Disclaimer: Por supuesto, nada que conozcan y tenga estrecha relación con Twilight, no me pertenece. Todo es de nuestra diosa S. Meyer y de Summit. Eso sí, la idea de la historia me la adjudico.
Para este capítulo me inspiré con Apologize de One Republic. No pregunten por qué, pero gracias a esa canción, el capítulo pudo salir.
Y por último, este capítulo va dedicado al review Nº 100: chiiocullen. Gracias por tu review :3
Princess of Lust.
(By Cristtine.-)
"Me he permitido pensar en ti, pero tengo miedo"
IX. Lo que uno quiere, toma tiempo.
Septiembre 10, 20:35 p.m.
Estaba hace ya unas horas así. Con la almohada aferrada a mis brazos, las rodillas recogidas y el mentón reposando en mis piernas; estaba sentada en mi cama, tratando de pensar sin que las emociones hicieran un festín en mí. Muchas veces, me dejaba influenciar por ellas. Y nunca, el resultado, era algo bueno.
Mordí la almohada con los dientes hasta que me dolieron, a su vez que apretaba el cojín con mis manos, como si aquel insignificante objeto tuviera la culpa de lo que me estaba sucediendo.
La rabia, simplemente, me consumía.
Ahogué un grito de cólera y me desplomé en la cama. Una de mis manías –o mala costumbre– era que solía llorar cuando me enfadaba o tenía mucha ira. Era algo humillante.
No me podía caber en mi diminuta cabeza que la... imbécil de Tanya Denali me hubiera tratado así. O sea ¿qué se creía esa cualquiera de venir a gritarme así? No lo podía creer.
Traté de ser amable, de emplear toda mi educación y respeto para dirigirme a ella, pero no, la muy... perra me trató como si fuera cualquier cosa.
Me quedé unos momentos más así, ovillada en la cama sin moverme y firmemente abrazada al cojín que tenía en mis manos. Tenía que pensar, tenía que haber un método rápido y fácil para sacar a Denali de la vida de Masen.
La «iluminación» llegó como un relámpago a mi mente. ¡Claro! Era tan fácil.
Perfecto, pensé y una sonrisa algo desquiciada apareció por mi rostro.
Me levanté y fui a buscar mi móvil que reposaba en el sillón de la sala. Lo tomé y marqué el número de Masen.
Rogué que, por favor, Denali no contestara el teléfono de su novio. Argh, tan sólo pensar en aquella palabra unida a ellos, me revolvía las tripas de náuseas. Al tercer tono, contestaron.
-¿Bella? –la voz sonaba entre feliz y ansiosa. Sonreí ampliamente.
-Sí, ¿Edward? –era estúpido preguntar eso, pero no se me ocurría nada más que decir.
-¡Bella, que gusto me da oír tu voz! –dijo con su voz marcadamente aterciopelada.
-A mi igual, Edward –sí claro, me mofé internamente–. Estuve muy ocupada estos días –mentí descaradamente–, por eso no pude contestar tus llamadas ni responder tus mensajes –dije con un tono de disculpa–. Lo siento –agregué y traté que sonara creíble.
-No importa, sólo quería llamarte para que saliéramos a cenar o dar un paseo –comentó distraídamente. Masen había mordido el anzuelo.
-¿Sabes? –dije lo más casual que pude–, hoy tenía planes con las chicas para salir a cenar, pero todas cancelaron a último momento. No me gusta cenar sola y además que tengo tantas ganas de verte –solté con feroz sarcasmo, pero muy bien disimulado.
-¡Me encantaría! –exclamó desde el otro lado de la línea. ¡Bingo!, lo había capturado en sólo unos segundos–. ¿Te paso a buscar a las nueve? –preguntó.
-Me parece estupendo –añadí mientras sonreía–. A las nueves entonces, ¡adiós! –y corté.
Miré la hora, me quedaban sólo quince minutos para que Edward me viniera a buscar para cenar. Y, además, tenía que vestirme, peinarme y maquillarme. Y no tenía a Alice para que me ayudara.
Me puse algo semi formal, unos jeans oscuros, una remera blanca que se ajustaba a mi forma y un sweater del mismo color, me puse mis botas de tacón aguja negras y mi abrigo.
Me peiné rápidamente y me maquillé. Tomé uno de mis tantos bolsos y guardé todo lo necesario.
Estaba en el baño retocándome, cuando sonó el timbre del intercomunicador. Mi corazón dio un brinco y me sorprendí por aquella reacción.
-¿Sí? –dije apretando el botón del aparato.
-Bella, soy Edward –dijo con aquella voz aterciopelada.
-Ah, hola. Bajo enseguida –dije y salí de mi departamento.
Tomé el ascensor y en cosa de segundos estaba en el hall del edificio. Edward estaba allí, sentado en uno de los sillones que habían. Y estaba flirteando, literalmente, con la puta del edificio, Jessica.
Una desconocida emoción surgió desde lo más hondo de mis entrañas, llenándome de una extraña energía que me llamaba a golpear a esa… estúpida.
Me acerqué a Edward, mientras esa… mujer se reía bobamente. El muy mujeriego la estaba pasando de lujo. Me aclaré la garganta un poco, para que Edward notara mi llegada al hall.
Edward se giró sorprendido cuando llegué y Jessica se puso seria cuando me vio. Estaba como a un metro de él y en menos de un latido, estaba a mi lado, rodeando mi cintura con su musculoso brazo.
-Hola –le sonreí, tratando de parecer amable–, ¿es tu amiga? –pregunté tratando de ser cortés, pero empleando un poco de mi amado sarcasmo.
-No –respondió al instante–, nos acabamos de conocer –respondió, claramente incómodo por la situación.
-Bueno –ahora empezaría a usar un poco de actuación. Le miré fijamente a sus orbes esmeraldas, tratando de usar algo de persuasión–, otro día hablarán más y serán grandes amigos –solté con ironía, mirando a Jessica con sorna–. Pero ahora, tenemos que salir, ¿cierto? –Edward asintió levemente–. Nos vemos, vittu* –le dije a una perpleja Jessica, mientras salíamos del edificio.
El Volvo de Edward estaba aparcado a la salida del edificio, me abrió la puerta del copiloto, como todo una caballero y entré. A los segundos, él estaba entrando por la otra puerta.
-¿A dónde quieres ir a cenar? –me preguntó sin arrancar aún el coche.
Lo miré; sus ojos estaban llenos de emociones diferentes: confusión, diversión, admiración… y creo que algo de congoja. Me pregunté el porqué de su desconsuelo, pero preferí morderme la lengua y callarme, no quería inmiscuirme mucho en lo que a él le estaba ocurriendo.
-Oh, no lo había pensado –dije mirando atentamente mis botas. Levanté mi vista, mirando el infinito–. No sé, me da igual –respondí en un suspiro. No sé que me demonios me estaba ocurriendo, pero me sentía alicaída y melancólica, como si me faltara algo.
-¿Te ocurre algo? –preguntó muy educadamente.
-No, nada –susurré–. En realidad, no sé –me encogí de hombros. Cambié el tema de conversación–. ¿Conoces algún lugar dónde ir a cenar? –lo miré, mientras esbozaba una sonrisa de medio lado.
-Sí –asintió–. No sé si te gustará, pero la comida es buenísima –sonrió de medio lado.
-Da igual –me encogí de hombros–. ¿Vamos? –pregunté.
-Vamos –dijo y arrancó el coche.
Llegamos al restaurante en pocos minutos. Se bajó y me abrió la puerta del copiloto. Al salir me tomó gentilmente la mano y entrelazó nuestros dedos. La mano de Edward era grande y suave como la seda, sus níveos dedos se acomodaron perfectamente a los míos, casi como dos puzzles que se unen y forman uno solo. Y aquello era aterrador.
Le miré con pánico en los ojos, poco a poco me daba cuenta de cosas que no debería estar pasando y que si llegaran a oídos de Aro o Jane, me correrían ó, en su peor caso, despedirme de mi existencia.
Edward tomó mi mirada como de molestia por tener nuestras manos entrelazadas, por lo que se deshizo de su agarre con gentileza y suavidad.
-No, no –lo detuve, Edward me miró claramente confundido.
-¿Te molesta? –preguntó.
-No –respondí juntando nuestras manos nuevamente y entrelazándolas–. Al contrario, se siente… bien –respondí tratando de ajustar un término para la situación. Me dedicó una sonrisa de medio lado.
-¿Entramos? –preguntó suavemente. Asentí y me dirigió al restaurante.
Me fijé al instante que era un restaurante de comida tailandesa. Había comido una o dos veces comida thai, pero nunca en un restaurante. Entré con cierta desconfianza, ya que no era muy partidaria de ésta, pero le tenía que dar alguna oportunidad, no todo era blanco o negro.
Al llegar, una camarera nos atendió. Obviamente, miró de pies a cabeza a Masen y, nuevamente, aquella extraña emoción me inundó por completa cuando la camarera le empezó a coquetear descaradamente a Masen. ¡Qué va! Ni siquiera somos novios y ya me estoy comportando como esas zorras de las telenovelas, pensé con una mueca.
La mesera, que dijo su nombre pero no le presté atención, nos llevó a una especie de «mesa» para dos, ya que no se parecía a una mesa propiamente tal.
Nos sentamos frente a frente –ya parecía una costumbre el sentarnos así– y estuvimos unos segundos en completo silencio, mientras admiraba el decorado de las paredes, los paisajes, las esculturas que habían, etc.
-Y, ¿qué te parece? –dijo Masen después de unos minutos.
-No sé –respondí sin más–. Es extraño, jamás había venido a uno de éstos –le respondí con sinceridad. La risa de Masen se elevó por encima del ruido propio del restaurante, se parecía al sonido de una campanilla de navidad.
La mesera llegó y nos tomó los pedidos correspondientes a cada uno. No me acuerdo muy bien lo que pedí, ya que estaba perdida en otras cosas. En todo momento, la mirada de Masen no se alejó de mí.
O yo me estaba volviendo una paranoica, pero presentía que Masen, a pesar del poco tiempo que nos conocíamos, sentía algo por mí. No estaba segura si era una genuina amistad, pero de que tenía segundas intenciones, las tenía. Y no las ocultaba.
La cena transcurrió de manera normal. Y me refiero a normal que en todo momento no dejó de mirarme, como lo hacía siempre. Una que otra vez comentó lo linda que estaba, o lo mucho que le gustaban mis ojos, etc. En todo momento, la idea de sacar a colación el tema de Denali, no salió de mi mente.
Esperé el momento exacto para contarle sobre el «percance» que había tenido con su noviecita. Estuve mordiéndome la lengua todo el rato que estuvimos charlando de cosas insustanciales, y todo fue para no soltarle lo zorra que podía ser su prometida.
Salimos del restaurante en silencio, pero antes de que yo diera otro paso más, Masen me tomó de los hombros y me obligó a detenerme. Sus ojos esmeraldas taladraron profundamente los míos, dejándome atónita frente a la fuerza con la que sus orbes me miraban.
-¿Me podrías decir que te ocurre? –preguntó con desesperación y adentrándose en mis ojos chocolates.
-No me pasa nada –mentí, mirándolo a sus enfurecidos ojos verdes.
-Ocultas algo –afirmó sin vacilación. Desvié su mirada, tratando de que no leyera lo obvio en mí.
-No –susurré con un tono lastimero muy mal fingido.
-Bella –su voz se tornó apremiante, tomó mi rostro en sus manos y me obligó a verlo fijamente a sus ojos, sin poder desviar mi mirada hacia otra parte-. Confía en mí, por favor –su voz sonaba sincera y aquello me hizo estremecer de pies a cabeza. Nunca un hombre había sido tan sincero conmigo. O, simplemente, no lo había notado.
-Está bien –suspiré resignada. Tomé sus manos que estaban en mi rostro y las llevé a mi cintura. Se sobresaltó en un principio, pero luego se acostumbró a estar así. La sensación se sentía… bien. ¡Maldición Bella, para!
Miré hacia el piso, mientras rodeaba con mis brazos el torso de Masen y trataba de concentrarme en lo que iba a decir. Si quería que todo saliera bien, mi actuación tenía que ser convincente.
-Hoy llamé a tu móvil y me contestó Tanya Denali –dije luego de algunos momentos en silencio. Su rostro se contrajo por la sorpresa, iba a agregar algo, pero lo corté levantando mi mano–. Le pregunté por ti, a lo que ella me contestó que no estabas. Dijo que si te volvía a llamar, me iba a hacer algo –dije tratando de que me saliera lo más lastimoso posible.
Edward miró por encima de mi coronilla; tenía los ojos con rabia contenida y un leve dejo de desesperación. Supuse que se debía a la actitud que ella había tenido hacia mi persona. Sólo lo supuse.
Sonreí al ver que lo que había dicho estaba cobrando efecto en él. Me estrechó en sus brazos, de manera protectora, y yo reposé mi cabeza en su pecho. Pude oír sus latidos, estaban frenéticos.
-Te aseguro –comenzó Edward con voz contenida–, que si ella te vuelve a amenazar, soy capaz de... –lo corté poniendo mis dedos en sus fríos labios. Me llené de escalofríos que me recorrieron por completa. Esto no me está gustando, pensé desesperadamente.
-No, no hagas nada –traté de tranquilizarlo, así como en las películas–. No quiero que hagas algo del cual te puedas arrepentir –dije con una falsa melosidad. ¿De dónde me salió? No tengo idea. La mano que estaba en sus labios, la moví a su mejilla y allí la dejé.
-Gracias, Bella –dijo cerrando sus ojos por unos momentos, mientras que una de sus manos se situaba en la que sostenía su rostro.
Nos quedamos así, no sé si fueron cortos segundos o muchos minutos, pero me sentí mucho mejor después de decirle a Masen lo de su noviecita. Después de unos momentos, abrió sus relucientes orbes verdes, escrutándome con curiosidad.
-¿Qué? –pregunté alzando una ceja.
-¿Quieres venir a mi departamento? –preguntó con ánimo repentino.
-¿No va estar...? –empecé, pero Masen negó suavemente, dirigiéndome a su coche para ponernos en marcha.
-No –respondió secamente–, hace un par de horas partió a no-sé-dónde por una semana con su grupo de amigas –respondió, como si aquello no le importara. ¡Dios santo! Era su prometida y él hablaba de ella como si fueran simples amigos.
-Ah, bueno, está bien –respondí algo dubitativa. Esbocé una sonrisa, que traté que me saliera lo más convincentemente posible.
Masen me abrió la puerta del copiloto y entré, luego él entró y arrancó el coche del aparcamiento del restaurante. Tomó mi mano mientras conducía hacia su departamento.
-¿Seguro que no te molesta? –preguntó por segunda vez. Negué suavemente.
-No, me gusta como se amoldan nuestras manos –¡demasiada información! En ese momento quise abofetearme por la semejante estupidez que había dicho. Y, obviamente, el tradicional y siempre bien acompañado sonrojo no se hizo esperar y cubrió mi rostro de un carmín intenso.
Pude ver de reojo como Masen sonreía, no sé si socarronamente o algo parecido. Pero quise esconderme en ese momento.
-Me gustan tus mejillas sonrojadas –comentó despreocupadamente mientras conducía. Simplemente, atiné a sonreír de medio lado.
El lugar donde vivía Masen quedaba al otro lado de Manhattan. Era un edificio lujoso, aún más que el mío, y que, al parecer, tenía más de treinta pisos. El mío solamente veintitrés.
Estacionó el Volvo en el subterráneo y tomamos el elevador para ir hasta su departamento. Entramos y marcó, de los treinta y dos botones que tenía, el número treinta y uno.
-¿Vives en un penthouse? –curioseé, mientras él acortaba las distancias entre nosotros, abrazándome.
-Algo parecido –se encogió de hombros, mientras me tenía firmemente abrazada por la cintura–. Me gusta la comodidad, pero no excesivamente –añadió y sonrió torcidamente.
Le devolví la sonrisa, mientras trataba de adivinar el mensaje oculto tras esa frase.
Llegamos en poco segundos al piso treinta y uno. Mi sorpresa fue que, al abrirse las puertas del ascensor, dio paso a un gran apartamento con un ventanal enorme y que le daba una espléndida vista a todo Manhattan y Nueva York.
Edward entró y me hizo señas para que le acompañara. Me sorprendí del todo, el apartamento era grande y muy bien decorado; no era muy lujoso, como pensé en un principio, y en un rincón del departamento había un gran piano de cola de color negro.
Pero lo más hermoso de todo el departamento, era la vista que tenía. A la ciudad, por supuesto.
-Es... –busqué una palabra que se ajustara a lo precioso que era- hermoso todo esto –dije adentrándome un poco más al apartamento de Masen. Aún no podía salir de la sorpresa y de la fascinación que tenía.
-Me gusta la vista que tiene a todo Manhattan –dijo mientras me llevaba al ventanal para apreciar mejor la vista que había. Edward me abrazó por la cintura y yo apoyé mi cabeza en su brazo, ya que era muy bajita para apoyarla en el hombro de él.
Nos quedamos unos momentos así, en completo silencio mientras yo seguía mirando al Manhattan nocturno, lleno de luces y vida. Sentí muchas veces la mirada de Masen en mí, pero le resté importancia, no estaba preocupada si él me miraba o no. La vista era espectacular y, por sobre todo, me encantaba.
-¿Quieres algo para beber? –me preguntó después de un silencio prolongado.
-Una copa de vino estaría bien –respondí, rodeando el torso de Masen con mis brazos y mirándolo fijamente a sus ojos, que ahora, expresaban más de un sentimiento.
-Eres tan bella –murmuró suavemente, mientras subía sus manos y me acariciaba el cabello desde la frente hasta el término de éste–. Nunca pensé en conocer a alguien como tú –dijo con la voz cargada de sentimientos. Cerré mis ojos, relajándome y tratando de sentir la veracidad de sus palabras–. No sé como no te das cuenta de cosas tan obvias, Bella –dijo mientras se deshacía de mis brazos –fuertemente apretados a él– y se iba a una especie de mueble donde, supuse yo, que guardaba los licores.
-¿Darme cuenta de qué? –pregunté aún allí, inmóvil y con la sorpresa escrita en mi rostro.
-No es nada, no le des importancia –dijo con frustración mientras sacaba dos copas y una botella de vino del mueble. Se dirigió a la encimera de la cocina americana y puso las cosas ahí.
-Quiero que me lo digas, Edward –dije caminando hacia él.
-No, Bella. Ya te dije que no tiene importancia –empezó a descorchar el vino, pero lo detuve.
-Edward, por favor –susurré tomándole la mano gentilmente.
Sus ojos, que miraban insistentemente la botella, chocaron con los míos con una intensidad tan potente y abrasadora, que mi corazón se detuvo en el momento en el cual supe lo que le estaba ocurriendo.
-No quieres oírlo –masculló muy despacio.
-Edward, por favor –supliqué susurrando. El negó suavemente.
-No sé como decírtelo sin que me grites –sonrió de medio lado mientras su mano se acomodaba en mi mejilla y me la acariciaba.
-¿Tan malo es? –pregunté, confundida por no saber que rayos me iba a decir.
-No lo sé –se encogió de hombros–. Depende de como lo veas tú –respondió, saltando por arriba de la encimera y quedando frente a mi–. Ven, vamos –dijo tomando mi mano, guiándome al balcón de su departamento.
Afuera hacía un frío de los mil demonios, por lo que empecé a tiritar de forma instantánea. Edward me indicó que esperara ahí y entró rápidamente al salón de su apartamento, segundos más tarde traía en sus manos una manta de color crema.
-Para que no te de la gripe –dijo y me tendió la manta, mientras quedábamos frente a frente.
-Gracias –le sonreí mientras me la ponía encima de mis hombros–. ¿No tienes frío? –le pregunté al darme cuenta que se había sacado su abrigo gris y que solamente llevaba puesta su camisa azul oscura.
-No –respondió encogiéndose de hombros–. Estoy acostumbrado a salir así en la noche. Me gusta ver el Manhattan nocturno –dijo despreocupadamente.
La manta era muy abrigadora, por lo que empecé a entrar en calor casi al instante. Nos quedamos unos cuantos segundos en silencio, mientras trataba de sacar a colación el tema que había quedado inconcluso.
-Como empezar... –murmuró quedamente, mirando el paisaje que se extendía ante nosotros.
-Por el principio estaría bien –dije sonriendo de medio lado. Me sonrió, pero no le llegó a sus ojos.
-Eso sería bueno –dijo tomando mi rostro en sus manos y obligándome a mirarlo fijamente–. No sé como pasó o como sucedió, sé que nos conocemos hace muy pocos días y que todo lo que te voy a decir va a sonar una locura, pero... –lo corté, poniendo mis dedos en sus labios, silenciándolo.
-No me digas palabras inútiles, demuéstramelo –susurré muy cerca de él.
-Tenlo por seguro –se acercó más a mí, sacando mi mano de sus labios y eliminando la distancia que nos separaba con un beso.
Sus labios se juntaron con los míos por segundos infinitos. Mis brazos rodearon su cintura y sus manos se situaron en mi cuello, acariciándolo mientras nos besábamos con delicadeza. Sus labios se movían con lentitud contra los míos y aquello me gustó de sobremanera. No era como los otros: insistentes y rápidos a la hora del ósculo. En cambio con Masen, era lento, parsimonioso, sin prisa alguna, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo para ese beso.
Más rápido de lo que pensaba, nuestro beso llegó a su fin. Su respiración estaba agitada y la mía igual. Sus manos bajaron hasta mi espalda y yo subí mis brazos hasta su cuello, enroscando mis manos en su suave cabello. Juntó nuestras frentes y nos quedamos ahí, en nuestra pequeña burbuja personal.
-¿Te quedó claro? –dijo después de unos momentos en silencio. Sonreí abiertamente.
-Sin duda alguna –contesté mientras me inclinaba para besarlo nuevamente.
Primer Beso, Primer Beso, OME!!!! Hiperventilación mode on*
Les gustó? Me tiene que decir que sí, por que a mi me encantó *w*. Especialmente en la parte que Bella le dice: "No me digas palabras inútiles, demuestramelo" y Edward le dice "Tenlo por seguro", amé escribir esa parte :3. Y ¡Sí! Edward ya se le "declaró" a Bella, aunque no fue una declaración del todo. ¿Por qué?, más adelante lo verán.
Uf!, no sé si me pasé del tiempo que les había dicho, pero estuve con un bloqueo infernal. No pude escribir en ¡UNA SEMANA ENTERA! Les juro que me desesperé, no sabía que hacer, pero llegaron unas cuantas canciones inspiradoras que me dieron el "vamos" para seguir escribiendo. Y les doy gracias a las personas que las compusieron xD.
Um, veamos… quedan aprox. 2 capis para el B-Day de Bella y vayan imaginando que va a ocurrir xD. Tengo pensado en escribir alrededor de 20 capítulos o un poco más, no sé, todo depende.
Ah! ¿recuerdan que en caps anteriores les dije que iba a publicar una nueva historia?, bueno, hoy la publico. Hoy subo el prólogo de: Bedtime Story. Estén atentas, ya que después de subir este capitulo, cuelgo casi al instante el prólogo. ¿Me dejan reviews, sí?
Oh!, millones, millones de gracias por todos los reviews que recibí. ¡Mi dios! Si ya pasamos los 100 *w* y en el último capítulo recibí 17 reviews *w* (faltó poco para llegar a los 20 u-u). Hasta el momento Princess of Lust tiene: 6181 visitas, 56 alertas y 60 favoritos. Entre el cap anterior y este recibí más de 1000 hits o visitas. OME!!! Esto es increíble :3.
Lo sigo reiterando y ahora más. Si recibo más de 20 reviews, JURO que actualizo en una semana, y para que se animen, les dejo un pequeño adelanto del siguiente capitulo:
Sus besos bajaron hasta mi cuello, donde se entretuvo bastante tiempo, mientras que yo enredaba mis dedos en su sedoso cabello (...) Sus brazos me tomaron de las caderas y me apegué más a él, enredando mis piernas en su cintura, mientras su boca subía y chocaba contra mis labios. Yo no me quedé atrás y empecé, mientras nos besábamos, a desabrocharle la camisa que llevaba puesta (…)
¿Y qué les pareció este "pequeño" adelanto?.
Okay, me despido. Y recuerden que ahora soy Beta (Y), las personas que necesiten que mis "servicios" de beta, vía Mail, mp o review se comunican conmigo.
Bites&Kisses.
Cristtine.-
