- CAPÍTULO 9. INQUEBRANTABLE. -

Heian shodan.

Enpi.

Jion.

Chintō.

—¡Eso es trampa! Estamos con el estilo Shotokan, no Shitō-ryū.

El quelonio apoyó la cabeza entre los barrotes mientras soltaba un gruñido de frustración. Karai estaba sentada al otro lado, con la espalda contra la pared. Al menos eso podía discernir en la penumbra de la habitación.

—Admítelo, Leo —provocó con esa media sonrisa traviesa con la que comenzaba a familiarizarse—. Sé más que tú de katas*. Parece ser que cierta tortuguita no prestaba atención a sus lecciones.

—«Quien lo dice lo es...». Seguro que te las has repasado todas antes de venir aquí —se defendió con escepticismo—. ¿Me equivoco?

—Va a ser que sí —Se puso frente a él, de manera que los separaban tan solo unos centímetros—. Aunque admito que esa respuesta me ha gustado.

Antes de que pudiera añadir nada más Karai sacó algo que llevaba en un pequeño macuto lateral.

—Para ti —se lo tendió entre las barras de hierro. Era un bollo tan grande como su puño. Parecía recién hecho, o eso dedujo Leonardo por el tacto blando y caliente. Con un poco de duda le dio un pequeño mordisco. Un escalofrío recorrió su médula espinal mientras su ojos se iluminaban.

—¡Está muy bueno! ¿Qué es? ¿De qué está relleno? —Preguntó mientras saboreaba con placer aquel dulce.

—¿No has probado el anpan*? Cualquiera diría que fuiste criado por un japonés —espetó más sorprendida que otra cosa. Volvió a sentarse donde estaba antes—. Y está relleno de pasta de judías —Leonardo se quedó mirándola fijamente— ¿Qué, tampoco sabes lo que son las judías?

Frunció el ceño. Karai lo observó un instante y a punto estuvo de reírse.

—Te enfadas demasiado fácil —relajó los hombros y se acomodó mejor—. ¿No ves que estoy de broma? Deberías ser un poco más pícaro. Si te descuidas un poco van y te comen vivo...

—¿Y qué? ¿Cenaríais sopa de tortuga? No creo que sea buena idea.

La kunoichi se quedó en silencio, pensando la respuesta.

—Tienes razón. Con tan solo ver tu cara los cocineros huirían despavoridos.

Sus miradas se cruzaron unos momentos. En el fondo estaban aguantando a ver quién era el primero en dar su brazo a torcer, pero ambos fueron los que a la vez comenzaron con las carcajadas.

—¡Baja un poco el volumen! —exclamó Leo intentando controlarse— El guardia podría venir en cualquier momento.

—Ni un bombardeo reanimaría al cabeza hueca de Tokka —respondió entre jadeos, pero le hizo caso.

Leonardo había acogido ese hábito con recelo. Después de aquella noche en la que Karai le convenció para seguir viviendo siguió visitándole. Gracias a ella pudo recuperar la noción del tiempo. De noche era cuando la seguridad estaba bajo mínimos, por lo que la kunoichi podía inmiscuirse sin mayor problema. Aunque Karai era consciente de que el mutante no iría a ninguna parte no volvió a traer las llaves.

—Si lo hago todas las veces empezarían a sospechar —Se excusó cuando le preguntó sobre el tema.

Shredder iba a visitarle de día. Leonardo se encogía entonces en un rincón en un gesto fingido de debilidad y desamparo. Tras comprobar que aún seguía vivo le hacía la misma pregunta.

—¿Piensas unirte a nosotros?

No decía nada. Tan solo se acurrucaba aún más en el suelo, dándole la espalda. No pensaba dirigirle la palabra. La única respuesta que merecía era una muerte lenta y dolorosa.

El hombre llegaba a esperar varios minutos. Leonardo podía sentir su presencia incluso con unas rejas de por medio. Casi notaba su mirada atravesando su nuca, como un hormigueo bastante incómodo.

—Eres bastante resistente. Llevas mucho sin apenas comer ni beber —comentaba en tono grave—. Pero es cuestión de tiempo. Pronto morirás de hambre y ya será demasiado tarde —Daba la vuelta y cerraba la puerta. Aunque no mostraba signos de enfado notó que cada vez lo hacía con más fuerza.

Si se enterara de que alguien como Karai le daba comida cada noche...

—¿Leo, estás ahí?

Parpadeó. Se había perdido demasiado tiempo en sus pensamientos.

—Perdona, perdona. Me había quedado en blanco —Agitó la cabeza. Tras unos segundos intentó cambiar de tema—. Estaba pensando en que nunca me habías hablado de tu familia. ¿También están en el Clan del Pie?

La kunoichi palideció. No necesitó preguntarlo otra vez para saber que Karai había escuchado demasiado bien. Encogió las rodillas contra su pecho y miró a otro lado.

Aquello extrañó a Leonardo. En el tiempo que llevaban conociéndose nunca había visto que una simple pregunta le afectara tanto. Percibía en ella una generosa dosis de espontaneidad y picardía. Siempre tenía una respuesta para todo. Muchas veces jugaban a ver quién sabía más de técnicas ninja y estilos de combate. A veces ganaba uno, y a veces otro. Incluso llegaban a discutir seriamente; pero ninguno podía negar que, en el fondo, se divertían mucho. En cierto modo le recordaba a Raphael, pero carecía de esa furia ciega que tanto le enervaba. Y era la primera persona con la que podía hablar de ninjutsu durante horas y horas. Estaba también su padre, pero le tenía demasiado respeto para andar dándole vueltas al mismo tema por mucho rato.

Pero lo que más le atraía de Karai era la libertad. Moverse a sus anchas por la noche, comer lo que quería de la cocina... eran cosas que en su vida jamás había concebido. Y la kunoichi era capaz de hacerlas o no en función de lo que deseaba en el momento.

Aquello era algo contradictorio con su estilo de vida. Su padre le había inculcado el valor del liderazgo, el amor familiar y la responsabilidad de tres hermanos pequeños a los que cuidar, cada uno con sus problemas. Él amaba a su familia. Daría lo que fuera por que a ninguno le faltara nada. Sin embargo...

Miraba a Karai. Sin responsabilidades. Sin nada de lo que preocuparse. Luego volvía a sí mismo, rodeado de obligaciones. En el fondo ansiaba una vida en la que pudiera hacer lo que más deseaba en el momento sin pensar en multitud de nimiedades.

Pero no podía, no debía pensar así. Y eso le atormentaba.

—Lo siento —Se disculpó al ver que se había quedado mirando a otro lado—. No quería...

—Mi madre murió cuando era nada más que un bebé —interrumpió totalmente seria. No lo dijo con tristeza ni nostalgia. Al parecer había asimilado aquello como una verdad inexorable—. La asesinaron. O al menos eso fue lo que me contó mi padre.

—¿Y él está...? —preguntó con cautela.

Sacudió la cabeza y volvió a centrarse en Leonardo. Su expresión se había convertido en puro acero. Pareció mirar un segundo hacia abajo antes de continuar:

—Sí, es un ninja en el Clan del Pie. Pero no tengo una relación muy cercana con él. Apenas me dirige la palabra.

Algo le dijo al quelonio que aunque siguiera preguntando Karai no iba a contarle nada más sobre él. Al menos no aquella vez.

—En la vida todas las personas miran a su propio ombligo, incluido mi padre —continuó hablando. Extendió una pierna y apoyó el brazo en la rodilla restante—. Si algo he aprendido es que sólo debo preocuparte de mi misma. Llorar por la muerte de mi madre tan sólo me hace débil, inútil. Mostrarme como una chica desvalida tan sólo hará que me quede atrás y muera más temprano que tarde.

—No es cierto —Leonardo quizá habló en un tono más duro del que deseaba, pero aquellas palabras le habían enfadado—. Seguro que tu padre te quiere en el fondo.

Karai volvió a reír, aunque lo hizo más bien por no sonar demasiado sarcástica.

—Segunda vez que te digo esta noche que eres horriblemente inocente. Dime, Leonardo, oh, pureza personificada. ¿Por qué te preocupas tanto por tus hermanos?

—Para que sean felices.

—No. Eso es lo que haces. ¿Por qué estás tan encima de ellos? —repitió de manera imperante.

Cruzó los brazos. No le estaba gustando el cariz que tomaba la conversación.

—Responderé por ti —Karai volvió a acercarse tanto como le permitía la celda—. Te gusta tener el control, te llena, da un sentido a quién eres y lo que haces. ¿Pero qué pasaría si eso te hiciera daño? ¿Seguirías ayudando a tus hermanos?

La chica ni se inmutó cuando Leonardo se abalanzó bruscamente sobre los barrotes. Podía ver sus ojos verdes, que brillaban de perspicacia.

—Lo haría aunque mi vida se fuera en ello. Más te vale no volver a cuestionarme eso.

La expresión de Karai cambió. Movió la cabeza mientras se levantaba, alejándose un poco de la prisión.

—Me estás malinterpretando. Tan sólo te doy un consejo. La vida es difícil y dura por sí sola. Llevar tanta carga innecesaria a cuestas hará que te quemes demasiado rápido —Puso las manos en sus caderas—. Me caes bien, Leo. Pero no me gusta nada esa nobleza pasada de moda.

—Y yo odio que seas tan egoísta —También quedó de pie, agarrándose a las barras—. Haces lo que te da la gana sin pensar en las consecuencias. Algún día lo pagarás muy caro.

—Pues mira, gracias a mi actitud tan poco altruista aún sigues vivo —Frunció el ceño. Al parecer no era el único que estaba frustrándose—. ¿Crees que no corro ningún peligro visitándote? Deberías parar un momento a pensar en lo que dices, porque ahora el egoísta estás siendo tú.

El corazón se le detuvo un instante. Abrió la boca, pero no tuvo nada que decir. Le había atacado con su propia arma.

—Mira, nunca te lo he preguntado porque tiene que ser un incordio para ti —la chica se rascó la nuca. Continuó de una manera más concesiva—. ¿Pero en serio sería tan grave que te unieras a nuestro clan? Sí, será todo lo duro que digas, pero te acostumbrarás tarde o temprano. Podríamos entrenar juntos. ¿Qué te parece?

Leonardo abrió los ojos de la sorpresa. Le dio la espalda. Si la miraba unos segundos más no contendría las ganas de gritar.

—¿Y convivir con alguien con las manos manchadas de sangre inocente? Nunca.

No pudo ver cómo se tomó aquel comentario. Tampoco hizo ningún movimiento audible. Ese momento se había suspendido en el tiempo.

—En la vida no existe ni el blanco ni el negro —respondió finalmente. No había enfado o veneno en su voz. Lo dijo como si fuera lo más natural del mundo—. Que alguien haya matado a otra persona no implica que sea un demonio —Dio un par de pasos y abrió la puerta. Tras una pausa añadió—. Ah, se me olvidaba. Tus manos también están manchadas. Las mías no.

Cerró con un portazo.


Dejó de visitarle. No quería admitirlo, pero Leonardo realmente había desarrollado cierto apego por la kunoichi. Era lo única que alegraba su ahora mísera vida, reducida a aquellas cuatro paredes oscuras. Pasaba las horas andando de un lado a otro, mirando la puerta, esperando a que Karai volviera a aparecer, formulando mil y una disculpas. Pero nada.

Caer una vez era asumible. Dos no. El hambre volvió con mayor fuerza, así como la soledad y el frío. Jamás fue tan consciente de la calidez que podía otorgar una simple compañía amigable. A cada hora se encogía más y más. Se retrajo en la esquina más oscura de la celda y de allí no se movió.

Lo único que quedaba eran las últimas palabras de la chica. Era cierto. Estaba tan centrado en su benevolencia que olvidó que él ya había llegado a matar. No dudó ni un instante. No experimentó remordimiento mientras la cabeza de uno volaba por los aires y otro era atravesado en el pecho hasta morir desangrado.

Se concentró en sus latidos. ¿Eso le convertía en alguien como Shredder? ¿También era malvado?

No. No podía ser. Era capaz de amar. Amaba a sus hermanos, a su padre, valores como la nobleza y el honor. Eso no podía encuadrarse en alguien de corazón negro.

«Pero eso no quita que has saboreado la sangre de otros», una voz susurró en su cabeza. «¿Y si tenían alguien importante en sus vidas? ¿Y si tenían una familia? Piensa en el sufrimiento que has causado...».

—¡No! —pensó en voz alta. Comenzó a temblar.

«Encima de malo, cobarde. Shredder puede haber asesinado a tu padre, pero tú has hecho lo mismo».

—¡Basta! —suplicó encogiendo los hombros. Sentía que los temblores escapaban a su control.

«¿Ves esta celda en la que te vas a pudrir? Así eres por dentro. Ni siquiera eres digno de un entierro».

—No —Tenía el corazón en un puño. Aquella sensación opresiva iba a más y más. Se asfixiaba—. Decidí vivir. Aguantar hasta el final.

«¿Y de encontrar a tus hermanos serías capaz de mirarles a la cara? ¿Decirles que mataste a alguien a sangre fría? No eres blanco, no eres puro. Tienes una parte de maldad. Y si no la aceptas de una vez te irá consumiendo hasta que no quede nada».

Se derrumbó.


—...ahora lo entiendo todo. ¡Abrid la puerta!

Leonardo despertó con aquellas palabras ensordecidas a través de la pared. Una ráfaga de luz le obligó a tapar sus ojos, cegados temporalmente. La silueta imponente de Shredder estaba recortada contra la iluminación amarillenta del pasillo. Llevaba a alguien sujeto de la muñeca y no dudó ni un instante en empujarla al interior con brusquedad. Cayó al suelo profiriendo un grito de dolor.

—¡Karai! —exclamó. Intentó extender una mano hacia ella, pero no llegó a alcanzarla.

Ésta levantó la vista. Jamás la había visto tan temerosa. Un fino hilo de sangre se escurría lentamente por el labio izquierdo.

—L-lo siento —susurró atemorizada—, no podía...

—Le dabas comida sin mi permiso, ¿verdad? —Shredder hablaba con mayor contundencia. Se puso a su lado y le pisó la espalda. Poco a poco fue apretando más— Me sorprende que no te hayamos pillado antes. Ya decía que algo no cuadraba aquí. Me has decepcionado, y lo vas a pagar muy caro.

La chica no podía levantarse. Leonardo pudo ver cómo sus rasgos se congestionaban de dolor.

—¡Yo soy a quién debes reprender! —suplicó por ella mientras tiraba de los barrotes con todas sus fuerzas. En vano—. De no ser por mi no habría hecho esto. Déjala ir.

Shredder le taladró con la mirada. Sus piernas temblaron un momento, aunque consiguió mantener la compostura.

—Serás idiota. ¿Algo como tú va a decirme cómo debo educar a mi hija?

Por un momento pensó que no había escuchado bien. Agitó la cabeza mientras miraba alternativamente al hombre y a la chica. Pudo ver en su cara un intento de disculpa, pero no llegó a formularla.

—¿Tu padre es...? —Por un instante sintió que se mareaba. Dio dos pasos hacia atrás llevándose una mano a la frente. Su boca abierta temblaba de la sorpresa. ¿Cómo podía ser? No, no tenía sentido. Se negaba a creerlo.

«Pero nunca me dijo quién era».

—No se lo has contado —afirmó Shredder, estrechando sus ojos. Se dirigió a Karai con malicia— Pensaste que si lo sabía jamás confiaría en ti —se rio ante aquella ocurrencia—. Eres demasiado ingenua —apretó el puño izquierdo. De la armadura que lo cubría salieron tres garras de metal— pero esta misma noche vamos a poner punto y final a esa actitud tuya. ¡Guardias! Sacad al engendro de la jaula y tenedlo bien sujeto.

Dos ninjas de negro entraron como sombras en el cubículo. Abrieron la puerta y se abalanzaron sobre el mutante. Intentó desasirse, pero no duró ni dos segundos. Le sacaron a rastras de la jaula y quedó de rodillas frente al líder del Clan del Pie. Este no desvió su atención de él ni un milímetro. Tensó los hombros.

—Karai, observa bien mientras voy acabando con su vida. Seguro que al poco estará chillando, suplicando que termine lo más rápido posible —Posó la punta de una de las garras en su mejilla y empezó a apretar. No tardó mucho en comenzar a sangrar. Apretó los labios, conteniendo las ganas de gritar. La punta fue ascendiendo hasta rozar el ojo izquierdo. Imaginó que detrás de la máscara de metal el hombre esbozaba una sonrisa sádica. Debía de tener algún placer para él verle postrado, a su merced, con el pecho ascendiendo y descendiendo frenéticamente con la respiración— ¿Por dónde podría empezar? Tienes unos ojos bastante grandes. Me pregunto cómo quedarán si les hago un retoque...

—¡Basta!

Shredder bajó la mano y centró la atención hacia su hija. Ésta se había levantado y portaba lo que parecía ser un kunai. El enfado llameaba en sus ojos verdes. Los guardias que sujetaban a Leonardo se removieron nerviosos, sin saber qué hacer.

—¿Serías capaz de enfrentar a tu propio padre? —preguntó sin mostrar mayor emoción. Sí se movió lo suficiente para quedar de cara a la kunoichi. Crujió el cuello de un lado a otro, como si realmente estuviera dispuesto a luchar.

—Ponle un solo dedo encima y verás qué más soy capaz de hacer —amenazó extendiendo el brazo. No había duda en su voz, no dio ni un paso atrás. Leonardo intentó establecer contacto visual, suplicando que no se le ocurriera hacer una tontería como esa. No desvió la mirada ni un centímetro de su padre.

—¿Tan importante es para ti?

Aquella vez Karai no habló. Leonardo y los guardias pudieron escuchar cómo sus nudillos se aferraban todavía más en torno a la empuñadura.

Padre e hija mantuvieron contacto visual por largo rato. Ninguno bajó la mirada ni hizo ningún otro movimiento. Ni siquiera parpadearon. En aquel silencio tenso Leonardo visualizaba todas las sensaciones. La tensión muscular de los guardias. Su respiración. Tragó saliva mientras una gota de sudor bajaba por su frente. Cada segundo era una verdadera agonía. El ambiente de la habitación estaba demasiado cargado. Esas expresiones transmitían más sentimiento que mil palabras continuadas. Era una verdadera batalla mental.

El brazo izquierdo de Karai comenzó a temblar.

—Ya veo —Shredder retrajo sus garras. El choque había cesado—. He cambiado de opinión. Soltadle.

Leonardo dejó caer los brazos. Aunque el silencio había sido interrumpido aún seguía preocupado por lo que estaba por venir. La chica parpadeó repetidamente mientras envainaba el kunai. Sin embargo, aún no había bajado la guardia.

—Escuchadme bien los dos. Tan solo diré esto una vez.

Tuvo escalofríos. Intentó incorporarse pero quedó a medio camino.

—Hamato Leonardo —Volvió a enfrentarse a aquella expresión férrea—. Desde ahora tu vida está ligada a la de Karai. Vigilarás que nadie atente contra ella y la protegerás de todo daño. Si en algún momento muriera por cualquier causa correrás su misma suerte —se dirigió a su hija. Ésta se irguió de hombros, expectante—. Oroku Karai. Leonardo pasa a ser tu total y absoluta responsabilidad. Juntos completaréis vuestro entrenamiento y realizaréis todas las misiones que os sean encomendadas. No obstante, si en algún momento traicionara o desertara del Clan del Pie te verás en la obligación de darle muerte en mi presencia. No toleraré dudas ni negaciones por tu parte. Lo matarás lentamente. Con tus propias manos y las de nadie más.

Leonardo se quedó mirando el suelo con los ojos bien abiertos. Para nada esperaba algo como eso. Palabras como aquellas tenían un poder tal que podían asemejarse a un juramento inquebrantable.

Algo que la muerte únicamente podría romper.

—Dejadles solos un rato —ordenó a los guardias. Estos asintieron enérgicamente, abandonando la sala tal y como habían venido. Shredder les siguió mientras continuaba hablando—. Preparaos para un largo viaje. Volvemos a Japón.

Sus pasos, cada vez más lejanos, terminaron haciéndose inaudibles. Karai se desplomó con la frente perlada en sudor. Boqueaba de manera acelerada y sibilante, como si estuviera asfixiándose.

Leonardo no sabía qué decir ni qué sentir. Todo era un cúmulo de sensaciones que se atropellaban entre sí, sin poder sacar nada en claro. Aun habiendo sobrevivido se sentía cansado y abrumado por la carga que había caído sobre él. Al otro extremo de la sala la kunoichi se sentaba a duras penas con el hombro apoyado en la pared. El flequillo la cubría la parte superior de la cara, pero sí observó que rechinaba los dientes.

«¿Por qué?», quiso haberle preguntado. Se sentía traicionado. Tener algo parecido a una amistad con la hija de un asesino chocaba con sus principios. Pero le había salvado la vida. ¿En qué lugar la dejaba entonces?

—G-gracias —Fue lo único que salió de su boca. Hizo ademán de acercarse a ella.

—¡Cállate! —Movió bruscamente la mano para luego abrazarse a sí misma. Poco a poco dejó de temblar. Continuó con una voz aguda, a punto de quebrarse—. No hables. No digas nada.

Leonardo la miró con pena. Por un momento deseó poder comprenderla, alcanzarla, llegar a visualizar siquiera un poco de lo que pasaba por su cabeza. ¿Por qué lo había protegido? ¿Orgullo propio? ¿Resentimiento por su padre? ¿Afecto hacia él?

¿Un poco de todo?

Jamás supo la respuesta. Se quedó donde estaba, tan cerca y a la vez tan lejos.

Y no dijo nada.


Katas: Movimientos de artes marciales en secuencia que se usan para entrenar todo el cuerpo a la vez. Hay muchos movimientos que se encuadran en distintos estilos como el Shotokan o el Shitō-ryū.

Anpan: Es un bollo dulce japonés relleno de pasta de judía (azuki). Hay muchos tipos.

Nota de autor: ¡Hola! ¿Cómo va vuestra vida? Espero que bien. Yo ando algo atareado con el grupo de Teatro, ya que estrenamos la semana que viene («Alicia en el País de las Maravillas», para los curiosos). Tan solo podemos ensayar de noche y como tengo que madrugar para ir a clase ando siempre un poco cansado.

Este capítulo ha sido de los que más me han sorprendido. No es que tuviera bajas expectativas, pero Karai me ha quedado de una manera mucho mejor de la que esperaba. Esa ambigüedad moral es algo que pienso explorar a lo largo de la trama.

Creo que no es necesario que diga que la imposición de Shredder tendrá gran repercusión en la trama. ¿En qué sentido? Eso es algo que se irá descubriendo *guiño guiño*

No puedo quedarme sin pasar a los agradecimientos:

Jamizell Wolf Blood Amatista: Estoy aún informándome sobre el plan de Kirby. Tengo la idea clara, pero digamos que hay ciertos...trámites que debo plasmar de manera coherente. Lo interesante de este capítulo es ese «vínculo» entre Leo y Karai. Si se piensa de manera fría, puede conllevar a algún que otro dilema en el futuro...

marita: Muchas gracias por mostrar tu alegría sobre mis exámenes. El año pasado suspendí dos asignaturas, y en comparación es mucho mejor. Igualmente me alegra que sintieras el capítulo como si tú misma fueras Raph. Que el lector se meta en la piel del personaje es una de mis mayores aspiraciones como escritor. Si algo me gusta del ninja de rojo es la pasión con la que quiere a sus hermanos. Los ama tanto que su simple imagen le da fuerzas para seguir adelante.

Bilbogirl: Bueno, Bilbo, si este «pendejo» iba a meter a Raph en una palestra ya en ese momento estaba siendo malvado XD. Sí, recibí tu PM pero no lo he podido responder aún. Tomaré en cuenta tus lecciones. Espero que este capítulo haya prometido tanto como comentabas. Agur eta muxu asko Andaluziatik!

I Love Kittens too: No te preocupes, muy pronto descubrirás cómo es exactamente el hombre que ha salvado a Raph (y el lío en el que se ha metido XD. Tranquila, esto último es broma). Uff, vi «El regreso del Jedi» hace mucho tiempo, cuando era pequeño. Supongo que tendrás razón. Un abrazo y saludos desde España.

Lena-kun: *momento de fangirleo* ¡Review de nueva lectora! ¡Cuánta emoción! *momento de fangirleo off*. Me encanta la sinceridad que desprende tu opinión. Se que me tiro muchas veces por el dramatismo, pero intento «compensar» de vez en cuando. Ojalá vieras mi sonrisa cada vez que leo y releo tu review. Incluso en el punto negativo que señalaste. Lo reconozco, he dejado de lado las habilidades marciales de las tortu y la acción en general. Debo ponerme una tarde a informarme más a fondo sobre técnicas ninja para poder escribir con autoridad. Otra razón de ello es que mis historias son muy estáticas, pero prometo que en el futuro veremos más peleas (quizá cuando sean algo más mayorcitos). Una vez más, muchísimas gracias por tu fidelidad. Con eso me es más que suficiente para saber que estás ahí. Deseo que te vaya muy bien donde quiera que estés.

P.S: Me ha dado por curiosear tu perfil. ¡Solo soy nueve días mayor que tú! :D

Schwarzblau: Algo me decía que ese capítulo te iba a encantar. Soy consciente de ese fallo. Aun poniéndome manos a la obra para solucionarlo parece ser que me han quedado cabos sueltos por ahí. La próxima vez que escriba sobre niños de manera tan focalizada procuraré recordar tus consejos. Debo ponerte los pies en la tierra. No he dicho que a April le guste Donnie en ese sentido (son niños, ni saben aún lo que es eso). Solo ella podrá responder esa pregunta a su debido momento.

Se me ha ocurrido algo. ¿Os parece mejor que responda los reviews por PM? Os mencionaré en agradecimientos igualmente, pero tengo la sensación de que suelo ser muy prolífico. Si no os molesta podéis decírmelo también. Todo es por que vosotros os sintáis de una manera más cómoda.

El grupo de Teatro me tiene algo saturado, y el fin de semana que viene mis compañeros de carrera y yo nos vamos a nuestro viaje de estudios (Túnez, yuju). Tengo el siguiente capítulo ya escrito, pero advierto que es muy largo y tardaré tiempo en revisarlo, corregirlo y prepararlo. De esta manera, si no lo he publicado antes del jueves 12 de Marzo, tendréis que esperar hasta Semana Santa para la siguiente actualización. Todo depende del tiempo que encuentre. Intentaré apretar un poco el cinturón pero no prometo nada. Espero que seáis comprensivos.

Ahora sí, ya os dejo.

¡Nos vemos!

Con cariño.

Jomagaher.