4 meses después
Rose miraba el atardecer desde su habitación. Aquel día se cumplían cuatro largos meses desde que los Malfoy se había ido. No daban señales de vida, y al parecer los cobardes no iban a regresar.
A pesar de que habían acordado quedarse ahí tenían que ir a Londres, un lugar en donde su madre empezaría un gran proyecto. Pero como no querían dejar solo a Louis lo iban a llevar consigo. El plan era empezar una vida ahí, lejos de todos los recuerdos que aquel lugar le provocaba.
- Todo ya está listo, mañana a las seis de la madrugada sale el barco – le anunció Hermione desde el marco de la puerta. Con una sonrisa se acercó y la abrazó fuertemente –. No va a pasar nada en el barco, te lo aseguro – le susurró lentamente. A pesar de todo Rose tenía un trauma con los bracos, extraño pero cierto.
- Lo sé – Rose sonrió levemente.
- ¿Estás lista? – le preguntó Hermione. Rose entendió a qué se refería. ¿Se encontraba lista para superar todo, empezar de nuevo, y hasta enamorarse? No lo sabía. No se sentía lista. Pero tenía que hacerle creer a su madre lo contrario.
- Estoy lista – respondió aunque la respuesta bien sabía que era otra.
- Descansa, mañana tendremos un largo viaje – le dio un beso en la mejilla y salió caminando, cerrando la puerta a sus espaldas.
Rose recordó el dije que Scorpius le había regalado, el del barco. El recuerdo le provocó un escalofrió. Se acercó a su tocador y abrió el cofre, de el saco el delicado dije de las espadas cruzadas.
Después de haberse recuperado – parcialmente – Louis le había explicado que aquel era el dije de los Malfoy. El recuerdo de su palma sangrando le sacó un par de lágrimas. Odiaba a los Malfoy.
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Jane miraba la gran casa que ahora era propiedad de su padre. Después de haber pasado cuatro largos meses terminando sus estudios y con su madre había decidido que era hora de visitar su padre y hermano.
A su madre no le había desagradado la idea, pero se había negado a acompañarla. Así que mientras que Jane estaba en Inglaterra su madre se había ido a viajar por Europa.
- Te hemos extrañado tanto, hija – la voz de su padre sonaba quebrada, Scor asintió. Su hermano mayor le había hecho mucha falta.
- Yo también – dijo rompiéndose un poco y abrazando fuerte a su padre.
Lo que había hecho era terrible, sí. Pero era un humano, y era su padre. Nunca, por nada del mundo, dejaría de amarlo.
Cuando se soltó de su padre Scorpius se acercó hasta ella para envolverla en sus brazos, apretándola contra su pecho. Lucía roto y devastado a sus 22 años.
- Me quedaré aquí por unos cuatro meses – dijo intentando sonreír.
- Perfectos para la boda de tu hermano – dijo Draco intentando animar el ambiente, pero solo logró que Jane se quedará muda y con los ojos abiertos.
- ¿Boda? – chilló asustada y miró a su hermano, este asintió.
- Me casaré con Úrsula, Jane. No sé si la recuerdas. Nos encontramos aquí y bueno, ella seguía enamorada de mí… - Draco sonrió un poco y Scor soltó un suspiro.
Jane contuvo las ganas de saltarle a su hermano y propinarle una gran bofetada para que regresara a la realidad. ¿Cómo que se iba a casar?
- No puedes casarte obligadamente – murmuró negando con la cabeza. Scorpius se encogió de hombros.
- Tengo que empezar una vida, Jane. Hacerme cargo de las empresas, dar un heredero. Digamos que la vida no ha terminado – la rubia miró sorprendida a su hermano. ¿Tanto le había afectado perder a Rose como para sentar cabeza?
Antes de la pelirroja ni siquiera en sus peores pesadillas se habría imaginado a Scorpius pensando en el futuro, en hijos… ¡Ni siquiera en la empresa familiar!
- Scorpius tiene razón, Jane. Pronto yo no podré seguir haciéndome cargo de las empresas y él tomará el mando. Yo moriré tranquilo si sé que hay un heredero…
Jane miró incrédula a su padre. Era increíble que siguiera siendo el mismo, en parte. Solo pensando en dinero, linaje, sangre pura… ¡Ah! ¡Le reventaba la cabeza!
El silencio reinó en la sala de la gran casa. Ambos hermanos se miraban de rato en rato y Jane sonreía irónicamente.
Una empleada entró y anuncio a Úrsula, segundos después una pelinegra de ojos grandes y labios rojos entró. Llevaba un vestido negro con un cinturón blanco en la cintura, resaltando su piel clara. Su porte era elegante y sus curvas resaltaban donde debían. Jane no pudo mirarla con más odio.
- ¿Jane? – pronunció al verla -. ¡Jane! – gritó fingiendo emoción y se acercó hasta la rubia para darle un abrazo. Jane intentó apartarla en vano -. No me habías comentado que tu hermana vendría, cariño…
- ¿Qué? ¿Acaso esperabas que no viniera a la feliz boda? – comentó Jane rodando los ojos y Úrsula solo rio.
- Que comentarios tan divertidos – como si fuera una niña pequeña le despeinó el cabello.
- Señor Malfoy – saludó educadamente a Draco y este sonrió.
- Siempre eres bienvenida en esta casa, Úrsula – la chica sonrió alagada y le lanzó una mirada hambrienta al rubio.
- Cariño – dijo de manera melosa y se abalanzó, bueno…acercó a Scorpius para darle un beso. Este aceptó sin ganas.
- Antes de irnos tengo que hablar con mi hermana – le dijo y está frunció el ceño.
- Bueno, te espero en la entrada – dijo dándole un beso en la mejilla y retirándose.
- Los veo en la cena – les dijo a ambos y se retiró detrás de Úrsula.
Jane miró furiosa a su hermano cuando se quedaron a solas y negó con la cabeza. Estaba más que molesta con él por su decisión.
- ¡¿Cómo puedes casarte con ella?! – chilló pero él le tapó la boca con una sola mano.
- No hagas tanto lío que pueden escucharte – la calló y ella forcejeo bajo su mano. Poco a poco se dio por vencida y Scorpius la soltó.
- No lo entiendo, Scorpius. ¡No lo entiendo! – le dio la espalda a su hermano y esté soltó un profundo suspiro, mientras se pasaba una mano por el cabello.
- No eh olvidado a Rose, ¿Okay? Pero lo mío con ella es imposible, muy aparte de todo el daño que le he hecho. No creo que nunca logré perdonarme. Por lo que tengo que seguir con mi vida…
- ¿Con Úrsula? ¿Acaso crees que vas a ser feliz con ella? ¿Por qué no podías esperar un poco y tal vez encontrar una buena chica…?
- ¡No hay tiempo, Jane! – la rubia no entendió a su hermano y esté bufó estresado -. Papá va a morir, Jane. Le han diagnosticado una enfermedad terminal. No hay tiempo, quiero que se vaya…tranquilo.
La noticia despedazó a Jane pedazo por pedazo. Contuvo las lágrimas apretando los dientes y liberó un chillido con la boca cerrada.
No quería perder a su padre…sin embargo…
- ¿Cuánto tiempo? – soltó.
- Cuatro meses, a lo mucho. Se pondrá peor cada vez más… - Jane agachó la cabeza y dejó escapar una lágrima. Se la secó con rapidez.
- No sé qué hacer…
- No hagas nada, él será feliz contigo al lado. Tú ya lo escuchaste, quiere un heredero. Tengo que hacerlo, no dejaría que te casará con alguien e hiciera que tuvieras un hijo – Jane alzó la mirada y vio los ojos rotos de su hermano.
- Lo siento – fue lo único que dijo antes de abrazar con fuerza a su hermano. Él acaricio su cabeza dejando que ella se desahogara en su pecho.
Ambos se quedaron abrazados. A pesar de todo ninguno había logrado empezar desde cero, y tal vez siempre se quedarían atrapados en un pasado sin futuro.
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Rose caminaba por el parque más cercando a su nueva casa. Estaba completamente sola en ese pequeño lugar. Caminó lentamente hasta llegar a la pequeña fuente que había en el centro. Se quedó observando como el agua caía lentamente, de manera muy similar a las lágrimas.
Aturdida dejó de mirar. Debía dejar de sufrir y auto-compadecerse, eso debía quedarse en el pasado.
Scorpius salió estresado de su casa, no quería estar en ese lugar ni en ningún otro de aquel país. Solo quería regresar a los lugares en los que había estado con Rose. La extrañaba tanto. Su sonrisa, su aroma, sus ojos brillantes…
No quería casarse pero tenía que hacerlo.
Llegó al parque con constantemente visitaba desde que había llegado a vivir en Londres. Era un lugar tranquilo y pequeño, perfecto para relajarse. Cuando su mirada se posó en la fuente se quedó atónico.
Frente a la fuente estaba Rose, luciendo hermosa. Llevaba un vestido rojo que la hacía verse adorable, con su cabello rojo atado en una cola y los labios de rosa. Sus delicadas manos cogían una sombrilla para que el sol no la fastidie. Sus ojos azules deambulaban por el lugar, examinando todo lo que le parecía interesante.
Scor seguía sin creérselo. Ella estaba ahí. El deseo de acercarse estaba luchando en su interior con su sensatez. No podía. No debía. Pero quería.
Si lo hacía se arriesgaba a que ella lo atacará o sabe Dios qué.
Se quedó parado, observándola de lejos. Era mucho mejor así. No quería perder de vista a Rose por acercarse.
Si ella se encontraba en la ciudad eso quería decir que su madre también. La idea de avisarle a su padre acudió a su mente pero no. Si se lo debía a lo mejor salían de Inglaterra lo más antes posible.
Rose se relajaba demasiado viendo el agua caer, gota por gota. Hasta que sintió que alguien la observaba. Quería voltear, pero el miedo a descubrir quién era fue más fuerte.
Siguió caminando por el parque, en silencio.
- ¡Rose! – gritó un castaño corriendo hacia ella. Cuando lo vio sonrió -. Rosie, tú mamá dice que regreses. ¡Te va a llevar a conocer el teatro! – exclamó emocionado y ella soltó una risa por lo cómico que se veía.
A Scor se le revolvió el estómago al verlos juntos, otra vez aquel castaño. Si su hermana supiera que Louis también estaba en Inglaterra se rompería más de lo que ya estaba. Bufó. ¿Qué clase de destino era el que los juntaba a quiénes más daño habían causado?
- Okay – aceptó la pelirroja -. Vamos – el castaño le sonrió y ambos se alejaron caminando.
Cuando Scor notó que ambos habían desaparecido suspiro de alivio. Ahora ya no podría estar tranquilo por la calles sabiendo que Rose vivía cerca…nuevamente.
Regresó a su casa agitado. Había salido a dar un paseo para relajarse y solo había conseguido estresarse más, y lastimarse de paso.
En la sala su hermana estaba sentada en el sillón, mirando a la nada.
- Mamá dice que no vendrá a la boda – dijo dándole una carta, Scor sintió un nudo en la garganta -. Ella sabe que tú no la quieres y por eso no vendrá a verte cometer el peor error de tu vida.
- Ese no es el error de mi vida – dijo y Jane se quedó en silencio. Scor se mordió la lengua para evitar confesarle a su hermana que había visto a Rose y Louis juntos -. Yo…tengo que ir a descansar.
- Descansa – fue lo único que le dijo su hermana. Scor se retiró con un nudo en la garganta.
La rubia suspiró. No le gustaba para nada como habían terminado las cosas en su familia. Deseaba más que nada regresar a esas épocas en donde los cuatro comían juntos en la cena, mientras Scorpius bromeaba con intención de sacarle una sonrisa a su padre.
- Una risa, papá. No te hará nada mal – dijo Scorpius con el toque pícaro de un chico de 15 años.
- Ya lo hará, Scor. Mira cómo se está resistiendo – dijo su madre entre risas mientras señalaba acusatoriamente a Draco. Él cual contenía las ganas de sonreír.
- A poco no debo de ser comediante, papá – Scor tenía fideos en la nariz y la cara manchada de salsa roja.
Por fin Draco soltó una risa y los cuatro rieron divertidos mientras Scor hacía extrañas muecas.
Jane reprimió las ganas de llorar.
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Hermione le enseñaba orgullosa a su hija el teatro. Todo el mundo era amable con la hija de la dueña y le platicaban cosas interesantes a las que ella prestaba atención.
- Eres muy lista – la felicitó una castaña de ojos verdes.
- ¿Lista, yo? Debes de estar bromeando – rio Rose mientras miraba a otro lado.
- Asimilas las cosas con facilidad – le dio un cumplido y Rose se sonrojó.
Ambas avanzaron por el lugar.
- Mi nombre es Pamela – se presentó la castaña tendiéndole la mano. Rose la estrechó y sonrió.
- Un gusto, Pamela – la pelirroja lucía contenta y emocionada por conocer gente nueva.
No muy lejos de ella un azabache no le quitaba la mirada de encima, y la estaba incomodando.
- Al parecer Diego no va a dejar de mirarte – la pelirroja se ruborizó un poco y soltó un suspiro -.
- Será mejor que deje de hacerlo – dijo echándole una mirada.
Era atractivo, pero no podía fijarse en alguien tan rápido.
Estaba empezando de nuevo, no tenía por qué lanzarse a lo primero que encontrará.
