.

.

"LA SUMA DE LAS PARTES"

Autor: holdmybeer

~oOo~

((10))

―Necesitas aprender alguna manera de defender tu mente ―le dijo Harry a George cuando las cosas se calmaron un poco y pudo arriesgar una visita―. También del veritaserum, pero solamente hemos conseguido una forma menor de evadirlo hasta ahora.

La mirada de George se agudizó―. ¿Oclumancia? Nosotros … escuchamos por ahí algunas de las discusiones entre el Director y Snape.

―Solamente si tienes ya alguna idea de eso. Yo soy muy malo en lo poco que sé de eso, y mi Legilimancia es más que nada fuerza bruta ―admitió Harry―. Hermione ha investigado en la biblioteca, pero no descubrió mucho. Las pocas cosas que descubrimos mencionan que para hacerlo bien se necesita a alguien que te lo enseñe, y , de acuerdo con el retrato de Dorea, la locura Black no funciona bien con la Oclumancia.

George asintió lentamente. Harry casi podía ver sus engranajes funcionando―. ¿Hay algo más en esa biblioteca que podría funcionar?

―La teoría detrás de la Oclumancia. Hermione descubrió un capítulo acerca de ello para lo que pueda servir. Ella ha trabajado en ello, pero no ha hecho muchos progresos, y yo no quiero arriesgar probarlo con mi Legilimancia.

Otra cabezadita―. Le enviaré una lechuza. Podríamos necesitar trabajar en algo juntos. ¿Y el veritaserum?

―El vínculo nos da cierta medida de protección ―dijo Harry―. La naturaleza de verdad de la poción nos permite utilizar una verdad que no es la nuestra. Ron podía decir con honestidad que no sabía quien mató a los Lestrange, así que yo podía decir lo mismo. Él lo sospechaba, sí, pero no lo sabía. Ellos me probaron para comprobar el antídoto y Encantamientos de Memoria antes de drogarme, así que eso queda fuera. Yo he experimentado con el veritaserum regularmente por cerca de un año, y esa es la única forma de protección que hemos encontrado hasta ahora. Lo otro sería volver a la Oclumancia, y... ―dejó de hablar y se encogió de hombros.

―Esa es otra cosa que discutir con Hermione entonces ―los ojos de George se estrecharon―. Tengo la extraña impresión de que hay algo que no me estás diciendo, su pequeña Señoría.

Harry se pasó una mano por el pelo, uno de esos hábitos nerviosos que aun se atrapaba haciendo de forma ocasional―. La defensa del Imperius.

―No funcionaría si ellos usan veritaserum.

―Funcionaría si yo usara el Imperius sobre ti ―dijo Harry calladamente―. Y siempre que ellos no fueran demasiado específicos acerca de cuándo la maldición fue realizada.

Por un largo tiempo George simplemente lo observó con la expresión en blanco. Después se estiró y le dio un capirotazo agudo en la nariz.

Harry sin duda se veía tan sorprendido como se sentía―. ¿Qué...?

―¡Tonto Señor Oscuro! ¡Tonto! No hay galleta ―dijo George. Después sonrió, con algo de ironía y un tanto de cansancio―. No voy a permitir que te eches la culpa cuando estoy trabajando tan contento con un Señor Oscuro. No puedes defenderte bajo el veritaserum. ¿Por qué debo ser distinto?

―Yo tengo el vínculo ―bueno, siempre que no preguntaran las cosas indebidas. Un detalle menor.

―Y yo probablemente tenga la Oclumancia. Yo y Hermione, nosotros nos la arreglaremos.

Él se escuchaba tan confiado, era casi como tener al viejo George de regreso. Harry estaba razonablemente seguro de que conseguiría lanzar un Imperius antes de que George pudiera esquivarlo, pero no iba a intentarlo. George había tomado una decisión, y Harry iba a respetarla. Y él realmente no quería ser la clase de persona que va lanzándoles Imperdonables a sus amigos en contra de su voluntad, aun cuando fuera por su propio bien.

~oOo~

A principios de Julio, Hermione recibió una carta del profesor Flitwick invitándola a Hogwarts para el té y hablar de Encantamientos.

―Nosotros empezamos a hablar cuando visité el retrato del profesor Dumbledore para aprender el Fidelius ―Hermione se escuchó exasperada―. Hemos intercambiado cartas al respecto y acerca de la Teoría de Encantamientos en general desde entonces. Él estuvo afuera desde el término del año escolar y recientemente regresó a Hogwarts. ¡No todo debe tratarse de una trampa, Harry!

―¿Justo después de que McGonagall hizo un escándalo porque yo me estaba volviendo Oscuro? Esto es demasiado conveniente.

Hermione lo miró con irritación, en su mayor parte porque él no se refirió a la Directora por su título apropiado, pero Ron le cortó antes de que ella consiguiera retrucarle.

―No es por sonar como Ojo Loco ―dijo con cuidado, consciente de los peligros de una Hermione enojada―, pero él tiene razón en eso. McGonagall no se escuchaba feliz, pero todos saben que Harry es tan testarudo como un hipogrifo si no desea hablar. Si tu no consigues llegar a él, entonces tu o yo somos la segunda opción, y yo no tengo ninguna razón para ir de visita.

―Él es el profesor Flitwick ―espetó Hermione―. Él es un profesor respetable y un maestro de su arte, ¡no un mortífago hábilmente disfrazado!

―Al menos trata de verlo desde nuestro punto de vista ―intentó Harry―. Por favor.

La expresión tensa de Hermione se relajó levemente―. Nosotros contamos con el vínculo. Seremos capaces de comunicarnos.

―Deja que uno de nosotros te acompañe. Nos sentiremos mejor si no vas sola ―«a territorio potencialmente enemigo», se refrenó Ron de decir con sorprendente tacto.

―¿Porque yo soy una chica? ―la mirada de enojo de Hermione estaba de regreso a plena capacidad.

―No, porque que me condenen si permito que encares sola una fuerza potencialmente hostil ―dijo Ron con franqueza, olvidada ya su breve visita al mundo del tacto―. Nosotros permitimos que Harry fuera solo, y , maldita sea, no deberíamos haberlo hecho. No pensamos que fuera a ser un problema, porque era *Hogwarts* y *McGonagall*, y mira como eso resultó.

Hermione le dio una mirada a Harry y su expresión se suavizó. Harry podría haberse sentido un poco ofendido de ser usado como ejemplo de no ser porque era verdad. Se hubiera sentido mucho mejor de tener a alguien con él físicamente para apoyarlo. Él no podía regresar y cambiarlo, pero ellos evitarían que Hermione terminara en la misma situación.

―De acuerdo ―cedió ella―. ¿Harry, entonces? Él fue quien realizó el Fidelius, y ellos sabrán que algo pasa si Ron Weasley se ofrece a pasar horas tomando té y en discusiones académicas.

―¿Y el profesor Flitwick no se preguntará acerca de mi? ―inquirió Harry con voz seca.

Hermione se encogió de hombros―. Bueno, por supuesto, pero tu fuiste el conjurador, y todos asumirán que te insistí para que vinieras conmigo. ¿Servirá eso?

Harry y Ron intercambiaron miradas. Sin decir quedaba que Ron por pura coincidencia iba a estar en la tienda de George mientras ella estaba en Hogwarts, convenientemente cerca como refuerzos en caso de que algo saliera mal. Sin embargo, ninguno de los dos se sintió dispuesto a decírselo a Hermione.

―Puede que quieras advertirle que la Directora y yo nos separamos en términos menos que ideales, pero... ―Harry se pasó una mano por el pelo y suspiró―. No hay objeciones por mi parte.

/.

Ellos llegaron a Hogwarts una mañana brillante de un lunes. El clima estaba templado, y el Bosque Prohibido se extendía hasta el horizonte, y las barreras se sentían un poco más indulgentes que la última vez. Posiblemente porque esa semana Flitwick era el Director en funciones, con McGonagall fuera del país para unas breves vacaciones. Él les había contado eso cuando los invitó ese lunes, ahorrándole a Harry cualquier confrontación desagradable con la Directora o los retratos.

Filius Flitwick fue a recibirlos a las puertas y los condujo a su oficina, hablando de cosas sin consecuencia hasta que ellos estuvieron a salvo detrás de barreras de privacidad y fuera de la vista de cualquier retrato. Harry no estaba seguro si era en consideración a Hermione o a él mismo, ambos bien conocidos por ser un poco paranoicos por esos días, o porque el mismo Fliwick se sentía más seguro con esas precauciones.

Había té esperándolos junto con pastelitos. Libros de cada tamaño y forma parecían ser la forma dominante de vida alrededor, llenando libreros que iban del suelo al techo alineados en cada pedazo de muralla, y repletando el escritorio bajo, además de un alfeizar. Era el hábitat natural de Hermione también, y hasta Harry había pasado a apreciarlo después de pasar mes tras mes en la biblioteca de Grimmauld.

―Es un deleite verla de nuevo, señorita Granger ―sonrió el profesor cuando ellos tuvieron una taza de té―. Aunque me sorprende que haya conseguido convencer al señor Potter para que viniera ―ya fuera considerando el tema de la reunión o el hecho de que él se encontraba en malos términos con la Directora, Flitwick no especificó. Harry asumió que las dos cosas. Los Ravenclaws podían ser casi tan buenos como los Slytherins en cuestionar de manera sutil cuando lo deseaban.

―Sé que no puedo discutir cuando a ella se le mete una idea ―la voz afectuosa de Harry quitó cualquier posible pulla a sus palabras―. Las protecciones se sienten diferentes esta vez ―dijo de forma blanda―. Un poco menos recelosas e intrusivas.

Flitwick asintió lentamente. La expresión normalmente exuberante en sus rasgos habia desaparecido ya, pero ahora su sonrisa se tornó algo resignada también―. Le informé a las protecciones que ustedes eran mis huéspedes y no una amenaza potencial. Lamento decir que no les fueron dadas las mismas instrucciones durante su última visita.

Él no especificó acaso esto había sido hecho en forma deliberada por la Directora. Harry fue lo bastante cortés como para no preguntar.

―Esas parecen ser unas protecciones extremadamente poderosas, profesor. ¿Por qué el profesor Dumbledore no las levantó antes? ―preguntó Hermione vacilante. Harry no necesitaba que el vínculo le dijera que su renuencia a criticar una figura de autoridad asomaba de nuevo su cabeza.

―Yo dudo que alguien más que Albus Dumbledore lo sepa con certeza ―contestó Flitwick con cansancio―. Pero yo creo que fue un tema político. Minerva es afortunada. Ella tiene un Concejo Escolar en su mayor parte domado. Pocas personas son lo bastante tontas como para interferir con la protección del colegio, y ciertamente no tan poco tiempo después del fin de la guerra. Albus Dumbledore se enfrentó a un Concejo Escolar con Lucius Malfoy a la cabeza. Aun después de ser éste destituido, el Concejo siguió siendo... tradicionalista. Las protecciones mágicas actuales son lo bastante invasivas como para que el Concejo nunca las hubiera aceptado, y Fudge hubiera sido convencido con facilidad que el levantarlas era el primer paso de Albus para reclamar control sobre Gran Bretaña mágica.

―Hubieran evitado la posesión de Ginny. Hubieran evitado que Crouch Junior entrara a la escuela como Ojo Loco. Hubieran eliminado a los estudiantes Marcados.

Flitwick asintió―. Es muy probable, sí. También hubieran sido un severa violación a la privacidad. Aunque en contra de Voldemort, tales preocupaciones importarían muy poco.

―¿Violación a la privacidad? ―Hermione arrugó el ceño.

―Como Subdirector, tengo acceso esta semanaa las protecciones del colegio en la ausencia de Minerva ―dijo Flitwick con suavidad―. Y Permítanme decirles que es una Marca intrigante la que usted y el señor Potter llevan en sus hombros. Puede que la Directora no la haya notado, ella no cuenta con la sensibilidad para un trabajo tan delicado, pero para un Maestro de Encantamientos...

Pánico, breve y tremendamente agudo, fue hecho a un lado por la sensación gélida de estar sentado en la oficina de un enemigo potencial altamente competente, y después Hermione le apretó la mano con tanta fuerza que dolió.

[El profesor puede sentir nuestras Marcas], le contó ella a Ron.

Ambos sintieron su eco de preocupación, seguido por una determinación sombría. [¿Necesitan una mano?]

Flitwick no se había movido. El apretón de Hermione se aflojó.

[Yo... no. Si él hubiera querido actuar sobre eso, lo hubiera hecho antes de advertirnos,] Harry respondió por ellos.

―Estableció su punto, profesor ―su voz sonó serena, aunque apenas. Harry se conformaría con eso.

―Si es de algún consuelo, no fue fácil de ver, aun siendo un trabajo poderoso de Artes Oscuras. Yo solamente lo noté porque ya tenía mis sospechas. Soy lo bastante viejo para haber visto la aparición de otro Señor Oscuro … si bien uno mucho menos benigno ―Flitwick tomó un sorbo de su té, al parecer sin encontrarse afectado por la repentina tensión en tanto Harry como Hermione―. Esto fue confirmado en su mayor parte por la presencia del señor Potter aquí. Usted ya había estado previamente aquí sola sin problemas, señorita Granger, y sé que el señor Potter tiene poco interés en como funciona la Teoría de Encantamientos. Podría estar equivocado, por supuesto, pero él actúa y se mueve como un depredador … y hay muy pocas razones por las que pueda pensar que él vea su presencia aquí como una amenaza para usted.

Otra sorbito calmado de té.

―Me encontraría muy sorprendido si el joven señor Weasley no se encuentra en alguna parte esperando si esto probara ser necesario, probablemente con refuerzos.

La mirada de Hermione a Harry se volvió una de enojo ante su mirada vagamente culpable.

[La tienda de George,] confesó él.

[Ya hablaremos de eso más tarde]

―Si resulta tan fácil detectar a un Señor Oscuro en ciernes, me sorprende que nadie haya visto venir el reinado de Tom Riddle ―la voz de Harry podría ser un tanto rencorosa, pero imaginaba que tenía derecho de serlo. Se podrían haber evitado muchos problemas si alguien hubiera intervenido antes de que Voldemort se hubiera convertido en una fuerza de terror como finalmente resultó.

―Creo que ellos se dieron cuenta, señor Potter, pero nadie quiso verlo, y el mundo mágico es muy hábil para ignorar lo que no desea confrontar. Él era buen mozo, poderoso y encantador, y tenía el respaldo de gente muy influyente. Nadie quería cruzarse en el camino de esa clase de hombre ―se quedó en silencio mientras observaba a sus dos invitados―. Usted no tiene el mismo respaldo, por cierto, ni el carisma insidioso, pero cuenta con la notoriedad de ser el Hombre-Que-Venció. No lo habrá notado por sí mismo, y ciertamente no estando oculto del público el año pasado, pero para aquellos que lo conocen los cambios son obvios. Usted nunca fue estudioso, pero se encuentra embarcado en búsqueda de conocimiento. Usted se siente notablemente Oscuro a las protecciones, mucho más que un estudiante de séptimo año de familia Oscura. Ha perdido el bronceado del Quidditch, y se ha vuelto mucho más beligerante que antes. Casi se ha aislado del todo, y las pocas personas con que se le ha visto: su ahijado y la señorita Granger, por ejemplo, resulta obvio que usted está preparado a defenderlos con fuerza letal.

―No son necesariamente señales de un Señor Oscuro ―Harry lo observó con cuidado, listo a moverse si él probara ser una amenaza después de todo. Flitwick arqueó una ceja en respuesta.

―Es verdad. Sin embargo, noto la ausencia de negativas, y lo que sea que usted pudiera llegar a pensar, señor Potter, estoy consciente de que usted cuenta tanto con el poder mágico y la insatisfacción con el estado de las cosas requeridos para ver que eso suceda.

El profesor guardó silencio. Harry sintió que la mano de Hermione se apretaba de nuevo alrededor de la suya, y el apretó un poco en apoyo. Después Flitwick habló de nuevo, luciendo más cansado que antes.

―Hogwarts le falló en forma espantosa, señor Potter. Nosotros le fallamos a un número de estudiantes, pero a pocos tan mal como a usted. Dudo que llegue a escuchar esto de la Directora, ya que ella fue demasiado tiempo la suplente de Albus para creerlo capaz de cometer errores, pero yo creo que esa es la verdad. Nosotros le fallamos a usted de muchas maneras, tanto como le fallamos a un jovencito de nombre Tom Riddle, y fue sólo por gracia de la magia y su propia fuerza de carácter que usted sencillamente no continuó donde él lo dejó.

Hermione había aspirado abruptamente ante el sonido del nombre de pila de Voldemort―. Harry no es...

―¿Voldemort? No, señorita Granger, no lo es ―Flitwick realizó un sonido de cansancio―. Pero también me rehuso a creer que un niño de once años pueda ser irredimiblemente malvado. A los dieciséis ciertamente, el asesinato de la pobre Myrtle lo probó, ¿pero a los once? Me pregunto a veces cuántas vidas pudieron haberse salvado si alguien le hubiera dado a ese niño una oportunidad como es debido y guiara su ambición despiadada hacia algo menos horrendo.

El hombre hizo una pausa―. A decir verdad, dudo que eso hubiera funcionado, pero ... a veces me lo pregunto. Hogwarts, al parecer, ha comenzado un historial desagradable en lo que respecta a jóvenes huérfanos poderosos sin nadie que hable por ellos.

Eso era lo mismo que Harry se preguntaba, cuando el dormir significaba pesadillas, y su mente seguía repasando cada error que había cometido, diciéndole que podría haber hecho más, actuado mejor. Hogwarts le había fallado miserablemente al joven Tom Riddle. ¿Por qué no habían aprendido nada acerca de eso? ¿Por qué habían permitido que Luna fuera amedrentada año tras año? ¿Por qué habían permitido que se burlaran de Hermione por su sangre, y de Ron por ser un traidor a la sangre? ¿Por qué lo habían mirado a él, otro huérfano mestizo poderoso de cabello oscuro, y seguido haciendo la misma cosa que había visto nacer a Voldemort?

―Me pidió que me uniera con él ―habló Harry antes de ser consciente de ello. Las palabras se sintieron como un nudo en la garganta―. Yo tenía once años, y él estaba poseyendo a Quirrell. Él me ofreció a mis padres de vuelta si yo le entregaba la Piedra. Al mirar atrás, supongo que me hubiera matado de todos modos si yo hubiera aceptado ―añadió de manera neutra.

Flitwick lució afligido. Harry no había estado seguro si Dumbledore habría compartido la historia. Ahora sospechaba que no―. Quizás no. siendo un icono de la Luz, usted hubiera sido un recurso invaluable en el campo enemigo con el debido entrenamiento.

Buen punto. Harry intentó imaginarse siendo la contraparte masculina de Bellatrix Lestrange y no pudo lograr que la imagen mental encajara. Mantuvo sus pensamientos firmemente alejados de Colagusano.

―No creo que eso importe mucho. Él nunca volvió a pedírmelo ―quizás Quirrell había estado desesperado. Quizás Harry era una amenaza menor a los once. Dudaba llegar a saber la respuesta alguna vez.

―Importa, señor Potter. Ningún niño debería haber tenido que enfrentarse a Voldemort, mucho menos hacer una elección como esa. No a los once, no a los doce, y en ninguna otra ocasión en que permitimos que los niños se enfrentaran a la Oscuridad ―el profesor se calló por un rato, perdido en sus propios pensamientos. Harry no sentía ninguna prisa por interrumpirlo y menos todavía Hermione.

―Me encuentro sorprendido ―dijo por fin Flitwick― de descubrir que la señorita Granger estuvo de acuerdo con esta idea. Sorprendido y extrañamente animado.

Porque Hermione era el cerebro detrás de la operación o porque su compás moral parecía más confiable para Flitwick que el de Harry, quien lo sabía. Harry no iba a preguntar.

―Le llevó un tiempo convencerme ―Hermione alzó la cabeza algo desafiante―. Pero dio buenas razones.

Flitwick asintió―. ¿Igualdad de derechos, asumo? Remus y el joven Teddy Lupin... usted se convirtió en su padrino, ¿no es así, señor Potter? ―no era realmente una pregunta, así que Harry no contestó―. ¿Ha mostrado señales de la … aflicción de su padre?

―No. No es que eso pudiera importarle a los puristas a cargo. Remus Lupin fue un hombre-lobo. Teddy se encuentra contaminado por asociación.

―Usted conoce el mundo mágico, profesor. Es el mismo tipo de creencia de los puristas de sangre que dio nacimiento a Voldemort, el mismo tipo de prejuicio que le dio el apoyo de tantas criaturas oscuras y que dejó a generaciones de nacidos de muggle luchando por encontrar trabajo. Nada que el profesor Dumbledore hizo después de la Primera Guerra de Sangre ayudó ―abogó Hermione―. Nada de lo que Shacklebolt ha hecho cambió realmente alguna cosa. Esto puede terminar con Harry.

―Podría ―concedió Flitwick―. También podría lanzar de nuevo a nuestro mundo a décadas de guerra.

―¿Importa eso cuando aun así habría otro Voldemort o Grindelwald en quince años más como máximo? ―Harry estaba volviéndose deprimentemente familiar con este argumento―. Un nacido de muggle o uno parte-criatura con resentimiento y demasiado poder, o algún sangre pura dedicado a erradicar la sangre contaminada del mundo mágico. Supongo que no importa mucho cual sea el caso.

―Mucho puede cambiar en quince años.

―¿A este paso? Nada bueno ―cansado de la discusión, Harry se echo para atrás en la silla con una confianza que no sentía―. Usted llega un año demasiado tarde para convencerme de que el mundo mágico británico merece algo más que ser desmontado y reconstruido en algo de utilidad. Estoy seguro de que la Directora y el retrato de Snape estarán felices de contarle lo testarudo, impulsivo y cabeza dura que soy. Ya he tomado una decisión. Me condenaré feliz y clavaré mis colores junto a los de Grindelwald si eso permite que Teddy crezca en un mundo mejor. No que es que yo desee en especial ser un Señor Oscuro, pero claro, nadie me preguntó tampoco si yo quería ser el Elegido. Y tengo muchas visiones de Voldemort de donde inspirarme.

―¡Harry! ―Hermione no estaba feliz. Flitwick sólo lució un tanto resignado.

―La magia Oscura causará imprudencia, señorita Granger, y el señor Potter ya la tenía en demasía. Grindelwald era conocido por su naturaleza salvaje. Voldemort tenía su obsesión y su total creencia en su invencibilidad.

―Y Harry será conocido por su imprudencia y su pobre control de impulsos ―Hermione suspiró―. Oh, Harry.

―No hay nada que hacer, supongo ―Flitwick simplemente observó a Harry largo rato, buscando algo que Harry no sabía.

―Va a encontrar resistencia. No es la primera persona que decide cambiar al Ministerio por la fuerza. Hasta ahora ellos han resistido todos los desafíos.

―El Ministerio cedió ante Voldemort.

―Voldemort cayó ―dijo Flitwick, sin miramientos―. Y el Ministerio esta en pie una vez más como siempre ha sido.

«Quizás debería haber dejado que Voldemort se quedara con el entonces», Harry pensó sin decirlo, porque supo que no era en serio en el momento que el pensamiento se formó. Había muchas cosas en el mundo mágico de las que podía prescindir, pero los fragmentos que atesoraba hubieran sido los que más sufrirían. Solamente eso había convertido la derrota final de Voldemort en una necesidad.

―Un Señor Oscuro es una fuerza de la naturaleza, muchacho. Totalmente despiadado e implacable. Su determinación será probada bastante pronto. Voy a probar su magia. Un Protego Horribilis, por favor. De preferencia uno lo bastante pequeño para que quepa en la habitación. Un escudo personal servirá.

Hermione se mordió el labio―. Profesor, eso es...

―...lo menos que espero que sepa el señor Potter, si espera tener una oportunidad de sobrevivir esto ―la interrumpió Flitwick―. No va a ser el primer mago poderoso que utilice el Protego Horribilis como escudo personal. El Director de Durmstrang lo favorecía durante el auge de Grindelwald, según me han contado. Es un escudo útil aunque deben ser extremadamente pocos quienes pueden conjurarlo. Hay una razón por la cual no lo enseñamos en Hogwarts. ¿Y bien, señor Potter?

Harry le dio una mirada a Hermione, y después se puso de pie. Dio otra mirada a su alrededor para ver las dimensiones y alzó su varita. Esta era una prueba, y Flitwick tenía razón. Era un hechizo poderoso y demandante, brutal en su demanda de magia y ansioso por reclamarla de ti para fortalecer el escudo. También era capaz de soportar una obscena cantidad de castigo en manos de un mago hábil, y Harry también sabía eso. No había sido usado por nada por Flitwick en la defensa de Hogwarts.

Harry podía conjurar el escudo sin problemas en forma verbal, pero la obstinación le mantuvo ahora en silencio. Esta era una prueba, y Harry no iba a retroceder.

Alzó su varita, y recorrió los movimientos familiares, ni una pulgada demasiado a la derecha ni a la izquierda, tan solo una pequeña curva demasiado acentuada al final como siempre lo hacia, y sintió más que vio el escudo colocarse en su sitio a su alrededor. Era una esfera perfecta arriba y abajo, lo suficiente grande como para cubrirlos a ellos tres, pero con plenitud de espacio para dejar libres los libreros a ambos lados.

El escudo era casi invisible, pero Harry movió su cabeza y vio que un destello de luz de sol de la ventana golpeaba el escudo transparente y el centelleo de lo que asemejaban ondas de calor.

―Ah, señor Potter, no olvide soltarlo.

Correcto. Esa parte todavía le faltaba hacerla mucho más rápido. Harry inhalo lentamente, visualizó el escudo en su mente, y bajo con cuidado su varita.

Flitwick se paró sobre su silla y punzó el interior del escudo con su varita. Las olas de calor parecieron brillar un poco más, pero no se movieron. Después fue a la parte exterior y lo intentó de nuevo, punzando un poco más fuerte. El escudo se quedó en donde estaba, y la expresión de Flitwick se aligeró un poco.

―Muy bonito ―lo elogió el pequeño profesor―. Bien, muy sólido, con el perfecto pasaje de hechizo en el exterior. Sabe, señorita Granger, esta clase de escudo me ganó varios duelos. Es un maravilloso escudo. Ahora, adelante, muchacho, lance un hechizo, veamos como lo sostiene.

Harry podía sentir el escudo como un susurro al borde de su consciencia. Se sentía inofensivo ahora que la demanda inicial de la magia había desaparecido, pero sabía por experiencia que el susurro se podría convertir en un rugido cuando suficiente magia Oscura lo golpeara y el hechizo demandara más magia de él.

Se preguntó que hechizo utilizar, y después se descubrió conjurándolo antes de decidirse de forma consciente.

¡Expecto Patronum! ―las memorias eran cálidas y brillantes en su mente, y el ciervo plateado que apareció de su varita fue familiar y bienvenido.

Prongs saltó al borde del escudo y bufo ante la construcción, dejando pequeñas nubes de un plata etéreo en el centelleo de calor. Después echo hacia atrás su cabeza y desapareció dejando la habitación un poco más fría y menos acogedora que antes.

Flitwick hizo un sonido de deleite―. ¡Excelente, excelente!

El profesor giró, varita en mano, y un muro de energía morada deslumbrante arremetió contra el escudo de Harry con la fuerza del Expreso de Hogwarts antes de poder siquiera registrar que Flitwick había realizado un hechizo.

¡Harry!

El pánico lo cegó, seguido por una rabia cegadora, pero aun veía manchones danzando en su visual y no podía conjurar sin arriesgar la seguridad de Hermione.

[Maldita sea, ¿Flitwick?] Ron no se escuchaba feliz, ni por el hechizo ni por la idea de abrirse camino luchando adentro de Hogwarts, pero los pocos segundos de claridad hicieron que Harry se diera cuenta de una cosa.

Flitwick había conjurado una vez, un hechizo que Harry no reconoció, lo cual indicaba que iba en serio. Pero no había vuelto a conjurar otra vez.

―¿Una prueba? ―a Harry le sorprendió escuchar su voz salir ronca.

―Una que usted apenas pasó. Pero el potencial esta ahí, supongo. Su escudo se mantuvo. Señorita Granger, asumo que usted y el señor Weasley son sus compañeros principales para entrenamiento; su tiempo de reacción necesita mejorar significativamente, tanto en defensa como en ofensiva. Una idea verdadera de sus habilidades sería imposible fuera de un combate real, pero él necesita ser mucho más rápido. Yo podría haber conjurado tres o cuatro veces en el tiempo que le llevo a él hacer algo.

Flitwick bajó de la silla y caminó lentamente alrededor de Harry.

―Sus movimientos de varita necesitan ser más precisos, el final de su hechizo fue apenas aceptable. Ser un Señor Oscuro no es excusa para el desaliño, jovencito. Si nada, es mayor razón para conjurar impecablemente. Las Artes Oscuras perdonan solamente cuando eso funciona a su favor. Algunos hechizos se voltearán en su contra a la menor oportunidad. Usted no esta entrenando para los Aurores o para pasar Defensa. Un Señor Oscuro puede que tenga seguidores y recursos, pero al final debe estar preparado para enfrentarse solo a una nación mágica. Usted es un Gryffindor, señor Potter. Honorable y valiente y cualquier otra babosada que Hogwarts programó en usted. ¿Se encuentra preparado para eso? ¿Para quedarse solo cuando todos los demás se vuelvan en su contra y usted se convierta en el villano que le han enseñado a combatir?

Harry apretó con más fuerza su varita―. Ron y Hermione no se voltearán en mi contra.

¡Gryffindor! ―espetó Flitwick como un insulto―. Ellos pueden morir. Ellos pueden desafiarlo cuando usted pase de ser justiciero a destructor. ¿Y entonces qué, muchacho? ¿Cuando sus estrategias cuidadosas y lugares de escondite fallen y se encuentre delante de un ejército?

―Entonces yo pelearé. A cada uno de ellos de ser necesario.

―¿Una batalla perdida? ¿Con qué propósito, muchacho? ¿Para satisfacer sus tontos ideales Gryffindor? ¡Los Señores Oscuros han sido Slytherins en su mayoría por una razón!

Algo en Harry estalló.

―¡Porque si mato suficientes de ellos, entonces no quedará suficiente sangre vieja para reconstruir la misma sociedad inútil de antes! ―por largos segundos el aire de la oficina quedó inmóvil y silencioso y pesado con la magia apenas contenida. La expresión de Flitwick era inescrutable―. Y el Sombrero quería colocarme en Slytherin ―espetó―. Si es que eso importa una maldita cosa.

―Más de lo que usted piensa ―dijo Flitwick por fin―. Y menos, quizás, también.

Él dejó de caminar alrededor de Harry―. Servirá. Más Grindelwald que Voldemort, y supongo que eso es lo mejor que podemos esperar. Vaya, señor Potter. Y no regrese a menos que Hogwarts se encuentre bajo su comando. La Directora es sangre pura y humana. Ella será mucho menos comprensiva que yo.

No era una bendición, pero era lo más aproximado.

―Gracias, profesor ―dijo Hermione con suavidad por los dos.

Flitwick realizó un sonido de cansancio―. Póngale fin, señor Potter. No veo a nadie más que pueda hacerlo.

~oOo~

El decimonono cumpleaños de Harry se coló en él como un Doxy especialmente persistente. Ellos no lo celebraron. Al igual que Ron y Hermione cuando tuvieron sus cumpleaños, Harry había preferido la tranquilidad de Grimmauld.

Hubo regalos y tarjetas de amigos y de la poca familia que le quedaba. Hubo un pastel de Molly Weasley, quien insistía en hornear pasteles de cumpleaños para todos sus niños. Ella comprendía que ellos no quisieran celebrar, pero los pasteles eran una tradición y las tradiciones importaban. Hubo algunos saludos adicionales de extraños que aparentemente mantenían un registro de tales cosas; le pidió a Mute que pusiera estos a un lado. Él respondería con una carta de agradecimiento más tarde.

Tal como en el cumpleaños de Hermione y el de Ron, ellos terminaron en la biblioteca de Grimmauld con una botella de whisky de fuego la noche anterior a su cumpleaños. Probablemente no era una manera saludable de hacer frente a sus experiencias, pero a ninguno de ellos le importaba especialmente. Mañana ellos tendrían el pastel de cumpleaños y abrirían presentes y disfrutarían del sol, y la gente se dejaría caer de visita por un rato. Esa noche era solo para ellos tres.

Desde las profundidades del viejo comedor ellos escucharon la primera campanada del reloj de péndulo. Escucharon inmóviles mientras las doce campanadas resonaban a través de la casa hasta quedar en silencio, dejando solamente ecos fantasmales detrás.

Solamente entonces, Ron alzó su vaso con un expresión inusualmente solemne―. Por la amistad.

―Por la familia ―Harry consiguió hablar con el nudo en su garganta.

Hermione alzó su vaso hacia ellos―. Hasta el fin ―dijo ella con suavidad.

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Gracias por comentar y a los que nos favorecen y siguen. Si alguien necesita ayuda, por favor, hable con alguien... no estas solo.

Un abrazo.

N/T: gracias al anónimo por la corrección de 'eventualmente', que no significa lo mismo que en inglés; aunque sí existe en castellano según la RAE. Me gusta cuando me corrijan. En cuanto al estado de sangre de Minerva, yo aquí me limito a traducir. Aunque igual hay mucha información de Pottermore que no suelo tomar en cuenta, porque nunca he accedido a ella.

-x-x-x-

Harry Potter, personajes y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretención. La trama y personajes originales pertenecen al autor del fanfic.