CAMINANDO JUNTOS EN EL SENDERO DEL AMOR

Había sido un día difícil. Pero después de meditar mucho sus opciones, había decidido actuar como su corazón le dictaba.

Fingir disfrutar ser el Sr. Andrew era un trabajo pesado. Aún así lo hacía con gusto. Mientras sus acciones beneficiaran a sus seres queridos él continuaría actuando. Pero ahora todo era tan diferente. Había perdido a Candy…

Candy…Después de perder a su familia se sintió desolado. Entonces la vida le cambió cuando conoció a aquella rubia pecosa en una colina. Había aprendido a quererla como una amiga, a verla como una más de su familia, y a darle el apoyo que tanto necesitaba. Pero Candy también le apoyaba, y así entonces se creo un nuevo vínculo entre los dos.

"Candy…fuiste tan parecida a mi hermana…que igual que a ella te perdí". Albert no podía dejar de lamentarse por su muerte. "Si te hubiera retenido…si te hubiera consolado mejor, si te hubiera ayudado a ir tras tu felicidad…quizás en estos momentos estarías entre nosotros, y serías tan feliz como siempre lo mereciste".

Su partida había sido un golpe del que no se podía recuperar. Entonces recordó su forma de olvidar, su única salida a ese mundo frívolo. Viajar y ayudar a otros, era la única medicina que podría curarlo. La tía abuela tendría que comprenderlo esta vez. Ella misma se había mostrado tan desdichada cuando partió a Lakewood con los otros.

Él en cambio se había quedado en Nueva York, junto con Annie y su sobrino, Archie, para finiquitar asuntos con la prensa.

"Entre tan tristes noticias, han pasado cosas buenas", pensó con tristeza el rubio.

La recién noticia del embarazo de Annie fue un suceso que les devolvió la sonrisa a todos.

Después de años de no verse, el duque Grandchester y Eleanor Baker habían descubierto que nunca habían dejado de amarse. Lo supieron al instante de perder el único recuerdo de su amor: su hijo. Ambos encontraron consuelo en el otro, y así se les hizo más fácil sobrellevar su muerte. Se necesitaban más que nunca ahora que la prensa los acosaba, siendo la revelación de sus padres una noticia manejada por toda la ciudadanía neoyorkina.

"Estoy seguro de que te habría gustado saberlo, amigo". Era tan lamentable que Terry no estuviera presente para ver como si antigua familia volvía a unirse.

Ahora que las cosas en el hogar de Pony se habían normalizado, y que todos sus seres queridos estaban más tranquilos, era el momento perfecto para que él buscara su propia tranquilidad.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes, Albert.

Eleanor Baker y el duque Grandchester conversaban tranquilamente con su sobrino y Annie en la sala. Habían visitado con frecuencia la casa de la actriz en los últimos días.

-Annie nos comentaba que partirán pronto, Albert. ¿Desearías algo de beber?-habló la actriz al ver que el rubio tomaba un asiento cercano.

-No, Eleanor, gracias. Entiendo que ustedes también van a viajar pronto.

-Está en lo cierto, Albert. Eleanor y yo queremos alejarnos de la prensa, y de todos los chismosos que quieren saber de Terruce-contestó el duque, sentado junto a ella.

-Pensamos que sería lo mejor irnos un tiempo. Ahora que todos saben que somos sus padres, querrán hacer noticias sensacionalistas, y lo último que deseamos es que se manche su nombre.

-Sabía que la opinión de los medios puede molestar a la gente, pero la prensa de Nueva York se ha excedido esta vez-insistió el duque.

Desde que la noticia de su muerte se supo, reporteros y periodistas habían insistido diariamente en hablar con ellos. Incluso la seguridad que ambos tenían empezaba a flaquear delante de la presión de los medios.

-Será lo mejor alejarnos un tiempo. Al menos hasta que las cosas se calmen-dijo Eleanor.

-Entiendo. Tal vez por eso yo he decidido hacer lo mismo.

-¿Qué dices, Albert?

-Lo que oíste, Archie. Yo también pienso irme lejos. Donde pueda librarme de las responsabilidades de la familia Andrew, y pueda encontrar la paz que tanto necesito ahora.

-Lo oigo hablar, y pareciera que estuviera escuchando a Terruce. Es obvio que ustedes tenían mucho en común-dijo el inglés.

-Mas o menos. Terry buscaba su paz en el teatro. Yo busco la mía viajando y ayudando a otros.

-Después de tanto tiempo, sé que la paz de Candy era Terry-aseguró Annie.

-¿Está segura de que Terry no volvió a verla, Sr. Eleanor?-preguntó Archie con curiosidad- Ambos viajaban en el mismo barco. Pudieron haberse encontrado antes de partir.

-Me temo que no. Pudieron volverse a ver en el barco, pero antes de abordar es poco probable. Terry se marchó a Lakewood por la mañana, y supe de él después por un telegrama que me envió. Decía que iría a Londres a buscarla.

-De haberla visto aquí en Nueva York, Terry no se habría marchado, de eso estoy seguro. Lo sé porque era muy terco, y siempre lograba hacerle cambiar de parecer a las personas-explicó el duque.

-Es lamentable decirlo. Pero creo que ninguno de los dos supo del otro antes del naufragio-aceptó Archie.

-Terry murió buscando a Candy…y Candy murió pensando que Terry se casaría con otra mientras ella lo amaba-la voz de Annie se quebró cuando mencionó el nombre de Candy.

La triste realidad los invadía de nuevo.

-Es en vano pensar en eso. El pasado ya quedó atrás-habló Albert.

-No llores más, Annie. El que se hayan visto o no, no va a cambiar las cosas-Archie trató de calmarla.

-Lo sé, Archie. Pero me pongo en su lugar por un momento y…todos nosotros fuimos tan desconsiderados. Mientras Candy se moría de pena, celebrábamos y vivíamos felices, en vez de ayudarla a buscar su felicidad.

-Después de que pierdes lo que tienes, es cuando te das cuenta de cuan importante era. Si hubiera ayudado a Terry cuando estaba a mi lado, tal vez nada de esto habría pasado.

-No te culpes, Richard-Eleanor sonaba tan triste como Annie-. Muchas veces traté de hacerle ver a Terry que sólo había infelicidad en su vida. Pero él era igual de obstinado que tú, y prefirió esperar hasta el último momento para jugarse todo por su verdad.

-De nada sirve culparse. Eso no traerá a Terry ni a Candy de vuelta-la única voz que aún se mantenía calmada terminó con aquella conversación-. Todo esto aún es muy reciente, y necesitamos tiempo para calmar nuestras heridas.

-Tú también sigues culpándote por su muerte, Albert. Es por eso que quieres irte.

-No, Archie. Quiero irme para dejar atrás todo esto. Es cierto que nunca voy a olvidarla, pero no quiero pasar día tras día pensando en su muerte. La mansión de Lakewood no es el mejor lugar para dejar de pensar en ella, porque todo allá me recuerda a Candy.

-¿Cuándo te irás, Albert?

-El viernes por la tarde, Annie. Quiero que tú y Archie se ocupen de todo mientras yo no esté. Sé que estarán bien juntos, y ahora más que nunca que serán padres.

-Puedes confiar en mí, Albert. No te decepcionaría jamás-le dijo Archie.

-Lamento todo esto, Albert. Sólo espero que podamos superarlo algún día-le dijo Eleanor.

-Yo también lo espero, Eleanor. Yo también lo espero.

& & &

Era imposible que ya hubiera caído la noche en la isla. Candy y Terry volvieron de la playa justo después de que el sol se ocultara.

-Si nos quedamos así podríamos resfriarnos. Debemos cambiarnos de inmediato-dijo ella al estudiar más detenidamente su vestido.

-Estoy de acuerdo contigo, Candy-dijo él antes de tomar su mano y guiarla cuesta arriba a las escaleras.

-Terry…espera… ¿qué haces?-preguntó ella estando ya en la habitación.

La rubia se había quedado en el quicio de la puerta al ver que Terry se dirigía a su cuarto, pero le extrañó verlo mientras buscaba una toalla seca entre las cosas del baúl junto a su cama.

-Buscando algo para secarte.

-¿No te secarás tu primero?

-Me interesa más preservar tu salud. Estás más empapada que yo.

Y era cierto. Lo sabía por la traslucidez de la tela que prácticamente le mostraba su cuerpo completo.

-¿Tengo que quitarme el vestido?-preguntó con nerviosismo.

-¿Alguna vez te has secado con tu ropa puesta?-al ver como ella negaba continuó- Entonces ya lo sabes, debes quitártelo.

-Pero… ¿delante…de ti?

-No temas, Candy. Te prometo que sólo voy a mirarte…-al ver la expresión incrédula en su rostro, añadió- por un momento.

-…Tal vez, deba secarme yo sola-le molestaba que Terry se comportara así aún en ese momento.

Siempre con su actitud irónica, juguetona, eso no la ayudaba a dejar de lado su nerviosismo y pudor.

-No creo que sea lo más correcto que hagas eso. Además, Candy querida, es mi turno de verte también.

-¿Tu turno?

-¿Crees que no me di cuenta de que me espiabas en la cascada la otra mañana?

-¿Me viste?-preguntó avergonzada.

-Digamos que no sabes disimular. Te expusiste completamente cuando regresé después de eso.

-Yo no buscaba espiarte. Estaba buscándote porque pensé que habías desaparecido cuando…-no pudo terminar de explicarse porque Terry se lo impidió.

-No me des explicaciones, Candy, porque no nos sirven en lo absoluto-el contacto de sus labios con su dedo índice para callarla lo hizo tomar otra actitud-. Yo te deseo, y tú a mí. No hay por qué dar justificación a ello.

Los minutos podían pasar y ellos seguían inmersos en sus pensamientos. La rubia sólo atinaba a bajar la mirada cuando Terry insistía en detallarla con tanto detenimiento.

-¿Me dejarás secarte, Candy?

-Sí…

Terry dejó momentáneamente la toalla sobre la cama y luego se acercó a ella. En vez de hacerla volverse para desabrochar su vestido, se acercó el mismo y la rodeó con ambos brazos para llegar a su espalda. Candy se sentía tan frágil en sus brazos, y por cada botón que él soltaba su respiración se aceleraba más. Era difícil para ambos soportar ese breve roce de su mano con la piel de su espalda. Cuando terminó de desabrochar los botones, posó sus manos en los hombros de ella, y con una caricia hizo que bajara el vestido.

Cuando el vestido cayó al suelo, se sintió tan desprotegida sólo con su ropa interior. Terry se encargó de quitársela, por supuesto, y ya estando desnuda frente a él no pudo sonrojarse más. Sus ojos veían con insistencia el piso mientras él la miraba sin perder detalle.

Lo que nunca esperó fue que Terry se alejara de ella y volviera de nuevo con la toalla en su mano. Cuidando de no tocarla, la secó completamente, sintiendo el leve temblor de ella.

-Listo. Ya no vas a resfriarte, Candy-lo había dicho con cansancio, como si hacer aquello hubiese sido una tarea difícil para él.

-Ahora debes secarte tú-ni ella misma supo de dónde había sacado valor para decirlo-. ¿Me dejas hacerlo?

-Yo…no estoy tan empapado como tú lo estabas, Candy. Bastará con que me quite la ropa-se moría de ganas por decirle sí, pero sabía que si ella lo tocaba perdería el poco autocontrol que le quedaba después de verla desnuda.

-Bueno…entonces lo haré yo…-y con timidez se acercó a él.

¿Desde cuándo Candy era tan osada? Era la pregunta que rondaba en su cerebro cuando la vio acercarse y comenzar a desabotonar su camisa. Ella no lo miraba, mantenía su vista en su pecho, como si su tarea necesitara de toda su atención.

Cuando terminó con su camisa y desabotonó su pantalón, Terry no pudo soportarlo más. Tenía que lograr que ella lo mirara a los ojos. Levantó su mentón con delicadeza y con su otra mano libre tomó las suyas.

En los verdes ojos de Candy había nerviosismo, pero también había deseo y amor. Su mirada se calmó cuando los verdiazules ojos se posaron sobre ella.

-Ven…-la invitó a acercarse a la cama.

Ella sólo se sentó en el borde y él la imitó.

-Tú…aún estás vestido…-advirtió ella al notar que el odioso pantalón seguía en su lugar.

-No te preocupes. De eso me encargó yo-fue lo último que dijo antes de besarla con delicadeza.

Dejándose llevar por él, sintió como era recostada sobre la cama y Terry se quedaba sentado junto a ella contemplándola. Se atrevió a deslizar su mano desde su cuello y cuesta abajo, pasando entre sus senos, tocando su vientre con el levísimo toque de sus dedos, continuando su recorrido por sus piernas y tocando su feminidad al subir de regreso.

-Haces que se me erice la piel…-dijo ella convulsa con la respiración jadeante.

-Eso no es lo único que puedo hacerle a tu piel-aseguró él firme antes de inclinarse sobre ella y comenzar el mismo recorrido de antes, esta vez con sus labios.

Casi podía jurar que sentía como la sangre corría por sus venas, mientras que el castaño la torturaba con sus besos. Deseaba tanto sentir la humedad de su boca sobre su piel… ¿por qué Terry estaba avanzando tan lento? A Candy le pareció que no había una justificación para ello.

Cuando él volvió a su boca, ella no pudo soportarlo más.

-Por favor, abrázame, Terry. Te necesito más que nunca.

Aunque por un momento creyó ver la misma urgencia en sus ojos, Candy no pudo entender por qué él se mostraba tan tranquilo. Era como si su figura no le impresionara o como si no estuviera sintiendo nada por ella.

-Terry…yo… ¿no te gusto?... ¿es por eso que no quieres besarme ahora?

Terry no le respondió. Sólo se dedicó a besarla tal cual como ella se lo había pedido con la mirada. Cuando se separaron lo vio posarse sobre ella con gran cuidado y se sintió más unida a él cuando por fin estuvieron uno sobre el otro. Era como si toda su vida hubiese esperado ese momento. Lo amaba con toda su alma, y sabía que él le correspondía igual por la intensidad de sus besos.

Supo que clase de sueños tenía Terry con ella cuando sintió las caricias de sus manos. Tenía que haber soñado todo aquello para deslizarse tan bien por su cuerpo. Era como si las manos de Terry la hubieran tocado infinitas veces, porque ni ella misma se había tocado así antes.

Los callados gemidos de Candy le estaban haciendo más difícil todo. Estaba haciendo un gran esfuerzo por mostrarse tranquilo y delicado, pero realmente estaba perdiendo la razón y el sentido con cada caricia que le daba. Le habría encantado recibir clases de anatomía con esa enfermera angelical que yacía entre sus brazos.

No fue difícil deshacerse de su pantalón cuando sintió que le estorbaba en demasía, pero fue imposible para Candy saber el momento exacto en que él logró hacerlo.

La rubia no pudo soportar un minuto más sin tocarlo, y sin saber realmente coordinar sus movimientos, se atrevió a posar su manos sobre su pecho y a tocarlo tal cual como él la había tocado a ella. Sus brazos musculosos, su pecho pronunciado, todo de él le parecía atrayente, incluso el cambio de su respiración que sabía bien era por ella.

Tocar a Candy era un delirio, pero ser tocado por ella era mucho más que pasar la locura. Terry no soportó más la cercanía entre ellos y sin pensarlo dos veces la acomodó bajo su cuerpo para cuadrarse a su figura. Sintió como la rubia se aferraba más a sus hombros en medio del beso embriagante que ambos mantenían.

Sin abandonar el ritmo suave que llevaba comenzó a introducirse en ella, avanzando con cuidado hasta toparse con una barrera. Vio el gesto de dolor cruzar su rostro y se detuvo por un momento.

-Dolerá un poco. Después se irá por completo-respondió esa pregunta muda que se pintaba en sus ojos.

Ella sólo asintió levemente y ocultó la cabeza en su hombro. Terry se decidió a seguir avanzando, y sin dejar la delicadeza de lado atravesó la barrera que le impedía continuar. Casi al instante sintió como Candy se aferraba con fuerza a él, y al buscar su mirada vio como cerraba fuertemente los ojos.

-¿Te sientes bien?-su voz sonaba preocupada.

-Sí…no fue tan fuerte…-dijo ella abriendo lentamente los ojos.

-Perdóname…-pidió él antes de empezar a besar su rostro tratando de enmendar lo anterior.

Los besos tibios de Terry en su cara la ayudaron a relajarse por completo. Cuando lo hizo notó que una ansiedad invadía su cuerpo, y su piel sentía un escalofrío al saber que ambos compartían ya la intimidad por completo.

Comenzó a corresponder a sus besos, y fue entonces que Terry sintió como el cuerpo de Candy se movía convulso debajo del suyo. Era el mejor momento para demostrarle el amor que sentía por ella. Inició sus movimientos lento, dejando que Candy se acostumbrara a él, pero la figura de ella alcanzó la sincronía más pronto de lo imaginado.

Era increíble que el escuchar los callados gemidos de Candy fuese lo más excitante de todo. Terry notó como su respiración se volvía un jadeo mientras le hacía el amor a la rubia. Los espasmos se siguieron uno tras otro, hasta que ambos sintieron una sensación de plenitud que los hizo caer por completo.

-Esto…fue mejor que…recibir un beso tuyo…-pudo escuchar la voz de Candy esforzándose por controlar su respiración.

-Lo más placentero…que he hecho en mi vida…ha sido…hacerte el amor, Candy-le dijo buscando su mirada.

-Me gusta ser tuya, Terry…-la mirada de adoración de Candy hablaba por si sola.

-A mi me gusta amarte, Candy. No podría sentirme más completo ahora-sentenció antes de besarla y volver a iniciar la entrega entre los dos.

Ninguno de los dos supo cuantas horas transcurrieron esa noche. Sólo pudieron ser concientes del amor que se demostraron con cada beso, con cada roce y con cada caricia.

& & &

¿Cuándo ambos habían caído en la inconciencia? No lo sabía, ni tampoco podía responderse en ese momento cómo es que los dos se volvieron uno esa noche. Su mente no le permitía ver más allá de lo que tenía junto a él.

Candy…su Candy estaba ahí con él. Dormía placidamente acurrucada a su almohada, mientras él la observaba en silencio. Cualquier pensamiento que no se relacionase con ella se había esfumado de su mente.

"Me pregunto si serás un ángel, Candy…Eres tan hermosa…que tu belleza no parece humana…". Terry se atrevió a deslizar su mano por su hombro y en descenso. La caricia provocó que la rubia se moviera lentamente, pero no lo suficiente como para abrir los ojos. Terry sonrió en respuesta y se conformó con mirarla. Su cabeza pronto ideó una nueva forma de acercarse a ella, y decidió ponerla en práctica.

Cuidando de no hacer ruido, se acercó a ella lo suficiente como para susurrarle al oído.

-Pecosa, pecosa…tienes que despertar…tu príncipe ya vino por ti.

-Mm.… ¿mí príncipe?-preguntó ella somnolienta.

-Sí…tu príncipe vino a buscarte-continuó él con suave voz-. Y va a llevarte a una tierra donde siempre vas a ser feliz.

-… ¿Terry?...-Candy tuve que abrir los ojos para comprobar que no estaba en otro sueño-… ¡Terry!

-Aquí estoy, pecosa-la recibió gustoso en sus brazos cuando prácticamente se arrojó a él.

-Terry, mi Terry. Soy tan feliz porque estás conmigo-ambas miradas se buscaron con ansias-. No fue un sueño, estás aquí.

-Aunque no te diera gusto mi compañía, tendrías que acostumbrarte a ella. Puedes estar segura de que nunca más me iré de tu lado, Candy.

-Yo tampoco me separaré de ti, Terry. Estoy segura de que si lo hago, moriría de dolor.

-Mejor no hablemos de muerte, pecosa mía. No ahora que tenemos tanto por qué vivir.

-Te amo, Terry-posó su mano sobre su mejilla para tener su atención-. No me importaría morir mañana…porque tendría la dicha de haber sido amada por ti.

-No, Candy…el que ha tenido la dicha, el placer, la gloria de amarte…he sido yo…y no pienso renunciar a ella ahora que se que incluso me correspondes. Te amo demasiado como para perderte otra vez.

-Entonces estaremos juntos. Porque si ninguno de los dos quiere terminar con esto, dudo mucho que haya algo que pueda acabar con nuestro amor.

-Puedes apostarlo. Nada ni nadie te va a alejar de mí. Te amo, Candy, y nunca te voy a dejar de amar.

Aquella conversación acabó con una nueva, donde solo ellos dos sabían las palabras que usarían para expresar su amor.

& & &

-Tenías razón-exclamó la rubia llevándose un trozo de fruta a los labios-. No se ha comido coco si no se ha probado de esta forma.

-Yo siempre tengo la razón, Candy.

Ambos habían despertado con tanta alegría, que decidieron comer a orillas del mar, justo como habían hecho el día anterior.

-No seas arrogante, Terry.

-Querida mía, no es arrogancia. ¿O vas a decirme que alguna vez no he acertado en algo?

-Puede ser.

-¿En qué?

-Pensaste que te rechazaría cuando volvieras conmigo.

-Ah no, querida mía-se acercó a ella, rodeándola como un felino-. Tú si me rechazaste al principio.

-Pero no sabías que te dejaría llegar tan lejos la otra noche-sonrió sugestivamente.

-Pero si sabía que no sería la última vez que me dejarías avanzar-comenzó a seguirle el juego susurrándole al oído.

-¿Y sabes lo que estoy pensando en este momento?-Candy se volvió para quedar frente a él otra vez.

-Sí. Mentalmente, estas gritando: quiero que me beses, Terry.

-Estás equivocado-dijo entre risas-. Mentalmente, estaba diciendo: no sólo quiero me beses, Terry.

-Sabes cómo provocarme, ¿verdad?-la mirada juguetona y la sonrisa en sus labios enmarcaba perfectamente su rostro.

-Empiezo a aprender-confesó ella antes de ser besada por él.

Los jóvenes amantes no parecían cansarse. Era como si llevasen muchos años sedientos, y el salvador manantial fuesen los labios del otro.

-Ya, Terry…-lo empujó levemente con ánimos de torturarlo-…Es imposible mantener una conversación sensata contigo-dijo aparentando reproche mientras alisaba su vestido.

-Te recuerdo, Candy, que fuiste tú quien "desvió" la conversación hacia otro sentido.

-Pues tú pareces dispuesto a seguir la conversación aunque está desviada, ¿verdad?-aunque trataba de sonar severa, la risa en su rostro no la dejaba fingir.

-Nada me gustaría más que mantener una conversación de ese tipo contigo-confesó él mirándola con picardía, incluso con complicidad.

-Tú tendrías todas las de ganar, Terry. Es obvio que tienes más experiencia que yo.

Con cierta mezcla de desilusión y rabia, Candy se movió para quedar frente al mar y darle la espalda a él.

-Tal vez no me creas-comenzó él acercándose hasta ella para abrazarla-, pero desde que te conocí, deseché ese tipo de experiencias.

-¿De veras?

-Sí, de veras. Nunca podría aplicarlas contigo, Candy. Tú eres única, y sólo a ti te he tratado de esta forma, porque sólo tú me has correspondido por amor.

-¿Y si yo no soy la mujer para ti?-se dejó envolver en sus brazos- Me da miedo no ser la mujer que mereces.

-Yo no te merezco, Candy. Un ángel como tú no debe estar con alguien tan malo como yo. Pero lo que siento es real, y haré cualquier cosa por hacerte feliz, pecosa.

-Si me amas, yo seré feliz, Terry.

-Entonces vivirás eternamente feliz, porque mi amor por ti es infinito. Yo te amo tanto como te deseo.

-¿Tú me deseas?-preguntó ruborizada buscando su mirada.

-¿Cómo no hacerlo? Si eres hermosa, Candy. No tienes ni idea de las fantasías que tengo contigo-su voz ronca la hizo estremecerse.

-Podrías contármelas-sugirió asombrándose de su osadía.

-¿Quieres que lo haga?

-Sí…

-De acuerdo…Mi mayor fantasía, es tenerte como tengo esta fruta-dicho esto, tomó una uva para mostrársela.

-¿Esa fruta?

-Sí. La tengo para comerla como quiera y cuando quiera. Así te quiero comer a ti-Terry ejemplificó sus palabras comiéndose la uva con lentitud y sugestividad.

La demostración agitó la respiración de la rubia, siendo testigo mudo de todo aquello. Empezaba a guardarle envidia a la uva.

-Deliciosa-dijo él después de comerla-. Aunque estoy más que seguro, que no es más deliciosa que tú.

Así, sin palabras, Candy le concedió su deseo. Con una mirada ansiosa le demostró al actor que ella quería saciar su sed. Con un simple beso, tan casto como ardiente, ambos jóvenes descubrieron las nuevas delicias de cumplir las fantasías del ser amado.

& & &

-¿Segura que no quieres nadar un poco más en la laguna?

-Segura. Esta sirena ha estado mucho tiempo en el agua por el día de hoy. De haberme quedado más tiempo me habría arrugado como una pasa.

-Aunque así fuera, te verías linda-la tomó por la cintura para levantarla y hacerla girar.

-¿Qué haces?-preguntó entre risas cuando el se detuvo- Basta de juegos, Terry, has estado así todo el día.

-Eso es porque estoy enamorado-se justificó cuando la devolvió al suelo.

-Me alegra que lo digas. Pero si sigues así comenzaras a olvidar las cosas.

-¿Olvidar cosas?...

-¿Ves? Empiezas a confundirte-dijo sonriente.

-No, Candy, en verdad creo que hemos olvidado algo-negó él poniéndose serio al fin.

-¿Olvidado? Pero, ¿qué podríamos haber olvidado, Terry?

-No lo sé. Sólo…presiento que algo hemos olvidado, Candy.

-Mm. ¿Qué podrá ser? No creo que hayamos olvidado escribirles a caperucita roja y a los tres osos-comentó imitando su sarcasmo.

-Escribir… ¡Candy, el telegrama! ¡Olvidamos el telegrama, tenemos que saber si alguien lo recibió!

Después de vivir una tarde de intensas pasiones y tiernas confesiones, ambos cayeron en cuenta de que se habían olvidado por completo de su situación real con respecto a la humanidad.

Los dos se dirigieron a la sala donde yacía en una pequeña mesa el viejo telégrafo. Había algo diferente en él.

-Eso…es un papel, Terry, ¿qué significa?

-¡Es una respuesta, Candy, han contestado nuestra nota!-el castaño se apresuró a tomarlo y a leerlo en voz alta.- Dice:

"Hemos recibido su mensaje de auxilio, y también dispuesto que se localice con exactitud las coordenadas de la isla que mencionan. El lugar no esta muy lejos del lugar donde se dio el naufragio, por ello esperamos localizarlos pronto. Si todo resulta tal cual los planes, podremos rescatarlos después del próximo amanecer".

-¿Después del amanecer?

-Es lo que dice. Eso es mañana, Candy, significa que recibimos la respuesta esta mañana-comenzó a revisar el telégrafo en busca de alguna otra respuesta.

-Estábamos tan distraídos que ni siquiera lo recordamos.

-Así es. Pero dieron con nosotros, Candy y eso es lo que importa. Con algo de suerte, seremos encontrados mañana.

-¿Crees que puedan dar con nosotros?

-Si tienen las coordenadas no les será difícil dar con la isla.

-¡Entonces van a rescatarnos!-exclamó alegre.

-Si, Candy, podremos salir de la isla, volveremos a la civilización.

Ambos jóvenes se abrazaron fuertemente, dichosos de saber que pronto volverían a su hogar.

-Terry, cuando volvamos… ¿qué es lo que…?

-No te vas a alejar de mí ni un segundo-la interrumpió decidido.

-Pero, Terry…

-Candy, por mucho tiempo estuve lejos de ti. Ya no quiero que te vayas de mi lado.

-Pero…tengo que regresar al hogar, ver a todos los niños, decirles a la Srita. Pony y a la Hna. María que estoy viva.

-Y lo entiendo, Candy. Pero no vas a hacerlo sola, no quiero que te separes de mí. Estamos juntos en esto, antes y después del naufragio.

-De acuerdo, Terry. Si es lo que quieres, entonces no me separaré de ti. De todas formas, en cuanto lleguemos a Nueva York todos sabrán que estamos vivos.

-Puedes estar segura de ello. El rescate del actor Terruce Grandchester, y la Srita. Candice Andrew será un acontecimiento nacional-comentó él con gracia.

Ella sonrió en respuesta, aceptando que no tendría que hacer muchos esfuerzos para hacerle saber a sus seres queridos que aún seguía con vida.

& & &

La mañana de aquel jueves, Terry y Candy estaban en la misma playa que los recibió después del trágico naufragio. Habían decidido hacer más fácil el rescate empleando la idea de Terry.

El castaño había pensado en hacer una fogata con la altura suficiente como para ser divisada. Y en efecto, el humo de la misma seguramente sería visto a unos cuantos kilómetros.

-¿Por qué te pusiste ese vestido, Candy?

-Me siento más cómoda con mi ropa. Además, tú hiciste lo mismo.

-Sí. Sólo espero que puedan encontrarnos pronto.

-Estoy segura que sí. Debemos tener fe, Terry.

-Empiezas a parecerte a mi madre, ¿sabes?

-Los grandes genios se parecen-sonrió con arrogancia-. Estoy segura de que ella se pondrá feliz de verte. ¿Crees que también esté allá tu padre?

-No. Probablemente ya haya regresado a Inglaterra. Tal vez Eleanor le haya informado de todo.

-¿Todavía estás molesto con él?

-No. Hace tiempo que arreglamos nuestras diferencias. Seguramente también le afectó la noticia…supongo.

-No lo juzgues así. Quizás estará melancólico por haber perdido a su hijo.

-Quizás…Prefiero no hacer conclusiones al respecto.

-Bueno, ya veremos quien tiene la razón cuando hayamos vuelto.

-Creo que lo averiguaremos pronto, Candy. Mira hacia allá-señaló un punto en el horizonte.

-¡Un barco! ¡Terry, es un barco! ¡Estamos salvados!-la rubia lo abrazó impulsivamente.

-Si, Candy. No tardaran en acercarse con la señal de humo que hicimos.

Y el actor no se equivocó, pues poco fue el tiempo en que el barco marcó dirección hacia ellos.

El final de la mañana llegó con el rescate de ambos. Ahora sólo un día de viaje los separaba de sus seres queridos.

Notas finales:

Hi a todas. Creo que si pude cumplir mi promesa de volver en una semanita, jijiji. Como verán ya las complací creando para todas el cap tan esperado :-) Ahora falta que ustedes me digan si les gustó o no.

Ivett, te cumplí tu deseo :-) A mi también me gustó mucho la actitud de Terry, no cabe duda de que es un caballero inglés, jijiji.

Jennie, eres buena prediciendo el futuro porque a mi parecer este cap tuvo una temperatura bien alta, jajaja. Sé que querías que los encontraran más tarde, pero prometo que el siguiente cap no te decepcionará.

Yelitza, yo también sentí compasión por Terry, así que decidí premiarlo en este cap, y vaya premio que recibió, ¿verdad? Jajaja.

Elissa, que mal por aquello de tu accidente, espero de verdad que estos cap míos puedan al menos ayudarte a recuperar tu estado de ánimo normal, que debe ser de felicidad y alegría :-) Si en algo crees que puedo ayudar, no dudes en decirme ;-)

Gizah, ¡estoy aterrada :-(¡ Jajaja, no te imaginas cuanto me reí de tu pequeña amenaza de muerte, así que quise justificar mi existencia escribiendo el cap que tú y tantas otras estaban esperando. Y sí, ciertamente como tú y Diana me lo pidieron, yo he cumplido mi promesa de no dejar que la pecosa salga virgen de la isla, jajaja; ahora sólo falta que las haya complacido al nivel que esperaban, y por supuesto esa crítica sólo puede venir de todas, jijiji. PDT: Espero que tu euforia esta vez sea de alegría, ;-)

Annita, me pongo roja como un tomate con tus palabras, y en verdad me da gusto que te complazca mi forma de escribir. A mi también me gustó la frustración de Terry, pero como se portó como un caballero tuve que darle lo que deseaba, jijiji.

Avances del prox cap:

Archie trata de hacer entrar en razón al Sr. Andrew. Después de ser rescatados, Candy y Terry empiezan a ser concientes de lo que significó su muerte para todos.

Como siempre es un placer escribir para ustedes; y como nota final les digo que regreso en una semanita con el penúltimo cap de esta historia. Hasta entonces les mando muchos saluditos bye :D