DESPUES DE LA HISTORIA
CAPITULO 10
La mujer desconocida, tecleaba de forma frenética, mientras hablaba de forma concisa por el micrófono de oreja que portaba, mirando al mismo tiempo, tres pantallas distintas, de las seis que tenían frente suyo.
Tomó unos segundos para alzar su tasa de café, darle un sorbo y volver a concentrarse.
― ¿Trabajando duro?
Otra entidad apareció detrás de ella, con voz tranquila, para luego recostarse con un brazo, en el soporte de su silla de escritorio, observando de forma vaga y desinteresada lo que hacía.
― Ah, y veo que tú sigues haraganeando como siempre ―le respondió la mujer, sin desviar la mirada de lo suyo, con una voz algo tensa.
― Siempre tan hiriente, por eso ningún chico te invita a salir ―se quejó la persona, con un tono provocativo en su voz, para luego empujar su sillón hacia atrás, obligándola de golpe a dejar su estación―. La hora de almorzar, fue hace rato, deja eso y ven a comer algo…
La mujer la miró con molestia, más se contuvo de responderle, al comprobar la hora en su teléfono móvil que tenía a un lado de su escritorio.
― Ah, supongo que no puedo vivir de café, es una pena…
Estaba a punto de levantarse, cuando su micrófono captó una llamada. Devolviéndola a su asiento, tecleando de forma más desesperada.
― Ah, aquí centro de control, se ha tardado demasiado agente 00015132.
― No es mi culpa, no podía avanzar si mi compañero no estaba en condiciones ― replicó la voz del otro lado del micrófono, entre distorsión por el ambiente.
― Siempre se excusa con lo mismo, y bien, ¿ya está con el agente 00015707 embarcados? ¿Ah? ¿Cómo que recién lo harán? ¡Lo siento, pero reportaré esto a los superiores! ―expresó con molestia la mujer, mientras daba un golpe con puño cerrado a la base de su escritorio.
La persona que estaba detrás suyo, se encogió de hombros al ver que su llamada parecía importante, dejándola sola.
― ¿Cómo que lo haga por el pasado? Ya pasé vuestras faltas muchas veces, si mis superiores se enteran…―la mujer bajó la mirada, mientras un cierto rubor se dibuja en sus mejillas―. Vanderwood, eres un maldito chantajista… ―murmuró casi de forma inaudible―. Esta bien, pero solo será por esta última vez. Me debes una salida a comer, boludo.
Dijo eso último, dejando escapar un poco, su acento nativo, que siempre ocultaba para no llamar la atención por su descendencia extranjera, para luego cortar la llamada.
― Aquí asistencia número 234, el agente 00015132 reporta su arribo, junto con el agente 00015707, iniciando la misión n°543. Sin observaciones. Ah, entendido, seguiré reportando.
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El viento jugaba con su largo cabello, cuando terminó la llamada.
― Ah, las cosas que debo hacer por encubrirte, idiota ―se quejó el castaño, mientras guardaba su móvil y le arrojaba al rojizo, el bolso que necesitaba, para luego bajar el más de la camioneta que los había traído.
― No es como si tuvieses otra opción ―le respondió con una voz media lúgubre el rojizo, para luego abrir su bolso, observar su contenido y empezar a desvestirse.
Vanderwood lo miró con el entrecejo fruncido.
― Últimamente estas más emo que de costumbre. En fin, no es asunto mío, mientras no falles en tu trabajo, puedes ser miss sufrimiento andante, todo lo que quieras...
Tardaron poco más de dos horas en alistarse.
Se encontraban en un lugar inhóspito, cubierto de nieve y arboles grandes a su alrededor, y el inmenso mar luego del acantilado, a no más de veinte metros.
Una pequeña cabaña era su base de operaciones.
Pero dentro de aquel acogedor lugar, se encontraba escondido un mini get y un helicóptero para no más de dos personas, que a la distancia parecía un tipo de drone.
― El clima está empeorando… ―expresó el rojizo, luego de haber terminado su parte de preparación, quitándose los lentes que siempre usaba, para salir afuera, en la intemperie, y mirar hacia el cielo gris, del cual caían notorios copos de nieve, algunos en su rostro pálido―. Si la nevada aumenta, es posible que la misión fracase…
― Es una nevada pasajera, no sobrevivirá hasta mañana ¿Quieres apostar? ― emitió Vanderwood, apoyado en el marco de la puerta, ajustándose más su abrigo―. Agh, odio tener que trabajar en este clima, se me congela el trasero…
Luciel no le respondió, aunque deseo hacerlo.
Era cierto que Vanderwood era latino, aunque muchos lo confundían por europeo. Y en su lugar natal, en esa época reinaba el verano. De hecho, casi ni nevaba.
"Me gusta la nieve, hermano"
"¿En serio?, ¿quieres jugar afuera?"
"¿Podemos? Madre podría llegar en cualquier momento…"
"No te preocupes, falta muchas horas para eso"
"¿Si? Entonces sí, juguemos en la nieve"
"Está bien, pero solo unos minutos, abrígate bien. Si te enfermas, madre es capaz de golpearnos a ambos"
"Si, lo haré"
Una bola de nieve grande y bien compactada, le dio en la cabeza, devolviéndolo a la realidad. Haciendo que cayese sentado al suelo.
― Oi, vuelve al mundo real, tarado.
Abrió los ojos lo máximo que pudo.
Otra vez se había quedado sumergido en el pasado.
― Tu, maldito…
Despabiló, para luego levantarse y con ambas manos crear una bola de nieve, lo suficientemente grande para dejar a alguien desorientado con su impacto, para correr tras Vanderwood.
― Oye, espera, esa bola es muy grande, yo nunca te disparé a matar…
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Ese sábado, apenas se despertó, saltó de la cama, se preparó, alimentó, y ambientó el lugar para cuando Zen llegase.
Como aún faltaban un par de horas para eso último, se decidió en preparar el cronograma de su cita.
Se sentía agradecido por su yo del pasado, que nunca había perdido las esperanzas de que algún día necesitaría todo eso que había guardado.
Sacó el cajón ultimo de su estante, donde guardaba una docena de libretas.
Si, eran sus diarios y libros de notas, de años pasados.
¿Desde cuándo había soñado con su primera cita?
La respuesta puede que asombraría a muchos, por lo menos a quienes no lo conocían de forma cercana.
Él siempre estaba observando a su alrededor. Era un hábito que creó desde muy pequeño, incluso mucho antes desde que iniciase la primaria.
― Mamá ¿Por qué algunas personas caminan agarradas de la mano, una muy cerca de la otra?
― Es por que se aman mucho.
― ¿Si? ¿Así como tú me amas a mí, o mi hermana?
― No precisamente, es una forma distinta de amar, pero igual de valiosa. Como la mía, con papá.
― Ya veo…
Pero lo cierto es que, no lo comprendía del todo.
Ojeó cada una de sus libretas, deteniéndose en aquellas hojas que había marcado de costado con otro color, para que las reconociese fácil, el día que las necesitase.
En una había doblada una hoja extra, que arrancó de la revista de chicas, que su mamá le compraba a su hermana mayor.
Se rio por lo bajo, al recordar las penurias que pasó, para poder tenerla, ya que nunca tuvieron una mascota por la alergia de su padre, y acusó al perro del vecino, un enorme San Bernardo, al que acariciaba a escondidas, por entre medio de la cerca de madera que dividía el patio, con el de sus vecinos, en que se había comido parte de la revista al haber cruzado.
Era malo mintiendo, pero por suerte, su madre lo sabía, y lo salvó de que su hermana lo agarrase a gritos.
En la hoja se nombraba diez cosas, que no les gustaban a las chicas, que sucediesen en su primera cita con un chico.
― Que coman mucho.
― Que hablen mucho de ellos mismos.
― Que vistan simple, o estén despeinados.
― Que te hagan pagar la cuenta o parte de ella.
― Que sean demasiado expresivos.
― Que demuestren inseguridad.
En su mente, eran demasiadas cosas… algunas aceptables, pero otras le parecían un tanto… no sabía cómo expresarlo.
Pero en el grupo de Carabook donde era miembro, los miembros antiguos, y en su mayoría casados, decían cosas un poco distintas. Como que lo mejor era ser uno mismo, pero siempre manteniendo la actitud de un caballero.
Pensarlo demasiado, solo hacia todo más confuso.
Sacó su teléfono, para textear algo.
"Mañana será un gran día ¿tienen algún consejo para mi primera cita?".
Envió el mismo mensaje a Seven, Jumin y Jaehee.
Seria improductivo enviárselo a Zen, sabiendo que llegaría a su casa en unos minutos.
Tomó las libretas con más detalles y devolvió las restantes a su cajón, para volver a la parte baja del estante.
Se dispuso a cocinar, ya que le había prometido a Zen, darle un bento por su ayuda.
En lo que cocinaba, su celular recibió mensajes.
"Yo la llevaría a un restaurante tres estrellas michelin"
"Y le daría como regalo un collar de diamantes, de la colection special de Dvlgary"
No dudaba que él haría eso, pero eso no le servía como consejo. Tenía que ser Jumin Han.
"Oh, por más que quisiera, yo no puedo darle esas cosas. Gracias, de todas formas…"
A los segundos llegó otro mensaje.
"Nuestro pequeño Yoosung está creciendo"
"Yo podría crear una aplicación para que salgas artificialmente con ella, para evitar todos los temas incomodos que pueden surgir al salir con alguien real"
Seven no se quedaba atrás con los consejos inútiles.
"¿Quién cambiaría salir de forma virtual con alguien, si puede hacerlo en persona? Solo alguien muy cobarde preferiría esa opción… Mmm gracias por intentar pensar en algo de todas formas".
A los segundos, recibió respuesta.
"Eso, sigue con esos ánimos, y recolecta información para hacer la base de datos con sus características"
No respondería a eso.
"Es cierto, no todos nacen como yo. De todas formas, dudo que disfrutes de su compañía, como yo disfruto de la compañía de Elizabeth III. Convivir con gatos es mejor que con personas, son seres más agradables e inteligentes, eso me recuerda ¿Cómo está la gatita? No he visto que hayas subido fotos de ella, hoy, en el chat"
"Si lo hice, subí una esta mañana, y ayer subí varias"
"Y ella esta bien, pero aun no le hemos dado un nombre".
"(t)" fue la única respuesta de Jumin.
¿Qué demonios era (t)?
Supuso que quiso hacer el emoticón del pulgar arriba, pero se equivocó de letra.
Tarde se dio cuenta que fue una pérdida de tiempo, haberles preguntado a esos dos.
Y Jaehee… Jaehee lo dejó en visto.
Aunque no se asombró por ello. Era la miembro con la que menos interactuaba. Esa había sido la primera vez que le envió un mensaje por privado.
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Zen llegó a la hora pactada, bueno casi.
Mejor dicho, llegó una hora más tarde de lo que había especificado en sus mensajes.
― ¿Por qué tardaste tanto? Estaba empezando a pensar que ya no vendrías.
― Ya no te quejes, estoy acá ¿no? ― le respondió Zen, mientras le arrojaba encima sus bolsos, para poder quitarse el abrigo―. Hace un frio terrible afuera, creo que tengo congelado el trasero…
― ¿Quieres una taza de té?
― Ah, en verdad desearía tomar una cerveza, pero el té caliente supongo que también vendría bien.
En lo que el rubio se ocupaba en preparar la bebida caliente, Zen se sentó relajadamente en una de las dos sillas que tenía la pequeña mesa de su cocina, para volver a tomar el aliento, ya que había tomado el tren y caminado varias cuadras al no tener el taxi de su agencia en ese momento.
― Aquí tienes.
― Ah, gracias.
Estaba a punto de alzar la tasa con sus manos, cuando sintió un leve roce entre sus pies.
― Que demonios…
Fue entonces que recordó.
Yoosung ya no vivía completamente solo.
Tenía una bola pequeña de pelos como mascota.
― Ha… ha…
Solo se necesitó un par de segundos para que su alergia se activase.
¡Achuuuuuuuuuu!
― Oh, lo siento, pequeña. Nuestro invitado no puede estar con los de tu especie ―expresó Yoosung, mientras alzaba en sus manos a la gatita que se había ocultado con temor, al escuchar como el cenizo hacia ruidos abruptos.
― ¡Pensé que habías ocultado y encerrado a esa cosa! ¿Quieres matarme o algo así? Mira, ya estoy horrible, incluso ya me están empezando a lagrimear los ojos…
― No puedo encerrarla en su jaula, sufriría. Este ya es su hogar y no estaría bien… pero haré que se mantenga en el lado de mi habitación, para que no se te acerque.
― No, creo que mejor me voy, es imposible que mantengas a esa cosa peluda lejos de ti tanto tiempo…
Antes de que pudiese levantarse de su asiento, vio como Yoosung sacaba de su bolsillo una pequeña bola de estambre y la lanzaba lejos de ellos, haciendo que la gata lo persiguiese.
― Bien, con eso estará ocupada por lo menos un par de horas.
― Veo que te preocupa más ese gato que mi alergia….
― Ah, no digas eso, también pensé en ello, toma, no pensé que lo necesitarías tan rápido, pero compré esto.
Puso la pequeña caja en la mesa, para luego centrarse en abrir el bolso que había traído el cenizo.
Por su parte, Zen miró con cierta desconfianza durante segundos, la caja que le había puesto enfrente, para luego abrirla y leer su prescripción.
"Alergin, y dile adiós a los achús"
― Oye, ¿Qué mierda es esto? ―preguntó, mientras abría la caja y encontraba cuatro pastillas parecidas a los antiácidos que solía tomar luego de dormirse en un exceso de cervezas―. ¿Piensas drogarme? Ah… ah… ¡achuuuuuu!
― Es un anti alérgico, sirve para aliviar las reacciones alérgicas.
― ¿Qué? ¿Hay medicamentos que pueden evitar que estornude cuando este cerca de las bolas de pelo?
― Si… ―respondió a secas Yoosung, al descubrir que Zen al parecer nunca había buscado alguna cura a su alergia.
Luego de varios minutos más, entre estornudos y desconfianzas sobre si tomar o no el anti alérgico, el cenizo las tomó y siguieron con lo planeado.
― Mmm… creo que ya está, ahora solo falta que lo dejes actuar ― dijo, mientras soltaba el tubo aplicador―, mientras esperamos, trabajaré en tus manos, he visto que tienen callos de teclado y lo mejor…
El cenizo se detuvo al ver que el rubio tenía una de las manos fuera de la bandeja con agua, y comía de a poco, las rodajas de pepinos, que no le había puesto en su ojo sano, complemento de la mascarilla de barro que el mismo usaba cuando tenía una presentación importante.
― Oye, esos pepinos no son para comer, ¡contrólate! ―le reclamó mientras le daba un manotazo para que soltase la rodaja y volviese a meter la mano en la pequeña bandeja que había traído para ese propósito.
― Es que me pongo ansioso cuando estoy quieto sin hacer nada.
― Si, y como buen ex gordo, te refugias en la comida.
― Eres cruel…
― Solo bromeaba, como te estaba diciendo antes, el color de tu tinte es muy difícil de conseguir, solo a ti se te podría ocurrir tener un color de rubio tan llamativo. La mayoría usaría rubio ligero, o rubio beige ligero, no un rubio extra dorado como el tuyo. Tienes suerte de que tu piel contraste con ese color…
― Mmm… ―fue lo único que respondió Yoosung, tratando de evitar hablar más, ya que sentía que la máscara ya le paralizaba el rostro.
― En fin, hablando sobre otro tema ―prosiguió hablando Zen, quien al parecer disfrutaba y relajaba bastante hacer ese tipo de cosas, volviéndolo un 50% más hablador de lo que ya era―. Sobre tu cita, los consejos que te daré es que, bueno antes de decírtelo te contaré mis más notorias citas, la mayoría terminó bien, y las que no, no fueron exactamente por mi culpa, ¿o tal vez sí? Bueno, no es culpa mía que las chicas se fijen en mi cuando estoy claramente acompañado ya de una chica, ¿no?
Y así pasaron más de dos horas, donde Yoosung deseo varias veces haber tenido la capacidad de poner a Zen en modo mudo, dado la forma narcisista y halagadora que hablaba de sí mismo.
― ¿Y bien? ¿Verdad que ahora se ve mucho mejor tu pelo?
― Hum, es cierto, ¿Qué cosa más le echaste a la mezcla del tinte para que se vea así? Ni a mí me sale tan bien.
― Jajaja es un secreto de belleza. Yo no me tiño mucho, ya que de por sí, mi pelo ya es claro, pero cuando debo hacerlo para algún papel, lo uso para evitar dañar mi cabello. Una señora muy amable que tiene su salón pequeño a cuadras de mi casa, me compartió su secreto.
― ¿Si, y cuál es?
― Mmm, normalmente no lo diría, pero supongo que tu pelo sí que lo necesita, a pesar de que es el clásico cabello castaño oscuro de buen volumen, estaba muy seco.
― Si, admito que lo descuide bastante este año.
― Pues espero que no lo vuelvas a hacer, o te podrías quedar calvo antes de los cuarenta.
― ¿Qué? ¿En serio?
― Por supuesto, los tratamientos como el tinte, puede dejar daños irreversibles si no lo usas con cuidado. Por eso, las ampollas de ginseng…
Ahí se fueron casi una hora más de consejos repetidos de cenizo.
Por lo menos esta vez, si fue más interesante y menos centrados en él.
Incluso se entrometió en ver su ropa de closet y "ayudo" por no decir "impuso" con su idea, en cómo debería ir vestido para su cita.
Faltaba poco para que se marchase, cuando el cenizo se atrevió a hablar de un tema que nadie al parecer se atrevía a hablar, y que internamente le producía inquietud.
― Oye Yoosung… ―dijo un tanto dubitativo, mientras terminaba de acomodar su bolso de cosméticos―… no quiero sonar importuno, pero es algo que me a carcomido la mente desde hace días, y nadie parece tomarle importancia, pero yo quiero saber ¿Quién fue el desgraciado que te dejo ciego de tu ojo izquierdo? ¿Escapó? ¿Lo atraparon? No esperes que me crea el cuento de que accidentalmente se te cayó algo encima. La herida de tu rostro está hecha por las manos violentas de alguien.
Era obvio que nada se le escapaba al ojo de alguien que había vivido en las calles y sabia distinguir entre una herida de pelea y una accidental.
Yoosung, que tenía una expresión alegre por el momento, se detuvo al escucharlo, justo cuando terminaba de preparar los bentos que le había prometido al cenizo, cambiando a una expresión notoriamente incómoda.
Un silencio extraño los secundó por unos segundos.
― Entonces si fue una persona y no un "accidente" como dijo V cuando se lo pregunté en el hospital.
― V no tiene la culpa de lo que pasó, ni de esto, ni de nada en realidad… ―le respondió Yoosung, con una notoria voz contenida―. Yo… ya imaginaba que tú y los demás del grupo deben estar expectantes por saber lo que pasó en aquel lugar al que acompañé a Seven, pero lo siento, le prometí a V, que no hablaría de ello hasta la reunión…
― Supongo que "ella" también ya vio el estado de tu ojo ¿verdad? ―insistió en hablar del tema― ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Te has puesto a pensar en que ella tal vez también este sufriendo en la ignorancia al igual que nosotros por este tema, lo de la bomba en el departamento y el estado insano de Rika? ¿Oh es que ella ya lo sabe? ―se detuvo en su hablar, al ver que Yoosung no parecía inmutarse más, aparte de su expresión incomoda―. Ah… ―suspiró, entendiendo que no sacaría nada de esa conversación, aparte de poner afligido a un rubio que tendría un momento importante en su vida al día siguiente―. Discúlpame hombre, este clima frio hace que me ponga sensible, emocional y conflictivo.
― No, está bien. En tu lugar, yo también me hubiese alterado, y con justa razón ―enunció el rubio, para luego acercarse a él y extenderle los bentos prometidos, para que los guardase en alguno de sus bolsos―. Siento que tengas que esperar un par de días más para una explicación.
― Hum, no puedo creer que seas tú el que me está calmando ahora ―sonrió con ironía el cenizo, moviendo la cabeza de forma negativa―. ¿Quién eres tú y que has hecho con el llorón de Yoosung? ―protestó.
― ¿Eh? Hyun, yo sigo siendo el mismo, no sé por qué ustedes siguen diciendo que parezco alguien diferente jaja ―le respondió el rubio, volviendo a su ánimo normal.
Pero en el fondo, el mismo sabía que se veía distinto. Incluso se asustaba por ello. Era como si un poder invisible lo dominase.
Tal vez era así como se sentían las personas que ya no tenían dudas en su corazón.
― Si, tal vez. Puede que sea el hecho de que casi no conocíamos tu lado determinado ―prosiguió Zen, terminando por fin de acomodar sus bolsos, y poniéndoselos encima―. En fin, mi misión aquí está completa ―rió―. Estoy tan cansado, creo que llegaré a mi casa, haré un poco de estiramiento, luego ducharme, comer un bento, y dormirme viendo algo en Tv.
― Si, supongo que es un buen plan.
Estaba a punto de abrir la puerta, cuando recordó algo más.
― Se me olvidaba, ahora que tú tienes más vida amorosa que cualquier otro del grupo, supongo que lo necesitarás más que yo.
Entonces sacó del bolsillo de su abrigo, que ya se había puesto, una pequeña caja de profilácticos, que a lo más seria de tres unidades.
― ¿Oh? Nunca había visto esta marca de té en saquitos, debe ser bastante cara, como para que venga en cajitas individuales ―emitió el rubio con total ingenuidad, mientras lo observaba con curiosidad, ya en sus manos.
Zen blanqueó los ojos al escucharlo.
Un ricachón loco de los gatos, un hacker anormal, una adicta al trabajo, un fotógrafo extraño y un tío casi de su edad, con la pureza mental de un niño de diez años.
¿Por qué tenía que conocer a gente tan rara? ¿Es que acaso esa era su cruz por ser tan guapo?
― Eso no es té, Yoosung, son preservativos ―le respondió de forma directa.
― Ah… ―dijo el rubio, con la misma mirada que alguien pone al tratar de recordar el significado de una palabra con la que no se está familiarizado―.
¡¿AH?!
Si, esa expresión, era la más acertada tratándose de él.
― ¡¿Por qué me estás dando esta cosa?! ―siguió hablando el rubio, con la cara totalmente roja y nervios notorios, mientras la caja empezaba a saltar entre sus manos, al no saber dónde arrojarla.
― Deduciendo tu reacción, supongo que "ustedes" no han pasado de primera base ¿verdad? ―agregó el cenizo, mientras lo miraba con los ojos entrecerrados.
― Por… por… ¡Por supuesto que no! Apenas nos conocemos hace un mes. ¡Y yo soy un caballero!
― Muchos hacen muchas cosas en apenas horas o incluso minutos de conocerse. Tal vez hice malas deducciones tratándose de ti, aunque no sería sorpresivo tratándose de alguien que al ver por primera vez en persona a quien le gusta, la bese directamente sin decirle nada antes, y de una forma tan apasionante y posesiva…
― De que estas hablan…
El cenizo sacó su celular de golpe, mostrándole la captura de la foto que habían publicado en el periódico.
― ¡Ahg! ¡En mi mente lo recordaba de forma distinta! ―se defendió Yoosung, totalmente rojo, mientras le devolvía su "caja de té" y le quitaba el móvil para ver la imagen con detenimiento―. No sabía que alguien nos había fotografiado ¿me la pasas por mensaje?
― Ya, luego, si me acuerdo. Ahora devuélveme mi teléfono.
― Si aquí tienes.
Ambos bajaron por las escaleras de aquel edificio residencial donde vivía Yoosung.
No era una zona lujosa, pero tampoco tan alejada del centro. Y había un parque en frente, que le deba un toque tranquilo al lugar.
― Gracias por ayudarme, Hyun ―expresó Yoosung con total sinceridad.
― Si, bueno, no sé dar consejos a los demás, no con mi historial amoroso, pero fue grato haberte podido ayudar, aunque sea solo de manera física. Consejos y cosas que hacer y no hacer mientras sales con alguien, te lloverán a montones, pero creo que una de las pocas cosas que, si debes tener en cuenta, es ser tú mismo, la mejor versión de ti, supongo. Si "ella" te eligió a ti, fue por eso, recuérdalo.
Yoosung se le quedó mirando por un par de segundos, un tanto asombrado.
― Eso fue una de las pocas cosas serias que te he oído decir alguna vez, Zen ―soltó con cierta gracia―. Estoy empezando a creer que no eres Zen, sino un impostor.
― Jaja ¿crees que alguien tan hermoso y perfecto como yo podría ser suplido? ―fue lo último que este le respondió antes de meterse en el taxi que se había detenido a su señal.
Si, dudo que alguien en el mundo pueda copiar tu narcisismo ―pensó Yoosung, mientras veía como se alejaba y volvía a su departamento.
Se preguntó en el trayecto, de que tema le hablaría a su amor, cuando la llamase antes de dormir.
FIN DEL CAPITULO
NOTA DE LA AUTORA.
¡Hola, hola caracolas!
Uf, sí que me tarde en actualizar esta vez, ¿no? :'v
En verdad lo siento, trataré de ser más constante a partir de ahora.
Estaba revisando las notificaciones y wow, la historia ya superó los 4K de lecturas en menos de diez capítulos :'O Muchísimas gracias por estar ahí, del otro lado leyendo.
En verdad me regocija y anima a seguir escribiendo, el ver como muchas personas disfrutan de mi historia y comparten el mismo por BB Yoosung.
¡Corazones verdes para todos!
¿Nos leemos en el próximo capítulo? (Ahora si se de verdad se vendrá la cita, este capítulo decidí que no, porque había escenas que no quería que pasaran de largo)
Bye bye
