Hola a todos, traigo la publicación del martes y para todos los que estamos esperando algo (lo que sea jajaja) SwanQueen en esta historia, este capítulo les tiene noticias…
Contesto una pregunta: Respecto a cómo hago los procedimientos mágicos, realmente es a ensayo y error, el capítulo 9 y 10 me tomaron alrededor de un mes porque era muy divertido investigar sobre hechizos.
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CAPÍTULO 10:
LO QUE TE HACE HUMANA.
-Yo creo que en estos momentos puedo comer una galleta, ¿No es así? –Preguntó sentada en la cocina al ver a Maléfica entrar. –No quieres que beba, se lo prometí a Emma, ¿Cuándo pensabas decirme que me ibas a matar?
-Es, de hecho todo lo contrario, ¿Por qué te querría matar si te pedí que unieras tu corazón al de Emma para siempre?
-Porque eres cruel. –Afirmó de forma infantil comiéndose otra galleta.
-Te estás comportando de forma muy extraña, debe ser su corazón, tiene un efecto muy dulce en ti..., ¿Recuerdas los pergaminos nórdicos que trajeron las hadas? Me dieron una pista que me guio a la respuesta de como devolverle la vida a Emma, es un hechizo complicado pero lo puedo realizar, verás, al inicio de todo, los seres podían vivir por siempre, no se deterioraban y no tenían necesidades, se dedicaban a descansar, a disfrutar del universo y mundos que habían creado pero eso les empezó a crear conflicto, no podían avanzar más, no podían crecer, evolucionar ni trascender, no podían cambiar de plano, estaban estancados en su eterna belleza y perfección, lo cual se convirtió en una maldición y debieron llegar a un acuerdo mágico y alquímico de que la vida tendría un orden y una duración, así serían capaces de administrarla sabiamente, de trabajar por ella y de disfrutarla... El propósito se ha perdido con los años, los seres mágicos viven más, hay toda clase de seres y toda clase de mundos, pero la realidad es que todos nacen, viven, hacen lo que deban hacer y mueren, lo que Emma necesita para volver a la vida después de que logremos sacar todo el veneno de ese cuerpecito es que le des todo lo que te hace humana, me refiero a que le des tu mortalidad, vas a seguir siendo tú, ella va a seguir siendo ella, tú te vas a seguir sintiendo tú misma, es decir...
-¿Me harás inmortal? ¿Voy a verla morir de cualquier forma?
-Es lo único que puedo hacer por ahora... Sólo de ti se desprendería una mortalidad con tanta facilidad, es un acto de amor desinteresado, te doy mi palabra de que buscaré la forma de devolvértela, pero si vamos a hacer esto debe ser ahora.
Regina asintió únicamente una vez y se hizo aparecer con Maléfica junto al cuerpo de Emma, el veneno seguía avanzando y era cierto, ahora su lado derecho se había ennegrecido y juntando ambas frentes le pidió una breve disculpa. –No te vayas. –solicitó. –Ya estoy lista. -Las bolsas bajo sus ojos ya eran completamente negras y su piel era, literalmente como la nieve mientras maléfica mezclaba la botella con el líquido que tenía preparado.
-Sostén su cabeza hacia arriba, esto si le va a doler mucho, Regina. –Declaró al momento que le separaba los labios y dejaba que todo el líquido brillante entrara en su garganta... La pequeña abrió los ojos en un gesto intenso, como si algo atravesara el pecho, Regina tuvo que soltarle el rostro y calló al suelo, sintiendo lo mismo, el corazón de la reina se aceleraba sin control acompasado al de Emma y violentas convulsiones atacaban el diminuto cuerpo sin descanso, sus ojos quedaban en blanco, sus manos cerradas sobre si mismas lastimándose con sus propias uñas y sus talones golpeando contra la piedra hacían que Regina sintiera que no podría tolerarlo un segundo más, no estaba hecha para esto, era demasiado dolor para un cuerpo tan pequeño.
-Cariño, necesitas quedarte conmigo, por favor, eres más fuerte que esto, el veneno está saliendo de tu cuerpo, no te puedes ir porque yo te necesito. –Regina rogaba desde el suelo hecha un ovillo, pidiéndole a un cuerpo que se desvanecía. –Ni siquiera me dijiste que me querías por última vez, tienes que volver. –Le gritó con la vista nublada y todo se detuvo, incluso ella, incluso el mundo, todo se desvaneció, solo quedó el latido de su corazón retumbando en sus oídos y una fuerte y aterrorizante sensación de ausencia... ¿Emma se había ido?
-Regina... Arriba, debemos seguir. –La voz de Maléfica sonaba a lo lejos pero se acercaba conforme el fuerte aroma etílico inundaba su nariz. –Vamos, vuelve. –Pidió una vez más antes de que se incorporara en un sobresalto.-Parece que sacamos todo el veneno. –Sonrió removiendo de su rostro un paño escurriendo de alcohol. - ¿Cómo está tu corazón?
-Va muy rápido, todo da vueltas.
-Es normal, el tuyo está trabajando por los dos, levántate y mira su hombro, está curando, pero su piel aún es pálida, sus párpados y sus labios, lo que significa que está muriendo, no te vas a salvar de la tercera parte.
-¿Maléfica? –Interrumpió tomando su lugar, el cuerpo de Emma parecía un recipiente vacío y eso la aterraba.
-¿Sí?
-Si todo sale mal, ¿Puedes entregarle esa carta a Blancanieves?
-Oh, claro que sí, yo creo que aunque todo saliera bien ella debería tener esa carta, sube a mi mesa y toma bajo tu brazo a Emma, no te preocupes, ya no hay veneno en ella, ya no siente dolor... De hecho creo que lo sabrías.
El resto del hechizo fue más confuso para Regina pero supo que Emma seguía viva por el modo en que una parte de su ser sentía mucho miedo: no estaría en soledad de nuevo. Maléfica las atrapó a ambas en una burbuja de luz dentro de la mesa de piedra por lo que fue bastante difícil escucharla, las palabras y magia la empezó a aturdir al instante, no se resistió, no tenía sentido, no quería intervenir, podía sentirla a través de su cuerpo, viajando por sus brazos y sus piernas, podía sentirla por su estómago y su espalda mientras recitaba versos antiguos y las olas de luz y energía empezaban a llenar su cuerpo, los olores, los colores, los sonidos, el mundo entero empezaban a ir rápido y despacio al mismo tiempo, por momentos olvidaba dónde estaba, quién era y qué hacía ahí, por momentos quería correr, sentía como si un enjambre de abejas estuvieran zumbando dentro de su cabeza, como si miles de hormigas treparan por sus piernas, no se debía mover, no debía intervenir con el hechizo, debía recordar a Emma, debía buscar claridad, por instantes abría los ojos y solo sabía que funcionaba observando sus manos, lucían extrañamente brillantes, tocó su rostro y pudo sentir una firmeza que no recordaba haber perdido y así mismo el cansancio y las preocupaciones pasaban a un plano bastante intrascendente para ella, sentía como en cada respiración y en cada aliento se le iba la vida y esa vida que se iba estaba formando una esfera púrpura tornasolada entre ambos cuerpos y por lo que pudo haber sido una semana o un minuto, en el último aliento mortal de Regina, la esfera entró en el cuerpo de Emma llenando toda la habitación de luz y la reina no supo más.
Emma siempre sabía cuándo estaba soñando, pero en ese momento realmente no tenía idea de qué estaba pasando porque todo se sentía muy real, los colores eran reales, tal vez muy nítidos pero no como en un sueño y las cobijas eran demasiado reales para un sueño pero ella recordaba claramente que estaba envenenada y muriendo, no podía estar fuerte y sana sencillamente sin dolor y sola en una habitación con vista al mar. Tal vez ahora si estaba muerta y no se había despedido de Regina, ni siquiera le había dado un beso, ni siquiera le había dicho que la quería y ahora estaba muerta, muerta y mirando al mar, no, no, no... La idea era inconcebible, tenía que volver de la muerte, de pronto ya no quería que su madre le diera un bebé nuevo a Regina, ¿Qué pasaría si lo quería más que a ella? ¿Si era mejor portado? ¿O con mejores modales a la mesa? La sola idea la hizo estallar en llanto, no podía soportarlo, tenía que volver a la vida, no podía estar muerta, tenía que revivir y ser una dama; haciendo a un lado las cobijas que la cubrían trató de bajar de la cama pero era demasiado alta, o sus piernas de persona muerta muy débiles lo que hizo que su llanto creciera cuando cayó al piso de golpe.
-Vaya, mira quien ha decidido despertar. –La voz de Maléfica sonaba entusiasmada mientras la niña impresionada paraba su llanto en seco.
-¿Estás muerta también?
-¿Qué? No, por supuesto que no, querida estás viva.
-¿Me salvaste? ¿Y Regina?
-Claro que te salvé, Regina se va cada mañana y vuelve en la noche, tú sabes, está trabajando, ha estado muy enojada conmigo porque no despertabas. –Confesó alzándola para que se sentara en la cama. –Esas piernas... ¿No han despertado aún? Tengo una poción que sabe a durazno, te encantara y arreglará ese problema.
-¿Cuánto tiempo estuve dormida?
-Casi tres semanas, corazón.
-Eso es mucho tiempo, ¿Cómo va todo?
-Todo va muy bien, estoy segura de que Regina te va a querer contar todo, ¿Tienes hambre? –Preguntó haciendo aparecer puré de frutas, pan y jugo.
-¡Mucha!-Su sonrisa expresaba agradecimiento, sentía el rugido de su estómago y mordió el pan calientito al instante que apareció Regina en el marco de la puerta, sus ojos estaban vidriosos, su traje negro de cuero y su peinado y maquillaje perfecto, la pluma temblaba entre sus dedos, Emma no la vio pero Regina había sentido el hambre de la niña y la felicidad de la comida, no sabía si alguna vez se acostumbraría a emociones tan intensas en su cuerpo, en ese instante solo sabía que se acababa de esfumar de una junta de conciliación de reinos y tras secarse las lágrimas se hizo desaparecer nuevamente.
-¿Puedo volver con la guardia real? –Preguntó con la boca llena.
Maléfica rio con ironía y la tomó de los hombros mirándola a los ojos. –Pequeña no creo que tengas permiso de hacer ninguna otra cosa jamás.
-Ahhh ya lo sé. –Se quejó con ambas manos en la cara, ella era inteligente y sabía que el ataque de Robin Hood volvería a la reina mucho más cuidadosa con ella y eso la molestaba mucho, apenas estaba conociendo el mundo y le aterraba que el año entero se convirtiera en un invierno eterno.
-Asegúrate de siempre decir lo que piensas, de esa forma ella sabrá que te lastima, no son malos consejos, bebe esto. –Le pidió entregando el frasco de cristal. –Va a solucionar lo de tus piernas, te voy a llevar a caminar un poco antes de que Regina te saque de aquí para siempre. – Sonrió.
-Es cierto, sabe a durazno. – fue su respuesta al incorporarse con una mejor coordinación y tras dar las gracias empezó a caminar por toda la habitación, dando a entender que la paz y tranquilidad habían terminado.
Cuando Regina llegó, mucho antes de la hora acostumbrada no pudo contener el llanto al sentir la genuina emoción de Emma a penas sus ojos se plantaron en ella. –No, no llores Gina, estoy bien –Pidió secándole las lágrimas y cubriéndola contra ella, ¿A caso soñaba? Regina no lloraba, esto era muy extraño.
-Lloro porque estoy feliz. –Susurró. –Vas a tener que acostumbrarte a verme llorar ¿Entendido? He cambiado un poco, me ha quitado una parte dura y valiente para matar ese veneno. –Explicó.
-Te voy a cuidar no necesitas esa parte, podemos irnos ya si lo necesitas. –Su mirada reflejaba preocupación y Regina sintió el cambio en su humor.
–Oh, nos vamos a ir pero puedes terminar lo que estás haciendo, yo aún tengo que saber algunas cosas sobre cómo cuidarnos ahora, ya sabes, antes de que te vuelvas grande y puedas cuidar de mí. –Besó su mejilla.
-Voy a crecer rápido.
-No llevo prisa cariño, todos se van a sentir muy felices, ¿Recuerdas que tú y yo organizábamos muy bien a la guardia real? Bueno al parecer Graham y otros cinco lo pueden hacer como si estuviéramos ahí, tu tratado es un éxito, les gusta mucho, hacen trampa y ponen su casa o su tienda como lugar que necesita ser reparado, pero Graham les explica que no es trampa, que estas enterada, que lo permites y te parece bien, vas a ser la mejor reina cariño.
-No voy a ser reina.
-Oh... Ya lo sé, vas a ser un pescado. –Sonrió. –Hablando de pescados, Úrsula apareció hace un par de semanas en la plaza, ¡Llevaba a Erick de la oreja!
-¿Es en serio?
-Yo no mentiría con algo así, admitió que había sido deshonesto para no quedar mal con los habitantes de su propio reino y les hablé de tu tratado como una opción porque Úrsula quería que matara a Erick, le hice saber que no estábamos matando a nadie como protesta a la Reina Aurora y ahora todos quieren tu tratado, debido a que tú lo redactaste en seis líneas y tenían algunas dudas hubo que agregar unos cuantos puntos por protocolo pero todos los reinos están trabajando esa opción y no están matando a nadie, espero que estés bien para la siguiente reunión.
-¿No me vas a encerrar por el resto de mi vida para que nada me vuelva a suceder?
Regina se hincó ante ella y tomó sus manos mientras la miraba a los ojos. –Si eso es lo que deseas yo estaría encantada de hacer que sucediera, solo pídemelo y no volverás a ver la luz del sol. –Sonrió y Emma supo que no hablaba en serio. –Te extrañé. –Completó con un beso suave en su mejilla.
-Es temprano, Regina, que gusto tenerte de vuelta. –La sonrisa de Maléfica era puro gozo. –Corazón, por qué no finges que buscas la flor en el lodo mientras hablamos cosas que no puedes escuchar y después volvemos adentro por la cena.
-No, yo quiero escuchar. –Su voz fue tierna mientras acariciaba las mejillas de Regina.
-Ve, por favor cariño. –La voz de la reina solo tuvo que tocar sus oídos para obedecerle de mala gana. –La he sentido todo el día, no sé qué piensa pero sé qué siente, conozco sus intenciones, es un millón de veces más pura que cualquier ser, es más pura que sus padres, me siento mal, debes sacarme el corazón, tanta intensidad me sofoca.
-Eso rompería el vínculo y la mataría, cada día descubro más sobre esto, encontraré la forma de que puedas sentir de forma oscura y ordinaria de nuevo, por mi pueden quedarse siempre y yo revisaré los cambios.
-Una reina debe estar en su palacio, reinando y eso es lo que haremos para el final de esta semana, solo necesito familiarizarme un poco con sus emociones. –Declaró haciendo aparecer una galleta.
-Veo que has cambiado de manía.
-No tengo idea de qué hablas. –Expresó aun masticando y con una amplia sonrisa corrió hasta el pantano tomando a Emma desprevenida y haciéndola reír.
Las emociones de la pequeña eran por mucho lo más intenso que su cuerpo había recibido y Maléfica aún no lograba descifrar si era porque se trataba de una percepción distinta de su pureza o sencillamente así reaccionaba el cuerpo cuando tenía que lidiar con dos individuos sintiendo simultáneamente, sin embargo logró sacar adelante unos cuantos manuales con explicaciones teóricas y prácticas al respecto que Regina podría avanzar para posteriormente cotejar, era realmente desafiante ser pioneras en alquimia mágica.
-¿Hay alguna otra cosa?
-Regina, estoy segura de que si sientes algo extraño te vas a hacer aparecer en mis habitaciones a la mitad de la noche, todo es normal. –Expresó con una amplia mueca y sus manos cruzadas a la altura del pecho con entusiasmo.
-No creo poder volver a mi palacio, no así, la gente que me ve diariamente parece no notar nada pero yo me doy cuenta, yo me siento diferente sin mencionar que no pasa un día sin que me suelte a llorar como niña ante cualquier cambio emocional de Emma, soy la Reina Malvada y no entiendo por qué sólo yo estoy completamente afectada por sus emociones y ella se siente tan tranquila.
-¿Te gustaría que Emma cargara con el peso de tus emociones? Estoy casi segura de que es porque Emma aun no descubre su magia interior.
-¡Y eso!, sigues diciendo eso, como si Emma tuviera magia, Emma es normal, cree que es magia cuando Anastasia usa condimentos para sazonar la comida, no hay forma de que ella desarrolle algún tipo de poder.-Dijo esto último en voz baja.
-Lo hará y es un espectáculo increíble verte Regina, es como si la inmortalidad te hubiera hecho incluso más joven. –Continuó sonriendo mientras empacaba los manuales.
-No tienes que seguir recordándolo, puedo sentirlo yo misma y puedo decirte que no es agradable, es sumamente extraño.
-¿Cuándo le piensas decir a Emma?
-Oh... Nunca.
-Será interesante cuando ella sea una anciana y no entienda por qué tú luces más joven de lo que ella recordaba en un inicio.
-No sé qué decirle, ella habría hecho lo mismo por mí pero es muy joven para entender, tal vez cuando sea mayor, ¿Puedes dejar de insistir y mantener tu boca cerrada hasta que sea el momento?
-Eso es más sensato. –Accedió aún con la vista fija en ella. No podía dejar de admirar el cambio en su persona, realmente la inmortalidad le sentaba bien.
-Estoy lista. –Interrumpió Emma en su saco rosa de terciopelo y pantalones blancos, la influencia de Maléfica en el modo de vestir de la niña era completamente evidente así como el hecho de que su cabello había crecido cinco centímetros en el último mes en gloriosos rizos ambarinos que cubrían toda su espalda, la niña estaba completamente recuperada.
-¿Te has despedido? –La voz de Regina era calmada mientras se colocaba sus guantes y observaba el efusivo abrazo entre el dragón y la princesa, ya había renunciado a su vida por ella, definitivamente las cosas se salían de proporción cuando se trataba de sentimientos.
-Ya sé cómo llamar a mi caballo. –Confesó en los brazos de la reina mientras se desvanecían en la nube púrpura.
-¿Cómo? –La duda le lleno de una forma infantil que solo podía ser culpa de la pequeña.
-Dragón.
-Pero es hembra, cariño.
-Maléfica es mujer. –Argumentó bajando de sus brazos no sin antes besar su mejilla, estaban de vuelta en el palacio. -¡Chip! ¡Señora Potts!, ¡Anastasia!, ¡Drizella!, ¡Lucifer! –Gritó por toda la planta baja repartiendo abrazos, besos y su versión de lo sucedido a diestra y siniestra mientras ella se escondía en sus habitaciones, era eso o que todos la vieran romper en llanto por la emoción de Emma al recibir una tarta de bienvenida. Era increíble para Regina como Emma misma no se desvanecía con cada una de sus emociones, como podía estar serena y ser feliz con esa intensidad.
-Gina, traje comida y leche. –Expresó al alba entrando en sus habitaciones.
-Bien cariño, puedes estar en la cama... o donde desees. –Sonrió desde el escritorio aún sensible.
-Oh no, estoy muy llena, no podría comer más al menos hasta media noche, lo traje para ti, deberías comerlo porque este palacio es más grande y caminé yo sola desde la cocina y tiré la mitad de la leche por los pasillos.
-Eso es chantaje… mírame a los ojos…. La señora Potts cargó todo por ti, ¿Cierto?
-¡Ni siquiera tienes como saberlo! –se quejó con una gran sonrisa hacia ella colocándose en su regazo. –De todos modos lo vas a comer, ¿Cierto?
-Claro que lo voy a comer, muero de hambre. –Mintió con dulzura llevando un trozo a su boca. –Y claro que lo sé, yo me hice cargo de ti antes de que ella llegara, te conozco, eres incapaz de cargar una copa desde la cocina.
Emma sonrió en un gesto ofendido, cómo si se le acabara de difamar y enseguida se compuso. –Tienes razón… Volvimos a casa, ¿Qué va a pasar conmigo?
-Vas a ser el pescado que cuida caballos mejor educado en la historia, probablemente el único hasta ahora, pero hay que dejar muy altas las expectativas para tu estirpe, vas a aprender todo sobre todo, eso es lo que va a pasar contigo, vamos a llenar esa cabeza tuya con historia, letras, números, alquimia, vas a tejer, vas a cocinar, no va a ser fácil, patito, pero estoy contigo y estoy segura de que puedes con eso. –Acarició su cabello antes de dar un segundo bocado, la pequeña no parecía muy convencida.
-Nunca volveré a salir… -Afirmó y Regina sonrió suavemente.
Conforme Emma crecía, la complejidad en el orden del día tenía un aumento proporcional en responsabilidades y eso no le agradaba, varias veces por semana empezaron a asistir tutores supervisados sin mencionar que las clases de modales se volvieron sumamente estrictas.
Montar a Dragón era un lujo que debía ganarse sin embargo ahora podía ser parte oficialmente de la junta de reyes, opinar y mirar a Aurora más allá de la chica caprichosa de brazos cruzados que la ignoraba por completo e imaginar que alguna vez todos la habían visto como a ella, una niña inocente con ansias de aprender.
Y esa mañana inició para Emma con el mismo tedio, su ropa de montar azul celeste no vería a Dragón, ni siquiera los jardines porque pasaría aprendiendo sobre números y a penas concluyera eso perfeccionaría las técnicas de costura para luego pasar la tarde practicando lectura y redacción antes del té de media tarde, así no era como había imaginado su vida.
Así era cómo Regina mantenía sus emociones estables.
A penas había pasado el mediodía para la reina cuando se encontró con un fuerte dolor de cabeza, siempre le sucedía cuando Emma estudiaba cosas que no le gustaban, no podía interrumpir las lecciones solo para su comodidad pero tenía los manuales de Maléfica "Una emoción intensa puede silenciar los sentimientos del huésped", se leía como la única sugerencia para desconectarse momentáneamente de Emma, considerar a Emma como un huésped dentro de si misma le parecía inconcebible pero si se iba a permitir sentir, necesitaba dejar algunos tecnicismos de lado.
Tomó un baño corto y lavó su cara con suavidad, masajeando sus sienes punzantes y limpiando todo rastro de maquillaje, su pelo suelto caía en ondas irregulares bajo sus hombros y sus ojos negros brillaban en una perfecta combinación de oscuridad.
Cubierta únicamente por una bata de satín se sentó ante el escritorio de madera, su cabello aún estaba húmedo y le mojaba la espalda pero parecía no importarle mientras revisaba entre las hojas del pequeño manual, los primeros dos años de emociones habían sido sumamente extraños para ella, pues tanto tiempo de amor y cariño incondicional se había transformado en momentos de aprendizaje y reconocimiento, antes Regina sabía cuándo Emma mentía pero ahora estaba segura, antes creía saber cuándo temía o dudaba pero ahora podía predecir sus movimientos y cuidarla y eso hacía que la niña se encontrara molesta y frustrada pero también que se sintiera confiada y empática, ambas funcionaban como una unidad y al mismo tiempo se volvía en su contra.
-¿Me ha llamado, su majestad? -La voz del hombre resonó con suavidad hacia sus oídos haciéndola levantar la vista con expectativa, el dolor de cabeza había disminuido lo suficiente como para que ella recordara las… instrucciones del rito que la esperaba.
-Claro que sí, Graham. -Se levantó y con pasos suaves se acercó a él. -Requiero de uno de tus servicios esta tarde. -explicó deshaciendo el nudo en su bata con una lentitud dolorosa, acto seguido, dejo caer la prenda al suelo y el jefe de la guardia real quedó pasmado ante la completa desnudez de la reina... -Implica que me lleves a la cama.-Ordenó en un susurro cerca de su oído. -No seas gentil.-Esto último a penas lo pudo terminar de decir pues el caballero rompió la distancia con sus manos alrededor de ese cuerpo que hacía tantos años no le permitía tocar, desesperado y hasta torpe mientras la tomaba hasta la cama... La dejó caer sobre las cobijas y mientras su boca recorría cada parte de la reina, por arte de magia se desvanecía su ropa hasta que ambos estuvieron desnudos. -Hazlo...-La reina no lo miraba, solo susurraba a su oído y en un arqueo convulsionante lo sintió en su interior... Una vez... Otra vez... Una tercera vez hasta perder la cuenta en una sincronía matemática hasta el fin de la cordura... Su voz se transformó en quejidos incoherentes.
Con el paso de los años en el palacio, la reina había que tenido que aprender a encontrar momentos para si misma, momentos de intimidad, de liberación y de tranquilidad, con la pequeña Emma cerca, ni siquiera un baño relajante era posible, sin embargo ahora ella era independiente, podría retomar las actividades... Estimulantes.
Cuando Emma decidió que era pertinente quejarse por tener que asistir el tercer día de cada semana a clases de costura, supo que tenía que formar un argumento irrefutable y mientras caminaba por los pasillos con el pedazo de tela blanca que mostraba un intento de flor, solo podía pensar, que de darle a elegir, ella preferiría montar todos los días a Dragón, deseaba ser una guerrera, tal vez algún día lograría imponer como la reina pero ciertamente el aprender a tejer no la iba orientar en nada a ayudar una aldea contra un troll o a crear un nuevo tratado entre reinos... Sin importar que aprendiera con una aguja o con dos, con gancho o con rueca, el "arte" de las telas, como lo llamaba la Sra. Potts, era lo más estúpido del universo y no iba a tolerar otra semana bordando flores para cojines, bolsos o manteles, una guerrera no bordaba, una guerrera aprendía a usar la espada, aprendía a pelear y a defenderse... -"No voy a volver a esa clase..."No, no, así no, "No veo el punto de tomar esa clase" ... No, tampoco... "Regina, odio coser, lo odio, quiero ser como tú!" ... sí eso! -Se debatía en el pasillo que llevaba a sus habitaciones. -Un respiro hondo ante la puerta y la abrió con suavidad. -Regina... -Llamó en voz alta pero no hubo respuesta y tras una pausa empezó a escuchar leves lamentos provenientes de la alcoba... ¿Regina? -Dudó dando pasos suaves y silenciosos... Y lo que se encontró le heló la sangre por completo, sintiéndose pálida y mareada se alejó caminando hacia atrás sin desviar la mirada hasta salir de las habitaciones y cerrar la puerta nuevamente... Se quedó ahí, de pie, tratando de comprender qué hacia la reina completamente desnuda sobre el cuerpo de Graham, moviéndose con violencia y jadeando como si algo la tuviera atrapada, preguntándose por qué ella lo permitía, por qué con ese hombre tan... Ordinario se dejaba ver de esa forma, por qué se dejaba... ver... ¿De qué privilegios gozaba? Emma nunca había visto ese frenesí esa humanidad...
La niña se encerró en sus habitaciones… caminando en círculos, divagando, tratando de borrar la imagen en su mente y finalmente se sentó ante la ventana en silencio, ya había olvidado para qué había buscado a la reina, solo deseaba que Graham se fuera porque la reina era suya y nadie podía tenerla así, ni siquiera ella porque era incorrecto, que lo enviara lejos, a una batalla... Ella podría ser un guardia, él no tenía nada de particular.
La reina la trataba diferente desde el ataque de Robin Hood, con más cuidado y no la dejaba hacer tantas cosas peligrosas y ella lo entendía y lo había permitido, pero... No más, ella era un guerrero y se estaba convirtiendo en una dama que cosía cojines y bolsos y mantas, eso no iba a hacer de ella una reina... No que ella fuera a ser una reina pero iba a ser un guerrero y los guerreros no ganaban batallas con punto de cruz.
No fue hasta más tarde ese día que la Reina entró en su traje para momtar que la pequeña salió de su transe, ahora tenía los labios pintados, su peinado perfecto y su sonrisa cínica... De nuevo tenía a la reina frente a ella y sintió enojo.
-Patito... La Sra. Potts dice que desapareciste, afirma que estabas en clase de costura y de pronto no estabas más, esta aterrada y cree que para este momento ya estás en un barco camino a alguno de los reinos mas allá del mar. Yo solo puedo pensar que pasas tan poco tiempo aquí que parece ser el mejor escondite.
Por un momento odió que la reina fuera capaz de hablar con tanta naturalidad después de lo que había presenciado. -Disculpe, su majestad, no volverá a ocurrir, solo no quiero tener que regresar a esa inútil clase.
-Eres una dama, Emma, tienes que aprender.
-Yo no quiero ser una dama, yo quiero aprender a utilizar la espada, quiero montar a caballo y quiero ser jefe de su guardia real, su majestad, puede decirle a Graham que se vaya y yo tomaré su lugar.
La mirada de Regina era impasible, en momentos así, deseaba poder leer su mente. -¿Está todo en orden? La niña que vive en este palacio generalmente no tiene tan buenos modales ni se refiere a mí con respeto.
-Todo en orden, su majestad, solicito un cambio para mis clases. -Su voz era templada y ausente.
-No seas infantil, Emma y no voy a tolerar esa actitud. –Regina reflejaba angustia, habían pasado dos años pero aún así no se acostumbraba a sentir sus emociones y en este momento eran bastante intensas.
La niña suspiró profundamente, -Lo siento.
-Así está mejor, ahora dime que te sucede.-Se acercó a ella y le acomodó el cuello del saco.
-Escuché una historia sobre un príncipe y una princesa, y ellos se casaban.- mintió tratando de recordar alguna de las historias de la señora Potts. -Yo no me quiero casar con un príncipe. -Dijo desviando los ojos. - Pienso que todos en el reino son sencillamente espantosos.
-Estoy segura de que si te quieres casar con un granjero lo harás y me dejarás de lo más avergonzada porque eres un torbellino, sin embargo, no voy a permitir que lo hagas al menos hasta dentro de otros once años, así que no le veo sentido a tu enojo.
-¿Puedo casarme con usted? Puedo ser un caballero y usted es la reina. –La pregunta surgió de su corazón sin pasar por su mente ni preguntar a sus labios.
-Ohh Emma. -Sonrió pasando sus manos por entre los rizos rubios y largos, fijando su mirada oscura en la claridad verdosa que proporcionaban los de la niña. -Créeme, estaría más que feliz de que tu madre llegara y viera que estoy casada con su hija -rio suavemente- sin embargo, soy demasiado mayor para ti. -Se hincó ante ella y le tomó las manos. -Yo jamás permitiría que acabaras en manos de una persona que te llevara tantos años de ventaja ¿Quedó claro? - besó su mano y le sonrió. -Que sepas que es un honor que me consideres, patito. -La inocencia en la niña le hacía sentir tanta ternura en su corazón que no hubiera sabido expresarla aunque lo intentara. -Vas a empezar a montar a caballo y aprenderás a usar la espada, creo que puedo molestar perfectamente bien a tu madre con eso.., ¿Entendido?
-¿Voy a ser un caballero?
-Acabas de pedirme que deje ir a Graham, cosa que definitivamente no haré porque tú no me das ordenes ni hoy ni nunca porque no quieres ser la reina... Es una lástima. –Sonrió con ironía. –Pero tienes razón, no te voy a obligar a tejer si no quieres hacerlo, realmente, entonces vas a entrenar con la espada todas las mañanas, las tardes a tus libros, los días de reunión a tus reuniones, cuando debas practicar con dragón, practicaras, cuando tengas deberes los harás... y ya veremos qué clase de ser humano resultas, el día que le ganes una batalla a Graham, ese día volveremos a discutir el tema.
-Tengo once años, ¿Cómo le voy a ganar a Graham en batalla?
-¿Eso que escuché fue miedo? ¿La señorita Emma está asustada? –La retó y el rostro de la niña se iluminó en una sonrisa completa.
-Claro que no es miedo, él se va a sentir muy avergonzado cuando le quite su lugar, Regina.
