Rodeada por la luz azul zafiro que nacía de su cuerno, Dawn Star bajaba las escaleras del Ministerio. A unos cinco pasos por delante de ella, para que no le molestara la luz, iba Nąȋenähz. Su rostro estaba contraído en una mueca de repugnancia, y de vez en cuando se frotaba la nariz con un casco para tratar de librarse del nauseabundo hedor del callejón, sin éxito. Olía incluso peor que los agujeros en el suelo de la cueva que usaban en su colonia para aliviarse, y eso que nunca había creído que pudiera existir un hedor más asqueroso que aquel.

— ¿Swébende Gagel? —preguntó de repente.

En efecto, el guerrero pegaso, protegido por su casco y armadura y armado con su espada y su daga, estaba de pie al final de la escalera, y opservandop con desconfianza la puerta delante de él. Al oír su nombre, se dio la vuelta, preparado para luchar, pero sus facciones se relajaron al reconocer a sus compañeros.

— Sois vos, mi superiora —se forzó a decir tras cuadrarse. Su tono de voz trataba de ser neutro, pero en él todavía podían percibirse la repulsión y la resistencia—. A las vuestras órdenes, mi superiora. —Giró la mirada hacia la thestral, y añadió—: Y tú…

— Nayenaets —dijo ella, pronunciando su nombre de un modo que el pegaso pudiera oírlo bien.

Sin pronunciar palabra, el pegaso devolvió la vista a la unicornio, esperando órdenes. Ella suspiró. Todavía tenían pendiente una conversación desde su última misión.

— Swébende, tú… ¿Por qué me tratas como si fuera tu superiora?

— Porque lo sois —respondió él con firmeza y el casco derecho apoyado en su sien—. Time Keeper designoos líder del nuestro grupo. E un buen soldado ha de obedecer e tratar con respeto a sus superiores.

— Pero no tienes por qué llamarme así. A mí me incomoda, y a ti no te gusta.

— ¿Non me gusta? —la cortó el pegaso. Sus patas casi temblaban del enfado que sentía, pero se contenía para no gritarle a su superiora—. Es más que aqueso. Comándame una yegua, e más que eso una unicornio. Es lo primero aberración contraria a natura, e lo segundo una humillante afrenta a mí e al mi honor militar, mi superiora.

Dawn Star apartó la mirada y agachó las orejas, apenada.

— Lo siento. Lo siento, Swébende, de verdad. No pretendía humillarte. Yo ni siquiera sabía…

— No me humilláis vos, mi superiora. Fízolo el unicornio negro al colocarvos en posición de mando.

La unicornio parpadeó, aliviada por no despertar las iras de su compañero.

— Podemos hablar con él para solucionarlo. —Alargó un casco hacia el picaporte, pero de repente lo retrajo—: Y por favor, no me llames superiora.

— Laméntolo en el mi corazón, más non es posible, mi superiora. —Las cejas de Dawn Star se elevaron visiblemente. El pegaso fanático desobedecía una orden directa suya. ¿Acaso soñaba?—. Establécenlo con meridiana claridad las ordenanzas del glorioso e grandioso ejército de Cloudsdale, orgullo de la nuestra urbe de nubes e implacable azote de los grifos.

Ah, ya, claro. Eso lo explicaba todo.

— Cierto, Swébende, pero este… Este no es el ejército de Cloudsdale. Y creo que no tenemos ninguna ordenanza sobre…

El rostro del pegaso se iluminó de golpe, aunque la sombra de una duda aún planeaba en su cerebro. Si era cierto, ¿por qué no se lo habían dicho nunca? ¿Por qué habían dejado que siguiera humillándose ante una unicornio?

— Es una orden, Swébende —dijo la unicornio, sonriendo de oreja a oreja—. No me llames superiora.

Sonriendo a su vez, el guerrero pegaso se llevó un casco a su sien derecha y declaró con alegría:

— Es aquesa una orden que con mucho gusto he de cumplir.

Dawn Star asintió, satisfecha, y volvió a colocar su casco sobre el picaporte.

— ¿Todo es bien? —preguntó Nąȋenähz de repente, y la unicornio devolvió su pezuña al suelo.

— Sí, todo es bien. Nosotros hablamos, él ya no dice mí superiora.

Nąȋenähz asintió, satisfecha. No le hacía falta saber equestriano para captar lo mucho que al pegaso le repugnaba la forma de tratar a la unicornio.

— Entramos ya, ¿no?

Nąȋenähz asintió, mientras que Swébende Gagel vocalizó su respuesta. Con decisión, Dawn Star alargó el casco por tercera vez en tres minutos —esta vez sí, pensó—, lo giró y empujó la puerta.

— No puede ser.

Dawn Star parpadeó varias veces, incapaz de creerse lo que veían sus ojos, y se estiró de la mejilla con magia.

No cabía duda. Era real. En el centro de la sala estaban las dos princesas, acompañadas de un guardia lunar y rodeadas por los ponis del Ministerio.

— ¡Alteza! —exclamó, y se precipitó en la sala a toda velocidad ante las miradas sorprendidas de todos los presentes. Cuando llegó frente a la princesa Celestia, se postró ante ella e inclinó su cabeza hasta que su frente hasta que tocó sus cascos—. ¡Princesa! ¡Muchísimas gracias por darme esta oportunidad y permitirme trabajar para vos! ¡Muchísimas gracias por…!

Un fuerte sollozo cortó de raíz su discurso. Luna interrogó a su hermana con la mirada, preguntándole si le pasaba algo a esa unicornio, y ella formó con los labios la frase "luego te lo explico todo".

— Levántate, mi pequeña poni —proclamó ella en tono comprensivo. Dawn Star obedeció al instante—. Te la mereces, has demostrado tu valía. Vuelve junto a tus compañeros.

Sin perder un segundo, Dawn Star hizo exactamente lo que le indicaba la princesa, y se colocó entre Swébende Gagel y Nąȋenähz. Sin dejar de prestar atención a las princesas, pasó la mirada por sus nuevos compañeros. A la derecha del ministro estaba Minuette, con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro, y flanqueada por un caballo a su derecha y una yegua a su izquierda. Sus compañeros, dedujo la unicornio.

Los dos eran ponis de tierra. El caballo era más alto que Minuette, y en su rostro anidaba una expresión de constante curiosidad y sed de conocimiento. Su pelaje era marón claro, y su crin marrón chocolate. Por el contrario, la yegua, dorada y de crin naranja zanahoria, era más baja que Minuette, aunque apenas por un centímetro, y sus ojos verde oliva la miraban inquisitivamente, a ella y a sus dos compañeros. Dawn Star no pudo evitar pensar que daba mala espina.

Y a la izquierda del caballo marrón…

— ¡Changeling!

El cuerno de Dawn Star se iluminó al instante, pero tardó al menos dos segundos en concentrarse lo suficiente como para lanzar su ataque. Tiempo más que suficiente para que Comet Nova cubriera al changeling en una barrera protectora y Time Keeper le lanzara un hechizo disruptor de magia a la uncirnio.

— ¿Pero qué hacéis? ¡Es un changeling! ¡Es…!

— ¡Es compañera! —la interrumpió Comet Nova. Hizo desaparecer la protección mágica del changeling, que miraba a Dawn Star con miedo—. Verw'dlúng es de los nuestros, Dawn. No es peligrosa en absoluto.

¿Qué? ¿Un changeling, trabajando codo con codo con ponis? ¿Y en aquel ministerio secreto? ¿Cómo era posible? ¿Y por qué la miraban con decepción el resto?

—Pero… Pero ¿en este…? ¿Y si…? ¿Y si nos vende a…?

Kr'salís k'nínim? —exclamó la changeling, y soltó una aguda carcajada—. Kr'salís k'nin ws…

— Tranquila, mi pequeña poni —le cortó Celestia, que aprovechó para dirigirle una mirada reprobatoaia a Verw'dlúng, quien se encogió sobre sí mismo—. Antes de permitirle servirnos, le aplicamos un hechizo de fidelidad. Si tan solo piensa en traicionar al Ministerio o a Equestria, morirá al instante.

Un sudor gélido bajó por la frente de la unicornio, que tragó saliva. Estaba claro que la princesa no se andaba con chiquitas con los enemigos del país.

— Aguardad —pidió de repente Swébende Gagel. Todos a su alrededor lo miraban con sorpresa, pero él los ignoró y se acercó al changeling—. ¿He de entender que antes servíais a otra reina?

— Sí —respondió ella, desafiante. Su voz aguda hizo pensar al pegaso que se trataba de una hembra—. Kr'salís k'nínim. Yo era súbdita de reina Kr'salís de ś'ngälings.

— ¿E murió? —Minuette y la poni dorada miraron al pegaso intrigadas, y Time Keeper y Comet Nova intercambiaron una mirada preocupada—. ¿Liberoos de servirla? ¿O cómo fue que acabasteis al servicio de Equestria?

— No sé —replicó ella, apartando la mirada del guerrero pegaso—. No sé dónde está Kr'salís k'nin. No sé si está viva o muerta. —El pegaso alzó las cejas, sorprendido, y su casco derecho comenzó a buscar la empuñadura de su espada—. Cuando falló invasión de Canterlot, guardia real me encontró. A diferencia de mis compañeros, elegí vivir.

Rápido como un relámpago, el pegaso desenfundó su espada y apuntó con ella a la garganta de la changeling.

— ¡Eres una sucia traidora! —exclamó, y echó el casco hacia atrás para atravesarle el cuello a Verw'dlúng, pero la magia de al menos cuatro ponis distintos se lo impidió.

La changeling le lanzó una mirada desafiante mientras se lo llevaban. ¿Qué sabía aquel maldito pegaso fanático de su vida? Después de obligarla a participar en una invasión fallida apenas dos días después de completar su última muda, Chrysalis podía morirse.

Cuando al fin Swébende Gagel, aún sujeto por hechizos y todavía con intenciones asesinas, fue devuelto al lado de Dawn Star, fue Nąȋenähz la que se acercó a Verw'dlúng. Ella recibió el acercamiento ladeando la cabeza y alzando la ceja izquierda, a la espera de qué se le ocurría a la thestral hacerle.

Śąngäling —dijo ella, señalándola con el casco.

Thsstral —respondió ella, con un atisbo de sonrisa en su rostro.

Drŭȋen? —preguntó Nąȋenähz, sonriente.

Drȋén.

Y ante la sorpresa de todos y el horror de Swébende Gagel, thestral y changeling se fundieron en un abrazo.

— No me va a decir que se conocían de antes —dijo Time Keeper después de que las dos se separaran.

Thsstrálen y ś'ngälings tienen relación muy estrecha —explicó la changeling—. Muchas kölonȋas están en büleȋen ś'ngälingsï. Ś'ngälings permiten thsstralénin vivir en parte superior, y thsstralen dan amor. Ambos ayudan proteger colmenas. —Sonrió, miró a Nąȋenähz y añadió—: De hecho, ś'ngälings tomamos idioma de thsstrálen, menos ultrasonidos.

— ¿Es cierto? ¿Idioma thestral y changeling son iguales? —le preguntó Dawn Star a Nąȋenähz, y ella asintió.

El Ministro del Tiempo aprovechó el instante de silencio para dar un paso al frente. Golpeó un casco en el suelo para llamar la atención del resto, y carraspeó un par de veces.

— Veo que ya conocen bien a Verw'dlúng, nuestra experta en misiones de infiltración. Les presentaré al resto: estos son Minuette, Carrot Top y Time Turner, una de nuestras patrullas más veteranas —dijo, señalando en primer lugar a la yegua y después al caballo—. Y esta es nuestra mensajera, Derpy Hooves.

La yegua a la que se refería Time Keeper era una pegaso menuda y más bien delgada, situada al final de la fila de sus compañeros, con rostro más bien avergonzado. Su pelaje era gris, su melena rubia, y su marca de belleza siete burbujas. Pero no era ninguna de estas características la que más llamaba la atención a Dawn Star y los suyos, sino sus ojos, grandes, amarillos y bizcos.

Los tres ponis intercambiaron una mirada preocupada. ¿Esa era la mensajera del Ministerio? Si apenas daba la impresión de que pudiera volar.

— ¿Tan bajo han caído la nuestra orgullosa raza? —dijo Swébende Gagel, mirando con desprecio y asco a Derpy—. Semejante error de natura hubiera sido corregido en los mis tiempos. ¿Tan descuidados hemos sido en el cumplimiento del nuestro deber como raza que es a los nuestros ojos oportuno e clemente haber piedad de aquesta patética pegaso e concederle la vida?

Por un momento pareció que Derpy iba a echarse a llorar, pero logró contenerse. Por su parte, Carrot Top avanzó hacia Swébende Gagel con intención de abofetearlo, pero Swébende le cogió la pata tan pronto como la levantó.

Durante un tensísimo segundo, los ojos de los dos ponis permanecieron clavados en los del otro, llenos de ira y fuego los de ella y cargados de desafío y serenidad los de él. Finalmente, Carrot Top se soltó del casco del pegaso y se dio la vuelta mientras Swébende Gagel la miraba victorioso.

— Señor Gagel, es la última vez que se lo digo. Por mucho que en su época fuera normal cortar las alas y arrojar desde los cúmulos de Cloudsdale a los potros minusválidos, ese tipo de comentarios están terminantemente prohibidos en este Ministerio. La próxima vez que le oiga uno, no dudaré en abrirle un expediente disciplinario. ¿Le ha quedado claro?

El pegaso sacudió la cabeza y bufó con fuerza antes de vocalizar una confirmación. Qué porvenir tan negro le esperaba a la raza de los pegasos.

— Prosigo entonces. —Time Keeper se giró a su derecha y extendió su casco en dirección a las princesas—. Nayenaets, Swébende Gagel, se encuentran ustedes ante Sus Altezas Reales Celestia I, princesa de Equestria y del Día, Sol Radiante de Equestria, Duquesa Imperial y Protectora de la Armonía y Luna V, princesa de Equestria y de la Noche, Guardiana de la Noche y de los Sueños, defensa contra las pesadillas y terrores nocturnos, Duquesa Imperial y Protectora de la Armonía; diarcas de Equestria y máximas autoridades del país.

Casi al instante, Nąȋenähz se postró ante la princesa de la noche, en cuyo rostro apareció una sonrisa maternal.

Haŭ, šaläinïa thȅstotralna —dijo.

Como si tuviera un muelle bajo el pecho, la thestral se incorporó en menos de un segundo, y miró a la reina con una mezcla de admiración y estupefacción.

Vösië… Vösië hȍbaĭ thȅstotralësï ȋasȅ —apenas acertó a susurrar.

— Dȋȁ—se limitó a responder la princesa, que aún sonreía.

Mö… mö hȍ…?

Luna iluminó su cuerno, y se tocó un oído y la garganta con su casco izquierdo.

Maxïa.

Con una sonrisa encantada en su rostro, Nąȋenähz volvió a postrarse ante la princesa de la Noche. Una reina de los thestrales que, a pesar de no ser una de los suyos, se había dedicado a ellos hasta el punto de modificar su cuerpo con magia para poder aprender su lengua. Aparte de de Luna I, ¿había rey o reina de Equestria más dignos de ser servidos?

Kȍnȅgina mĭa, vösięm śaįren wëšȋa mïre bilëa hȅre.

La princesa sonrió.

Ȋëkarȋȅ vösięm špaśïm, ȋëkarȋïa fąëlï thȅstotralna.

La thestral le dirigió una amplísima sonrisa a su princesa, y tras obtener su permiso, volvió a situarse junto a sus compañeros. Mientras la veía marcharse, Luna inclinó la cabeza y susuró unas palabras al oído de su guardia, que se llevó el casco derecho al pecho y asintió con fuerza.

— Muy bien —dijo el Ministro, retomando su labor de presentador—. Verw'dlúng no es la única agente especializada de este Ministerio. También contamos con…

Time Keeper nunca llegó a completar aquella frase. Una repentina nube de humo rosa, de la que salían serpentinas y confetis de todos los colores, apareció en el centro de la sala entre sonidos de matasuegras. Cuando al fin se disipó, una extraña criatura, que más bien daba la impresión de haber sido creada por un taxidermista borracho a base de unir pedazos de distintos animales sin orden ni concierto, flotaba en el centro de la sala.

— Hola, queridos. ¿Me habéis echado de menos?

Obedeciendo a sus instintos, Swébende Gagel desenvainó su espada, y Nąȋenähz mostró sus colmillos en una expresión agresiva.

— Tranquilos, mis pequeños ponies, no pretendo haceros daño. —Un halo de ángel apaeció sobre su cabeza—. Soy un draconeqqus reformado.

Discord chascó sus garras de águila, y, tras una humareda rosa, apareció sentado sobre un sillón de nubes del mismo color. Chascó sus garras por segunda vez, y un vaso de batido de chocolate con una pajita larga y retorcida se materializó sobre el brazo derecho del sillón. Volvió a chascarlos, y todos los presentes se encontraron sujetando un algodón de azúcar en sus cascos repentinamente levantados.

Sin saber muy bien qué hacer, y para no disgustar al rey del caos, Dawn Star le dio un pequeño mordisco a la chuchería. Por un momento esperó que estuviera hacho con sal y no con azúcar, pero enseguida comprendió que se equivocaba. Encantada, tomó otro bocado. Era más dulce que ningún algodón de azúcar que hubiera probado nunca.

Tal vez un Discord reformado no estuviera tan mal después de todo.

— ¡Métete tu algodón de azúcar por donde te quepa, Discord! —gritó Comet Nova.

Menos de un segundo después, su algodón de azúcar surcó el aire hasta impactar en el cuello de Discord, donde se quedó pegado. Con todas las miradas fijas en él, el draconeqqus se limitó a despegárselo del pelaje y a comérselo él.

— Qué desagradecida —comentó Discord, recostándose en su sillón de nubes—. Le doy un algodón de azúcar con mi mejor intención y me lo tira a la cara.

Completamente fuera de sí, Comet Nova fue a decirle cuatro palabras al maestro del caos, pero Time Keeper se interpuso en su camino. Puso sus cascos delanteros en sus hombros, apretó con fuerza los de su segunda, y sacudió negativamente la cabeza un par de veces con el ceño fruncido. La cabeza de Celestia se volvió hacia Discord, y sus labios enfadados formaron la frase "Ya hablaremos después de esto".

— Bueno, ya veo que no soy bien recibido en mi Ministerio —dijo el draconeqqus. Se levantó de su poltrona y la hizo desaparecer con un chasquido de garras—. ¡Ta ta, mis pequeños ponies!

Una densa nube de humo rosa envolvió su cuerpo, y de ella salieron despedidos una buena cantidad de serpentina y confeti de todos los colores, que cayeron sobre el pelaje de todos los ponis de la sala.

— ¿Quién… quién es aquese? —preguntó tímidamente Nąȋenähz. El algodón de azúcar de Discord seguía en su casco; apenas le había dado un mordisco antes de decidir que no le gustaba en absoluto.

También quería preguntar por qué su presencia enfurecía tanto a Comet Nova, pero decidió no hacerlo.

El Ministro del Tiempo suspiró pesadamente antes de levantar la cabeza, pero la princesa Luna se le adelantó.

Diskord. Diskord drakonekus. Hȅra węsït kaos i desarmonȋa könï.

— El fundador del Ministerio —le susurró Dawn Star a Swébende Gagel. Su algodón de azúcar seguía intacto en su pata, pensativo, le dio un bocado, pero enseguida lo escupió con desagrado. ¿Aquella extraña quimera era el fundador? ¿El jefe supremo del Ministerio?—. Y rey del caos y antiguo rey de Equestria. Reinó cuatro siglos, en los que Equestria estuvo sumida en el caos. Fueron, con mucho, los peores siglos de nuestra historia.

El guerrero pegaso sacudió fuertemente la cabeza. Murciélagos, pegasos con cuernos, quimeras, ponis con alas de mosca… Se lo había preguntado muchas veces, pero lo hizo una más. ¿En qué clase de sitio se había metido?

— Bien, como veo que Discord ya se ha marchado, continúo presentándoles a sus compañeros. —Caminó hacia la pared derecha de la habitación, a la izquierda de las princesas, y se colocó por detrás de dos ponis, un unicornio y una pegaso—. Las misiones que se desarrollan en el reinado de Discord son especialmente duras para aquellos que no lo vivieron, y por ello utilizamos especialistas. En este Ministerio, Shooting Star —señaló a la yegua— y Storm Walker, o los Hermanos Caos, como solemos llamarlos, son nuestros especialistas.

Swébende Gagel ladeó la cabeza mientras los observaba con ojo crítico. ¿Así que agentes especiales? Sí, tenía sentido. Lo veía en sus miradas endurecidas y sus rostros desconfiados. Pero ¿y las cicatrices? ¿Por qué parecía que nunca hubieran estado en una batalla? ¿Se refería a espías cuando decía que eran agentes?

De repente, un destello de luz blanca envolvió a Shooting Star, que cerró los ojos con hastío al notarlo. Cuando la luz se extinguió, dos agudos gritos de sorpresa recorrieron la sala, y el asombro se adueñó del rostro de Swébende Gagel.

Donde antes había una unicornio alta y delgada, de pelaje azul marino, crin blanca, fino hocico y bellos ojos verde esmeralda, ahora había una poni de tierra regordeta y de estatura media, de pelaje y crin marrones como la tierra del campo. Sus ojos eran negros como dos carbones, y su hocico más ancho y aplanado. Lo único que daba fe de que ambas yeguas eran la misma era su marca de belleza, una estrella amarilla de cinco puntas seguida por una estela del mismo color; lo único que no había cambiado en su transformación.

— Esto es lo que somos —dijo con amargura, pero enseguida su voz se tiñó de cólera—. Por culpa de Discord.

— En las mazmorras de su castillo, Discord experimentaba con ponis en un intento por fusionarnos con magia caos —agregó Storm Walker—. Muchos murieron al rechazarla sus cuerpos, pero algunos sobrevivimos.

— De los supervivientes, casi todos se transformaron en quimeras, semejantes a Discord. Nosotros dos fuimos los únicos que mantuvieron su forma equina. Pero transformados en esto.

— Al ver los resultados, Discord decidió acabar con la experimentación —la voz del pegaso amarillo temblaba, llena de emoción y recuerdos—, sacrificando a los pocos que quedábamos con vida. El Ministerio nos salvó antes de que nos mataran, pero no pudieron deshacer los efectos de los experimentos de Discord.

— Y así nos quedamos —completó la unicornio, ahora poni normal, abatida—. Condenados a cambiar eternamente de razas, de sexo, al azar, sin poder quedarnos nunca en una concreta, hasta el día que muramos.

Dawn Star tuvo que limpiarse una lágrima de la mejilla cuando los ponis hubieron terminado su historia. Incluso Swébende Gagel, quien creía que ya nada le afectaba tras sus muchos años en el campo de batalla, tenía un incómodo nudo en la garganta. Tragó saliva, pero no consiguió que se aflojara.

— Por eso nos llaman los Hermanos Caos. Aunque en realidad no seamos hermanos. Pero después de sufrir juntos todos aquellos experimentos inequinos es como si lo fuéramos.

— ¿Y… tiene eso algo que ver con que Comet…?

— No —la interrumpió Comet Nova, tan seria que la unicornio parda agachó la cabeza, con las orejas gachas—. No tiene nada que ver. —Se frotó el vientre con su casco derecho, y una expresión de dolor y amargura asomó fugazmente a su rostro—. Es una historia completamente distinta.

Tanto Nąȋenähz como Dawn Star pensaron en preguntarle a la unicornio qué la había llevado a detestar tan profundamente a Discord, pero su semblante las disuadió rápidamente de hacerlo. Aprovechando el instante de silencio, Minuette se acercó al ministro del Tiempo y le dirigió unas palabras. Time Keeper asintió, y la yegua salió trotando y con una amplia sonrisa de las dependencias del Ministerio.

— ¿Cómo fue la cosa, Dawn? —le preguntó Comet Nova a la unicornio parda. Sonreía con calidez y parecía más relajada, pero en su mirada aún se podían ver jirones de dolor de madre—. ¿Conseguiste que la admitiera en casa?

Dawn Star agachó la cabeza y aplastó las orejas contra su pelaje.

— No.

— No —repitió Comet Nova, y emitió un largo suspiro—. No le hace gracia que una thestral viva en su casa, ¿verdad?

Dawn Star asintió con movimientos rápidos y nerviosos. Pequeñas chispas azuladas bailaban en la superficie húmeda de sus ojos.

— Es un idiota —dijo finalmente—. Se cree todas esas mentiras sobre los thestrales. Que beben sangre, que sacrifican a Nightmare Moon, que…

La pata derecha de Nąȋenähz sobre sus hombros cortó de raíz las palabras de la unicornio. Comet Nova cerró los ojos y reflexionó durante unos segundos.

— Sí, es un idiota. No entiendo cómo aún quedan ponis que piensan que los thestrales son malvados después de todas las campañas de normalización que hemos tenido. —Giró la cabeza hacia Nąȋenähz—. No es problema. Ministerio da ti casa. Podemos dar casa en barrio thestral de Canterlot. ¿Te gusta idea?

Nąȋenähz ni respondió afirmativamente ni negativamente.

— ¿Bario? ¿Qué es bario?

— Una parte de ciudad —respondió al instante Comet Nova.

La thestral pareció abatirse durante un segundo, pero enseguida se transformó en enfado.

— ¡Vos decís mí que aqueste tiempo quiere thȅstotralës! ¡Vos decís que en tiempo mío ponis matan mí, y que en aqueste tiempo non matan mí! —Sus labios temblaron, llnos de furia—. ¡Pegaso de Dawn Star odia mí y piensa mentiras! ¡Thȅstotralës viven en parte de tsiudad distinta a tralës! ¿Es aqueso no odiar thȅstotralës? ¡Vos mentís mí!

— Yo no miento ti, Nayenaets. Muchos ponis gustan thestrales, mas en todos tiempos hay idiotas —respondió Comet Nova, sin perder un ápice de serenidad y mirando a los ojos a Nąȋenähz—. Barrio thestral es cueva. Vieja mina de unicornios. Ponis no gustan, solo thestrales. Por eso es barrio de thestrales, aunque algunos ponis viven ahí.

Nąȋenähz siguió mirando a la unicornio durante unos larguísimos segundos, en los que el fuego de sus ojos se fue apagando gfradualmente hasta extinguirse por completo. Retrocedió unos pasos, se llevó un casco al pecho e inclinó la cabeza.

— Yo disculpo. Mas yo non veo aún ponis gustar thȅstotralës.

— ¿No? ¿Y Ministerio? —replicó Comet Nova.

Los ojos de la thestral se abrieron de par en par. Pues claro. Sus compañeros no la odiaban. La habían salvado de una boda forzada. Y Dawn Star le había dejado quedarse en su casa. A diferencia del resto de ponis que había conocido, sus compañeros no la consideraban un peligro ni una abominación.

Bueno, menos Swébende Gagel.

— Yo disculpo —repitió, esta vez con la frente rozando el suelo—. Yo estaba enfadada, y pienso mal de ponis. Habéis ratsón. No todos ponis odian thȅstotralës.

Comet Nova asintió antes de volver a la carga.

— ¿Quieres casa en barrio thestral?

Nąȋenähz vaciló durante unos segundos. Por una parte, la idea de seguir viviendo en una caverna la seducía; pero por otra, le daba miedo vivir sola en una época tan distinta junto a thestrales de colonias rivales.

— Yo… yo no sé. Yo… Yo creo vivir con Dawn Star es mejor. Ella ayuda mí en tiempo nuevo.

Una minúscula sonrisa apareció en el rostro de la unicornio, solo para ser sustituida por una expresión de tristeza un segundo después.

— Yo también quiero, pero mi casero no me lo permite. Me encantaría que siguieras conmigo, pero lo conozco y sé que no puedo convencerlo de lo contrario.

— O tal vez sí.

Estupefacta, Dawn Star se dio la vuelta para encontrarse frente a frente con la sonrisa retorcida de Carrot Top.

— No he podido evitar oír vuestra conversación —mintió antes de que Dawn Star tuviera tiempo de reaccionar—. Sé que hay muchos idiotas racistas en Canterlot, pero ¿el tuyo se llama por casualidad Howling Gale?

El corazón de Dawn Star dio un vuelco en su pecho. ¿Pero cómo…? ¿Cómo lo…?

— Sí, ¿verdad? —Su sonrisa aumentó en tamaño y en malas intenciones—. Porque resulta que me debe un favor desde hace casi cincuenta años.

La unicornio parda tartamudeó incoherentemente, tratando de encajar lo que había sucedido en los últimos segundos. Comet Nova colocó su casco en el hombro de Carrot Top, y la yegua dorada se giró hacia ella.

— Carrot, ¿qué pretendes?

— Darle una lección a un racista, nada más. Y cobrarme un favor por si se muere de repente.

Comet Nova aún no parecía demasiado convencida, pero no dijo nada en contra. Aunque no estuviera de acuerdo con los métodos de Carrot Top, prefería que Nąȋenähz se quedara con Dawn Star.

— Dile a tu casero que le debe un favor a Carrot. Si sigue manteniendo su sentido de la palabra, seguro que la deja pasar.

La unicornio parda miró a la yegua de arriba abajo, y después la abrazó con tanta fuerza que le sacó el aire de los pulmones.

— Gracias. Gracias. Gracias, gracias, gracias…

— Ya vale, Dawn. —Carrot Top se liberó del abrazo de su compañera, y la miró con expresión absolutamente neutral—. Solo quiero fastidiarle y ayudar a tu amiga. No es nada.

Unos pasos más atrás, Comet Nova contemplaba la escena con una sonrisa. Parecía que todo iba a salir bien, después de todo. Pero por si acaso, pensó que debería buscar un piso franco en el barrio thestral, de modo que se dirigió al despacho de Time Keeper.

Dio dos pasos, pero antes de dar el tercero, un destello rojo inundó la estancia. El primer aullido de la alarma la halló detenida sobre sus patas, sorprendida por el repentino aviso; el segundo, al lado de Time Keeper y con la mirada fija en el mapa.

— Dieciocho de mayo del 778. — El ministro dio un fuerte pisotón en el suelo, y Nąȋenähz dio un respingo. Su cuerno se iluminó y la alarma dejó de sonar—. Trottingham, dieciocho de mayo del 778. ¿Qué quiere decir esto?

— Que se van a Saddle Arabia —respondió Comet Nova sin pestañear.


¿Dos capítulos en un mes? ¿Qué clase de brujería es esta?

Probablemente debí hacerlo mucho antes, pero agradecimiento especial a mi hermano por sus ayudas en las revisiones finales de los capítulos.

Si alguno ha mirado el mapa de Equestria, probablemente habrá visto que Trottingham está muy al norte, lo que no cuadra con la idea de que perteneciera a Saddle Arabia. Esta discrepancia se debe a que la misión fue planeada antes de la actualización del mapa, con uno en el que no aparecía Trottingham. Probablemente por paralelismos con la geografía española, decidí que estaba al suroeste, y de ahí lo de Trottingham y Saddle Arabia.