Aviso: este capitulo es en extremo fuerte y posee escenas no aptas para menores, si es sensible a este tipo de situaciones por favor no lo lea.


Capitulo 10:"Celos… que matan"

Escucho el sonido de pasos acercándose a la sala minutos después de colgar el teléfono, la mano le temblaba y no estaba segura si era por el nerviosismo de haber hablado con un Albert rabioso al otro lado de la línea o por que el frio de la mañana mordía cada musculo de su cuerpo. Se quedo temblando, estática, frente al dispositivo de comunicación que se encontraba en la columna que llevaba a la cocina. Escucho una risilla a lo lejos y salió de su aletargamiento. Neal la miraba divertido cuando salía de su habitación.

— Muy atractiva. ─ Murmuro con su sonrisa de medio lado tan conocida por ella.

Se sonrió y miro su bata de algodón amarilla que se había colocado a la noche anterior sin darse cuenta.

— No es exactamente mi color, pero sirve para este horrible frio.

— Mmm no se… siempre te ha quedado bien, jaja sobre todo el estilo. ─ Lo dijo con un tono demasiado burlón para su gusto, lo vio levantar una ceja divertido y subir el puño a su boca para ahogar una carcajada. ─ Lo siento, pero la verdad si te vez muy linda por las mañanas.

La bata era gruesa y calentita a ella siempre le había gustado, era una de las cosas que se había arrepentido no llevar al momento de trasladarse a la mansión, dejo su escrutinio y miro como Neal la veía embobado y ceñudo a la vez, se percato que la bata se le había abierto dejando ver el delgado camisón blanco de tiras que llevaba puesto, revelando los verdosos moretones en su cuerpo. Se ruborizó.

— Me iré a cambiar, espérame unos minutos.

— La verdad es que ya me tengo que ir, no puedo quedarme tengo unos asuntos que atender. Quería saber si te vas a quedar hasta tarde, puedo traer algo para almorzar juntos.

— ¡Eso sería maravilloso! pero todavía no se qué hacer con este asunto, creo que lo correcto sería ir a la mansión y afrontar la realidad.

— ¿No me digas que ya hablaste con el Tío?

Ella asintió con la pesadumbre que reflejaba la frustración tras esa conversación, él se metió las manos en los bolsillos del pantalón y estudio su rostro. En verdad lo amaba y eso le molestaba de sobre manera.

— ¿Quieres café? todavía tengo algo de tiempo para colarlo.

— Te ayudo. ─ Entro en la cocina mucho más rápido que él e hizo un gesto al ver el caos que había. Tendría trabajo para un largo rato. Dando brincos sobre la loza sucia alcanzo la cafetera e hizo algo de café. Neal entro a continuación exclamando:

— ¡Dios todo poderoso! ─ Ella se rio.

— Asusta ¿verdad? bueno antes de irme dejare limpiando, tú no te preocupes.

— ¿Como de que no? se te olvida que también vivo aquí. ─ Se quitó la chaqueta, dejando ver la camisa que era del mismo color del pantalón, beige. Hurgo entre los anaqueles y saco un mandil de lo más cómico, se volvió hacia Candy y con ancha sonrisa se paso sobre la cabeza el mandil de ositos que tenía un ridículo mensaje de "I love you" que acababa de encontrar.

— No te rías, estos pantalones costaron mucho y ni se diga esta camisa, no me arriesgare. ─ Se ajusto a la cintura la corta cinta del mandil y comenzó a recoger el desorden apilando los platos para lavarlo mientras ella reía a viva voz preparando el café. Después de unos minutos él miro el reloj.

— ¡Argh! Se me hizo tarde.

— Lo siento, es mi culpa no debí entretenerte.

— Para nada mi Dulce Candy ¿para que son los amigos?

Se miraron como lo habían hecho en la madrugada, la hipnosis volvió a ganar a Candy y esta vez estaba segura que no era culpa del alcohol ¿o seria del Café? Ambos se perdieron en sus pupilas un instante, hasta que se oyó un insistente golpeteo en la puerta.

— ¡San! —dijo Neal. ─ Realmente es muy tarde, me voy… ¿necesitas algo?

— No muchas gracias. ─ Contesto algo azorada.

Él salió por la puerta de la cocina y ella rio al darse cuenta que no se había quitado el peculiar delantal. Escucho como se abría la portezuela y luego la nota estridente y violenta de la voz de Albert. El color abandono su rostro y salió corriendo por la puerta de la cocina.


Desde el porche apenas se podía ver la pequeña luz que había sido encendida a esa hora de la mañana. ¿Por qué no había llegado a casa? ¿Por qué se había quedado a dormir en su departamento? ¿Sería que la conversación que escucho la confundió y le hizo pensar tonterías? ¿Por que no confiaba en él?... pero de algo estaba seguro ella había escuchado toda la conversación o lo que es peor, había escuchado parte de ella y de seguro había sido la parte equivocada. La ansiedad lo invadía y la rabia cada vez se apoderaba de él. Esta vez lo iba a escuchar, si bien aun no estaban juntos oficialmente, eso no le daba derecho a ella a hacer lo que se le viniera en gana y por si no lo comprendía él todavía seguía siendo parte de su vida de una u otra forma y ella debía aceptarlo. Ya basta con las niñerías de esta mujer, mas le valía tener una buena explicación por su falta.

Subió las escaleras y se detuvo frente a su puerta, iba a golpear el madero cuando escucho su risa, la paz volvió por un instante y se instalo en su ser. «Ella estaba bien.» Eran las seis y cuarenta de la mañana y no había dormido nada en toda la noche y desde que vio a su sobrino llegar un poco ebrio, el insomnio se apoderó de él; pero ahora que lo pensaba… «En una fiesta. Se me fue el tiempo» había dicho Archie ¿había venido a la fiesta con Candy? y ¿no le había dicho nada? ¡Si eso era cierto lo escucharía…! ¿Porque la había dejado aquí? se habían divertido y bebido… habían perdido el tiempo ambos y se habían olvidado de él por la fiesta que se había dado lugar ahí, justamente ahí, donde escuchaba la alegre risa de su amor.

Sus manos sostuvieron su cabeza. «No, no esto debía ser un nuevo comienzo», si bien las cosas habían terminado mal la primera vez que habían sido novios; desde luego, con esta nueva oportunidad las enmendaría. Pero es que «ella lo ponía tan difícil» ¿por qué no entendía? que solo la quería proteger, amar y darle todo lo que ella le pidiera. ¡Si tan solo ella confiara en él! ¡Si tan solo ella realmente lo quisiera una decima parte de lo que él la quería! La Felicidad estaba solo a un paso. Pero el temor no se iba, siempre estaba ahí con una desazón indestructible ¿Porque no podía estar seguro de esos sentimientos? Si bien antes se podía preguntar:¿Porque era tan exquisitamente excitante tenerla junto a él y tan irritantemente decepcionante no poseerla? Ahora era una simple frase, una sola simple cuestión y le carcomía el alma, lo volvía loco, lo sacaba de la cordura:¿Porque era tan exquisitamente excitante tenerla junto a él y sentirla…? empero ¿Por que ya no era suficiente?

Golpeo la puerta, se acomodo la camisa blanca que llevaba puesta ya más de un día. La puerta se abrió y el frio remolino helado bajo desde su cabeza hasta sus pies, subiendo inminentemente hasta llegar a grados calurosos incalculables, ¿qué demonios hacia aquí? luciendo tan ridículo un mandil de ositos y abriendo con esa sonrisa sardónica la puerta de su novia «Sí su novia» porque nunca dejaría de serlo, aunque ese chiquillo no lo sepa, ella seria de él por siempre jamás.

Albert la miro por encima del hombro de Neal, los azul cielo de Albert parecían ónice cegados por la furia, él la recorrió y se percató de todos los detalles de su aspecto; Candy tembló al verse reflejada en la mirada de Albert y cualquier intento de arrepentimiento se ahogo frente al frenético mar que la estudiaba. Estaba desalineada y vestida de una forma no muy apropiada para su situación; con la bata medio abierta mostrando su blanco cuello y el principio de sus senos, sin contar las marcas personales. Estaba descalza con todo su cabello despeinado… como si acabara de levantarse.

Las facciones del rubio se endurecieron al observarla con más detenimiento. Miro con mortificante lentitud a Neal, quien gozaba con la imagen de su tío anonadado, tenía una expresión peculiar con los labios ligeramente sonrientes.

Candy no sabia que decirle. Después de todo no había hecho nada malo. ¿Oh si? Levanto el rostro al percatarse que él esperaba a que hablara. Desafío a Neal mirándolo con desdén al ver la camisa arremangada y se detuvo en el mandil.

— ¡Vístete! — le dijo con labios apretados. — Voy a llevarte a casa. ¡Ahora!

— ¡Oh no Tío! — dijo Neal. — Ella se queda.

— ¡Maldito seas Neal!

Sucedió tan rápido, que Candy no se dio ni cuenta, durante un minuto se miraron como dos perros salvajes… y al siguiente vio que Neal volaba por la habitación y caía de cabeza contra la pared. Ella corrió a auxiliarlo, horrorizada por la escena.

— Neal ¿estas bien? ¿estas herido?

Gruñendo el aludido expreso tocándose la cabeza.

— Claro que estoy herido, soy cabeza dura sí… pero si me doy contra el concreto… claro que me dolerá. — Candy vio a Albert furiosa.

— ¡No había necesidad de hacer esto!

Albert no contesto. Estaba pálido y respiraba con dificultad. Apretaba y aflojaba las manos, su cara estaba tensa por la furia.

— Eres… eres…

— Que… ¿que soy Albert? dilo de una vez por todas.

— Como… ¿como pudiste hacerlo con él…?

Desacompasadamente y sin aire se giro y salió del salón cerrando la puerta a sus espaldas. Y entonces Candy lo comprendió. Una lagrima rodo por su mejilla, le llego a la boca salada e inesperada; lloraba, lloraba de impotencia… él había pensado que había hecho el amor con Neal, se froto los ojos con la mano sollozando como una criatura, se levanto del suelo y corrió a su habitación, cerro la puerta con seguro, con todas la fuerzas que le quedaban y a solas se lamento.

— ¡Oh, Albert!


¿Cuanto había llorado? No lo supo.

¿Cuanto tiempo había permanecido encerrada en su antiguo departamento? Tampoco lo supo. Solo sabía que debía recoger su cuerpo débil y endeble y llevarlo hasta la mansión; se apresuro colocándose cualquier cosa encima y salió sin nada de ese apartamento. Demoro su paso a propósito, temerosa de llegar al lugar donde de seguro le esperaba el infierno. Por fin llego al portón, levanto la mirada y con un suspiro abrió la puerta.

Entro en la casa. Reviso a su alrededor. Estaba vacía y silenciosa.

Subió los peldaños hasta su habitación y saco la maleta que tenia debajo de la cama. Había resuelto irse y no habría poder humano que la haga cambiar de opinión;¡No tenia caso quedarse!, Albert no quería ese compromiso y eso mataba su alma. Se iría y le evitaría la vergüenza y por los demás… la verdad no le importaban; ni sus caballeros, ni la fiesta, ni la tía, ni nada. Ella solo quería a Albert y él precisamente ahora… pensaba que había pasado la noche con su sobrino.

Comenzó a hacer la maleta, dejando la mayor parte de su ropa, solo se llevaba unas cuantas cosas que quería. Lo último que guardo fue una foto de Albert que tenia en la mesa de noche. Se quedo por un momento contemplando el rostro atractivo y maduro. Cerró los ojos y luego la puso hacia abajo con dedos tembloroso. Cerró la tapa de la maleta.

Se recostó sobre ella gimiendo por un momento, se sobresalto por el movimiento en la puerta y levanto la vista:

— ¡Albert! — Allí estaba él ataviado en un traje oscuro, alto e imponente.

— ¿Vas a alguna parte? —Le pregunto este con ironía.

Ella bajo la vista hacia la maleta y trato de cerrarla por completo, no pudo. Albert se acerco y la cerró sin esfuerzo alguno, se enderezo y metió las manos en los bolsillos.

— Gracias. — murmuro ella.

— Así que te vas y me abandonas… sin ninguna explicación, ¿Te vas con Neal?

Su voz tenia un tono extraño e indiferente como si estuviera discutiendo de negocios con alguien y eso a ella e dolió, se dio cuenta que no le importaba mucho. ¿Por que creía eso él? no lo culpaba pero eso no le evitaba el dolor de haber sentido que nada de lo que había sucedido entre ellos importaba.

— ¡No!

— ¿No? — Levanto las cejas con ironía. — Y esperas que lo crea después de lo que vi hoy.

— No ha pasado nada entre nosotros interpretaste mal todo. Solo viste, decidiste y listo.

— Creo que no Candy…

— No había nada que se pudiera mal interpretar.

— ¿A no? ¿Siempre atiende a las visitas en mangas y con un vulgar delantal? Prefiero que me digas la verdad.

— La verdad… ¿Siempre dices tu la verdad? — Ahora ella recordó la conversación de la tarde pasada y el dolor aguijono su maltrecho corazón.

— ¿Que quieres decir con eso? —Tenía un extraño presentimiento, pero de verdad no pudo evitar el sentir que no tenia ni idea de que hablaba.

— Nada.

— ¿Tenemos que discutir esto aquí de pie? — Hablo con voz mas calmada y controlada ella sintió algo de alivio y se dirigió a la pequeña sala de la habitación y tomaron asiento uno frente al otro como extraños.

— ¿En verdad te iras?

— Si. — contesto aprisa.

Él se levanto y se alejo unos pasos, metió las manos en los bolsillos y le dio la espalda. Ella se lo quedo mirando y noto su altura muy distinguida, sin duda no era para ella.

— ¿Y luego?

— ¿Como? Luego cada cual hará su vida… —lo dijo no tan segura.

El sonrió de modo muy extraño, muy desagradable, nunca lo había escuchado así, el temor que pensó acallado hace un cercano tiempo la invadió, se acobardo y ya no supo como actuar. Cuando él la volvió a mirar ya no estaba controlado, estaba furioso.

— ¿Es mejor que yo? — Camino dos pasos apretando las manos. — ¿Es un buen amante?

La pregunta, la zarandeo e hizo enrojecer su piel. Se levanto del sillón y contesto aireada e indignada.

— ¡Te lo dije! malinterpretas las cosas.

— ¡Mientes! — Dijo entre dientes. — Me basto verte. — se acerco a ella y la tomo de los hombros. — ¿Crees que se me ha olvidado el aspecto que tienes después de hacer el amor?

Las palabras la hicieron temblar, estaba horrorizada. Quiso zafarse para irse pero él presiono con más fuerza los dedos en sus hombros.

—¿Te satisfizo? O será mejor que yo le de una lista de tus preferencias en la cama.

— Eres un… ¡Canalla! — Nunca en su vida le había hablado así, con la cara llena de rencor y odio.

— ¿Qué sucede? ¿Hablo con demasiada franqueza? ¿Querías disimular tu adulterio con una fingida relación amistosa para darle aspecto respetable?

— ¡Neal no es mi amante!

— ¿Por quien me tomas? ¡por idiota! al menos él no trató de ocultar lo que había sucedido. Él con cada mirada se aseguró de que yo lo supiera. — El rostro de Albert estaba pálido y desencajado.

Hubo un silencio profundo Candy no lograba verlo con claridad su mirada estaba cegada por lagrimas que demostraban la humillación que estaba sintiendo,¡Por Dios! ¿Como podía pensar eso? sabiendo que el único hombre en su vida había sido él. Quiso desvanecerse pero la fuerza de la presión de las manos de Albert la hicieron mantenerse en pie. Él le agarro la barbilla y la obligó a mirarle a los ojos.

— Quiero verte cuando te hablo. — Ella lo miro con fijeza. — ¿Que sentiste al estar en sus manos? ¿vibrabas como lo hacías conmigo? Estoy seguro que no sentiste ni un ápice de lo que disfrutaste conmigo.

Candy trato de soltar la barbilla de su mano, pero entonces le agarro la nuca con los dedos y la inmovilizo.

— Quédate quieta.

— Me lastimas.

— Entonces quédate quieta. ¿Sabes los peligros a los que te expones allá afuera sin mi protección? ¿Como piensas mantenerte? ¿Acaso Neal lo hará? te rebajaras a ser una concubina de un drogadicto… ¿prefieres eso… a ser mi esposa?

Candy desvió la mirada para evitar mostrarle el dolor, ¿que era eso? ¿Que significaba su actitud…? ¿Y lo que escucho…? se sintió confundida y engañada a la vez, se mordió el labio tratando de mantener el control. Pero sabía que debía dejarle en claro sobre su relación con Neal.

— Neal es mi amigo, y si necesita mi apoyo para salir del agujero donde esta… ¡yo lo apoyare! no lo abandonare.

— ¿Amigo? bonita manera de describirlo.

— Y ¿Qué quieres que diga? ¿Que estoy loca por él? ¿Que anoche dormí con él y que volveré a hacerlo hoy y mañana y todas las noches que sigan?

Las palabras brotaron de su boca como un torrente, estaba muy excitada, totalmente fuera de sí. Su cuerpo temblaba bajos las masculinas manos. El rostro de Albert parecía de granito, mientras la oía decir enojada todas esas palabras. De pronto, le apretó la cabeza con la mano, atrajo su cuerpo hacia él con la otra mano apoyada en su cintura y le aprisiono la boca de forma salvaje.

Gimió por el dolor que le producía, lucho con violencia para soltarse, tanto que cayeron sus cuerpos al suelo entrelazados. Por un momento el shock del acontecimiento los hizo quedarse allí respirando fuerte. Después de un momento Candy se repuso y trato de levantarse, pero Albert la agarro con tanta fuerza que su vestido se rasgo. Furiosa todavía, miro la tela rota pero contuvo la respiración al enfrentarse a él. Albert contemplo su piel desnuda. Ella intento hablar pero la voz no le salió. Y el corazón le latió con tanta fuerza envuelto por el miedo… «No, no Albert no seria capaz.» Los ojos de Albert se dirigieron a su rostro y en vano trato de apartarse de él, « ¡No, él no podría hacer lo que presentía!» movió la cabeza en negación silenciosa y el pronuncio.

— Si.

Lo dijo con tanta pasión contestando lo que nunca exclamo, la rubia cabeza se inclino y acallo un gemido por parte de Candy, zafándose de su posesión grito:

— No Albert.

No quería pensar, ni menos saber como soportar la idea de llegar a la intimidad con ese terrible abismo entre ellos. Sus manos rodeaban la delgada cintura como si fuera acero. Ella protesto y trato de apartarle las manos, pero él nuevamente se apodero de sus labios besándola apasionadamente. Su amor propio estaba siendo castigado, no podía permitir tal intromisión, si bien ella lo amaba con toda el alma y deseaba estar es sus brazos todas las noches de su vida; no permitiría que copularan salvajemente en el suelo, como castigo a su falta. Trato de resistirse con todas sus fuerzas. Lucho con dientes y uñas pero no lo logro.

— Voy hacerte el amor. — Le susurro al oído.

Candy gimió y el apretó su cuerpo mientras ella emitía una amarga protesta silenciosa. De pronto; como si se elevara por encima de lo que estaba sucediendo, como si el extraño en su cuerpo le anunciaba que no había vuelta atrás. Se quedo rígida y fría. Tomaba su cuerpo contra su voluntad y la hizo sentir como un objeto. Lo odio.

Cuando se quedo acostado de nuevo a su lado, respirando con fuerza Candy se levanto y se metió al cuarto de baño, cerrando la puerta con llave. Se metió en la bañera y afanosamente se refregaba el cuerpo entre sollozos y agua helada. Escucho cerrar la puerta de su habitación y sintió un extraño eco en su interior ¿Como había sucedido aquello? sentía que el amor puro que sentía por él había sido herido, maltratado y ultrajado. Se saco la alianza de su mano y la lanzo con fuerza contra la pared. La pasión brutal que le había mostrado fue tan barbará que solo podía pensar en él con temor y resentimiento.

Continuará…


Muy buenas noches mis queridas amigas... bueno no se como empezar salvo que sean benevolas conmigo...

Roni... si se armo... enfrentarse a la furia de Albert es gravisimo... pero en si Neal todo un caballero.. la respeto... pero igual... la furia de albert es grave.. lo que causa los celos! gracias por seguir al pie del cañon.. besos

Serenasexylady: vaya si que estamos atentas! wiii me da mucho gusto que te haysa fijado que ya llegamos al prefacio.. mil gracias.. y para que veas.. los celos los alos entendidos nos llevan a lugares desconocidos.. esperemos que ya se dejen de cosas estos dos.. gracias po leer

Cota! wiiiiiiiiiiiiiiiiiii que lindo verte por aca... y si los celos nos ciegan a extremos incomprendibles.. afectan tanto la mente y el alma que podrian acabar con el mas sensato de los hombres... mil gracias por leer.. y bueno leamos los tomatazos de todas... uy...! amiga mil gracias por leer y por pasarte por aca besos hasta chile

Lili... la vida no es color de rosa... sorry ya se que soy morelia y extremista.. pero hay cosas mas graves en la vida real.. necesitan un buen zarandeo ambos para ser felices sin problemas y sin limitacions... gracias por leer mi lili y por tus comentarios.. por favor,.,,, no me pegues en este... =(

missju gracias a ti por pasarte a este fic... y tomarte tu tiempo de leerlo.. y sip Terry descubrio.. por fin a XXXX... no a XXXXX ejjejeje

Abi: gracias por esas palabras... y si cuando uno hace lo que no debe o calla lo que no deberia callra.. podemos perder paises enteros por malos entendidos... yo adoro a albert en todas sus facetas.. pero debo confesarte... me ha costado tener un albert fuera de lo comun... este es intenso, posesivo, cegado por los celos.. solo espero no tenga consecuencias sus actos.. gracis por leer.

Magdy: amiga.. amiga... amiga... mira estoy tiesa de .. mmm nose.. pero estoy tiesa jajajaj como me has hecho reir.. y ese avance estuvo bueno,, jajaj el drama es asi.. pero todo tendra una respuesta.. no desesperes.. besos gracias por leer... y bueno no ardio troya.. pero.. si que paso de todo!1

Amigas bellas... esta semana que viene tengo que hacer varias cosas y creo no actualizare.. pero no desesperen estoy en ello.. no dejare botado el fic nooooooo solo que algunas cosas se me complican... si alcanzo y lo escribo lo subo... o si no de pronto les traiga una cosita que tengo guardada sip?

no se olviden que las adoro con toda el alma... cuidense.. y les deseo una excelente semana...

KARIN