Cap. 9: Descendencia del dragón.

Los nervios que recorren mi cuerpo en este momento no son normales, y menos para mí. He estado en miles de enfrentamientos y este que se avecina es uno más, pero no estoy nerviosa por lo que vaya a suceder el campo de batalla, sino por quienes están peleando junto a mí.

Como una petición de Demacia, fui requerida para un enfrentamiento cerca de la frontera, donde una banda de Noxianos secuestra gente y hace de las suyas. Normalmente no me prestaría para algo así siendo una descendiente de los dragones, pero lo hice porque él me lo pidió. Jarvan mismo fue ante mi hogar a solicitar mi ayuda, y simplemente no le pude decir que no.

Sé que él es el príncipe de Demacia y que yo solo soy mitad humana, pero no puedo evitarlo. Desde hace tiempo tengo esto dentro de mí y no puedo sacarlo de ninguna forma. Eso lo sé porque lo he intentado para quitármelo sin éxito. Lo único que me quedó fue aceptarlo y con ello aceptar también que no hay esperanza para lo que siento. Mientras caminamos puedo ver su semblante. Es serio, decidido como buen gobernante que es. Su paso es firme, como si cada paso quisiera indicar que Jarvan está ahí.

Aún recuerdo como fue nuestro primer encuentro. Cuando aquel miserable dragón asesinó a mi padre, mi búsqueda fue implacable. Cuando llegamos al helado norte, los encontré. Un escuadrón de humanos que buscaban al mismo dragón que yo. Recuerdo su rostro en ese momento.

—¿Quién eres tú?.-me preguntó imponente.

—Soy Shyvana, ¿Quiénes son ustedes?.-

—Soy el príncipe Jarvan escudo de luz Cuarto, del Reino de Demacia. Buscamos a un dragón que ha causado problemas en nuestro reino.-

—Váyanse, aquel dragón de cuerno gris es mío.-

Ante mi rugido, sus hombres retrocedieron, pero él no. Estaba frente a mí, viéndome como si fuera cualquier cosa. El miedo de los humanos lo había experimentado con anterioridad en mis viajes, pero aquel príncipe no daba un paso atrás.

—Es una bestia enrome para alguien como tú. Te ofrezco una alianza para derrotarlo.-

—Yo no necesito de unos débiles humanos como ustedes.-

Entonces, en aquel pico helado en el que nos encontrábamos, se escuchó un rugido que resonó por todas partes. En lo alto, todos pudimos verlo aletear y subir a la cima de aquel pico. Su rugido se hizo escuchar una vez más en aquel gélido lugar.

—Cuerno gris…-llamé mientras abandonaba mi forma humana para alzarme al vuelo con él.

—La hija de sangre sucia…-le escuché reclamar mientras él también emprendía el vuelo.

En el aire, la batalla era bestial entre ambos. Fuego salía de nuestras bocas como si fuera aire, y nuestras garras se encontraban con la pétreas escamas del otro. Su experiencia en batalla le ayudó, ya que usó un golpe de cola para derribarme en una planicie de nieve.

—No puedes ganarme con ese poder tan bajo sangre sucia…-me dijo.

Envuelta en ira, me levanté y fui tras él. Volábamos esquivando picos de hielo y árboles de la montaña, hasta que en una maniobra complicada, el voló hacia arriba y cayó en picada sobre mí que iba detrás. Mi cuerpo azotó de fea forma contra la meseta de hielo. Adolorida, me levanto para ver aquel enorme dragón aterrizar frente a mí.

—¿Osas desafiar al hijo de Cuerno negro?.-me grita y prepara una bocanada de fuego.

Aunque el fuego para nosotros los dragones no afecta mucho, el que lanza cuerno gris es diferente. Es un fuego oscuro, que siento como paraliza mis músculos uno por uno.

—¡Atrás!.-escuché una voz que se acercaba.

De pronto, un estandarte cae ante mí. Tenía la diana en la cabeza de aquel dragón, que lo evadió provocando que las llamas oscuras dejaran de salir. Ante mi aparecieron los mismo humanos de antes, quienes armados se lanzaron al ruedo.

Tenía muy en cuenta la debilidad y fragilidad de la raza humana, por lo que dudé un momento si duraría siquiera segundos contra ese dragón. Me equivoqué. Valientemente, los guerreros acudían a la batalla con fuerza, y si eran derribados, regresaban por su arma y directos al combate.

—¿Estás bien?.-me preguntó Jarvan apareciendo a mi lado.

—No deberían entrometerse.-

—Juntos podremos vencerlo, pelearemos junto a ti.-

—No, Cuernogris es demasiado para unos simples humanos.-

—No somos unos simples humanos, acepta nuestra ayuda.-

Su voz era firme y su mirada férrea. Clavaba los ojos en mi forma de dragón sin amedrentarse y esperando una respuesta. Asentí con mi cabeza y entonces el príncipe entró al ataque. Me recuperé de inmediato alcé vuelo una vez más. Cuernogris luchaba contra aquellos soldados, por lo que no me vio venir hasta que ya era tarde. Una derribada magnifica, logrando incluso estrellarlo con la montaña cercana. El dragón se levantó sacudiéndose y gruñendo como la fiera que es.

Una bola de fuego rojo hacia los soldados, lo que provocó que se dispersaran y quedaran heridos. Yo sobrevolaba el área, hasta que siento algo que cae sobre mí. Era ni más ni menos que Jarvan, quien con lanza y estandarte en mano había logrado abordarme a pesar del movimiento.

—Podemos vencerlo.-me dijo mostrando su lanza.

—La piel de un dragón es inmune a las armas humanas.-

—Quizás mi arma por sí sola no pueda, pero juntos lo lograremos.-

Aquellas palabras me inspiran, por lo que rodeamos la meseta hasta encontrarnos en el aire con el dragón enemigo. Cuernogris intentó derribarnos con bolas de fuego, pero mi desenvoltura al vuelo nos permitió a Jarvan y a mí evadir todo ataque.

En un momento, cuando estuvimos lo suficientemente cerca, sentí que saltó. Lo vi atravesar el aire con lanza en mano. Todo ocurrió como en cámara lenta. Jarvan surcando el cielo mientras su arma llevaba dirección de muerte. Sorprendentemente, la punta de aquella poderosa lanza se encajó en el dragón, pero esto no fue suficiente para matarle.

Cuernogris se sacudió y de un manotazo mando a Jarvan al suelo. Desde aquella altura sería una muerte segura, por lo que bajé en picado para recogerlo a mis espaldas antes de que tuviera un fatídico final. Jarvan se recuperó de inmediato y levanté el vuelo una vez más.

—¡Es nuestra oportunidad!.-me dijo.-La fuerza de un humano no es suficiente para acabar con él, pero la de un dragón debería ser suficiente.-

—Yo me encargo.-exclamé.

Al pasar cerca de la meseta helada, sentí que saltó una vez más y me dejaba el camino libre. Cuernogris intentaba liberarse de la lanza, hasta que me vio ir hacia él. Una, dos, tres bolas de fuego para intentar derribarme, pero las evadí con solo una cosa en mente: venganza. Llegué hasta él y para aprovechar toda mi fuerza, volví a mi forma humana. Si bien era más pequeña, en esta forma podía concentrar mi fuerza de una manera mejor al tener menos músculos que mover.

Iba yo volando por los aires, hasta que mis manos sujetaron aquella lanza y con todas mis fuerzas la encajé hasta el fondo. Un rugido infernal por parte del eviscerado dragón, que perdió fuerza de vuelo y altura en un momento. Su sangre negra se desparramaba por todo el lugar mientras caía, pero yo no soltaba la lanza. El impacto contra el suelo fue enorme, pero yo seguía ahí, con mis manos en aquella arma.

Sin quedar satisfecha aun, desencajé la lanza y abrí al dragón caído. Quede sorprendida al ver que la lanza Demaciana había hecho blanco justo en su corazón, y eso sumado a mi fuerza, fue una muerte segura. Me despegué de aquel cadáver orgullosa por llevar a cabo mi venganza, cuando de pronto algo cayó frente a mí.

El príncipe Jarvan estaba ahí, con su gallardo porte mientras se acercaba.

—Muchas gracias por dejarnos ayudarte.-me dijo con su seriedad que empezaba a ser habitual.

—Era algo personal que tenía contra ese dragón, no fue nada. Lamento la muerte de tus hombres.-

—Ellos no han muerto.-

En efecto. Con ligeras heridas y golpes, los soldados del príncipe aparecieron detrás de él. Los conté y me aseguré que estaban todos, celebrando su misión cumplida al fin.

—¡Vamos a celebrar al reino!.-exclamó Jarvan a sus soldados, quienes se unieron a él en un grito.

Consumada mi venganza, me di la vuelta para seguir vagando sin rumbo por Valoran. Di dos pasos hasta que sentí que algo me detenía del hombro. Me giré y lo encontré una vez más. Sus ojos clavados en mi como dos flechas.

—Eres bastante fuerte.-me dijo.

—Gra… gracias.-me sentí ofuscada por el primer halago que recibía en mi vida.

—Serías una gran fuerza si te unes a nosotros. Ven al reino.-

—Es que yo…-intenté decir algo, pero mi cabeza estaba en blanco.

—Lo siento. Debes tener cosas que hacer. Me disculpo por tan atrevido ofrecimiento.-

Me quedé en silencio. Aquel príncipe demaciano que recién había conocido me ofrecía un lugar al que yo podía encajar. Él no me temía. No huía de mí a pesar de mi linaje y forma. Lo vi alejarse con pasos lentos hacia su escuadrón que emprendía la retirada. No quería quedarme sola, ya no más. Quería que esperara.

—¿Disculpa?.-se giró mirándome con extrañeza.-Lo siento, no escuché lo que dijiste.-

Me sorprendo de mi misma al darme cuenta que las palabras de mi mente habían salido de mi boca. No quería perder esta oportunidad, por lo que me acerqué a él y asentí con la cabeza.

—Iré al reino con ustedes.-salió de mi boca.

—Excelente. Te daré todos los detalles mientras regresamos.-

Caminábamos juntos, pero solo él y yo. Su escuadrón iban con nosotros pero manteniendo la distancia y dándome miradas de temor. Todos huían de mí, pero él no. Me hablaba de la situación del reino y los destrozos que había causado Cuernogris a su pueblo. Estábamos caminando lado a lado sin que él huyera. Esto me hacía sentir especial con él.

Sentía algo que nunca había podido sentir antes debido a la soledad y resguardo de mi padre. Algo dentro de mí que iba creciendo conforme pasaba tiempo con él. Jarvan y yo hablábamos como iguales, y en un momento, después de mucho tiempo, me sentí bien.

Le conté la historia de Cuernogris y mi padre. El me miraba interesado, cautivado por la tragedia familiar que había sucumbido sobre mí.

—Lo lamento mucho.-me dijo poniendo una mano en mi hombro.-Lamento lo que le sucedió a tu padre.-

—No tiene que hacerlo, ahora la venganza está completa.-

—¿Y qué harás ahora?.-

—Yo… no lo sé.-bajé la cabeza sin anda en la mente.-Tenía que llevar a cabo mi venganza, pero nunca puse en mente lo que pasaría después. No tengo un hogar ni una familia con la cual regresar. Mi tribu no me acepta por mi sangre híbrida y sinceramente, dudo mucho que los humanos quieran acercarse a mí.-

—Puedes quedarte en mi reino si lo deseas. Como parte de Demacia me encargaré de que no te falte nada para que puedas vivir en tranquilidad.-

—Se… preocupa por mi.-

—Eres alguien valioso, eso nunca lo olvides.-

Me quedé paralizada con eso último. Nunca antes había escuchado eso de mí de otro que no fuera mi padre. Aquel príncipe me reconocía como un igual, sin temores o xenofobia de su parte. Miré su espalda mientras caminaba y sentí algo en mí. Quería estar junto a él. Quería seguirlo y ser parte de su vida. Salió en mí el deseo de asistirle en lo que necesitara y que pudiera confiar en mi fuerza una vez más.

De pronto, mi visión de su espalda cambio, mostrándome a un Jarvan mirando hacia tras y estirando su mano. Sí, quería alcanzarle y estar junto a él. Me adelanté y tomé su mano con firmeza.

—Bienvenida a Demacia.-me comentó.

El gran reino nos abrió las puertas. Aunque ellos fueron recibidos como héroes de guerra, yo no tuve el mismo recibimiento. Miradas turbias y malos gestos era lo que esperaba por mí de parte de los demacianos. Aquellos recuerdos de días pasados donde intentaba convivir con humanos y estos corrían asustados regresaba a mí. El tormento de querer algo de compañía después de que mi padre me dejara y recibir solo miedo o peor, hostilidad, regresaba a mí con esos ojos.

No podía soportarlo más, por lo que caí de rodillas al borde de las lágrimas por esta terrible bienvenida. Llevé mis manos a mi cabeza intentando alejar las ideas, pero mi mente estaba tan acostumbrada a esto que ya escuchaba los gritos de repulsión y oposición a mi presencia. No quería estar sola de nuevo. No quería vagar una vez más por el mundo sin nadie.

De pronto, algo detuvo la marea de pensamientos que azotaba mi cabeza. Una mano en el hombro me regresó a mi tranquilidad, y al levantar la mirada pude verlo una vez más. Jarvan, mirándome seriamente mientras me indicaba con la cabeza que me levantara. Lo hice al borde de las lágrimas.

—¿Estás bien?.-

—No tengo muy buenos recuerdos de convivir con humanos.-

—Eso no será problema aquí.-lo observé dirigirse a la multitud.-¡Escucharme todos! Hemos vencido a Cuernogris, por lo que el pueblo de Demacia estará tranquilo a partir de ahora. Los valientes soldados fueron una pieza fundamental para esto, pero no podríamos hacerlo sin ella.

Su nombre es Shyvana, y por el poder que me confiere el reino de Demacia la declaro una fuerza de élite del reino. Cualquier tipo de grosería hacia ella, responderá ante mí.-

No pude más. Lo que este hombre había hecho por mí en este día era más de lo que hubiera pedido en toda mi vida. Miré a la gente a mi alrededor, quien parecía confundida por la reciente proclamación del príncipe. Luego comenzó. Era un sonido que no reconocí hasta que lo vi. Los humanos chocando sus palmas entre sí. Aplausos de todas partes hacia nosotros, los vencedores de Cuernogris.

—Nadie va a molestarte. Puedes vivir tranquila entre nosotros porque ahora, este lugar es tu hogar.-

Seguimos el camino hasta el reino y no hubo otra mirada de repulsión hacia mí. Cuando llegamos ahí, lejos de la gente, el escuadrón se separó de nosotros, mientras que le príncipe se acercaba.

—No te preocupes. En seguida algunos de los jefes del estado buscarán un hogar para ti.-

No pude más y me lancé hacia él. Sus soldados regresaron e intentaron proteger a su príncipe, pero noté como él les detuvo con una orden de la mano. Yo abrazaba a Jarvan mientras dejaba salir todo el dolor de mi alma. La muerte de mi padre, la soledad de tantos años, el repudio por parte de los dragones y los humanos hacia mí. Mis lágrimas caían al suelo sin control, liberando mi alma de años de tanto dolor.

Jarvan seguía ahí, estoico, aguantando que yo lo usara como paño de mis llantos sin decir una palabra. Incluso, correspondió el abrazo que le estaba dando para hacerme sentir mejor. El contacto con su cuerpo me llenaba de un calor que nunca pensé que sería capaz de sentir. Me separé mirándole con lágrimas en los ojos.

—¿Dejaste salir tu dolor?.-me dijo con una ligera sonrisa.

Me separé de inmediato recapacitando dónde estaba, con quién y qué estaba haciendo. Me incliné ligeramente pidiendo una disculpa, pero una vez más, Jarvan me levantó la cabeza para que le mirara.

—Todos tenemos un pasado que quizás queremos ocultar. Incluso lo más grandes guerreros pueden llorar. He escuchado sobre tu pasado y tu presente, sabiendo que no los puedo cambiar para hacerte sentir mejor. Pero lo que sí puedo hacer es darte la oportunidad de que cambies tu futuro. ¿Qué clase de futuro quieres?.-

—Quiero estar aquí. Quiero un hogar y que la gente no me tema por lo que soy.-

—Entonces, este es el primer paso para llegar a ese futuro. Lo más difícil del camino siempre es el primer paso.-

Asentí sonriendo por primera vez en mucho tiempo. Jarvan me estaba ayudando a recuperar un futuro que yo creía perdido para mí.

Agito mi cabeza alejando los recuerdos mientras llegamos a la base de aquellos criminales. Jarvan pasa junto a mí y me indica con la cabeza si estoy lista, a lo que respondo que sí. El ataque comienza. Nuestro escuadrón ataca y una encarnizada batalla da inicio. Con mi poder de dragón, no tengo que transformarme para vencer a varios criminales.

—¡Shyvana!.-exclama Jarvan.

—¡Entendido!.-

Esa es nuestra clave para nuestro ataque conjunto. Busco la posición ideal y me lanzo hacia los criminales usando mi forma de dragón. Mis alas atrapan a todos en el camino llevándolos a un punto en específico. Antes de que los rivales puedas reaccionar, un estandarte cae del cielo justo en el centro, y Jarvan cae detrás.

—¡Por el rey!.-escucho que exclama mientras que su fuerza levanta un cráter a nuestro alrededor.

El cataclismo nos encierra con los criminales, a los cuales atacamos sin compasión. Espalda con espalda, comenzamos a acabar con decenas de hombres cada quien. Al final, el cataclismo cae y nos muestra solo a Jarvan y a mí de pie. Los hombres se encargan de arrestar a los sobrevivientes mientras que Jarvan se acerca.

—Buen trabajo.-me dice poniendo su mano en el hombro.

—Usted también lo hizo bien.-

Observamos orgullosos nuestro trabajo y regresamos al reino. Me despido de él y acudo a una casa dentro de reino que habito. Entro en ella y al llegar a la habitación donde duermo, lo veo. Es el casco del príncipe que conservo para mí. Recuerdo que ese casco lo obtuve cuando peleábamos lejos del reino, y lo conservé para mí. Era como un recuerdo de que Jarvan estaba ahí.

Tardé mucho tiempo en descubrirlo, pero lo que sentía por el príncipe de Demacia era amor. Suspiré tomando aquel casco entre mis brazos. Sabía muy bien que debido no solo a nuestras razas, sino nuestro estatus social era casi imposible que pudiera darse algo entre nosotros. Pero ese casco me recordaba que o debía perder la esperanza. El príncipe Jarvan me devolvió la esperanza hace mucho tiempo, y no pierdo el sueño de que sea así una vez más.

Las historias contaban que el príncipe mataba a la bestia para salvar a la princesa, pero en esta ocasión, el príncipe salvó al dragón. Lo salvo de la oscuridad y la soledad, así que yo no pierdo la esperanza de que un día venga ante mí a decir algo así. Son cuentos de niñas posiblemente, pero yo pienso así sobre él. Incluso si no me lo dice y eso sigue siendo un sueño, yo seguiré a su lado. Seguiré estando con él siempre que él me acepte y me deje seguirle. No importa si es una misión de vida o muerte, yo estaré aquí para él siempre.