Me han entrado las ganas de seguir, esto me evade y me quita el estrés que siento con los exámenes tan cerca. Muchísimas gracias a "mary" por su comentario en el capítulo anterior. Me alegra que te hayan gustado las historias :)

* Toda la historia y los personajes pertenecen a Pendleton Ward y Cartoon Network

* Algunos lugares y nombres son inventados por mí

* Escrita en español de España, algunos nombres pueden cambiar

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-¿QUÉ?-dijo Marshall-¿ese es tu gran plan?-la princesa llama frunció el ceño-por cierto, ella es la Princesa Llama

Llama hizo un tímido saludo y Fionna enrojeció. Se parecía mucho al Príncipe Llama, salvo porque su pelo era más largo y ahora mismo su fuego no refulgía. Era una muchacha normal y corriente de pelo lacio y rojizo con una gema en mitad de la frente que brillaba a la luz de la luna que entraba por la ventana de la torre. Era preciosa, aunque sus ojos negros denotaban tristeza por algún motivo. Fionna se preguntó si le pasaría algo o si simplemente estaba preocupada por la actual situación que estaban viviendo...

-No hay otra salida, vuestra amiga está débil y al parecer es la única que puede sacarnos de aquí-contestó Llama.

-¿Y Cake?-preguntó el Príncipe Chicle-Cake puede... antes lo intentó... vamos, cambiar de forma.

-También está muy debilitada-interrumpió Fionna-así que creo que es la única opción.

La Princesa Llama asintió. Ya no quedaba mucho para que volviera su fuego y entonces podría quemar los barrotes para que pudieran salir. Sin embargo en cuanto el fuego reluciera los verían por la ventana y tendrían que encontrar el modo de escapar con vida de allí a toda prisa y reunirse con las princesas y sus ejércitos en el claro del bosque. La Princesa Agua le había dado una hora antes de que todo volviera a la normalidad y estaba a punto de expirar, tan solo tuvieron que esperar unos minutos a que el fuego apareciera. Primero salieron chispas del pelo de la princesa Llama, que comenzó a elevarse de nuevo en el aire. Luego le siguió el fuego en su reluciente tez anaranjada y por último las llamas cubrieron su vestido, toda ella era un cúmulo de colores y calor.

-¡Vaya!-exclamó Fionna impresionada, en sus ojos se reflejaban las llamas de la princesa.

Llama extendió sus manos hacia la cerradura de la celda y el fuego comenzó a poner al rojo vivo el hierro. Sin embargo los gritos no se hicieron esperar, desde el exterior varios guardias de nieve habían visto que la ventana de la mazmorra donde estaban los prisioneros tenía una luz extraña y habían alertado a sus camaradas. Pronto se escucharon las pisadas y el ruido de las armas de metal subir hasta donde ellos se encontraban. A la Princesa Llama no le quedaba mucho tiempo hasta abrir la puerta...

-¡Vamos, vamos!-alentó Marshall-o nos convertiremos en cubitos de hielo para los cocktail de esa bruja estúpida

-Hago todo lo que puedo-gruñó Llama.

-Marshall no estás ayudando-Chicle se unió al gruñido de la princesa y frunció el ceño ofuscado.

-Tú tampoco has ayudado demasiado que se diga, habéis acabado en esa celda, principito. ¿Y se supone que las protegías?

-Hice todo lo que pude...

-Ajá...

-¡Callaos ya!-chilló Fionna y en ese momento un estruendo se oyó en toda la sala. El estruendo provocado por la cerradura al ceder... y la puerta de las mazmorras al abrirse. Los guardias de nieve habían llegado hasta ellos.

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-¡No la veo por ninguna parte!-chilló Chicle desesperada-se supone que estaba aquí, en mi laboratorio, se supone que...

-Cálmate, Bonnie, estará por aquí... ¿de qué color era?

-Amarilla, estaba en una probeta de cristal incluso puse la etiqueta de un pequeño limón en uno de sus lados-gruñó la princesa-no puedo haber sido tan torpe, era uno de mis experimentos más importantes.

Chicle se llevó las manos a la cabeza y se agachó para sentarse en el suelo, intentando recordar. Marceline se sentó junto a ella y llevó sus manos detrás de la cabeza.

-Soy una inútil, ¿verdad?

Marceline la miró extrañada.

-¿Por qué dices eso?-preguntó la vampira-creaste a Limoncio y ese loco imbécil es un retorcido con una mente perversa, precisamente inútil no es una palabra que te defina.

Chicle sonrió con amargura y negó con la cabeza.

-No es eso, Marcy...-suspiró la princesa-... solo creo cosas para destruir. Solo hago cosas para destruir. Creé a Limoncio y ha sido una catástrofe para todo Ooo, creé a Goliad y casi nos mata a todos, encerré a la Princesa Llama, casi destruyo el reino de fuego, reviví seres espantosos, tengo utensilios que podrían hacernos picadillo en dos segundos con solo accionarlos. ¡SOY MÁS PELIGROSA QUE TODOS ELLOS JUNTOS! Y ahora mi creación, mi propia creación está aliada con la Reina Hielo y nos van a vencer. Soy...

-... eres quién hace que siga día a día, Bonnie, no puedes decir que existes solo para destruir.

Marceline se acercó a la princesa y la atrajo hacia ella, meciéndola suavemente. Chicle cerró los ojos y aspiró durante un momento el aroma de la vampira. Era una mezcla entre detergente y hierba fresca, un aroma dulce que la hacía sentir segura y como en casa. Marceline olía a todas las cosas que a ella le tranquilizaban y le gustaban. Tenía la piel suave, impregnada con ese aroma. Pegada a ella podía sentir como su pecho subía y bajaba a medida que respiraba y que, bajo aquella fina camiseta que portaba las curvas de su cuerpo era pronunciadas y perfectas. Chicle acarició su espalda casi por inercia.

-Te destruí, Marceline, te destruía cada vez que decía que no. Cada vez que me negaba a ver lo enamorada que estaba de ti, cada vez que discutíamos o hacía ver que te odiaba. Destruyo todo lo que toco. Destruyo todo lo que... amo.

Chicle se separó de ella y se levantó, negando con la cabeza y abrazándose a si misma. Estaba temblando. Su pecho subía y bajaba rápidamente y el sudor comenzaba a recorrer su espalda. Se sentía sucia y despreciable, se sentía culpable de todo y de nada. No lograba entender la maraña de cosas que se pasaba por su mente en aquel instante. Marceline se levantó y flotó hacia ella, preocupada. Sus cejas habían trazado un arco hacia abajo, dando a su expresión un aspecto desesperado, temía por Chicle. No podía dejar que se culpase por todo.

La princesa retrocedió y se golpeó contra una estantería de la cual cayeron varios frascos con un líquido verdoso. Chicle estiró los brazos y volvió a negar con la cabeza.

-¡No te acerques a mí!-exclamó-No, Marcy, por favor... no lo hagas.

La princesa comenzó a sollozar. Marceline ignoró sus peticiones y se acercó a ella, haciendo el amago de querer abrazarla, sin embargo Chicle la rechazó y la apartó de un empujón. Marceline casi pierde el equilibrio, flotando como estaba en el aire.

-¡NO! ¡TE HARÉ DAÑO! TE DESTRUIRÉ, ES LO ÚNICO QUE SÉ HACER-la voz de la princesa estaba teñida de desesperación-¡ALÉJATE DE MÍ!

-¡No pienso hacer eso, Bonnibel!-rugió Marceline-quítate esa estúpida idea de la cabeza, ¿quieres? Todo esto no es culpa tuya. Tú no planeaste crear a un loco demente de color amarillo, tú no querías eso. Y tampoco con Goliad ni con la Princesa Llama. Todo lo que hacías era por el bien de tus ciudadanos, de Ooo...

-No es cierto, soy una amenaza... soy mala, Marceline, MALA. Si no quieres que te haga daño...

La princesa arañaba sus brazos sin darse cuenta, llena de rabia. Marceline cerró los ojos, dolida y apartó la mirada de la escena, desesperada. Cuando abrió los ojos, vio a una Chicle que no reconocía: débil, demacrada y muy asustada.

-Bonnibel, por favor, tú no eres así... no eres así para mí...

-Te hice tanto daño, Marceline...

-No era fácil, ¡tú misma lo dijiste! No era fácil para ninguna de las dos. Las responsabilidades, nuestros reinos, nuestro sexo...-chilló Marceline a la desesperada-... y yo lo entendía.

-Pero a pesar de ello no me apartaste, ¡yo a ti sí! ¿POR QUÉ NO ME ODIAS? ¿POR QUÉ NO ME GUARDASTE RENCOR Y DESAPARECISTE?

Marceline se acercó un poco más, pero Chicle no retrocedió. Tenía los ojos clavados en Marceline y la miraba con urgencia.

-Porque no puedo hacer eso. Nunca podré hacer eso.

-Porque me quieres, tanto como yo a ti... y sin embargo yo no podía dejar de pensar en lo que pasaría en Ooo si tú y yo estábamos juntas.

Chicle bajó la cabeza y Marceline aprovechó para ir hasta ella rápidamente y abrazarla. La presa que hizo sobre la princesa impidió que esta se moviera y pataleara como empezó a hacer.

-¡SUÉLTAME! TE DAÑARÉ Y... Y NO QUIERO... TE AMO MARCELINE NO DEJES QUE TE DESTRUYA... POR FAVOR...

-¡No vas a destruirme pedazo de idiota!-Marceline había comenzado a llorar, no sabía que hacer por la princesa. Hubiera dado lo que fuera porque dejara de tener aquellos pensamientos tan oscuros-no vas a hacerlo, tú no eres así, no vas a hacerlo.

Chicle se resistía e intentaba apartar a Marceline moviendo mucho los brazos. Las lágrimas surcaban su rostro rosado, humedeciéndolo por completo. Su expresión era de completo dolor y desasosiego. ¿Por qué alguien como Marceline, tan puro y tan bueno, quería a alguien tan malvado y destructor como ella?

-¡SUÉLTAME! POR FAVOR... por favor... Marcy...-se le agotaban las fuerzas.

Los vapores de los líquidos que habían salido de las probetas que cayeron de la estantería comenzaron a meterse por sus fosas nasales. El olor a flores y dulces de manzana comenzó a inundar la sala, pero allí todo era dulce menos la situación.

Marceline se apretó más contra ella y por fin Chicle cedió. Sus brazos dejaron de dar tirones y dejó de resistirse. La princesa se aferró a Marceline llorando, empapando toda su camiseta ya arrugada y suelta.

-No quiero, Marceline, no me dejes lastimarte... por favor, no me dejes hacerlo...

Marceline acarició su suave pelo de chicle.

-No seas idiota, no vas a hacerlo. Olvídate de todo esto, Bonnibel, no eres mala... solo un pequeño gran desastre. Y a mí me encanta meterme en problemas.

Chicle se separó unos centímetros de ella y esbozó una pequeña sonrisa. Llevó lentamente una mano hasta la mejilla de la vampira que cerró dos segundos los ojos, como si así pudiera atesorar mejor el momento.

-Eres la luz que ilumina mi oscuridad-dijo Chicle-te amo. ¿Entiendes? Te amo. Moriría si llego a hacerte daño.

-No me lo harás.

Y la besó. Se acercó a la princesa con furia, deseando un beso que acabaría con todos sus pensamientos amargos y así fue. La princesa se olvidó de los experimentos fallidos, de todo lo que había salido mal y se concentró en Marceline. La quería, lo hacía con todas sus fuerzas, y lo último que deseaba era hacerle daño... sin embargo, un segundo sin ella, un instante sin poder sentir su piel, sería una tortura. Debía concentrarse en no lastimarla jamás, en domar al monstruo que creía que llevaba dentro. Y quizás el único monstruo que había, era su miedo. El beso se intensificó y terminó borrando todo tipo de pensamiento de la mente de la princesa, todo estaba en blanco. Lo único que existía era la boca de su vampira, cuya larga lengua bífida acariciaba la suya con suavidad al principio, y con furia posteriormente. Una de las manos de Marceline había viajado hasta su cintura, mientras que la otra acariciaba uno de sus senos con desesperación. Chicle apenas se separaba dos segundos para respirar, quería tener los labios de Marceline todo el tiempo sobre los suyos. Notaba como su sexo se iba humedeciendo a medida que las caricias de la vampira se hacían más recurrentes. A medida que la notaba más cerca, que su largo cabello negro que tan suave y bien le quedaba, se mezclaba y se pegaba levemente al suyo hecho por entero de chicle. Las manos de la princesa viajaron hasta la fina cintura de la vampira y subieron un poco su camiseta, lo suficiente para dejar al descubierto una franja de piel que acarició enseguida.

Pero, y aunque le costó, tuvo que apartarse. Ambas se miraron, con los ojos ardiendo por el deseo, jadeando en busca de aire.

-Te... tenemos que... la poción...-dijo Chicle como pudo. Marceline asintió.

Te amo. Te amo tanto, Marcy. Ojalá sea como tú dices, pensó Chicle.

-Por favor, no dudes de eso-contestó Marceline.

-¿Qué?-preguntó la princesa asustada.

-Lo que acabas de decir, Bonnie, que...

-Es que no lo he dicho-balbuceó Chicle-lo he pensado.