Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras, no recibo ni un centavo. Esta historia participa para el reto propuesto por LizethMellark en Pidiendo teselas del foro "El diente de león".

¡Alerta! Es una historia extraña llena de blasfemia literaria comparable a una mala adaptación cinematográfica. De ante mano te advierto, es Finnis, no llegues al final solo para enviarme al Árbol del Ahorcado ¿sí? Muchas Gracias.

Aviso. Contiene Lemon (escenas para adultos explicitas). Todos sabemos las restricciones de edad que eso implica, así que si lees es bajo tu propio riesgo, no me culpes insensato! Jajaja. Por eso también cambio el rating a M.

Two weeks in a row… merezco un premio :)


.Capítulo 10.

Puede ver a la pequeña versión de su madre sollozando. Finalmente ha explotado, le ha dicho a su madre todo lo que se guardó por años y la mujer decidió irse, escapar de nuevo, cuando no llevaba ni una semana en el Cuatro. Da igual los lamentos de su patito, la otra rubia no se quedara. Mejor para ellas piensa, aunque su corazón lata tan despacio que duele. Hubiera preferido una disculpa sincera, pero conoce a su madre más de lo que le gustaría y esa mujer es incapaz de sentirlo aunque lo intentara.

El tren llega a la estación y Prim se aferra a su madre, ve como le susurra algo y la dama asiente levemente. Ha decidido quedarse en la lejanía y ni Finnick le acompaña, él no ha venido, otros asuntos dijo. Prim le llama, la castaña niega enérgicamente y ve a su hermanita bajar la mirada y suspirar. La joven versión de Odair le rodea la cintura a la rubia menor y le sostiene. Observan como el tren se va. Despide a su madre en silencio, segura de que será la última vez que le vea en mucho tiempo.

— ¿Volverás a mi apartamento?

— No…

— Se supone que viniste aquí por tu familia Katniss… por mí y por mamá.

— Estás enojada conmigo Prim y no quiero pelear así que no me quedaré en tu casa — acota firmemente acariciando la trenza rubia.

— No lo estoy — musita en un puchero y es como si volviera a tener diez años — vuelve conmigo por favor.

— Mañana… — acota la castaña aceptando el abrazo de su hermana.

— Te llevo — sentencia la rubia tomando la mano de su novio.

— Prefiero caminar Prim… paseen un rato.

— Katniss.

— Soy mayor Prim no moriré…

Se aleja de la estación. Recorre las calles del Cuatro. Le invaden recuerdos de la Gira, la sonrisa de Peeta y las carcajadas de Annie cuando le mostraban la ciudad. Suspira y sigue su camino. La aldea está al otro lado de la ciudad pero ansiaba una larga caminata, es lo más cercano a cazar en el bosque que puede permitirse estando tan lejos de casa.

La plaza principal es similar en todos los distritos. Una enorme porción de tierra con caminos de cemento y una fuente en el centro. Se distinguen por la vegetación, cada distrito tiene arboles diferentes, en el Doce hay robustos algarrobos. En el cuatro, palmeras muy altas y con hojas enormes. Decide que gastara dinero, porque no. Entra en una bonita panadería, la dependienta se deshace en sonrisas y le muestra toda su mercadería. Compra galletas y bollos de queso, pidiéndole a la señora que separe unas cuantas en una bolsa aparte. Observa el delicado glaseado que imita el mar y se muerde las mejillas interiormente. Tiene que repetirse que es fuerte. Paga y se va, camina con rapidez a la siguiente tienda, una que le recuerda a Haymitch y le permite respirar con normalidad. Compra un licor con sabor a coco que espera le agrade a su mentor. Incluso pide una botella de alcohol de chocolate, diciéndose que siendo mayor es hora de tomar a conciencia y no para huir de sus problemas. Agradece al vendedor y sigue su camino. Dobla en una esquina y gracias a su experto sentido de orientación, encuentra el edificio en el que vive su hermanita. El guarda del bloque recibe con gusto el paquete y le promete entregarlo. Asiente levemente y pone rumbo a la Aldea.

Esperaba encontrar al dueño de casa al llegar. En su lugar, Lara abre la puerta y le sonríe con amabilidad. Toma las bolsas que ella porta y le comunica que Finnick lo siente pero se tardara un poco más en la alcaldía. La castaña asiente sin mucho más por decir y quedándose con la bolsa de las botellas, sube al piso superior y se mete en el cuarto de huéspedes.

Se limita a mirar por la ventana aunque en sus manos hay un libro que trajo desde su casa. Debería leer se dice, hace más de un año que tiene la misma lectura y aun no lleva ni la mitad. Siempre habrá alguna palabra, alguna escena, que le recuerde a alguien que ha muerto por ella y le haga perder en su propio mar de recuerdos.

La potente voz de su anfitrión le despierta del letargo. Vuelve a la lectura pero no pasa mucho hasta que escucha los nudillos sobre la puerta.

— ¿Te despediste de tu madre?

— Desde lejos — indica la castaña dejando sobre la mesilla su pequeño libro.

— ¿Quieres hablar?

— No — exclama con firmeza — al menos no de ella — se acerca unos pasos.

—Lara dijo que estuviste en la panadería…

— Volví a pie desde la estación — sonríe — compre galletas y bollos de queso.

— Nos preparó la merienda para llevar — imita la mueca de ella.

— ¿Iremos a la playa? — La idea le agrada, aunque también le perturbe.

— Así es — le tiende la mano, ella no duda, se aferra a los fuertes dedos del vendedor.

—Bien — le acompaña hasta la puerta del cuarto y se suelta ante la sorprendida mirada de Finnick —debo cambiarme — acota algo cohibida.

— No es necesario — susurra él con una sonrisa que hace que la menor se sonroje y frunza el ceño al mismo tiempo recordando la desnudez de ambos de días atrás, recibe un golpe sin fuerza en el brazo — el mar está revuelto Sinsajo, no vas a poder nadar.

— Oh… vale, lo siento — le ve deslizar con ternura la mano sobre su brazo antes golpeado y no se arrepiente de impulsarse a besarla.

— Lo siento — acota con una sonrisa radiante y el mismo tono que ella usó.

— Calla Odair.

Le observa bajar las escaleras. Debe quedarse atrás regulando imperceptiblemente su respiración, tratando de controlar la necesidad de tenerla bajo su cuerpo.

— Autocontrol Finnick autocontrol.

Ríen, se besan y de vez en cuando comen alguna delicia de las que compro Katniss. Acaban tumbados uno al lado del otro de manos enlazadas viendo el cielo descomponerse. Una suave brisa se levanta amontonando las nubes grises sobre sus cabezas, pero ellos ya han dejado de ver el cielo. Rozan sus narices dulcemente y se miran buscando reconocerse. Se besan, casi puedes oír el ritmo de sus corazones acelerándose a medida que los besos dejan de ser dulces.

Él está a punto de colar sus manos bajo la holgada blusa de la castaña cuando nota algo húmedo en su brazo. Una gota más y otra y pronto es el chillido de Katniss lo que llama su atención, más que la espesa cortina de agua que aparentemente cae cielo. Logra conectarse con la mirada plateada, roza una última vez sus labios y se pone en pie tendiendo sus manos a la chica a modo de ayuda. Ejerce, adrede, demasiada fuerza y Katniss termina apegada a su pecho. Se inclina para besarle y ella le corresponde tomándose de sus hombros para llegar a su altura cómodamente.

~KATNISS POV~

Cuando un estremecimiento involuntario me recorre, Finnick decide que es suficiente. Me arrastra al carro y emprende la vuelta a la aldea. Siento la sangre recorriendo mi cuerpo hirviendo bajo mi piel, el calor de los dedos contra mi vientre antes de la lluvia, la necesidad de que vuelva a rozarme.

Apenas Finnick detiene el coche me escabullo de su lado. Estoy nerviosa, ansiosa, siento el corazón latiendo fuertemente en mi pecho y no entiendo el porqué. Golpeo la puerta pero nadie abre. Tanteo la cerradura, efectivamente, cerrado. Lara se ha ido. Su mano aparece de pronto rodeándome, la otra coloca la llave en su sitio y le hace girar. En cuanto oigo el clic empujo la enorme puerta y me escapo de sus brazos. Le oigo llamarme y creo que conteste que tenía frio y que me daría una ducha.

Desnudarme es un proceso complejo. Apenas toco mi piel, siento como la electricidad me recorre y las imágenes de la playa vuelven, una y otra vez en un bucle que me deja sin aire. El agua tibia no aplaca las sensaciones, cierro los ojos y lo único que anhelo es a Finn sobre mi cuerpo acariciándome. Cambio de estrategia y cierro por completo el agua caliente. El agua helada me saca una maldición de la garganta y aun así no paro de pensar, de sentir. Es extraño porque en cinco años simplemente me había limitado a sobrevivir a la guerra y a la pérdida. Tres semanas en contacto con Finnick Odair me han devuelto a una vida para la que no estoy preparada. Vuelvo a tener miedo y aun así cuando salgo de la ducha y seco mi cuerpo, vuelvo a desear que esté conmigo.

Rebusco en el armario algo que usar, pantalones holgados y una simple blusa. Los arrojo sobre el diván y decido que guardare el obsequio de Haymitch antes de que acabe roto. Busco la maleta en la que traje mis pertenencias, segura de que no hay lugar más seguro para una botella. Abro el compartimiento principal y dejo la bolsa de papel en su interior. La cierro y el recuerdo de Haymitch quejándose por el peso de mi maleta me saca una sonrisa. Viene a mi memoria un recuerdo en particular. Estaba esperando el tren así que miraba fijamente al horizonte. De reojo veo a mi mentor ponerse de cuclillas diciendo que el compartimiento externo estaba mal cerrado. Abro el pequeño bolsillo y meto la mano, hay un sobre y dentro algo suena. Me extraña, quizás Hay mencionó que dejaría una carta para Finnick y lo olvidé o no estaba prestando atención, pero no, tiene mi nombre en el sobre. Lo abro y en su interior hay dos cosas. Una pequeña nota y un pequeño contenedor transparente lleno de píldoras, lo dejo a un lado. Creo que no esperaba que la caligrafía de Haymitch fuera tan perfecta.

Sinsajo,

Sé que mientes preciosa. Amas a tu hermana y todo pero este viaje va más allá de un reencuentro con tu familia. Irás a por Finnick y me alegra. He tenido que controlarme ¿Sabes? Ese chico nunca fue de mis favoritos. Yo no pude proteger a los míos luego de sobrevivir y él se mofaba de la fama y la fortuna de ser vencedor mientras estaba rodeado de su familia.

Cuando la chica, la loca pelirroja entró en los juegos, algo cambió en él. Hizo cosas peligrosas, cosas que terminaron en la salvación de su amada y en la perdida de sus familiares. Debo decir que sumó puntos conmigo pero aun así no ponía las manos en el fuego por él.

Hasta hace seis meses, cuando vino al Doce y dijiste tus primeras palabras en años. Eres un incordio preciosa, pero volver a oír tu voz me hizo pensar que quizás él podía arreglarte, como Effie me arregló a mí (Inciso de autora: si, Hayffie a morir xD). Pero protejo lo que quiero y eres lo más parecido a una familia que tengo y a Finnick lo antecede su pasado, por eso le asusté y creo que por ello acabó yéndose.

Vive la vida de un vencedor preciosa. La buena vida, esa que nos vendían al principio de cada Cosecha. Vive con el adonis de Odair lo que no pudiste con Peeta, porque aunque él se haya ido sabes que siempre esperó que sobrevivieras, incluso al Quarter Quell.

Vive Katniss y disfruta esa vida como no lo has hecho estos últimos años. Esas pequeñas píldoras evitarán cualquier riesgo chica en llamas. Finnick puede llegar a ser más que persuasivo. No le rechaces, el chico ha estado mucho sin acción.

Haymitch Abernathy, demasiado joven para nietos postizos.

Suelto la maldita nota y observo las capsulas de un leve color rosado, las hago tintinear en el contenedor. Haymitch va a pagarlo caro, no quedará un animal que cuidar. Nietos, hijos míos porque lo cierto es que ese hombre me ha tratado como a una hija y lo ha hecho mucho mejor que mi madre. Hijos de Finnick y estas van a evitarlo. Detesto la sorna en la nota de mi mentor y a su vez hace mella como cada vez que dice algo. Debo vivir, Peeta hizo un pacto con Haymitch dos veces para salvarme, estaría enfadado conmigo si no viviera plenamente.

— Katniss — me envuelvo en la enorme y suave bata blanca, finalmente no me vestí, oigo sus nudillos golpeando la puerta — Katt… ¿estás bien?

— Si — me acerco hasta la puerta, puedo oírle suspirar al otro lado, me echo atrás indecisa — Finn… — tomo el vaso de agua y dejo una capsula en mi boca, trago sin dificultad.

— ¿Qué?

— Está abierto — me arrepiento al segundo de haber terminado la frase porque batallar en la arena parece mil veces más fácil que verle de pie frente a mi observando como solo una prenda me cubre.

— Es una venganza — me acusa con el dedo aunque en sus ojos hay diversión— me quieres hacer sentir culpable por verte en bata… porque te has metido dos veces en mi cuarto cuando… Katniss…

Es intrigante lo mucho que me agrada dejarle sin palabras. Está tenso y no deja de mirarme. Comprensible, tampoco podía dejar de mirar a Johanna luego de que se desnudara en un ascensor. He dejado la ventana abierta y la brisa hace que mi cuerpo aun húmedo se estremezca. Trago saliva algunas veces esperando que se acerque, rogando que no me rechace ahora que he hecho algo tan imprudente. Hace un paso hacia atrás y mi mundo está a punto de colapsar. Cierro los ojos, no quiero verle mientras se va.

— Lo dije antes Everdeen y lo repito — no le he escuchado acercarse, acaricia mi cintura con sus cálidas manos, siento su aliento en mi oído— Eres osada.

Besa mis labios casi al instante y sus manos suben por mi espalda para apegarme a él. Me aferro a la rugosa tela de su camisa marinera y me pongo de puntillas para besarle mejor. Se encarga de quitar la toalla que envuelve mi cabello dejando que este caiga en mi espalda. Un gemido escapa de mi boca al sentir sus manos al frente tocando mis senos. Mis sentidos pujan por salir a flote, alejarlo y encerrarme en mi burbuja, pero sigue de largo y recorre suavemente mi abdomen. Camina apenas unos pasos y caemos en la cama.

Abandona mi boca y el aire quema al intentar recuperar el aliento. Sus labios recorren mi cuello, se dedica a acariciarme a conciencia haciendo que gemidos involuntarios escapen de mis labios. Uno en específico llena la habitación cuando sus dedos rozan mi entrepierna. Me espanto y me alejo hacia atrás, sentir sus dedos en aquel sitio no es lo que esperaba. Se disculpa en un susurro y vuelve a estar sobre mí, pongo mis manos en su pecho y noto lo acelerado que está su corazón. Vuelve a besarme con ternura y a susurrar que lo siente, su mano acaricia mi abdomen.

— Lo siento — musita en mi cuello cuando volteo a ver a otro lado, me besa apenas rozando sus labios en mi piel y el cosquilleo me llena de energía.

— Si- sigue — tartamudeo en un susurro tan bajo que creo que solo lo he dicho en mi cabeza.

— ¿Qué? — suena sorprendido, me agrada por una vez sorprenderle.

— Nada…

— Mírame Katniss —volteo a verle, sé que mis mejillas arden — buena chica ahora bésame.

— Finnick — sonríe ampliamente ante mi reto.

— Solo un beso Everdeen… bésame — usa esa voz suave, sensual, que obligaría a cualquiera a tirarse de un barranco si lo pidiera — bésame.

Cierra los ojos y yo igual. Muevo mis manos hasta rozar su nuca y le atraigo a mis labios. Empieza un beso lento que dura poco, porque le deseo, mucho, como a nadie nunca. De nuevo su mano va más allá, a un sitio que en la vida alguien había tocado. Su experiencia, sigo temiéndole. Es apenas un roce pero no puedo evitar sentir el calor acumulándose ahí, la necesidad de que sea más. Mi cabeza me traiciona y lo pido antes de gemir su nombre.

Todo cambia en un instante. Abandona mis labios y pasa a besar mis pechos mientras entra en mi interior. Me aferro a las sábanas y muerdo mis labios, quiero gritar. Es como si todo lo que no he sentido en años explotase en mi interior. El calor, el placer, todo parece demasiado y a la vez deseo más. Sus dedos se mueven rítmicamente, jadeo en busca de aire y en algún punto estoy segura de chille su nombre como las locas fans del Capitolio.

Vuelve a besarme con fuerza. No es dulce y no quiero que lo sea. Deja ambas manos a los costados de mi cabeza y le siento como en la playa. Está vez más consiente y es mil veces mejor. Noto sus suspiros y un sonido en específico entre un quejido y un gruñido que hace que mi pulso enloquezca. Sin embargo, no está bien, no soy experta, ni siquiera una novata, pero siento que solo soy yo la que disfruta cada vez que se interna en mí.

Hago algo de fuerza y Finn cede quitándose tan pronto que debo ahogar un quejido. Me observa de arriba abajo buscando el porqué. Palpo el lugar a mi lado y le callo con mi otra mano. Si habla dejare de ser valiente, lo sé. No debate, se sienta sin decir nada. Tomo una gran bocanada de aire antes de ponerme a horcajadas sobre él. Le beso cuando abre la boca para decir algo. No sé si le transmito mis temores o no pero sus manos recaen en mis muslos y suben acariciándome hasta estar en mis caderas. Bajo lentamente esperando el dolor pero no llega. En cambio, ahogo un gemido en sus labios y él también lo siente, aprieta más el agarre en mi cuerpo y empieza a moverme suavemente.

Acabamos exhaustos, aun en una extraña posición, semi sentados en la cama. Finnick acaricia mi espalda rítmicamente, también besa mi cuello, algo que descubro que me gusta. Aún estamos algo agitados, su pecho sube y baja contra el mío. Nos hace girar en la cama, otra vez sobre mí, viéndome de una manera extraña y a la vez tan suya, como si fuera a romperme en mil pedazos o a desaparecer. Se quita lentamente y se levanta. Así como ha entrado por la puerta se va, cerrándola, sin decir ni una palabra.


¿Qué? ¿Esperaban que todo terminara bien? ¡Suuuufran! *inserte risa malvada*

Me ha costado horrores escribir el lemon desde el POV de Katniss. Siempre lo he hecho en tercera persona o en la voz de Peeta y esto se me hizo difícil. Pero aquí está y espero que les guste.

Por otro lado amé escribir un trocito de Haymitch xD. Es uno de mis personajes favoritos y hace mucho que no aparecía por aquí.

Por cierto, lamento si ofendí a alguien con mis notas al final del capítulo anterior. No quería hacerlo, era más una manera jocosa de decir las cosas no esperaba un impacto negativo. Así que lo siento.

Cuéntenme que les pareció y nos vemos la semana que viene. Saludos.

Con cariño atentamente, Anna Scheler.