Author's note: hola hola! siento mucho haber tardado tanto en subir un nuevo capítulo. La universidad me está volviendo loca y apenas he encontrado tiempo para escribir e inspirarme. Este capítulo lo considero más bien de transición, y por fin introducimos a la familia de Sano! Espero que lo disfrutéis mucho y no os olvidéis de comentar! Un abrazo y gracias a todos por la espera!
Capítulo 10: Meet the Sagaras
-¿Hola? ¿Alguien en casa? –Sanosuke preguntó a la nada, abriendo con sus llaves la puerta principal de un viejo caserón que por fuera parecía que iba a derrumbarse en cualquier momento.
Aunque por fuera pareciese una casa abandonada, el golpe de calor que vino del interior y la iluminación hacían que por dentro, la casa de los Sagara fuese otro mundo. Su padre siempre mantenía la casa caldeada, ya que el invierno en Nagano era mucho más frío que lo podía ser en lugares como Tokio. Como su pregunta al aire no había tenido respuesta, Sanosuke se encogió de hombros y cerró la puerta, arrastrando consigo la maleta de mano que había llevado en el coche con él. Dejó los zapatos de manera descolocada, como era su costumbre, y se adentró en la casa, dejando la maleta en el recibidor.
-¿Hola? ¿Se puede saber dónde os escondéis todos? –preguntó una vez más, entrando en la sala de estar, donde suponía estaría al menos su hermano Ota. Pero en lugar de encontrarse con su hermanito viendo dibujos animados, se encontró la cara de enfado de su padre, sentado junto a su hermano Uki, que también tenía cara de pocos amigos. –Hola… familia. –dijo Sano, intentando poner su mejor cara.
-¿Hola? ¿HOLA? Te juro que si no me sacases una cabeza ahora mismo te estaría dando de tortas. ¿Cómo te atreves a venir hasta aquí como si no hubiese pasado nada? –la voz del padre de los Sagara tronó, haciendo temblar el vaso de té que había sobre la mesa. –Quiero y demando explicaciones, Sanosuke.
El joven suspiró y se sentó enfrente de su hermana y su padre, cruzando las piernas sujetándoselas con los brazos. Miró a su hermana de reojo, preguntándose por qué una mocosa que apenas era mayor de edad tenía que sentarse allí con su padre a juzgarlo también, como si fuera su madre. Sanosuke volvió a repetir la misma historia que le había contado a su padre por teléfono, intentando no mostrar mucho sus sentimientos sobre Megumi y centrándose en la parte oficial de su historia: había dejado su trabajo y sus amigos en Tokio para no molestarla más. Lo que él sintiese era mejor guardárselo para sí mismo. Pero como era de esperar, su hermanita no estaba para nada de acuerdo.
-Hay algo aquí que no me cuadra… A ti siempre te ha dado igual lo que la gente opine sobre ti, ¿por qué abandonas tu trabajo y tus amigos por una chica a la que…? –preguntó Uki, entrecerrando los ojos para mirar a su hermano con intensidad.
-Uki. –interrumpió su padre, alzando una mano. –Ve a vigilar lo que hace Ota en su habitación. No quiero que vuelva a pintar con rotulador sobre las paredes. –dijo, mirando a su hija.
Uki suspiró resignada y se levantó de la mesa, sabiendo a la perfección que vigilar a Ota era solo una excusa para que su padre y Sanosuke hablasen a solas. Una vez que la joven cerró la puerta, el padre de Sanosuke volvió su cabeza para mirar a su hijo y se levantó de la mesa.
-¿Sabes una cosa, Sano? Estoy furioso contigo, mucho. Has sido tan estúpido como siempre y has dejado un trabajo de oro y unos amigos fantásticos en Tokio. Si no fuera porque hay una mujer entre medias de todo esto, diría que eres un vago de mierda que quiere vivir de su pobre padre hasta que muera. Pero me imagino cómo sería la reacción de tu madre, y sé que ella diría algo como "nuestro pequeño se ha enamorado tanto como para dejar a esa chica ir, qué tierno". Y como me gusta honrar la memoria de mi querida Naname, así que voy a pretender no estar enfadado contigo y pensar que todo esto lo estás haciendo porque has madurado y de verdad quieres a esa chica tanto como para tirar la toalla. –Sanosuke sintió la mano de su padre y evitó que su mirada se cruzase con la de su progenitor.
Era imposible engañar a su padre en algo como el amor. Su madre y él se casaron cuando apenas seguían siendo adolescentes, y su pérdida lo había dejado devastado, pero a pesar de todo había seguido cuidando de sus hijos, que según decía, era el recuerdo más bonito que tenía de Naname. Era imposible engañar a alguien como su padre sobre un tema que tanto había sentido como el amor.
-Prometo que encontraré trabajo pronto, papá. Tokio era demasiado para mí de todas formas, es bueno volver a casa. –respondió Sanosuke a su padre, levantando la mirada con una sonrisa más que fingida. –Si me disculpas, quiero ver qué tal andan los dos pequeñajos. –añadió, saliendo de la sala de estar con rapidez antes de que su padre volviese a descifrar su mirada.
Mientras Sanosuke subía las escaleras hasta la habitación de su hermano Ota, donde probablemente estarían sus dos hermanos, seguramente jugando con los muñecos de peluche de Ota, heredados de sus dos hermanos mayores.
-¡Sano! –el fisio escuchó una voz infantil y aguda llamarlo nada más atravesar la puerta, sintiendo dos segundos más tarde unos bracitos envueltos alrededor de sus piernas. A pesar de que ya tenía casi 9 años, Ota seguía sin pegar el estirón, y aparentaba 6 años. -¡Has vuelto, has vuelto!
-¿Me has echado de menos, pequeñajo? –preguntó Sano, cogiendo a su hermano en brazos sin apenas esfuerzo. –No podía aguantarme las ganas de volver por Navidad y he vuelto antes. –le dijo, dándole un pequeño achuchón antes de volver a dejarlo en el suelo.
Enseguida Ota arrastró a su hermano hasta el cajón de juguetes para enseñarle sus nuevas adquisiciones y la lista que había pedido por Navidad. De reojo pudo ver como Uki se levantaba del suelo y se marchaba, sin tan siquiera decir nada. Se tomaba el papel de madre demasiado en serio, incluso con Sanosuke, que era mayor que ella. Pero el joven decidió dejar de lado la charla inevitable que tendría con su hermana (que a pesar de que se comportase como su madre, siempre había sido su confidente en cierto modo), y pasar un rato con su hermano pequeño. Ota admiraba mucho a Sanosuke, y éste era plenamente consciente de ello. Y sabía que el pequeño se defraudaría cuando supiera que su hermano había dejado Tokio para volver a casa, lo cual era frustrante para Sano. Pero por el momento intentaría mantener la mentira de que sólo había vuelto por Navidad, aunque solo fuera para no decepcionar al único miembro de su familia que no parecía decepcionado al verlo allí.
Mientras, en Tokio, Megumi se preparaba para lo que ella consideraba su prueba de fuego. Chequeó su móvil con nerviosismo mientras esperaba la llegada de Aoshi a su apartamento. Sabía que estaba mal arrastrarlo de esta forma a casa de su familia, cuando ni siquiera habían hablado de sus intereses tras el breve encuentro que tuvieron. En el trabajo Megumi apenas había podido mirarlo a la cara, en parte avergonzada y en parte asustada de la reacción de Aoshi. Tampoco había dicho nada sobre lo que pasó esa noche a Kaoru, la cual estaba bombardeando el móvil de Megumi a mensajes y llamadas desde la mañana. Mensajes y llamadas que no había contestado por miedo a que se hubiese enterado de lo que pasó con Aoshi por otra persona (más bien Misao) y quería explicaciones. Megumi se sentía mal por no decirle nada al respecto a su mejor y básicamente única amiga, pero tenía tanto miedo de la reacción de Kaoru que aún no se sentía preparada. Además, aún no sabía nada sobre qué harían Aoshi y ella. ¿Quedarían como amigos? ¿Intentarían algún tipo de relación juntos? "Pero tú no lo quieres", dijo una vocecita en su cabeza, a la vez que el rostro de Sanosuke aparecía en su mente. Megumi sacudió la cabeza, intentando alejar esos pensamientos de su mente para poder concentrarse en lo que se le venía encima.
Antes de que se quisiera dar cuenta, alguien tocó la puerta principal de su apartamento. La joven doctora estaba tan absorta en sus pensamientos que dio un salto, sorprendida. Tras regañarse a sí misma por haberse sobresaltado de esa manera, abrió la puerta, para encontrar a un muy elegante Aoshi con las manos en los bolsillos.
-Buenos días, Megumi, ¿estás lista? –preguntó con su característica serenidad, sin apenas cambiar su expresión.
Megumi asintió y lo invitó a pasar mientras cogía su abrigo y su bolso. Aoshi iba demasiado elegante para una cena informal con su familia, pero no podía culparlo, una de las cosas que Megumi sabía de Aoshi era que siempre iba así fuera del trabajo. Una vez estuvo lista, ambos salieron y caminaron hasta el coche de Aoshi en completo silencio. Ese silencio estaba matando a Megumi por dentro; se sentía incómoda, y no sabía cómo sacarle el tema de qué significaba todo lo que estaba ocurriendo entre ellos desde aquella noche. "En realidad, sólo pasó una noche, no es que nada haya cambio desde entonces…", pensó la joven, para sí misma.
El viaje en coche fue también en silencio, salvo las indicaciones que la morena daba a Aoshi para llegar hasta la casa familiar. Cuando se encontró en la puerta del que fue su hogar durante tantos años, Megumi tuvo la sensación de que había hecho mal al hablarle a su padre de Aoshi, y peor aun invitándolo a cenar a casa con su abuelo y su hermana. Para su sorpresa, fue su padre el que abrió la puerta.
-Conque este es el famoso Aoshi, ¿eh? He oído hablar mucho de ti estos días, joven. –dijo Seijuro, mirando fijamente a Aoshi a los ojos mientras le estrechaba la mano. –Un gusto conocerte, joven. Megumi, hija mía, ¿cómo estás? –preguntó a la joven, abrazándola brevemente, algo que no hacía desde hacía años.
-Estoy bien, padre. ¿Podemos pasar ya? Hace un frío tremendo esta noche. –contestó Megumi con brevedad, cada vez más convencida de que no tenía que haber llevado a Aoshi ahí.
Una vez dentro, pasaron a la sala de estar, donde Misao se encontraba ultimando los detalles de la mesa y el abuelo de las dos jóvenes dormitaba en un sofá. Megumi despertó a su abuelo con delicadeza para presentarle a Aoshi, y cruzó una breve mirada con su hermana. Por algún motivo que Megumi desconocía, Misao parecía estar enfadada con ella; era algo que podía intuir. Dejó a Aoshi con su padre y su abuelo y se acercó a hablar con su hermana.
-¿Ocurre algo, Misao? –preguntó, algo preocupada.
-Me parece tan mal que traigas a Aoshi aquí después de todo lo que ha pasado, ¿es que no te sientes ni un poco mal al respecto? –preguntó indignada la pequeña de los Hiko, sonrojándose un poco al dirigir su mirada al joven que su hermana había traído consigo.
-¿A qué te refieres? –Megumi estaba confusa, no tenía ni la menor idea de a qué se refería su hermana.
-A Sanosuke, a qué me voy a referir si no. Ha dejado su trabajo para no molestarte más y tú en lugar de disculparte traes a padre un chico a casa. Por muy mal que se haya portado contigo, es amigo de tus amigos, y ha dejado algo muy importante por ti como para que tú ni siquiera te disculpes con él, ¿no crees? –murmuró Misao, con cuidado de que ninguno de los hombres de la sala escuchase sus palabras. –Kaoru me ha contado que ha vuelto a casa, ya no tendré con quien jugar en los recreativos los sábados por la tarde… -se lamentó la adolescente.
Lo que Misao le había contado dejó a Megumi sin palabras. ¿Sanosuke había dejado su trabajo para que ella no tuviera que verlo más? ¿De verdad había hecho eso? El corazón le dio un pequeño vuelco, y un peso muerto se le asentó en la boca del estómago. Todas las noches llamando a su puerta, todos los mensajes que le había mandado, todas las llamadas que Megumi nunca contestó… y ahora esto.
Tenía que llamarlo, localizarlo de alguna manera y pedirle que volviese. No podía dejar que Sanosuke volviese a Nagano y se quedase sin el futuro por el que tanto había trabajado. Claro que le había roto el corazón haciéndole creer que era alguien que en realidad no era, pero después de haber metido la pata nunca dejó de disculparse y ella sólo lo ignoró. No iba a permitir que volviese a casa, tenía que hacer algo al respecto. ¿Cómo podía ayudarlo? De repente, una bombilla se encendió en su cabeza. Si alguien sabía qué hacer al respecto, ese sería Kenshin. Justo cuando iba a coger su teléfono móvil para llamar al pelirrojo y suplicar ayuda, Okina anunció que la cena estaba lista. Aunque en su mente sólo quería correr y pedir ayuda a Kenshin, primero tenía que pasar la prueba de fuego de su padre y disfrutar de la cena con Aoshi. Algo decía a Megumi que iba a ser una velada muy larga.
Author's note: tengo muchas ganas de escribir el próximo capítulo porque planeo hacerlo algo romántico! Aunque también tenía pensado hacer una especie de one shot sobre Kenshin y Kaoru. Si queréis, me podéis comentar qué preferís leer antes, si un nuevo capítulo o un one shot especial sobre la otra parejita! Una vez más, gracias a todos por leer!
lunascorpio: saludos Luna! Como ves, Aoshi sigue en su línea, y la pobre Misao apenas sabe qué hacer! El próximo capítulo será bastante decisivo, así que estate atenta. Muchas gracias por tus comentarios, espero tener uno nuevo tuyo pronto!
Cindy 04: hola! Misao es una de las que peor está pasándolo ahora mismo, pero pronto tendrá algo de diversión, ya verás! En el próximo capítulo tendrás el cara a cara de Aoshi y Hiko. y será bastante cómico! Muchas gracias por comentar y espero que haya disfrutado este capítulo también!
SlayArmisa: hola hola! muchas gracias por tus ánimos y tus cumplidos! me he demorado un poco con este capítulo pero espero que sea de tu agrado! Muchas gracias por comentar y espero que vuelvas a hacerlo!
