Una vez en la clase de Literatura, Adrien descubrió algo sobre sí mismo. Estaba fascinado, porque era la primera vez que algo así sucedía.

Es que... todo lo que Adrien hacía no era por gusto, todo era algo impuesto. El modelaje no era su pasión, solo lo hacía por satisfacer a su padre, se veía tan feliz cuando modelaba que prefería no discutir con él. El esgrima le encantaba, pero él no había decidido meterse en ese taller. Los idiomas también le gustaban, aunque le resultaban bastante aburridos, pero también era algo impuesto por su padre.

Definitivamente, para Adrien era muy difícil tomar sus propias decisiones. Era un chico demasiado bueno, era sensible y odiaba hacer sentir mal a los demás. Por esa misma razón, no se conocía a sí mismo del todo bien. Se podría decir que sus gustos aún no eran del todo descubiertos.

Pero gracias a la clase de Literatura había descubierto que era muy bueno en las rimas, eso le encantaba y no podía dejar de jugar con eso. Y no era el único, Marinette jugaba con él a las rimas.

—Con todo ese talento que tienes para rimar, podrías hacer grandes cosas —le decía Marinette mientras se encontraban sentados en la banca ubicada en el parque. Últimamente se juntaban mucho en ese lugar, era tranquilo y era un lugar abierto, lo cual era aún más agradable.

Adrien amaba estar ante el sol.

—¿Algo como qué? —preguntó Adrien.

—Mm... escribir poesía, eso requiere rimas —comentó Marinette mientras pensaba en algo.

—Quizás...

Adrien pensaba que esa faceta de las rimas tenía su lado malo, porque lo hacia actuar como Chat Noir sin darse cuenta. Cuando molestaba a su amada Lady, utilizaba muchas rimas de modo no intencional. Quizás ahora se estaba arriesgando un poco, solo que no lo podía evitar.

—Es fácil, solo tienes que dejar salir tus sentimientos —Marinette por alguna razón no dejaba de pensar en su Gatito, él era un gran poeta, aunque a veces era un gran y molesto gato tonto. Era raro, pero le agradaba.

Entonces Marinette pensó en Adrien, solo en su nombre y no pudo evitar querer rimar su nombre.

—Adrien... —había dicho en voz alta. Estaba absorta en sus pensamientos.

—¿Sí? —respondió el aludido, pero la chica no dijo nada más. Él la miró y se dio cuenta de que estaba concentrada.

—Adrien es alguien... —volvió a susurrar ella.

—¿Soy alguien? —Adrien parecía confundido.

Marinette se sonrojo al notar que estaba hablando en voz alta y le dio algo de vergüenza, realmente no sabía qué decir para intentar arreglar eso.

—Adrien es alguien de bien —dijo ella demostrando que estaba rimando. Aunque le salió una risa nerviosa.

—Eso rima, pero no me gusta tanto —Adrien se puso pensativo —. Creo que podríamos hacer más juegos de palabras, mejor elaborados. Eres buena, pero te falta algo de práctica, mi... —notó que casi decía "Mi Lady" y notó el peligro —... Buguinette.

—¿Buguinette? —ella pareció confundida.

—Digamos que es un juego de palabras —Adrien rió y le guiñó el ojo a su amiga.

—Tú también eres malo en eso —la chica se cruzó de brazos.

—No tan malo como tú —se defendió él —. "Adrien es alguien de bien", por favor, todos somos alguien.

—Rimar Adrien no es tan fácil —se defendió la chica.

—Creo que en vez de jugar con nuestros nombres, deberíamos buscar otras cosas —Adrien pensó en Marinette, en sus pasiones y en lo deliciosa que era su comida —. Mari-mida.

—¿Mari-mida? ¿qué es eso?

—Marinette y comida: Mari-mida.

—¡Diablos! Eres terrible —ella empezó a reír. Adrien se enojó un poco y le dio un leve empujón, aunque tenía que admitir que le encantaba escuchar la risa de su amiga. Era tan suave, tan dulce y tan embriagante, te contagiaba deseos de reír también.

De hecho, Marinette era buena con esos juegos de palabras, o bueno: uniendo palabras. Desde hace algún tiempo había unido su nombre junto con el de su amado, de ese modo había nacido el "Adrinette", aunque por ahora permanecería en secreto.