Capítulo 9. Planes malévolos.

Genzo regresó muy de noche a su departamento, sabiendo de antemano que Elieth estaría muy enojada. La culpa no era totalmente de él, ya que se había quedado castigado más tiempo del previsto, y si bien no fue del todo malo ya que Kaltz se quedó con él y aprovechó la tarde, Genzo sabía que Eli no sería tan condescendiente con él...

Y sin embargo, Elieth no se sentía enojada... O por lo menos, no tanto... Ella se había gastado todo el dinero de su celular en enviarle mensajes a Karl toda la tarde, ya que aparentemente él también estaba solo. Aun así, ellos no tuvieron la idea de verse para ir a comer ni nada similar, los dos sabían que ya estaban llegando demasiado lejos con algunos de los comentarios que se hacían y no querían llegar más lejos viéndose dos veces en un mismo día. Lo que sí, Schneider tuvo la osadía de llamar al celular de Elieth para hablar con ella de una forma más "personal".

Creo que Lily me dejó plantado.- comentó Karl.- Me ha dicho que pasará todo el día en la pista y que incluso comerá allá.

Pues a mí Genzo me hizo más o menos lo mismo.- suspiró Elieth.- No me ha vuelto a llamar y pues yo tampoco lo he hecho, para qué miento.

¿Estás molesta con él?.- quiso saber Karl.

Quizás un poco.- reconoció Eli.- En la mañana quedé en verme con él y me dejó plantada.

Su razón debió tener.- comentó Schneider.- Wakabayashi no es de los que olvidan un compromiso a menos que hayan tenido una buena razón.

Lo sé, por eso no debería estar molesta, pero... No sé, es un presentimiento.- replicó ella.

¿Presentimiento de qué?.- se sorprendió Schneider.

No me hagas caso.- Elieth se echó a reír.- Es algo sin importancia.

Ella y Karl se quedaron hablando por largo rato, hasta que a él se le hizo tarde para ir por Lily a la pista y tuvo que despedirse, con cirto pesar en el corazón. Así pues, cuando Wakabayashi abrió la puerta, encontró a Elieth en camiseta y shorts, mirando la televisión de la sala al tiempo que miraba perezosamente una revista.

Llegas tarde.- comentó ella, tranquilamente.

Me castigaron en la mañana por haber llegado tarde al entrenamiento.- explicó Genzo, dejándose caer en el sillón junto a ella.- Por eso me retrasé.

Ya veo.- fue todo cuanto ella dijo.- Supongo que fue por la misma razón por la cual me dejaste plantada en la mañana.

Lo lamento, de verdad.- se disculpó él, acercándose a ella para besarla.- Fue algo imprevisto.

Eli se dijo que era una tontería estar molesta de por vida, de manera que simplemente aceptó las disculpas y dejó que su novio la abrazara, recargándose contra su pecho mientras ambos veían las noticias. En la sección de deportes pasaron los avances de las competencias de ese día, en donde fue el turno de los hombres en el hockey, carreras y patinaje sobre hielo. Al día siguiente sería otra vez turno de las chicas y Elieth competiría por su pase a las rondas finales.

Ese patinador, Ivan Smolinsky, es uno de los mejores.- comentó Elieth, al ver que ese muchacho estaba en el número uno del ranking.- Es ruso, lo curioso es que lo entrena un francés, Jean Lacoste, antiguo campeón mundial. ¿Sabías que él fue entrenador de Lily hace años?

No, no lo sabía.- se sorprendió Genzo.

Pues sí, Lily era discípula de Jean, creo que hacían muy buena dupla.- asintió Elieth.- De hecho, fue gracias a él por quien ella ganó el campeonato mundial.

¿Y por qué cambió ella de entrenador, si le fue tan bien?.- se sorprendió Wakabayashi.

Creo que ese tarado de Ian Rosso hizo algo para que Lily abandonara a Jean y se fuese con él.- explicó Elieth.- Lo curioso del caso es que Rosso llamó a Lily hasta que ella se convirtió en campeona mundial.

O sea que no tiene mucho de haberse ido con él.- comentó Genzo.

No.- dijo Eli.- No sé que habrá hecho Rosso para convencerla de irse con él, pero hay algo en él que no me da buena espina.

"Si supieras", pensó Genzo, quien estuvo tentado en decirle la verdad a Elieth, pero entonces recordó el rostro de súplica de Lily y guardó silencio. Ella debía delatar a su abusador, y Genzo se encargaría de convencerla de hacerlo o mínimo estaría ahí para protegerla.

¿Te pasa algo?.- preguntó Eli, trayendo de regreso a la realidad.- Te noto algo distraído.

No es nada.- negó Genzo, con una sonrisa, besándola.- Yo te noto algo tensa.

Es que mi padre intentó ponerse en contacto conmigo hoy.- suspiró Eli.- No le contesté, sigo enojada con él.

Ya pasó algo de tiempo, quizás deberías responderle para ver qué quiere.- sugirió Genzo, com quien no quiere la cosa.

Claro, eso es porque tú estás de acuerdo con Rémy Shanks.- gruñó Eli.- Por ti, mucho mejor si él quiere que deje el hockey sobre hielo, ¿cierto?

No vamos a empezar otra vez.- gruñó Genzo, soltando a Elieth.- Mira, lo siento en verdad, yo pienso igual que tu padre y eso muy bien lo sabes, así como yo sé que tú nunca vas a ceder. Sin embargo, él sigue siendo tu padre.

Mira quién me viene a decir que hable con mi padre, el que nunca se pone en contacto con Akira Wakabayashi.- replicó Eli.- Pero bueno, supongo que debes tener algo de razón. A la próxima vez que me llame, le responderé.

Podrías llamarle tu también.- rió Genzo.

Como sea.- ella sacó la lengua.- ¿Tienes hambre?

¿Tienes algo de comer?.- se burló Genzo.- ¡Milagro!

Qué simpático.- gruñó Elieth.- Bueno, compré algo de comer, lasaña, no sabe tan mal.

Bueno, la verdad es que tengo tanta hambre que me comería cualquier cosa.- rió Genzo.

¿Qué quisiste decir con eso?.- gruñó Eli, aunque con una sonrisa.

Así pues, Eli se dispuso a calentar la lasaña en el horno mientras Genzo se cambiaba de ropa. Ella pensó en si debía preguntarle el por qué él la dejó plantada, qué fue eso tan importante que incluso lo hizo llegar tarde al entrenamiento... De momento, Eli pensó dejarlo así pero cuando Genzo salió, sumido en sus pensamientos, se aventuró a preguntar.

¿Y por qué te retrasaste en la mañana?.- preguntó Elieth, cuando Genzo se sentó a cenar.

Hubo un pequeño accidente.- dijo Genzo, simplemente.

¿En serio? ¿Te pasó algo grave?.- se preocupó Eli.

No, en realidad, le pasó a Lily.- respondió Wakabayashi.- Me la encontré en la mañana y pues estuve presente cuando ella tuvo su accidente y la ayudé. No me di cuenta de la hora, la verdad.

Elieth se quedó callada. ¿Por Lily? ¿Fue su amiga el motivo por el cual a Genzo se le olvidó todo? Bueno, Eli no sabía el motivo o la causa del accidente, pero aun así, a ella no le hizo gracia el asunto...

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Lily suspiró; el día había resultado fatal para ella, dado que Rosso encontró la manera de desquitarse con ella en el entrenamiento. Le gritaba, la insultaba, la humillaba de las peores maneras posibles y la obligó a quedarse horas extras en la pista, como pago por haberse ido con Genzo. Sin embargo, Lily se dijo que eso era soportable ya que le serviría para ganarse el primer lugar en esa competencia. Así pues, Lily no chistó ni se quejó ni protestó cuando Rosso la puso a trabajar al extremo, cosa que puso más fúrico al hombre pero que no lo llevó a querer golpear a Lily otra vez, al menos no de momento... Y hablando de golpes, Leonardo quiso saber qué le había pasado a su hermana en el rostro y por qué ella se había ido a una clínica privada con un médico que ella no conocía.

Es algo difícil de explicar.- comentó Lily.- Es solo que pensamos que pudo haber sido algo de consideración que necesitara un tratamiento más especializado.

Ése es un rollo muy lindo, pero no me lo trago.- replicó Leonardo.- ¿Qué te pasó en serio?

Nada, ya te dije que me caí, no metí las manos y mi nariz no dejaba de sangrar.- mintió Lily.- Por eso Genzo me llevó con su amigo, que es experto en esto...

¿Genzo?.- se sorprendió él.- ¿Te refieres a Genzo Wakabayashi?

El mismo.- asintió Lily.- Tu ídolo.

¿Y qué hace él llevándote con otro médico en vez de traerte conmigo?.- insistió Leonardo.

Ya te dije, necesitaba otro tratamiento diferente al que me puedes dar aquí.- suspiró Lily.- Tú no tienes nada para controlar el sangrado, ¿o sí?

Bueno, eso es cierto.- gruñó Leo.- Pero aun así, pudiste haberme avisado...

Lo sé, pero Genzo no me dio ni tiempo de avisar, de hecho, ni siquiera pude llevarme dinero, él lo pagó todo.- explicó Lily.- Lo que me recuerda que le debo dinero.

¿Él pagó todo?.- Leonardo enarcó las cejas.- ¿Y eso?

Es buena persona, supongo.- Lily se encogió de hombros.- Ya, no te sientas mal, sigues siendo mi médico de cabecera, hermanito, solo que esta vez necesitaba un otorrinolaringólogo.

Está bien.- suspiró Leonardo.- Mejor será que nos vayamos ya al hotel, es tarde.

Iré por mis cosas.- dijo Lily.

Ella fue a los vestidores mientras Leonardo recogía la chamarra de ella; al hacerlo, una tarjeta cayó del bolsillo y él se apresuró a recogerla. Sorprendido, Leonardo se dio cuenta de que su hermana le había mentido... La tarjeta tenía impresa el número de teléfono y la dirección de la clínica del doctor Johan Stein. Lily regresó y él se apresuró a guardar la tarjeta en el bolsillo de la chamarra. De momento, Leo Del Valle estuvo tentado a reclamarle su hermana por no haberle dicho la verdad, aunque al final decidió no hacerlo. Lo que sí, Leonardo estaba seguro de que Lily no había ido con ningún otorrinolaringólogo, ya que él sabía muy bien que Johan Stein era un reconocido médico especialista en medicina del deporte.

Cuando Lily salió de la pista, encontró a Karl esperándola. El joven se veía algo molesto y ella supo que era porque ella se había negado a verlo tanto en el desayuno como en la comida. Al menos Karl estaba ahí, enojad y todo, pero estaba ahí. Leonardo decidió entonces dejar a su hermana y a su cuñado solos y se despidió, pretextando que tenía un asunto por arreglar (cosa que de hecho era cierta, Leonardo tenía su secreto pero se cuidaba de que nadie lo supiera de momento).

Pensé que ya te habían secuestrado.- comentó Schneider, muy serio, en cuanto Leo los dejó solos.

Lo siento, el entrenamiento fue mucho peor.- suspiró Lily.- Tuve un pequeño accidente y eso me retrasó...

Sí, me imagino.- replicó Karl, muy frío.- Al menos me hubieras podido avisar para no pedir permiso y venir a verte.

Oye, lo siento, yo no sabía que me iba a accidentar.- protestó Lily.- Y yo no te pedí que vinieras a verme.

Lo sé.- suspiró Karl.- Lo hice por mi gusto. Lo siento, es solo que esperaba verte, estar contigo, hacerte feliz, pero creo que a veces guardas más secretos de los que me gustaría.

No guardo ningún secreto, Karl.- dijo Lily, mirándolo a los ojos.- Es solo que he estado ocupada en verdad, pero te lo recompensaré.

Eso espero.- gruñó Schneider, aunque abrazó a su novia.- ¿Qué te pasó en la cara?

Ya te dije, me caí y olvidé meter las manos.- respondió ella.- Fui un poco torpe.

Una alarma se encendió en la mente de Schneider. A últimas fechas, su novia se caía muy seguido o se golpeaba constantemente contra algo. Eso no era nada raro en alguien que practicaba el patinaje sobre hielo, pero Lily no era así cuando practicaba con Jean Lacoste, todo eso de la "torpeza" se había iniciado desde que Lily empezó a ser la protegida de Ian Rosso... Karl sabía que andaba algo mal ahí.

Como que a últimas fechas te caes muy seguido.- comentó Karl, como quien no quiere la cosa.- ¿Qué te pasa?

Nada, son los nervios por competir.- mintió Lily.- Y aparte de eso, las rutinas de Ian son muy difíciles, aunque las mejores.

Tú nunca te haces torpe por culpa de los nervios.- insistió Karl.- Si eso fuera cierto, no hubieses sido nunca la campeona mundial.

La gente cambia.- Lily sonrió.- ¿Podemos cambiar el tema?

Como quieras.- suspiró Karl.- Mi hermana llega mañana.

¿Marie vendrá?.- cuestionó Lily, emocionada.- ¡Vaya, qué alegría!

Sí, al fin terminó su curso en la universidad y estará de vacaciones.- asintió Schneider.- Y creo que lo hará viniendo a apoyar a su cuñada.

Qué gusto me dará el volver a ver a Marie.- sonrió Lily, feliz.

Schneider sabía que tenía que seguir insistiendo, pero no lo hizo. Así pues, simplemente besó a su novia largamente y la estrechó con más fuerza, sin notar que desde la entrada de la pista Ian Rosso los observaba con rabia.

La primera que se te escapa, Ian.- comentó una de sus asistentes, una voluptuosa pelirroja llamada Simone Delacroix.

Nadie se me escapa.- replicó Ian, molesto.- Cuando quiero algo, lo consigo, aun así sea a la fuerza.

Pues si quieres, yo me encargo del alemancito.- comentó Simone, mirando a Karl desde lejos.- No está nada mal el Káiser.

No sería mala idea.- comentó Rosso.- Quítalo del camino, deshazte de él o haz lo que quieras con él, pero quítalo del camino.

Como quieras, Ian.- rió Simone.- Solo espero que Lily Del Valle no resulte estar demasiado tierna para ti.

Eso es precisamente lo que me gusta.- replicó Ian.- Me gustan así de inocentes, yo mismo me encargaré de terminar de enseñarle todo lo que sé.

No estás hablando de patinaje, ¿cierto?.- rió Simone.- Nunca se te quitará ese complejo de fijarte en chicas menores que tú, debería darte vergüenza.

Pues tú tampoco eres precisamente una adolescente, Simone.- replicó Ian.- Y aun así quieres andar tras ese alemancito.

Oye, nadie le dice que no al gran Karl Heinz Schneider.- replicó Simone.- Es más, se me ocurre algo, algo que podría servirnos a los dos.

Te escucho.- dijo Ian, sabiendo que su asistente solía tener ideas muy buenas.

Mira, podríamos hacer que tu querida Lily tenga una pelea con su muy apetecible novio.- comentó Delacroix.- Yo podría encargarme de eso, que ella nos vea juntos y pues triste y desolada como estaría, podrías ir tú a querer ayudarla a olvidar a su novio... Ya sabes, darle algo de consuelo.

No es mala idea.- comentó Ian.- Delacroix, si no supiera que eso es imposible, diría que eres mejor que yo.

Simone no respondió, más que nada, porque el plan que se le había ocurrido para separar a Lily y a Karl iba a resultarle muy satisfactorio...