Bueno, antes de nada agradecer a todos aquellos que estais leyendo mi historia y daros las gracias por los reviews que he recibido.
Siento mucho el retraso pero este capítulo se me ha atragantado un poco (mis manos parecían no querer moverse sobre el teclado), por último deciros que acepto sugerencias y críticas de cualquier tipo sobre el fic y que me gustaría saber qué es lo que esperais encontrar en él aquellos que lo estais leyendo.
Que disfruteis el capítulo.
Capítulo 10.- Lucha, un estilo de vida.
La tensión, palpable ya en el ambiente, hacia que todos los curiosos agolpados alrededor de ellos guardaran silencio.
Estaban quietos, evaluándose antes de hacer el siguiente movimiento, el pelirrojo enfrentándose al rubio mientras sus ojos verdes batallaban contra la mirada azul de Lefey. Miró de reojo como Ginny, aún en el suelo tras el golpe recibido, se limpiaba la sangre que corría por su labio roto.
Apenas se había girado hacia la morena cuando Ginny pasó corriendo por su lado y se abalanzó sobre ella, tan sorprendidos estaban que ni siquiera fueron capaces de intentar separarlas, aun cuando los gritos de los demás estudiantes comenzaron a oírse por el corredor a favor de una u otra.
Snape: ¡Qué está pasando aquí! –Ante el grito del viejo profesor de pociones todos se quedaron estáticos, incluyendo a las dos chicas que se levantaron para seguir mirándose, retándose mutuamente.
Paseó su mirada sobre la pelirroja que tenía bastante mal aspecto, pues al labio partido ahora se le había unido una ceja que sangraba bastante y numerosos moratones que comenzaban a verse en su rostro, además el que se estuviera sujetando el abdomen con uno de sus brazos sin duda no presagiaba nada bueno. La morena en cambio no daba muestra alguna de golpe o cansancio, su presencia parecía incluso más intimidante que antes y se erguía orgullosa ante Ginny, no pudo más que pensar que sin duda alguna debía de tener algún tipo de experiencia en peleas.
McGonagall: ¿Qué es lo que ha pasado? – Miró la situación, percatándose de que prácticamente todos los profesores se encontraban allí.
Ginny: ¡Está loca! ¡Yo solo iba caminando por el pasillo cuando se abalanzó sobre mí! ¡No le di motivo alguno para que me golpeara!
Harry: (Mentira.) –Tanto Ron como él habían visto lo que había pasado desde que la pelirroja comenzó a increpar a la otra, él había oído todo lo que había dicho, había visto como intentaba provocar daño y eso no le había gustado.
Dumbledore: ¿Es eso cierto, señorita Lefey? –Silencio, eso fue todo lo que el mago obtuvo como contestación a su pregunta.
Miró a la chica que parecía no darle verdadera importancia al hecho de que pudiera meterse en problemas y a Malfoy que no parecía tener intención alguna en meterse en la conversación.
Harry: (¿Por qué no dicen nada?)
Dumbledore: Señorita Weasley vaya a ver a madame Pomfrey a la enfermería, que los señores Potter y Weasley la acompañen, en cuanto a usted, sígame a mi despacho, creo que tenemos unas cuantas cosas de las que hablar. –Terminó refiriéndose a la morena.
Se giró hacia la que era su novia para ayudarla a ir hacia la enfermería y se percató de la sonrisa cruel que adornaba su cara mientras miraba algún punto detrás de él, gesto que se transformó rápidamente en otro de clara confusión y supo el por qué de ello al volver a girarse pues, antes de marcharse para seguir al director a su despacho, Lefey le había dedicado a la pelirroja también una sonrisa, una tan fría como la mirada con la cual la había taladrado, clara muestra de que aún no había acabado con ella.
Snape: Los demás que se vayan a sus salas comunes, esto no es ningún espectáculo.
Se sorprendió un poco cuando el pelirrojo le ayudó a llevar a Ginny, por lo visto ya se le había pasado el enfado, mejor así.
El humo de la explosión hacía que no pudieran ver nada, este no tardaría más que unos minutos en disiparse pero no sabía si disponían de esos minutos.
Dan: ¡Vera, contesta! –Gritó el pelirrojo mientras, con otro hechizo, quemaba a algunas de las serpientes que seguían surgiendo de todas partes.
Alex: ¡Orión! –Una serie de silbidos fueron los que contestaron a su llamada, mientras las serpientes dejaban de intentar atacarlos y volvían a los escondrijos de los que habían salido.
Cogió del brazo al otro vampiro y se internó hacia donde recordaba que estaba la entrada a la habitación mientras el polvo se había posado de nuevo, por lo que pudieron ver como Vera miraba preocupada a Orión que, apoyado en una de las paredes, parecía haberse herido en la cabeza, pues un hilo de sangre escurría por su frente.
Dan: ¿Qué ha sido eso? – Dijo mientras se acercaba a los otros dos soltándose del que podría considerar su "padre".
Orión: Habían colocado una trampa, esta se activaba al entrar a la sala conjurando un hechizo de choque y dejando libres a las serpientes que tenían orden de atacar a todo aquel se encontrara en la casa. Por lo visto el que les dio la orden debía de ser un hablante de pársel bastante fuerte, me costó convencerlas para que se fueran…
Vera: Orión me cubrió y recibió él el golpe, si no lo hubiera hecho no se…
Orión: No debemos preocuparnos por eso ahora, el anillo tiene otra trampa, supongo que se activará al tocarlo.-Dijo entrecerrando los ojos mientras veía manar la magia del objeto. -Debemos llevárnoslo de aquí y pronto, no sabemos si al saltar la primera trampa alguien se ha podido percatar de ello.
Dan: ¿Qué tipo de maldición crees que sea? –Preguntó mientras todos se acercaban hacia el mueble en el que reposaba el objeto.
Alex: No sé, pero a juzgar por la cantidad de magia que despide no creo que pueda matar a uno de los nuestros. –Contestó mientras alargaba el brazo para tocar el objeto, pero su "hermano" lo detuvo antes de hacerlo.
Orión: Será mejor que lo coja yo. Selene me dio un poco de la sangre de Hermione para que si pasaba algo pudiera recuperarme inmediatamente, por lo visto vio que sucedería algo así, además ya estoy herido, con uno sobra. –Dijo el moreno mientras le pasaba el frasco a Alex, si el hechizo era muy fuerte quería asegurarse de que este no se rompiera, mejor que lo guardara él. –Vamos allá.
Una serie de imágenes comenzaron a pasar por su cabeza en cuanto puso un dedo sobre el anillo, haciendo que todo lo demás desapareciera. Imágenes que solían tener a una misma protagonista, una mujer pelirroja que le sonreía de forma fría y hablaba con crueldad, pero él no pudo más que sonreír ante lo irreal de lo que parecía ser un recuerdo.
Orión: (No caeré ante un truco tan barato, después de todo la tortura mental es una de mis especialidades, querida.) –No supo si lo dijo en alto o solo en su mente en la que se desarrollaban las escenas, pero el fantasma pelirrojo volvió a mirarlo iracundo y tras retorcerse en el suelo como si algo lo estuviera dañando gravemente, desapareció.
Abrió los ojos sin recordar haberlos cerrado y contempló el objeto que descansaba ahora entre sus dedos, la visión había terminado.
Alex: Toma. –Le ofreció el frasco escarlata.
Lo destapó y tan pronto como bebió su contenido las heridas que había recibido se cerraron, Hermione y él compartían una misma alma, por lo que los poderes mágicos que había en la sangre de cada uno funcionaban de forma inmediata en el otro, incluyendo el de la regeneración, cosa que también pasaba con Alex y Dan o con cualquier convertido y su "maestro".
Orión: Vámonos. –Dijo sin poder evitar mirar el anillo con nostalgia.
Y sin más las cuatro figuras desaparecieron, dejando en la casa tan solo a las serpientes que, durmiendo, esperaban al próximo incauto que osará entrar en su territorio.
Estaba de pie en medio del despacho de Dumbledore, pues no había querido tomar el asiento que este le había ofrecido, no con la paciencia de siempre, todo hay que decirlo.
Dumbledore: ¿Por qué ha hecho eso? –Silencio, eso fue todo lo que obtuvo por su parte, haciendo que el viejo director comenzara a desesperarse.
Dumbledore: También me he enterado del numerito que ha montado hoy en clase de la profesora McGonagall, ¿Tiene algo que decir sobre este suceso? –Que decir que ha esto último todas las miradas de los profesores que se encontraban allí, incluso Sirius convertido en perro, se posaron sobre ella preguntándose qué le había hecho a la jefa de los leones.
Un nuevo silencio sobrevino a la pregunta, la chica ni siquiera los miraba de hecho, Dumbledore juraría que le estaba empezando a subir la tensión más de lo recomendable.
Snape: ¿Es que no va a decir nada para defenderse? –Ahora sí fijo su atención en ellos, mirándolos de la forma más fría que pudo, intentando intimidarlos, midiendo su fuerza con la suya.
Sekhmet: ¿Acaso importaría que intentara defenderme?
La profesora de transformaciones no pudo evitar dar un respingo mientras Snape la observaba fijamente.
¿Cómo alguien que parecía tener hielo en vez de sangre había acabado fuera de la casa de las serpientes?
Sekhmet: Esa niña ni siquiera ha acertado a darme un golpe, por lo que yo no estoy herida y ella sí, aunque no sea mi culpa es su palabra contra la mía, y dado que ella lleva varios años aquí y yo soy nueva, no puedo sino suponer que la creerán antes a ella que a mí. De todas formas, los hechos son los que más peso tienen, y estos están contra mí.
Dumbledore: (Demasiado lista a mi parecer, estaba dando solamente las explicaciones justas) -De hecho, juraría que se negaba a defenderse para estar en su presencia el menor tiempo posible.
Dumbledore: Deberá pedirles disculpas a la señorita Weasley y a la profesora McGonagall mañana en público, además…
Sekhmet: No lo haré. –Desafió la morena haciendo que el semblante tranquilo que había conseguido mantener el director a pesar de todo se transformara en una mueca seria y sorprendida, una mezcla algo inusual sin lugar a dudas.
Dumbledore: Entonces me veré obligado a informar a su tutor.
Sekhmet: Hágalo. –Dijo mientras los otros miraban de uno a otro. - Si quiere puede llamarlo ahora mismo y yo le explicaré los motivos de mis actos delante de ustedes. Él habría hecho lo mismo de estar en mi lugar.
Y sin esperar a que el otro contestara salió del despacho, ya había perdido demasiado tiempo allí. De lo que no se percató la morena es de que uno de los cuadros del despacho la miraba con cierto interés.
Dumbledore relajó la espalda, que había tenido en tensión sin darse cuenta hasta hace unos segundos, y hundiéndose en su butaca se paso la mano por el rostro al tiempo que suspiraba cansado.
Snape: ¿Quién es? -Preguntó el jefe de la casa de las serpientes.
McGonagall: La "señorita" Lefey. –Dijo con cierta ironía. – Una muchacha tan maleducada como apegada a tu ahijado, si me lo permites. Mañana tienes clase con ella, ya la conocerás.
Remus: En eso no puedo estar de acuerdo contigo, Minerva. –Dijo atrayendo la atención del resto. – Yo también he tenido el placer de darle clase hoy he incluso he tenido una conversación bastante animada con ella al terminar esta, así que puedo asegurarte que sí es amiga de Malfoy, pero tiene una muy buena educación, de hecho no fue descortés en ningún momento a pesar de que la entretuve un buen rato.
Dumbledore: Entonces deberíamos entender que no es algo natural en ella, sino que escoge comportarse de esa forma.
Remus: Exacto, y según lo que he visto se comporta de la misma forma que se portan con ella.
McGonagall: ¡No me dirás que de verdad crees lo que estás diciendo!
Remus: Por supuesto que lo creo, después de todo aquí se comportó de forma altiva, igual que lo haría un condenado con orgullo, porque después de todo la chica sí que tenía razón al decir que daría igual si se defendiera. ¿Verdad, Dumbledore?
Y todas las miradas recayeron sobre el viejo mago que, pensativo, meditaba las palabras dichas por el licántropo.
La sala, blanca inmaculada, desentonaba sin lugar a dudas con los sollozos que provenían de ella. La causa de estos, Ginny Weasley.
La pelirroja lloriqueaba mientras madame Pomfrey le curaba las heridas bajo la atenta mirada de su hermano y del moreno, que no podía sino pensar en todo lo ocurrido.
¿Qué le había pasado a Ginny para que se convirtiera en eso, en ese ser que parecía no albergar ningún sentimiento bueno por los demás? ¿Dónde estaba la Ginny que se había enamorado de él hace tantos años, dónde estaba la hermanita de Ron a la que todo el mundo quería proteger? Y mientras se preguntaba esto no pudo evitar cuestionarse sobre sí mismo mientras lo recorría un escalofrío nada agradable.
Harry: (¿Y si yo también he cambiado tanto como ella? ¿Y si el vacío que siento constantemente se debe a eso?)
Una mano sobre su hombro fue lo que le hizo perder el hilo de unos pensamientos que no le llevarían a nada bueno.
Ron: Tranquilo, se pondrá bien. –Dijo el pelirrojo mientras intentaba darle "ánimos".
No hubo ningún lo siento entre ellos, ninguna disculpa, ningún arrepentimiento y el moreno no pudo evitar pensar que tras esa amistad no había sentimiento alguno. Sin embargo no dijo nada, pues él lo único que no quería era estar solo, daba igual si Ron estaba con él por conveniencia o no, hacía tiempo que no le importaba.
Ron: No entiendo por qué dijo esas cosas cuando la otra no le había provocado. –Y es que a pesar de que Malfoy no era santo de su devoción, ambos sabían que lo dicho por la pelirroja había hecho más daño que un cruciatus. –Ginny no suele comportarse así.
Harry: (Al parecer no has pasado mucho tiempo con tu hermana últimamente.)
Ron: Menos mal que no usó magia. –Eso le sorprendió. Miró a su novia en la camilla para luego volver a mirar a su amigo, tenía razón.
Harry: (¿Por qué sólo ha usado los puños?)
Ellos se habían sorprendido demasiado cuando todo empezó y olvidaron que tenían consigo sus varitas, pero Malfoy no. Él estaba tranquilo y podría haber utilizado su magia en cualquier momento, sin embargo no había intervenido. Y la chica había tenido la suya a mano todo el rato, podría haberle hecho mucho más daño y en cambio no lo hizo. ¿Por qué?
Y el moreno solo pudo obtener una respuesta que, si bien podría ser cierta, parecía completamente descabellada.
Lefey estaba completamente furiosa, pero aun así se había controlado. ¿Se había contenido para evitar hacerle daño a Ginny?
Cuando llegó a la sala de los leones, tras dar un paseo por los jardines para templar sus nervios, todo el mundo calló de repente para mirarla y comenzar a cuchichear en grupos. Los rumores en Hogwarts corrían más rápido de lo que ella recordaba.
Notó como Potter y Weasley la miraban desde una esquina pero no hizo caso, estaba demasiado cansada para preocuparse por ellos ahora.
Subió a su dormitorio para chocarse de frente con las miradas de odio que le dirigían las arpías con las que compartía cuarto, todas unas mocosas que se arrastraban por el suelo que pisaba la pelirroja.
Se tumbó en su cama y cerró las cortinas para echar un par de hechizos sobre ellas, no era tan estúpida como para no pensar que sus compañeras de cuarto intentarían jugársela.
Se puso uno de sus pijamas mientras el tatuaje de la serpiente, que le ocupaba todo un brazo, comenzaba a moverse hasta desaparecer, dejando a la cobra negra enroscada en su cama. Se echó a su lado y no pudo evitar pensar que sin duda aquella pequeña hacía su estadía en Hogwarts mucho mejor.
Sekhmet: Buenas noches, Perséfone. –Dijo al tiempo que besaba la escama amarilla de su cabeza para caer dormida.
Un día agotador.
Varios días habían pasado desde ese incidente, a consecuencia del cual era repudiada por los Gryffindor y temida por parte del colegio. ¿Cómo había escuchado que la llamaba una chica entre susurros? A sí, neurótica agresiva, algo que hizo que comenzara a partirse de risa en medio del pasillo sin razón aparente, pasando a ser la neurótica loca agresiva.
Sin embargo, también había pasado algo bueno, Potter parecía haber desarrollado una curiosidad bastante grande hacia ella, lo que hacía que no tuviera que esforzarse para cumplir su misión, pues el chico casi parecía su sombra.
Dio otro sorbo a la copa de "vino" que estaba tomando tendida en uno de los sillones de Slytherin, algo necesario pues pese a poder alimentarse como los humanos, su poder y sus instintos disminuían si no ingería algo de sangre de vez en cuando.
Estaba metida en su cabeza ignorando la cháchara que Zabini se había empeñado en mantener con ella intentando llamar su atención.
Miró al moreno mientras esperaba a que Draco bajara para ir a comer, era listo, lo que Blaise estaba buscando era su favor, saber que ella le guardaría las espaldas, algo que no iba a negarle pues ella también necesitaba de alguien más que Draco para cubrir las suyas, y el moreno era un buen candidato.
Sintió como alguien se ponía a su espalda y giró para contemplar al rubio.
Draco: ¿Qué te preocupa? –Preguntó haciendo que el otro callara y comenzara a prestar atención a lo que hablaban.
Sekhmet: No he vuelto a saber nada de Orión desde que llegué aquí y ya ha pasado más de una semana.
Draco: ¿Le has escrito?
Sekhmet: No contesta, nadie contesta, es como si todos hubieran desaparecido. Supongo que no saber de él hace que me sienta un poco inquieta. –Dijo para colarse en la mente del rubio, Blaise no tenía por qué enterarse de todo. – (He intentado contactar con sus pensamientos, pero parece haberse desvanecido, ni siquiera cuando debería estar durmiendo puedo encontrarlo…) –Ahora el rubio también parecía preocupado.
Draco: Será mejor que bajemos. –Dijo ofreciéndole su mano para levantarse mientras el moreno aún intentaba entender de lo que habían hablado.
A pesar de que la escena solía repetirse bastante a menudo la entrada del grupo de slytherins atrajo bastantes miradas, entre todas la suya, que observaba como la leona entraba rodeada de serpientes, serpientes venenosas que no se atreverían a envenenarla, pues si de algo se había enterado estos últimos días era de los rumores de que la morena estaba haciendo amistades entre algunas serpientes que, a pesar de pertenecer a los leones, la veían como un buen prospecto de uno de los suyos.
Ginny: Maldita traidora… - Susurró su novia al ver como Lefey se sentaba en la mesa de Slytherin.
El humor de la peliroja había empeorado al tiempo que mejoraban sus heridas, era consciente de que no se atrevería a atacar a la morena, al menos no directamente, aunque eso no quitaba los comentarios ácidos que hacía cada vez que la veía o la tensión en el ambiente cada vez que se cruzaban, algo que le estaba empezando a resultar bastante molesto.
¿Sería malvada, una bruja oscura? ¿Tendría algún doble motivo para estar en Hogwarts? No sabía qué, pero algo le impulsaba a creer que la leona no representaba un peligro, al menos para él, sin embargo ese mismo algo le advertía que no se acercara mucho, pues como su propio nombre indicaba, estaba seguro de que si se sentía amenazada de alguna forma podría llegar a ser muy peligrosa, tan peligrosa como una leona.
Se sentó entre los slytherins con Draco a su lado como ya venía siendo costumbre, mientras escuchaba los berrinches de Pansy por no poder estar con el rubio. En realidad no lo sentía por la chica, pues esta parecía no querer darse cuenta de que ella no iba a alejarse de su "hijo", por lo que no era la persona con la que más le apeteciese estar.
Le hizo una seña a Blaise para que se sentara a su otro lado, gesto que el moreno aceptó inmediatamente, mientras los intereses de ambos fueran compatibles no tenía inconveniente en ofrecerle su apoyo al Slytherin.
La sangre había hecho que sus sentidos se afinaran y no pudo evitar reírse ante uno de los chismes que escuchó en el comedor, haciendo que todos a su alrededor se giraran curiosos.
Sekhmet: Amor. –Dijo refiriéndose al rubio que la miraba confuso. - ¿Cómo es que estamos prometidos y yo todavía sin enterarme? No está bien que me tenga que enterar por murmullos de que voy a tener que aguantarte el resto de mi vida. –Dijo haciendo que el otro comenzara también a reírse, algo que era casi normal desde que llegó la morena.
Mientras Draco seguía con su ataque de risa las lechuzas entraron trayendo consigo el correo y Sekhmet se sorprendió cuando reconoció al búho negro que se había posado frente a ella.
Sekhmet: Failon… -Dijo reconociéndolo, su plumaje completamente negro lo hacía muy llamativo durante el día, pero es que ese animal solía trabajar de noche. El búho de Orión estaba ante ella tendiéndole la pata llena de cartas.
Draco: ¿Son de Orión? -Preguntó una vez que pudo dejar de reír.
Sekhmet: ¿Qué? –Dijo la morena que se había quedado demasiado sorprendida como para escucharlo.
Draco: Las cartas…
Al darse cuenta de que se había quedado parada como una estúpida durante unos segundos se apresuró a darle algo de comida al búho, el cual llevaba un rato exigiendo la recompensa por su trabajo.
Se fijó en una carta roja que el animal aún tenía cogida con una pata, pero al intentar quitársela el búho se apresuró a levantar el vuelo para posarse frente a un Albus Dumbledore que se encontraba tan sorprendido como ella mientras cientos de ojos habían dirigido ya la mirada hacia el bello animal que le extendía la pata al director de Hogwarts para que este le quitara la carga que portaba.
Los ojos azules del anciano se posaron sobre los de ella con curiosidad durante unos segundos y luego abrió el sobre.
Silencio, eso es todo lo que se escuchó en el gran comedor hasta que una voz fría, susurrante, comenzó a salir del sobre haciendo que a muchos de los presentes les recorriera un escalofrío.
?: Me temo que yo le conozco a usted, "profesor", pero usted no a mi, así que me presentaré. Soy Orión Lefey, jefe del clan Lefey y tutor de Sekhmet.
En estos momentos nadie abría negado que la frialdad con la que parecía expresarse ese hombre unido a su voz, que se asemejaba al silbido de una serpiente antes de atacar, puso los pelos de punta a media sala.
Orión: Jamás pensé que debería hablar con usted tan pronto y menos por circunstancias tan "agradables". Debo decirle que no me gustó demasiado recibir una carta suya hablando sobre una "mala conducta" de mi ahijada, pero aún me gustó menos saber los motivos de esta. –Hizo una pequeña pausa. -Decirle, en primer lugar, que como en casi todas las cosas este no es un punto en el que mi opinión difiera de la de Sekhmet. El que ustedes no sepan apreciar el valor de la vida, por muy pequeña que esta sea, es problema suyo no mío, por lo que veo correcto el comportamiento de Sekhmet, pues si hubiera hecho lo contrario me hubiera decepcionado y, en cuanto al altercado que me comentó con la señorita Weasley, soy completamente consciente de mi ahijada no la habría agredido sin motivo alguno así que, para mi, su razón está por encima de la suya y, como tal, actúo a su favor. Habiendo dejado ya bien clara mi postura frente a los sucesos que me comentaba, le aconsejo que la próxima vez que decida molestarme por algún asunto en el que Sekhmet este involucrada le haga caso a ella si le dice que le daré la razón, porque lo haré. –Otra pausa, juraría que el vampiro se lo había pasado bien mientras hacía el vociferador, pues casi podía verle con una sonrisa en la cara mientras grababa el mensaje. -No toleraré que vuelva a molestarme por insignificancias pues como comprenderá soy un hombre ocupado y, desde luego, no tengo su tiempo. Un "placer" hablar con usted. –La morena no pudo evitar sonreír ante el claro tono de ironía que el moreno había utilizado durante casi toda la conversación mientras veía como la carta comenzaba a quemarse para desaparecer cualquier indicio de su existencia.
Sekhmet: (Ojala tuviera una cámara de fotos.) –Fue el primer pensamiento que pasó por su cabeza mientras veía las caras atónitas tanto de alumnos como de profesores, una estampa irrepetible.
Sekhmet: Ya le advertí que no le molestara. –Dijo comenzando a mirar las cartas mientras el comedor se volvía a llenar de murmullos, Dumbledore había abandonado la sala. –Esta es para ti. –Dijo pasándole una carta de Selene al rubio. – (Otra de Orión, una de Alex, otra de Vera y Dan, creo que estos se están apegando mucho últimamente, otra de… ¿Anubis? ¿Para quién…?)– ¡Qué demonios! –No pudo evitar maldecir mientras abría la carta que le había escrito Orión.
Draco: ¿Qué es lo que pasa ahora?
La morena terminó de abrir el sobre y en su mano calló un anillo con una piedra roja, se apresuró a colocárselo en el dedo corazón de la mano izquierda, ya sabía lo que era, y comenzó a leer la carta mientras iba alternando la mirada de esta a la mesa de los profesores a la vez que su rostro iba adquiriendo un tono aún más pálido.
Sekhmet: ¿Qué te propones ahora, Orión…?
Draco: ¡Esto tiene que ser una broma! –La repentina exclamación del chico logró sacarla de su preocupación y se dio cuenta de que estaba casi tan pálido como ella mientras sujetaba algo en su mano.
Le arrebató la carta que comenzó a leer mientras formaba una sonrisa macabra, sin duda esto le gustaría.
Draco: Por favor Sekhmet, lo que quieras durante una semana, pero otra vez no…
Sekhmet: Hagámoslo divertido. –Dijo mirándolo sin perder la sonrisa, sabía que el rubio entendería. –Diez segundos. –Y conjuró el instrumento maléfico en sus manos.
Sekhmet: Nueve, ocho,… -El rubio ya había salido como alma que lleva el diablo del comedor. –Cero. –Y la gran cazadora partió en busca de su presa sin olvidar las cartas.
Todo el mundo tiene miedo de algo y ella podía enorgullecerse de conocer lo único a lo que el rubio le tenía pánico, las agujas…
Su misión, dejar a Draco Malfoy como un colador.
Las horas habían pasado y volvían a entrar al comedor. Sin duda formaban un trío muy diferente al conocido "trío dorado". A un lado Sekhmet Lefey, la slytherin con alma de leona, a otro Blaise Zabini un slytherin calculador y, en medio de estos, Draco Malfoy, el príncipe de las serpientes que jugueteaba con el aro rojo que ahora tenía colocado en su oreja encima del dorado mientras miraba a los otros con mala cara y maldecía por lo bajo.
Le había dejado ventaja al rubio, quiso cazarlo sin utilizar sus sentidos superdesarrollados, como una humana, y por el camino se encontró con Blaise que los había seguido fuera del gran comedor y, tras contarle lo que pretendía hacer, este se unió a la caza del rubio y una vez lo encontraron, mientras Zabini lo sujetaba ella se encargó de colocarle el nuevo pendiente, razón por lo cual el rubio no les hablaba a ninguno de los dos.
Había conseguido recuperarse un poco de la sorpresa de la carta de Anubis confiando en que las acciones de Orión siempre tenían un por qué, sin embargo no quería soportar el mal humor de Draco por lo que decidió comer en la mesa de Gryffindor.
Sekhmet: Adiós, Draquito. –Se despidió dándole un beso en la mejilla al "gran niño enfadado" sabiendo que odiaba que lo llamaran así. –Cuídalo bien. –Se refirió esta vez al moreno mientras le guiñaba el ojo.
Blaise: ¡A sus órdenes! –Afirmó haciendo un gesto que bien se parecía al de un militar, a veces se sorprendía de que un sangre pura como Zabini supiera tanto sobre el mundo muggle.
Mientras se alejaba de ellos dos escuchó un gruñido del rubio que sonaba más bien como "traidores".
Se sentó en su mesa sin poder evitar tocar el sobre que aún tenía guardado en uno de los bolsillos de su túnica, por lo demás la cena transcurrió sin ningún incidente, pero justo cuando iba a abandonar la sala una fuerte explosión se escuchó tras las puertas, estas se abrieron y tras ellas aparecieron numerosas figuras encapuchadas.
Un único pensamiento pasó por las mentes de los que allí estaban, el mismo que pasó por la suya mientras sentía la rabia invadiendo su cuerpo.
Sekhmet: (Mortifagos.)
Cuando fue completamente consciente de lo que sucedía se descubrió luchando en los terrenos del colegio en medio de una batalla campal.
Miró a su alrededor, viendo como los profesores y algunos pocos alumnos que se habían quedado a ayudar luchaban contra los mortifagos, que les superaban en número, mientras el cielo de los terrenos de Hogwarts se iluminaba debido a los diferentes hechizos.
Sirius: ¡Harry, márchate de aquí! –Le gritó su padrino que había dejado atrás su camuflaje canino para enfrentarse a la amenaza.
Harry: ¡No, no lo haré! –Gritó alejándose de él con la varita en una mano. Esta también era su guerra, no iba a marcharse y esconderse en algún rincón solo por que se lo ordenasen, estaba harto de que otros se creyeran con derecho a dirigir su vida.
¿: ¡Cuidado Harry! –No supo quien le había gritado, pero al girarse se dio cuenta de que un rayo rojo iba hacia él y no tenía tiempo de esquivarlo.
Harry: (Cruciatus…) –Sintió como un peso lo empujaba haciéndolo caer a un lado, cuando se levantó vio como la maldición impactaba sobre la figura que apoyó una rodilla en el suelo, pero no gritó.
Harry: ¿Estás bien? –Le preguntó a la chica que continuaba con la mirada en el suelo, Sekhmet Lefey, había sido ella quien le había salvado.
La chica se levantó de pronto y, extendiendo su varita al frente, formuló un hechizo que no pudo reconocer haciendo que un rayo blanco impactara contra el mortifago que había estado a punto de volver a atacarlos dejándolo inconsciente.
Sekhmet: No te quedes ahí parado, Potter, no siempre voy a estar cubriéndote.
No pudo evitar sorprenderse, parecía como si no le hubiese pasado nada, como si no acabara de recibir una de las tres maldiciones imperdonables. Se levantó y se puso a su espalda para cubrirla mientras levantaba su propia varita, la morena fue la que se sorprendió ahora, sin embargo nadie lo notó.
Harry: Gracias… -No recibió respuesta alguna, pero tampoco la esperaba.
Una tercera persona puso su espalda a sus flancos pudiendo cubrir así todos los ángulos, jamás lo había visto antes pero no se preocupo por esto, estaban en medio de una batalla y debían pensar en sobrevivir.
Harry: No paran de llegar. –Dijo mientras uno de sus hechizos noqueaba a otro mortifago. No sabía cuanto tiempo llevaban luchando, pero el cansancio comenzaba a pasarle factura.
Sekhmet: Hay más en el bosque…
¿: Luego nos encargaremos de esos primero hay que acabar con estos, si entran en el castillo tendremos problemas.
Se impresionó cuando el hombre cogió a uno de los encapuchados del cuello y se lo partió con una sola mano, pero no pudo pensar demasiado en ello pues ya tenía frente a él a otro enemigo.
Se dejó caer en el suelo debido a la falta de magia y al cansancio de su cuerpo, había sido una lucha encarnizada en la que, por suerte, parecía que ninguno de ellos había muerto. Guardó su varita al tiempo que se tumbaba en la hierba de los terrenos, los mortifagos se habían retirado, por lo visto habían encontrado más resistencia de la que esperaban.
Ahora que todo estaba más tranquilo se permitió mirar a la que había sido su compañera de batalla, Lefey seguía de pie, tan inmutable como siempre.
Harry: (¿Cómo es capaz de aguantar de pie después de esto?) –Volvió su mirada hacia el hombre que no apartaba los ojos de la morena.
Era un hombre joven, de unos veinti pocos, de largo cabello rubio que llevaba atado en una coleta baja con una cinta, ojos verdes y protuberantes colmillos blancos…
Harry: (¿Colmillos?) –Se apresuró a coger la varita en su mano al percatarse de lo que era el ser que estaba frente a él. –Vampiro… -Susurró demasiado bajo como para que un humano lo escuchase, sin embargo los otros dos se giraron hacia él.
Estaba siendo escudriñado por el vampiro y lo sabía, cosa que solo lo estaba poniendo más nervioso de lo que ya se encontraba.
Dumbledore: No creí que vinierais a ayudarnos. – Se quedó estupefacto cuando vio al director hablar tranquilamente con ese ser, Dumbledore debería haberse dado ya cuenta de lo que era el hombre. ¿Por qué no parecía considerarlo un peligro?
Recorrió el escenario de la lucha buscando a Sirius con la mirada descubriendo un gran perro negro que se metía en el colegio y numerosas caras desconocidas, seguramente vampiros.
Alex: Vinimos por nuestra cuenta, ya que usted parece estar dejándonos de lado más de lo que consideramos beneficioso para ambos. –Terminó enseñándole los colmillos de forma amenazadora, si había algo que molestara al rubio era que no los tuvieran en cuenta para una buena lucha.
McGonnagal: ¡Qué significa esto, Dumbledore! –Exclamó la profesora acercándose rápidamente lanzando una mirada de advertencia al rubio.
Dumbledore: Será mejor que todos los alumnos regresen a sus torres, que aquellos que estén heridos se dirijan a la enfermería con Poppy, que los demás profesores me acompañen a mi despacho. ¿Sus hombres? – Dijo mirando al vampiro, pero los demás extraños habían desaparecido ya.
Alex: Conmigo bastará para lo que deba decir.
Dumbledore: ¿Y su líder?
Alex: Yo vengo en su nombre. –Dijo el rubio algo irritado ya por las insistentes preguntas del hombre, menos mal que este no había intentado meterse en su mente o de lo contrario el director de Hogwarts necesitaría una transfusión urgente, no estaba de humor para aguantarlo.
Dumbledore: Como quiera. –Y sin más todos comenzaron a alejarse en dirección al castillo.
Cuando salió de su estupor y se giró Sekhmet había desaparecido y en los terrenos quedaban tan solo Ron y Ginny que estaban ahora a su lado, por lo visto también habían estado en la batalla.
Ginny: Será mejor que volvamos a la torre.
Harry: Adelantaos, enseguida iré.
Ron: ¿Estás seguro? –El moreno se limitó a asentir con la cabeza y esperó hasta que los otros se perdieron en el interior del colegio. No iba a ir a la sala común, necesitaba respuestas y las necesitaba ya.
Se levantó y con las pocas fuerzas que había logrado reunir y fue corriendo hasta el despacho de Dumbledore, dobló la última esquina y allí, al lado de una de las gárgolas, se encontró con Lefey que estaba de pie apoyada contra una de las paredes del corredor.
Harry: ¿Qué haces aquí? –La morena abrió los ojos y se limitó a responderle lo justo.
Sekhmet: Lo mismo podría decirte, Potter.
Harry: ¿Cómo lo hiciste? –Preguntó mientras apretaba los puños, estaba harto de que su vida estuviera plagada de secretos y la chica frente a él parecía ser justo eso, un secreto indescifrable. –Se distinguir muy bien un cruciatus del resto de maldiciones. ¿Cómo es posible que tras recibir semejante tortura estés como si nada te hubiera pasado? –Sintió como toda la ira que había ido acumulando a lo largo de los años explotaba en su interior y fue incapaz de contenerla, quizás la morena no tenía ninguna culpa de todo lo que le había pasado en la vida, pero fue con ella con quien decidió pagar su desolación.
Harry: ¿¡Lo sabías, no es así!? ¡Tú sabías que esos magos asquerosos atacarían! ¡Sabías que estaban escondidos en el bosque! ¡No eres más que otra asquerosa mortif…!
Cuando su espalda chocó bruscamente contra la pared fue cuando se dio cuenta de todas las cosas que le había dicho a la chica, la misma que se encontraba ahora furibunda frente a él mientras le apretaba el cuello, la misma que le había ayudado en la batalla, la misma que no tenía culpa de nada. No pudo evitar sentirse mal por todo lo que le había dicho pero ya no podía volver atrás y morderse la lengua…
Sekhmet: ¡Como te atreves siquiera a pensar que formo parte de esa chusma! ¡Qué te haya salvado no significa que no pueda liquidarte en este mismo instante, Potter! ¡Vuelve a decir algo así y desearás que te arranque la lengua!
Harry: Lo siento… -Dijo sin hacer mención alguna de intentar defenderse, y esto sorprendió tanto a la morena que, poco a poco, fue aflojando el agarre del cuello del chico.
Harry: Tienes razón, me salvaste cuando nada te obligó a hacerlo, nadie te hubiera culpado si algo me hubiera pasado en medio de la batalla, pero tú me ayudaste. Supongo que estoy tan resentido con todos que he sido incapaz de controlarme, no creo que seas una mortifaga. Por eso lo siento, no debí desquitarme contigo.
Sintió como el agarre desaparecía totalmente y como la morena se alejaba para volver a apoyarse en la pared frente a él, se tocó el cuello dolorido y el silencio invadió el pasillo durante un tiempo.
Harry: ¿Por qué me llamas Potter? Pareces odiarme y yo no recuerdo haberte hecho nada.
La chica cerró los ojos intentando evitar mostrar el dolor que estos reflejaban ante las palabras dichas.
Sí que le había hecho algo, quiso decírselo, soltarlo todo de golpe, tomar la venganza que por derecho le pertenecía, sin embargo no fue capaz de reprocharle nada.
Cuanto tiempo había pasado desde aquel día, cuánto había pasado desde que creyó morir de desesperación… Ella había cambiado, era consciente de eso, y tenia la casi certeza de que vengarse del moreno solo le acarrearía más dolor. –Pensó mientras le miraba fijamente. –Lo único que había hecho en el pasado había sido maldecir a todos aquellos que la dañaron y eso la había sumido en la oscuridad.
Recordó las palabras que le dijera hace tiempo Orión, le había dicho que la venganza no le traería nada bueno, en ese momento no lo entendió pero ahora lo hacía.
¿Acaso no era suficiente el dolor que todos habían sentido ya? –Se preguntó mirando los ojos verdes del moreno, ojos que habían perdido el brillo que antaño tenían. - ¿Cuánto más debían sufrir Remus, Draco, Harry? Todos habían sufrido ya demasiado, incluyéndola a ella misma.
Quiso decirle que él la había matado, pero el odio que había estado acumulando en su interior se había desvanecido de golpe ante la mirada casi desesperada del moreno pues, en el fondo, aún le quería del mismo modo que tampoco podía evitar extrañar a Ron.
Tenían sus fallos, incluyendo el fallo que hizo que ella se convirtiera en un ser de la noche, pero habían sido su familia durante buena parte de su vida. Se dio cuenta de por qué la venganza no le traería nada bueno pues, en el fondo de su frío corazón, seguía queriéndolos.
Sekhmet: Tú también me llamas Lefey y tampoco te he hecho nada. -Respondió finalmente sorprendiendo al chico que ya no esperaba contestación alguna.
Harry: Sekhmet. –Pronunció casi con solemnidad mientras sonreía a la chica, la primera sonrisa en mucho tiempo que alcanzaba sus ojos.
Sekhmet: Harry. –Respondió la otra seria haciendo que la sonrisa del moreno aumentara.
Harry: ¿Cómo aguantaste la maldición?
Sekhmet: Que te soporte un poco más no implica que vaya a contarte todos mis secretos.
El moreno lejos de ofenderse pareció tomarse la contestación como un reto pues siguió sonriendo.
La puerta de las gárgolas se abrió y el rubio pasó entre medio de los dos chicos dirigiéndole una mirada a la morena que, entendiendo el mensaje, abrió su mente para que el vampiro fuera capaz de introducirse en ella.
Iba a irse cuando se fijó en Harry que mantenía una mirada desconfiada fija en el corredor por el que había desaparecido el rubio.
Sekhmet: Te daré un consejo, Harry. –El nombre se le trabó un poco en la garganta.
Al darse cuenta de que este le prestaba atención prosiguió.
Sekhmet: No te dejes llevar por las apariencias, no todo lo bueno es blanco y lo malo es negro. En realidad todas las criaturas, mágicas o no, nacen siendo grises y esto no varía a lo largo de su vida. Son ellos los que deciden jugar de parte del bien o del mal, su naturaleza no tiene nada que ver en esto, piénsalo. –Se giró, pues tenía algo que hacer antes de volver a la sala de los leones. –Será mejor que tengas muy presentes mis palabras o seguirán mintiéndote y tratándote como a un simple títere el resto de tu vida.
Finalmente se marchó, dejando en medio del corredor al moreno que intentaba descifrar el contenido de sus palabras, él no quería ser manipulado por nadie.
Paseó tres veces ante el mismo sitio y una puerta apareció frente a ella mientras recordaba lo que le había dicho el rubio.
Alex: (Diez minutos)
Imaginó lo que deseaba encontrar y cuando abrió la puerta la sala había creado un cuarto a su gusto, se apresuró a acercarse a la chimenea encendida y esperó hasta que un cuerpo comenzó a formarse en las llamas, un rostro de cabello oscuro y ojos dorados que extendía una de sus manos hacia ella.
Alargó su propio brazo y lo introdujo en las llamas, estas lamían su piel pero no la quemaban, después de todo el control del fuego era uno de sus poderes.
Sacó su mano de las llamas y al abrirla encontró en ella un pequeño objeto, un anillo con una gran piedra negra que tenía grabado un símbolo parecido a una pirámide y que estaba rodeada de otra de color dorado que parecía brillar.
Sekhmet: ¿Qué es esto? –Preguntó un poco desconcertada.
Orión: Esto, pequeña, es el resultado de tus investigaciones, la reliquia de la muerte.
Continuará…
