Capítulo 10

Es lo que me preocupa, que me entiendas, que entiendas algo de mí mismo que yo no sé. Es frustrante. — Escuche esas palabras mientras todavía algo consiente, aunque no sé si fueron parte del sueño o solo mi imaginación.

Perdí la conciencia en mitad del jardín, por alguna extraña razón mi mente se oponía a perderla, sabía que estaba dejando pasar algo importante. ¿Pero qué? Escuche el susurro de unas palabras pero no recuerdo cuales eran. Pero eran importantes. Algo que Livius me había dicho. Sentí como me desplomaba al suelo. El cansancio de los últimos días me cobraba factura justo en este momento.

En el mundo de la inconciencia donde todo lo que yo deseaba se volvía realidad, donde podía ser yo misma sin miedo a que nadie me cuestione. Podía tener mis anhelados deseos. Usualmente siempre eran de mi mamá o mis hermanas. Una familia feliz pero hoy fue diferente.

Me encontraba en un bosque, la humedad se sentía en el aire, el suelo era oscuro, casi negro. Mis manos picaban por recorrer la tierra con ella, se veía tan suave, era blanda como si acabaran de removerla, sin el más mínimo esfuerzo las hundí en la rica tierra, la frescura de la lluvia me inundo. Podía percibir que la lluvia mojaba la tierra y la dejaba húmeda. Los árboles que se encontraban eran de un verde intenso pero también oscuro. Todo el lugar expresaba frescura y naturaleza. Lo que más amaba. El viento revolvía mi cabello. Cerré mis ojos absorbiendo a la naturaleza misma. En ese momento sentí algo cálido en mi nuca. Me encontraba acostada en el bosque y mi cabeza en el regazo de alguien. Una persona que me daba calidez. No abrí los ojos temiendo que todo se perdiera.

Una mano gentil masajeaba mi cabeza y acariciaba mi cabello. Sus dedos recorrían mi nuca en un movimiento consolador e íntimo. Desee acurrucarme más en esa persona y así lo hice. Abrí los ojos con cuidado intentado ver la persona que estaba conmigo, pero ahora mi vista era borrosa. No podía distinguir el rostro de esa persona. Era un hombre. Lo supe por su ropa y su cuerpo, que se veían claramente pero su rostro me era imposible de ver.

— ¿Quién eres?— no reconocí mi voz, sonaba ronca y adormilada; Como si acabara de despertar de un sueño húmedo, tan húmedo como el lugar donde me encontraba.

Un sonido fuerte, como el viento aullando; hizo que me zumbaran los oídos. Mis manos se dirigieron ahí intentando apagar el sonido, pero no funcionaba. Entonces la figura que se encontraba conmigo se inclinó hacia mí.

Elige, entre él y yo, elige— Era un susurro de una voz extraña. Volvió a pronunciar unas palabras. —No puedes tenernos a los dos. Solo uno de nosotros. Ahora, elige, pequeña Nike.

Mi cuerpo reacciono sin mi permiso y mis labios se abrieron para dar una respuesta. Los músculos no me obedecían y el terror me lleno cuando escuche esa mi voz hablar.

—Yo elijo a Liv…

Lo demás se fundió con el eco de la noche y no pude escucharlo.

¿A quién había escogido? ¿Por qué tenía este sueño? Las preguntas me abrumaron. Y de nuevo el fuerte zumbido lleno el ambiente.

Desperté con un horrible dolor de cabeza. Aunque todavía no amanecía decidí levantarme. Pero antes de poner un pie fuera de la cama una mano sujeto mi muñeca haciendo que me sobresaltara en el acto. Vi la figura de un hombre en mi cama, el pánico me inundo. No podía ver la cara de la persona que estaba ahí, su rostro tenía sombras y no podía distinguirlo; Después me sentí estúpida, la más estúpida de todas. ¡Era Livius! Un suspiro de alivio se fugó de mis labios.

— ¿A dónde vas? — me pregunto. Su voz sonaba ronca y sexy. Censure el último pensamiento con una cachetada mental. ¡¿Es que estaba loca?! Supongo que tanto tiempo en el castillo me había afectado.

—Em…—¡Piensa, piensa!—Voy al baño. — Tuve el impulso de llevarme la mano en la frente y pegarme un golpe con ella.

La ceja de Livius se dispara para arriba; no me había creído.

Suspire. Y conteste: —No tengo sueño. — como si eso explicara todo.

Una sonrisa se deslizo por los labios de Livius, no era como las que antes había visto —Solo la vio una vez— Esta era diferente, como si guardara un secreto. Como un niño que desea hacer una travesura. Oh. Oh.

Un jalón de su mano en mi muñeca hizo que perdiera el equilibrio y callera en la mullida cama. Con una velocidad y agilidad que me puso los pelos de punta, Livius se encontraba libre de una parte de las sabanas. Abriendo paso con su otra mano haciendo un espacio para mí. Jadee, y el corazón me latió de prisa. ¡Santo Dios! ¡Estaba desnudo! Cerre los ojos pero la imagen de Livius desnudo me siguió por la oscuridad. Los colores iban y venían en mi rostro.

—Acuéstate. — la voz de Livius sonaba calmada; como siempre, pero con un toque burlón que lo delataba. ¡¿Es que no tenía vergüenza este hombre?!

— ¿Qué? ¡No!

Intente soltar mi mano y correr hasta el otro lado de la habitación.

—No seas boba, Nike. Estamos casados.

—Mentiroso, ni siquiera hemos tenido una ceremonia. — reclame.

— ¿Quieres una ceremonia?— ahora el sonaba confundido.

Estaba a punto de contestar pero mejor guarde silencio. Si teníamos una ceremonia entonces realmente estaríamos atados.

—No. No la quiero.

—Entonces, ven aquí. —abrió los brazos dejando a la vista su cuerpo. Era guapo, no, hermoso. ¡Oh dios! Era tan sexy. Pero no podía. Se supone que no debía hacerme sentir así.

—Dije que no tenía sueño, no que quería dormir, y menos contigo desnudo. —casi celebre. Genial, Nike, genial.

Hizo un mohín con sus labios que hizo que algo se estrujara en mi estómago.

— ¡Pero si has dormido conmigo desnudo todo este tiempo!— ahora sonaba como un niño pequeño. El gran rey del sol, al que todos temen y respetan. Al que yo odio y todo lo demás. ¡Aquí! ¡Haciéndome un puchero! Que los cielos me salvaran. ¡Se veía tan tierno!

De nuevo sentí el jalón de mi muñeca. Me arrastro hasta sus brazos y las sabanas me dejaron presa entre ellas y el desnudo cuerpo de Livius. Sus brazos me rodearon podía sentir su respiración en mi oído.

—Así está mejor, estaba haciendo frio. — dijo mientras suspiraba de alivio.

— ¿ah? ¡Pues claro que te dará frio, si duermes con esas fachas! — intente sonar normal, lo juro, pero el cuerpo de Livius pegado al mío. Haciendo sentir zonas que no conocía del cuerpo masculino, no era muy tranquilizante que digamos. Mi voz sonaba alterada y jadeante.

—Tal vez, pero para eso estas tú. — dijo mientras hundía su cara en el hueco de mi cuello.

— ¡No soy tu oso de peluche!— Gruñí mientras me revolvía para zafarme.

—No, no lo eres. —Hizo una breve pausa— Eres un esposa.

— ¡Pues a tu esposa no le gusta que duermas desnudo!— reclame. Las mejillas en mi rostro estaban completamente encendidas. No era una buena idea estar en esta posición en esta circunstancia.

— ¿Eh? ¿Enserio? —suspiro con resignación. —Y yo que quería hacerte un servicio. —definitivamente era un demonio. Un demonio muy sexy.

— ¿S-servicio?— pregunte mientras los colores iban y venían por mi rostro.

—Sí, servicio. — ronroneo en mi oreja y un estremecimiento recorrió mi nuca.

— ¡Ya se! — una idea cruzo por mi cabeza. Reprimí una risa ante su cara de desconcierto mientras me levantaba para buscar algo en uno de los cajoneros.

— ¿Qué haces?— interrogo mientras yo cerraba el tercer cajón.

—Buscando algo para el servicio. Yo te hago uno y tú a mi uno.

— ¡¿Ah?!— escuche una exclamación de sorpresa. Me gire en su dirección, parecía sorprendido. ¿Por qué? Yo solo quería jugar al servicio. En mi país había un juego que jugaban los pequeños. Lo llamaban servicio se supone que en cada turno la persona que es el líder puede dar una orden a la que le toque hacer servicio y así sucesivamente. No sé qué tiene de malo. ¿Se habrá arrepentido de jugar?

— ¿No quieres? — pregunte mientras sentí una decepción en mí. Yo que quería jugar.

—S-si quiero— escuchar a Livius tartamudear era algo sumamente extraño. —¿Estas segura?

— ¡Sí! Siempre quise hacerlo cuando estaba en mi país.

— ¡¿Qué?! No pensé que fueras esa clase de mujer… —Dijo mientras agachaba la mirada.

Me lleve un dedo a la barbilla y pensé en una respuesta.

—Um… ¿Por qué? Ya se que es infantil y todo eso… pero a mi hubiera gustado hacerlo cuando era más pequeña.

— ¡¿Más pequeña?!— definitivamente Livius está actuando extraño. Pero cuando sentí las cartas en mis manos se me olvido y grite de alegría.

— ¡Las encontré!— dije mientras levantaba el mazo de cartas sin abrir en mi mano derecha-

— ¿Cartas?

— ¡Pues claro! ¿Con que jugaríamos si no?— dije señalando lo obvio.

— ¿Jugar? Pero si tú dijiste que querías hacer un servicio.

—Servicio es un juego de cartas en mi país. Tu dijiste que querías hacerme un servicio y pues yo saque las cartas. ¿De que estabas hablando tú?— mire mientras la cara de Livius se tornaba de un color levemente rosado.

Escuche la carcajada de Livius, la más grande que había dado. Incluso sostuvo su estómago en sus manos y se dobló de risa.

—Sí que sabes cómo liarla, Nike. — dijo mientras se quitaba una gota de lágrimas de sus ojos por el esfuerzo de reírse. —Lo que yo me refería como servicio era esto…

Tomo mi cintura jalándome hacia la cama donde el se encontraba y quede a horcadas sobre él. Mi cabello se adelante sobre mis hombres y cubrió nuestros rostros.

— ¿Qué estas…?

No pude terminar la frase cuando se apodero de mis labios y sus manos me rodearon para no moverme. Era un beso salvaje y emboto mis sentidos dejando mis pensamientos en nada, igual que mis protestas.

Se separó unos centímetros de mi mientras yo recuperaba el aliento, pero no me dejaba moverme muy lejos de sus labios, compartiendo el mismo aliento que el respiraba. Cuando lo hizo suprimí un gruñido de protestar por hacerlo.

—Eso es un servicio.

Continuara…

¿Qué les pareció el capítulo? Aviso que probablemente no podre actualizar la semana siguiente ya que tengo un viaje familiar. Intentare publicar pero no prometo nada. Espero hayan disfrutado el capítulo. Estaré esperando sus sexys review ;)