Pareja: Dean Winchester/Crowley
. & .
(sin título)
A menudo Dean mira de reojo el reloj en la pared. Hace un par de años que cree estar seguro de que la puta aguja del segundero se burla de él. Antes lo hacía porque el tiempo se le escapaba de las manos y ahora, porque sigue corriendo, y él no sabe bien que esperar de su futuro, porque aunque pudieron detener el Apocalipsis, como consecuencia se le desató su propio infierno personal.
Lucifer está de nuevo en su jaula y le ha dejado como trofeo de guerra el cuerpo de su hermano, inmóvil sobre una silla de ruedas. Vivo, pero vacío como un viejo cascarón.
—Yo debería estar en tu lugar. Yo empecé todo esto.
Dean pasa la mayor parte del tiempo con él. Se empeña en hablarle cuando sabe que no queda nada de Sam para escuchar sus súplicas.
Cuando Bobby le preguntó a qué le temía más, si a perder, o perder a su hermano, no contestó. Tampoco hacía falta. Hubiera preferido que el mundo explotase en pedazos antes que verlo en este estado. Si suena egoísta… es porque lo es.
—Me lo merezco más que tú —murmura, sentado en una cama en frente a Sam. Aprieta su mano soñando con recibir esa respuesta milagrosa que espera desde hace semanas.
La única respuesta que recibe es una voz sarcástica y jocosa a sus espaldas.
—Me rompes el corazón, chico.
Mira sobre su hombro, no demasiado sorprendido. El demonio que lleva meses desaparecido se acerca a él con su particular andar.
—Bien, el viejo tiene su alma de vuelta, tal como lo prometí —anuncia mientras se sienta a su lado, arreglándose el largo abrigo negro—. ¿O no que soy el Demonio Revelación del Año?
Cuando Dean no responde, Crowley se gira hacia él y clava sus ojos en los suyos.
—Podría largarte un sermón del siglo sobre lo fallado que tienes el cerebro al ser tan dependiente de este grandulón, pero es igual que hablarle a un muro. Me limitaré a ir directo al grano. ¿Lo quieres de vuelta, verdad?
Puede que esté mofándose de él en su desgracia. Ya lo ha hecho antes. Lo último que quiere creer Dean es que tiene una solución mágica y maravillosa para los harapos que quedan de su vida, pero asiente con los ojos rotos y la desesperanza pesándole en el corazón.
Ni siquiera se resiste cuando el demonio posa la mano en su nuca. Al final es cierto que la fe es el último recurso de un hombre desesperado, pero nunca creyó que esa fe recaería sobre el mandamás de los demonios de las encrucijadas. Dean lo besa sin preámbulos, y cierra los ojos con fuerza, movido por su desesperación.
Cuando se separan (cuando Crowley lo empuja con una mano sobre el pecho, mirándolo de manera extraña) Dean tiene las mejillas húmedas.
—¿Cuánto me queda? —murmura el cazador, sintiéndose patético y vacío.
—Lo que seas capaz de sobrevivir, idiota —responde, poniéndose de pie—. Solo intenta no volver a desatar el Apocalipsis, ¿de acuerdo?
Dean va a acotar algo cuando el demonio lo interrumpe.
—¿Qué? —Exclama, frunciendo el entrecejo—. ¿Te parece poco por devolverte a tu media naranja? Por ahora con ese beso estoy hecho, cariño. Después vendré a cobrarme el resto.
Crowley desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Dean prefiere no entender lo que quiso decir con eso último pero lo aparta de su mente de inmediato cuando siente un suave apretón en su mano.
*** fin ***
