Twilight pertenece a Stephenie Meyer y Blood Lines a Windchymes, quien me ha dado el permiso de traducir su historia.

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Mi mente se arrastraba se de vuelta desde la oscuridad mientas una vaga conciencia llegaba a mí. Una sensación en mi costado, tirando, empujando, convirtiéndose en dolor. Mi nombre un rugido en los labios de Edward. Un crujido, un grito, una mano fría. Oscuridad de nuevo.

Luego, desde muy lejos, una sirena. Voces confundidas, gritando – Mike y Charlie. Pero a través de todo eso, la voz de Edward clara y cercana.

"Estoy aquí, Bella. Estoy aquí. No me dejes. Por favor."

Alice estaba de pie al final de la cama cuando abrí mis ojos.

"Hola," dijo, sonriendo.

"Um, hola." Miré a mí alrededor. Paredes bancas, suelos de vinilo, cortinas damasco corridas a un lado de la cama de metal. Hospital de Forks.

Me estiré de forma experimental, luego me moví, tratando de ponerme en una posición sentada.

"Probablemente no deberías hacer eso. Todavía no." Alice se acercó, con el ceño fruncido.

"Estoy bien," murmuré, aunque la sensación de tirantes en mi costado izquierdo me dijo lo contrario. "¿Dónde está Edward?" Miré hacia abajo al tubo que iba a una vena azul en el reverso de mi mano. "¿Y mi anillo?"

"Te lo quitaron en la cirugía. Edward lo tiene."

"¿Dónde está? ¿Y Charlie?" Ambos habían estado cuando me quedé dormida.

"Carlisle hizo que Edward fuera al baño, por apariencia. Va a estar molesto por no haber estado aquí cuando despertaras." Su cara se arrugó un poco al fruncir el ceño. "Y Charlie ha ido a tomar un café."

Asentí, y me encogí para tocar mi costado. Podía sentir el grueso vendaje a través de la bata de hospital color azul claro.

"Así que ¿cómo te sientes ahora? ¿Te duele?"

"No en realidad. Se siente…algo entumecido. Y pesado."

Alice asintió sabiamente. "Debe ser la anestesia. Te sentirás diferente cuando comience a desaparecer."

Rodé los ojos. "Gracias por eso."

Ella sonrió. "No te preocupes, los médicos te darán más. Pareces mucho más alerta de lo que estabas después de la cirugía."

"Sí, me siento más alerta." Vagos recuerdos. Una mascarilla en mi cara, Carlisle diciéndome que estaría bien, otro doctor explicando que la cirugía había salido bien. El rostro ansioso de Charlie y los ojos angustiados de Edward.

Me tendí de vuelta en las almohadas.

"¿Qué hora es?" Me froté los ojos con mi mano sin mangueras.

"Son las diez, domingo por la mañana."

Asentí. Diecisiete horas desde que me había clavado las estacas que Mike tenía en su mano.

"Así que, dame algunos detalles, Alice, ahora que estoy más alerta."

Ella vino y se sentó con cautela en la cama.

"Tenías dos heridas abdominales por la caída – una pequeña, una estropeada cuando la estaca avanzó." Una ola de náuseas onduló a través de mí al pensarlo, pero Alice no pareció darse cuenta. "No hubo órganos principales dañados y perdiste algo de sangre, pero no mucho. Tuviste una cirugía para reparar la más grande, pero vas a estar totalmente recuperada. Y…eso es todo." Finalizó con una sonrisa.

Traté de ajustar mi posición de nuevo.

"¿Quieres que rellene tus almohadas?" Parecía entusiasmada con la idea.

"Um, si, está bien." Alice se puso de pies y expertamente apretó, esponjó y rellenó. Me tendí y definitivamente se sentían más cómodas. Ella puso sus brazos a mí alrededor cuidadosamente en un abrazo suelto. "Gracias," le sonreí cuando se apartó.

"¿Edward está bien, Alice?"

"Mm, estará bien ahora que has despertado." Ella volvió a sentarse en la cama. "Estoy segura de que puedes imaginarte como ha estado, sin embargo." Ella rodó sus ojos. "Le dije que estarías bien. Me mantuve mostrándole una visión de ustedes sentados aquí comiendo gelatina roja pero él sigue siendo un amargado."

Fruncí el ceño. Odiaba la gelatina roja y ella tenía razón – podía imaginármelo.

"Pero no puede culparse a sí mismo por esto," dije firmemente. "Ni siquiera estaba allí cuando sucedió." Pero él estaba de camino a mí, me di cuenta. "¿Lo viste, Alice?"

Su sonrisa se desvaneció y una mirada de dolor cruzó sus exquisitos rasgos.

"Estaba tratando de interesarme en mi catálogo de esculturas de hielo y…te vi. La caída y la sangre después." Se estremeció de una manera muy humana. Tendí mi mano, tratando ignorar los tubos, y la puse sobre la fría suya. "Y vi las estacas, y a Mike Newton sacándolas,…" se detuvo. "Y tú muriendo."

"¿Muriendo?" me atragante con la palabra, en shock.

Asintió solemnemente. "En la visión, Mike entraba en pánico y trataba de sacarlas. Era bastante rudo y rompía una arteria. Moriste desangrada antes de llegar al hospital." Quedé boquiabierta. "Aparentemente no prestó atención a la primera lección de primeros auxilios del año pasado. No se dio cuenta de que se supone que no debe sacar un objeto cuando alguien se lo ha clavado."

"Pero…pero eso no sucedió." Susurré.

"No, no sucedió. Edward vio la visión tan pronto como yo la tuve y estuvo fuera de la puerta, con el teléfono pegado a la oreja, antes de que yo dijera alguna palabra. Estaba tratando de llamar a la tienda mientras yo llamaba a Carlisle al hospital." Ella sacudió un poco de polvo invisible se su falda. "Emmett tuvo que reponer la puerta de enfrente."

"¿Edward sacó la puerta?"

"Oh sí. Muy Edward. Pero era una emergencia."

Sacudí mi cabeza. Muy Edward.

"Recuerdo el teléfono sonando justo después de que callera. Y entonces llegó. Escuché su auto y su voz." La voz de Edward. La había reconocido tan pronto como oí que todo iba a estar bien. "¿Así que Edward detuvo a Mike?"

Alice asintió. Dejé escapar un largo suspiro. Él había salvado mi vida otra vez. Mis ojos se cerraron, y me estremecí al pensar por lo que debía haber pasado.

"¿Mike está bien? Quiero decir, debió haber sido aterrador para él. ¡Oh, y caí sobre él, también!" Recordé de pronto.

"Él está bien. Y su brazo debe estar bien. Le quitarán la escayola en pocas semanas."

¿Escayola? "¿Le rompí el brazo?" No bastaba con que me hubiera herido a mí misma, tenía que llevar a alguien conmigo.

"No tú. Edward."

Sentí mi mandíbula caer. "¿Edward rompió el brazo de Mike?" Incredulidad. "¿Por qué? ¡Sé que él no le gusta, pero no fue culpa de Mike!"

"Lo hubiera sido si hubieras muerto," Alice dijo seriamente. "Pero cálmate, Bella. No fue así." Alice puso su mano sobre la mía.

"¿Qué entonces?"

"Cuando Edward llegó, te vio tendida allí, con la sangre, y Mike estaba tratando de sacarte las estacas. Edward había visto que eso te mataría…así que saltó sobre el mostrador y empujó a Mike de su camino." Hizo una ligera mueca.

"Oh." Ahora entendía. "¿Es una mala fractura?"

"No está mal. Edward obviamente ejerció algún tipo de control, pero Mike tiene suerte de tener todavía su brazo. Carlisle se lo ajustó."

De repente, Alice saltó de la cama.

"Vienen de vuelta."

Un momento después Charlie apareció. Alivio estaba escrito en todo su rostro cuando me vio despierta.

"Bella, cariño. ¿Cómo te sientes?"

"Bien." Aunque mi mente aún estaba conmocionada por todo lo que Alice había dicho. Se sentó en la silla junto a la cama y comenzó a acariciar mi mano.

"Vas a estar bien, Bells." Sonaba como si estuviera tratando de convencerse más así mismo que a mí.

"Lo sé, papá," sonreí, apretando su mano. Luego miré por la puerta. Buscando a Edward.

"Ya viene, Bella, estará aquí en sólo un minuto."

¿Era tan obvia?

La puerta se abrió y Edward entró. Sentí mi corazón expandirse en mi pecho. Su cabello parecía más desordenado de lo usual, colgando sobre sus ojos. Parecía cansado, aunque sabía que eso no era posible, mientras venía y me daba un suave beso en mi frente. Puso su mano sobre mi mejilla y pude sentir su amor y alivio a través de mí.

"Hola." Su voz era tranquila, sus ojos buscando en los míos.

"Hola."

Se sentó en la cama. "¿Estás bien?" Asentí y me moví un poco hasta que nuestras piernas estaban tocándose a través de las mantas. Sonrió y mi corazón saltó. Era como si fuéramos las únicas personas en la habitación. En el mundo.

"Tengo algo para ti," dijo bajito. Tomó mi mano izquierda y la otra la metió en su bolsillo.

"¡Mi anillo!" Sonreí cuando lo levantó y luego inclinó su cabeza sobre mi mano, gentilmente deslizándolo en mi dedo.

"De regreso a donde pertenece," susurró, besando mi mano una vez que estuvo en su lugar.

Fui vagamente consciente de Alice hablando y de Charlie aclarando su garganta.

"¿Bells? ¿Bells? Les, er, daré a ti y a Edward algo de tiempo juntos. Volveré más tarde."

Nuestro momento estaba obviamente haciéndolo sentir incómodo.

"Oh, ¿estás seguro, papá?" Él asintió mientras apartaba su silla y decía adiós a Edward. "Bueno, te veré más tarde entonces." Le dio a mi mano un apretón y dio la vuelta para irse.

Alice sonrió. "Volveré después, cuando Esme y los otros quieran venir a verte." Hizo un pequeño saludo mientras danzaba hacia la puerta detrás de Charlie.

"Así que ¿te sientes bien?" Los ojos de Edward estaban todavía en los míos.

"Estoy bien."

Frunció el ceño. "Un edificio podría caer sobre ti y tú dirías que estás bien." Pude oír la tensión en su voz.

Suspiré. "Bueno, me siento bien ahora, pero creo que estaré adolorida cuando los analgésicos desaparezcan. Cuando me muevo punza un poco."

Edward sonrió. "Gracias por tu honestidad."

"Ahora, dime como estás."

"Estoy bien." Sonrió ante la mirada que le di. "Permíteme aclarar. Estoy bien, ahora. Ahora que estoy aquí contigo, y puedo ver que tú estás bien." Dejó caer su mirada. "Alice te dijo sobre su visión." No era una pregunta, lo había leído en su mente.

"Sí," acaricié su mano.

"Cuando lo vi…," sacudió su cabeza y me miró de nuevo y esta vez la angustia en sus ojos era clara. "Todo mi mundo cambió en ese segundo. Nuestro mundo cambió. Tomó dos años llegar hasta donde estamos y luego…desapareció."

"No se ha desaparecido, Edward."

Asintió, bajando la mirada de nuevo. "Lo sé." Estaba frotando mi mano. "Cuando te vi…," se detuvo para respirar. "Tu corazón sonaba fuerte, así que sólo me aferre a eso. Pero me preocupaba como te iba a convertir, si se trataba de eso." Mis ojos se abrieron por sus palabras. "La situación y la locación lo dificultaban, pero estaba trabajando en un plan. Por si acaso." Pareció temblar por el recuerdo. Tiré de su mano, suavemente. Me miró, perplejo. Sonreí y tiré más fuerte, tirando de él hacia mí. Continuó y me moví hasta el borde de la cama, dejando espacio a mi lado. Cuando Edward estuvo lo suficientemente cerca me estiré, poniendo mis manos a ambos lados de su cara. Poco a poco, lo atraje a mí, tirando de él.

"Bella, no creo…"

"Ssh."

Dejó escapar un suspiro y se entregó, subiéndose con cuidado a la cama para así tenderse junto a mí. Suavemente, apoyé su mejilla contra mi pecho. Puse mi brazos a su alrededor y lo sostuve allí, sobre el latido de mi corazón. Acaricié la parte posterior de su cuello, dio otro suspiro y se acurrucó él mismo a mí alrededor. Sentí la tensión dejar su cuerpo y cerró los ojos. Nos quedamos así por un tiempo.

"Lo siento por no estar aquí cuando despertaste." Edward levantó su cabeza después de un rato. Le tomó un momento reposicionarse muy cuidadosamente con tal de quedar sentado a mi lado, mi hombro contra su brazo, su mano sosteniendo la mía sobre su rodilla, muestras piernas una contra la otra. Estaba encantada. Su cercanía era mejor que cualquier otro analgésico y él pareció entender eso. No me estaba tratando como si estuviera hecha de cristal.

"Está bien. Alice me explicó dónde estabas y me puso al corriente de todo." Pareció tensarse un poco. "Ella me contó sobre la herida y la cirugía."

Asintió y comenzó a frotar su pulgar en círculos sobre mi palma. "Y el brazo de Mike," dije casualmente.

Entonó los ojos. "Te iba a decir sobre eso más tarde." Miró hacia otro lado así que no pude ver su rostro.

"Alice dijo que sucedió cuando lo detuviste de sacar las estacas."

La mandíbula de Edward se tensó antes de que comenzara a hablar rápidamente. "Eso fue demasiado, sí." Me di cuenta de que su dientes estaban juntos, apretados. "El idiota pensó que estaba ayudando pero no se dio cuenta del daño que estaba causando. Te habría matado." Dio un suspiro tembloroso. "Tuve que detenerlo." Me miró de repente. "Yo estaba un poco…angustiado…en eso momento." Me dio una sonrisa debí y le sonreí de vuelta. Quería que supiera que lo entendía pero me sentía algo mal por Mike. Edward debió haber sido aterrador.

"¿De verdad saltaste el mostrador?"

"Si, ¿por qué?"

"Ojalá lo hubiera visto."

Acerqué mí frente a la suya. Entendió y se dispuso a darme un beso pero se retiró casi de inmediato.

"¿Qué?"

"Estamos a punto de tener visitantes."

Fruncí el ceño. "¿Quién?"

"Carlisle y la Doctora Lewis."

"¿Doctora Lewis?"

"Ella ha estado tratándote desde que entraste."

Estaba confundida. Había asumido que Carlisle se había ocupado de mí.

"Es política del hospital, amor. Eres demasiado cercana a Carlisle para que él te trate."

"¿Demasiado cercana?"

Pasó su mano sobre mi pelo, y era felicidad lo que brillaba en sus ojos. "Eres prácticamente su nuera, ¿recuerdas?"

Ah, ahora entendía. Le devolví la sonrisa a Edward y se inclinó para besarme, pero justo cuando sus labios tocaron los míos, susurró, "No estés muy avergonzada de todo lo que ella dice." Antes de que pudiera preguntarle qué sus labios rozaron los míos.

"Lo siento, no quisimos interrumpir." Carlisle estaba sonriéndonos.

Edward se hizo hacia atrás y miró a la mujer rubia y alta que había seguido a Carlisle a través de la puerta. Se acercó a la cama y me tendió su mano.

"Hola, Bella, soy la doctora Lewis. He estado tratándote desde que llegaste. Es bueno verte despierta."

Su sonrisa era cálida y amigable, le sonreí en respuesta mientras estrechaba su mano.

"Sólo voy a hacer un chequeo. Tus lesiones no son muy serias, por suerte. Puedes quedarte si quieres, Edward."

"Gracias." Su voz tenía una sonrisa y compartió una mirada con Carlisle. El ofrecimiento de la doctora Lewis no tenía sentido. Nada iba a llevárselo lejos.

"Bella, tengo unas rondas que hacer ahora, pero voy a venir a verte más tarde, ¿de acuerdo?" Carlisle le dio a mi mano un apretón. "Es bueno verte tan bien," dijo antes de dejar la habitación.

La doctora Lewis tomó mi pulso y la presión sanguínea, examinó mis ojos, palpó mi cabeza por los golpes y escuchó mi corazón. Luego ella suavemente tocó mi estómago y la zona baja entre mi abdomen y el hueso de mi cadera, donde estaba la herida. Mientas Edward miraba por la ventana, ella levantó mi camisola y observó bajo el vendaje. Hice una mueca mientras tocaba alrededor y luego bajó la camisola de nuevo a su lugar sobre mis muslos.

Edward volvió y se sentó en la cama a mi lado, tomando mi mano, mientras la doctora Lewis contaba todo lo que había sucedido. Era básicamente como Alice había dicho, pero con más detalles médicos.

"Voy a mantenerte con comidas blandas, sólo hasta que hayas ido al baño y sepamos que todo está funcionando bien. No espero que exista algún problema, es sólo una práctica habitual con lesiones abdominales." Sonrió en tono de disculpa. "Un vez que vayas a casa debes mantener la herida limpia y reemplazar el vendaje cada día después de la ducha. Te daremos apósitos suficientes y toallitas antisépticas para llevar contigo."

Asentí.

"Vas a tener que volver en una semana para sacar los puntos y luego pondremos un poco de cinta adhesiva sobre la herida, sólo como soporte y ayuda para la curación. Hasta entonces, sin embargo, tendrás que tomártelo con calma. No levantar objetos pesados, sin esfuerzo físico."

"Uh huh." No podía decir mucho más que eso – Edward estaba acariciando el lado de mi cuello.

"Probablemente puedes ir a casa en un día o dos. Voy a escribir un orden para algunos analgésicos en caso de que los necesites." Fue hasta el extremo de la cama y comenzó a escribir en la ficha que colgaba del armazón de la cama. Luego se sentó a los pies de la cama.

"Todo está bien, pero hay algo que quero discutir con ustedes dos." Su voz era grave ahora. A mi lado pude ver a Edward tratando de ocultar su sonrisa. Sus labios estaban curvados y no me miraba. Sentí mi corazón latir con fuerza. ¿Esta era la parte vergonzosa?

"Sé que se van a casar pronto." Sus ojos parpadearon a mi anillo de compromiso y sonrió. "Creo que sería una buena idea si, sexualmente, se toman las cosas con calma hasta que los puntos y los adhesivos hagan su trabajo." Dio una ligera risa. "Dos semanas no es demasiado tiempo para esperar, espero. Y mientras tanto no hay nada de malo con mucho tacto, abrazos y besos."

El rubor se posó en mi cara y cuello. Edward seguía mirando a otro lado. Podría haberme advertido.

"Dos semanas. Está bien, lo tengo." Hablé bruscamente, tratando de evitar que la conversación fuera más lejos pero la doctora Lewis no fue disuadida. "Y llévenlo algo lento por una semana o cuando reanuden sus actividades. Sin acrobacias al principio, ¿está bien? Sólo para estar en el lado seguro." Sonrió con entusiasmo. "¡En cuatro semanas deberían estar listos para cualquier cosa!"

¿Acrobacias? ¿Lista para cualquier cosa? Estaba mirando mis manos, desenado que un agujero se abriera y me tragara. Miré de reojo a Edward. Su rostro estaba liso y sin expresiones, pero cuando la doctora Lewis volvió su cabeza…¡me guiñó un ojo! Apenas aguante la risa que estalló a través de mis labios. Traté de componer la cara de nuevo.

Pero súbitamente, Edward se tensó y el agarre en su mano se volvió más apretado. Me preguntaba que había oído en sus pensamientos.

"Hay una cuestión más que me gustaría tratar," su voz era aún más seria. "A menudo, con lesiones abdominales, la primera cosa que las mujeres quieren saber es si podrán tener hijos." Oh no, no esto. No era de extrañar que Edward estuviera tenso. "Y estoy segura, ya que son jóvenes y estas a punto de casarse, esa preocupación ha estado siempre presente en sus mentes." Ahora ella estaba mirando a Edward también.

"Ahora la buena noticia es que no hay necesidad de preocuparse. Todavía pueden tener familia, la lesión no tuvo ningún efecto en su capacidad de tener hijos."

Oí una ligera dificultad en la respiración de Edward y miró por la ventana. Los músculos en su mandíbula y cuello eran como cables de acero.

"No estaba planeando tener hijos." Dije, temblorosa, frotando mi pulgar sobre su mano.

"Muchas mujeres dicen eso," me sonrió. "Casi siempre cambian de opinión."

La doctora Lewis dejó la habitación y Edward y yo nos quedamos en silencio. El ánimo había cambiado. Yo estaba tomando su mano, con fuerza.

Habíamos tratado de evitar este tema, cuando comenzamos nuestro compromiso. Y sabía que había estado en su mente desde la llegada de George. Estaba preocupado por quitarme la oportunidad de ser madre. Le había dicho, en verdad, que no tenía necesidad de serlo.

Edward tomó un respiro e inclinó su cabeza, mirando nuestras manos.

"Bella, si alguna vez decides…,"

Lo corté.

"Ya tengo todo lo que quiero Edward. Te tengo. Es todo lo que necesito." Miré fijamente sus ojos, deseando que me creyera, a pesar de que en su naturaleza siempre había duda. Sostuvo mi mirada por un momento, luego me dio una sonrisa y asintió, pero me preguntaba si lo dejaría ir.

Repentinamente, su estado de ánimo cambió de nuevo. La cabeza de Edward se volvió hacia la puerta. Sacó las piernas de la cama y se puso de pie, estirando un brazo sobre mí protectoramente y comenzó a…¿gruñir?

"¿Qué? ¿Qué está mal?"

Un segundo después la puerta se abrió, y Mike metió la cabeza por la abertura. Cuando vio a Edward retrocedió y se fue hacia atrás de nuevo, rápidamente. Miré a Edward y jadeé. ¡Oh! ¡No era de extrañar que Mike escapara! Sólo había visto esa cara un puñado de veces pero sabía que significaba. Labios curvados, mostrando los dientes. Protector. Predador.

"Edward," susurré, y apreté su mano cuando la puerta se cerró de golpe.

Dejó caer su expresión instantáneamente, su postura regresando a la normalidad.

"¿Qué?"

"¡Lo asustaste!"

"Tiene suerte de que lo hice."

"¡Edward!"

"Nunca debió dejarte subir a esa escalera." Se defendió contra la mirada que le estaba dando.

"Edward, fue mi decisión subir la escalera. Yo soy la que cayó. Mike trató de…tú sabes que pasó. Trató de atraparme."

"¡Te atravesó!" Sus ojos ardían y hablaba con los dientes apretados.

"Edward, no fue su intensión."

"¡Estaba matándote!" Extendió una mano, la palma hacia arriba, implorando, la otra mano arrestándose a través de su cabello. Su voz estaba temblando.

"Él no lo sabía," susurré, pero ahora me daba cuenta de la profundidad de la furia de Edward. Y del miedo.

Tendí mis brazos a él. "Lo siento," dije.

Sacudió su cabeza bruscamente. "No tienes nada que lamentar." Habló bruscamente, con todo su cuerpo tenso. Después de un momento relajó sus hombros y me dio una temblorosa media sonrisa. Subió a la cama a mi lado y recordé las palabras que había dicho cuando me sostenía, sangrando, sobre el piso de la tienda Newton. Apoyé mi frente contra la suya, mis manos acunando su cara.

"Estoy aquí, Edward. Y no te dejaré."

Dejó escapar un suspiro tembloroso y me sostuvo apretadamente.

Aún estábamos en los brazos del otro cuando la puerta se abrió y un enfermero empujó un maltratado carrito con una rueda rechinando. Cogió una de la docena de bandejas de metal cubiertas y la dejó en el armario junto a la cama.

"Almuerzo," dijo bruscamente, sin mirarnos, mientras él y el carro rechinaba al salir por la puerta.

"Vamos a ver lo que hay en el menú," Edward la alcanzó y levantó la tapa.

Gemí. Gelatina roja.

Tuve un constante flujo de visitantes. Charlie, Cullens, Jessica, Charlie, Cullens, Angela y Ben, Charlie, Cullens, Tyler y Eric. Mike se quedó lejos, pero la señora Newton me trajo una canasta de frutas, junto con buenos deseos y las disculpas de Mike. Edward se comportó durante la visita, aunque nunca dejó mi lado o mi mano.

Finalmente, en la tarde del segundo día, hice algunos de los ejercicios suaves que la doctora Lewis me había recomendado. Edward me tenía en un suave abrazo mientras caminábamos lentamente por los pasillos del hospital.

"Te daré un paseo por las puertas de fuego." Le sonreí y él rió entre dientes. Era bueno verlo feliz. Paseamos por el departamento de rayos X, patología, terminando cerca de la sala de niños. Doblamos la esquina y llegamos a la guardería. Miré por la ventana de grandes vidrios. Había dos bebés en la residencia. Ambos niños supuse, viendo las tarjetas de identificación azules en los extremos de las cunas. Uno tenía el pelo oscuro, el otro no tenía pelo en absoluto. Sus rostros estaba arrugados, los ojos cerrados apretadamente, rosadas bocas y pequeñas narices chatas, piel como terciopelo, espolvoreadas con un fino polvo blanco. El bebé de cabello oscuro estaba retorciendo su brazo libre sobre la manta y su mano descansaba sobre su mejilla. Tenía los dedos muy largos. Diminutas uñas.

Nunca había estado interesada en bebés o niños – el resultado de los muchos años de ser madre de mi madre, supuse. Pero mientras miraba en la guardería, me pregunté brevemente como George fue de bebé, ¿se habría parecido un poco a Edward? Sonreí ante el pensamiento. No sentí la envidia o los celos que había experimentado la primera vez que supe de su existencia. Entendiendo las circunstancias en torno a su nacimiento, y haberlo conocido, me habían ayudado a lidiar con eso. Pero ahora, miraba a los bebés en sus cunas, me preguntaba como nuestro bebé se vería. Edward y mío. Un pequeño niño de cabello bronce con una sonrisa torcida.

No era un pensamiento triste, no había nostalgia o arrepentimiento, sólo…me imaginaba. La voz de Edward rompió el pensamiento.

"¿Bella?" Había algo de tensión en su voz mientras estaba de pie tras de mí. Miré por encima de mi hombro y sonrió. "Estabas a millas de distancia." Su mano estaba frotando mi hombro y la espalda. "¿Qué estabas pensando?"

Estaba a punto de mentir, y decir no es nada o tal vez hacer algo. Pero veía a través de mí, mi rubor, al menos, me delataba. Y habíamos sido tan honestos y abiertos con el otro en estas últimas semanas, que no quería dar un paso atrás a las viejas maneras – no quería ocular algo. Pero todavía debatía la sabiduría de decir la verdad. Especialmente después de la pequeña conversación con la doctora Lewis el día anterior y su reacción. Antes de llegar a una decisión, sin embargo, Edward respondió a su pregunta por sí mismo.

"¿Te estás imaginando a nuestro bebé?"

Mis ojos se abrieron, mi sonrisa quedó abierta por el shock. ¿Cómo pudo haber sabido? La tensión estalló en mí mientras trataba de anticipar su reacción. Cerré los ojos y asentí sin decir nada, preparándome para las consecuencias. Sabía lo que iba a decir, iba a agarrar su cabeza entre sus manos e insistiría en liberarme del compromiso para que pudiera casarme con alguien más y tener sus bebés. Estaría atormentado por la culpa y el egoísmo. Por eso me sorprendí cuando sus brazos me rodearon suavemente por la cintura y apoyó su barbilla en mi hombro.

"Ella sería hermosa." Su voz era suave en mi oído.

"¿Qu, qué?"

"Ella tendría tus profundos ojos marrón, y tu hermoso cabello." Extendió su mano y tomó algunas hebras entre sus dedos. "Tendría mi coordinación, espero, y tal vez mi habilidad musical. Pero ella tendría tu bondad." Me di vuelta para mirarlo. "Lo he imaginado mucho, Bella." Sus ojos seguían tristes, pero había amor también. Mucho amor. "Siento esto…si alguna vez…"

Puse mis dedos sobre sus labios y lo detuve. "Sólo déjalo allí, Edward." Le sonreí. "Sólo te necesito a ti." Sonrió mientras se inclinaba para cepillar sus labios contra los míos. Pero arruiné el momento cuando mi estómago gruñó. Se alejó y reí. "Vamos, te daré un paseo por la cafetería." Se puso a reír también, pero aún podía ver la tristeza en sus ojos.

Estábamos sentados en las sillas plásticas color naranja de una pequeña mesa de vetas falsas de madera. Todavía estaba tratando de tomar consciencia de la reacción de Edward fuera de la guardería. Hace unas semanas él hubiera actuado de manera muy diferente, estaba muy segura de eso. Pero a pesar de que no lo había tomado como yo esperaba, me preguntaba si él realmente iba a dejarlo ahí. No tuve que esperar mucho tiempo.

"Bella…," la voz de Edward era suave. Lo miré por sobre el chocolate caliente que él me había comprado. Sus ojos estaban tristes nuevamente, pero sonreía ligeramente. Se inclinó sobre la mesa y tomó mi mano en las suyas, mirando mis dedos. Sabía a donde iba esto. Mi corazón se apretó. No iba a dejarlo ir.

"He estado pensando…" Me miró. Tenía una clara idea de lo que iba a decir, y yo no quería oírlo.

"Bella, me amas lo suficiente para agregar a George en mi vida. En nuestras vidas." Sonrió. "Si alguna vez…"

Lo corté.

"Edward, no…," pero imitó mi acción de antes y llevó su dedo a mis labios. Sonrió y esperó hasta que estuvo seguro de que no lo interrumpiría.

"Bella, si decides que quieres un bebé, no me interpondré en tu camino. Por favor quiero que sepas eso."

Pude ver el amor y la sinceridad en sus ojos. Mezclado con dolor. Él estaba sufriendo, y por ningún motivo. No quería un niño de alguien más. Si no podía tener un bebé de Edward, no quería uno. Abrí mi boca para decir todo eso, de nuevo. Hacerle entender que no necesitaba niños.

Estaba lista para hacer lo que normalmente hacía cuando estaba siendo desgarrado por la culpa y la duda sobre algún problema imaginario – estaba lista para exaltarme y discutir, negar y refutar. Pero entonces me detuve. Decidí hacer lo contrario.

Elegí mostrarme de acuerdo con sus palabras, y reconocer y aceptar el profundo e inagotable amor que había detrás de ellas.

"Sé eso Edward, lo sé."

Y sonrió. La nube despejó su expresión.

Durante las pasadas semanas había aprendido que Edward no puede ser intimidado o argumentado por la comprensión. Haciendo que sólo dé algo de rabia de vuelta. No, Edward llega al entendimiento a través del amor. Mis palabras y el tono le habían dicho más que cualquier otro argumento. Todas las cosas que ha visto como dudas y problemas, las veo como opciones. Mis opciones. Y yo elegí estar con él.

Levantó mi mano y la presiono contra sus labios. "Te amo," susurró.

"Te amo." Me extendí y toqué su otra mano y la dejé contra mi mejilla, volviendo mi cabeza para besar su palma. Su sonrisa se ensanchó, sus ojos estaban suaves.

Terminé mi chocolate caliente, limpiando mi boca con la servilleta antes de hacerla una bola y dejarla en la taza vacía.

"¿Estaba bueno?" Edward preguntó mientras me ayudaba a ponerme de pie.

"Mm, bueno, no tan bueno como el que tomé en Chicago, sin embrago. Fueron los mejores." Reí, pensando en la noche en que Edward había salido a la lluvia para comprar mi chocolate caliente. Y lo que había sucedido cuando volvió y me encontró bailando. Mi rubor comenzó a hacer acto de presencia. Edward debió haber recordado la misma cosa porque de pronto se inclinó para susurrar en mi oído.

"Bella, si voy a Chicago por chocolate caliente, ¿bailarías para mí de nuevo?"

Esa primera noche en mi casa me tomé un largo tiempo en la ducha. Sabía que tenía que cambiar el vendaje después y estaba tratando de evitarlo el más tiempo posible. Con mucho cuidado puse mi pijama – había ignorado deliberadamente el glamoroso camisón azul que Alice me había dado para que pudiera recuperarme con estilo – y me dirigí de vuelta a mi habitación. Abrí la puerta y mi corazón de detuvo cuando vi a Edward tumbado en mi cama. Hace solo dos horas había dicho buenas noches a Charlie y a mí, pero incluso era demasiado. Por supuesto, oyó el latido irregular y levantó la mirada sonriendo.

"Tal vez debería mantenerme lejos hasta que estés completamente recuperada."

"No te atrevas." Dije riendo.

Me acerqué y fui sentarme a su lado. Sus manos me detuvieron, gentilmente pero con firmeza.

"¿Cambiaste tu vendaje?"

Fruncí el ceño. Lo había olvidado tan pronto como lo vi.

"Er, no. Puedo hacerlo más tarde."

"¿Por qué después? Se supone que debe ser cambiado después de la ducha."

Fruncí el ceño y miré el piso. No quería ver mis suturas. No quería que el adhesivo del apósito tirara mi piel cuando lo quitara.

"¿No te enseñaron las enfermeras?"

"Sabes que lo hicieron, Edward. Sólo…no me gustan ese tipo de cosas."

Se quedó pensativo por un momento.

"Si quieres, puedo cambiarlo por ti. Puedes ver lo que hago y luego tratas por ti misma mañana por la noche. No es muy difícil. ¿Qué piensas?"

"¿Hablas en serio?" Pregunté. Nunca había tenido sus manos por debajo de mi cintura. Pero supuse que esto era diferente. Cambiar un vendaje apenas era romántico después del todo.

"Lo digo en serio. Pero si no te sientes cómoda…,"

"No, no. Estoy cómoda con eso. ¿Debo tenderme?"

Sonrió.

"No, ven aquí." Edward se movió para que estuviera entre sus piernas. Estaba tratando fuertemente de mantener mi latido y mi respiración normal. Él parecía sorpresivamente compuesto, casi clínico.

"¿Puedes levantar tu camiseta para mí?"

La levanté y expuse mi barriga donde el plástico cubría el vendaje en mi costado izquierdo. La herida era de unos tres centímetros de largo, terminando justo debajo del hueso de mi cadera.

Muy suavemente Edward comenzó a tirar de una esquina.

"Dime si te hago daño," dijo en voz baja.

Sentía un ligero tirón pero no molesto. Solo tomó un segundo y luego desapareció.

Edward estaba estudiando mi herida. Yo estudiaba a Edward.

"Mm, se ve bien. ¿Cómo se siente?"

"No está mal. Quema un poco, y pica."

Asintió. "Eso es parte del proceso de curación. No hay arrugas o inflamación. El área que la rodea está suave." Me sorprendió cuando presionó cuidadosamente sus dedos en mi piel. "La piel está uniéndose bien ya. Creo que ni siquiera quedará una gran cicatriz." Se acercó a mi mesa de noche y cogió el paquete de toallitas antisépticas y vendajes frescos que había traído del hospital.

"Hablas como un médico."

"Dos títulos de medicina, recuerda," murmuró mientras abría las toallas y tomó una. "Esto puede picar," muy suavemente sus largos dedos limpiaron el pequeño trozo de material sobre los puntos. Estaba en lo correcto, picaba. Me estremecí levemente y él se echó para atrás.

"Lo siento." Ambos dijimos al mismo tiempo. Me miró y movió su cabeza, sonriendo.

"No te disculpes, Bella. Yo soy el que tiene un paño antiséptico que arde, ¿recuerdas?"

Edward abrió un vendaje fresco, tirando suavemente de la cobertura plástica del borde adhesivo que rodeaba la suave gaza.

"No te muevas, por favor," murmuró bajito mientras cambiaba mi peso ligeramente.

Se estiró y gentilmente puso el apósito sobre la herida, sus fríos dedos suavemente rozado mi piel. A partir del extremo superior lo alisó, fijándolo en su lugar. El vendaje era más largo que la herida y su borde inferior llegaba más abajo que mi piyama. Pensé que podría sentirse incómodo al respecto, pero sin dudarlo, despacio bajó un lado de la cintura elástica, exponiendo un poco más de mí de lo que jamás había visto, y puso la última parte del vendaje en su lugar, por debajo de mi cadera. Mi respiración se volvió irregular al tiempo que ponía la cintura en su lugar.

"¿Te hice daño?" su voz estaba ansiosa.

"No. No yo…me sorprendiste, eso es todo."

No dijo nada, pude ver una sonrisa jugando alrededor de sus labios.

Estuvimos así por un momento. Aún sostenía mi camiseta. Edward estudiaba su obra.

"Todo hecho." Dijo bajito. Estaba a punto de bajar mi camiseta cuando lentamente me detuvo. Mi corazón comenzó a galopar, pero esta vez no hizo comentario. Puso su mano en la parte baja de mi espalda y con la más suave presión me atrajo hacia él. Al mismo tiempo acercó su cara a mí. Bajó su cara ligeramente y contuve la respiración mientras sus perfectos labios dejaban el más suave de los besos sobre la piel desnuda al lado del vendaje. Luego pasó los sus dedos gélidos sobre el lugar donde sus labios habían estado.

Me oí suspirar. Se retiró despacio y me sonrió mirándome a través de sus pestañas.

"No te enseñaron eso en la escuela de medicina," respiré. Dio una risa baja mientras dejaba caer mi camiseta.

En un movimiento suave me tomó y me tendió en la cama, metiendo las cubiertas a mí alrededor. Cogió el vendaje y los envases vacíos, los envolvió en una servilleta y desapareció por la puerta. Regresó un segundo más tarde y se puso con cuidado a mi lado en la cama, envolviéndome con sus brazos.

"Espero que hayas mirado lo que hice." ¿Estaba bromeando? "¿Crees que serás capaz de hacerlo tú misma mañana por la noche?"

Sacudí la cabeza. "No."

"¿No?"

"No. Tendrás que hacerlo tú de nuevo. Lo haces mucho mejor de lo que yo lo haría." Sonrió y dejó un beso en mi cabello mientras me llevaba más cerca. Me acurruqué pero de improviso él parecía vacilante.

"Bella, hay algo que me gustaría hablar contigo. Si no estás muy cansada."

"No estoy demasiado cansada."

Respiró hondo mientras mi curiosidad crecía. "Me gustaría posponer la boda un poco, amor."

¿Qué? ¿Era en serio?

Traté de sentarme, inmediatamente lamentándolo al tirar de mis suturas.

"Cuidado," Edward murmuró bajito y me ayudó a acomodarme. Estaba sentada a su lado, mirando su bello rostro mientras él estaba tendido a mi lado.

"¿Por qué quieres hacer eso? Lo acordamos, trece de agosto, como estaba planeado. La doctora dijo que solo necesitaba dos semanas para recuperarme. ¡Dijo que en cuatro semanas estaría lista para hacer cualquier cosa!"

Edward suspiró.

"Lo sé, Bella, pero…no podrías estar lista para ." Estaba mirando mis ojos con tanta ternura. Se acercó y acarició con un dedo a lo largo de mi mandíbula. No quería esperar para casarme con este hombre. Y yo no creía que él queisiera esperar para casarse conmigo.

"No entiendo."

Tomó un aliento profundo. "Bella, estoy seguro que cuando la doctora Lewis dijo que en cuatro semanas estarías lista para cualquier cosa, ella no consideraba el factor sexo con una vampiro."

La sonrisa comenzó a expandirse en mis labios. Traté de detenerla, él estaba siendo serio después de todo, pero no pude evitarlo.

Sacudió la cabeza. "Por favor se seria."

"Okay," saqué la sonrisa mientras Edward tomaba otra respiración profunda y apretaba los dientes.

"Aunque no me guste mencionarlo en relación con esto, lo que pasó con el brazo de Newton debe mostrar que puede pasar si pierdo el control."

Negué con la cabeza. "Eso fue diferente, Edward. Estabas enojado y asustado. No será así en nuestra noche de bodas."

"Ciertamente no por la parte enojada, de todos modos," pasó su mano a través de su cabello y sonrió. Le di a su otra mano un apretón. "Recientemente me he sentido mucho más optimista, sobre nosotros haciendo el amor, pero todavía hay un riesgo. A la luz de tu accidente, me sentiría más relajado si esperamos seis semanas, en lugar de cuatro."

Fruncí el ceño. "¿Estás dando vuelta esto, Edward?"

"Probablemente. Pero no quiero herirte, Bella."

"No me harás daño." Me acosté a su lado y acaricié su mandíbula con la nariz. Volvió la cara hacia mí, sus dedos enredándose suavemente en mi pelo.

"¿Seis semanas?" Sopló en mi oído. Luego dio una baja carcajada. "Así puedo estar más relajado por las ¿acrobacias?" Abrí la boca y un escalofrío me recorrió desde punta de mi cabeza hasta los pies.

"Está bien, seis semanas entonces. ¿Qué fecha es?"

"Veintisiete de agosto." Me besó suavemente. "Gracias, Bella"

Asentí. "Pero tú dile a Alice cuando yo no esté cerca, ¿está bien?"

Rió y me llevó con él. Con cuidado.

En este momento, Edward no era el único que odiaba a Mike Newton.

Me acerqué a él y apoyé mi cabeza contra su pecho. Comenzó a acariciar mi brazo y hombro. Más de eso lentos espirales que eran tan buenos. Deslicé mi mano bajo su camisa y pasé mis dedos sobre la piel desnuda. Dejó salir un suspiro suave pero luego puso su mano sobre la mía, sobre la tela, y me detuvo.

"¿Qué está mal?"

"Nada en absoluto," se inclinó y besó mi nariz. "Se siente muy bien, pero ni siquiera has estado en casa un día entero. Date el tiempo de sanar."

"Pero esto no va a hacerme daño. Y la doctora dijo que tacto, abrazos y besos estaban bien, recuerda." Puse mis labios contra su oído. "Ella prácticamente lo prescribió, Edward."

Entrecerró los ojos por un momento, luego soltó mi mano. Sonreí en victoria y continué mi camino. Sus ojos se cerraron y suspiró de nuevo.

"Déjame devolverte el favor," dijo de pronto y metió la mano debajo de mi camiseta de tirantes, sus dedos haciendo líneas arriba y abajo en mi espina. Me estremecí, luego me fundí en su toque. "Pero esto es lo más lejos que iremos esta noche, Bella," susurró.

Estaba a punto de discutir, luego recordé lo lejos que habíamos llegado en las últimas semanas. Y dado que había dejado el hospital con puntos en mi costado, probablemente tenía razón.

"Está bien," dije y suspiré. "¿Estás seguro de que quieres esperar seis semanas?"

Rió. "No pensaba que te molestaría tanto, postergar la torturante boda. ¿O es sólo mi cuerpo?" Me estaba sonriendo pero había un trasfondo es sus palabras. Estaba a punto de hacer un comentario inteligente, pero me detuve.

"No, no se trata de tu cuerpo, Edward. Yo quiero casarme contigo. Te amo y quiero ser tu esposa. Tan simple como eso."

Una extraña expresión se apoderó de su rostro. Era…¿alegría?

"Nunca has dicho eso antes."

"¿Qué quieres decir? Te digo todos los día que te amo."

"No eso. Acerca de casarte conmigo."

"¿Qué?"

"Nunca me dijiste que querías casarte conmigo."

"Si lo hice."

"No," habló claramente, estaba apoyado sobre su codo ahora, su cabello cayendo sobre sus ojos mientras los fijaba en los míos. "No, no lo hiciste. Tú accediste a casarte conmigo como condición para hacer el amor, dijiste cuando te pregunté. Dijiste que debíamos seguir adelante con la fecha original como estaba planeado. Pero nunca has dicho que querías." Sus ojos brillaban de felicidad. "Esta es la primera vez." Susurró esas últimas palabras.

"Oh," no me había dado cuenta. Una sensación de calor irradió a través de todo mi cuerpo y sonreí. "Bueno, quiero casarme contigo. Mucho."

La sonrisa en su rostro era impresionante en su belleza. Y, a pesar de sus anteriores reservas, me llevó más cerca y me besó por un largo tiempo. Cuidadosamente.

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Por fin terminé el capítulo, 6916 palabras en español, 15 páginas de redacción…nunca había traducido tanto. Espero no haber demorado mucho, traducía a ratitos cuando podía.

Respecto al capítulo vemos que no fue necesario adelantar la transformación, y Edward no se volvió taaan loco como esperábamos. Me gusta este nuevo Edward tan relajado. Y por fin Bella dice las palabras, ¿Quién no querría casarse con pedazo de hombre, y gritarlo al mundo? Tan obvia a veces…

Nuevamente muchas gracias por sus rws tan lindos cada vez, muchas gracias por sus lindas palabras y por valorar mi trabajo. Ya saben la historia no es mía, pero hago mi mayor esfuerzo en traducir. Besos a ustedes. El fic se acerca a los 100 rws, algo realmente emocionante, nunca había llegado tan lejos…Pues bien, a quien le toque el premiado tendrá un adelanto exclusivo del próximo capítulo, que viene interesante, por así decirlo.

Recomendación: The Submissive, The Dominant y The Training, la espectacular trilogía de Tara sue me. Bella quiere devolverle un favor a Edward Cullen y hace todo lo que puede para convertirse en su sumisa. Edward accede a entrenar a esta inesperada postulante que carece de experiencia en este estilo de vida. En inglés y completamente terminada. Tiene todo lo excitante y misterioso de este mundo de sirvientes y amos, está bien escrita y lo bueno es que hay historia detrás de todas las escenas calientes. Creo que muchas la han leído, pero por si acaso hay alguien que no, vaya por ella, porque tendrá para muchas noches frías, me explico?

Muy bien gracias por leer y dejar sus comentarios. El próximo capítulo no sé cuándo verá la luz, que se está eterno para traducir (7900 palabras), algo bueno para ustedes, solo puedo decir que viene una triste noticia y una situación completamente inesperada por Bella, ya verán, jejeje.

Bye