Excepcionalmente, uno más con desacostumbrada frecuencia...por eso no se emocionen, no va a ser así siempre...¡¡Felices Pascuas y gracias a los que comparten mis historias!!

Child of Four, traducción de la historia de Sarini.

Todo Harry Potter pertenece a JKR y quienes tengan los derechos, esto es puro entretenimiento inocente...

Capítulo Diez

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Harry despertó con el más asesino de los dolores de cabeza. Mientras trataba de orientarse, unas imágenes de la noche anterior le pasaron por la mente; el golpe en la cabeza de Weasley y su caída, Quirrell y la piedra, el olor a carne quemada.

-¡La piedra!- Harry se sentó rápidamente, haciendo volar la sábana a un lado, y descubrió que tenía puesto su pijamas. Eso fue suficiente para hacerle tomar una pausa. En su recuerdos no vestía pijamas.

-La piedra está a salvo-. Dijo una voz profunda, cargada de diversión, junto a la cama. Dumbledore estaba sentado allí, con un brillo en los ojos. –Aguantaste lo suficiente como para que yo llegue a ayudarte. Tus amigos están todos bien. El señor Weasley está completamente recuperado. Estuvo cerca, Harry, pero lo aguantaste. Yo pensé que ya era demasiado tarde.

-¿Para salvar la piedra?- Preguntó Harry.

-No, hijo mío-. Dumbledore le sonrió con cariño. –Para salvarte a ti. Casi te perdimos anoche.

-¿Y el Profesor Quirrell?- Harry casi temía la respuesta que sabía que recibiría.

-Me temo que no sobrevivió-. El Profesor Dumbledore lucía serio. –Estoy muy orgulloso de ti, Harry. Muchos magos adultos no hubiesen estado a la altura de los desafíos que tú enfrentaste anoche.

Algo no estaba del todo bien, la mente de Harry se hallaba nublada, presumiblemente por los efectos residuales de la poción para dormir. -...la piedra-.

-Eres persistente-. Dumbledore rió. –Ha sido destruida.

-Pero, los Flamel-. Protestó Harry.

-Tus amigos y tú investigaron muy bien, ¿verdad?- Dumbledore rió, otra vez. -Nicholas y Perenelle tienen guardado suficiente elixir como para arreglar sus asuntos. Para ellos, será como ir a dormir después de un día muy largo.

-Quiere decir…- De repente, Harry se sintió increíblemente culpable.

-Para una mente bien organizada, la muerte es la próxima gran aventura.

Harry asintió, y luego se dio cuenta de qué era lo que no estaba bien. La Enfermería estaba demasiado silenciosa; Poppy debería estar controlándolo. -¿Dónde está Poppy?

Dumbledore levantó una ceja, pero no dijo nada sobre la forma familiar en que Harry se refirió a la encargada del hospital. –Anoche recibió un llamado. Felicitaciones, Harry. Tienes un nuevo hermanito…y una hermanita.

-¿Y mi mamá?- Harry sintió que su estómago se retorcía, recordando la palidez de su madre, después del nacimiento de Ian y lo cerca que había estado de perderla, esa vez. No quería ni pensar en cómo estaría ahora, después de mellizos.

-Fue una noche difícil, Harry-. El brillito de Dumbledore ya no estaba. –No voy a mentirte; pero tu madre se repondrá.

No importaba nada más. Que los 'Señores Oscuros' y los profesores poseídos se jodan; Harry sólo quería ir a casa y asegurarse de que su familia estaba a salvo. Al menos, eso explicaba por qué ninguno de ellos estaba con él. Se preguntó si sabrían lo que había sucedido la noche anterior.

Resultó que Dumbledore y Snape se estaban encargando de su bienestar, mientras Poppy seguía en la Mansión Potter. El Director lo dejó solo para que pensara, y no vio a nadie más hasta que Snape apareció después de que los elfos se encargaron de que Harry comiera su cena, esa noche.

-Bebe-. Snape le alcanzó un frasco.

Harry sólo vaciló por un brevísimo momento, antes de tomarse la repugnante preparación. Ambos se sentaron en silencio, durante varios minutos.

-¿Por qué no acudiste a mi?- Preguntó Snape, finalmente. Sus ojos oscuros mostraban un dejo de curiosidad, el resto de su rostro no revelaba ni la menor emoción.

-Nunca confíes en nadie hasta que pruebe que merece tu confianza-. Harry citó a Alastor Moody, suavemente. -Y aún entonces, cuídate las espaldas. Todos los Gryffindors estaban convencidos de que era usted. Yo tenía mis dudas, pero mejor a salvo que muerto.

Snape levantó las cejas. -En verdad.

-Gracias, señor, por el contra hechizo, durante el juego-. Harry miró a su Jefe de Casa a los ojos.

Snape hizo una mueca, una mueca que casi podía pasar por una sonrisa...casi. -Puedes decirle a tu padre que mi deuda de vida con él ha sido saldada.

Harry apenas asintió, deseando reír, pero sabiendo que no era lo apropiado. -Él insiste en que no existe ninguna deuda, porque fue culpa de Siri que usted casi haya muerto.

La mueca, rápidamente fue reemplazada por un fruncimiento de ceño. -¿Tú lo sabes?

Harry sacudió la cebeza. -Sólo lo básico de la historia. No concozco los detalles.

Snape asintió y le alcanzó otro frasco. -Bebe esto antes de dormir. Madam Pomfrey regresará por la mañana y dirá si estás bien como para tomar tus exámenes.

-Gracias-. Dijo Harry. El Profesor se puso de pie.

Justo antes de que el hombre dejara la sala, Harry oyó un suave: -De nada, Harry.

Todavía sintiéndose extenuado, Harry bebió la poción y se dejó vencer por el sueño.

-Tu padrino estaba fuera de sí-. El regaño de Poppy despertó a Harry. -Si tu madre no hubiese comenzado con su trabajo de parto, las noticias de tus hazañas de anoche, seguramente la hubiesen traído hasta aquí-. Harry dio un respingo. -Deberías sentirte culpable. Fue una suerte para ti que Remus respondiera la llamada de Albus.

-Lo siento-. En ese momento, Harry sólo podía pensar en su madre. -¿Cómo está mamá?

Poppy suspiró y apartó cariñosamente el flequillo de Harry. -No podrá tener más hijos, pero sobrevivió a esta vez. Tendrás que ser cuidadoso cuando vayas a casa. Nada deberá alterarla, por lo menos por una semana, así que no le cuentes por lo que has pasado.

Harry asintió. -¿Los bebés están bien?

-Aquí tienes-. Poppy sonrió y sacó un cigarro de entre su túnica. -Pero no lo fumes hasta que seas mayor de edad. Son un niño y una niña: Rowan Linnea y Ryan Christoph.

Harry sonrió ampliamente. -¿Cuántas maldiciones lanzó esta vez? ¿Los otros están bien?

Poppy rió y le contó a Harry el drama de la noche anterior en la Mansión Potter. Cada vez que Lily Potter pasó por un parto, había hechizado múltiples veces a James, por haberla dejado en esas condiciones, hasta que se las arreglaban para quitarle la varita. Puede que él sea el Jefe de los Aurores, pero jamás se defendería contra su esposa.

La fiesta de despedida fue todo lo que le habían dicho a Harry que sería. La mesa de Slytherin estuvo particularmente alborotada, pues ganaron la Copa de las Casas. Malfoy estaba extraño; su conducta no cambió en la Casa, pero ignoró completamente a Harry, lo que en verdad, era una mejoría después de haberse pasado peleando todo el año. A pesar de la ausencia de Harry en el partido final de Quidditch, Slytherin se las arregló para ganar, apenas. Eso, combinado con los puntos que Dumbledore les otorgó por salvar la piedra, puso a Slytherin en el primer puesto, con Gryffindor en un cercano segundo puesto.

Harry estaba ansioso por volver a su casa, a pesar del cariño que le había tomado a Hogwarts. Iba a ser fácil ver a la mayoría de sus amigos durante el verano. Hermione era la única que no estaba conectada a la Red Flú. Sin embargo, podrían escribirse y, tal vez, encontrarse en Londres para comprar juntos los materiales para el año próximo, o alguna otra cosa en el mundo muggle.

Ya en su casa, tuvo una semana completa de indulgencia. Hasta que, una noche, Sirius golpeó la puerta de su cuarto, después de que sus hermanos y hermanas se fueron a dormir. -Ven al estudio de tu padre, cachorro. Es hora de que hablemos.

Harry tragó saliva y bajó las escaleras de mala gana. Su madre debió tomar al menos diez pociones por día, en la última semana, hasta que esta mañana, Poppy declaró que estaba completamente repuesta. Sin embargo, nadie había podido dormir bien esos días.

Todos los encantamientos silenciadores habían sido levantados, a causa de las nuevas adiciones a la familia Potter. Ni bien hacían callar a uno de los mellizos, el otro comenzaba a llorar. A veces, Harry se preguntaba si no lo harían a propósito, pero sabía que no eran lo suficientemente grandes para eso...pero, eran gemelos mágicos.

En el instante en que entró al estudio, su madre se levantó y lo abrazó con fuerza. -¡No puedo creerlo, Harry! ¡Lo enfrentaste solo, otra vez! ¿Qué estabas pensando?

-En ese momento, sólo en que Voldemort podía regresar-. Dijo Harry, con la cabeza gacha. Había pensado bastante sobre esa noche. -Así que tenía que ir y casi asegurarme de que pudiera hacerlo.

-¿Cómo hiciste eso, Harry?- Preguntó Remus, suavemente, con su mejor voz de maestro; sin darle pistas de cuál era la respuesta correcta.

Harry suspiró. -La protección del Profesor Dumbledore aseguraba que sólo alguien que quisiera la piedra, pero no usarla, pudiera obtenerla. Si yo no hubiese estado allí, Quirrell y Voldemort ni siquiera se hubiesen acercado a la piedra. Yo casi arruiné todo el trabajo que los Profesores pusieron en esas barreras de protección. Si yo no hubiese estado allí, la piedra estaría a salvo y Quirrell podría...Quirrell podría seguir con vida.

-Albus no fue claro con lo que le sucedió a Quirrell-. Dijo Lily Potter. Harry sabía que ella no había tenido intención de que él la oyera. Sonrió a su madre, pero la sonrisa no alcanzó a sus ojos. -No lo hubiese logrado sin ti, mamá-. Cuatro pares de ojos se agrandaron lo suficiente como para que Harry notara la sorpresa. -Dumbledore dijo que tu amor me salvó, las dos veces: ese día de Halloween y ahora, con Quirrell.

Todos los adultos intercambiaron miradas, y el padre de Harry se levantó y lo abrazó. –Ve a la cama, Harry. Creo que ya te castigaste a tí mismo, más de lo que te castigaríamos nosotros.

Los padres y los tíos le besaron la frente y él hizo su camino escaleras arriba, por primera vez desde esa noche, mucho más relajado y sin la ayuda de ninguna poción.

-¿Deberíamos decírselo?- Sirius les preguntó a los otros.

Lily negó con la cabeza. –Aún no. Es demasiado joven para saber que su magia actuó sola para eliminar una amenaza. Sin embargo, le diré a Albus tan pronto como pueda; él tiene que saber lo que pasó realmente con Voldemort.

-Yo no volveré al Ministerio por una semana más-. Agregó James. –Tú y yo podemos ir a Hogwarts mañana por la mañana. Llevaremos a los gemelos para que Poppy los examine y para que Minerva los conozca.

-En ese caso, yo me quedaré aquí-. Sonrió Remus. –Me va a venir bien un poco de paz y tranquilidad.

-¿Con esos cuatro en la casa?- Rió Sirius. –Paz y tranquilidad es lo último que tendrás.

Remus levantó una ceja, mirando a su amigo. –Si tú te quedaras, tal vez; pero yo tengo algo de autoridad sobre ellos.

James rió por la expresión indignada de Sirius; no estaba muy contento porque Harry se había metido en semejante problema en Hogwarts. No era del tipo de problema que había caracterizado a los Merodeadores. La tarea de Dumbledore era proteger a sus alumnos, no permitirles que, por proteger los artefactos mágicos de sus amigos, pongan sus vidas en riesgo ante señores oscuros. Nada de eso debería ser parte del castillo. James iba a tener que volver a hablar con el hombre.

Harry no sabía que sus padres habían ido a discutir con Dumbledore, por causa suya, nuevamente. Sólo se sentía aliviado porque estaba en vacaciones de verano. Bajo la dirección de Remus comenzó con sus tareas escolares, pero no tenía mucho para hacer. Después de todo, si trabajaba continuamente en sus deberes, iba a completarlos en unos pocos días, -no le sorprendería nada a Harry si Weasley dejara todo para el último momento-.

Entonces, tendría tiempo para que lo visitaran sus amigos de Slytherin y podrían volar juntos, o para ir a la Mansión Longbottom a practicar duelo con Neville, o para pasar tiempo con Brie, Alex e Ian. Los gemelos Weasley querían visitarlo, pero sus horarios nunca parecían coincidir con los de Harry.

Harry pasaba todo el tiempo que podía fuera de la Mansión porque los nuevos gemelos lloraban casi todo el tiempo que estaban despiertos. Eso volvía loca a su madre y Harry no quería terminar por el suelo.

Una tarde cálida y brillante, Harry descansaba sobre una roca junto al lago, tomando sol con su padrino. Remus enseñaba hechizos defensivos a Brie, mientras Alex e Ian trabajaban en ejercicios de lectura y escritura. Harry amaba los momentos como ese, con su padrino; ninguno decía ni una palabra, sólo se sentaban en un silencio compartido. La mayoría de la gente jamás creería que Sirius fuera capaz de hacerlo. La mente de Harry seguía volviendo a la única cosa que no había resuelto de la noche anterior a sus exámenes.

-¿Siri?

-¿Sí, cachorro?

-¿Qué edad tenías la primera vez que tuviste sexo?- Preguntó Harry, con curiosidad.

Sirius tosió y se enderezó. La mirada que le dio a Harry fue impagable. –Harry, tú eres demasiado chico...

Harry comenzó a reír; no pudo evitarlo. -¡Ya lo sé! Es que…esa noche, había una pareja en Slytherin...y los vimos cuando salíamos...

-¿Los vimos, nosotros?- Retrasó Sirius.

-Sí, nosotros-. Harry golpeó el brazo de su padrino. –Tú sabes que tuve que llevarme a la rastra a tu primo, irritante como el demonio...¡y no cambies el tema! ¿Qué edad tenías?

Sirius suspiró. -¿No vas a dejar que me escape, verdad?- Harry negó con la cabeza. -¿Por qué yo?- Harry sólo levantó una ceja. –Ya sé, tus otras opciones incluyen a tus padres y a un hombre lobo-. Sirius suspiró otra vez. –Tenía quince años.

-Y...-. Sirius lo miró inquisitivamente. Harry casi nunca perdía la compostura. -¿…fue con un chico o una chica?- Las cejas de Sirius se elevaron aún más. –Sé que sales con ambos...hice algunas cuentas; si tenías quince años, la primera vez...y en los últimos seis años, más o menos, debe haber algunos que no conocí, y tenemos que contar con un año sin nadie...así que serían unos setenta y cinco en total, más o menos...Así que, aunque no fueras mi padrino...

Sirius se puso pálido, lo que era algo impresionante, considerando que hacía largo rato que estaban al sol. -¿Setenta y cinco?

-Es una cifra estimativa-. Harry se preguntó qué sería, exactamente, lo que hizo que Sirius luciera como si alguien caminara sobre su tumba. Después de todo, el hombre debía tener alguna idea de con cuánta gente se acostó...

-Yo…- Sirius tragó saliva. –Yo no los conté-. De pronto, recordó que estaba hablando con su ahijado de once años, y que James y Lily, verdaderamente, lo matarían si corrompiera a su bebé. –Harry, no deberías...realmente, no...Yo no soy el mejor ejemplo.

Harry rió. –No tengo intenciones de seguir tus pasos, Padfoot. Ni siquiera sé que me pasa con estas cosas, ni siquiera me gusta cuando alguien que no es de la familia me abraza.

Harry hizo sapitos con una piedrita en el lago; mientras Sirius lo contemplaba. Todos sabían que aún habían consecuencias del trato que los Dursleys habían dado a Harry; y se convertía en tema de conversación cada varios meses. Una vez que Sirius se recuperó de su estadía en Azkaban, él, James y Remus visitaron a la hermana de Lily. No lastimaron a ninguno de los Dursley, pero sí asustaron a los dos monstruos que maltrataron a Harry.

-Sólo prométeme algo, Harry-. Dijo Sirius, en su tono más serio.

Harry se volvió a mirarlo; sus ojos verdes brillaban al sol. –Lo que sea.

-No te apures con nada-. Sirius le dio a su ahijado el consejo que hubiese querido que alguien le diera a él. Recordó esa tarde con Bill Weasley y un par de encuentros posteriores y se preguntó si, tal vez, debería cambiar esa costumbre de compañías de una noche. Tenía la sensación de que Harry había faltado a su cuernta por unos cuantos, pero no quiso pensar más. –Si tienes preguntas, siempre puedes venir a mi; y si te sientes presionado o confundido, no dudes en llamarme.

Harry le sonrió brillantemente. –Seguro, Padfoot.

-Una cosa más, Harry-. Sirius venía temiendo esto. Harry sólo levantó sus cejas. –Las barreras alrededor de la casa de tu tía están fallando. La única manera de reconstruirlas es que tú pases, por lo menos, un mes en la casa.

La cara de Harry se ensombreció y frunció el ceño. –Y ellos, ¿qué piensan de eso?

-Aún no les han dicho-. Respondió Sirius, deseando que hubiera alguna manera de evitarle todo el asunto. –No hay razón para decirles nada si tú no quieres ir-.

-¿Qué quiere mamá?- Preguntó Harry, rápidamente. Levantó otra piedra y la tiró con más fuerza que las anteriores; esta fue derecha y las ondas se extendieron en el agua.

Sirius apoyó una mano en el hombro de su ahijado. –No importa lo que haya pasado, Petunia es su hermana, y Lily la va a querer siempre. Al mismo tiempo, ella detesta cómo Petunia nos ha tratado a todos, especialmente a ti. Ella no te culparía si eligieras no renovar las barreras.

- Pero aún así, quiere que yo vaya-. Harry suspiró. Sirius no respondió, y esa fue una respuesta suficiente. –Iré, pero quiero hacerlo lo más pronto posible. No voy a estar en esa casa el día de mi cumpleaños.

Harry no le dio oportunidad a Sirius para que le responda, se puso de pie y se zambulló al lago, sabía que Sirius volvería a la Mansión. No había modo de saber cuánto tiempo permanecería Harry bajo el agua. Podía controlar el aire y el agua, así que podía respirar sumergido. La primera vez que fueron a nadar y Harry se quedó varios minutos bajo el agua, Sirius entró en pánico y lo sacó, listo para hacerle reanimación cardiopulmonar. Harry estaba bien, pero confundido.

Cuando Harry salió a la superficie, casi era hora de la cena. Entró a la casa, tomó una ducha para quitarse cualquier mugre del lago que se le haya adherido a la piel, y cuando salió del baño lleno de vapor, fue recibido por el sonido de los gritos de un niñito.

-Bueno, no extrañaré eso-. Murmuró Harry, para sí mismo.

Sacó unos jeans limpios y una camiseta de Slytherin de su guardarropa. Tenía media hora y pensó en dedicarla a leer algo. Sin embargo, lo sorprendió un paquete sobre la cama. Apenas sacó el contenido de la bolsa de papel, y sintió que el rubor le subía a las mejillas. Miró alrededor con rapidez, para asegurarse de que ninguno de sus hermanos haya entrado a su cuarto. La primera semana habían estado un tanto pegotes, pero finalmente, ya estaban más tranquilos.

-Nunca debería haberle preguntado-. Harry casi se golpeó la frente.

Sirius le había dejado no sólo un libro 'Hechizos seguros para un sexo seguro', sino también una amplia variedad de revistas. Algunas de las que ni siquiera pensaba abrir; puede que Harry no supiera mucho sobre sexo, aún, pero sabía que no estaba interesado en nada que involucrara dolor y a juzgar por la portada, eso lucía doloroso.

-¡Harry, la cena está lista!- La voz cantarina de Brie se oyó, subiendo las escaleras.

Rápidamente, Harry guardó todas las revistas y el libro, de vuelta en la bolsa y los encantó para que sólo él pudiera tomarlos. Lo último que necesitaba era que su madre descubriera que los tenía porque Alex o Ian los habían encontrado. Si a Harry lo pescaban en esto, Sirius también caería.

El resto de la familia, Sirius y Remus incluidos, lo esperaban en el comedor.

-¿Cuándo me voy?

-¿Irte?- Brie lucía alterada. -¡Acabas de volver a casa!

-Mañana por la mañana-. Afirmó el padre de Harry. -Sirius nos comunicó tu decisión y tu madre habló con su hermana esta tarde. Harry estará de vuelta antes de que te des cuenta, Brie; tiene que vistar a tu tía y a tu tío en Surrey.

Era claro que James no estaba del todo complacido, por lo que no se dijo más sobre el asunto esa noche. Antes de ira a la cama, Harry les escribió una rápida nota a Fred y a George. Ellos habían planeado visitar la Mansión y conocer a los Merodeadores la semana próxima, pero deberían posponerlo.

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