Capítulo 10
Mina estaba en su habitación pensando cómo le diría a su padre que ya no quería que manejara su carrera. Ahora que estaba de vuelta con su amado, sentía que todo lo podía superar, incluso, quizá la muerte de su hijo.
Lo cierto es que nunca vio su pequeño cuerpecito. Pero también los días que había pasado en el Hospital habían sido muchos, entonces su padre se habría encargado del sepelio. Le había mostrado una tumba con el nombre de su hijo. Ella la visitaba todos los días. Pero, por alguna razón al estar frente a la misma, no sentía absolutamente nada, como si no hubiera algo ahí.
Se tocó la barbilla lanzando un suspiro. Y entonces alzó la mirada y caminó con resolución hacia la puerta. Decidida a decirle a su padre que se iba de la casa. Llegó hasta el despacho y tocó dos veces. Nada. No se oía nada adentro. Frunció un poco el ceño y volvió a tocar.
Mina: ¿Papá?
La chica escuchó un gemido al otro lado y dio un respingo. Entonces entró rápidamente y vio a su padre tendido en el suelo apretándose fuertemente el pecho. Todo pálido y con cara de dolor.
Mina: ¡Papá! ¡Papá! –Corrió a tocarlo— ¡Por favor que alguien me ayude! –Gritó.
Habían pasado algunas horas y Mina esperaba la llegada de Yaten al Hospital, mientras el padre de Mina aún no salía de su operación.
A su encuentro llegó Serena y Lita, quien ya la conocía por medio de Serena, al verla, sintió su dolor, la chica se notaba pálida y con un dejo de culpabilidad.
Serena: ¿Qué pasó amiga? ¿Cómo está?
Mina se levanta de su asiento y se abraza a su amiga.
Mina: No sé Serena, lo encontré en el piso retorciéndose de dolor. Llamé a la ambulancia, el doctor me dijo que al parecer fue un infarto. Lo tienen ahí dentro. No he tenido noticias.
Lita: Tranquila señorita. Estará bien ya verá.
Mina se separa lentamente de Serena y mira a Lita.
Serena: Mina, ella es Lita, mi amiga de la revista. Sé que no es momento de presentaciones, pero ustedes dos son mis mejores amigas.
Lita: Mal momento de conocerla señorita –Le da la mano— Pero es un gusto.
Mina le toma la mano
Mina: Dime sólo Mina, las amigas de mi amiga, son mis amigas –Sonríe triste.
En ese momento llega Yaten acompañado de Seiya y Darien.
Yaten: ¡Mi amor! –La abraza— ¿Cómo está? ¿Ya te dijeron algo?
Mina se aprieta a su amado sin dejar de llorar.
Mina: Está mal. Muy mal –Solloza.
Yaten: Tranquila, estaré contigo todo el tempo mi amor. No pienso separarme de ti.
Seiya se siente incómodo en el lugar, ya que se había enterado que Tania le pegó a Serena. Y en estos momentos Lita lo miraba recelosa, después de todo, él era el culpable de que su amado Andrew sufriera tanto.
Darien: Mina, lo que necesites estamos para ayudarte.
Mina: Gracias Darien, pero en estos momentos lo único que quiero saber es que mi padre estará bien, es lo único que tengo, después de…
Serena entiende perfecto a qué se refiere su amiga y se toma la mano de Darien distraídamente, Lita nota el gesto, pero no comenta nada. Y Darien al sentir la calidez de la mano de Serena la aprieta con suavidad.
Seiya se siente de más ahí así que camina hacia otro lado disimuladamente. Serena lo mira Aún así no te tengo rencor Seiya, después de todo, la culpable es Tania pensó. Sintió un suave aprieto de la mano de Darien haciéndola voltear a verlo. Ahí estaba, tan atractivo como siempre, el chico del bosque como lo había apodado ella en sus pensamientos.
Darien: ¿Les gustaría comer algo? –Invitó a Lita y Serena.
Ambas miraron a Yaten y Mina. Él le daba palabras de aliento mientras le tomaba las manos, Mina lo miraba con la más profunda tristeza.
Serena: Creo que ellos no querrán nada.
Lita: Si, es mejor dejarlos solos, después de todo se acaban de reunir. Pobre Mina, una desgracia tras otra –Suspiró.
Darien: ¿Una desgracia tras otra? –Cuestionó curioso.
Darien que no sabía del todo la historia de ellos dos, preguntó que otra desgracia había detrás de la gran soprano. Lita entendió que él no lo sabía y se quedó callada. Serena sólo movió negativamente la cabeza.
Serena: Vamos, te explicamos en la cafetería.
En la cafetería Serena le explicó a Darien todo por lo que había pasado su rubia amiga y la razón por la que ella no había podido decirle a Yaten lo que pasó.
Darien: Serena, eso es muy grave ¿Yaten iba a ser papá? ¿Cómo pudo ocultarle eso? –Enojado.
Lita: Disculpa Darien, pero ella tuvo sus razones y hay que respetarlas. Además Yaten nunca la buscó.
Darien: ¡Claro que la buscó! ¡Ustedes no saben por lo que él ha pasado!
Serena: Tranquilízate Darien –Le toma la mano— Son cosas que ellos tienen que aclarar.
Darien sintió nuevamente el calor de Serena recorrerlo y la miró seriamente.
Darien: Es injusto ¿Saben? el hecho de que siempre nos miren divirtiéndonos no quiere decir que seamos felices en el interior. Somos humanos como ustedes. ¿A quién creen que dedicaba las canciones que han sido un éxito? A Mina, nunca pudo olvidarla. Su padre los separó porque quería que ella se volcara por completo a su carrera. Eso destrozó a Yaten.
Serena: Lo cierto es que siempre se aprovechó de ella, de su fama y fortuna.
Lita: La explotó como quiso.
Seiya se aproximó a la mesa donde estaban.
Seiya: Serena, quiero pedirte una disculpa por lo que hizo Tania.
Serena lo miró a los ojos
Serena: Lo cierto es que tú no tienes la culpa de haberte fijado en esa estúpida. No eres más que un Donjuán que se mete con lo que sea.
Darien frunció el ceño ¿Acaso es lo que opina de nosotros? pensó.
Lita: Ni te preocupes, le di su merecido a esa zorra. Allá tú si sigues con ella.
Seiya no dijo más y asintió sentándose con ellos a compartir la comida.
Los médicos salieron a darle informes a Mina y Yaten, dejando pasar a la rubia a verlo. "Probablemente sea la última vez que lo vea, él está muy grave, pase por favor" había dicho el cirujano.
Mina caminó sola por los pasillos del Hospital buscando la habitación donde se encontraba su padre. Al entrar, sintió un vuelco en el corazón al ver a su padre tendido en esa cama.
Su semblante era pálido y las ojeras muy pronunciadas. Estaba dormido o quizá bajo los efectos de la anestesia aún. Se aproximó a él y mirando su mano con el catéter, la tocó.
Al instante el señor abrió los ojos.
Yudai: Mina… –Balbuceó— Minako.
Mina: Por favor papá no hables, no hagas esfuerzos –Acarició la mano y le sonrió tenuemente.
Yudai no hizo caso, sentía que se le iba la vida, que tenía que hablar ahora, o callar para siempre.
Yudai: Mina, hija, perdóname por favor –Angustiado— Te he hecho mucho daño.
Mina no dijo nada y miró el rostro desesperado de su padre.
Yudai: Mina, tu hijo… tu… hijo
Mina abrió los ojos como platos.
Mina: ¿Mi hijo? ¿Qué pasa con él papá? el… está… está… muerto –Solloza.
Yudai: Hija, perdóname. Tu hijo está vivo— Soltó casi sin aliento.
Mina: ¿Qué? ¡Papá! ¿Dónde, dónde está? ¡Dímelo por favor! ¿Cómo pudiste? ¿Cómo?-Llora de desesperación.
Yudai empezó a agitarse y no podía hablar. Mina le apretaba la mano con lágrimas en los ojos. ¿Cómo podía haberle hecho eso? ¿Cómo?
Mina: ¡Papá! ¡Papá! por favor, dime dónde está mi hijo ¿Dónde? –Preguntaba la chica desesperada.
Yudai abrió la boca, pero ya no pudo más y dejó caer la mano que Mina tenía sostenida. Mina lo miró sorprendida y con un enorme vuelco en el corazón.
Mina: ¡Papá, papá! –Llora desesperada y lo mueve— ¡Por favor! ¡Dime dónde está, no te mueras! ¡No me hagas esto!–Se deja caer de rodillas en el piso— ¡Mi hijo!
Entran dos enfermeras seguidas del médico. Una de ellas toma a Mina de los hombros y la ayuda a levantarse. Afuera de la habitación estaba Yaten quien había escuchado los gritos de Mina. Sale la enfermera jalando a Mina hacia fuera.
Yaten: ¿Pero, qué pasó? ¡Mina! –La toma en brazos al caer desmayada— ¡Mina! ¡Un médico por favor!
La tarde caía lánguidamente sobre todos. Mientras en un lugar, las personas volvían del sepelio del padre de Mina.
Mina, quien lucía destrozada. Era casi sostenida por Yaten. Mientras Serena y Darien, tomados de la mano caminaban detrás de ellos. Lita y Andrew caminaban a cierta distancia junto a Raye y Nicolás.
Amy hacía unas llamadas de manera discreta cancelando los compromisos para los siguientes días. Yaten le había dicho que no podría ir con sus compañeros así que ellos optaron por no ir solidarizándose con su amigo.
Mina se detuvo de repente.
Mina: Amigos, gracias por acompañarme en este día. Agradecería que no publicaran nada de esto, por favor, respeten mi dolor –Mira a Raye y Nicholas.
Ellos asienten en silencio y empiezan a marcharse.
Serena: Darien, creo que Mina sólo quiere estar con Yaten.
Darien: Así debe de ser Serena, además creo que ellos deben hablar.
Serena asiente y toma la mano de Darien de nuevo.
Darien: ¿Te gustaría ir a comer algo?
Ambos salieron en la moto de Darien que recién había comprado. Serena estaba muy sorprendida al ver que el chico es una persona algo ruda y tosca tal vez, pero tiene un gran corazón.
Darien subió la velocidad haciendo que la rubia se apretara más a su espalda y sintiendo sus pechos aplastarse contra él sonrió gustoso.
Al llegar al restaurante sólo pidieron hamburguesas para llevar. Ambos llegaron hasta el hogar de los cantantes. Serena miró todo muy asombrada sin duda vivían con muchos lujos.
Darien: Te sorprende ¿Verdad?
Serena: ¿Qué? ¿Sus lujos? De hecho ya conocía la casa, pero con la disco no noté todo lo que tienen.
Darien: Si, así es, vivimos rodeados de muchos lujos buscando compensar lo que nos falta.
Serena sonríe levemente y lo mira.
Serena: ¿Y a ti? ¿Qué te hace falta Darien? –Cuestionó.
A Darien la pregunta le tomó por sorpresa, pero enseguida se recuperó. Sonrió suavemente a la rubia y le acarició el mentón.
Darien: ¿Te parece si subimos a mi recámara a comer?
Serena notó la intención del pelinegro y sonrió
Serena: ¿Acaso no tienes comedor?
Darien sonrió al ver que esa chica sí que no se dejaba
Darien: Bueno –Alzó las manos— Lo intenté.
Serena: Jajaja. Vamos y ahí me cuentas qué es lo que te hace falta.
Llegaron al comedor y Darien como todo un caballero le jaló una silla y le ayudó a sentarse. Serena agradeció el gesto sonriente, le gustaba mucho el guapo chico. Pero… estaba la incertidumbre de que al tenerla la botaría como a un trapo. Y eso no es lo que ella buscaba.
Serena comía de su hamburguesa en silencio. Sintió la mirada del pelinegro sobre ella y lo miró.
Serena: ¿Pasa algo?
Darien: Nada –Se recarga en su mano— Es que hasta comiendo eres bonita preciosa hada.
Serena empieza a reírse fuertemente del comentario de él. Ocasionado que se le vaya un pedacito de lechuga por otra parte
Serena: Cof, cof, cof. –Se toca el pecho.
Darien le pega palmaditas en la espalda.
Darien: ¿Estás bien? ¿Ya ves? porque te ríes.
Serena se acerca a Darien y le quita un poco de cátsup del labio. Darien siente el roce de los delicados dedos en su boca. Le toma la mano sin dejarla de mirar a los ojos.
Darien: Serena, ¿Quieres ser mi novia? –Le soltó sin mayor preámbulo.
Serena se le quedó viendo sin decir palabra.
Serena: Darien, sé perfecto quién eres. Te gusta estar de chica en chica. Yo no soy como las demás.
Darien: Sé que no eres como las demás Serena –Juega con sus dedos— Eres lo que he soñado.
Serena: ¿El hada? –Sonríe.
Darien: Jajaja. No preciosa, tú eres real, tangente.
Serena: Quiero decirte que ese vago sueño que tienes de tu tatuaje fue real.
Darien pone cara de confusión.
Serena: Si Darien, yo te rescaté ese día –Sonríe— Yo te encontré en el bosque ahogado en alcohol y te llevé a una cabaña para que te auxiliaran.
Darien: ¿Entonces fue real? Serena… entonces estamos…
Serena: Por favor, no me vayas a decir que estamos destinados. Sería una locura.
Darien: Pero hermosa hada, lo es. Es una locura encontrarte y que no pueda tenerte.
Serena se rió ante las ocurrencias del chico.
Serena: Darien, démonos una oportunidad, honestamente tú también me gustas.
Darien: ¡No sabes cuán feliz me haces Serena! –Le besa la mano— Te haré muy feliz mi amor, ya verás.
Serena lo mira complaciente y toma su rostro en sus manos.
Serena: Mi amor, tú por sí solo me haces feliz –Lo besa.
Por otra parte en un convento de monjas, un bebé lloraba amargamente, como si supiera que alguien se hubiera ido.
Yatsuri: ¿Pero qué pasa Oli? –Lo carga en brazos— ¿Qué ocurre chiquito?
El bebé de escasos cinco meses de nacido llora sin parar apretando sus pequeños puños y con los ojitos apretados
Yatsuri: A ver mi amor ¿Qué te pasa? –Lo revisa— ¿Te picó algún bicho?
Le empieza a quitar la ropa para revisarlo haber si está sucio. Pero nada. Al parecer el bebé llora sin razón alguna.
Una bella dama de regordeta figura se aproxima a la joven de escasos veinte años.
Akari: Pero… ¿Qué pasa? ¿Por qué llora? –Lo toma en brazos— Pequeño Oliver –Lo mira— hermana Yatsuri hazle un biberón.
Yatsuri: Pero acaba de comer Madre superiora. No creo que tenga hambre.
En otro lado, en una casa muy lujosa está Mina en brazos de Yaten. Se ha quedado dormida de tanto llorar, repentinamente solloza entre sueños a lo que el platinado le acaricia la espalda haciéndole saber que está con ella.
Una señora de mediana edad se aproxima a ellos y pone una bandeja de té con galletas para que coman. Yaten agradece el gesto y la señora se retira.
De pronto Mina solloza nuevamente, pero esta vez:
Mina: Oliver, mi bebé…
Yaten deja su taza de té que iba a beber y mira a Mina como tratando de comprender qué quiso decir.
De pronto el bebé deja de llorar, tal como si hubiera escuchado la voz de su madre. Abre sus ojitos y mira a sus cuidadoras.
Akari: Ha dejado de llorar. ¡Qué raro!
Ambas se quedaron en silencio observando al pequeño bebé de incipiente cabello rubio y ojos verdes como la esmeralda.
Yaten se movió un poco para acostar por completo a su amada. Siguiendo desconcertado por lo que susurró
Yaten: ¿A qué te refieres Mina? ¿Quién es Oliver? –Susurró mientras le colocaba una almohada.
Una chica se acerca a la sala para ver cómo está Mina.
Yumi: Buena noche señor. ¿Está bien la señorita? –Pregunta algo preocupada.
Yaten: Sí, ella está dormida ahora— Responde sin dejar de mirar a Mina.
Yumi: Ok, cualquier cosa, estaré en la cocina, mi nombre es Yumi –Se retira.
Yaten agradece distraídamente.
Mina empieza a moverse inquieta en el sillón. Su ceño se nota afligido. Yaten la observa preocupado sin saber qué hacer.
Mina, que sigue acostada, se voltea rápidamente hacia el piso y se resbala siendo interceptada por su novio
Yaten: ¡Rayos Mina! –La sostiene.
La voz de Yaten hace que la rubia abra los ojos y mire todo alrededor muy desconcertada. Se inclina quedando sentada en el sillón junto al peli plateado.
Miró todo a su alrededor como reconociendo su casa. Encontrándose de frente con la mirada de ojos verdes de Yaten.
Mina: ¿Fue un sueño? –Pregunta con miedo.
Yaten la mira y entristece su semblante… niega con la cabeza.
Los días han transcurrido sin parar y la joven rubia siente que debe decirle a Yaten la verdad, después de todo, el bebé está vivo y él es su padre.
Hojea unos papeles de testamento de su padre distraídamente mientras piensa en su hijo. De pronto suspira y pone una mano sobre las hojas.
El ruido del teléfono del estudio la saca de sus pensamientos
Mina: ¿Hola? Yaten, mi amor. ¿Entonces se van hoy? –Entristece— ¿Qué? ¿Un año? No. Pero, antes, quisiera decirte algo… No es algo que te pueda decir por teléfono. Sí, te espero.
Yaten se baja de su auto mientras observa su reloj de pulso. Apresurado, toca el timbre de la puerta, Yumi le abre y lo deja pasar de inmediato por órdenes de ahora la nueva señora. Camina sigilosamente guiado por la chica de cabello negro. Entra al despacho y ahí estaba, parada en medio del lugar mirándolo con la más pura incertidumbre.
Yaten: Hola mi amor.
Mina: Hola Yaten –Le pone una mano en señal de alto y suspira— Yaten, quiero decirte, que tenemos un bebé— Soltó sin mayor preámbulo.
