

CDMC

Después del incidente con el amigo de Kol y de que Klaus abandonara repentinamente la fiesta, Caroline no hizo otra cosa que darle vueltas a la cabeza. Parecía que se había enfadado con ella… pero no había hecho nada malo.

Le dolía pensar que él se había enfadado con ella por esa tontería, justo ahora que llevaban bastante tiempo llevándose bien. Tuvo que volver con Mikael y Esther, ya que Stefan y Bekah se marcharon pronto y Elijah y Kol querían quedarse un poco más. Al aparcar en el garaje, se dio cuenta de que el Volvo de Klaus estaba aparcado en su sitio, y después de despedirse de Esther y Mikael, se adentró con paso rápido en la casa, esperando encontrarlo en algún lado… pero nada.

Estaba terminando de ponerse la parte superior del pijama, cuando el relinchar de un caballo llegó a sus oídos. Extrañada por la hora que era, se acercó a la ventana… y la imagen que vio la dejó perpleja.

Klaus galopaba de un lado para otro, espoleando al caballo una y otra vez. Se había quitado el traje, y ahora llevaba sus acostumbrados vaqueros y botas… y la camisa medio desabrochada, dejando ver una pequeña parte de su pecho. Caroline sintió que sus piernas se doblaban cual gelatina recién hecha al ver esa imagen tan sensual. Sin pensarlo dos veces, cambió su pijama por unos vaqueros y un jersey azul, y corrió escaleras abajo, decidida a preguntarle que es lo que le había hecho para molestarle. Al llegar a las escalinatas de la entrada, se quedó parada mirándole, y al percatarse éste de su presencia, la joven vio una mueca extraña en su cara.

Klaus se sorprendió al verla allí, y tirnado de las riendas para que Concord girase, se acercó a paso suave a ella. Su dulce tormento se mordía el labio y jugueteaba de forma nerviosa con sus dedos… evocó la imagen de Caroline hace unas horas, tan guapa con aquel vestido.

Al pararse a su lado, la voz de la joven pronunció unas palabras que le dejaron clavado en el sitio.

-Yo… lo siento Klaus –musitó triste. El cuerpo del joven ranchero se estremeció, no era su culpa, no quería verla triste… lo único que deseaba era estrecharla entre sus brazos, decirle que todo estaba bien… no podía soportarlo más… la necesitaba demasiado.

Sin decir una sola palabra, extendió su mano hacia Caroline, invitándola a subir al caballo. Caroline se quedó de piedra, debatiéndose si ir o no… pero la voz suave de terciopelo por fin habló.

-Por favor… -la voz de Klaus nunca había sonado tan desesperada, pero dándose valor dio un paso hacia delante y tomando la mano que éste le ofrecía. Klaus la ayudó a subir, y la aseguró en el caballo pasándole un brazo por su cintura y haciendo que la joven se apoyara en su pecho. Aprisionada entre sus brazos, con la mano que tenía libre tiró de las riendas, sumergiéndose ambos en la oscuridad y adentrándose en las bastas tierras del rancho.

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