Remordimientos

- ¡Ah! – era la tercera vez desde que había quedado solo en su habitación que se despertaba con una puntada en el vientre. "Alguna costilla rota" pensó. Sonrió de lado, después de tantos años el pony todavía conservaba el toque. Así como una ráfaga de viento que aparece y desaparece en el aire su sonrisa se borro. Recordó súbitamente cada palabra salida de su boca hacia un poco menos de cinco horas ¿fue lo correcto? ¿Acaso lo hizo por el bien de ambos o solo por puro rencor? Sabía que debía alejar al pony de alguna manera, pero podía haber elegido ser un poco más honesto, el no pensaba semejantes barbaridades, todo lo contrario, se había enamorado de la maravillosa persona que era, y sin embargo lo había herido con el veneno de su boca. Que tonto, ahora no había vuelta atrás, y pese a sentirse aliviado por un lado, no podía evitar sentirse culpable y vacio por el otro. "No habia vuelta atrás" volvió a repetirse en su mente y se le helo la sangre, la desesperación lo invadió por unos segundos. No, ya no la había. Respiro profundo y se tranquilizo.

Sacudió su cabeza. Debía intentar borrar todo rastro de ese sentimiento. La pregunta era ¿Cómo? Desde que esmeralda había muerto y él había decidido enterrar todo sentimiento con ella, no había sentido algo así de fuerte. Su corazón le decía que corriera a la habitación de Seiya y le pidiera perdón de rodillas, pero su mente resonaba en su interior deteniéndolo, cortándole el paso, confirmándole que era una locura el amarlo, no solo porque quizás el pegaso no le correspondiera sino porque si lo hiciera no sabría cómo reaccionar, tarde o temprano debía marcharse, seguir su camino errante y no podía dejar que se llenara de falsas esperanzas, de un amor de cuentos que en la vida real no existía, el lo sabía bien. Debía dejar que el pony encontrara su camino. Iba a ser duro, lo mejor era marcharse cuanto antes, solo que… "Shun", le había prometido a su pequeño que se quedaría, que pasaría su cumpleaños con él, como hacía más de tres años no lo hacía, lo había prometido y debía cumplirlo.

- ¡Qué difícil es todo carajo! – se quejo en voz alta mientras se levantaba trabajosamente de la cama lanzando leves suspiros de dolor. Debía bañarse y empezar el día, el sueño ya no vendría a él e igualmente en ese estado no podía estar mucho tiempo sin hacer nada, debía ocupar la mente, mucho menos esconderse, el no era un cobarde, sabia afrontar las consecuencias de sus actos, bueno, eso era lo que él creía.

Apago la televisión y se quedo de brazos cruzados frente a esta, sentado en el sillón de tres cuerpos de la sala, igualmente a esa hora y siendo domingo no había mucho para ver, realmente a los productores no se les caía una luz con respecto a la programación de ese día de la semana. Miro el reloj colgado en la pared de la derecha, eran las once y media de la mañana, el olor a comida ya se sentía en el ambiente, seguramente era alguna chica del personal de la mansión que se estaba encargando en hacer la comida, ya que ninguno de los habitantes principales, salvo el, había hecho acto de presencia aun, sobre todo después de el episodio de la noche anterior.

La mansión parecía sumida en un silencio abrumador, ni siquiera Saori que era la primera en levantarse, junto con él, ya sea domingo o cualquier día de la semana, había dado señales de vida. Intuyo que se encontraría angustiada aun por la situación entre Ikki y Seiya, sintió una opresión en el pecho ante este pensamiento. Sabia lo mucho que ella los quería y sentía una tristeza enorme al pensar en lo impotente que seguramente se sentiría en estos momentos al no saber cómo ayudarlos, el lo sentía también. Descruzo los brazos y acomodo con una mano sus largos cabellos negros que caían, cual lluvia, sobre el respaldo del sillón. Debía hablar con Seiya, debía saber que era lo que había sucedido realmente, no solo para tratar de ayudarlo, sino para devolver la paz a aquella casa y a sus habitantes y sobre todo para sacarse y sacarle a ella este malestar, y después de saber por boca de Seiya los hechos, decidiría si intervenir o no, ya que no debía olvidar que era el Phoenix la contraparte de dicho problema y para Shiryu, Ikki era una persona que infundía respeto.

Tomo la decisión y se levanto del sillón para dirigirse a la habitación de Seiya, ya habían pasado varias horas y pronto estaría el almuerzo. Al llegar a la puerta del pegaso en el pasillo del primer piso se topo con la persona que menos esperaba, en un estado aun más lamentable del que hubiera imaginado.

- Buenos días – fue lo único que dijo al verlo.

El Phoenix lo vio y solo hizo un ademan con la mano mientras observaba al dragón entrar sin tocar siquiera al cuarto del pony y cerrar la puerta tras él, frunció el cejo, no habían pasado ni seis horas y la lagartija ya estaba tomándose atribuciones que no le agradaban para nada. ¿Qué podía hacer? Nada. Además iba a ser de ayuda para que él y el pony se alejaran definitivamente, después de todo debían convivir en la misma casa por lo menos dos meses mas así que con la lagartija en medio iba a ser una situación más llevadera, claro que la idea no le gustaba ni un poco, amaba al caballito y se retorcía por dentro pensando que Shiryu podía ocupar su lugar, pero todo era para mejor, o eso debía mentalizarse.

Entro con sigilo al cuarto para no despertar abruptamente al dueño, con paso lento camino hacia la ventana y abrió las persianas, logrando así que la claridad del día entrara y se posara sobre los ojos de un pony absolutamente dormido, que ni se inmuto por la presencia del dragón ni por la luz sobre sus pupilas, Shiryu suspiro. Debía hacer algo más para despertarlo. Se acerco a la cama y se sentó a su lado, pudo notar los ojos todavía hinchados por las lagrimas que había derramado hacia solo un par de horas atrás, suavemente lo agarro de los hombros para comenzar a moverlo y lograr que abriera los ojos.

- Sei… – nada - Seiya… - solo un quejido y luego nada – Seiya despierta, ya va a estar la comida – otra sacudida al pegaso pero ni señales de despertar. "perdón Seiya" pensó el dragón para acto seguido colocar su boca muy cerca de si oído. – ¡SEIYAAAAAAA!

El menor abrió sus ojos como dos platos y pego un salto que, según el ojo clínico de Shiryu abran sido de dos o tres metros por sobre la cama. Luego de salvarse de morir de un infarto y ver quien había sido el autor de semejante despertar el pegaso miro con muy mala cara a su querido amigo.

- ¡¿Acaso te volviste loco Shiryu?

- Perdóname, es que no encontré otra manera de que despertaras, trate por las buenas pero tienes el sueño muy pesado. – termino de decir el dragón casi en forma de queja.

- ¿Qué hora son? – ahora que se fijaba entraba demasiada luz por la ventana.

- Casi las doce del medio día – contesto el dragón mirando su reloj de pulsera – en cualquier momento va a estar la comida.

Seiya miro su reloj despertador para corroborar lo que le decían. No había pasado mucho tiempo desde que se había quedado dormido, lo último que recordaba era los cálidos brazos del dragón, su llanto, y… como una estrella fugaz un nombre. Ikki. De repente las palabras del mayor volvieron a su mente, su frialdad y la locura que lo poseyó tras eso, detenida por sus demás hermanos. Luego su corazón roto expuesto frente a su amigo. Su rostro triste y sonrojado lo dejaron en evidencia frente a Shiryu.

- Sei ¿vas a contarme que fue lo que paso anoche? – el tono del dragón fue sereno casi paternal.

Por unos momentos mas Seiya permaneció en silencio pensando, acomodando las ideas para poder explicar bien lo sucedido, necesitaba sacárselo de su sistema y el dragón era el único que podía ayudarlo.

- Todo se termino - alguna lagrimas traicioneras amenazaban por volver a caer de sus ojos pero se contuvo ya había llorado lo suficiente frente a su medio hermano.

- Pero ¿Por qué? – se sorprendió ante tal afirmación.

- ¿Por qué? Por el simple motivo de que Ikki nunca va a dejar de ser lo que es, un desgraciado bastardo hijo de puta por eso – ahora su rostro mostraba furia.

- Seiya yo no sé qué fue lo que sucedió – comenzó a decir Shiryu para aplacar un poco al menor - y entiendo que para que tu reaccionaras de aquella manera tuvo que ser algo que te hizo perder los cabales, pero no hay nadie en este mundo que conozca a Ikki como lo conocemos nosotros – tomo aire para buscar bien las palabras – si, puede ser un mal llevado, pero no deja de ser una buena persona, lo ha demostrado muchas veces.

- Eso era lo que yo pensaba – contesto el pegaso más sereno – hasta anoche.

- Cuéntame entonces que fue lo que paso, quiero ayudarte, veras como no todo es tan malo como lo parece.

Entro en la cocina, estaba que se moría de hambre y el olor a comida la llamaba desde que salió de su habitación, al traspasar la puerta, se topo con la persona que menos esperaba ver.

"Genial" pensó el Phoenix al ver entrar a la cocina a su diosa "lo único que me faltaba, un sermón de Saori" ya se veía venir las palabras de la dueña de la casa sobre el escándalo de la noche anterior. Sin embargo para su sorpresa no fue eso lo que ocurrió.

- Buenos días – lo saludo ella con la más dulces de las sonrisas

- Buenos días – le correspondió el luego de un pequeño desconcierto

- ¿como estas? Esas heridas son algo serias, deberías estar recostado – realmente se escuchaba preocupada.

- Estoy bien, gracias – se limito a contestar, en otra ocasión le hubiera dicho que no era de su incumbencia, pero algo en el rostro y tono que uso le impidió ser brusco.

Saori se sentó en la mesa, parecía que Ikki recién había terminado de comer, intuía que quiso hacerlo lo más rápido posible aprovechando que nadie parecía haberse levantado y así poder desaparecer de la mansión antes de escuchar palabra alguna sobre lo que sucedió en la madrugada. La intuición no le fallaba, segundos después de que ella tomara asiento el Phoenix se paro para retirarse, quería irse de la mansión por ese día, necesitaba pensar. Cuando estaba por cruzar la puerta la vos de ella lo detuvo.

- No tengo idea de que fue lo que sucedió – su voz fue firme – pero por la paz de todos espero que no se repita.

- No te preocupes – contesto sarcásticamente de espaldas a ella – no volveré a romper tu preciada paz

- No es mi paz la que me preocupa

- ¿ah no? – dio la media vuelta para mirarla a los ojos.

- No – su voz seguía igual de firme – mi única preocupación son ustedes - Ante tales palabras el Phoenix sonrió.

- Pues puedes guardarte tu preocupación por mi porque no la necesito - y luego de esto siguió su camino hacia la sala para desaparecer por la puerta principal.

Había sido un poco dura con él, sabía que no era la manera de entrar en el frio caparazón del Phoenix, pero tuvo que dejar en claro su disgusto ante la situación, no porque la paz se hubiera roto, como parece, le había dada la impresión, sino por ellos, todo aquello no estaba bien. Le dolía la desunión que percibía en el habiente, no por nada era la reencarnación de una diosa para no darse cuenta del lazo que parecía se había roto entre dos de sus más queridos caballeros. Solo pedía al cielo que las cosas volvieran a su cauce.

Termino de relatarle a su amigo lo hechos de hacia pocas horas, el extraño comportamiento del Phoenix, obviamente sin lujos de detalles y las hirientes palabras que tuvo para con él, el dragón no salía de su asombro.

- Obviamente hay alguna explicación coherente para todo - "si ¿pero cuál?" Pensó para el mismo.

- No Shiryu – el pegaso agacho la cabeza – la única explicación es que Ikki no me quiere y quiso terminar lo que teníamos sin haberlo empezado siquiera – una lagrima bajo por su mejilla – y lo hizo de la peor manera – se detuvo unos momentos para luego terminar en un murmullo - solo fui un juego, y se ve que ya se canso.

- Seiya… - no podía ver al más alegre de la casa de esa manera, le partía el alma - no pienses así – tomo su rostro y limpio es rastro que había dejado la lagrima – no creo que las cosas sean como las estas pensando quizás solo fue un enojo pasajero, a veces las personas decimos cosas cuando estamos enojados sin pensar en las consecuencias – levanto el rostro del pegaso para verlo a los ojos – veras como el solo va a acercarse a pedirte disculpas y todo terminara siendo una anécdota.

- sí, claro – no estaba muy seguro de aquello.

-Por lo pronto no tienes que quedarte acá encerrado, es un hermoso día, vamos levántate comamos algo y salgamos a pasear ¿Qué te parece?

- No, gracias, a penas tengo ganas de respirar – dijo medio en serio, medio en broma

- vamos, si te quedas aquí va a ser peor y lo sabes, al menos conmigo te distraerás un poco – Insistió en dragón.

Eso era verdad, si se quedaba en su cuarto se torturaría todo el santo día pensando en el ave, tenía que obligarse a salir, el era Seiya el caballero de pegaso y no podía permitir que un hombre le complicara la existencia, sea quien sea, sintiera lo que sintiera, el lo superaría, se obligaría a olvidarse del Phoenix.

- Tienes razón

- Me alegra que entraras en razón – le sonrió el dragón mientras se ponía de pie – te espero abajo apúrate que ya debe estar la mesa puesta – y así salió de la habitación del menor.

Se acomodo contra el respaldo de su cama y suspiro profundamente, estaba cansado, adolorido tanto física como emocionalmente, pero no podía darse el lujo de decaer por alguien como Ikki, debía hacer el esfuerzo, luego vería como seguían las cosas si Ikki se dignaba a pedirle disculpas, igualmente no sabría cómo tomarlo, estaba muy dolido después de lo dicho por el ave, realmente había sido cruel, él le había confesado que había sido su primer hombre, y el otro no lo había tomado en serio, ¿realmente pensaba eso de el? lo hizo sentir como si fuera cualquier cosa, como una basura y viniendo de él era más que doloroso, insoportable. Tenía que admitirlo, se había enamorado de un maldito imbécil. Se había enamorado de la persona menos indicada, había jugado con fuego y se había quemado por completo en muy poco tiempo. El sabía que no debía meterse con Ikki pero la tentación pudo más y ahora veía las consecuencias de sus acciones, su corazón hecho pedazos. Volvió a sentir sus mejillas húmedas, rápidamente se deshizo de sus lagrimas con la palma de su mano.

-¡Basta de mariconadas! – Grito – ¡soy un hombre mierda y me estoy comportando como una mujer! – suspiro decidido a levantarse. Solo esperaba no cruzarse con Ikki, no por lo menos hasta que estuviera listo para encararlo nuevamente.

Camino por las calles sin rumbo durante una hora y media, era domingo y las calles estaban repletas de gente, además el día soleado no ayudaba. Para donde viera había parejas felices caminando de la mano, familias enteras disfrutando del verano, hombres, mujeres, niños, todos contrastando con su cara de pocos amigos, de fastidio. Por fin llego a una pequeña plaza un poco retirada del centro, donde gracias a dios no había tantas personas, se sentó en una banca frente a un estanque con patos para descansar un poco su maltrecho cuerpo.

"soy una mierda" si, no había otra manera para calificarse, repasando lo que había sucedido se dio cuenta del gran error que había cometido. No había la necesidad de todo eso, no fue su preocupación por el pony lo que lo llevo a decir aquello, fue el rencor de sentirse engañado, quizás al saber que sufriría al no estar con él quiso que el pony también lo sintiera, eso sí era de un verdadero hijo de puta. Aquello le confirmaba que no servía para querer a nadie, la primera vez que volvía a enamorarse después de tanto tiempo la cagaba de esa manera.

¿Por qué no podía amar nuevamente? ¿Por qué le costaba tanto? Conocía de toda la vida al pegaso y sabía que era una persona maravillosa, era tierno, alegre, cariñoso y si luchara un poco por su amor seguro lo conseguiría si es que no lo había hecho ya, entonces ¿qué era lo que lo detenía? Ah sí, esa puta costumbre de autodestruirse, de alejar todo lo bueno de su vida, de preferir la soledad, que ya hace un buen tiempo que no le llenaba para nada, pero era lo único que conocía y le daba vergüenza admitir hasta para el mismo el miedo que le producía pensarse nuevamente vulnerable. La vulnerabilidad que solo le daba el amor.

- Que estúpido que soy – lo había lastimado innecesariamente por sus miedos. "¿De qué te sorprendes? Eso es lo único que sabes hacer lo único que haces bien, lastimar a la gente que quieres" Se dijo para sí mismo, y era verdad. Primero Esmeralda, luego Shun, ahora Seiya.

- Tal vez si hablara con el pony… - ¿pero cómo? El no era bueno para hablar de nada, mucho menos de sentimientos, y aparte ¿quien le aseguraba que Seiya quería hablar con el después de todo? Bueno podría obligarlo, una sonrisa maliciosa apareció en su rostro para borrarse enseguida. No, no podía, ya se había equivocado mucho, debía hacer las cosas bien de una buena vez por todas, buscaría al pony, le pediría disculpas y hablaría con el acerca de lo que le sucedía.

Tomando esa decisión se levanto de la banca con un poco de dificultad y marcho rumbo a la mansión. "Ojala que no sea demasiado tarde" pensó.