Declaimer: Naruto no me pertenece, obviamente. xD
Advertencia: Lo mismo de siempre.
Tentación
Muchos dicen que tengo un don.
El don de esperar.
Sobrellevar cualquier contratiempo sin exaltarme, sin perder la calma y soportar los escándalos, las conductas imposibles y los berrinches infantiles.
Yo opino que soy alguien resignada. Conozco los defectos de los que me rodean y sólo me adapto a ellos.
¿Para qué enojarme?
Dicen que tengo un don.
El don de la calma.
Tengo experto cuidado en realizar trabajos minuciosos sin alterarme.
Y sin embargo…
La paciencia puede ser un don o una desgracia, dependiendo de qué consideres como don y con qué o quién lo experimentes.
10. Paciencia
Sonríes. Llevas dibujada en tu cara esa estúpida sonrisa idiota que te hace parecer una imbécil enamorada del mundo, las plantas, esa piedra, la simple flor o el primer tonto que se te cruza. Contagias a los demás con esa risa, porque es como un virus, uno de esos que se transmite por el aire y tú eres la portadora de él. Eres perfectamente consciente de esa mueca tonta en tu rostro, pero no haces nada por evitarla, nada para que desaparezca, sigue ahí.
Casi saltas mientras caminas, con esos aires alegres y sobrantes de felicidad mal contenida, porque no quieres contenerla, quieres expresársela a todo dios, si fuera posible. Es más, piensas en gritar, pero son tantas las emociones que sientes que eres incapaz de saber con qué palabras expresarlas. La gente te mira cuando pasas, y susurran entre sí. Tú prefieres fingir que no te das cuenta de que lo que dicen, sabes que tienen razón. Pareces una idiota enamorada. ¿Y qué no lo eres, querida? Claro. Claro que lo estás. Pero no te has dado cuenta hoy, ni ayer, ni antes de ayer, no. Lo sabes desde hace mucho. Llevas tantos años enamorada de la misma persona que no recuerdas desde cuando esto pasa. Y sin embargo, te da igual.
Giras en una esquina, la mochila que llevas a tu espalda rebota, pero ni te inmutas. Estás completamente enamorada de tu compañero de equipo. Lo que era admiración se transformó en amor y ni siquiera te diste cuenta, estabas demasiado ocupada entrenando y volviéndote una mejor kunoichi. Aun así, el sentimiento ahí está. En tu corazón. Nunca cambió, permanece permanente ¿Y él lo sabe? Joder. Eso es lo más frustrante de todo. No estás segura de que él sea consciente de tus sentimientos. Es más ¿sentirá él lo mismo que tú?
Tienes miedo a ser rechazada, a no recibir lo mismo de su parte, a que te aleje de él. Prefieres tener sexo esporádico y caliente con él a perderlo por una estúpida declaración de amor. Por eso no hablas, no recriminas nada. Cuando estás a su lado, rodeada de más personas, eres como siempre has sido, alegre, vivaz y entusiasta. A solas, fogosa, sensual, casi te logras sentir una mujer atractiva, sexy. Él te hace sentir así y te encanta. Por eso aguantas con entereza, sin gestos cariñosos ni sentimentalismos cursis. Lo amas así como es, pero…mierda, te duele. Duele que sólo follen. Sólo eso. Y sigues adelante.
Cruzas ese caminito de tierra, ves a lo lejos la cabaña y tus ojos chocolate brillan con lujuria, casi con un abismo de esperanza que ni tú misma te crees, pero que mantienes escondida en tu maldito interior, soportándolo todo. Lo has citado ahí, en ese refugio, el refugio del amor. Aunque esas no sean las palabras adecuadas para denominarlo, lo prefieres al refugio del sexo.
Entras en el lugar y allí lo ves, al fondo, llenando con su cuerpo alto y fornido casi toda la estancia, quedando casi reducida a la nada, o eso te parece a ti. Y sigues sonriendo. De esa forma patéticamente enamoradiza y estúpida, esa que tienen las actrices en las películas de comedia-romántica y que suelen ser tan jodidamente empalagosas. ¿Y sabes lo mejor, querida? Te da lo mismo. Porque tú eres una de esas idiotas enamoradas.
Te aproximas a él con paso seguro. Te observa con atención, sus ojos perlas caen sobre ti, quemándote allá donde miran. Tu sangre comienza a correr por tus venas, como la pólvora antes de hacer estallar a la dinamita. Tu corazón va a explotar por ese maldito ritmo cardiaco desenfrenado. Y te sigue dando igual. A la mierda. Si te daba un infarto, morirías feliz. Morirías en los brazos del diablo, con una sonrisa estúpida en la boca y jodidamente satisfecha.
Dejas la mochila que llevas a tu espalda en la mesita de noche. Te acercas al genio y tocas su torso, delineando por sobre la ropa torso, sus abdominales. Es un juego. Las manos masculinas se apoderan de tus caderas, atrayéndote a él, pegándote a él. Te colocas de puntillas y lo besas. Un beso iniciado con ternura y que fue devorado por él, profundizado por él. Porque Neji era todo pasión y lujuria cuando estaba contigo ¿verdad, querida?
Mordió tu labio inferior, incitándote. Y joder, como te incitaba. Su lengua exploró con deleite tu cavidad, luchando con tu propia lengua y disfrutando de tu maldito sabor y tú del suyo. Y viste la oportunidad perfecta. Comenzantes a caminar, chocando tu pelvis con su miembro, logrando que un siseo ronco escapara de entre sus labios. Lo empujaste sobre la cama, cuando sus rodillas tocaron el borde y tú te quedaste allí, de pie, observándolo, con las manos en las caderas y un brillo picarón en tus ojos avellanos.
–Tenten–susurró con advertencia en su voz.
Tú no pudiste evitar sacarle la lengua de forma infantil, soltando una pequeña carcajada mal disimulada.
–Quédate quieto, Hyuga. –le ordenaste. Entrecerró los ojos, notaste su recelo, pero, igualmente, asintió con la cabeza, expectante.
Te diste la vuelta y abriste la mochila que antes dejaste en la mesa. Sonreíste otra vez como una idiota, pero esta vez, con un abismo de maldad reflejada en tu rostro en forma de corazón. De dentro sacaste un pequeño juguetito, algo que tenías en mente, quizás una venganza inocente que querías jugarle al Hyuga. ¿Y qué más daba lo que fuera? Simplemente querías divertirte, y lo harías. Saciarías tu curiosidad.
Escondiste tu objeto especial detrás de la espalda, te acercaste a la cama, casi caminando de forma gatuna. Él sabía que ocultabas algo y te miraba con suspicacia. Te colocaste a ahorcajadas sobre él, arriba de su estómago, notando entre tus glúteos ese pequeño bulto que era su polla. Y acentuaste tu sonrisa.
–Ahora sé un buen chico–ronroneaste contra su cuello.
Notaste las manos del Hyuga intentar apoderarse de tu cintura, quizás con la intención de descubrir que celabas. Tú fuiste más rápida, por algo eras la maestra de armas. Tomaste sus manos entre las tuyas y él dejó que las guiaras por encima de su cabeza, justo dando al cabecero.
–No, no–regañaste en tono cantarín. –Sé buen chico, Neji.
Frunció el ceño. – ¿Qué te traes Tenten?
–Nada, Neji, simplemente sé bueno.
Y besaste su cuello, mordiéndolo y lamiéndolo. Restregaste, estratégicamente, tu trasero contra su miembro caliente, y justo cuando lo escuchaste gruñir roncamente, te adelantaste, aprovechaste su distracción para sacar las esposas de detrás de tu espalda y colocárselas en sus muñecas, atándolo al cabecero de la cama e impidiendo que pudiera tocarte. Victoria para ti, amiga.
– ¿Qué demonios…? Tenten, suéltame. –se ofuscó el Hyuga.
–No, no, no estropees el juego, Neji. Me dijiste que serías un niño bueno.
–Yo nunca dije eso…
–No seas aguafiestas, Hyuga, y déjate hacer…–murmuraste contra su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja, y sabías que habías ganado.
No podías quitarle la camisa, dada la situación, pero si podías desabotonarla, y eso hiciste. Y joder, ibas con tranquilidad, lentamente. Podías notar la mirada metálica encendida sobre ti observarte, casi con aprensión por tu maldita lentitud. Y lo disfrutabas. Disfrutabas verlo de esa forma.
Tu lengua húmeda se paseó por su piel, delineando cada cicatriz y cada trocito. Repartiste suaves besos allí dónde te pareció y succionaste uno de sus pezones tal y como él lo hacía. Metiéndote el botón sonrosado en la boca, jugando con él y dejándolo. Repitiendo el proceso una y otra vez, hasta que lo escuchaste gemir tu nombre. Y volviste a sonreír estúpidamente, ya una costumbre en ti, por lo visto.
Te bajaste de su posición, colocándote entre sus piernas. La atenta mirada de él no se despegaba de ti, esperando tu próximo movimiento. Tenías el control. El puto control. Y te gustaba. Y comenzaste a desabrocharle el cinturón y a bajarle la cremallera. Sin olvidar, como no, esa pequeña vagancia, sin alterarte, con calma absoluta. Después de un largo rato, o quizás a él si le pareció largo, porque para ti no lo fue, le sacaste esos pantalones incordio. Por último quedaban los bóxers y ya podías distinguir su polla grande dentro de ellos. Te relamiste inconscientemente, abstrayéndote en tus pensamientos.
–Tenten…
–No seas impaciente, Neji, estamos jugando.
–No, tú estás jugando. –refunfuñó molesto, aunque sabías que le encantaba todo aquello.
Reíste por su comentario. –No te enojes.
Te estiraste, alcanzando su rostro, dándole una mejor visión de tu redondo escote. Acariciaste su ceño fruncido, eliminando las arrugas producidas. Y besaste sus labios en un casto beso incitador y deseoso de más. Decidiste que este era el momento de quitarte tú la ropa, lo quisieras o no, incluso, lo aceptaras o no, tú también estabas deseosa, es más, sentías ese calor sofocándote las entrañas, como las sentiría el mismo genio. Siempre con esa parsimonia adoptada en el día de hoy, esa misma por la que todos solían alabarte, dada tu concentración y pericia, te desvestiste. Mostraste cierto placer al ver los ojos del Hyuga recorrerte con ambición, morderse el labio inferior con descaro y mover las manos inconscientemente. Oh, sí, te gustaba mucho verlo así. Atado para ti. Como un regalo de navidad, sólo que sin lazo.
Las prendas se deslizaron por tu cuerpo, cayendo, una a una, al suelo. Y proseguías sonriendo. Qué raro ¿verdad? Quedaste cubierta por una ridícula braga de encaje transparente negra, que apenas te cubría y no dejaba mucho a la imaginación, a decir verdad, y un sujetador a juego.
Podrías haber realizado el juego de otra manera. Podrías haberte puesto una gabardina y al llegar a esa cabaña quitártela dejándote con este atrayente conjunto…o aún mejor, sin nada. Podrías haberlo hecho. Podrías. Pero nunca hubieras llegado a atar a Neji. Él te hubiera arrinconado y a partir de ahí…hubieras caído en su trampa, sucumbido al placer. Ya no hubiera sido tu juego, sino el suyo.
Te volviste a colocar entre sus piernas y le quitaste la última prenda que le quedaba, a parte de la estúpida camisa que pensantes en romper si se ponía pesada...mmm, salvaje. Su miembro te llamaba erecto, grande, vibrante. Te relamiste una vez más, humedeciéndote el labio inferior reseco. Un destello de deseo, lujuria y picardía apareció en tu rostro. Neji tragó saliva abruptamente, duro. Anticipación.
Masajeaste sus testículos dócilmente, observando su rostro endurecerse, su mandíbula apretada. Sí, te gustaba mucho esa escena. Tu lengua lamió toda su extensión, notaste como un escalofrío recorría su espalda. Te lo metiste en la boca un poquito, repitiendo la acción varias veces seguidas, hasta que por fin lo hiciste por completo, tratando de no atragantarte con su longitud. Y ahí diste el disparo de salida. Marcaste tú el ritmo que te dio la gana. Ibas desde uno rápido al más lento. Neji quiso embestirte, pero lograste, de alguna forma inmovilizar sus caderas con tus manos, hasta que por fin, se dio por vencido. Disfrutaste de ese momento, dándole placer, con calma, sin prisas, porque eras minuciosa en tu labor. Conseguiste que se derramara en tu boca, mientras gruñía tu nombre, y lo saboreaste, su líquido caliente cruzó tu garganta y lo tragaste con deleite.
Sonreíste como una estúpida y te colocaste ahorcajadas sobre él, no habías acabado. Fuiste a por su cuello, lamiendo, mordiendo y besando. Incluso una marca roja dejaste allí donde el su pulso latía con fuerza. Restregaste tu centro contra su polla laxa. Y él se movió una vez más intentando soltarse. Reíste. Una dulce carcajada contra su oído. No pensabas soltarlo. Y él lo sabía.
Te desprendiste del estúpido sujetador y miraste con malos ojos la camisa esa que llevaba el Hyuga, te lamentaste por no habérsela quitado antes de atarlo. Un pequeño error técnico. Tu misma, bajo su escrutinio, te tocaste, manoseándote los pechos. Te pellizcaste los pezones y jugaste con ellos. Volviste a mover tus caderas, friccionando tu intimidad contra su sexo y un escalofrío te recorrió la columna vertebral. Esta vez, él sonrió.
Comenzabas a despertarlo nuevamente y te gustaba, porque tú eras la causante de aquello. Tú. Únicamente tú. Apartaste las ridículas braguitas e introdujiste un dedo en tu centro, gimiendo. Estabas mojada desde hacía un rato, la estancia olía a la fragancia del sexo y captando ese aroma te excitaste más. Mirando a Neji observándote con ojos libidinosos, tu sangre explotó más.
Sacaste tu dedo de tu intimidad y lo llevaste a la boca de él. Lo lamió, sin perder el contacto visual. Ya lo sentías preparado para ti, caliente, duro, erecto por y para ti. Decidiste que era el momento justo para quitarte también esa última prenda que te quedaba y eso hiciste. Cuando volviste a tu posición inicial, de un solo movimiento, ensañado ya muchas veces, te auto penetraste. Gemiste. Gimió. Gimieron.
Y volviste a llevar tú el ritmo, la batuta dirigente, dominadora de la velocidad. Lo desesperabas, lo llevabas al límite con tu lentitud, es más, los llevaba al límite a ambos, pero te gustaba. Joder. Y pensantes que sí tenías un don, un jodido don. Por no perder la compostura, por seguir allí, por perder la timidez, por el desparpajo, por la alegría, por la tristeza, por esperarlo. Y sonreíste mientras saltabas efusivamente sobre Neji, haciendo rebotar tus pechos contra tu cuerpo, dándole una hermosa visión salvaje a ese genio idiota con el que follabas como si no hubiera mañana. Porque tú cuando hacías algo, lo hacías bien. Porque tenías aguante. Porque tenías calma. Porque eras paciente. Sí, eres una estúpida enamorada con suerte y mucha, mucha, paciencia, y realmente, te encanta.
Lo siento, de verdad siento muchísimo haberme tardado tanto u.u Sé que he estado actualizando mi otro fic, mi SasuSaku y no este, pero no me ha llegado la inspiración. Quiero aclarar que no lo voy a dejar. Me faltan 4 capítulos para acabar y no lo voy a dejar.
También quiero decir que no me termina de gustar el cap...pero no lo he releído porque sino no lo público y si no lo publico cierta personita (cofcofVistoriacofcof) me mata xDD Nah, no es cierto, pero de cierta forma fue por ella que me puse las pilas con este capítulo xD
Nos leemos!
Feliz navidad, Año nuevo y que le dejen mucho los reyesmagos xD
